La lluvia es un chorrear de melancolías que he lamido en
Londres,
New York, Roma, Florencia, Washington, Madrid, Paris y
Caracas.
La esquivé en Toledo con floritura acerada y la tasajeé en
Lisboa,
Liverpool, Tampa, Ancona, Atenas, Maracaibo, Sicilia y Panamá.
La gocé mientras andaba y jugaba al duende mientras regalé
juguetes
por las aceras de Manhattan y un caramelo en el Viejo San
Juan.
La sentí rodando por mi Venezuela con el corazón hecho
pedazos
y en las manos de mil besos perdidos por las plazas de
Venecia.
Ahora la veo sobre una hoja que me regala la luna llena de
paz
y pongo mis manos entre estas líneas mientras vuelvo a
volar…
© Alfredo Cedeño