martes, agosto 30, 2011

CANALES 0



Una lluvia de imágenes reventó en una cornisa del cerro
con rechinar de vidrios en fragmentos,
espigas y hojas trenzadas en verdes casi marchitos
como estrellas decadentes de un estudio en quiebra,
paja que sube a las pantallas como una gata en celo
y un mensaje que no sabe si llegará o si llegó a emitirse…

© Alfredo Cedeño

domingo, agosto 28, 2011

TRUJILLANEANDO 07 (Monte Carmelo)



Un día me preguntó un amigo qué era Trujillo y qué le veía a estos espacios. No supe que decirle de inmediato y le pedí que me dejara pensarlo, y poder responderle más allá de la respuesta emotiva que tenía a flor de labios. Al rato le dije: Trujillo es el sitio donde la fantasía es verdad, aquí no hay límites para crear, aquí no hay imposibles.

A 27 kilómetros y medio de Valera, en línea recta sobre el mapa, está Monte Carmelo, distancia que se convierte en por lo menos tres horas de carretera para llegar a sus calles. Si me tomara siete no dudaría en hacerlo.

Esta comunidad, si nos atenemos a los textos históricos, comenzó a gestarse en el siglo XVII. En 1656 hubo documentos que la dan a conocer como asiento de encomenderos de la corona española; estas tierras pertenecieron al Alférez español Antonio Díaz Saldaña, de acuerdo a un título emitido por el Gobernador Juan Pacheco Maldonado en virtud de que el padre del Alférez -de nombre Luís Díaz- sirviera a éste último.

Es decir que aquello de que los de turno reparten a los suyos lo que no es de ellos, no es de nuevo cuño entre nosotros.

Esta zona se hizo muy apetecida para los ibéricos ya que era muy rica en cacao silvestre, por supuesto que arcabuces y mandobles se impusieron sobre arco, flechas y macanas. Al tiempo se fundó San Jerónimo de Chapués, que fue devastado por el pirata francés Francisco Gramont de la Monte. En 1678 sus tierras pasaron a manos de los jesuitas quienes le rebautizaron como Cartuja de Buena Vista. Este nombre se mantuvo casi dos siglos hasta que un cura, Francisco Antonio Rosario, en una peregrinación llevó un retablo con la imagen de la Virgen del Carmen que colocó en una capilla que había sido levantada allí. Así fue como el nombre se fue asentando sobre la comunidad hasta que en 1873 fue elevada a parroquia civil con tal denominación.

Finalizando el siglo XIX, en 1898, Monte Carmelo recibe a un grupo de italianos provenientes de la isla de Elba, quienes se dedican junto con los criollos a desarrollar labores agrícolas y pecuarias. Estos colonos son artífices de cosas tales como que Monte Carmelo fue uno de los primeros pueblos de la provincia venezolana que tuvo energía eléctrica. También establecen la primera banda musical del estado Trujillo, que fue fundada y dirigida, en 1904, por Antonio Anselmi Berti. La agrupación fue bautizada como Filarmónica de Monte Carmelo.

Antes que lo olvide y deje por fuera: Ese director fundador de la citada orquesta es el abuelo de un economista devenido en músico, y a quien muchos enrostramos sus recientes simpatías rojas, y de amnesia intencional de su condición de burócrata -y hasta ministro- de tiempos blancos y verdes. Hablo de Jose Antonio Abreu, cuyo segundo apellido es Anselmi.

En dicha agrupación orquestal hay apellidos que bien merecen ser recordados. Sus integrantes fueron: Genio, Luís y Livio Garbatti, Ángel Changaroty, Pepe Gentile, Servio Luís Poggioli, Ovidio y Telémaco Poggioli, Alejandro y Félix Rosales, Américo y Amadeo Arnaldo, así como Alberto Adriani y Duillo Paoli.

Podría seguir relatándoles las mil y una cosas más, pero sería ladillarlos en grado extremo porque serían miles y miles de palabras. Conocedores del tema aseguran que aquí se produce el mejor café del país. Se habla de su Nazareno que hace imposibles. Afirman que sus fiestas del dia del Carmen en julio son memorables… y así hasta el infinito, y cual Buzz Ligthyear de la serranía: hasta más allá.

Gente preciosa, muchachos que se van haciendo hombres en medio de las faenas del campo, jinetes que llegan y dejan sus cabalgaduras a las puertas de la casa amiga o el local donde se avituallarán para volver a uno de los caseríos cercanos, una torre de iglesia que se arropa por las montañas y la condición de trujillano que se pone bien en claro y bajo un bombillo para que no quede un rastrojo de sombra al respecto…

Por eso, y para no sonar altanero, no le respondí al amigo preguntón, el que nombré al comienzo, con la respuesta emotiva que tenía a flor de labios: ¡Porque Trujillo no sólo tiene unas hembras inteligentes, preciosas y querendonas; también esta tierra tiene su no-se-qué que encoña a cualquiera!

© Alfredo Cedeño


















Alfredo Cedeño

sábado, agosto 27, 2011

ARGELIO EL DE LA RÁPIDA

Cuento inédito del libro TAMAJA NOME (vida de indígenas Warao en el delta del Orinoco)












viernes, agosto 26, 2011

SUDORES



No sólo con el de la frente me gané el pan
cuando arrancaba este fardo de papas
que me saca reverberando de verdes
por entre empinaduras fieras de la tierra.
Sudé hasta las nalgas de puro faenar
y las manos llenaron uno y otro saco
de redondas y suaves nubes del suelo,
tersas como las ganas de mi país feraz.

© Alfredo Cedeño

martes, agosto 23, 2011

LETANÍAS



De hinojos, mangas cortas y ensartando rezos
vine un tanto contrito a lavar mis culpas,
aquellas que el cura le enseñó a mi abuela
y ella se las entregó adusta a mi madre
quien con fervor me las enchufó a mí…
Ahora me postro buscando consuelos
que ni bajo los suelos encuentro
y me dejan liviano con tantas avemarías
largadas por entre canales y andamios
con la esperanza de que lleguen pronto…

© Alfredo Cedeño

domingo, agosto 21, 2011

TRUJILLANEANDO 06 (Burbusay)


Hay quienes afirman que fue a fines del siglo XVII cuando se fundó Burbusay, población trujillana ubicada en la cara norte de la llamada Cordillera de Trujillo, a 1.631 metros de altura sobre el nivel del mar.

Aseguran que en los alrededores de esta población –a 19 kilómetros en línea recta al norte de Boconó, y a 19,3 al noreste de la capital trujillana– se producen las mejores fresas del país.

Considero pertinente señalar que hay los que aseguran que en documentos viejos esta localidad aparece mencionada como Burrosay, que era el nombre de un viejo cacique de la etnia cuica.

En otras oportunidades lo he escrito acá, y lo reitero: la historia es la versión ajustada a los egos, intereses y mitomanías de los que vencen. Por ejemplo: son infinitas las ocasiones en que la urgencia por satisfacer las necesidades del cuerpo tras un mogote se termina convirtiendo en “jugada maestra estratégica de evasión que impidió a mengano caer prisionero de las fuerzas de zutano”. Como ese podríamos citar unos cuantos ejemplos; sobre todo en esta hora que vive nuestro país… Pero volvamos a lo que hoy abordo.

De lo que parece que si hay evidencias concretas es que este sitio fue encomienda de uno de los primeros conquistadores criollos que hubo por estos lares: Juan Pacheco Maldonado. Él había nacido en Trujillo, y era hijo de Alonso Pacheco Jiménez quien en 1569 refundó a Maracaibo como Ciudad Rodrigo. Vale la pena apuntar que Pacheco Maldonado fue el primer Gobernador de la Provincia de Mérida.

A estos rincones llegó en 1777 el obispo Mariano Martí, en el marco de su muy citada “Visita Pastoral a la Diócesis de Caracas y Venezuela”, encontró muy ruinosa la ermita de San Pedro Mártir, al punto que no pudo celebrar oficios en ella y ordena a los vecinos construir un templo más espacioso. En 1786 ya se había levantado un templo dedicado a San Antonio y en 1790 el primer obispo de Mérida –Fray Ramos de Lora– crea la parroquia eclesiástica de San Antonio de Padua de Burbusay.

Sus habitantes muestran con orgullo Casa de Teja; que fue morada de Juan Pacheco Maldonado, y donde estuvieron Bolívar y Sucre el 15 de octubre de 1820, en un baile celebrado en homenaje a ellos.

El actual templo de Burbusay data del año 1844, y se oyen comentarios sobre sus magníficos retablos y pinturas, así como del cuadro de la Virgen de la Inmaculada Concepción, el más antiguo del estado Trujillo, que permanece en sus instalaciones. Pero, muchos coinciden en señalar que entrar a contemplarlos es un verdadero albur religioso: se hace cuando el cura quiere, y las puertas del oratorio permanecen cerradas. Con la iglesia hemos topado… Su torre achaparrada sigue siendo una de las construcciones más elevadas de la localidad y es casi imposible no tropezar la mirada con ella desde cualquiera sea el lugar donde uno esté.

Sus muros dan fe del humor de sus paisanos en el aviso de un remendón que deja felices a las botas, su plaza es mirador de bronce que vigila las campanas o un mozo que esconde el agobio bajo las sombras de unos árboles que ya escasean. Son hombres de gesto arisco que bien pueden tratar de esconder su risa franca. Burbusay es esto y más…

© Alfredo Cedeño












sábado, agosto 20, 2011

LA V

Capítulos finales

jueves, agosto 18, 2011

QUEMA



La candela es una rendija de lenguas largas y rojas
que abre las puertas cenicientas del luto
sobre el vientre de la montaña en vigilia herida…

© Alfredo Cedeño

martes, agosto 16, 2011

JINETA



Ella deja que la mula busque el camino
y afirma sus nalgas sobre la silleta,
lamenta no andar en faldas
y que se la alce el viento,
ese que a veces le corre muslos abajo
cuando lo ve esperando su paso allá en la fila.
Y los cascos de la bestia los acerca
con pasos de mañas viejas como el cerro
para que él el lance con ganas sueltas
y macizas, así como ella misma:
en tus ojos de barbecho
van a retoñar mis peores ganas…

© Alfredo Cedeño

domingo, agosto 14, 2011

MORROCOY


El llamado Parque Nacional Morrocoy esta formado por un rosario de islotes, cayos y playas que arropan el lado este del estado Falcón, en el mal llamado Golfo Triste. Este sitio es morada de un espectro casi infinito de especies animales y vegetales. Es un marco en el cual el paso constante de diferentes bandadas de aves vocingleras se cuelga a un cielo que acostumbra vestirse de azul.

Alcatraces, flamencos, corocoro rojo y blanco, tijereta de mar, patos de ala verde, pato rabón, pato zambullidor garzas y gaviotas son una pálida muestra de la “pajarera” que allí se puede ver. También hay gavilán caracolero, carrao, guacharaca, perico cara sucia, lechuza de campanario, pavita, aguaítacamino chiquito, tucusito colibrí rubí, gallito hormiguero, cristofué, reinita montañera, azulejo, picurero y el siempre vituperado zamuro; todos ellos revolotean por estos parajes, sin olvidar mencionar que cerca de 50 especies migratorias frecuentan estos espacios a lo lago del año.

No voy a darles la lata diciéndoles por enésima vez lo de sus arenas de blancura proverbial y aguas de transparencia que maravillan –aunque es difícil evadir la tentación de hacerlo-; pero si creo que vale la pena recordar que es común ver delfines de diferentes tipos, tortugas marinas y hasta el poco deseable de tropezar caimán de la costa. Del mismo modo, también se consiguen allí cazón, corocoro, pargo, sardina, jurel, cachama negra, cachama blanca, guaripetes, isabelita, chucho, raya, picúa y lisa. Para citarlos a todos necesitaríamos muchísimas páginas.

Dicen los impresos oficiales que, en cuanto parque, Morrocoy cuenta con 32.090 hectáreas y en los cerros que le bordean es común ver venado matacán y caramerudo, cunaguaro, mono araguato.

Sus corales son famosos por su variedad; así como sus cayos y playas: Pelón, Sal, Sombrero, Playuela, Peraza, Borracho, Playuelita, Muerto, Pescadores, Los Juanes, Boca Seca, Playa Mero, Paiclá, Suanche y Punta Brava son algunos.

Lo que no entiendo mucho todavía es porque casi no se habla tanto de su verdadera riqueza: aquellos que viven aquí y que a diario prestan diferentes servicios a los depredadores citadinos que llegan continuamente a tratar de dañar esta sinfonía de colores, olores y texturas que la naturaleza ejecuta.

Gente atenta, curiosa, de eterna alma de niño que juega con una estrella de mar y la saca con gestos cuidadosos para que el visitante la vea; que muestran con orgullo la piedra donde acuden a entregar sus plegarias de agradecimiento a sus santos y a pedirle la respectiva protección para cuando salen a ganarse la vida navegando la mar…

Morrocoy es un espectáculo al que siempre se vuelve.

© Alfredo Cedeño