Una a una fueron colgadas sus escamas de madera
hasta formar una armadura grácil de tacto leñoso,
piel de pimiento desbordado en su madurez
que se acerca sensual a la punta de los dedos,
juego de texturas de luna que arman palabras
dulces y majestuosas como un beso de madrugada.
© Alfredo Cedeño

