Leo con atención las diversas
reacciones al nombramiento como embajador ante España de Timoteo Zambrano. Le
han salido buenos los zapatos. Conocí al ahora diplomático, hace 55 años,
cuando ambos estudiábamos segundo año en el Instituto Técnico Jesús Obrero, en
Los Flores de Catia. En aquellos tiempos él y el negro Acosta formaban un dueto
que ya sabían engolar la voz, hacían gala de unas herramientas retóricas que
buscaban aturullarnos con su verborrea.
Pasó mucho tiempo sin que supiera de
él, y en el año 1995 fui contactado, y juro que no puedo recordar cómo fue ese
tránsito, para hacer unas fotos de un acto de masas de la candidatura de
alcalde de Antonio Ledezma. Hice las imágenes y en el ínterin quedaron conmigo
que unos miembros del equipo político del candidato acudirían a mi apartamento
en Sabana Grande para escoger las mejores.
Mi sorpresa fue que al llegar la
comitiva estaban entre ellos Arturo Vilar, ese que anda ahora por Madrid con la
versión posmoderna de la Magdalena –léase Luisa Ortega Díaz, sicaria fiscal del
comandante eterno–, y ¡Timoteo Zambrano! Por supuesto que le saludé y
recordamos los tiempos de Jesús Obrero. En medio de su petulancia habitual
habló de su finca en Guárico donde tenía una siembra de limones cuya producción
total exportaba para España.
Debo decir también, que antes de todo
esto supe que luego de concluir secundaria se dedicó a montar un teatro de
títeres en el 23 de Enero, donde el amigo Johan Perozo, quien supo catar las
posibilidades del volatinero lo reclutó e incorporó a las filas de Acción
Democrática. De allí en adelante el muchacho desgarbado hizo carrera, tanta que
salió volando.
El que quiera más pormenores del
personaje en cuestión bien puede dedicarse a escarbar en internet donde
encontrará material de sobra sobre los vaivenes del ahora Excelencia.
Lo cierto es que muchas plumas sesudas
andan explicando la curvatura del ángulo
desde el cual Zambrano Guedez va a realizar las labores de salvamento del
“príncipe” Zapatero, por órdenes de la encargada.
A ver, ¿ustedes creen que semejante
saltimbanqui, que siempre se ha ocupado de salvaguardar su propia nalgamenta,
va a dedicarse a amparar la del marrullero vallisoletano? Tomo la frase del
personaje Emilio Delgado, en la serie Aquí no hay quien viva: ¡Un
poquito de por favor!
En todo caso Zapatero debería
preocuparse aún más de lo que dice está. Delcy Eloina que entregó a Nico,
Cilia, Saab, y sabrá Dios a cuantos más, ¡y los que faltan!, no se va a parar
en menudencias para entregar al expresidente. Por cierto, si se fijan bien
notarán el gesto de muñeco de ventrílocuo, títere a fin de cuentas, y en eso el
bachiller Timoteo, como dije antes, tiene experiencia. A lo mejor improvisa un
teatro de sombras chinescas, o se planta en la calle Arenal a una de sus
faenas. Nadie sabe lo que puede terminar pasando entre semejante elenco de
querubines, serafinas y maromeros.
De todo hay en la viña del Señor: uvas, pámpanos y agraz.
©
Alfredo Cedeño






