miércoles, mayo 20, 2026

SAN BARTOLOMÉ DE LAS CASAS



          Crece en las filas de los llamados “progres”, esa fauna dicharachera otrora férreos defensores del proletariado, la convicción de promover el ascenso a los altares del insigne pionero de las libertades humanas que fue fray Bartolomé de las Casas. Esto ante la imperiosa necesidad de tender puentes con el andamiaje social, al cual deben transformar para ponerlo al servicio de las minorías y los necesitados.

          La verdad es que el enjundioso hombre de iglesia, que fue obispo de Chiapas, cuyo nombramiento aceptó en ejercicio de su humilde condición, reúne todos los méritos propios de eso que alguna vez se llamó izquierda.

          El bozal ideológico y la superioridad moral de la que gustan hacer gala es piedra angular en toda la faramalla que siempre ha rodeado a estos personajes. Desde el siglo XVI andan ronroneando por ahí. Por supuesto que, como es común en todos ellos, cabalgando contradicciones. Veamos al curita defensor de los indígenas.

          Este clérigo sevillano, hijo de Pedro de las Casas, quien acompañó a Colón en su segundo viaje, disfrutó de la empresa esclavista autóctona. Asunto este que los indigenistas, académicos, así como otros especímenes de similar pelaje, o plumaje, afirman desconocer. Sin embargo, lo cierto es que su padre regresó con seiscientos indios esclavos y uno fue de regalo a su vástago.

          El entonces hombre de letras, al terminar su formación universitaria, formó parte de la expedición de Nicolás de Ovando que zarpó de Sanlúcar de Barrameda el segundo mes de 1502. Llegó a la Española el 15 de abril, y en breve se ungió como encomendero y esclavista, a la par que participaba en cacerías de nativos. Allí permaneció manejando su encomienda hasta 1506, cuando volvió a su ciudad natal, para luego ir a Roma para ser ordenado sacerdote.  Una vez llevado a cabo el ceremonial de ungimiento regresó al Caribe a seguir administrando sus tierras y cautivos.   En 1514 estuvo junto a Hernán Cortes en la conquista y colonización de Cuba, donde también recibió una encomienda y otro lote de indios esclavos.

          En 1515, tal parece que poseído por el espíritu de Saulo de Tarso, regresa a Sevilla y comienza sus labores de denuncia contra la brutalidad hispana en perjuicio de los indefensos indiecitos. Fueron años de darle a la lata de las quejas. En 1552 publicó Brevísima relación de la destrucción de las Indias, donde escribe cosas como “Tomaban las criaturas de las tetas de las madres por las piernas y daban de cabeza con ellas en las peñas”.

          Sin embargo, otro sacerdote, Toribio Benavente de Motolinía, no se anduvo por las ramas y lo enfrentó abiertamente. El 2 de enero de 1555 escribe una carta a Carlos V en la que expresa “Sepa V. M. que quando el Marques del Valle entró en esta tierra, Dios nuestro Señor era mui ofendido i los hombres padescian mui cruelíssimas muertes, i el demonio nuestro adversario era mui servido con las mayores idolatrías i homecidios mas crueles que jamas fueron; porque el antecesor de Motecçuma señor de México, llamado Abicoci (Ahuizotl), ofresció á los Indios (sic) en un solo templo i en un sacrificio que duró tres o quatro dias ochenta mill i quatrocientos hombres”. Más adelante se lee: “i no es maravilla quel de las Casas no lo sepa, por quel no procuró de saber sino lo malo i no lo bueno, ni tuvo sosiego en esta nueva España, ni deprendió lengua de Indios, ni se humilló ni aplicó á les enseñar: su oficio fué escrivir procesos i pecados que por todas partes han hecho los Españoles, i esto es lo que mucho encarece, i ciertamente solo este oficio no lo llebará al cielo”.

          El militar y cronista Andrés de Tapia, en su Relación de algunas cosas…, escribe sobre las torres y andamiaje de vigas con cráneos frente al Templo Mayor, Huei Tzompantli, donde él junto a Gonzalo de Umbría contaron cerca de 136.000 cabezas.

Esa es la tierra idílica que los españoles destrozaron y que ahora la muy castiza azteca, Claudia Sheinbaum, descendiente directa de Moctezuma, exige que España se arrodille a pedir perdón.

La eterna maroma progresista que les otorga a ellos el don de la verdad. Poco importa que los bucólicos habitantes de Tenochtitlán sometieran en las peores condiciones a sus vecinos, ni que los mismos fueran las principales fuerzas con las que contó Cortés para acabar con la feroz dictadura que los sacrificaba cada vez que se les antojaba.

Lo he comentado en otras ocasiones, la debilidad de los “progres” por la barbarie es su paradigma fundacional. Tal vez eso permite entender el fervor con que, a fines de los años 70 del siglo pasado, hablaban de Kampuchea, nombre que impuso el líder infame Pol Pot, a Camboya, mientras se dedicó a ordenar, o permitir, el asesinato de dos millones de personas. Las fotos de los cerros de calaveras no tenían nada que envidiar a las erigidas por los aztecas. Ese mundo de amor y paz que los malvados conquistadores llegaron a terminar.

¿Cómo no van a pedir que el curita sevillano, pionero en aquello de manipular la información, sea erigido santo patrono de la jauría progre?

 

© Alfredo Cedeño  




lunes, abril 13, 2026

A PROPÓSITO DEL TIEMPO



          Una de las preguntas más difíciles que me han hecho en la vida, me la formuló mi hijo cuando estaba cerca de cumplir dos años. Con su voz todavía enredada y sus ojos limpios me soltó: “Papá, ¿qué es el tiempo?” La pregunta que desde que el hombre es el animal pensante que se supone es, ha generado infinitas horas de pensar y discutir.

          ¿Cómo explicarle, por ejemplo lo que Agustín de Hipona, a comienzos del siglo V después de Cristo, dejó en Confesiones? “Qué es el tiempo? Sé bien lo que es, si no se me pregunta. Pero cuando quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé. Pero me atrevo a decir que sé con certeza que si nada pasara no habría tiempo pasado. Y si nada existiera, no habría tiempo presente.”

          Tampoco podía soltarle aquello de “El tiempo es una magnitud física que permite ordenar eventos y medir la duración entre ellos”. Menos ponerme a divagar sobre lo que dijeron Aristóteles o Platón al respecto. Lo agarré, me lo senté en las piernas y, tratando de salir airoso del atolladero le solté algo sobre la representación abstracta creada por el hombre para tener puntos de comparación en lo que hacía. Me vio con no poco desdén y, antes de salir corriendo a jugar en su cuarto, me dijo: “¿Por qué el Sombrerero de Alicia si conoce bien al tiempo? Debieras preguntarle a él”.

          Hay un momento para cada cosa, y el tiempo que hoy es presente mañana, que hoy es futuro, será pasado. ¿Usted puede imaginar cuando llegue el de ese señor rechoncho, ojeroso y malencarado que anda amenazando a todo el que se le antoje con la macana de Trucutrú? Sí, ese mismo que se robó las cantinas cuando cadete, la sede de nuestro periódico, la casa de la gente decente en Los Chorros y que anda de rabo alzado frente a la marioneta Delcy Eloína.

          ¿Usted no ha hecho el ejercicio de imaginar el minuto en que los relojes –esos artefactos que inventamos para medir el paso del tiempo–, de los hermanitos Rodríguez dejen de funcionar, de la misma manera que dejaron de hacerlo los de Nico y Cilita? ¿Cómo dejar de regodearse imaginando el instante en que esa dirigencia patuleca y resabiada que hemos padecido por tantos años sea echada a un lado?   Bien lo dice el refranero popular: Tiempo al tiempo.

          Hay un océano de definiciones, ninguna coincidencia. ¿Cómo tratar de explicar lo que nadie se atreve a definir de manera total? En la Biblia, el libro Eclesiastés reza: “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar; tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar; tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz”.

          Venezuela también está gestando su tiempo de libertad, y veremos andar solitarios por las calles desiertas a todos aquellos que se regocijaron creyéndose eternos en su goce patológico del poder.

 

© Alfredo Cedeño 

sábado, abril 11, 2026

TURNO PARA LA RESURRECCIÓN


          Termina otra Semana Santa, pero en Venezuela el viacrucis se mantiene, España tampoco está exenta de su propia pasión. Los valores cristianos, piedra fundamental de nuestras vidas, pésele a quien le pese, todavía logran mantener la cabeza fuera del agua en la que los perros rabiosos, progresistas y musulmanes por igual, se afanan en hundirles. Tal vez por eso la esperanza de ver que la resurrección sea algo más que una fantasía, creada por la Iglesia como elemento de control y poder, para que ambos países logren alejar las cruces que llevamos largo tiempo padeciendo.

          Las maromas, de temeridad inocultable, de los que manejan las cuerdas formales del poder dejan atónitos a quienes les observan. Sus justificaciones, elucubradas por parte de sus alcahuetes con pretensiones intelectuales, suelen ser asqueantes. Frases altisonantes con las que tratan de otorgar una pátina respetable resuenan en cada tribuna a la que logran tener acceso. Todos, protagonistas y celestinos, muestran una dudosa capacidad mimética con la que tratan de narcotizar a quienes les rodean.

          Al contemplar, buscando entenderlo, este circo en que vivimos sumergidos, la memoria me hace escarbar en mis fichas bibliográficas y releo una frase de Friedrich Nietzsche. Es de su libro “Más allá del bien y el mal”, publicado en 1886, y que les copio: “¡mientras simuláis leer embelesados el canon de vuestra ley en la naturaleza, lo que queréis es algo opuesto, vosotros extraños comediantes y engañadores de vosotros mismos! Vuestro orgullo quiere prescribir e incorporar a la naturaleza, incluso a la naturaleza, vuestra moral, vuestro ideal, vosotros exigís que ella sea naturaleza «según la Estoa» y quisierais hacer que toda existencia existiese tan sólo a imagen vuestra”.

          Bien se la podemos aplicar a Delcy Eloina, a su hermano, a los sayones que ahora hacen cruces en el aire presentándose como egregios defensores de los derechos humanos. Es la salmodia que hoy recitan con petulancia compungida antaño funcionarios de Chávez y Maduro. Es la comedia írrita que vemos escenificar imperturbables a quienes se consideran los nuevos amos del valle y las cordilleras.

Voces engoladas, gestos de patricios, poses de estadistas, ademanes de próceres de nuevo cuño, una fauna de amplio catálogo que ahora se asoma babeante buscando una parte del pastel.

          Barrunto de tempestades anuncian cielo y tierra, mientras los cretinos de siempre están convencidos de que la ciudadanía es una masa de ovejas al desmadre. Ya los veremos lloriquear compungidos cuando las tormentas, que ellos mismos contribuyeron entusiastas a crear, los arrastre.

          Cada día que pasa es uno menos de un tiempo libre de cenizas y alacranes que tratan de burlar la voz de Dios, que sigue siendo la del pueblo.

 

© Alfredo Cedeño  


domingo, marzo 29, 2026

CORTINAS DE HUMO



          El fuego ha sido musa de todas las disciplinas, gracias a su presencia el ser humano ha trascendido sus fronteras animales haciendo que la razón lleve a cabo su tarea de filigranas hasta dejarnos volar. El bamboleo de las llamas nos sigue cautivando, es el mismo sentir que provocó en los bárbaros de dónde venimos.

          No tengo dudas de las reuniones de tribus y clanes alrededor de las fogatas, muchas veces balanceándose al compás de las llamas, mientras los juglares del momento narraban los sucesos del día. Quién sabe si los que había presenciado en la última aldea visitada. Al calor de la lumbre comenzaron los primeros abuelos y brujos a tejer historias que se terminarían convirtiendo en mitos.

          Su uso de elemento galvanizador de multitudes comenzó con el propio hombre al descubrirlo. Los griegos ensalzaban a Prometeo, quien se robó la candela de los dioses para entregársela a los mortales. Tanto como en el siglo VIII antes de Cristo en Olimpia, nacieron los juegos olímpicos. Era parte fundamental de ellos la ceremonia inicial en la que, con la ayuda de un skaphia, nombre dado a un espejo parabólico, encendían un pebetero con los rayos del sol.

          No ha sido gratuito el despliegue de este elemento, también, en manos de los más sanguinarios. Trataré de abreviar los ejemplos. En octubre de 1922, Benito Mussolini organizó la Marcha sobre Roma, acto protagonizado por las antorchas que portaban sus “camisas negras”. Esa demostración teatral de fuerza fue un agente intimidatorio determinante. El 30 de octubre de ese año el rey Víctor Manuel III se negó a declarar el estado de sitio y nombró a Mussolini primer ministro.

          Una década más tarde, el 30 de enero de 1933, otra bestia de similar pelaje, Adolf Hitler, celebró su nombramiento como canciller por parte del presidente Hindenburg, con una marcha de sus “camisas pardas” portando antorchas encendidas. El recorrido tenía su momento culminante al pasar frente a la cancillería del Reich; allí el Führer saludaba desde el balcón.  Su maquinaria de propaganda anunció que había sido un “río de fuego” que anunciaba el movimiento indetenible del nacionalsocialismo.

          No puede dejar de ser mencionado en territorio americano el oprobio que fue el Ku Klux Klan, cuyas antorchas y cruces en llamas proclamaban la “superioridad blanca”.

          El fuego también genera cenizas y humo. Este último fue el primer intento de telecomunicación humana, las señales con humaredas. Nos acostumbramos con las parodias fílmicas del uso que le daban los indios para comunicarse entre ellos. Sin embargo, fue utilizado en la antigua China desde las torres de vigilancia a lo largo de la Gran Muralla. A la par, hay referencias a similar uso por parte de los griegos y los romanos. Igualmente existen menciones a su empleo en Italia, durante la Edad Media, para alertar contra ataques enemigos.

          En nuestros días es una humareda blanca, la célebre fumata bianca, que brota de la chimenea de la Capilla Sixtina, el anuncio oficial de la elección de un nuevo Papa.

          Muchas veces esas humaredas son espejismos, muestras de lo inasibles que saben ser los delincuentes llamados de cuello blanco. Una de las definiciones más acertadas la escribió el siempre presente Jesús Rosas Marcano en “La Marcha de los Pendejos”. En sus versos finales asentó: “Y ellos frescos hacen barra / como el humo del café / que todo el mundo los ve, / Pero nadie los agarra”.

          Es el humo hecho cortina que venden ahora Delcy Eloina y Jorge Jesús, de los restos que aún quedan de país luego de ser asolado por ellos y su pandilla de camaleones y alcahuetas. Las fumarolas se mantienen vivas, se les ve caracoleando con pretensiones de inocencia que ni las vestales del templo de Foro Romano. 

          Al recorrer las zonas petroleras de noche son comunes las vivas llamaradas que alumbran el paisaje. Son los mechurrios, una herramienta que permite quemar el gas natural que hay en los pozos petroleros. Aunque a veces surgen inesperadamente, ¿recuerdan los que vimos en Caracas el pasado tres de enero? De aquellos fuegos nada fatuos han quedado muchos vendedores de humo, son los que aseguran que todo está bien y que para que todo siga igual van a cambiar. Como humo los veremos despejarse.

 

© Alfredo Cedeño


martes, marzo 10, 2026

EN TRES Y DOS

























          En el argot del juego de pelota, o béisbol, como gustan de decir muchos, el punto crítico del turno de un bateador es cuando llega a la llamada cuenta máxima: tres bolas y dos strikes. El próximo lanzamiento del pitcher puede ser uno u otra, lo cual implica que ese toletero debe abandonar el plato de bateo rumbo a la primera base, o a la cueva de su equipo. La tensión de ese momento alcanza niveles intolerables si están en la novena entrada del partido y falta un out para terminar. Por eso es común escuchar, al llegar a situaciones límites, aquello de “Ese está en tres y dos”.  

          ¿Ustedes vieron al señor este que dice ser ministro del interior, justicia y demás arbitrariedades de las que a él les gusta ejercer, cuando estaba sentado en Miraflores frente al secretario del Interior de Estados Unidos, Doug Burgum?

          He oído decir en innumerables ocasiones que a ese señor, oriundo de Monagas por más señas, la tonicidad de sus esfínteres le resultaron de poco fiar. Sucede que ante ciertas situaciones de mucha tensión sus músculos anulares se dilatan en vez de contraerse, con el consecuente desaguisado que ello conlleva.

Traté, pero no pude, evitar pensar en su estado de ánimo al estar sentado frente al colega del que ofrece 25 millones de billetes verdes por su cabeza. Yo me imagino que en algún momento debe haber pensado: “¿Y si a este gringo le da por meterme en un saco y llevarme donde Marco Rubio?” Cualquiera se chorrea, no me lo pueden negar.

¿Cómo se sentirá cada vez que va a reunirse con la encargada? Seguramente le viene a la mente algo así tipo “Si esta Judas entregó a Nico, ¿qué puedo esperar yo? Porque entre ella y su hermanito estuvo la vaina, eso no me lo saca nadie de la cabeza, a él y a Cilita los entregaron este par de joyas”.

Algo que se me olvidó al comienzo es que cuando el jugador a cargo de batear llega a ese punto culminante del 3 y 2, se puede salvar si golpea la pelota en foul. Las reglas oficiales de la Major League Baseball, determinan que esto ocurre cuando: “Una pelota bateada que se detiene o es tocada por primera vez en territorio foul entre el home plate y la primera o tercera base, o que pasa más allá de primera o tercera base en territorio foul, o que cae o es tocada en territorio foul después de pasar esas bases”.

Quizás, entonces, podemos inferir que el ministro Cabello estaba en dicha zona al sentarse frente al señor Burgum. Al revisar algunos números de este tipo de situaciones encuentro que el 22 de abril de 2018, en un juego entre Gigantes de San Francisco y Los Ángeles el bateador Brandon Belt le bateó al pitcher Jaime Barría 16 fouls consecutivos. ¡El turno duró 13 minutos!

Y me surge la duda, la gran incertidumbre: ¿Podrá el hijo ilustre de El Furrial, ahora que está en el último episodio del encuentro, mantenerse bateando fouls como si fueran papelillo en los carnavales de Maturín? No sé ustedes, pero yo estaría igual al listón de un gallinero. Cuando menos lo espere llegará el tercer strike, y después de eso el partido no retoña.

 

© Alfredo Cedeño  



domingo, marzo 01, 2026

TIEMPO DE ESPERPENTOS






















           Tan allá como en el siglo IV antes de Cristo, Aristóteles planteó aquello de: “El hombre es por naturaleza un animal político”. Atención, que el uso de ese vocablo no lo utilizó en el sentido que ahora le damos. Él lo empleaba para referirse a la pertenencia a una comunidad cívica organizada. En cuanto a la deriva de su definición a lo que en la actualidad es, son ríos de artículos, ensayos, conferencias y libros, imposibles de abreviar en estas líneas.

          Para acercarnos a este siglo de luces y sombras, cual ningún otro, cito a Max Weber, quien en su conferencia La política como vocación enuncia: “Política significará, por tanto, aspiración a participar en el poder o a influir en la distribución del poder, ya sea entre Estados o dentro de un Estado entre los grupos humanos que comprende”. Más adelante indica: “El Estado es aquella comunidad humana que, dentro de un determinado territorio, reclama con éxito para sí el monopolio de la violencia física legítima”.

          Al año siguiente de este enunciado “weberiano”, Ramón del Valle-Inclán escribe su pieza teatral Luces de Bohemia. Esta obra, publicada a manera de folletín entre julio y octubre de 1920 en el semanario España, sería el nacimiento de lo que el célebre manco llamó Esperpento. Pero dejemos que el protagonista de ella, Max Estrella la defina: “Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento”.

          ¿Se les ocurre mejor manera de sintetizar lo que estamos viviendo? ¿Acaso no es un reflejo cóncavo Delcy Eloina como dictadora encargada? No hay mejor manera de llamar la mojiganga leguleyesca que significa Timoteo Zambrano alzando manos y pies para aprobar cuanta imbecilidad se propone en la espuria Asamblea Legislativa venezolana. Esa misma que infinidad de sayones y plañideras defienden como gata panza arriba. El argumento recurrente es que ese cuerpo tiene la actual composición por no haber participado en las elecciones de diputados en 2025. ¡Tarados!

          Para nadie es un secreto que el chavismo-madurismo-rodriguismo siempre ha hecho con los procesos electorales exactamente lo que les sale de sus entrepiernas. La mejor muestra fue la elección del candidato unitario, donde la señora Machado ganó de manera clara. Respuesta: sacarse de la manga una sanción mamarracha e inhabilitarla. Segunda muestra: elecciones presidenciales que gana arrolladoramente Edmundo González. Respuesta: darle una patada a la mesa, encarcelar a infinidad de opositores reales y decir con cara muy lavada que el ahora inquilino de Brooklyn había sido reelecto.

          Los ejemplos de la barbarie y arbitrariedad de la dictadura roja-rojita son inacabables. Sin embargo, sobran “políticos”, entendidos en la materia y analistas de sesuda actitud que se desmelenan defendiendo el diálogo y condenando la violación de la soberanía nacional con la captura de Gofiote y la doña de la prótesis dental bailarina.

          Otro personaje digno de Valle Inclán es esa marioneta tatuada que hasta hace poco era Fiscal General de la República y que ahora aseguran es Defensor del Pueblo. Mejor sigo de largo.

          ¿Cómo callar con la barbarie de los presos políticos? ¿Es posible estar indiferente ante la mamarrachada de la ley de amnistía? ¿Van a seguir jodiéndole la vida a los Policías Metropolitanos que el 11 de abril impidieron que en Puente Llaguno la masacre de manifestantes fuera mayor? ¿Hasta cuándo mantienen a Otoniel Guevara, su hermano y su primo encarcelados por el caso de Danilo Anderson? ¿Y qué pasa con los humildes campesinos merideños Edubin y Pablo Montilva Ramírez, de 65 y 64 años de edad respectivamente, encarcelados por echar unos tiros al aire en uno de los olvidados Pueblos del Sur para celebrar que se habían llevado a Maduro?

          Es inaudito contemplar el suicidio moral de una dirigencia que solo quiere recoger los harapos del poder que esta plaga roja va dejando de país. Lamentable Enrique Márquez dar el bochornoso espectáculo de salir a rasgarse las vestiduras por el “consolador” Zapatero.  ¡Hijo de tu madre! ¿Acaso no sabes nada de la mina de oro, ni de los manejos turbios y asquerosos del alcahuete español? Qué gran oportunidad de callarte desperdiciaste, aunque no deja de ser bueno saber de qué material estás hecho. Te faltó condenar el ataque a Irán.  El diablo los crea y ellos se juntan.

 

© Alfredo Cedeño


domingo, febrero 08, 2026

PALABRAS, PALABRAS, PALABRAS…
























          Sin el lenguaje seríamos un rebaño que deambulara con parsimonia, a veces, o retozara sin mayores consecuencias, otras tantas. Existiríamos cual mansa manada o cerril tropel de bestias silvestres.  Gracias a Dios, en caso de que lo haya, tenemos el don de entendernos a través de la palabra. No ha sido gratuito que, desde tiempos inmemoriales hayan aparecido quienes, por medio del control del cómo nos comunicamos, traten de manejar dicho vínculo a su antojo.

          Los peligros que ello conlleva se han advertido siempre. Sófocles en Antígona muestra cómo el uso inflexible de la palabra acaba en desgracia, para explicarlo de manera sucinta. Cicerón, siglos después, escribió: “El discurso es imagen del alma”. Más tarde sería Shakespeare quien pondrá en labios de Polonio, al hablar con su hijo Laertes: “No des voz a tus pensamientos, ni permitas que ningún pensamiento desproporcionado se convierta en acción”.

          Mucha tela que cortar ante estas palabras frente al sainete tragicómico que vivimos ahora en Venezuela. ¡Y en muchas otras partes! Uno escucha el regüeldo de quien dice con desparpajo que El Helicoide es el Country Club de las cárceles, y que tener esposado ocho días a un preso político no es tortura, y duele tanta astracanada.  ¿Cómo se puede llegar a tal estulticia? Ese episodio me hizo recordar una larga conversación con Jaime Ballestas (Otrova Gomás), en la que me dijo: “No es la religión, es la ideología el verdadero opio de muchos”.

          Son muchísimos los que quieren jugar al calambur en estos días, buscan algo así del estilo “este es conde y disimula”, con unos resultados penosos. Por eso, vemos al hermanísimo, y parlanchín presidente del parapeto legislativo, tratar de montar un bodrio con los presos políticos. Como buen prestidigitador buscó de manipular al presentarse ante uno de los presidios y anunciar, mientras abraza a una de sus alcahuetas, la pronta liberación de sus víctimas. ¡Hiena carroñera! Siquiera por la memoria de tu padre, cuya muerte fue sancionada debidamente en sus homicidas, debieras guardar un poco de respeto por quienes han pagado con sangre el haberse atrevido a protestar.

          Sobran los cabrones, y perdonen el francés, pero cada uno debe ser llamado como lo que es, que hablan de reconciliación e insisten con el maldito diálogo. ¿Para qué? ¿Para que aquellos que han destrozado bienes, vidas y país sigan aferrados a la teta pública?

¿Quién eligió al bartolo malhecho de Capriles representante de nuestra colectividad? ¿Quién nominó al saco de frases altisonantes de Timoteo Zambrano? ¿De dónde sacaron a Mercedes Malavé? ¿Quién puso a Stalin González a representarnos? Mucho había tardado Felipe Mujica en aparecer para pedir su parte de la ubre. Todos son la precisa representación de lo que ha de desaparecer de nuestro futuro. Más de uno debería terminar en similar pensión a la de los Maduro-Flores.

          Bien lo sabe la marioneta mayor, Delcy Eloina, que todo eso es pan de hoy y hambre para mañana. Le guste o no, más temprano que tarde, tendrá que sentarse, si es que la dejan, con el presidente Edmundo González y con María Corina Machado, todos los demás son una caricatura mal trazada.

          En 1946 George Orwell publicó el ensayo Politics and the English Language –Política y el lenguaje inglés–. Allí encontré una frase demoledora que retrata a perfección lo que estamos viendo: “El lenguaje político está diseñado para hacer que las mentiras suenen verdaderas, que el asesinato resulte respetable y para dar una apariencia de solidez a lo que no es más que aire”.

 

© Alfredo Cedeño  






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