Eran diecisiete angelitos hechas muñecas
colocadas de alas contra un paredón
donde esperaron ver acribilladas sus alas
sin poder alcanzar siquiera a ver a Jesús,
fueron casi docena y media de plegarias rotas
abarrotadas de penitencias enhebradas
por el borde del corto deshilachar de culpas
que les angostó un vuelo siempre postergado.
© Alfredo Cedeño
