Llegó con un aguacero de besos arruinados
y una cortísima hilera de alegrías sin brillos
que fragmentaron una neurosis con destinos
donde fracasos, traiciones y enemigos vanos
comisquearon en el alma de ángeles pávidos.
Se marchó con dulces recuerdos glamorosos
con trazos diagonales de puentes vegetales
y salpicaduras largas de breves misericordias
de las bocas que arrojan besos y cortan dardos
sin las breves insolencias de la lluvia al follar.
© Alfredo Cedeño
