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viernes, febrero 04, 2022

SOBRE LO IMPOSIBLE

No logró recordar con precisión donde, o a quien, escuché alguna vez algo así como: Venezuela, territorio de lo imposible. La frase venía a cuento de que en nuestro país todo podía pasar; aunque el énfasis se hacía en lograr lo bueno, y todo gracias a las maravillosas cualidades del lar nativo. El tiempo me ha permitido entender que es cierta dicha frase, más agregaría que más que de lo imposible es de lo increíble. Somos hijos de una tierra donde las contradicciones y vueltas retóricas que se le ha dado, y dan, y seguramente darán, son pasmosas, por decir lo menos. Tomaré algunos ejemplos que resumiré al máximo.



Comenzamos nuestro proceso de independencia del reino de España al calor de una protesta de fidelidad al rey, puesto que el 19 de abril de 1810, la revuelta de los mantuanos caraqueños se amparó a la sombra de la Junta Suprema Conservadora de los Derechos de Fernando VII. Insisto, solo doy breves pinceladas de los hechos, antes de que salte más de un viudo a exigir respeto, o cualquier otra monserga de similar tenor, para la memoria de los padres de la patria. Y, para no soltar el tema independentista, ha de decirse que la llamada guerra libertadora, no fue más que una guerra civil en la que nos despescuezamos unos a otros en nombre de la emancipación. Fue una guerra de caudillos en los que los ibéricos eran unos cuantos figurones. ¿Acaso las tropas de Boves estaban formadas por guerreros asturianos, o no eran llaneros desarrapados, zambos desposeídos e indígenas despojados, los integrantes de sus fuerzas?

La realidad es que, según las cifras manejadas por el catedrático español Julio Albi de la Cuesta, en el año 1820 había en todo el continente americano 9.954 españoles peninsulares en labores de combate. La merma de las fuerzas realistas en el continente fueron de tal magnitud que cuando el 9 de diciembre de 1824 tuvo lugar la Batalla de Ayacucho, en dicho combate se contabilizaron 5.780 independentistas y 6.906 realistas, de los cuales 5.876 eran infantes y 1.030 de caballería; y de todos ellos apenas 500 eran españoles peninsulares… Para ir abreviando, quiero insistir que estuvimos sumidos en una cruenta guerra civil en las que nos matamos entre nosotros mismos.

Las contradicciones, o eventos paradójicos, han sido de presencia permanente en nuestro quehacer nacional. Otro ejemplo que me viene a la memoria ahora mismo es el caso de la muy icónica FEDECÁMARAS, principal organización empresarial nacional, a la que los vociferantes miembros de la “izquierda” siempre han achacado todos los males que aquejan al “proletariado” venezolano. Poco dicen los zurdos representantes que el inspirador de dicha organización fue Carlos Fleury Coello, quien había sido militante del partido comunista en Estados Unidos, y que luego de regresar a Venezuela, y dedicarse a la construcción de edificios, comenzó a pensar en que así como el mundo obrero buscaba organizarse lo mismo debía plantearse la burguesía. Y así fue.

Si regresamos a nuestro siglo bien podemos comprobar cómo el país con unas de las reservas petroleras más grandes del mundo, que parecía enrumbado a un desarrollo y fortaleza envidiable ha terminado convertido en una ruina. Un grupo inescrupuloso, en nombre de la justicia y la igualdad, se dedicó a exacerbar en los más necesitados, así como en las vastas huestes de malvivientes de toda laya que siempre existieron en nuestro país, el resentimiento y la rabia. Resultado: veintidós años de desangre humano, político y económico que parece nunca se acabará. Han hecho lo que nadie consideraba posible.

© Alfredo Cedeño


martes, abril 26, 2016

EL CUENTO DE CARLOS ORTEGA (2)

 “Si algo me cuesta a mí es mentir, yo no soy Chávez que bañó de embustes y mentiras a toda Venezuela y a la comunidad internacional. Mucha gente le cuesta creer que realmente yo no estaba al tanto de lo que iba a acontecer el 11 de abril. ¿Qué pasó el 11 de abril del 2002? El pueblo en la calle tenía conciencia clara hacia dónde nos llevaba el difunto que no era otra cosa que hacia el mar de la felicidad cubano, uno de sus máximos anhelos. Ahora bien: ¿Las condiciones hoy en abril 2016 no son peores que en abril 2002? Indudablemente que sí. Hoy, con un país totalmente destrozado, invadido por el narcotráfico y el terrorismo internacional, donde la delincuencia dicta normas y la corrupción da náuseas, con una población totalmente humillada, pisoteada por la bota militar, ¿qué sucede, por qué hemos permitido el avance de este proceso robolucionario? Esto es algo inconcebible y es por lo que vengo criticando sana y constructivamente a los factores de oposición.”
Quince años después de haber sido el primero en meterle las cabras en el corral a Chávez, Carlos Ortega sigue hablando fuerte y claro. “Sé que mi opinión va a causar algunas reacciones adversas hacia mi persona, pero hablando como venezolano, con el corazón en la mano, debo decir con toda responsabilidad que el desastre que vive Venezuela no puede endosársele única y exclusivamente a Chávez, Maduro, PSUV, y a ciertos militares; ellos han llegado hasta donde están por la complicidad de algunos factores o sectores de oposición. Esto no lo dice Carlos Ortega, el pueblo conoce quienes son, los tiene identificados y lo dice abiertamente. Esto es intolerable, por eso estoy seguro de que en el momento que realmente tengan que rendir cuentas ante la ley, más de un dirigente que dice ser de oposición tendrá que pagar junto con la gente del régimen por todo el daño que han causado al país y al pueblo venezolano”.
Este protagonista del 11 de abril de 2002, en contra de sus propios deseos y voluntad, no se caracteriza precisamente por dorarle la píldora a nadie, asegura que ese día lo que hubo fue una emboscada contra los venezolanos. Al hacer un recuento de aquellas jornadas no vacila en asegurar que era innegable que el régimen estaba caído. “Ese pueblo allí no se equivocó, estaba muy claro y no es que hoy sufre de amnesia o tiene la mente oscura, no, no, el pueblo venezolano sigue estando muy claro, el problema es que no hay quien galvanice todo ese descontento y lo dirija para lograr la salida del laberinto en que está el país”.
Rememora una conversación que tuvo con Pedro Carmona unos días antes del 11A. “Ambos coincidimos en que era inminente la salida de Chávez y su régimen. Él me preguntó ‘¿Qué pasa si a ti te piden o te solicitan encabezar una Junta de Transición, qué respuesta vas a brindar al respecto?’ Le dije: ¿Qué respuesta darías si te lo plantean a ti? Luego de hacer una  apología a la libertad, la democracia y la estabilidad del país, me dijo: ‘Ese sacrificio yo lo asumiría’. Le respondí: Ese es un grave error, ni tú ni yo tenemos nada que buscar en el seno del gobierno, debieras irte para tu presidencia de FEDECAMARAS y yo me voy para la de la CTV, a realizar el trabajo que como tal nos corresponde”.
Y así llegó el jueves 11 de abril del 2002. Evoca la salida de la marcha del Parque del Este hacia Chuao, y cómo en medio de esa manifestación empezó la gente a vociferar: ‘Pa’ Miraflores, pa’ Miraflores, pa’ Miraflores’. Cuando rato más tarde le tocó intervenir ante los asistentes que plenaban los alrededores de la tarima ubicada frente a PDVSA-Chuao, vio el río humano que fluía hacía el palacio presidencial en el centro de Caracas. “Ahí decidí que nos incorporáramos para acompañarlos hasta el palacio presidencial, en la decisión que el propio pueblo había tomado. En ese trayecto recibí varias llamadas de una persona amiga advirtiéndome que si no me salía de la marcha me iban a matar. Su insistencia fue tal que antes de llegar al Centro Simón Bolívar me retiré y me fui a la CTV. Para ese momento ya Chávez estaba en cadena de radio y televisión. En medio de esa transmisión recibo una llamada de la profesora Marta Colomina, para informarme que estaban masacrando la gente en El Silencio y que ya había dos muertos. Ya que Chávez estaba encadenado, le sugerí que hablara con los medios para que denunciaran lo que estaba pasando y me respondió: ‘No señor Ortega, lo estoy llamando para que usted hable con ellos, y partan la imagen’.  Colgamos y de inmediato llamé a Alberto Federico Ravell, quien me dijo que ya había cinco muertos. Le dije  que había que partir la imagen para que, al lado del criminal, el país y el mundo entero vieran la masacre. Alberto me dijo que él no tenía problemas para hacerlo pero que debía hablar con los demás canales. Le dije que ya había hablado con Granier, Camero y Víctor Ferreres y que todos estaban de acuerdo en que si él partía la pantalla, ellos se pegaban. Alberto me dijo en 5 minutos estaba la pantalla partida. Lo que no él no sabía era que yo no había hablado con los otros canales. Por eso digo que si hay alguien a quienes agradecerle que no hubiera habido  más  víctimas el 11 de abril es a la profesora Marta Colomina y a Alberto Federico Ravell. ¡Eso es lo que detiene la mortandad en el centro de Caracas!  Por eso me llena de indignación ver esta cuerda de malandros, terroristas, narcotraficantes, celebrando el 11A, festejando la emboscada que el difunto montó a quienes iban armados hasta los dientes con banderas, pitos, gorras, muchísimo entusiasmo y una claridad meridiana de que había que salir del régimen a como diera lugar y esa era la gran oportunidad. Hay que dejar muy claro, resaltar, que la única vez que Chávez cayó fue el 11A, cuando el pueblo en la calle lo sacó  del poder. Por eso desde ese entonces y hasta hoy mantengo mi tesis: La calle es la salida.”
Al revisar lo ocurrido luego afirma que un sector se engolosinó. “No buscaron operador político. A Carmona lograron convencerlo de que era la persona o la figura indicada. Y también creo que la improvisación jugó su parte. No sé qué pasó allí, yo no fui al Fuerte Tiuna”.  Al día siguiente lo vio en Miraflores donde le dijo unas cuantas verdades y luego se marchó a Paraguaná a ver a sus hijos y su madre, de allá volvió en la avioneta de unos amigos y aclara que no era de Gustavo Cisneros como muchos han afirmado. No ha vuelto a hablar con Pedro El Breve, sin embargo hace dos años él estuvo en Lima y lo llamó. “Me dijo que si podíamos conversar, le dije que sí, que con mucho gusto. Pero  tuve que salir de Lima a hacer un trabajito con un camión y de verdad lamento no haber conversado con él y ni siquiera pude disculparme porque no tengo como localizarlo”.
El año 2002 es recordado como un año de una constante tensión que desembocó en el mal llamado Paro Petrolero. “Cuando se empezó a hablar de ese paro, lo dije en varias oportunidades, a la prensa y en el Comité Ejecutivo de la CTV: Si el paro resulta exitoso el éxito será para aquellos, no para nosotros.  Aquellos llamé a los demás sectores involucrados: partidos políticos, Iglesia, FEDECÁMARAS, ONG, etc. Aprovecho para recordar que tuve que discutir muy fuertemente con los sectores políticos porque ellos pretendieron sacar a las ONG de la Coordinadora Democrática, cosa insólita puesto que queríamos que ahí estuviera representada toda la sociedad civil, todos los sectores de la vida nacional. Y eso se logró, al punto que los únicos que faltaron fueron el régimen y los militares. Y lo que ahora nadie parece recordar es que no había sector que no me pidiera que convocara el paro. En varias oportunidades les dije: Cuando ustedes estén listos, cuando haya consenso entre todos los factores para convocar el paro, se convocará, de resto no. Y así se hizo. Ahora bien, después que todo el mundo estuvo de acuerdo con el paro, los únicos responsables del mismo fueron el movimiento sindical y Carlos Ortega. ¿Y los que estaban allí? ¿Por qué no asumen la responsabilidad con un par de cojones todos los que formaban parte de la Coordinadora Democrática?
 “También es bueno decir, y lo digo con la mayor responsabilidad, los petroleros, que es mi sector, mi componente, mi raíz, se incorporaron al paro después que el mismo se inició. Más aún, en unas declaraciones de un dirigente de ellos manifestó que no acompañarían el paro porque era de carácter político. Ellos se incorporaron posteriormente y debo decir que se la jugaron bien jugada,  los petroleros pusieron todo, alma, cuerpo, corazón y vida en ese paro.  Pero quienes lo pidieron y fomentaron fueron todos, todos, sin excepción. Quiero que hoy alguien me diga: ‘Yo estuve en desacuerdo con el paro’.  Yo entraba a un restaurante y la gente coreaba: ¡Paro, paro, paro! Después si salieron diciendo ‘No, no, no, eso fueron los petroleros y Carlos Ortega, ellos son los culpables de todo esto’. Cuestión que yo tenía clara porque si el paro era un éxito, el éxito sería de ellos y si era un fracaso, este sería mío. A la final la Coordinadora Democrática decidió terminar el paro de manera inconsulta, a espaldas del Comando de Conflicto. Agustín Berrios, Lewis Pérez y Timoteo Zambrano conversaron conmigo para que fuera yo quien anunciara al país que el paro había terminado. Obviamente me negué. Sí, el paro debía terminar, pero era necesario evaluar que estaban en pico ‘e zamuro nada más y nada menos que más de veinte mil trabajadores que el loco ese, el irresponsable de Chávez, había despedido. No obtuve respuesta y en la misma reunión dije: Señores hasta hoy acompaño a la Coordinadora Democrática, me retiro de esto. Y no volví a la Coordinadora Democrática. Es necesario recordar, sobre todo a los jóvenes, que todos esos trabajadores no solo perdieron sus años de servicio en la industria, sino que encima el régimen les robó sus prestaciones y los demandó por cantidades exorbitantes por el supuesto daño, cuando quien acabó con PDVSA fue Chávez y su caterva de corruptos y ladrones encabezada por Rafael Ramírez,  y lo más grave, la industria petrolera perdió a los técnicos y personal que la llevaron a ser la tercera en el ranking mundial y en cuya formación el Estado invirtió dinero y tiempo. Muchos de esos profesionales fueron captados por empresas petroleras a escala internacional y esos venezolanos han conducido de manera exitosa a varias de ellas, el ejemplo más cercano es Colombia. Cuando ahora veo a la gente pidiendo paro indefinido, y recibo mensajes en ese sentido de muchos que  coinciden con mi tesis, desde hace catorce años, de que la calle es la salida… ¡Ironías de la vida pues...!”
Obviamente era imposible no hablar de lo ocurrido en el Referendo Revocatorio: “Pasó lo que siempre ha pasado en todos los procesos electorales realizados en el país bajo este régimen: Fraude. Claro que hay muchos dirigentes de oposición que discuten el punto, dicen que no ha habido fraude nunca, que Chávez ganó en buena lid todas las elecciones, etc., para mí la única que ganó fue la presidencial del 98. ¿Y por qué juran que el difunto ganó todo? Unos porque de verdad lo creen así, otros por ignorancia y otros porque no es un secreto que muchos de ellos se han beneficiado con este proceso. No es mentira que a muchos de los que se dicen ‘líderes de oposición’, les conviene que el régimen siga porque los ingresos que han obtenido en estos trágicos 17 años de castrochavismo son sumamente cuantiosos. Tampoco es un secreto que ha existido un colaboracionismo y un cogobierno con el régimen. Los rojitos han llegado donde están porque se lo hemos permitido. Con todo respeto, la dirigencia de oposición tiene que cambiar la estrategia, no puede seguir con esa pasividad, pensando que el régimen caerá por sí mismo, que como Chacumbele él mismito se mató, porque hasta ahora los muertos somos todos nosotros. ¿Hasta cuándo esa tesis de que el régimen se va a desgastar? ¿Dónde está Venezuela en los actuales momentos?
“Claro que sería irresponsable y mezquino de mi parte meter a toda la dirigencia de oposición en el mismo saco, indudablemente que ahí hay gente con muchos valores morales, gente decente, pero también hay más de un vagabundo y se los he dicho: Echen a patadas a esos corruptos, a toda esa gente que ha hecho negocios con el régimen y que ha utilizado a ese pobre pueblo para llenarse los bolsillos a costa de su necesidad y sufrimiento. Hay mucha gente de oposición responsable de este desastre y ellos saben que estoy diciendo la verdad, aunque no les guste. ¿Dónde está la acción de la dirigencia de oposición, hechos no palabras, ante el saqueo del erario público cometido por estos malandros? Han llevado el país a la ruina, no hay comida, medicinas, seguridad, bebés muriéndose por falta de incubadoras y en las que hay ponen 3 y 4 juntos,  la delincuencia campea amparada por el régimen,  las familias hacen colas toda una noche para comprar dos paquetes de arroz, dos paquetes de harina pan y un jabón, si acaso consiguen, mientras el régimen regala dinero y equipos a otros países”.
                Considera que si la Asamblea Nacional no detiene el avance del Poder Ejecutivo, de Maduro y el TSJ, van a desgastarse velozmente. “El desencanto y la desesperanza del pueblo, hoy, son más grandes que antes del 6D y eso va a afectarnos enormemente. Da la impresión que están jugando allí es distrayendo el tiempo, pensando en la elección de gobernadores y en los que quieren ser presidente de la República y mientras tanto el desgaste nuestro fortalece al régimen.” Por lo visto no soy el único que rechaza lo que he denominado ‘estrategia del manguareo’. Ortega abunda: “¿Qué va a pasar allí?  No descarto, y también se lo he dicho a muchos de ellos, que esa Asamblea Nacional desaparezca. Coincido con mi amigo Diego Arria en que la AN está sentenciada a muerte, ya sus voceros, incluso el mismo Maduro, se han dado el lujo de anunciarlo. Vuelvo y repito y hasta la saciedad lo diré, es una crítica constructiva, con el único propósito de que hagan las cosas como tienen que hacerlas porque sé que tienen capacidad y formación para ello. Basta de hablar, hay que reaccionar, hay que actuar, el pueblo está clamando por la acción de la dirigencia opositora. Basta de jugadas en función de cada cual. Candidato presidencial… ¡Capriles que se vaya para su gobernación!, que atienda esa vaina de gobernación, ¿qué coño está haciendo con recorrer el país? ¡Si ya todo el mundo lo conoce! Él no tiene necesidad de recorrer el país, él lo que tiene que decirle al país es por qué carajo permitió que se cometiera un fraude con él, eso es lo que le tiene que explicar”.
                El que fuera arquitecto de las mayores derrotas que sufrió Chávez, también narra su fuga desde Ramo Verde. Desmiente la versión que algunos personajes del mundo de la inteligencia militar   manejan sobre supuestas comunicaciones desde los alrededores del penal con él, las cuales se llevaban a cabo con unas linternas, según había denunciado una capitana destacada allí. “A la gente le gusta inventar mucha vaina, no tienes idea. La evasión, porque no fue fuga, ¿por qué se da?, ¿por qué se produce? Simple y llanamente porque en el propio seno de las Fuerzas Armadas había, y hay, gente molesta y consciente de que con uno se estaba cometiendo una injusticia. Eran los militares, nuestros propios carceleros, quienes decían que cómo era posible que uno estuviese preso en Ramo Verde mientras los corruptos chavistas estaban libres y algunos dirigentes de la oposición se reunían en horas de la madrugada en Miraflores con Chávez para negociar. Esto último lo decían militares destacados en Ramo Verde pero que venían  de Casa Militar. Esos nombres llegará el momento en que los diré. Hasta esa traición hemos tenido nosotros. Para evadirnos, por supuesto que tuvimos apoyo de los militares pero eso de las luces y la capitana no es verdad, jamás ocurrió. Nos evadimos, en cinco minutos logramos salir y nos descubren doce horas después. No tuvimos miedo. Los coroneles Jesús y Darío Faría, su sobrino, el capitán Rafael Faría y mi persona estábamos resteados. Salimos por la cerca, por donde está la virgen, a mano izquierda por toda esa orilla, tomamos la calle; más adelante una camioneta nos recogió y llegamos al interior del país. Al mes, aproximadamente, tuve que regresar a Caracas. Pase cuatro meses clandestino luego de evadirme. El régimen me buscó por todas partes, Puerto La Cruz, Guárico, Cojedes, Falcón, Zulia y yo estaba en Caracas”.
                Su salida definitiva fue por mar desde su Falcón adoptivo. “Debo decirte que desde el momento en que llegué a Ramo Verde mi meta fue fugarme. El día de la sentencia le dije a la juez que podía estar segura de que esos 16 años los pasaría en la cárcel la señora madre de Chávez, y ella entendió o supo que le estaba hablando en serio porque cada vez que podía me llamaba a Ramo Verde, incluso en días de visita, para confirmar que yo estaba en el penal. Por eso, desde mediados del 2005, previo contacto con gente amiga en Perú, compañeros del APRA, ya tenía asegurada mi venida a este país. En noviembre de 2006, cuatro meses después de evadirme, unos compañeros de partido  vinieron a Lima a ratificar lo que ya estaba acordado con el propio Presidente Alan García, quien me conocía y de inmediato, dijo ‘Como no, tráiganlo para acá, yo le doy el asilo’. Entonces tomé el avión que me trajo a Lima, aquí me recibieron mis compañeros de AD y del APRA y aquí estoy todavía, hace 9 años.”
                En la actualidad sobrevive dignamente en la capital peruana, no deja de reconocer que es muy duro. “Vivir lejos de tu familia, de tu patria, aprender costumbres y formas nuevas y distintas de vida, no es fácil ni sabroso. Esto me ha tocado dos veces porque llevo dos asilos con este régimen oprobioso. Por eso me da muchísima lástima más bien, cuando algunos venezolanos o cubanos tarifados del régimen, pretendiendo descalificarme dicen en las redes sociales que estoy en mi exilio dorado, que disfruto de comodidades, algunas de las cuales ni siquiera tuve en Venezuela, que es muy fácil hablar desde afuera, etc. A todos esos les recuerdo que por hablar muy claro y luchar muy duro desde adentro es que estoy fuera. Sobran mis advertencias públicas tanto al país como a la comunidad internacional sobre quién era el Sr Chávez, a dónde conducía al país y el riesgo que representaba para la región. Yo quiero que destaques Alfredo, por favor, y no voy a hablar de los demás, voy a hablar de Carlos Ortega, que yo me jugué el pellejo, mi vida, la de mis hijos, la de los trabajadores, para que Venezuela no viviese lo que está viviendo en los actuales momentos si me toca volverlo a hacer lo hago y si no estoy en mi país en estos momentos, trabajando clandestinamente, es porque no ha habido forma de organizar una resistencia como se necesita, amén del temor a ser delatado hasta por los propios”.
                El exilio no le impide mantener tomado el pulso al país. “Con lo que voy a decir seguramente van a calificarme de conspirador, de golpista, etcétera, etcétera. No. Yo soy demócrata, aquí los únicos golpistas son ellos dirigidos por el golpista mayor, que lamentablemente desapareció, y digo lamentablemente porque no va a pagar el daño que le hizo al país, al pueblo y a las instituciones. La animadversión hacia los militares, el que existe desde la sociedad civil hacia ellos, es el resultado de la destrucción institucional implementada por el difunto, al colocarlos en cargos para que se corrompieran, orden que cumplieron cabalmente, huelgan ejemplos de militares que con el sueldo de retirados tienen hasta aviones, también les permitió que se convirtieran en unos vulgares narcotraficantes, porque el gran capo de la droga en el país fue el Sr Chávez. Por otra parte, ese rechazo hacia el componente militar también se debe a su propia conducta al no reaccionar y hacer cumplir la Constitución, más cuando es del conocimiento público que aceptan órdenes de militares y civiles cubanos y que han permitido la invasión de las FARC y el ELN, de la narcoguerrilla colombiana. Eso hay que resolverlo porque, queramos o no, nos guste o no, necesitamos del sector militar. Sé que allí no todo está perdido. El daño está hecho, por supuesto, pero en el seno de las fuerzas armadas, aún hay una sólida reserva de militares demócratas e institucionalistas, y es a ellos a quienes les toca dar un paso al frente junto a la sociedad civil para salir de esta tragedia. Es a ellos a quien les corresponde rescatar la credibilidad de su componente ante la sociedad civil porque el difunto logró lo que no había logrado nadie: que el pueblo venezolano perdiera la admiración y el respeto hacia las Fuerzas Armadas. Les toca a ellos reivindicar su profesión no sólo en el país sino a nivel internacional. No pueden seguir aislados del resto de la sociedad. La alianza cívico-militar es necesaria para rescatar la democracia, para defender la patria. La unidad cívico-militar debe producirse. A los militares hay que buscarlos, los militares son venezolanos, los militares tienen que dejar de ser una vergüenza para el país, pero ellos tienen que poner de su parte. Tenemos que levantar a nuestras Fuerzas Armadas y que regresen a sus cuarteles a defender la Constitución, la democracia y la libertad”.  
                Considera que necesariamente se debe ir a un proceso de reconstrucción del país, de PDVSA, de las empresas de Guayana, de la moralidad: “Que se tenga un TSJ realmente que garantice la justicia, que brinde  confianza a los inversionistas. He visto al nuevo ministro de economía y al propio Aristóbulo  hablando de que hay inversionistas que quieren ir a invertir a Venezuela… ¡Será vendados y con las manos arriba!, en Venezuela no hay quien invierta un céntimo de dólar, ¿cómo van a invertir? Ahí no hay seguridad política, no hay seguridad jurídica. Mi mensaje final es: La Unidad. Y que la MUD si realmente quiere y ama al país, y quiere definitivamente salir de esto, hay que hacerlo por cualquier vía. Un gobierno de estas características hay que sacarlo por cualquier vía, por la vía electoral no es posible. Emplacen de una vez con nombre y apellido a toda esta cuerda de bandidos que están en el exterior súper millonarios, que eran unos alpargatúos, unos pata en el suelo, y hoy son una gente llenas de real, son tres o cuatro veces más millonarios que Gustavo Cisneros y Lorenzo Mendoza, y esto hay que decírselo al pueblo. El pueblo, como ya te dije, tiene un alto grado de descontento y la estrategia del régimen es avanzar en eso, lo cual me preocupa mucho, de sembrar la  desesperanza, que el pueblo se acostumbre, se resigne a vivir en condiciones infrahumanas como viven los cubanos. Y repito, para aquellos que me adversan del sector opositor, lo que manifiesto acá lo hago con meridiana claridad, están a tiempo de corregirse, de rectificar, de reflexionar, a un pueblo no se le engaña así como han engañado tanto los unos del sector gobierno como los otros del sector de oposición, y lo digo no para descalificarlos, es para que se hagan una auto revisión de la actuación, de la conducta de ellos como dirigentes, por supuesto que no son todos. Claro, que no son todos”.
                Al despedirse me dijo: “Cuando yo hablo con esta soltura y esta vehemencia es porque no le debo nada a nadie y tengo los pelos en la mano”.

© Alfredo Cedeño

sábado, mayo 23, 2015

CARLOS FERNÁNDEZ 02

“Nos utilizaron los sectores políticos. Sobre todo Acción Democrática, Copei y Julio Borges. Henry Ramos Allup y Borges son dos personas nefastas. Cuando ya todo estaba que parecía que lográbamos el objetivo los partidos políticos dijeron: no, el negocio es nuestro, no de ustedes.” Carlos Fernández habla con suavidad que engaña, la firmeza en sus palabras no dejan cupo a la duda, sus señalamientos van acompañados de precisiones: “Carlos Ortega y mi persona no estábamos de acuerdo en la fecha anunciada para el paro, pero se nos presentó Juan Fernández (para la época era gerente funcional de Planificación y Control de Finanzas en Pdvsa), y nos dijo que ellos habían asumido esa responsabilidad en cabeza de cada uno de ellos y que si no los queríamos acompañar que lo harían solos, y que ellos tenían controlado toda la distribución de los combustibles. Totalmente mentira. No hubo control por parte de  ellos y nos obligaron a ser solidarios y a asumir la responsabilidad. Y por eso siempre hablé de paro petrolero.”
Es larga la retahíla de situaciones, personas, instituciones y demás hierbas aromáticas que Carlos Fernández enumera. Como dicen mis amigos gallegos: No deja títere con cabeza. “A mí me llevan detenido saliendo del Punta Grill.  Yo en esos días dormía siempre en sitios distintos, porque ya me habían avisado de que me querían agarrar. Un día estando en el hotel Marriot de El Rosal se me presentó uno de los jefes de la DISIP, no recuerdo el nombre, y me dijo: “yo te mando a avisar en el momento que nos den instrucciones pero por ahora no hay nada, no tenemos instrucciones.” Eso fue una semana antes de que me detengan. El día que me agarran yo tenía mi carro y un carro escolta, ese fue el día que en el hotel Meliá se anunciaba que la mesa de dialogo y Gaviria se mudaban de ahí para otro sitio que ya anunciarían, fui a ese acto, que era más de los partidos políticos, y cuando salgo de ahí me llaman, yo iba en camino adónde iba a pernoctar esa noche, era una gente “amiga”: Pasa un momentico por aquí, que estamos en el Punta Grill y te comes un pedacito de parrilla. Serían las 10 de la noche.  Y entré, me tomé un whisky, me comí algo y cuando voy a salir viene mi carro, pero no viene con mi chofer, cuando trato de regresarme me caen como diez o quince, cubanos todos, de pantalón bluejean y franela blanca, y empezamos a forcejear. Yo pierdo los zapatos, casi me parten una pierna, me golpean, y me meten dentro de mi carro, en  el piso, con los pies encima, casi asfixiado, y se van. Cuando empieza eso hay unas patrullas de PoliBaruta que empiezan a perseguirlos, pero ellos me entregan a la DISIP en El Helicoide.  Allá me bajan sin zapatos, con la pierna bastante lastimada, muy golpeada, y hay un personaje con el cual todavía muchas veces me despierto, un tal Ramoncito, un personaje bastante pequeño, que me insultaba mucho: “Ajá, ¿tienes el gobierno listo? ¿Ah? ¿Tú no eres arrecho? ¿Ah?”  No contesté en ningún momento, me sentía muy mal. Él me pasa al que me va a reseñar, y seguía incitándome, y le decía mil cosas al muchacho de la reseña, ese muchacho no le contestó en ningún momento. Luego me llevó al carcelero y le dijo “vamos a meterlo en un tigrito, y que se desnude pá revisarlo no vaya a ser que tenga una vaina por ahí metida”. Vejarlo a uno… y al final me meten… Yo tenía exactamente 52 años, iba a cumplir 53, el mismo día que mi hija estaba cumpliendo años, 20 de febrero, de ahí me metieron al tigrito, yo entré en el tigrito, es un cuarto sin ventilación, de 2x2, y quedé tirado en el suelo, ahí perdí el conocimiento.
Los recuerdos duros lastiman aunque sean ajenos, la voz baja y entrecortada refleja un calvario que se revive. “Después supe que un muchacho había venido a que firmara un papel de que  a mí se me habían respetado todos los derechos, y me consiguió largo a largo, me despierto por los gritos del tipo, me sacan y me llevan para los servicios médicos, y ahí  una persona recuerdo que me estaba grabando; cuando me dicen que me van a inyectar me niego, me dicen: puedes morirte tenemos que ponerte esto. Llamen a mi cardiólogo. El hecho fue que llegaron unos médicos de la PTJ (CICPC) me decían: Fernández cálmese, y tal, y cual. Al final me pusieron unas pastillas sublinguales y me dejaron ahí hasta medio controlar la situación. Ya de madrugada me vuelven a llevar, descalzo, y me entregan al carcelero, cuando se van, el chamo me dice: Señor Fernández, si quiere se queda sentado ahí en esa silla y si viene alguno de mis jefes usted dice que yo lo saqué porque estaba otra vez mal…  Y ahí amanecí. Después me cambiaron para una celda y me subían a tomarme la tensión y para hacerlo me sentaban en una silla de parturienta donde me amarraban, me lo hicieron varias veces.  El Ramoncito me decía: “ya te vamos a traer a tu tocayo a Carlos Ortega para que monten el gobierno aquí y tumben al presidente.” Un día un  comisario de la DISIP me enseña un papel: no hable porque tiene micrófonos por todos lados. Después me enseña otro: no coma la comida que  le traigan de aquí, diga que de la plata esa que tiene ahí que le compren arepa, o sándwich pero no coma lo de aquí… Yo no sabía ni qué pensar, el hombre siguió: yo soy profesional, no hable con mi jefe -era Miguel Rodríguez Torres-, ni con los defensores que le manden, o la Defensora del pueblo, todos son las mismas ratas, nosotros lo vamos a cuidar.”  No supe quiénes eran los otros.” 
Fernández califica de show sus traslados a los tribunales “llevaban 50 carros, motos, una vaina como de película. Por lo general era en un toyotica amarillo, un corolla, la primera vez me llevan atrás, en el centro, con dos hombres al lado, cuando me montan dicen: quítales las esposas;  y uno que está sentado conmigo, me da así por la pierna y dice: “Acuérdese jefe que yo voy a ser su jefe de seguridad cuando sea presidente” ¡Imagínate tú!” La fluidez verbal trastabilla, es obvio su tragar grueso, pero prosigue: “Cuando llegas a los tribunales, al imputado lo tienen que meter en unas celdas abajo, pero la comisión me va a llevar directo a la sala, pero la gente de Darío Vivas y de Bernal y del supuesto arrepentido, ese que fue alcalde de La Victoria, Ismael García, les decían: ¡Tienen que meterlo ahí!  Ellos respondían: Nosotros tenemos la seguridad de él, y ni usted ni nadie nos va a decir cómo hacer nuestro trabajo. Y me llevaban directo arriba.  No conformes con eso subieron en variadas oportunidades al despacho, a presionar, a joder y los funcionarios se plantaron: “Esa responsabilidad es nuestra, les agradezco que se vayan de aquí.” La fiscal acusadora era la Luisa Ortega Díaz y quien redacta la boleta de captura, después que ya me tienen ahí, es nada más y nada menos quien hoy es el magistrado de la sala penal, el asesino Maikel Moreno.” 
Nueva pausa, ahora mucho más larga, hasta que las palabras siguen desgranándose: “En la última audiencia que fue un día sábado en la mañana, me llevaron a las 10 de la mañana para el tribunal, y ya estando ahí veo como empiezan a llegarle sobres a la jueza. Luego supe que eran instrucciones para que me pasara a La Planta o a El Rodeo. Mi abogado era Pedro Berrizbeitia, entramos a la audiencia y la fiscal me formula cinco cargos: traición a la patria, instigación a delinquir, devastación, agavillamiento y otro más, después dice que yo nunca me había presentado lo cual era absolutamente falso. Esta persona es inepta desde todo punto de vista como profesional, no sé cómo es abogada, recuerdo mucho que la juez dice si yo tengo algo que alegar y le digo: todo lo que ha dicho esa persona es mentira, por esto, y esto, y esto, y esto. Pedro me empieza a pelar los ojos como  que me calle, al final yo me callo pero le dije: yo jamás le he faltado a la ley.  Y quiero a esta altura Alfredo, decirte algo, Chávez mandó a investigar mi empresa, todo, todo, todo, y nunca pudieron conseguirme nada porque yo nunca ni milité en ningún partido político, ni tuve contrato con ningún gobierno, ni regional, ni nacional, mi esfuerzo fue propio como empresario y con la empresa privada, yo no tengo rabo de paja. El hecho es que ella va a deliberar y nos sacan de la oficina. Era sábado, los baños estaban cerrados y el único baño que había era el que tenía la juez en la oficina de ella, Berrizbeitia que había sido su profesor, y eso lo supe después, entra a pedirle el baño, pero pasa como media hora; y le digo a Marianela Mata, que era la otra abogada que tenía: ¿Será que Pedro se fue por el baño? Cuando él sale me llama a un rincón y me dice: “Carlos la situación es muy complicada, ¿viste los sobres que pasaron? Ella sabe que hasta hoy va a ser juez, porque va a tomar una decisión que no es la que le están pidiendo, pero dice que ella no puede tener ese cargo de conciencia de tu muerte, tu cuadro clínico le da a ella autoridad para mandarte preso casa por cárcel, pero sabe que la destituyen. Cuando toma la decisión, serían las 3 o 4 de la tarde ya, entramos y ella anuncia su fallo. La Luisa Ortega se le va encima prácticamente. La jueza le dijo: esa es mi decisión. Luisa Ortega: pero no puede ni hablar.  Yo creo que fui clara y esa es la decisión, a partir de hoy está bajo custodia del grupo BAE.  ¡Bueno pues! La Luisa Ortega empieza a llamar, y llamar, y empieza abajo esa turba de 200 o 300 borrachos alebrestados por Vivas, García, y toda esta pandilla de sinvergüenzas, a pedir mi cabeza, hasta que se hacen las siete de la noche. Yo ya no tenía miedo. Tú pasas un momento en la vida en donde te ubicas y estás decidido a todo. Yo después que me metieron en el tigrito, a partir de ese momento no es que había pasado el miedo, es que asumes el mayor riesgo que puede ser la perdida de la vida, lo asumes, estás resteado para eso y quizás eso es lo que me alimentó a decir lo que yo dije a la juez contra la fiscal, no estaba diciendo mentira y perdiste el miedo. Después de lo que me había pasado en la DISIP, lo que me habían hecho, que yo estaba solo, donde nadie me fue a visitar, el único que me pudo visitar fue el abogado y unas  mujeres de derechos humanos que después llegaron, pero mi familia nunca pudo entrar a verme, entonces hasta el más miedoso en su determinado momento cambia eso por fortalezas, de asumir que a lo mejor es lo último que vas a hacer en la vida. Y lo asumí.”
 
Perdonen el dislate, pero son múltiples las emociones que se agitan al oír a este hombre de voz suave y gestos pausados hacer recuento de aquellos momentos. Pero sigamos con él: “Para poderme sacar del tribunal, a las 10 u 11 de la noche, tuvo que venir un piquete de 80 o más guardias nacionales, porque estaba sitiado el tribunal y los muchachos de la DISIP no podían, porque además iban a arriesgar mi vida. Llego otra vez a la DIISP y me dice un comisario: “Carlos te vamos a llevar mañana, entiende que esta hora es… y no te podemos llevar por tierra, te vamos a llevar en helicóptero”. En la mañana me miden la tensión, me dan pastillas para equilibrarme, y tratan de lanzar un helicóptero y lo ametrallan, del cerro de ahí, lanzan otro y también es plomo, total nosotros salimos como en el cuarto. En el helicóptero donde me sacan viene piloto y copiloto, y otros custodios, cuando vamos en pleno vuelo el que está al lado mío se inclina y me dice al oído: Mi mamá le manda a decir que ni un paso atrás…” No esconde la emoción que le produce ese recuerdo y muestra sus brazos erizados. Toma aire y prosigue: “Cuando llegamos al Aeroclub de Valencia él mismo funcionario me dice: ponte este chaleco. Le digo: ¿Para qué esa vaina?  Póntelo, no te dejo hasta que te entregue en tu casa. Me bajan, me montan en una ambulancia, me hacen otro montón de chequeos y me llevan a la casa, que ya estaba tomada por el BAE, ocho personas con dos camionetas Nissan me acuerdo, él me entrega ante ellos y me dice, cuando ya está para salir: “Cuídate, cuídate mucho, porque te quieren matar de los dos lados.” La ultraderecha estaba jugando a sacrificar a alguien para armar el vainero, yo era una pieza en ese momento importante, y él me explica que tienen identificados a varios que quieren salir de mí. “
                Su casa en el sector El Bosque, de Valencia, quedó bajo el control de los comandos “todos son muchachos jóvenes, la mayoría estudiantes, unos estudiaban administración, otros leyes, jóvenes de veintipico de años, y que al tiempo más de una vez me dijo más de uno: Señor Fernández, ¿me puede ayudar a estudiar? Y me sentaba con ellos a hacerlo. Un día uno de ellos le dice a mi hermano que tienen que salir a una misión dos de ellos, mi hermano les dice ¿qué tengo yo que ver con esa vaina?, ese es problema de ustedes. No, es para informarle señor Fernández. Salieron en la mañana en una de sus camionetas y llegaron como a las diez de la mañana, y ese mismo muchacho le entrega a mi esposa una bolsa de más de 10 kilos de fresas que su papá se lo había mandado de Mérida en el avión que llegaba a Valencia.”  Nuevo silencio, muy largo esta vez. La mirada se pierde y un hilo de voz retoma el relato: “No las tengo aquí, pero he pedido que me las guarden en Venezuela para ver cómo me las pueden traer, las cartas que me mandaban los familiares de esos muchachos. Una de las cartas decía: yo soy la mamá de fulano de tal, entiéndalo, él está cumpliendo con su obligación pero yo vivo en tal parte, mi teléfono es tal, y lo apreciamos y lo queremos mucho, mi hijo lo está cuidando. Otro me decía escríbamele una cartica a mi hermana, otro más escríbale una cartica a mi mamá.  Y así como ellos muchísimas personas. Un día se comienza a oír que me van a revocar la medida de casa por cárcel y al poco fueron a visitarme tres monjitas, ellas sabían que había micrófonos por todos lados y me hacen señas que quieren hablar conmigo, así que nos vamos al patio, y me dicen: La madre superiora le manda a decir que pronto van a venir tres monjas a visitarlo, y se van a ir tres monjas, pero ella necesita sus medidas exactas, para que venga una exactamente de su porte, y allá no se preocupe que no le va a faltar nada. ¡Por supuesto que no acepté! Eso era echarles una responsabilidad infinita encima.”
                Asegura que recibió la solidaridad que no recibió de quienes debía haberla tenido. “Todo fue un juego de trampas y traiciones, y así nos pasó a todos, Manuel Cova traicionó a Carlos Ortega, y bien feo, pero que te lo cuente él.  En diferentes oportunidades Juan Fernández me aseguró que tenían controlado el suministro de gasolina de Carenero, mentira, los que se hicieron solidarios fueron los de la marina mercante que si asumieron, y son los que paran los barcos, el sector petrolero no cumplió y en las reuniones que hacíamos todos los días ofrecían de todo. Después nos vinieron con el cuento que ellos no podían quitarle el suministro de combustible o de gas o de x a los hospitales y la vaina. Si tú te metes en una situación de estas te metes, nunca hubo desabastecimiento como tal de la gasolina, había unas pocas bombas que no tenían; Acosta Carles tomó el control de  El Palito y de Yagua, se hizo millonario vendiendo la gasolina que se la robó y así muchos de ellos mismos. Hubo contactos con el sector militar, diseñamos estrategias como partir la ciudad y tener el control, y el sector militar también falló y tampoco cumplió. Nosotros nos reunimos en varias veces en la casa de Olavarría, con ellos, y tampoco asumieron el rol que debían haber asumido. Por atrás había jugadas de varios políticos. Lewis Pérez Daboin es un sinvergüenza, fue el infiltrado más grande que tuvimos, llegó el momento que yo sabía que el único que transmitía cosas que yo decía  en el Directorio que teníamos de la Coordinadora Democrática, que la fundé yo el mismo día del 11 de abril, en FEDECAMARAS, esas declaraciones que daban los voceros del gobierno, sobre mí, que yo era el talibán, que yo era el más radical, era él y le dije un día: Acuérdate de tomar nota bien para que salgas corriendo y se lo des a tu jefe José Vicente Rangel. Y se me alzó; le dije: si tú quieres también nos damos unos coñazos si quieres que lo resolvamos así, pero tú eres el que le lleva la información.  Ese trujillano vendió su alma al diablo. Lo repito: Lewis Pérez, secretario de la Coordinadora Democrática, era el mayor infiltrado que teníamos nosotros dentro de la organización y todo se lo pasaba a José Vicente Rangel mano derecha de Hugo Chávez.”
Asegura no ver salida en este momento, “caemos en lo mismo, una oposición política que es una sociedad de cómplices que avala al régimen, que le da piso político y que lleva a la sociedad engañada a elecciones tras elecciones que están amañadas, que están controladas. Que no hay salida por la vía electoral lo digo desde hace más de 12 años, Chávez hizo un Consejo Electoral como su traje a la medida. El padrón electoral lo manejan como les da la gana, lo aumentan, lo rebajan, lo cambian, como la salamandra cambian los circuitos para favorecerse. No se deberían realizar elecciones mientras verdaderamente no se depure el padrón electoral y las autoridades. Yo estoy claro y convencido que somos mayoría, pero estoy claro y convencido de que están controlando y están manejando todo.  Siempre dije que las maquinas electorales, que son de lotería italiana, eran bidireccionales y que aunque supuestamente estaban desconectadas, estaban conectadas por vía wi fi a otra sala electoral donde había más de 20 monitores uno por estado y donde se observaba en tiempo real quien estaba votando y cómo. Ellos saben en cada mesa quien no ha votado y va gente para que vote, si se revisan las huellas en los cuadernos electorales, no van a coincidir con el votante, pero todo eso está cuadrado, todo está manejando, y todo lo sabe también la Mesa de La Unidad. Pero ahí Henry Ramos Allup y Julio Borges negocian con el régimen por sus parcelas de poder, ellos son culpables de lo que el país vive en este momento. Ellos saben que en una dictadura no hay salida por los votos y Venezuela está en una dictadura. El mundo internacional hoy en día sabe de las trampas y está consciente porque los que estamos afuera hemos trabajado para desnudarlos, en ese sentido Eric Evall nos ayudó muchísimo. Basta de callarse, hay que decir que en las elecciones del 2006 con Rosales, José Vicente Rangel y Teodoro Petkoff fueron a conversar con él y le dijeron tú eres el candidato que el presidente quiere y tienes que ser un candidato fuerte, te vamos financiar toda la campaña. Según lo que me dijo Eric Evall le dieron 300 millones de dólares. Entonces vamos a ser claro Venezuela no tiene salida por la vía de las herramientas de la Constitución mientras verdaderamente no se depuren las instituciones y eso no va a suceder porque ahora estamos en una situación peor. Hemos dejado correr todo esto y el único que se ha venido favoreciendo ha sido el régimen a costillas de 25 mil muertos todos los años. ¿Cuántos muertos llevamos? ¿Cuál es el costo que tenemos hasta este momento? La delincuencia en Venezuela es lo que fue el paredón abiertamente en Cuba, ahora se utiliza por la vía de la delincuencia y de los pranes para limpiar de opositores al país. Ellos armaron dentro de las cárceles a todos esos grupos para usarlos como grupos de choque contra la sociedad en su determinado momento. Yo respeto mucho a todos aquellos que luchan por encontrar una vía constitucional y yo no la descarto yo no le digo a la gente que no vaya a votar. No, ese es un derecho que usted tiene, pero no es suficiente, no es la solución y por el contrario cada vez que vamos a elecciones legitimamos más como demócrata a un dictador.”
Reconoce que no fue fácil encontrarse de un momento al otro en un país extraño, “sin ningún amigo prácticamente, aunque si tuve venezolanos que no conocía aquí y que me tendieron una mano, pero es muy duro y muy difícil. Pero creo que mis valores están fundamentados en mi formación por mis padres. Soy hombre que vengo de abajo, que he sabido estar abajo, en el medio y arriba; hoy vuelvo a estar abajo, pero con principios y valores, me acuesto todas las noches y me duermo en paz con mi conciencia.  Y te voy a echar un cuento: en el 2004, estando aquí, a mí se me acerca,  cuando el referéndum, a mí viene un personaje de parte de Dídalco Bolívar, a su vez de parte de Chávez y me ofrece tres millones de dólares. Me dice: ¿te das cuenta cómo te han abandonado toda tu gente? Un empresario de Maracay. Chávez te manda a decir que te engañaron, que te utilizaron pero que cuánto perdiste, ¿tres millones de dólares? Dime dónde te los van a poner, pero tú acompáñame a una casa aquí en Weston que te vamos a grabar donde tú le vas a mandar un mensaje a la nación de que el país necesita unos cambios y que Hugo Chávez es el personaje que trae la transformación de Venezuela en beneficio de todos los venezolanos y que lamentablemente tú te equivocaste. Yo le dije: mira, yo estoy necesitado de dinero pero todos los días comen mis hijos y como yo, así que creo que todavía no es el momento. Regresó al mes siguiente ¡y me ofreció cinco! Eso fue ahí en la estación de servicio en Panna Express, aquí mismo en Weston, y le dije: mira, yo no sé cuánto vale mi conciencia a lo mejor le vendo mi alma al diablo el día que mis hijos no tengan qué comer, a lo mejor la vendo por mil dólares, pero todavía comemos, difícil pero vivimos decentemente, y tengo un lema que me dijo mi padre desde pequeño: usted podrá engañar a todo el mundo pero jamás podrá engañar a su conciencia y quien engaña a su conciencia no puede dormir tranquilo por el resto de sus días. Te agradezco no vuelvas más, dile a tus jefes que Carlos Fernández muere con las botas puestas.”
No deja de repetir que su lucha continua por Venezuela, y reconoce tener diferencias profundas con la MUD. “Creo que quienes manejan la oposición en Venezuela le hacen mucho daño al país y a los ciudadanos. ¿Cómo es posible que han dejado a los estudiantes solos? He dicho organícense, el régimen no puede con 30 millones de habitantes, siempre lo he dicho ese régimen, o cualquier gobierno, estará ahí hasta que la sociedad lo decida. No esperemos un golpe de estado porque eso no existe en Venezuela ni puede haberlo porque hay una destrucción total del sector militar. Nosotros en este momento no podemos confiar en que lo que pueda venir después si cae Maduro sea mejor tampoco, porque las Fuerzas Armadas están tan divididas y a su vez destruidas moralmente…, aunque hay cuadros medios, coroneles, con valores intachables que si quieren un cambio. No hay que seguirlos pateando, hay que enamorarlos.  ¿Qué declaraciones hace Henry Ramos Alup cada vez que puede? No vamos a permitir una bota, no vamos a aceptar una bota, ¿tú tienes salida en este momento sin la participación militar? Yo no la veo. Vamos a imaginarnos, ganamos las elecciones, Capriles gana las elecciones, ¿cómo gobierna Capriles? Sí no tienes las fuerzas armadas de tu parte no puedes gobernar en un país como está, al otro día estás fuera del poder. Tenemos que ir a una transición que nos permita reconstruir la institucionalidad del país para entonces poder ir a un proceso electoral en donde se decida por vía de los votos cuál es el destino que quiere llevar el país, pero tenemos que ser sinceros, tenemos que ser reales. Pero ese grupo de políticos sabe que no tiene espacio en esa nueva visión de Venezuela, ¿por qué? Porque la gente sabe que son corruptos y que han participado. ¿Quién es el cuñado de Henry Ramos Allup? Francisco D´Agostino hijo. ¿Quién es Francisco D´Agostino hijo? Un bolichico, y él y su suegro y la constructora Dayco del sector vivienda. ¿Y quién es Víctor Vargas?  El banquero del régimen, con una de cuyas hijas está casado Francisco D´Agostino. ¿Qué estamos haciendo? Un círculo vicioso. ¿En que viajó Henry Ramos Allup a los Estados Unidos en diciembre? ¡En el avión de los bolichico! ¿De qué estamos hablando? ¿Con qué cara se me presenta a mí? ¿Y Julio Borges? todos conocemos su historia, sus alianzas con José Vicente Rangel y sus recibimientos económicos, ¿tú quieres el país o quieres tu situación personal? Decídete. Por eso le digo a todo el mundo, ¿de qué lado te anotas? Yo tengo un partido, ¿te quieres anotar? Se llama Venezuela, ¿te quieres anotar en ese partido? échale pierna, ese es el partido con el cual yo me manejo.”
                Este empresario que ahora usa como como cinco cachuchas “hago de todo, pero muy feliz, saqué la licencia de real state, soy realtor, también soy business consultant de un bufete de abogados especializados en inmigración, tengo una empresa que ubica mercancías y las exporta, y te hablo desde repuestos hasta comida, y también hago el servicio de ir a buscar pasajeros al aeropuerto y llevarlos a las diligencias donde ellos necesitan ir, yo en persona voy, me llaman al 305- 5628666 y les hago el servicio personalizado de traslados a cualquier diligencia.” Sin embargo no cesa de pensar el país y cierra diciendo: “Mando a la gente que se lea a Pinochet. Muy duro decirlo, muy duro, porque no quiero la violencia, ni soy de los que aspiro que tengamos cualquier cantidad de personas desaparecidas pero ¿dónde ha llegado la sociedad venezolana? ¿Cómo controlas ese malandraje? Por eso digo: léanse a Pinochet, no digo que lo apliquen, léanlo.”

© Alfredo Cedeño
 

sábado, mayo 16, 2015

CARLOS FERNÁNDEZ 1


LIMINAR

                Primero fue el periodista y político francés Georges Clemenceau quien soltó aquello de “La guerra es un asunto demasiado importante para ser dejada a los generales.” Luego fue el turno para que el abogado alemán Konrad Adenauer, quién sabe si parodiando al galo, dijera: “La política es demasiado importante como para dejársela a los políticos.” Ambas disciplinas, guerra y política, tienen infinidad de coincidencias y, al menos eso parece, escasas diferencias. Más bien las divergencias son de forma, pero ambas suelen ser sanguinarias. Muchas veces he tenido la sensación de que  esa ciencia que estudia al Estado es aún más feroz, y a veces nauseabunda, que el arte de las armas. Estas últimas entregas que he venido haciendo han sido con el interés, e intención, de aportar claridad al panorama actual de nuestro país. He recibido en las últimas cuatro semanas mensajes de todo tipo, unos más sutiles que otros, otros menos cuidadosos siquiera de las formas.  Muchos diciéndome que hasta cuando sigo dándole tribuna a resentidos, chismosos, y derrotados. Han sobrado las descalificaciones, pocas han sido las voces que han hablado de la necesidad de abrir una discusión en lo ético para darle nuevos aires a nuestro estamento político, que por lo visto ha terminado por convertirse en un sumidero –por no decir albañal-  donde van acumulándose miserias de toda laya.  Siguen apareciendo voces que continúan hablándome y señalando con nombres, fechas y apellidos, situaciones que ojalá nunca más volvamos a padecer y que no dejaré de publicarlas aquí en mi tribuna.  Es mi aporte y no dejaré de hacerlo, ruego a Dios –si es que existe y aún se acuerda de Venezuela- para que un manto de lucidez nos recubra y aleje este enlutado sudario con el que cargamos desde hace largo tiempo… tanto que fueron esos polvos los que nos condujeron a estos rojos lodos del chavismo que ahora padecemos.  Escribo estas líneas para pedirle a todos aquellos que insisten en pedirme moderación en lo hasta ahora publicado, que dejen de joder pues no dejaré de seguir escarbando en la cara real de las trapisondas que en Venezuela maquillan de política. Hoy les entrego la primera parte de una larga conversación con Carlos Fernández, quien fuera presidente de FEDECAMARAS, luego de la payasada ejecutada y protagonizada por Pedro Carmona Estanga en abril del año 2002.
                “Yo sabía el riesgo que estaba corriendo al asumir la presidencia de FEDECÁMARAS, lo sabía tanto que al directorio, que me tocó presidir después de que Carmona toma la decisión de ser presidente de la Republica, le digo que yo era un hombre de asumir riesgos y que sabía lo que estaba asumiendo; pero esperaba del empresariado que asumiera la posición que yo tenía que asumir en los momentos que lo debía hacer.  Eso no lo entendió el empresariado, porque los capitales simple y llanamente no tienen nacionalidad, ni compromisos; los capitales van donde hay seguridad y más rentabilidad, la solidaridad es personal, no  empresarial. Tuve algunas solidaridades muy cortas y pequeñas de algunos empresarios pero no de las empresas, y lo entiendo. Por supuesto que hubiera sido más provechoso si esa solidaridad de los empresarios hubiera sido más manifiesta, lo que pasa es que a rey muerto, rey puesto. Tú asumes tus riesgos, asumes tus decisiones pero eso es tuyo, no mío… Y eso pega.”  Carlos Fernández fue presidente de la otrora poderosa Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela, donde se aglutinan los gremios empresariales del país.
                Aragonés de nacimiento, no tenía todavía siete años de edad cuando llegó desde su Zaragoza natal a vivir en Caucagua, en la zona de Barlovento, estado Miranda.  Su voz es tranquila, no refleja los infiernos que ha vivido en los últimos doce años. Personas que lo conocen me dicen: “Uno cree que llegó aquí jodido, pero cuando ves todo lo que ha sido el caso de él piensas que fue demasiado: familia, amigos, conocidos, todo el mundo se le volteó, y él solo ha podido sacar a sus dos hijos adelante. No las ha tenido nada fácil.” Otra persona me comenta “fui testigo de una comida con un expresidente de FEDECÁMARAS quien supuestamente le iba a echar una mano, lo que hizo fue pintarle una bien grande y de vaina que no tiene que pagar la comida.” El propio Fernández explica que conserva “su fortaleza, y su fe en un Dios que me ha puesto unas pruebas duras, difíciles, pero que jamás me ha abandonado y que sabe que puedo cargar esa prueba y aquí estoy.”
                El orgullo se le desborda cuando habla de Carlos Eduardo y Carlos Antonio, sus dos hijos, con quienes ha logrado sobrevivir al feroz ostracismo que le ha impuesto el gobierno venezolano. Llegó a Estados Unidos con 3.000 dólares americanos y fue hace sólo dos años cuando recibieron, ¡por fin!, la green card, que les ha permitido insertarse de manera formal en la comunidad norteamericana.  Fueron diez años de un penoso limbo que algunas voces me aseguran estuvo forzado por el poder ejecutivo venezolano, como condición sine qua non cuando otorgó a dedo la concesión de la llamada plataforma deltana a la muy imperialista empresa Chevron. Cosas veredes Sancho… Sin embargo, “el hombre del pelo blanco”, como solía decir la mayoría de los venezolanos cuando le veía en sus constantes apariciones en todos los medios de comunicación de Venezuela, no deja de emocionarse cual niño cuando cuenta cómo tuvo que aprender a hacer todo para poder ocuparse de sus muchachos como Dios manda. “Yo no sabía hacer nada, y hasta arepas aprendí a hacerles. También a lavar, planchar, todo.” Explica con toda la sencillez del mundo como se levanta a las seis de la mañana para preparar la comida que Carlos Antonio se lleva para almorzar en la calle entre los turnos de clases y su trabajo. Les doy fe que conmueve oírlo contar su rutina doméstica.
                En la medida que seguimos hablando sus recuerdos se van hilvanando. Admite que “No conozco mucho España. Mi padre vino a  Venezuela para administrar AGRINCO, una empresa dedicada al sector agrícola y que existía en casi toda América Latina. Existían Agrinco Venezuela, agrinco Brasil, Agrinco Argentina, donde grupos de empresarios locales se asociaban. En el caso de Venezuela allí estaban los Delfino, el catire Lovera, los Benarroch, y otros que no recuerdo. Cuando llegué a Caucagua se iba por la carretera que hicieron los presos  de Gómez por el cerro, y existía una línea de autobuses que se llamaba Amigos del Pueblo.” Estudió primaria en la escuela Germán Roscio de esa localidad, y al concluir el sexto grado lo llevan a Caracas para estudiar en la Escuela Técnica Industrial, cuya sección básica estaba en Los Mecedores, al pie de El Ávila. Luego pasa a la sede de la Escuela Técnica Los Chaguaramos, donde ahora funciona la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Venezuela. “Yo estaba ahí cuando se da el allanamiento de la ETI, yo estaba  estudiando Ingeniería Mecánica, y ese día mataron a un muchacho que era compañero de clases, nosotros tumbamos el muro que nos separaba de la Universidad Central, y para poder salir, porque todo estaba rodeado por la policía que se llevaba a todo el que fuera estudiante, boté los carnets, los cuadernos y todo, y me escabullí agarrado de la mano con una señora y un niño que iban saliendo como si fuera familia de ellos. Yo tendría en ese momento como 18 años. Vivía en un apartamentico que mi padre pagaba una habitación, quedaba en Fuerzas Armadas con Urdaneta, en el edificio PFAFF, que tenía la máquina de coser, y los viernes salía al Nuevo Circo a agarrar mi autobusito pá irme pá la finca a Caucagua. Llegaba los viernes en la noche y  los domingos me regresaba, la finca era de naranja. Tenía un caballo que era como el del Llanero Solitario, ¡blanco!, se llamaba Rechoncho, un animal hermoso que se podía jugar baraja arriba de él. Era tuerto porque una espiga me le sacó un ojo, y tenía una verruga en una pata que yo con la cerda de la cola le hacía un nudo y se la iba apretando todas las semanas  hasta que logré tumbársela. Eso me lo habían enseñado los campesinos de allá, era un caballo muy particular al que tenía suelto. El sábado en la mañana yo le ponía un tobo con agua de papelón debajo de una mata de tapara, yo a veces por echarle broma le ponía el tobo pero con agua, se calentaba ese caballo y me pelaba los dientes… Otras veces yo salía a buscarlo y él dejaba que llegara prácticamente a su lado y echaba a trotar, y cuando ya me cansaba de estarlo persiguiendo, me devolvía hacia la casa y él se venía atrás.”
Años más tarde,  AGRINCO traslada a su padre al estado Carabobo, donde atendía dos fincas, una de cítricos en Guigue “que daba pa´l lago de Valencia y en Tocuyito había otra donde tenían sembrado parte madera y caña de azúcar, esa última daba a la carretera que va a Campo Carabobo, eso luego se parceló y se construyó la Urbanización La Esperanza, pero en aquel momento era caña, y una de mis misiones era atender las bombas de agua para regar la caña. Yo tenía que ir, unos motores muy grandes con bombas de pozos profundos y tenía a  mi cargo su mantenimiento, debía ir a las dos, a las tres de la mañana, a la hora que me tocara. A los 17 años ya estudiaba y trabajaba, y me tocó en varias oportunidades que mi madre me iba  a servir la comida a las 7 de la noche y yo me quedaba dormido. De verdad era fuerte, entre  estudiar y trabajar tenía unas 18 horas todos los días.” Poco tiempo después crea su primera empresa, un taller mecánico: Talleres FerCon, “me traje un muchacho que se llamaba Contreras por eso era FERCON: Fernández Contreras, estaba en Tocuyito y ya me había comprado un camión que lo tenía trabajando haciendo viajes a nivel nacional, ahí ya tenía 20 años, y ese camión lo había comprado con mi plata que me había ganado. Era un Ford de los viejos, usado, y  ahí empecé; después compré otros más. Luego estudié Administración de Empresas, e hice el asesoramiento al Banco Nacional de Descuento, que construyó la sede donde yo tenía el taller en Tocuyito y le hice toda la parte de mercadeo. Estamos hablando del año 70, y me caso por primera vez. Ya tenía una casita que había comprado ahí mismo en Tocuyito, en la urbanización Pocaterra. Ahí nace que entro al gremio de los ferreteros, porque mi suegro tenía una ferretería y me pide asesoramiento, yo le hago un perfil completo de todo lo que era transporte vehicular para el reparto de bloque, arena, y todo eso. Duré casado 10 años y en ese tiempo desarrollé varias empresas y participé dentro del gremio de los ferreteros concreteros que se llamaba Asociación de Concreteros y Ferreterías del estado Carabobo, donde llegué a ser vicepresidente.”
Son tiempos en los que genera una serie de propuestas que se materializan, crea junto a un grupo de inversionistas VENCOSA, Venezolana Concretera Sociedad Anónima, donde fungía como vicepresidente de la empresa, “yo manejé eso y con mis influencias dentro del sector bancario por el vínculo con el BND, más una cantidad de contactos que hice con las plantas cementeras, a esa empresa que no tenía liquidez le movía su capital hasta 5 y 6 veces en el mes. A veces tenía sobregirado un millón de bolívares, que era mucho real, eran 250 mil dólares, pero lo lograba cubrir siempre. Eso me permitió que la empresa tuvo un crecimiento formidable, grande.  Cuando me divorcio monto REFERCA, Representaciones Fernández Compañía Anónima, y mi empresa llegó a vender más de millón y medio de sacos de cemento al año, aparte de cemento a granel que se suministraba a premezclados. Hice un equipo de cisternas y de camiones, llegué a tener veinte y pico vehículos pesados, ahí me traigo a un hermano que lo tenía mi padre, que no quiso estudiar más , en la panadería, y me lo traje y lo enseño el mantenimiento de los vehículos de Transporte FerCon, que tenía la flota de camiones que le prestaba servicio a las plantas y a la empresa REFERCA, que era la distribuidora de cemento a nivel nacional. Me traje a mi padre, lo saqué de la Finca, me traje a otro hermano, el mayor, a todos me los traje y les di el 25% a cada uno, sin poner ellos un solo bolívar. Y creció la corporación, tuvimos después una fábrica de cal: CalFer, hicimos una planta de pego, exportábamos para las islas del Caribe. Fundamos INFERPECA que era Inversiones Fernández, nosotros llegamos a los constructores: ¿Cuántos sacos de cemento o cuántas toneladas de cemento necesitas? yo te lo doy y me das tantos apartamentos, un intercambio interesante porque a ellos les servía y nosotros adquiríamos una propiedad sin construirse todavía a un precio ya establecido. En aquel momento, empezando los años 80, el capital de las empresas entre activos y patrimonio era de más de mil 500 millones de bolívares en aquel momento de un dólar a 4,30…”
 
La cadena de éxitos lo va impulsando dentro del mundo empresarial y comienza a figurar en cargos organizativos que lo conducen a FEDECÁMARAS en los años 90.  Durante 6 años fue parte del Consejo de Economía Nacional, donde estuvo con Gastón Parra Luzardo y Tobías Nobrega, “y jamás pensé que era lo que demostró después.”  Todo esto lo evoca sin melancolía, asegura que no es fácil encontrarse de un día para el otro con una mano adelante y otra atrás, “y con mis dos muchachos, que siempre han sido mi gran angustia, que ellos coman y tengan donde vivir. Por eso es que ha sido triste para mí la actitud de gente de la que no supe más nunca, como Hugo Fonseca Viso. Pero así como ese caso, por otro lado debo reconocer una persona que estuvo a mi lado y que ha sido como mi segundo padre, tal cual lo aprecio y lo respeto: Eddo Polessel, él estuvo y está. Es un hombre que está pendiente todos los años. ¿Traiciones? Albis Muñoz y sus relaciones con gente del régimen, tengo las pruebas; Merentes era su íntimo amigo, así como Tobías Nóbrega y Diego Luis Castellanos.  Supe de reuniones de ella siendo presidente de FEDECAMARAS con gente del régimen. Salía y en las tardes, en las noches, se reunía con ellos y tenía línea directa con Chávez.  Te pongo otro ejemplo: hubo un tiempo que ya aquí traté de mantener de alguna manera mis empresas y hay un caso, del que ni vale la pena dar su nombre, que cuando mi administradora fue a presentarle unas facturas pendientes la respuesta que le dio fue: dile que me venga a cobrar él…”

© Alfredo Cedeño

PS: La semana que viene publicaré la segunda parte.

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