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miércoles, mayo 01, 2019

SIN INMUNIDAD PARA LA IMPUNIDAD


                 Con los campesinos de mi país aprendí aquello de: Cuando está llegando la mañana es que está más oscuro. La noche roja ha sido larga, muy larga, y ha estado preñada de pesadillas. Ha sido una oscurana con visos de infinitud donde los súcubos más inauditos han campeado a su antojo. Hemos visto a los más inesperados engendros apropiarse de nuestros sueños, nos ha tocado vadear espejismos y tremedales hasta quedar desollados y con el alma desolada. Hemos tenido que apechugar y echar la necesidad vital del suelo natal para aprender a vivir en tierras ajenas. Se ha vivido un auténtico muestrario de vergüenzas a las que hemos sido sometidos de manera despiadada y con feroz cinismo.
                Este martes abril cerró abriéndonos las puertas de la eterna primavera en la que siempre Venezuela vivió. Las esperanzas no pudieron ser ahogadas por las alucinaciones que nos trataron de imponer a troche y moche. De las sombras convocaron a sus colectivos, grupos de malvivientes empoderados por la reata de incompetentes que desgobiernan. El mundo militar esperó su momento para hablar y lo hizo de manera clara. No faltan, como no faltaron ni faltarán, los que pretenden reducir al segmento castrense a simple comparsa de la comedia política. La ecuación nacional, insisto, debe ser resuelta de manera adecuada y por ello es necesario despejar la incógnita verde como corresponde.
                Ya se asoman algunas voces preñadas de antiguas mañas pregonando cómo debe articularse la recomposición nacional, proceso que no será nada fácil pero al que todos necesitamos meterle el hombro. No hay que perder de vista que no se puede otorgar inmunidad a la impunidad, y que el coro de alcahuetas, endógenos y extranjeros, bramarán pidiendo el respeto a la autodeterminación popular mientras condenarán el intervencionismo imperialista.  Bien lo ha dicho el presidente encargado Juan Gerardo Guaidó: ¡El momento es ahora!
                Este relámpago de libertad rasgó las penumbras con parpadear de alegrías, no encontrarán manera de apagarlo. Maduro, Cabello, Jaua, Rodríguez, Villegas, Arreaza, Varela, Istúriz, Padrino y demás sabandijas afines vayan buscando sus madrigueras, se les acabó la rochela. Les pedimos por última vez que se retiren en paz, sus propios pellejos se lo agradecerán más temprano que tarde; todo tiene un límite y ustedes se han cansado de rebasar los nuestros. Salgan enteros que todavía tienen tiempo; muy corto, pero todavía lo tienen.

© Alfredo Cedeño

miércoles, enero 09, 2019

AÑO NUEVO, MISMA MIASMA



                Mis recuerdos de niño están poblados de momentos muy gratos. La época navideña, por supuesto, ocupa un lugar muy especial, y en ella destaca el sonsonete muy pegajoso de la orquesta Billo´s Caracas Boys con los versos: Año Nuevo, vida nueva.  Era una melodía que cubría todo el país literalmente.  La Metástasis Roja parece haber cambiado también lo que era esa especie de lema que los venezolanos entonábamos y bailábamos con entusiasmo frenético. Ahora da la sensación de que ha mutado el estribillo a Año Nuevo, misma miasma.
                Arranca el año con la deserción del "magistrado" Christian Zerpa. Entrecomillo el título ya que el mencionado individuo bien se sabe que no reunía las credenciales necesarias para ocupar dicho cargo. Lo cierto es que ahora es celebrado a tambor batiente y se anuncia como el acabóse del régimen rojo. Por lo visto no se termina de entender que esa gota no hace nada en la humanidad de ese mastodonte hipertrofiado que encarna Gofiote. Podría enumerar una larga lista que viene desde Luis Velásquez Alvaray, o su tocayo Luis Aponte Aponte, además de un tropel de arrepentidos que incluye a toda una variopinta fauna de sicarios que bajo el ropaje de jueces, fiscales, alguaciles y malandros entogados ahora son ensalzados como la puntilla final de nuestra pesadilla. No quieren comprender que el daño es de tal magnitud que podría terminar hasta en la deserción de los propios Maduro y Cabello para que no pase nada.
                También nos han acostumbrado los jenízaros rojitos a que el nombramiento de las autoridades legislativas se convierta en la resurrección de Moisés y el sepelio del galáctico. Es así como vemos que el nombramiento del nuevo presidente de la Asamblea ha provocado una verdadera ola de neo catecúmenos adoradores de san Guaidó virgen y mártir... vamos a ver hasta cuando le dura el carburo. No puedo dejar de evocar al injustamente marginado poeta Andrés Eloy Blanco por aquello de: "Nada hace más ruido que un carro viejo y un diputado nuevo".
                A los ciudadanos de a pie, los venezolanos normales y corrientes, más no sumisos, se nos critica el escepticismo, y se nos exige el mantenimiento del feudalismo político. Unos cuantos señoritingos exigen acatamiento a la vista y sin protesto de sus antojos y trapisondas. Cualquier asomo de cuestionamiento es satanizado de manera inmediata por una cada vez más corta corte de aduladores y beneficiarios. Pregonan que la desconfianza no es el camino, que la ruta está en la unidad que ellos han diseñado a su conveniencia. Una extensa perorata de lugares comunes es entonada para terminar acusándonos  de un desengaño del que no saben de dónde ha salido. ¿Quién lo sembró, abonó e inculcó en todos nosotros? No pidan ahora duraznos a una mata de topocho.

© Alfredo Cedeño

martes, diciembre 27, 2016

BALANCE

                En estos tiempos de fiestas tristes es necesario hacer cuentas de lo que este año nos deja. Las cuentas no pueden ser peores. Es imposible, pese a la cantaleta de unos cuantos interesados que le hacen el juego a Maduro y su pandilla, ver de manera optimista el cierre de un año que comenzó preñado de ilusiones y excelentes augurios. Empezamos con una Asamblea Nacional en manos de una mayoría a la cual Venezuela de forma abrumadora dio un voto de confianza para que la institucionalidad comenzara a recuperar espacios. ¿Qué tenemos en este momento? Nada.
                Todos vimos el 6 de enero a un envalentonado Ramos Allup recién nombrado presidente del cuerpo legislativo ordenar con su voz más pendenciera la remoción de las imágenes de Bolívar y Chávez de la sede del Capitolio, mientras decía: “Si quieren prenderle velas que se lo lleven pá Sabaneta, (…) Sáquenme toda esa vaina de aquí”.  El jolgorio fue instantáneo, así como la iracundia de los dolientes del galáctico, quienes clamaron en contra de la profanación de su venerado difunto.
                La lista de actuaciones de similar tenor por parte de él y de sus compañeros de cofradía da para llenar varios tomos. No pienso perder mi tiempo de manera tan vil. Sin embargo, no puedo dejar de mencionar el trato displicente para con los rehenes que mantienen encarcelados Maduro y su grupete de sabandijas. Tan criminal ha sido el trato a Leopoldo, Ledezma y todos los demás por parte del gobierno como la poca diligencia, por no decir nula, de la vocinglera dirigencia opositora para lograr su liberación. La sensación que tengo es que muchos han apostado por el sacrificio de ellos para poder obtener mayores cuotas de poder dentro del sindicato de partidos que mantiene secuestrado el rumbo de la rabia nacional.
                Las cuentas no cuadran en este cierre de año. Al menos no para quienes adversamos este desastre que dice gobernar nuestro país. Terminamos 2016 con un Maduro danzante, un Cabello arrogante, y toda una pléyade de malandrines que de lo más campantes continúan desollando a Venezuela. El año concluye con una opción opositora errática y desangelada que se ampara en una barra de adulantes, que por lo visto solo saben ulular cual hienas rabiosas contra todos quienes osamos alertar sobre los desbarres de una dirigencia pusilánime. Llegaremos al 2017 con las esperanzas marchitas y los extremos de nuestro panorama político abrazados en un claro entendimiento que han matizado con el mote de diálogo.
                El saldo no puede, ni debe, ser optimista. Las cifras son rojas y a la baja. La MUDa es una maquina electoral que no sabe manejar labores de gobierno, se han convertido en un hibrido donde se notan claramente dos grupos. Por un lado, un hatajo de expertos en escenarios ideales, y por el otro un equipo de agitadores profesionales; ambos claramente se ve que poco saben hacer a la hora de abordar las tareas que han de llevar al ejercicio real del poder en nuestro escenario actual. Se nos pide paciencia y apoyo incondicional, ¿a cambio de qué? Hay quienes en su buena fe acuden al ejemplo del pueblo judío el cual durante siglos proclamó “El año que viene en Jerusalén” hasta que finalmente lo lograron.  Dicho pueblo pasó vicisitudes de todo orden y la pregunta que me hago es: ¿en las condiciones actuales el pueblo venezolano puede soportar siglos de esta maldición bíblica que nos atenaza y envilece hoy?
                Al cierre de este año más que felicidad, mucho más, deseo luz para que encontremos los líderes que nos permitan salir de una buena vez de esta ordalía de horrores con que debemos haber purgado todo nuestras benditas culpas.

© Alfredo Cedeño
 

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