martes, enero 31, 2006

VIRGINIA I

VIRGINIA I

En el -a veces- soberbio condado de Fairfax,
a un costado del agridulce estado de Virginia,
se me riega el tiempo bañado de azules en paz;
paso sobre la hierba quemada por el invierno
y dos cuervos se encorvan volando sobre mi.

Blancos desde sus trincheras de ladrillos y madera
sueltan perros sin ladridos a comer ardillas,
que saltan precisas entre las ramas desnudas,
contando las lágrimas por un crisantemo
perdido y gualdo en la calle Falstaff de Mc Lean.

Una adolescente obesa que se cree Shakira
bambolea sus nalgas adiposas sin piedad estética,
y las chimeneas se ponen bufandas grises
con un suave olor de leña que me refrescan
los fogones de mi casa fabricando panes de anís.

Un ganso cínico se arrebuja en un callejón de pinos
con graznidos que parecen granizo al chillar
sobre los refugios de los sin casa macilentos,
y un tulipán se presenta impreciso en una tienda
de señoras sin las caderas y la altanería caraqueña.

Este -por ratos- desangelado condado y otrora sudista
me ampara de un tiempo para acá con indiferencia
desde una educada cortesía que va cautivando;
no hay gritos, ni pancartas, ni sobresaltos
sólo a veces -y tal vez por eso- me lleno de melancolía.

© Alfredo Cedeño

viernes, enero 27, 2006

4 X 3

Dejé una vereda entre los dolores
y salí dejando atrás las nauseas
con aromas de jazmines en su fosa.

Planté mis ganas en la calle nuevamente
y fui reconociendo el aliento tibio
de los tulipanes en tus ancas feroces.

Encontré cómo avasallar los miedos
y pedante supe hacer que la humildad
fuera una princesa que me subyugara.

Y en una pantalla sin candilejas ocres
la palabra reclamó su territorio agraz
donde nunca sabe cómo consumarse.

© Alfredo Cedeño

jueves, enero 05, 2006

ROSARIO














Entre una lluvia de hojas que se quedan sin caer
andando senderos de raíces ajenas y piedras de mi niñez
mojado de cascadas y sudor
enterrado en mi soledad unigénita,
rescato tus besos en un rayito de sol
silbándome en las retinas
y recuerdo tus manos en la seda de una telaraña
que arropa eslabones relucientes.


© Alfredo Cedeño

BANDOLERIAS










BANDOLERIAS I


Príncipe de mi corazón
hoy me perdí en tu boca
con tu fábula egipcia.
Tanto que no logro recordar
si eran unos piratas azules malayos
o unos guerreros dorados del Amazonas
quizás una docena de unicornios albinos
a lo mejor mil conejos tamaño elefante.
Lo que si evoco con entera claridad
es tu cara desbordando asombro
derramando fantasías y picardía
que desde El Triangulo de las Permudas
desquician mi poca cordura
con tus ojos hechos cielo y mar protegiéndome.


BANDOLERIAS II


Hijo:
He sido un desastre
sin contemplaciones,
un estorbo para muchos
y un Quijote sin Sancho
y mucho menos Rocinante.
He buscado en la vida y sus calles
he encontrado y robado
imágenes y caricias,
he sido mal hablado y maleducado,
he hecho trampas con tal de robarme
un beso o un arrumaco,
he rodado y me he levantado.
Pero para ti solo quiero un reino
donde el de los cielos
no llega ni a ducado.
Para ti un Dorado
y una corte imperial.
Para ti los mares
y los océanos
que hay en esta mente febril
de este loco que la vida te dio por padre,
estas lunas y estos mundos
que hay en el amor que te tengo.



BANDOLERIAS III



Te quiero tanto que el cariño se me duerme
para borrar pesadillas
alborotando las ganas de morderte.
Me quieres tanto que me duermo con tu ausencia
enroscada al parpadeo
de andar las calles ensartando imágenes.
Nos queremos tanto que se nos duerme el dolor
cuando nuestras tibiezas
amanecen juntas y arropadas.





BANDOLERIAS IV

Eres un príncipe
con un sapo en el bolsillo
un lagarto en una mano
y un te quiero a flor de boca.
Eres mi príncipe encantado
mi tormenta inclemente
un cocodrilo abominable
y mi tesoro más preciado.
Eres rey y tirano de mi amor
sortilegio desencadenado
duende trashumante
y mi alquimista de palabras.
Eres un bando

lero por el que muero.





BANDOLERIAS V

Dueño de mi corazón
todavía el sol no te sale
y yo tengo horas soportándolo
en el alma del Vaticano
y todo es tan poco sin ti...

BANDOLERIAS VI

Para qué negarlo?
salgo a mi amada Caracas
cagado de miedo
acorazado con dos cámaras
y recordando el rumor de tu risa
caracoleando por la casa.
Como decir que no?
si me voy a la calle
cargado de esta ternura
que tus ojos azules me entregan
con tanto amor
que no tengo otra cosa que regresar
a buscarte,
a llenarme de tu inocencia
para seguir sobreviviendo a esta dolorosa ciudad.

BANDOLERIAS VII

Muchacho mío,
dame un beso
para tentar diez monstruos
ganarle a Peter Pan
y ser muy feliz.
Quieres?

BANDOLERIAS VIII

Mira carajito
ni con la capa de Super Mario te salvas
de esta lluvia de besos que te voy a dar,
para que naufragues en este amor loco
que me hace quererte frenético
y desmayado ante tus manos cuando me tocas.
Te prometo que los mordiscos a tus mejillas
serán suaves y llenos de la misma ternura
con que tus ojos me hacen entender que Pokemón
y Simba no son la misma cosa
ni que Campanita quiso casarse con Garfio.
Príncipe de mi corazón,
Dios bendiga este trastorno delicioso
que trajiste a mi vida y que no ceso de celebrar.

BANDOLERIAS IX

Hijo: Te sé muy pequeño
pero algún día tenemos
que comenzar con estas
conversaciones masculinas,
esas que siempre llaman
de hombre a hombre
de las de buenos machos
que se presume somos.
Así que lo mejor, creo,
es que comencemos ya.
Cuando me dices que me
quieres hasta la luna
de ida y vuelta
bien puedo morir de amor.
Cuando me besas feliz
embadurnado de chocolate
oliendo a oso de circo
y las manos enchiqueradas
de buscar un tesoro
me derrito por ti.
Cuando me abrazas durísimo
con la fuerza que te prestó Hulk
me pongo verde de pura
emoción y caigo
rodando como una pelota
en tus manos de cielo.

Y cuando te veo llorando
te juro que la vida
se me vuelve tan poca
como un granito de sal.
Así que seamos duros
y regálame un beso
para hacer que mi
condición de hombre
cada vez sea mayor.

BANDOLERIAS X

Ay hijo!,
si supieras como me dueles.
Ahora dormido te veo y lloro
sin saber cómo hago
para que este amarte
no sea dueño y posesión
si no que te libere y acorace
desarmando angustias.
Ay muchachito!,
si entendieras tantos miedos.
Ahora que sueñas y ríes
me voy quedando quieto
para ver si desde tus pestañas
se escapa un pedacito
de ese reino dorado de tus sueños
y puedo ser feliz siempre
como cuando me besas y abrazas.
Ay tesoro mío!,
si sintieras tanto quererte.
Ahora que te agitas rendido
agarro la espada de Simbad
la misma que nos robamos
esta tarde en el cine
para descabezar dragones
y vigilar tus cabellos.
Ay príncipe de mi corazón!,
si vieras este adorarte.
Ahora que me echo a tu lado
y siento tanta ternura
hecha personita
se me desmadeja la vida
y me ovillo
a tus pies a cuidarte.



BANDOLERIAS XI

Retazo de mi alma
retoño de mis tripas
en ti deposito mis alegrías
y deshago mis tristezas,
esa larga cadena
de fantasmas desengañados
que se me fueron enquistando
atrás de las pupilas.
Anduve Madrid borracho de emoción
y recorrí Florencia desesperado
mientras lloraba en los vericuetos de Venecia
buscando tu presencia que presentía.
Entré en Toledo esperándote
y se rasgaron las guitarras,
y mi alma no tuvo el temple
de su acero para desmayarme.
Muchacho mío,
cuanto te celebro y me temo.



BANDOLERIAS XII


Que tú me quieres más
que yo te quiero menos,
eso nada importa
lo que vale es que nos queremos.
Que a veces me pongo ogro
que a veces casi no nos soportamos,
eso al final no sirve
porque siempre nos adoramos.
Que tu me alumbras la vida
que ya no puedo quererte más,
eso bien poco vale
cuando me abrazas voraz.
Que mis letras son muy torpes
cuando te quiero decir
que eres la luz de mi alma
y por ti es mi vivir;
eso es tan sabido, mi hijo,
como que sin ti puedo morir.



BANDOLERIAS XIII

Cachorro:
mi vida sin ti
era un anden vacío,
ahora
anda reventándose de ternura,
dejando espacio
a multitudes
y con la sonrisa
a flor de piel.


BANDOLERIAS XIV

Muchacho mío
te veo caminar
con el alma trotándome
y no trato de alcanzarte
sino celebro tu paso
de plante libre
que no conoce fronteras.


BANDOLERIAS XV

Hijo, muerdo tus mejillas
para saber a qué sabe el cielo
para conocer el sabor del color
para aprender a entender que,
después de todo,
también nos toca
un pedacito de felicidad.


BANDOLERIAS XVI

Aquí, en el medio de mi corazón,
está tu trono de caramelos,
groserías recién aprendidas
que me recitas riéndote pícaro,
un frenesí de quererte obsesivo
y mi asombro de verte espigando.
Aquí, en el centro de mi vida,
está tu reino de rabietas
que se encienden cuando pierdes
si jugamos cartas o Play Station,
es mi estremecer cotidiano
cuando llegas delirantemente guapo.


BANDOLERIAS XVII

Más oscuro que San Pablito
me sueltas a quemarropa
y caigo despatilladamente feliz
ante tu insolencia verbal.
Me agarras la nariz y ordenas
que suene como un pito
y hago que me sople hasta el culo
como una orquesta completa.
Ordenas que te responda
de que tamaño te quiero
y el mundo se queda enano
para medir este amor que me mata.
Quererte, mi pequeño canalla,
es mi oficio y profesión
y te doy fe que no me canso
de ejercerlas a cada minuto.
Por eso y todo lo que me callo
voy cayendo por un tejado
persiguiendo la tarde
y escardándome los dolores.
Entretanto regálame un beso
y redime mis tesoros
que encabezas en medio
de este corazón ahora retoñado.
Canta con esa capa invisible
que nos llena de amor
y escribimos más canciones
bajo este sueño añorado.
Galopa en este caballo de palo
que cabalgas sin prisas
y sírveme otra de tus caricias
para morir feliz y sin sobresaltos.



BANDOLERIAS XVIII

Con este pedazo de cielo vamos a hacer una cola
para este cometa de lluvia rota que vamos a componer
mientras jugamos descalzos al zapatero remendón.
Córtame en este lienzo de bandidos descopetados
una canasta con la que robaremos naranjas maduras
y retozaremos una semana en una pista color violeta.
Esa guitarra que abrazas es una carta derretida
para soplarle canciones a un paragüero sonámbulo
mientras nos besamos sin reposo ni modestias.
Me echo bajo tu sombra a apaciguar desilusiones
mientras tu manita de cantos esperando voces
me riega un bálsamo en el alma al tocarme juguetón.
Prendemos un farol y salimos a contar ramas secas
para irlas poniendo verde con esta vara mágica de antojos
que tus ojos me hacen escribir con delirios dormidos.
Me regalas tus perdones y me desenredo de traiciones
que me llenaron de sabores amargos los pasos.
Te entrego mi vida con fanfarrias que no sabía
se podían escuchar por entre tu mirada de asombro…
y salgo a barajar prisiones que nunca pisaré de nuevo.



BANDOLERIAS XIX


Hijito, repite conmigo, por favor:
L con I es LI
B con E y R es BER
y T con A y D es TAD,
LIBERTAD mi amor,
LIBERTAD siempre mi pequeño.
Por ella es que esos muchachos lloran
por ella es que a esa mujer le pegan
por ella es que ya van once muertos
por ella es que papá sale
y hace fotos y llora de rabia e impotencia
mientras trata de hacer ver
lo que todos tienen que ver:
que nacimos en un país precioso
en el que L con I es LI
B con E y R es BER
Y T con A y D es TAD.



BANDOLERIAS XX


Lo sé muy bien mi príncipe:
Hacer tareas es un incordio
al que nadie opta voluntariamente,
sacar cuentas y aprender a hacerlas
puede ser una inutilidad temeraria,
saber colocar sujeto, verbo y predicado
de una manera correcta hace doler la panza,
memorizar cuál es el río más largo del mundo
casi que puede obligar a hospitalizarte,
y aprenderse la altura del Aconcagua o el Everest
capaz que haga que te pongan camisa de fuerza.
Por eso, mi bebé eterno,
lo único que realmente necesitas
es darme un beso de buenas noches y
un canto de kikiriki al levantarnos,
aprender a no contar las estrellas y la arena,
escribir una historia bonita
de un niño muy amado por su papá,
saber de memoria que nos queremos
hasta el infinito y mucho más allá,
y aprenderte que la vida es un delirio
donde lo único que debemos aprender es querer.





BANDOLERIAS XXI


Me haces tramposerías y pierdo
ganándome tu sonrisa triunfal
y también la vida entera.
Me dices embusteroso y regreso,
perdiéndome entre tus ojos infinitos,
a encontrar una paz desconocida.
Me agarras la mano y sucumbo
inerme, con un derrame de ternura
que me hace volar al cruzar la calle.
Así me vas haciendo saber que me quieres
como un cachorro soberbiamente feliz.



BANDOLERIAS XXII


Este quererte hasta que el miedo me paraliza
no sé cómo escribirlo, pero se me mete
abajo de la vida y me voy muriendo de pie.
Este quererte sin medida y que el llanto riega
no encuentro cómo decirlo, pero me inunda
descorazonando certezas de tu presencia.
Príncipe mío, perdona tanta torpeza
pero no sé cómo decir te amo
como nadie lo ha sabido decir antes.
Rey de mi corazón y vida, un canto
y tu risa para que la vida me sea un gozo
inmenso y sin fin sintiéndote saltar feliz.



BANDOLERIAS XXIII


Mi pequeño jenízaro:
no quiero que seas Alfredo Becham
tampoco Felo Bonds o Freddy Sosa,
menos que te parezcas a Larry Bird o Kobe Bryant.
Te puedo jurar que no pretendo para ti
un Nóbel en cualquiera de sus ramas
ni que seas físico nuclear
ingeniero atómico o químico neural.
Solo te quiero libre, feliz y emocionado
sin que el llanto sea una rémora que ocultar.



BANDOLERIAS XXIV


Muchacho
este corazón derrotado
late sin saber
con tu ausencia.
Terco jinete de mi dolor
hago equilibrio sobre esta pena,
sin relojes que puedan
abarcar tu falta, infierno
y hueco que no se llena con nada.
Maltrecho, casi destruido, melancólico,
me sacudo y digo
que por ti viviré.


BANDOLERIAS XXV


Amado muchacho
hoy la ciudad marcha
y yo voy lleno de miedo a ella.
Caminaré, robaré gestos,
congelaré gritos, raptaré ninfas
y otoñales damas jugando al deseo,
buscaré la mejor imagen.
Pero siempre pensándote
y venciendo este pánico
de no volverte a besar.



BANDOLERIAS XXVI


En la soledad inacabable de un aeropuerto desconocido
tu ausencia se llenó de evidencias
tu falta me declaró en quiebra
y necesitarte, muchacho mío, fue más que una certeza
fue un pánico astillado
fue una lagrima escondida ante los forasteros
fue un recuerdo de pasillos nuestros
fue un paso tuyo buscándome en el parque
fue uno de tus abrazos de barro y chocolate
fue tu primera vez llamándome
fue tu mano agarrándome al cruzar avenidas
fue tu llanto sin sentido pero aterrado
fue un vuelo desorientado
fue una mañana sin consuelos
fue un dolor espeso que me cortó la risa.


RITO

Camino de puntillas y tú rendido, inocente,
plácido en tus siete años de joder delirante
mascullas algo sobre los regalos que hoy
te dejará el Niño Jesús al pie de tu cama.
El sombrero del gato para ser un mago infinito
los poderes de Spiderman que te hagan uno
y la fuerza de una pulga gigantísima y verde
pediste por haberte portado requetebién.
Es parte del mismo placer que tu abuelo
tuvo al contemplarme rendido y amarme
afiebrado queriendo darme el mundo
que yo tampoco puedo darte pero quiero.
Muchacho mío, es la vida, y el querer
con sus secretos, que nos hacen hacer
del cariño una ceremonia pascual en la que la villanía
no nos puede cubrir y somos mucho mejores que nunca.
Por eso te celebro y hago nuestra propia Navidad,
esa que este quererte hasta el llanto me alza
por encima de mi mismo para llegar a tu lado
con el amor hecho un manto que nos ampara a los dos.


CRISTIANITO


Muchacho que hoy serás cristiano
papá llora emocionado y te besa
recordándote en brazos ayer nomás.
Ahora que este país se despedaza
te unes a esta colcha del cristianismo
con la travesura descorriéndote la risa.
Con mis miedos que venzo para arroparte
y arrastrando un muñeco decapitado
sobre una carreta que gime a Schubert
entramos a esta misa de la vida.
Ahora somos cristianos y los demonios,
esas ecuménicas acciones de andar y ser,
se harán cada día más ingeniosas para llenarnos.
Llegamos a un Dios a veces de mentiras
que haremos cierto con las verdades
de ternura y amor que tus ojos de cielo
han aprendido a tener.
Celebremos, amor mío, después de todo
vivimos, qué mejor ceremonia por oficiar?

© Alfredo Cedeño