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domingo, marzo 01, 2026

TIEMPO DE ESPERPENTOS






















           Tan allá como en el siglo IV antes de Cristo, Aristóteles planteó aquello de: “El hombre es por naturaleza un animal político”. Atención, que el uso de ese vocablo no lo utilizó en el sentido que ahora le damos. Él lo empleaba para referirse a la pertenencia a una comunidad cívica organizada. En cuanto a la deriva de su definición a lo que en la actualidad es, son ríos de artículos, ensayos, conferencias y libros, imposibles de abreviar en estas líneas.

          Para acercarnos a este siglo de luces y sombras, cual ningún otro, cito a Max Weber, quien en su conferencia La política como vocación enuncia: “Política significará, por tanto, aspiración a participar en el poder o a influir en la distribución del poder, ya sea entre Estados o dentro de un Estado entre los grupos humanos que comprende”. Más adelante indica: “El Estado es aquella comunidad humana que, dentro de un determinado territorio, reclama con éxito para sí el monopolio de la violencia física legítima”.

          Al año siguiente de este enunciado “weberiano”, Ramón del Valle-Inclán escribe su pieza teatral Luces de Bohemia. Esta obra, publicada a manera de folletín entre julio y octubre de 1920 en el semanario España, sería el nacimiento de lo que el célebre manco llamó Esperpento. Pero dejemos que el protagonista de ella, Max Estrella la defina: “Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento”.

          ¿Se les ocurre mejor manera de sintetizar lo que estamos viviendo? ¿Acaso no es un reflejo cóncavo Delcy Eloina como dictadora encargada? No hay mejor manera de llamar la mojiganga leguleyesca que significa Timoteo Zambrano alzando manos y pies para aprobar cuanta imbecilidad se propone en la espuria Asamblea Legislativa venezolana. Esa misma que infinidad de sayones y plañideras defienden como gata panza arriba. El argumento recurrente es que ese cuerpo tiene la actual composición por no haber participado en las elecciones de diputados en 2025. ¡Tarados!

          Para nadie es un secreto que el chavismo-madurismo-rodriguismo siempre ha hecho con los procesos electorales exactamente lo que les sale de sus entrepiernas. La mejor muestra fue la elección del candidato unitario, donde la señora Machado ganó de manera clara. Respuesta: sacarse de la manga una sanción mamarracha e inhabilitarla. Segunda muestra: elecciones presidenciales que gana arrolladoramente Edmundo González. Respuesta: darle una patada a la mesa, encarcelar a infinidad de opositores reales y decir con cara muy lavada que el ahora inquilino de Brooklyn había sido reelecto.

          Los ejemplos de la barbarie y arbitrariedad de la dictadura roja-rojita son inacabables. Sin embargo, sobran “políticos”, entendidos en la materia y analistas de sesuda actitud que se desmelenan defendiendo el diálogo y condenando la violación de la soberanía nacional con la captura de Gofiote y la doña de la prótesis dental bailarina.

          Otro personaje digno de Valle Inclán es esa marioneta tatuada que hasta hace poco era Fiscal General de la República y que ahora aseguran es Defensor del Pueblo. Mejor sigo de largo.

          ¿Cómo callar con la barbarie de los presos políticos? ¿Es posible estar indiferente ante la mamarrachada de la ley de amnistía? ¿Van a seguir jodiéndole la vida a los Policías Metropolitanos que el 11 de abril impidieron que en Puente Llaguno la masacre de manifestantes fuera mayor? ¿Hasta cuándo mantienen a Otoniel Guevara, su hermano y su primo encarcelados por el caso de Danilo Anderson? ¿Y qué pasa con los humildes campesinos merideños Edubin y Pablo Montilva Ramírez, de 65 y 64 años de edad respectivamente, encarcelados por echar unos tiros al aire en uno de los olvidados Pueblos del Sur para celebrar que se habían llevado a Maduro?

          Es inaudito contemplar el suicidio moral de una dirigencia que solo quiere recoger los harapos del poder que esta plaga roja va dejando de país. Lamentable Enrique Márquez dar el bochornoso espectáculo de salir a rasgarse las vestiduras por el “consolador” Zapatero.  ¡Hijo de tu madre! ¿Acaso no sabes nada de la mina de oro, ni de los manejos turbios y asquerosos del alcahuete español? Qué gran oportunidad de callarte desperdiciaste, aunque no deja de ser bueno saber de qué material estás hecho. Te faltó condenar el ataque a Irán.  El diablo los crea y ellos se juntan.

 

© Alfredo Cedeño


miércoles, octubre 14, 2020

CAE EL TELÓN


                Nada nos ha ocupado más a los seres humanos que el pensamiento. Esa unidad abstracta, en cuanto a la imposibilidad de palparse, ha sido génesis y sepultura de culturas enteras. Imperios y comunidades paupérrimas han brotado a la sombra del bosque etéreo que de allí ha surgido.  Él ha hecho la gloria y la ruina de civilizaciones y héroes, de villanos y déspotas, de genios y fantasmas. Este unigénito del pensar ha sido un procreador de fertilidad inverosímil, ha sido prolífico hasta el delirio, como nadie.  Sin embargo, entre sus virtudes no ha estado precisamente la equidad, más bien se ha terminado convirtiendo en un agente de dominación, para emplear algunas palabras de las que usó el muy barbudo Marx; o se justificó en cuanto ejercicio de poder a través de las prácticas religiosas, para usar lo manejado por otros sesudos pensantes.

                Diciéndolo en buen criollo, todo esto ha desencadenado un atajaperros, para no emplear aquello de un agarra asentaderas, en el cual la fuerza, bruta o madurada, siempre se ha impuesto. Son escasas, casi que aseguro ninguna, las ocasiones en que las ideas han servido para producir una transformación de un escenario humano. Son los conceptos de Aristóteles, maestro de Alejandro Magno, donde la lógica de la expansión lleva al macedonio a controlar el mundo conocido de aquellos días. Se trata también de la guía del impulso de Colón por extender las fronteras del naciente reino español, así como la codicia de reyes y banqueros, al lado de judíos perseguidos, galeotes en busca de la regeneración y tunantes de toda ralea que perseguían la riqueza, las que hicieron América.

                Los ejemplos jalonan la historia humana,  podrían llenarse varias ediciones del periódico, unas cuantas, y no se alcanzaría a mencionarlas todas. La contradicción y el control son congénitos en el acto pensante. Las ideas están supuestas a evitar nos despedacemos mutuamente, sin embargo lo hacemos en función de imponer nuestra manera de elaborar nuestros conceptos vitales.  La igualdad, la justicia, la moral, la integridad se miden según la capacidad de imponerse del que la pregona. La igualdad chavista es destruir modelos productivos, como fue el caso de pequeñas, medianas y grandes empresas, para “construir el hombre nuevo”; ha sido un lamentable concepto que ha amparado la destrucción de nuestro país. La justicia revolucionaria ha sido la que sin juicio, ni probatoria de tipo alguno, mantienen encarcelados a Otoniel Guevara –el nuestro, no el poeta salvadoreño–, Rolando Guevara, Juan Bautista Guevara, Luis Enrique Molina, Arubel Pérez, Erasmo Bolívar, y Héctor Rovain, entre muchísimos otros más. La moral madurista es la que hace a “intelectuales y creadores” hacerse de la vista gorda ante las sucesivas violaciones a los derechos más elementales de todo un país. La integridad roja rojita se mide en función de la capacidad de asumir como santa palabra cuanta imbecilidad atinen a pronunciar los funcionarios de turno que se mantienen plegados a la sombra del cogollito en ejercicio.

                Repito: todo se resume a la imposición de un modelo que se aplica a sangre y fuego. Las ideas son las grandes excusas para justificar delitos de todo orden y concierto. El amor a las preguntas, a la curiosidad, a la sorpresa, al escarbar lo que somos, ha degenerado  en una lucha feroz por el control sobre los otros. Bien lo ha dicho Humberto Maturana: “la mariposa no necesita ninguna teoría para vivir, la bacteria no necesita ninguna teoría para vivir, el elefante no necesita teoría para vivir y nosotros hacemos teorías que terminan por marcar nuestra vida y vamos a actuar en consecuencia.”  Son las benditas teorías que nos balcanizan en este momento, las que nos impiden formar un frente  común para salir de la peste roja. Las ideas son las que se revuelven autofágicas y nos laceran sin vacilaciones. Es la idea de la corrección, que una minoría altisonante ha impuesto con la fuerza de sus gritos destemplados en los escenarios de este siglo, la que ahora hace que todo luzca tan oscuro como el Medioevo. Hegel escribió en Fundamentos de la filosofía del Derecho, comenzando el siglo XIX: “Cuando la filosofía pinta gris en el gris ya una figura de la vida ha envejecido y con el gris en el gris no se deja rejuvenecer, sino sólo conocer; el búho de Minerva inicia su vuelo a la caída del crepúsculo”.  Tal vez llegó el final y no lo hemos sabido entender.

 © Alfredo Cedeño 

sábado, septiembre 03, 2016

CELESTINAS DE NUEVA DATA

 
A fines del siglo XIX el médico, fisiólogo y psicólogo austriaco Josef Breuer somete a tratamiento a Bertha Pappenheim.  Los procedimientos se llevaron a cabo por el científico austríaco se llevaron a cabo entre diciembre de 1880 y junio de 1882.  Él, en el marco de las terapias utilizadas para tratarla comenzó a utilizar el término catarsis, lo cual compartió con su paisano, alumno y protegido Sigmund Freud. 
Breuer y Freud, son considerados los padres del psicoanálisis, y a partir de esos años comenzaron a hablar de método catártico, el cual permitía desbloquear emociones y recuerdos reprimidos que tenían una secuela somática en los pacientes. Será en 1914, luego de casi veinte años de separación de su mentor, que Freud en su artículo Recordar, repetir, reelaborar habla por primera vez de catarsis breueriana. A partir de ahí la palabra entró en el argot de los estudiosos de la conducta y la mente, con su posterior divulgación masiva y consecuente adopción por el habla coloquial.
Breuer había tomado prestada la locución del griego, donde el bachiller Aristóteles la había empleado al hablar de la tragedia en su Poética. Es bueno decir a esta altura del juego que el estagirita utilizó en sus notas dicho termino así: “Una tragedia es la imitación de una acción elevada y también, por tener magnitud, completa en sí misma; enriquecida en el lenguaje, con adornos artísticos adecuados para las diversas partes de la obra, presentada en forma dramática, no como narración, sino con incidentes que excitan piedad y temor, mediante los cuales realizan la catarsis de tales emociones”.
Como suele ocurrir con todos los desaparecidos, las versiones en cuanto al sentido que el descendiente de Esculapio quiso darle a dicha palabra son infinitas. Hay estudios como el de Ángel Sánchez Palencia: «Catarsis» en la Poética de Aristóteles, publicado en Anales del Seminario de Historia de la FiIosofía (Madrid. l996), donde hay una sesuda disertación al respecto. Hago este recorrido por el valor achacado a dicha palabra porque han sido innumerables las versiones, y ello no es patrimonio de tiempos recientes. En el siglo XVIII el dramaturgo y crítico literario alemán Gotthold Lessing sostuvo que la catarsis convertía el exceso de emociones en virtuosas disposiciones.
Es justo precisar que el honorable mataburros de la Real Academia de la Lengua Española, haciendo gala de ecuménica, le otorga los siguientes significados:
“1. f. Entre los antiguos griegos, purificación ritual de personas o cosas afectadas de alguna impureza.
2. f. Efecto purificador y liberador que causa la tragedia en los espectadores suscitando la compasión, el horror y otras emociones.
3. f. Purificación, liberación o transformación interior suscitadas por una experiencia vital profunda.
4. f. Biol. Expulsión espontánea o provocada de sustancias nocivas al organismo”.
                A la larga terminó por prevalecer en el lenguaje diario una versión adosada a la de Breuer y Freud, por lo que hoy en día se le acepta de manera general como forma de desahogar ira, frustración e impotencia. Esta reflexión, que amenaza por convertirse en un verdadero batiburrillo, la hago al calor de las imágenes,  testimonios e  informaciones  que me llegan de la célebre marcha hecha en Caracas el pasado 1 de septiembre.  Mi papá, quien me solía endilgar un optimismo insumergible, en esta oportunidad, ante mi pesimismo desbordado, estoy seguro de que me hubiera preguntado. ¿Qué vaina es, Alfredo Rafael? Las elucubraciones en torno a los logros de la jornada cívica memorable de ese día son infinitos, pero hacen poca justicia a la demostración de hartazgo de toda Venezuela frente a los asnos que conducen el país. Desafortunadamente la recua llega mucho más allá de la empalizada roja y se extiende hasta nuestros predios.
                Hay un antiguo refrán griego que muchos se empeñan en achacar a Eurípides, pero que los estudiosos de su obra aseguran no es de su autoría pero que en esta oportunidad viene al caso de forma apropiada: “Aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco”.  La demencia colectiva que parece arropar a tirios y troyanos se comprueba con otro aserto que sí es del poeta griego: Frente a una muchedumbre, los mediocres son los más elocuentes.
                He señalado en repetidas oportunidades, y lo seguiré haciendo, que la alcahuetería de la cual hacen gala nuestros “dirigentes” es pública y manifiesta, de manera desembozada proclaman sus ambiciones por los cargos de la Rēs pūblica que los muy zánganos consideran una vaca a la que destazar para repartirse entre ellos, ni siquiera guardan las apariencias en la pelea por los despojos de la que una vez fue la taza de oro del continente. Y al hablar de ese envilecimiento notorio busco en la obra del toledano Fernando de Rojas, La Celestina, que ya en 1499 desnudaba en la vieja alcahueta la miseria de quienes andan tras bastidores buscando pervertir cuanto les rodea. En un diálogo que ella sostiene con Calisto, Pármeno y Sempronio les dice: “Ganemos todos, partamos todos, holguemos todos. Yo le traeré manso y benigno a picar el pan en el puño. Y seremos dos a dos y, como dicen, tres al mohíno”.  En esa andan muchos que andan dándose carajazos en el pecho mientras vociferan su compromiso con el pueblo, pero luego van a reuniones y conversaciones con los más genuinos fantoches y bufones de esta troupe perversa que no cesa de humillar al país entero.

© Alfredo Cedeño


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