Tiempos de andaduras en retroceso,
largo periodo llevamos en el que mantenemos tal dirección. ¿Evolución
involutiva? La sensación es que esclerosis y atrofia se han apoderado
de nuestro cuerpo social. No es extraño, más bien nos resulta familiar, aceptar
que el poder tiene mayor legitimidad que los principios. Trucutú –de traje a la
medida, lentes de postín y pose señorial–, vapulea a su antojo a damas y
caballeros –poco importa su civilidad o capacidades, esas son minucias,
detalles anodinos– con la arrogancia que les otorga la fe de nuestros tiempos:
el miedo.
Son pretérito aquellos días en los que
lo negro era negro, cuando no había un cartabón de lo “correcto” con el cual
generar manadas de acólitos y borregos que loen las nuevas verdades. Ahora el hermoso tinte oscuro de piel es
afroamericano, ¿cómo haré para referirme a mi querida negra Lucy Gómez, y a mi
hermano el negro Wilmer Suárez? Sin dejar a un lado el furor palestino que ha
hecho de los amigos judíos el puchimbol de progresistas, socialistas,
revolucionarios y demás sabandijas de similar moño.
La parvada de líderes democráticos,
ahora expertos negociadores, en Venezuela deja boquiabierto al mundo entero. De
dónde salieron es la gran pregunta. La gestación de semejante camada ha sido un
misterio biológico que deberá registrarse en el Libro Guinness. Esa
publicación declara que “el actual poseedor del récord es el elefante asiático
(Elephas maximus), con un período de gestación promedio de 650 días y un
máximo de 760 días, más de dos veces y media el de los humanos”. Sin embargo,
puntualizan: “El período de gestación más largo conocido en el reino animal es
de cuatro o cinco años para la salamandra alpina (Salamandra atra),
originaria de los Alpes suizos”. Tal vez
hemos generado algo así como unas salamandras caribeñas, que bien podrían ser
denominadas: Salamandra nicodelcy.
Al analizar el juego de sombras
chinescas que presenciamos en nuestro patio, esa vieja chismosa e impertinente
que es mi memoria me hace pensar en el clero polaco. A mediados de la década de
los años 40 del siglo pasado en dicho país se creó el Ministerio de Seguridad
Pública, el que tenía un opaco Departamento V. Esta denominación era la
fachada del gobierno comunista para meter en cintura al poderoso movimiento
católico de esos territorios. Los datos revelan que, sólo en 1950, 283
sacerdotes católicos fueron llevados a prisión.
Lo más triste y doloroso de esta situación comenzó a
desenredarse en 2007 cuando se supo que monseñor Stanislaw Wielgus había sido
nombrado arzobispo de Cracovia. A los pocos días saltó a la calle sus labores
como colaborador e informante del régimen pro-soviético. Al comienzo lo negó,
para luego, ante las evidencias, reconocer que sí lo había hecho, pero fue
porque le permitía realizar sus trabajos de investigación en el extranjero.
¡!
Las repercusiones de tan nauseabunda
situación hicieron que se escarbara en numerosas fuentes oficiales. Se terminó
estimando que en los años setenta alrededor de 2.600 (¡dos mil seiscientos!)
sacerdotes, casi el 15% de la clerecía polaca, colaboró con la policía secreta
comunista…
Si en la sucursal de la mera cuna de
la decencia cristiana pasó eso, ¿qué podemos esperar en este campamento de
mineros que siempre hemos sido? Al comienzo las perlas de Cubagua anclaron a
los exploradores, luego fueron las hembras semidesnudas que vagaban a las
orillas del mar, a posteriori las piezas de oro que llevaban colgados los
indios al cuello, más tarde fue la feracidad de unos territorios en los que si
piedras sembraban piedras nacían, hasta que siglos después el petróleo comenzó
a manar sin descanso.
Todos, incluso los propios hijos de esta tierra, se
acostumbraron a sacar cuanto podían para adquirir apartamentos en Miami, Aruba
o New York. Hubo quienes erigieron edificios, bancos, empresas, navieras e
incluso casinos, con lo que de aquí sacaban. Un verdadero universo de
garimpeiros que se dedicó a medrar y que ahora se presentan como operadores
financieros y políticos para seguir ordeñando a Venezuela. ¿Será que esa teta
nunca se seca? ¿Deberemos esperar, ataviados de guayuco, en un árbol a ver si
aunque sea el agua nos dejan?
© Alfredo Cedeño






