domingo, marzo 01, 2026

TIEMPO DE ESPERPENTOS






















           Tan allá como en el siglo IV antes de Cristo, Aristóteles planteó aquello de: “El hombre es por naturaleza un animal político”. Atención, que el uso de ese vocablo no lo utilizó en el sentido que ahora le damos. Él lo empleaba para referirse a la pertenencia a una comunidad cívica organizada. En cuanto a la deriva de su definición a lo que en la actualidad es, son ríos de artículos, ensayos, conferencias y libros, imposibles de abreviar en estas líneas.

          Para acercarnos a este siglo de luces y sombras, cual ningún otro, cito a Max Weber, quien en su conferencia La política como vocación enuncia: “Política significará, por tanto, aspiración a participar en el poder o a influir en la distribución del poder, ya sea entre Estados o dentro de un Estado entre los grupos humanos que comprende”. Más adelante indica: “El Estado es aquella comunidad humana que, dentro de un determinado territorio, reclama con éxito para sí el monopolio de la violencia física legítima”.

          Al año siguiente de este enunciado “weberiano”, Ramón del Valle-Inclán escribe su pieza teatral Luces de Bohemia. Esta obra, publicada a manera de folletín entre julio y octubre de 1920 en el semanario España, sería el nacimiento de lo que el célebre manco llamó Esperpento. Pero dejemos que el protagonista de ella, Max Estrella la defina: “Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento”.

          ¿Se les ocurre mejor manera de sintetizar lo que estamos viviendo? ¿Acaso no es un reflejo cóncavo Delcy Eloina como dictadora encargada? No hay mejor manera de llamar la mojiganga leguleyesca que significa Timoteo Zambrano alzando manos y pies para aprobar cuanta imbecilidad se propone en la espuria Asamblea Legislativa venezolana. Esa misma que infinidad de sayones y plañideras defienden como gata panza arriba. El argumento recurrente es que ese cuerpo tiene la actual composición por no haber participado en las elecciones de diputados en 2025. ¡Tarados!

          Para nadie es un secreto que el chavismo-madurismo-rodriguismo siempre ha hecho con los procesos electorales exactamente lo que les sale de sus entrepiernas. La mejor muestra fue la elección del candidato unitario, donde la señora Machado ganó de manera clara. Respuesta: sacarse de la manga una sanción mamarracha e inhabilitarla. Segunda muestra: elecciones presidenciales que gana arrolladoramente Edmundo González. Respuesta: darle una patada a la mesa, encarcelar a infinidad de opositores reales y decir con cara muy lavada que el ahora inquilino de Brooklyn había sido reelecto.

          Los ejemplos de la barbarie y arbitrariedad de la dictadura roja-rojita son inacabables. Sin embargo, sobran “políticos”, entendidos en la materia y analistas de sesuda actitud que se desmelenan defendiendo el diálogo y condenando la violación de la soberanía nacional con la captura de Gofiote y la doña de la prótesis dental bailarina.

          Otro personaje digno de Valle Inclán es esa marioneta tatuada que hasta hace poco era Fiscal General de la República y que ahora aseguran es Defensor del Pueblo. Mejor sigo de largo.

          ¿Cómo callar con la barbarie de los presos políticos? ¿Es posible estar indiferente ante la mamarrachada de la ley de amnistía? ¿Van a seguir jodiéndole la vida a los Policías Metropolitanos que el 11 de abril impidieron que en Puente Llaguno la masacre de manifestantes fuera mayor? ¿Hasta cuándo mantienen a Otoniel Guevara, su hermano y su primo encarcelados por el caso de Danilo Anderson? ¿Y qué pasa con los humildes campesinos merideños Edubin y Pablo Montilva Ramírez, de 65 y 64 años de edad respectivamente, encarcelados por echar unos tiros al aire en uno de los olvidados Pueblos del Sur para celebrar que se habían llevado a Maduro?

          Es inaudito contemplar el suicidio moral de una dirigencia que solo quiere recoger los harapos del poder que esta plaga roja va dejando de país. Lamentable Enrique Márquez dar el bochornoso espectáculo de salir a rasgarse las vestiduras por el “consolador” Zapatero.  ¡Hijo de tu madre! ¿Acaso no sabes nada de la mina de oro, ni de los manejos turbios y asquerosos del alcahuete español? Qué gran oportunidad de callarte desperdiciaste, aunque no deja de ser bueno saber de qué material estás hecho. Te faltó condenar el ataque a Irán.  El diablo los crea y ellos se juntan.

 

© Alfredo Cedeño


domingo, febrero 08, 2026

PALABRAS, PALABRAS, PALABRAS…
























          Sin el lenguaje seríamos un rebaño que deambulara con parsimonia, a veces, o retozara sin mayores consecuencias, otras tantas. Existiríamos cual mansa manada o cerril tropel de bestias silvestres.  Gracias a Dios, en caso de que lo haya, tenemos el don de entendernos a través de la palabra. No ha sido gratuito que, desde tiempos inmemoriales hayan aparecido quienes, por medio del control del cómo nos comunicamos, traten de manejar dicho vínculo a su antojo.

          Los peligros que ello conlleva se han advertido siempre. Sófocles en Antígona muestra cómo el uso inflexible de la palabra acaba en desgracia, para explicarlo de manera sucinta. Cicerón, siglos después, escribió: “El discurso es imagen del alma”. Más tarde sería Shakespeare quien pondrá en labios de Polonio, al hablar con su hijo Laertes: “No des voz a tus pensamientos, ni permitas que ningún pensamiento desproporcionado se convierta en acción”.

          Mucha tela que cortar ante estas palabras frente al sainete tragicómico que vivimos ahora en Venezuela. ¡Y en muchas otras partes! Uno escucha el regüeldo de quien dice con desparpajo que El Helicoide es el Country Club de las cárceles, y que tener esposado ocho días a un preso político no es tortura, y duele tanta astracanada.  ¿Cómo se puede llegar a tal estulticia? Ese episodio me hizo recordar una larga conversación con Jaime Ballestas (Otrova Gomás), en la que me dijo: “No es la religión, es la ideología el verdadero opio de muchos”.

          Son muchísimos los que quieren jugar al calambur en estos días, buscan algo así del estilo “este es conde y disimula”, con unos resultados penosos. Por eso, vemos al hermanísimo, y parlanchín presidente del parapeto legislativo, tratar de montar un bodrio con los presos políticos. Como buen prestidigitador buscó de manipular al presentarse ante uno de los presidios y anunciar, mientras abraza a una de sus alcahuetas, la pronta liberación de sus víctimas. ¡Hiena carroñera! Siquiera por la memoria de tu padre, cuya muerte fue sancionada debidamente en sus homicidas, debieras guardar un poco de respeto por quienes han pagado con sangre el haberse atrevido a protestar.

          Sobran los cabrones, y perdonen el francés, pero cada uno debe ser llamado como lo que es, que hablan de reconciliación e insisten con el maldito diálogo. ¿Para qué? ¿Para que aquellos que han destrozado bienes, vidas y país sigan aferrados a la teta pública?

¿Quién eligió al bartolo malhecho de Capriles representante de nuestra colectividad? ¿Quién nominó al saco de frases altisonantes de Timoteo Zambrano? ¿De dónde sacaron a Mercedes Malavé? ¿Quién puso a Stalin González a representarnos? Mucho había tardado Felipe Mujica en aparecer para pedir su parte de la ubre. Todos son la precisa representación de lo que ha de desaparecer de nuestro futuro. Más de uno debería terminar en similar pensión a la de los Maduro-Flores.

          Bien lo sabe la marioneta mayor, Delcy Eloina, que todo eso es pan de hoy y hambre para mañana. Le guste o no, más temprano que tarde, tendrá que sentarse, si es que la dejan, con el presidente Edmundo González y con María Corina Machado, todos los demás son una caricatura mal trazada.

          En 1946 George Orwell publicó el ensayo Politics and the English Language –Política y el lenguaje inglés–. Allí encontré una frase demoledora que retrata a perfección lo que estamos viendo: “El lenguaje político está diseñado para hacer que las mentiras suenen verdaderas, que el asesinato resulte respetable y para dar una apariencia de solidez a lo que no es más que aire”.

 

© Alfredo Cedeño  






domingo, febrero 01, 2026

A PELLIZCOS Y EMPUJONES




 

          Pocas veces las cosas van al ritmo que se nos ocurren deben ir, pero cuando damos un vistazo a las situaciones con las que nos impacientamos, podemos sentirnos como Galileo Galilei y decir Eppur si muove. En buen cristiano: Y, sin embargo, se mueve. 

No faltará quien me quiera enrostrar la improbable respuesta del sabio toscano, ante el tribunal de la Santa Inquisición en 1633, luego de abjurar de la visión heliocéntrica del mundo. La frase ha durado hasta ahora y bien podemos aplicarla a lo que ocurre en diferentes escenarios del planeta.

          Veamos España, para comenzar. Un Pedro “ácaro” Sánchez, que se aferra a la Moncloa como garrapata en rabo de yegua, llega al punto de hasta ofrecer velas a santa Tecla la Callosa y a san Caralampio mártir para seguir disfrutando de los privilegios del cargo. Poco importa si después tenga que entregarle la nalgamenta al diablo.         No podemos obviar a ese ser, que casi parece un ectoplasma, llamado Alberto Núñez Feijóo quien de gesto apacible, tal si el sacristán de la catedral de Santiago de Compostela fuera, se dedica a “jugar” de manera correcta en la política hispana.

          En esta mirada a la amada España no puedo olvidar al aspirante musoliniano Santiago Abascal, que juega al decente mientras aplica métodos de la Inquisición contra los muchachos de Revuelta. Este grupo que fuera empleado como ariete por VOX, ahora lo condenan sin melindres algunos, por no acatar la “línea” del partido. ¡Santa María de Ipire! Los mismos que dieron contratos de cientos de miles de euros, al amparo de una fachada legal, son los verdugos de quienes creyeron en limpieza y claridad política.

          Si cruzamos la mar océana vemos a una “encargada” de los mandos en Caracas cacarear contra la bota extranjera, pero que sabe cumplir con meticulosa modosidad lo que le indican desde orillas del río Potomac. Tal vez, de su época de estudiante de Derecho, le quedó aquello de Séneca: “Quien teme, sirve”.

          No deja de ser hilarante el video de la muy combativa Iris Fosforito narrando los pormenores de la captura de Gofiote, y la doña de la prótesis dental bailante. En su narrativa épica describe como ella se enfrentó a los malvados marines para acompañar a su marido hasta el presidio de Brooklyn. ¿No se conmueven ante tan excelsa manifestación de amor? La ahora insumisa Venevisión podría contratarla cual versión criolla de Delia Fiallo.

          ¿Cómo dejar de mencionar los gestos de marido cornudo, pero resignado, del otrora matón de Monagas? Lo veo y no sé si está por hacer pucheros o por ciscarse en la madre que parió a todos los ahora dialogantes. Dicen que lo vieron con pasos algo extraviados buscando el mazo del que tanto gustaba presumir. Un buen tolete es lo que le espera como siga gruñendo babeante. ¿Qué pensar del silencio de monjas reclusas de Padrino?

          Tampoco es para olvidar a Guaidó, Rosales, Smolansky, Caprilitos, López, Miguel Pizarro, y demás miembros de la sagrada cofradía de la estatal teta perpetua, que ahora reclaman su sitio en la foto. Ni hablar del ilustre señor Ramos, a quien su muy gozoso cuñado, aspiraba juntar con Jeffrey Epstein. Uno es mal pensado, porque ¿quién quita que lo que pretendían era ir en peregrinación al santuario de Betania?

          Escribo y me vienen mil cosas a la cabeza. La sinapsis es una vaina seria, hace que las neuronas, las pocas que quedan en mi estropeado cerebro, tiendan puentes y encadenen frases. Es un destello que me dice casi al milímetro lo que estamos viviendo. Al final de Macbeth, él acaba de recibir la noticia de la muerte de su mujer, y Shakespeare pone en su boca: “Es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia, que no significa nada”.  También aparece Rabelais y recuerdo la carta que Gargantúa envía a Pantagruel: “Veo que los pícaros, verdugos, mercenarios, palafreneros de hoy son más doctos que los doctores y predicadores de mis tiempos”.

          Por ahora, y así como por no dejar, veo que a Delcy Eloina y demás comparsas –así como Pedro Sánchez, Iglesias y otros zarrapastrosos– son llevados al estilo con que arrastran los marineros a sus damiselas al jergón: ¡A pellizcos y empujones!

 

© Alfredo Cedeño  


domingo, diciembre 07, 2025

¿NOSOTROS? ¡NUNCA!


























          Nada más peligroso que un mono empuñando una hojilla. Bueno… debo decir que estuve convencido de ese refrán hasta que comencé a tener visión crítica, y empecé a entender el fardo de embustes que son los políticos. En particular, aquellos que se proclaman portavoces de la esperanza humana, de las minorías desfavorecidas –porque eso de la clase obrera es un cliché pasado de moda–, de las víctimas del heteropatriarcado. De ahí en adelante cuanta faramalla pueda usted imaginar. Y se ha de quedar corto, cortísimo.

          Es un filo de navaja por el cual transitar con sendos abismos a los lados. Los señoritos de la derecha, de esta parte, y los tabernarios, calzados de Ferragamo y vestidos de Channel, a la otra. Los primeros apenados hasta del aire que respiran y, cara de chupacirios incapaces de reivindicar un logro, así sea el de haber podido comulgar a escondidas el domingo en catedral. Eso sí, el gesto compungido de sacristán chapucero no lo sueltan ni por el carajo, basta con observar a Feijóo en España, o recordar lo que fue Rafael Caldera en Venezuela.  Aquellos que se supone si saben plantarse a reclamar sus logros, más parecen una versión edulcorada de Luis Candelas es España, o de Boves en los llanos de Venezuela.

          Los otros son unos malandrines de toga, birrete y navaja desenfundada. No cesan de atormentarnos con los logros que alcanzarán cuando lleguen al poder, y de cómo el Paraíso será un erial al lado de lo que ellos van a construir para el “Hombre Nuevo”. ¿Mejor ejemplo que Fidel Castro? ¿Acaso no lo han corroborado Hugo Chávez y Nicolast Maduro? ¿Dónde dejamos a Pedro “plagio” Sánchez en la atormentada España?  Pese a todo ello, usted los ha visto, o los ve, sacando pecho y engolando la voz para negar cualquier imbecilidad en la que han sumido sus tierras.

          Mire, señor Sánchez, que su ministro anda de putas con unas rumanas… Raudo, como un Peugeot responderá: “¿Nosotros los socialistas? Somos gente seria, comprometida e incapaces de una perversión de semejante naturaleza. ¡Nunca! Creo que hace esa presunción porque trabaja para un instrumento de la fachosfera”.  En Venezuela ni a eso se puede llegar. ¿Quién atina a preguntarle a Maduro si es verdad que le ofreció a Trump hasta el modo de caminar cuando hablaron? Antes de una hora está en la plaza Bolívar colgado por las orejas y con un cartel para que todo el que pase lo escupa. ¿Alguien podría preguntarle a Diosdado si es verdad que él se robó la cantina de su cuartel mientras era teniente? Lo menos que le toca es el mazo de supositorio.

          Tampoco es que estos infelices están descubriendo el agua tibia. Se han dedicado a copiar un modelo que les funcionó de maravilla a sus ídolos. Trataré de ser lo más breve que el tema lo puede permitir, tampoco esta es una clase.

          La muy dolorosa Guerra Civil que desangró España es una muestra por excelencia. Los zurdos, haciendo honor a su condición siniestra, fueron calentando el ambiente y comenzaron a joder a Raimundo y a Segismundo, muchas veces matándose entre ellos mismos. Pero pocos episodios se magnificaron tanto como el terrible bombardeo a Gernika en el País Vasco. Todos los voceros aseguraron por décadas que hubo más de 1.600 muertos. Y no trato de reducir la bestialidad de dicho evento. Sin embargo, diversos estudios realizados revelan que, sumando los cadáveres encontrados en los caminos, y los heridos trasladados al hospital Basurto donde luego fallecieron, hay un total de 126 víctimas identificadas con nombres concretos.

          Otro par de serafines, Hitler y Stalin, dos hijos de su bendita madre que acabaron con medio planeta, pero el austríaco es quien ha cargado con el, bien ganado, desprecio del mundo.

          No son pequeños los esfuerzos para esconder lo que significó el pacto inicial de estos dos sátrapas, firmado días antes de comenzar la Segunda Guerra Mundial. Cuando al bigote mocho se le cruzaron los cables del entendimiento y decidió invadir la unión de repúblicas soviéticas –URSS–, se acabó lo que se daba. Es por lo que ahora solo se habla de los millones de víctimas del nazismo, pero nada de aún mayores cifras de muertos de Stalin entre sus propios paisanos.

Décadas más tarde, el otro ídolo zurdo Mao Tse-tung, ahora rebautizado por los eruditos como Mao Zedong, durante su grandioso Gran Salto Adelante, entre 1958 y 1962, produjo decenas de millones de muertes. Y a callar de que eso no se habla. ¿Dónde dejamos las célebres 10 millones de toneladas de azúcar que Fidel proclamó que Cuba produciría en 1970?

En Venezuela las promesas de Chávez, mantenidas por Maduro con un velo místico a lo Sai Baba, no quedan lejos. Por supuesto, la vocería progresista nada dice de los millones de venezolanos que debimos abandonar el país ante las amenazas, o por el mero instinto de supervivencia, porque ni que echarle al buche conseguían.

El coro de cotorras funcionales, que ni escribir sabe, se mantiene entonando el mantra del bloqueo, raíz, razón y causa de la miseria en Cuba y Venezuela. Es el malhadado imperialismo que atenta contra la autodeterminación de los pueblos. Mientras tanto, Maduro aparece en televisión con relojes costosísimos y anillos con enormes esmeraldas. A la par, el asqueante Zapatero sigue haciéndole el trabajo de lavarle la cara, sin dejar de recibir los beneficios de la mina de oro que le regalaron los hampones criollos.

La poesía es el eterno salvavidas que hace salir del desconsuelo. Ante este muladar recuerdo al poeta Antonio Colinas: “Esquilo lo vio todo con sus ojos / y en dos versos resumió la historia: «¿Atenas, la ciudad, es arrasada? / ¡Sus hombres han quedado, Atenas dura!».  Venezolanos y españoles hemos quedado, gente del mundo permanecemos; España, Venezuela y el mundo duran.

 

© Alfredo Cedeño  




domingo, noviembre 30, 2025




MAROMEROS SIN COMPÓN

 

          Las contorsiones, rayanas en malabarismos en una cuerda sin malla de prevención abajo, son una característica, casi razón de ser, de la casta política. Uno contempla los hechos y no sabe si reírse, indignarse hasta el paroxismo o llorar de tristeza e impotencia.  Debo acotar que también en el llamado mundo cultural es un fenómeno bastante evidente.

          Pienso en Octavio Paz y sus tempranas simpatías marxistas. No de gratis fue funcionario del gobierno nacionalista mexicano; para luego convertirse en un duro crítico del autoritarismo en todas sus expresiones. Recuerdo su muy digno gesto de renunciar a su cargo de embajador ante la India a raíz de la masacre de Tlatelolco, y plantando al entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz.

          ¿Cómo dejar de nombrar al cubano Reinaldo Arenas? Fue un temprano simpatizante de la revolución antillana; la misma que luego lo maltrató de forma insólita. La plaga castrista-guevarista no encontrando más argumentos ante la calidad de su obra, lo acusó de maricón para marginarlo. Terminó en el exilio y con lucidez retrató en unos de sus versos el drama de su país: “Sé que más allá de la muerte / está la muerte, / sé que más acá de la vida / está la estafa…” .

          En cuanto a la política, como es habitual, las volteretas han sido grotescas a veces. En estos días la estrella en tales menesteres es el capo español Pedro Sánchez. En el año 2018 le soltó al entonces presidente del gobierno ibérico: “Ni al Congreso ni al Senado se viene a pedir perdón, se viene a asumir responsabilidades políticas”. Ahora, con gesto de matón de esquina, se limpia las entrepiernas ante todos los casos que le tocan más que de cerca.

          Otro que tampoco escapa del patrón y sigo en territorio hispano, es el nuevo ídolo de multitudes Santiago Abascal. Ha salido hasta el cansancio con aquello de una mejor manera de ejercer la política, de la necesidad de abordar decentemente el oficio público.  Y por ahí sigue la cantaleta.  Sin embargo, hace poco el periodista Marcos Ondarra reveló que una cuenta anónima, pero muy activa, en redes sociales, @eljudiodevox, es una triquiñuela del partido abascalense. El perfil señalado se dedica con particular saña a atacar a Iván Espinosa de los Monteros, Juan García-Gallardo y Alvise Pérez, entre otros. Ondarra señala a Fran Bouzas, en franca relación con el nuevo miembro de la casta zángana española, como el vocero oculto de las campañas de desprestigio contra los rivales políticos del grupete de Abascal.

          Si nos venimos a suelo patrio, como gustan de decir, con gesto solemne y voz engolada, tirios y troyanos, las muestras son más profusas que la verdolaga. Jesús Ángel Paz Galárraga, es el primero que recuerdo. Hombre de amplia presencia en nuestro escenario: fundador de Acción Democrática, preso político y exiliado de la dictadura perezjimenista. Luego de la restauración republicana en Venezuela ocupó el cargo de secretario general del partido que había fundado. Esa posición la desempeñó durante los años más duros del enfrentamiento con las guerrillas. Más tarde se marchó de AD para crear el partido de izquierda Movimiento Electoral del Pueblo. Aquel que había sido vocero de la “derecha criminal” pasó a ser representante de la “izquierda redentora”.

          También está el caso inverso de Germán Lairet. Este político sucrense fue miembro del Partido Comunista Venezolano, fiero defensor de la lucha armada en los años 60. Era recibido con alfombra roja en Cuba y por el propio Fidel Castro. Él mismo mostraba con orgullo fotografías de lo que escribo. Luego, al fundarse el Movimiento al Socialismo, fue su primer secretario de organización. Más tarde se convirtió en el jefe de la fracción parlamentaria de la tolda naranja, hasta que en 1984 fue destituido. Le faltaron alas para volar al regazo del adeco Jaime Lusinchi y ser nombrado embajador en Yugoslavia. Años después sería ministro del trabajo de su antiguo profesor universitario Rafael Caldera.

          Son pinceladas, tenues, además, de lo que ha sido, y es, la consistencia en la casta política y cultural en cualquiera que sea su espacio. ¿Quieren ustedes a mayores y mejores consentidos que toda la intelectualidad criolla durante la mal llamada Cuarta República? No creo necesario abundar sobre cómo sus más conspicuos representantes han dado muestras de apoyo “insobornable” al proceso de Chávez. 

Contadas las excepciones. Es el caso del muy querido y admirado Rodolfo Izaguirre. Él, a sus largos años, todavía encuentra fuerzas para sentarse a regalarnos frases como “Descubrí a tiempo que detrás de la ideología marxista no hay cultura que valga; tampoco hay ideas, sino ciego fanatismo, odio y rencor…”.

          Mientras tanto, las castas siguen dando volteretas de niñas enloquecidas por las fiestas que disfrutan. Para ellas no hay responsabilidad alguna, ni actuación que las satisfaga más que su propio goce irracional.

 

© Alfredo Cedeño  



domingo, abril 13, 2025

OPORTUNISTAS Y ESCARAMUZAS


Hay un consenso general en torno a la definición de político, que bien podría resumirse en que es aquel que se dedica a la gestión de la cosa pública. En abundantes ocasiones, cual si de un viejo disco de acetato se tratara cuando se queda fijo en un surco, se afirma que es condición indispensable para incursionar en tales menesteres poseer olfato y un inmejorable sentido de la oportunidad.

Es innecesario explayarse en cómo esa última palabra ha sufrido una asqueante metamorfosis, para convertirse en oportunismo. De allí que este oficio ha devenido en una casta, con pretensiones de nobleza, a la que todo le es permitido. Y no es nueva la mencionada jodienda. Ya Shakespeare en Enrique V, pone en boca del rey, justo antes de la batalla de Agincourt, al dirigirse a su tropa y clamar: “somos pocos, somos pocos los felices, somos una banda de hermanos; y aquel que hoy derrame su sangre conmigo será mi hermano; por muy vil que haya sido…”.

Es un cuento de nunca acabar. Cuando se les atrapa en alguna de sus trapacerías suelen invocar su castidad y pureza, proclaman una virtud y honor que ni las estrofas del himno nacional. Se les ve recibiendo fajos de billetes, sus compañeros hacen una pantomima de expulsión, abjuran de él, pero al poco tiempo se le ve de nuevo, con cara de querubín maltratado, sacrificándose por el glorioso pueblo. ¿Verdad Juan Carlos Caldera?

Y así, por mentar solo una de las tantas variaciones de las encrucijadas políticas, vemos cómo se dedican a ponerse zancadillas entre ellos. Sin embargo, es menester aclarar que también usan lavarse las caras unos a otros. Bien podrían preguntarle a Carlos Vechio y al señor López sobre sus gestiones para exonerar al sobrino de doña Cilia de ciertas sanciones.

A tan honorables servidores públicos, que no hay sacrificio al que no estén dispuestos a someterse, les resulta inaudito, verdaderamente insólito, algo que les deja estupefactos, que pueda haber quienes cuestionen su desprendida vocación de servicio. Ni José Gregorio y Carmen Rendiles llegaron a dar tales muestras de entrega y beatitud.

Ellos, al igual que el puerco Napoleón, el de Rebelión en la granja de George Orwell, han reescrito los cánones que nos rigen. Por eso podemos leer como hizo el burro Benjamín aquello de: TODOS LOS ANIMALES SON IGUALES, PERO ALGUNOS ANIMALES SON MÁS IGUALES QUE OTROS.

© Alfredo Cedeño 



domingo, marzo 23, 2025

MISOGINIA EN ACCIÓN




          1975 fue una montaña rusa de emociones y experiencias. En febrero murió la vieja Elvira, mi abuela, mi consentidora sin condiciones, la que montaba en cólera si mi madre se atrevía frente a ella a castigarme. Sus atenciones y mimos todavía me hacen falta. Hay amores con los que mueres, aunque no lo creas.

          Empezando abril escapé por los pelos de ser detenido por una comisión de la entonces recién estrenada Dirección de Inteligencia Militar, aunque muchos seguían llamándole SIFA. Ellos habían capturado al poeta Jorge Chirinos Mondolfi, a la sazón director del Ateneo de El Tigre en aquellos días, lo encerraron en un calabozo de la policía local y salieron a buscarme. Yo estaba con los integrantes del grupo teatral Ultimátum, que habíamos creado Jorge y yo, ensayando nuestro próximo montaje. Allá llegaron a avisarme, y me fui a la comandancia policial. El oficial a cargo me dijo que no lo podía ver porque solo los miembros de la comisión de inteligencia militar estaban en capacidad de permitirlo. “Si quieres espera ahí” 

          Salí y me senté en un borde del edificio. A los pocos minutos pasaron unos muchachos que se nos habían estado acercando de manera persistente, “vamos a ver qué podemos hacer juntos”. Jorge siempre les respondía: “Si Claro, en cualquier momento”

Él después me explicaba que ellos eran de los Comités de Luchas Populares. “Esa es la gente de Bandera Roja, y yo no tengo ganas de meterme en más vainas. Además, que ellos son como los mormones, se toman todo demasiado en serio…”

Esta vez, ellos iban en un viejo Volskwagen, al verme frenaron en seco, retrocedieron y me llamaron. Al acercarme me agarraron por el cuello, me metieron al carro por la ventana y arrancaron.  Lo primero que escuché fue: “¿Tú estás loco carajito? ¿Qué haces ahí? Están allanando medio Tigre buscándote y tú te vienes a la boca del lobo. O tienes las bolas cuadradas o eres un soberano pendejo.” Por supuesto, lo segundo.

          Empezaron a explicarme lo que pasaba, y por qué el DIM había detenido al poeta y me estaba buscando. Resulta que a ciertos “godos” del pueblo, encabezados por José González, boticario del poblado, y presidente de la directiva del ente cultural, le disgustaba cómo nos habíamos dedicado a manejar las actividades de este centro. Por ello movió ciertas teclas, y ya que Jorge no quería renunciar al cargo, en el que apenas llevaba 3 meses, pues que nos sacaran presos.  

          Uno de esos muchachos trabajaba en la recepción de un hotel de El Luchador, fuimos allá y me escondieron en el cuarto de la ropa sucia: “No salgas por nada, métete debajo de aquel cerro de sabanas sucias, y sales solo si yo te llamo. Si oyes abrir ni respires.” Y cerraron la puerta.

Me fui al montón de lienzos, sabrá Dios impregnados de qué fluidos. Busqué algunos que no hedieran mucho, me cubrí y me dediqué a esperar. A las tres horas abrieron la puerta y pude ver un haz de luz recorriendo toda la habitación. “Aquí no hay nada, ese carajo sabrá Dios dónde se habrá metido, pero deja que lo encuentre.” Y cerraron. Horas más tarde escuché abrir y mi amigo: “Alfredo, apúrate.” Y nuevamente me trasladaron.

En tres días esta gente me había ayudado y estaba en Caracas, y gracias a Luis Britto García y Salvador Garmendia, en contacto con José Ramón Medina, entonces Fiscal General de la República, quien de inmediato se comunicó con la fiscalía del estado Anzoátegui, ordenó fueran corregidos todos los vicios legales del caso.

          Meses más tarde estaba en La Vega, Caracas, tentado por la posibilidad de incorporarme al trabajo de alfabetización que realizaba allá un grupo de amigos. La mayoría vinculado con la Compañía de Jesús. Fui acogido por Rafael e Ivonne un matrimonio muy joven que vivía por la parte trasera del autocine. Las labores educativas, en realidad más de activismo político, fueron mutando a una velocidad de vértigo. Y un día un grupo de damnificados de esa parroquia se declaró en huelga de hambre, exigían que el Estado le diera un trato digno a su condición. Con ellos estaban dos jesuitas: José Ignacio Angós y Cornelio Quast, lo cual le dio cariz noticioso a la humilde protesta.

          Angós había sido plomero en las construcciones del Parque Central en Caracas, así como en Sidor, Ciudad Guayana. Era gobernador capitalino Diego Arria, quien se había ocupado de evitar todo aquello que pudiera empañar la imagen del primer gobierno de Carlos Andrés Pérez. Con gran torpeza política ordenó a la Policía Metropolitana allanar el local donde Angós, Quast y creo recordar también a Santiago Arconada, yacían junto a un grupo de damnificados. Al cura lo trasladaron al Hospital Vargas donde le mantuvieron incomunicado varios días.

          Si la memoria no me falla dos semanas después del desenlace de todo esto se hizo una reunión evaluativa de lo ocurrido. Allí estaba Cornelio y Chabela Torres, quien luego sería su esposa; también Julio, un español de Ruptura, cara legal del grupo de Douglas Bravo, que leía a toda hora, incluso mientras comía, y quien dio la sensación de tratar de pescar en río revuelto, pero que la gente de los CLP junto a Santiago Arconada terminó orillándolos. Deben haber estado, aunque no logró afinar mis recuerdos, algunas de las monjas de la congregación Santo Ángel de la Guarda, tal vez Tania Díaz o Isabelita Sánchez.

          Otro que recuerdo en esa reunión es a “Pataruco”, de quien nadie sabía su nombre real. Sería en el año 2004 cuando me enteraría que se llamaba Rafael Venegas, y llegaría a ser secretario general de Bandera Roja. Algunos de nosotros, conmigo a la cabeza, por supuesto, hacíamos befa de la seriedad con la que él abordaba todas las discusiones. No había concesiones, todo lo explicaba con aire clerical; lo cual contrastaba con la actitud muy maracucha del entonces aspirante a jesuita Cornelio Quast, cuyas intervenciones rebosaban de humor, no exentas de profundidad.  

          En esa ocasión me encargaron que llevara el acta de la tertulia. En varias hojas fui tomando minuciosamente nota de cada una de las intervenciones. A eso de las dos de la tarde se dio por concluida y todos salieron por su cuenta. Yo tenía previsto ir a la casa de mis padres en Caraballeda para pasar en limpio en mi vieja máquina Underwood todo lo apuntado.

Al salir de la casa de Rafael vi bajar por una escalera a un hombre revólver en mano que traía a otros dos por delante: “Mira tú, dame tu cédula.” Fue cuando detallé que, al lado de la corbata grasienta y la camisa desteñida, portaba una credencial de la PTJ. Todavía no sé cómo pude controlar mis esfínteres. Me recuperé, caminamos hasta una vieja patrulla de ese cuerpo policial, uno de esos mastodónticos Fairlane 500, y nos apretujaron junto a otros detenidos en la parte trasera.

          Mi angustia era que cargaba todas las notas de la reunión que se acababa de celebrar. Y en medio de aquella barahúnda de cuerpos comencé a comerme los papeles. El vehículo llegó hasta un autobús de la policía judicial, donde nos empezaron a trasladar. En el último momento, agarré las hojas sobrantes, unas cuantas todavía, y las embutí entre los cojines traseros de los asientos.

          En ese tiempo un gran amigo, Alberto Berroterán, siempre de muy bajo perfil, y miembro de un grupo que en 1976 se convirtió en la Liga Socialista, venía haciendo conmigo una discreta labor de reclutamiento. Creo que terminó por entender que no soy de amos ni ideologías y me dejó a mi aire. 

Lo menciono porque ese día se dirigía a visitarme; lo vi por la ventana, lo grité y le pasé un papel con un número telefónico que todavía recuerdo: 424001. “Llama ahí, pregunta por el cura Martínez Terrero y dile que me detuvieron y vamos a la comisaría de El Cementerio.”  Se fue como una saeta, y cuando finalmente arrancó el colectivo iba como si de una lata de sardinas se tratara.

          Uno de los momentos más emocionantes y tranquilizadores de mi vida fue al llegar a la sede policial. En la puerta estaba el Volskwagen del cura Chepe Martínez Terrero…  Al distinguirme, no sé cómo, en la ventanilla, se bajó y fue a hablar con el detective de la puerta. Atiné a escuchar: “Padre, ya se lo dije, no puedo hacer nada, porque ya está aquí y tengo que realizar el chequeo de antecedentes, pero le prometo que serán los primeros datos que haré comprobar.” Mi paz se mantuvo imperturbable. Fueron varias horas y casi a medianoche oí mi nombre, salí a la puerta del corralón donde nos tenían, me entregaron mi cédula, me dieron un cogotazo y me dijeron: “¡Deja de meterte en vaina zángano!”

          Recuerdo el abrazo que le di a Chepe. Nos montamos en su carrito y me preguntó a donde quería ir. “Será a La Vega, pero a la comunidad, porque Rafael e Ivonne deben estar rendidos.”  Y a la casa de los curas, en la parte alta del barrio fuimos a tener. 

          Todos estos recuerdos se me alborotan cuando leo de los ataques reiterados del hijo ilustre de Monagas, ese que le encanta apropiarse de los periódicos y hasta de las cantinas en su época de cadete, contra esa muchacha de acero que se llama Sairam Rivas, y militante de Bandera Roja. Leo las publicaciones de ella y me parece oír de nuevo a “Pataruco”, esa verticalidad que roza la ingenuidad, que proclama una pureza que pensaba ya extinta.

El hombre fuerte, al que acusan de esfínteres débiles cuando de situaciones críticas se tratan, usa su show arrabalero, ese que llaman Con el Mazo Dando, para amenazarla con la Operación Tun Tun.

          La falta de hidalguía, la absoluta ausencia de caballerosidad, la inexistencia de pundonor, son cosas que todavía no logro entender. ¿Cuándo se abandonó el respeto a la dignidad del adversario? En qué momento nuestro país pasó a ser una réplica de aquella república que Boves y sus bandoleros soñaron, siempre será un incógnita a despejar…

 

© Alfredo Cedeño 


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