Para Ylleny Rodríguez,
quien con su palabra me iluminó
Las campanas se vistieron de penitentes
sin poder repicar en sus suaves paredes
y el verde yugo se hizo asa para sus hombros.
Sin necesitar badajos ellas fueron tañido
en retumbar de tercio, medio, pie y labio
para entregarse piadosas sin oraciones.
Campánulas de rebatos y redobles
con la fe inmensa que da un grano de arena
mientras en el alma se me hace una plegaria.
© Alfredo Cedeño