domingo, septiembre 27, 2026

ENTRE PAYASOS Y MAROMEROS


–¡Estimado doctor Loreto!

–¡Dichosos los ojos, apreciado licenciado Pancholo!

–Tanto tiempo sin verte mi hermano del alma…

–Bueno, tú sabes cómo es el maní.

–Así es camarada.

–¡Déjate de vainas! Esa palabrita ni de lejos, mira que no estamos en el cafetín de la escuela, ni en la federación de centros.

–Tampoco es de tanto, y ni malo es recordar viejos tiempos, no me lo vas a negar.

–Si llegó a embajador Timoteo…

–¡Cachucha e peo!

–¡Por favor licenciado! No se puede perder la compostura de esa manera.

–Es verdad, pero es que oír el nombre de Zambrano y salírseme el apodo que le teníamos fue una misma cosa.

–No, no, no, mi apreciado, hay que saber mantenerse uno en su sitio. Ya no somos de estar comiendo con la mano.

–Ni cambur con una lata de pepitonas.

–No me toques esa tecla, que peor no puede sonar.

–Pero no me vas a negar lo sabroso que era cuando nos la comíamos en Caño Amarillo.

–La historia no siempre está preparada para ser fidedigna Pancholito.

–Por eso es por lo que hay que echarle su acomodada de vez en cuando, aunque nunca falta el que es más papista que el Papa y sale con sus vainas del respeto a la verdad histórica.

–Como que si la verdad fuera de hierro. Lo que pasa, mi apreciado, es que los perdedores siempre salen con zoquetadas de esas. Lo hacen porque no saben cómo es que son las cosas, la ignorancia es osada.

–Es verdad, mi respetado Loreto, yo siempre supe que ibas a llegar lejos, porque tu tienes ese don de saber percibir más allá de lo que aparenta ser.

–Modestia aparte, pero así es.  Ahí están todos esos que se las dan de tiquiquitaqui y no han conseguido ni un puesto de portero.

–Y no es nada, hermano querido, que tú con un cargo así cuentas con más poder que más nadie, porque eres el que decides quien pasa y quien no; además que ¿tú te imaginas en la puerta de un banco o aunque sea un instituto autónomo, eso sí de los que tienen presupuesto de verdad, entregándole las carpetas a los gerentes de área? ¡Te llenas!

–Tampoco hay que ser tan bandera Alcántara, ese fue siempre tu problema, hay que tener un poquito de elegancia, eso que se llama clase, bueno, tú no la tuviste mucho que se diga.

–Yo no Loreto, yo no sirvo para esas cosas, lo mío es verde o es blanco.

–¡Ay Pancholo!  Como te traiciona el inconsciente, casi dices que eres adeco o copeyano.

–Tú y tus vainas.

          Diálogos como este son más comunes de lo que uno se puede imaginar, es una red de fatuos con poder que van haciendo maromas a mansalva sin rubor alguno. Demasiado bien estamos…

 

© Alfredo Cedeño 


domingo, septiembre 13, 2026

OPIOS DE LOS PUEBLOS



          Una frase que era entonada con ferviente ardor, a machamartillo que llaman, en ese bestiario donde confluían camaradas, progresistas, izquierdistas, revolucionarios y demás especies de similar plumaje, era “La religión es el opio del pueblo”. Con gesto ampuloso, voz engolada y aire marcial recalcaban: Bien lo dijo Carlos Marx.

          Esa caterva de asnos cargados de libros, salvo contadas excepciones, ni peregrina idea del origen de la expresión. Menos sus matices.  El gurú en cuestión escribió en “Introducción a la crítica del derecho de Hegel”, publicada en la muy proletaria París en 1844, exactamente: “La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón y el alma de unas condiciones desalmadas. Es el opio del pueblo”.  No es nueva la costumbre de poner a decir lo que más le interesa al líder de turno. 

          El bachiller Heráclito de Éfeso legó una frase que, pese a los siglos, mantiene una vigencia abrumadora: La mucha erudición no enseña a tener entendimiento.

          Usted ve académicos, ideólogos, pensadores, militantes, cuanta bestia pensante se le ocurra y desee, alzar sus voces indignadas ante la injusticia y los desmanes del malvado imperialismo, o el decadente capitalismo, cuando no es contra los malignos judíos. Mientras tanto, y así como por no dejar, entonan sus cánticos de alabanza a los sufridos palestinos, serrallo de ángeles y querubines que ni a un mosquito son capaces de golpear. La malévola maquinaria informativa se ha ocupado de satanizar despiadadamente a unos indefensos pastores de cabras y ovejas que solo quieren vivir en paz. ¿Atentados? ¡Mahoma los confunda perversos paganos!

          De los ayatolás y su desprecio a las mujeres, ni una sílaba. La solidaridad no entiende mejor manera de cabalgar contradicciones que brindar nuestro más caluroso apoyo a los verdugos de gays, lesbianas y travestis. ¿Acaso no respaldamos al Ché pese a su paredón a los “maricas” cubanos? Por algo su imagen preside nuestros actos…

          No recordaba bien la frase, así que busco mi Biblia y tal como pensaba, en el Eclesiastés lo encuentro: “los labios del insensato lo precipitarán. Sus primeras palabras son una necedad, y un error perniciosísimo el remate de su habla”.  Un poco más adelante en el libro Eclesiástico hallo: “Más fácil es cargar sobre sí arena, sal y barras de hierro, que con un imprudente, un fatuo o un impío”.

          Los devotos de Pedro “Begoño” Sánchez, Pablo Iglesias, ETA, Feijóo y Abascal en España niegan al borde del paroxismo la imbecilidad que los recorre transversalmente. Cada cual se atrinchera en el soy mejor que tú, cuando no en el tú eres peor que yo. Ya no se trata siquiera de lo ideológico, es un duelo a muerte por ponerle la mano al Estado. Cito España, pero bien podría decir Cuba o Venezuela. En nuestro país el abanico de manifestaciones de tal índole es infinito. Se cumple a cabalidad lo escrito por Schiller en La doncella de Orleans: “Contra la estupidez, hasta los dioses luchan en vano”.

          La estulticia es la religión contemporánea en la que sus supremos sacerdotes tratan de sumergirnos, sí o sí.  Ellos, tal como los ingleses, a través de la Compañía Británica de las Indias Orientales, que introdujo el consumo de opio en China para desquiciar a la cuna de Mao, se han dedicado a sembrar la imbecilidad, y tener mano libre en sus desmanes y desvaríos.  No necesitamos más que revisar las declaraciones de tan egregios dirigentes. Sea Delcy Eloina, el capitán roba periódicos, el alcalde retirado, o cualquiera otro de esa reata. Todos van regando a raudales su narcótico particular, jamás quieren nuestra lucidez. 

          Mientras escribo, me veo de nuevo en el bar de Julio César, en mi siempre añorada La Sabana, después de un día de playa, bebiendo una cerveza mientras la rockola sonaba sin descanso. Recuerdo en especial una ocasión en que La Típica 73 acompañaba la voz de Adalberto Santiago con aquello de “qué pena me da Canuto, entre más viejo, más bruto”.

 

© Alfredo Cedeño



domingo, septiembre 06, 2026

NUNCA SE SECA



          Tiempos de andaduras en retroceso, largo periodo llevamos en el que mantenemos tal dirección. ¿Evolución involutiva? La sensación es que esclerosis y atrofia se han apoderado de nuestro cuerpo social. No es extraño, más bien nos resulta familiar, aceptar que el poder tiene mayor legitimidad que los principios. Trucutú –de traje a la medida, lentes de postín y pose señorial–, vapulea a su antojo a damas y caballeros –poco importa su civilidad o capacidades, esas son minucias, detalles anodinos– con la arrogancia que les otorga la fe de nuestros tiempos: el miedo.

          Son pretérito aquellos días en los que lo negro era negro, cuando no había un cartabón de lo “correcto” con el cual generar manadas de acólitos y borregos que loen las nuevas verdades.  Ahora el hermoso tinte oscuro de piel es afroamericano, ¿cómo haré para referirme a mi querida negra Lucy Gómez, y a mi hermano el negro Wilmer Suárez? Sin dejar a un lado el furor palestino que ha hecho de los amigos judíos el puchimbol de progresistas, socialistas, revolucionarios y demás sabandijas de similar moño.

          La parvada de líderes democráticos, ahora expertos negociadores, en Venezuela deja boquiabierto al mundo entero. De dónde salieron es la gran pregunta. La gestación de semejante camada ha sido un misterio biológico que deberá registrarse en el Libro Guinness. Esa publicación declara que “el actual poseedor del récord es el elefante asiático (Elephas maximus), con un período de gestación promedio de 650 días y un máximo de 760 días, más de dos veces y media el de los humanos”. Sin embargo, puntualizan: “El período de gestación más largo conocido en el reino animal es de cuatro o cinco años para la salamandra alpina (Salamandra atra), originaria de los Alpes suizos”.  Tal vez hemos generado algo así como unas salamandras caribeñas, que bien podrían ser denominadas: Salamandra nicodelcy.

          Al analizar el juego de sombras chinescas que presenciamos en nuestro patio, esa vieja chismosa e impertinente que es mi memoria me hace pensar en el clero polaco. A mediados de la década de los años 40 del siglo pasado en dicho país se creó el Ministerio de Seguridad Pública, el que tenía un opaco Departamento V. Esta denominación era la fachada del gobierno comunista para meter en cintura al poderoso movimiento católico de esos territorios. Los datos revelan que, sólo en 1950, 283 sacerdotes católicos fueron llevados a prisión.

Lo más triste y doloroso de esta situación comenzó a desenredarse en 2007 cuando se supo que monseñor Stanislaw Wielgus había sido nombrado arzobispo de Cracovia. A los pocos días saltó a la calle sus labores como colaborador e informante del régimen pro-soviético. Al comienzo lo negó, para luego, ante las evidencias, reconocer que sí lo había hecho, pero fue porque le permitía realizar sus trabajos de investigación en el extranjero. ¡! 

          Las repercusiones de tan nauseabunda situación hicieron que se escarbara en numerosas fuentes oficiales. Se terminó estimando que en los años setenta alrededor de 2.600 (¡dos mil seiscientos!) sacerdotes, casi el 15% de la clerecía polaca, colaboró con la policía secreta comunista…

          Si en la sucursal de la mera cuna de la decencia cristiana pasó eso, ¿qué podemos esperar en este campamento de mineros que siempre hemos sido? Al comienzo las perlas de Cubagua anclaron a los exploradores, luego fueron las hembras semidesnudas que vagaban a las orillas del mar, a posteriori las piezas de oro que llevaban colgados los indios al cuello, más tarde fue la feracidad de unos territorios en los que si piedras sembraban piedras nacían, hasta que siglos después el petróleo comenzó a manar sin descanso.

Todos, incluso los propios hijos de esta tierra, se acostumbraron a sacar cuanto podían para adquirir apartamentos en Miami, Aruba o New York. Hubo quienes erigieron edificios, bancos, empresas, navieras e incluso casinos, con lo que de aquí sacaban. Un verdadero universo de garimpeiros que se dedicó a medrar y que ahora se presentan como operadores financieros y políticos para seguir ordeñando a Venezuela. ¿Será que esa teta nunca se seca? ¿Deberemos esperar, ataviados de guayuco, en un árbol a ver si aunque sea el agua nos dejan?

 

© Alfredo Cedeño 


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