domingo, marzo 23, 2025

MISOGINIA EN ACCIÓN




          1975 fue una montaña rusa de emociones y experiencias. En febrero murió la vieja Elvira, mi abuela, mi consentidora sin condiciones, la que montaba en cólera si mi madre se atrevía frente a ella a castigarme. Sus atenciones y mimos todavía me hacen falta. Hay amores con los que mueres, aunque no lo creas.

          Empezando abril escapé por los pelos de ser detenido por una comisión de la entonces recién estrenada Dirección de Inteligencia Militar, aunque muchos seguían llamándole SIFA. Ellos habían capturado al poeta Jorge Chirinos Mondolfi, a la sazón director del Ateneo de El Tigre en aquellos días, lo encerraron en un calabozo de la policía local y salieron a buscarme. Yo estaba con los integrantes del grupo teatral Ultimátum, que habíamos creado Jorge y yo, ensayando nuestro próximo montaje. Allá llegaron a avisarme, y me fui a la comandancia policial. El oficial a cargo me dijo que no lo podía ver porque solo los miembros de la comisión de inteligencia militar estaban en capacidad de permitirlo. “Si quieres espera ahí” 

          Salí y me senté en un borde del edificio. A los pocos minutos pasaron unos muchachos que se nos habían estado acercando de manera persistente, “vamos a ver qué podemos hacer juntos”. Jorge siempre les respondía: “Si Claro, en cualquier momento”

Él después me explicaba que ellos eran de los Comités de Luchas Populares. “Esa es la gente de Bandera Roja, y yo no tengo ganas de meterme en más vainas. Además, que ellos son como los mormones, se toman todo demasiado en serio…”

Esta vez, ellos iban en un viejo Volskwagen, al verme frenaron en seco, retrocedieron y me llamaron. Al acercarme me agarraron por el cuello, me metieron al carro por la ventana y arrancaron.  Lo primero que escuché fue: “¿Tú estás loco carajito? ¿Qué haces ahí? Están allanando medio Tigre buscándote y tú te vienes a la boca del lobo. O tienes las bolas cuadradas o eres un soberano pendejo.” Por supuesto, lo segundo.

          Empezaron a explicarme lo que pasaba, y por qué el DIM había detenido al poeta y me estaba buscando. Resulta que a ciertos “godos” del pueblo, encabezados por José González, boticario del poblado, y presidente de la directiva del ente cultural, le disgustaba cómo nos habíamos dedicado a manejar las actividades de este centro. Por ello movió ciertas teclas, y ya que Jorge no quería renunciar al cargo, en el que apenas llevaba 3 meses, pues que nos sacaran presos.  

          Uno de esos muchachos trabajaba en la recepción de un hotel de El Luchador, fuimos allá y me escondieron en el cuarto de la ropa sucia: “No salgas por nada, métete debajo de aquel cerro de sabanas sucias, y sales solo si yo te llamo. Si oyes abrir ni respires.” Y cerraron la puerta.

Me fui al montón de lienzos, sabrá Dios impregnados de qué fluidos. Busqué algunos que no hedieran mucho, me cubrí y me dediqué a esperar. A las tres horas abrieron la puerta y pude ver un haz de luz recorriendo toda la habitación. “Aquí no hay nada, ese carajo sabrá Dios dónde se habrá metido, pero deja que lo encuentre.” Y cerraron. Horas más tarde escuché abrir y mi amigo: “Alfredo, apúrate.” Y nuevamente me trasladaron.

En tres días esta gente me había ayudado y estaba en Caracas, y gracias a Luis Britto García y Salvador Garmendia, en contacto con José Ramón Medina, entonces Fiscal General de la República, quien de inmediato se comunicó con la fiscalía del estado Anzoátegui, ordenó fueran corregidos todos los vicios legales del caso.

          Meses más tarde estaba en La Vega, Caracas, tentado por la posibilidad de incorporarme al trabajo de alfabetización que realizaba allá un grupo de amigos. La mayoría vinculado con la Compañía de Jesús. Fui acogido por Rafael e Ivonne un matrimonio muy joven que vivía por la parte trasera del autocine. Las labores educativas, en realidad más de activismo político, fueron mutando a una velocidad de vértigo. Y un día un grupo de damnificados de esa parroquia se declaró en huelga de hambre, exigían que el Estado le diera un trato digno a su condición. Con ellos estaban dos jesuitas: José Ignacio Angós y Cornelio Quast, lo cual le dio cariz noticioso a la humilde protesta.

          Angós había sido plomero en las construcciones del Parque Central en Caracas, así como en Sidor, Ciudad Guayana. Era gobernador capitalino Diego Arria, quien se había ocupado de evitar todo aquello que pudiera empañar la imagen del primer gobierno de Carlos Andrés Pérez. Con gran torpeza política ordenó a la Policía Metropolitana allanar el local donde Angós, Quast y creo recordar también a Santiago Arconada, yacían junto a un grupo de damnificados. Al cura lo trasladaron al Hospital Vargas donde le mantuvieron incomunicado varios días.

          Si la memoria no me falla dos semanas después del desenlace de todo esto se hizo una reunión evaluativa de lo ocurrido. Allí estaba Cornelio y Chabela Torres, quien luego sería su esposa; también Julio, un español de Ruptura, cara legal del grupo de Douglas Bravo, que leía a toda hora, incluso mientras comía, y quien dio la sensación de tratar de pescar en río revuelto, pero que la gente de los CLP junto a Santiago Arconada terminó orillándolos. Deben haber estado, aunque no logró afinar mis recuerdos, algunas de las monjas de la congregación Santo Ángel de la Guarda, tal vez Tania Díaz o Isabelita Sánchez.

          Otro que recuerdo en esa reunión es a “Pataruco”, de quien nadie sabía su nombre real. Sería en el año 2004 cuando me enteraría que se llamaba Rafael Venegas, y llegaría a ser secretario general de Bandera Roja. Algunos de nosotros, conmigo a la cabeza, por supuesto, hacíamos befa de la seriedad con la que él abordaba todas las discusiones. No había concesiones, todo lo explicaba con aire clerical; lo cual contrastaba con la actitud muy maracucha del entonces aspirante a jesuita Cornelio Quast, cuyas intervenciones rebosaban de humor, no exentas de profundidad.  

          En esa ocasión me encargaron que llevara el acta de la tertulia. En varias hojas fui tomando minuciosamente nota de cada una de las intervenciones. A eso de las dos de la tarde se dio por concluida y todos salieron por su cuenta. Yo tenía previsto ir a la casa de mis padres en Caraballeda para pasar en limpio en mi vieja máquina Underwood todo lo apuntado.

Al salir de la casa de Rafael vi bajar por una escalera a un hombre revólver en mano que traía a otros dos por delante: “Mira tú, dame tu cédula.” Fue cuando detallé que, al lado de la corbata grasienta y la camisa desteñida, portaba una credencial de la PTJ. Todavía no sé cómo pude controlar mis esfínteres. Me recuperé, caminamos hasta una vieja patrulla de ese cuerpo policial, uno de esos mastodónticos Fairlane 500, y nos apretujaron junto a otros detenidos en la parte trasera.

          Mi angustia era que cargaba todas las notas de la reunión que se acababa de celebrar. Y en medio de aquella barahúnda de cuerpos comencé a comerme los papeles. El vehículo llegó hasta un autobús de la policía judicial, donde nos empezaron a trasladar. En el último momento, agarré las hojas sobrantes, unas cuantas todavía, y las embutí entre los cojines traseros de los asientos.

          En ese tiempo un gran amigo, Alberto Berroterán, siempre de muy bajo perfil, y miembro de un grupo que en 1976 se convirtió en la Liga Socialista, venía haciendo conmigo una discreta labor de reclutamiento. Creo que terminó por entender que no soy de amos ni ideologías y me dejó a mi aire. 

Lo menciono porque ese día se dirigía a visitarme; lo vi por la ventana, lo grité y le pasé un papel con un número telefónico que todavía recuerdo: 424001. “Llama ahí, pregunta por el cura Martínez Terrero y dile que me detuvieron y vamos a la comisaría de El Cementerio.”  Se fue como una saeta, y cuando finalmente arrancó el colectivo iba como si de una lata de sardinas se tratara.

          Uno de los momentos más emocionantes y tranquilizadores de mi vida fue al llegar a la sede policial. En la puerta estaba el Volskwagen del cura Chepe Martínez Terrero…  Al distinguirme, no sé cómo, en la ventanilla, se bajó y fue a hablar con el detective de la puerta. Atiné a escuchar: “Padre, ya se lo dije, no puedo hacer nada, porque ya está aquí y tengo que realizar el chequeo de antecedentes, pero le prometo que serán los primeros datos que haré comprobar.” Mi paz se mantuvo imperturbable. Fueron varias horas y casi a medianoche oí mi nombre, salí a la puerta del corralón donde nos tenían, me entregaron mi cédula, me dieron un cogotazo y me dijeron: “¡Deja de meterte en vaina zángano!”

          Recuerdo el abrazo que le di a Chepe. Nos montamos en su carrito y me preguntó a donde quería ir. “Será a La Vega, pero a la comunidad, porque Rafael e Ivonne deben estar rendidos.”  Y a la casa de los curas, en la parte alta del barrio fuimos a tener. 

          Todos estos recuerdos se me alborotan cuando leo de los ataques reiterados del hijo ilustre de Monagas, ese que le encanta apropiarse de los periódicos y hasta de las cantinas en su época de cadete, contra esa muchacha de acero que se llama Sairam Rivas, y militante de Bandera Roja. Leo las publicaciones de ella y me parece oír de nuevo a “Pataruco”, esa verticalidad que roza la ingenuidad, que proclama una pureza que pensaba ya extinta.

El hombre fuerte, al que acusan de esfínteres débiles cuando de situaciones críticas se tratan, usa su show arrabalero, ese que llaman Con el Mazo Dando, para amenazarla con la Operación Tun Tun.

          La falta de hidalguía, la absoluta ausencia de caballerosidad, la inexistencia de pundonor, son cosas que todavía no logro entender. ¿Cuándo se abandonó el respeto a la dignidad del adversario? En qué momento nuestro país pasó a ser una réplica de aquella república que Boves y sus bandoleros soñaron, siempre será un incógnita a despejar…

 

© Alfredo Cedeño 


domingo, marzo 16, 2025

CASTA SECTA





          He sido, y soy, un crítico feroz de los políticos, en particular de los venezolanos. Creo que seguiré siéndolo, sus actuaciones no dejan otra opción. Son una secta que se ha convertido en una casta al amparo del trabajo de la nación. El tiempo, ese implacable juez que termina condenando a todos, suele poner a cada uno en el lugar que le toca.

          Una particularidad que caracteriza a esa fauna es su cara imperturbable ante cualquiera sea la situación. Son expertos jugadores de póker que mantienen un gesto adusto e inmutable.  Sea cual sea la barbaridad que digan o cometan, lo podemos ver en breve afirmando justo lo contrario. Cuando los sorprenden en el embuste, contradicción le llaman los catedráticos, la primera salida es acusar a los periodistas de haber manipulado lo que trató de manifestar. Al demostrarse que no es así aseguran con gesto de vestal ofendida: “Las condiciones han cambiado, y solo un estúpido no modifica su pensamiento”.

Y así se nos ha ido la vida. Los podemos ver llevando una existencia feliz. Comen, viajan, gastan, compran, joden, todo a costilla del quehacer político. Ninguno, léase bien; NINGUNO, vive de otra cosa que no sea de los negocios a expensas del erario. Ellos pasean felices y al paisano de a pie solo le queda estirar una mano mendigando.

Podrían llenarse miles de hojas con las jugarretas de esta gente que, invariablemente se ha dedicado a atiborrar sus faltriqueras, y la de toda la corte de lambiscones de los que suelen rodearse.   

Y siempre, siempre, siempre, entonando el mantra de su sacrificio por el bien de la nación.  No olvidemos que junto a ello exigen un absoluto vasallaje de la ciudadanía a cada uno de sus desbarres. Cuando alguien los emplaza suelen ofenderse. Ante cualquier desastre achacan al electorado de su mala elección.

Mientras tanto ellos siguen en su cuchipanda desenfrenada, son de apetito pantagruélico. No son extraños los casos como los de Juan Carlos Caldera, quien siendo diputado de Primero Justicia y representante de esa tolda ante el CNE, apareció en un video recibiendo fajos de billetes. Luego de su respectiva cuarentena, y silencio de rigor, por ahí sigue buscando una teta que ordeñar.

Debe decirse que él no es un extraterrestre, para nada, él es la manifestación por excelencia de nuestra secta política. En las elecciones legislativas del 1998, cuando todavía existían dos cámaras en el Congreso de la República, los principales partidos obtuvieron 33 senadores de 54 que constituían la del Senado. El partido de Chávez 8. En Diputados, lograron 114 de 207 y Chávez 35.  Pese a ello, e invocando el espíritu “político” A las fuerzas de la barbarie se le otorgó la presidencia del Senado, y al señor Capriles Radonski la de Diputado.

          En diferentes conversaciones privadas era común escuchar, palabras más o frases menos, algo así: “Eso no es nada, la institucionalidad no podrá ser atropellada por ese patán. Además, ¿quién sabe a la hora de las chiquitas cómo se maneja el aparato estatal? Está en nuestras manos, le guste o no.”

          Y así vimos el miércoles 16 de diciembre de 1998 a Raúl Pinto Peña, Enrique Ochoa Antich y Viviana Castro, integrantes de la Junta Directiva de la Fundación para los Derechos Humanos, introducir ante la otrora Corte Suprema de Justicia un escrito en el que asentaban: “...ha sido propósito nacional, recurrentemente propuesto producir una profunda reforma de nuestra Constitución.”  

Fue como dieron piso legal a la bendita Asamblea Constituyente del nunca bien denostado comandante intergaláctico.  En un gesto de clara alcahuetería Cecilia Sosa Gómez el martes 19 de enero de 1999 firmó la sentencia que daba luz verde a la Asamblea Constituyente chavista.

          Al poco tiempo surgieron voces como las de Jorge Olavarría, que el lunes 5 de julio de 1999, en su discurso como orador de orden en el aniquilado Congreso Nacional, al conmemorarse los 188 años de la Independencia de Venezuela, afirmó: “Estas no son las amenazas de un reformador que se niega tercamente a ser reformado. Son los anuncios de un destructor”.

Y la casta de nuevo reaccionó. La ya citada Sosa, por aquellos tiempos todavía presidenta del máximo tribunal venezolano, abandonó tempestuosamente, en medio del discurso del orador de orden, el hemiciclo mientras manifestaba su indignación ante el irrespeto a un acto solemne…

Otro que se rasgó las vestiduras fue Henrique Capriles, quien al finalizar el acto rechazó el discurso y se opuso a la solicitud de Olavarría en su propuesta de enjuiciar al jefe del Estado.  Además de ello lamentó mucho que se hubiera utilizado la tribuna del Congreso de la República para un discurso que no era cónsono con la fecha que se celebraba y “pidió disculpas a la población venezolana”.

Son, como decía mi padre, el mismo negro con diferente cachimbo; son todos esos ahora proclaman que es deber patriótico acudir a unas elecciones regionales. No sé qué es más indignante si la acción en sí, o el tono de esta parranda de mequetrefes que andan haciendo encendidos llamados. Todos aseguran que la vía es participar en la payasada del próximo 25 de mayo. 

No es votar, es botar del poder y sus circuitos sucedáneos a la casta completa, chavista y opositora, que solo está velando por sus bolsillos.  Y no es con unas elecciones preñadas de fraudes que lo podremos hacer.

 

© Alfredo Cedeño  

viernes, diciembre 02, 2022

¿QUÉ FUE, ESTA NIÑA?

 

En esa Caracas que nací y crecí si algo tenía sabroso era el tono cantarino y casi gutural de sus mujeres, el admirado, pero no por eso menos mal hablado, de Francisco Herrera Luque, que en paz descanse, decía con gesto pícaro y carcajada postrera que las caraqueñas hablaban como si lo tuvieran adentro. Mi abuela, la vieja Elvira, no era la excepción. Ella, con ese tono al que hice referencia, tenía una frase con la que ponía en su sitio o zanjaba las discusiones con alguna de las “muchachas” de la familia, o gente amiga, soltaba: ¿Qué fue, esta niña?  Y en esas cuatro palabras se encerraba todo un mundo de significados que iban desde el desconcierto hasta el desdén.

Esa expresión es la que me viene a la mente cuando veo el zafarrancho de la heredera del comandante intergaláctico con Raimundo y Segismundo. Comenzó con el ser ese que dice gobernar en Carabobo, a raíz de su última mamarrachada en la que en un “comic” aparece junto al padre de la ya citada hija del piache de Sabaneta, y el bigote salsero.

Ella escribió en su cuenta en la plataforma del pajarraco azul: Simple: “La mejor manera de honrar al comandante Chávez, es siguiendo su ejemplo de vida, de humildad y entrega. NUNCA haciendo un grotesco video de unos tontos superhéroes. Es una falta de respeto a la memoria de mi padre!! CHAVEZ VIVE EN EL ALMA DE SU PUEBLO!!” No había pasado mucho rato cuando el prófugo Rafael Ramírez, aquel de voz ceceante y atiplada que  en octubre del 2006 se inmortalizó al decir en uno de sus vacuos y somnolientos discursos que PDVSA era “doja, dojita de adiba abajo”, saltó cual poseso a desmelenarse y anunciar en la misma plataforma social: “Cuenta con todo mi apoyo @Maby80 en la defensa de la memoria y obra del Comandante Chávez, a nosotros nos han perseguido y exiliado por hacerlo, pero él vive en su ejemplo y obra revolucionaria siempre al lado del pueblo. No pueden convertir su imagen en una grotesca mercancía.”

No había pasado mucho cuando la hija del gañán ripostó: “No quiero ni necesito el apoyo de un delincuente como usted. De mi opinión como hija no se guinde para sus proyectos personales. Defender la memoria de Chávez, USTED? Jajaja por favor!!!” Gracias a los acuciosos, o entrépitos, como solían decir los viejos en mi casa, se ha salvado las palabras del ilustre señor Damidez, porque ahora cuando usted busca en las redes el mencionado trino solo se encuentra: “Lo sentimos, ese tweet ha sido eliminado.”

Han surgido sesudos análisis de los que ven en esta pelea de lavanderas, y pido perdón a estas esforzadas –y muchísimo más honradas– trabajadoras, el fin de la unidad chavista. Aseguran los mas pontificales que este resquebrajamiento “bien puede costarles el poder”, y siguen a la deriva en unos razonamientos que permiten entender por qué la peste roja se mantiene con las pezuñas más que afincadas, diría atornilladas, en el ejercicio del gobierno. Buenas intenciones y pésimos resultados.

A la final, todo esto ha quedado en una versión de mal gusto, como todo lo de ellos, de aquella canción de la Sonora Matancera en la que Songo le dio a Borondongo, y este a Bernabé, quien luego le dio a Muchilanga, quien la remato dándole a Burundanga porque se le hinchan los pies.

 

© Alfredo Cedeño  



viernes, noviembre 25, 2022

ABERRACIONES A LA CARTA


El Diccionario de la lengua española, hijo predilecto de la Real Academia Española, es bien preciso al definir lo que es una distopía, y se los copio a continuación: distopía: “Representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana.”  ¿Se le ocurre a usted alguna palabra que represente mejor en lo que se ha convertido nuestro país? Tal vez sea hora de proponerle a la RAE que agregue un colofón a tal definición. Bien podría ser algo así como: “Se pueden ver ejemplos de dicha situación en Venezuela, así como en Cuba, lugar de origen de tales situaciones.”

La red de supercherías y tracalerías de todo orden y concierto a la que nos ha acostumbrado las élites criollas es digna de cualquier mente enfebrecida generando una novela negra surrealista. Es así como vemos la inauguración de tiendas fastuosas, concesionarios de autos de altísima gama –sólo falta que la muy flemática y británica Rolls Royce anuncie que volverá a abrir su tienda en Chacaíto–, fiestas de un tronío que ya hubiera querido un maharajá de la India. Pero de todas ellas la que se ha lucido de manera impecable es la que aglutina a la dirigencia política venezolana.

Llevamos años oyendo la cantaleta del diálogo con una persistencia digna de mejores causas. Han sobrado los defensores, por no decir alcahuetas, a los que creo sería más apropiado tildar de cabrones, de tales diligencias. En público y en privado he visto desmelenarse a más de uno clamando por la necesidad de negociar, una de las frases más manidas ha sido algo así como: O nos sentamos o nos matamos.

Mientras tanto la gavilla gobernante, que se sabe dueña de la ubre petrolera, sigue asesinando a todo aquel que se convierte en una amenaza seria a su reinado. Saben que con su bestialidad crean temor en la ciudadanía, amén de advertir así a cualquier díscolo que pretenda exigir unas reglas de juego distintas a las que ellos nos imponen. En cuanto a los organismos internacionales saben muy bien, Cuba, su experimentada tutora, le ha enseñado que son grupos de inútiles que hablan demasiado y hacen muy poco, así que cortar cabezas o matar a uno que otro alborotador no va a pasar más que de una eventual reconvención sin consecuencias. De supuestas intervenciones militares nada que hablar, ya el gallinero mundial está pre-alborotado   ante cualquier intento de la bestia imperialista.

Por todo esto es que no resulta nada extraño que Jorge “sonrisita” Rodríguez haya anunciado que a la mesa de dialogo gobierno oposición se incorporará en su lugar la muy sabrosa Camila Fabri, esposa de Alex Saab. ¿Qué vaina es esa? ¿Una extranjera, mujer de un extranjero, como cabeza de la misión del gobierno venezolano en las negociaciones sobre Venezuela? Y para corolario anuncia el Maquiavelo criollo que eso será mientras el barranquillero se incorpora a la mesa de negociación. Lo cual nos hace inferir que es cuestión de días que el ilustre embajador sea liberado para irse a México a representar al gobierno venezolano.

Me imagino que Saab habrá incluido entre sus exigencias que sea alojado, a costas del presupuesto venezolano, como tiene que ser, en el Moon Palace Cancún, al lado de playa Delfines. Es lo menos, ¿no creen ustedes?, que merece este mártir de la revolución que tan vilmente ha sido atropellado por los nefastos poderes que se oponen al triunfo de la revolución bolivariana.

Lo más pervertido de toda esta maroma es que la llamada delegación opositora soporta con gesto amable, y mansedumbre absoluta, semejante despropósito. Ya lo he dicho en otras ocasiones, pero no puedo dejar de repetirlo: ¿En manos de quién estamos?

 © Alfredo Cedeño  



viernes, noviembre 18, 2022

ALEGRÍA DE TÍSICOS

De no ser tan inmensa la tragedia que vive Venezuela, sería para reír hasta despatarrarse las declaraciones que todavía dan algunos “opositores” a la visita que hizo semanas atrás al super bigotes el presidente colombiano Gustavo Petro. El alboroto, que raya en el alborozo, es digno de un retiro de las Hijas de María donde apareciera la virgen de Lourdes. Las interpretaciones son variopintas y una más sesuda que la otra, hay una competencia feroz por ver quien realiza el análisis más profundo de la importancia de la visita del pisapasito paisano de Maduro. Hay hasta alguno que vaticina que este si es el comienzo del fin de la tiranía. ¿Se dan cuenta que casi dan risa?

Para que no se diga que son especulaciones mías, quiero tomar algunas citas, solo dos de ellas, de lo dicho por el economista, y otrora hombre fuerte de la guerrilla que desangró por largos años a su país mientras traficaba con cocaína por el mundo entero, y así poder valorarlas sin alharacas de legitimación que, a la larga, solo fortalecen al marido de Cilia.

“Queremos invitar a Chile, Bolivia, Ecuador y Perú a que acepten el reintegro de Venezuela a la Comunidad Andina”. La ovación a la frase del jerarca con aires de sacristán camandulero fue larga y sonora. Los más brillantes empezaron a gritar: Ajá, a ver qué hacen ahora Maduro y Diosdado con las riendas bien cortas.  Sin embargo, el vitoreo fue mayor cuando soltó aquello de: “Hemos solicitado el que Venezuela pueda reintegrarse al sistema interamericano de Derechos Humanos”. Y aquí la aclamación al hijo de Ciénaga de Oro fue digna de la recibida por Julio César al derrotar a Pompeyo en la batalla de Farsalia.

¿Es ignorancia o mala fe? No puede dejar de causarme estupor la euforia con que reciben los líderes egregios las frases sibilinas de este señor; la miopía es manifiesta. Parecieran no poder ver el osario preñado de carámbanos en que está convertido nuestro país, menos entender que el reclamo de don Gustavo tiene que ver con la nueva composición del escenario latinoamericano que, desde México hasta Argentina, es ahora aforado por gobiernos rojitos; salvo las honrosas excepciones de Ecuador, Paraguay, Uruguay, Panamá, Costa Rica, El Salvador y Guatemala. ¿Acaso creen que ese coro de zarrapastrosos que gobiernan el resto de las naciones va a condenar alguno de los abusos de Nicolás?

Bien me decía mi padre, con gesto áspero y voz severa: hágame el favor, hijo, métase en la cabeza una cosa, con pendejos no vaya ni a recoger mangos, porque esos van derechitos a recoger los que están piches.

 

© Alfredo Cedeño 

viernes, noviembre 11, 2022

ENTRE MITÓGRAFOS E “INFLUENCERS”

 

Pocas disciplinas se han extendido más en nuestros tiempos que la mitografía, pero aplicada a nuestros tiempos. Algunos le llaman leyendas urbanas, otros fake news, y así va la cantinela rodando. Debe decirse que en la actualidad quienes ejercen dicho oficio suelen poseer una ignorancia dogmática. Usted le puede poner al frente todos los elementos probatorios que desmienten sus afirmaciones y es en vano; ellos, con gesto altivo, llenos de una dignidad patriarcal y sobrancera, que ni los reyes católicos al recibir a Colón, se limitan a mirarle por encima de los espejuelos, cuando los usan, o encogerse de hombros, para continuar machacándonos con sus sartas de impertinencias.

Podemos encontrar “humoristas”, ¡Zapata ha de estarse revolcando con suma intranquilidad!, que se limitan a soltar palabras altisonantes de todo calibre, cuando no a mentarles la madre al primero que les provoca. Siempre tengo presente a Jaime Ballestas quien me recordaba frecuentemente que nunca le escuchó decir una grosería al ya mencionado Pedro León.    Gestos chabacanos, supuestas poses ingeniosas, salidas “graciosas”, no muestran otra cosa que pereza y escasez mental. Los aplausos sobran, las gracias son morisquetas que provocan la risa fácil, las nulidades engreídas se entronizan sobre una ovación arenosa de las que poco quedará cuando soplen nuevos vientos.

Otros especímenes de la misma fauna son los llamados “influencers”. ¡Hasta para eso son vagos!  Se han apropiado del término sajón, en búsqueda de cierto barniz que haga menos evidente su mediocridad. ¿Influyentes en qué? Quizás en carencias y miopía culturales. Cada vez semejan más una coreografía de pasos marcados por lo que el espectáculo pide y ordena. Se les ve absolutamente incapaces de hacer brillar un ingenio del que andan más que huérfanos. Si son mujeres las veremos despotricando peor que un chofer de camión divirtiéndose en algún bar de mala muerte en la carretera Lara-Zulia; lo más irónico es que sobran damas que encuentran divertida tales “actuaciones”. ¡Ay, Juana Sujo! En cuanto a los “caballeros”, invariablemente los vemos representar a mujeres, que causan una hilaridad alcahueta e inexplicable en las que realmente son, mientras se ponen trapos en la cabeza para simular cabellera.

Hasta hace poco tiempo, relativamente, los “progresistas” impusieron un culto a la pobreza que era omnímodo. Se nos fue moldeando, principalmente por medio de las manifestaciones creativas de cualquiera fuera su área, convirtiendo en pintoresca la miseria de los desheredados.  Los tiempos por excelencia de esa situación fue el llamado realismo socialista. Ser pobre era el summum de la vida, vimos a encumbrados voceros del “hombre nuevo” proclamar por la instauración del reino del proletariado, mientras ellos mostraban, con no poco orgullo, Rolex en sus muñecas. Y podría poner incontables ejemplos de similar tenor.

En estos días la situación se repite, solo que ahora es una nube de charlatanes, de cualquiera sea su identidad sexual, que nos van coaccionando con sus rebuznos y eructos a través de las benditas redes sociales. 

 © Alfredo Cedeño  

viernes, noviembre 04, 2022

¿SEGUIR CREYENDO?

Mi niñez es un aluvión de recuerdos sin orden ni concierto donde mis padres y mi abuela Elvira son todo. La vieja Elvira fue mi primera guarimba contra el rigor materno, siempre me amparaba contra cualquier acto disciplinario que Mercedes quería imponerme. Nunca pude haber tenido una consentidora más alcahueta que ella. Su olor era de recién bañada, no importaba la hora que fuera ella olía a limpio y a jabón Camay o Palmolive; con un genio de mil diablos que tenía fama entre la familia, pero que hacía un dulce de lechosa como nunca más he podido comer. Además de cuidarme y malcriarme me enseñó a leer, escribir y rezar.

Cierro los ojos y me veo en un velocípedo dando vueltas alrededor de ella, sentada en un mecedora de paletas en el centro de la sala, con una tabla, en la que estaban pintadas las letras y los números, y una larga vara de madera en su regazo. Ella me llamaba: Alfredo ven y dime que letra es esta. Y yo, que no iba en un triciclo sino en un dragón, continuaba girando a su alrededor hasta que ella me llamaba por tercera vez mientras alzaba la vara, de inmediato iba donde ella y su dedo algo encorvado me señalaba unas letras, se las decía y volvía a mis delirios aventureros.  En las noches, antes de dormirnos, confieso que dormí con ella hasta los cinco años, me hacía repetir una larga retahíla de oraciones y me enseñó a persignarme correctamente. Con ella fui por primera vez a misa en la iglesia San Pedro Apóstol en La Guaira, y aprendí a profesar una fe que aún conservo.

Al cumplir los nueve años llegué a vivir en Caraballeda, donde la, varias veces centenaria, iglesia de la Candelaria acogió mis manifestaciones creyentes.

Fue así como aprendí a creer en la comunión de los santos y en la santa iglesia católica, a pesar de los pesares. No es grato encontrarme ahora, en la recta final de la vida, poniendo en duda que valga la pena creer en la santa iglesia católica. A fin de cuentas, ¿qué es ella hoy en día?

Con no escasa desazón leo las noticias que llegan de Nigeria, casi de manera clandestina, donde los radicales islámicos están llevando a cabo un auténtico genocidio contra la población cristiana de ese país.

Esta nación africana el año pasado presenció el asesinato de 4.650 cristianos, cifra en crecimiento frente a los 3.530 del año 2020, tal como muestra el informe anual de la ONG Puertas Abiertas. Esa organización también revela que en dicho país en el 2021 hubo más de 2.500 cristianos secuestrados; superando ampliamente los 990 del año anterior. La mencionada organización reveló que Nigeria es el séptimo país del mundo donde los cristianos afrontan una persecución más dura por razón de su fe. Le superan: Afganistán, Corea del Norte, Somalia, Libia, Yemen y Eritrea.

          Las masacres de cristianos son pan de cada día en esos territorios. La semana pasada en la aldea de Gbeji, condado de Ukum, estado de Benue, al sur del país, fue el último escenario de uno de tales eventos. Allí una horda de milicianos fulani, una etnia de mayoría musulmana, asesinó a 70 cristianos.  ¿Y qué hacen las autoridades católicas? ¿Ha leído usted algún pronunciamiento del Pontífice progresista? El argentino ilustre, en junio pasado, envió un telegrama de condolencias a los familiares de las víctimas de un evento similar, cuando unos hombres armados entraron disparando a la iglesia San Francisco Javier de Owo, estado de Ondo, a la feligresía que celebraba Pentecostés. Tal vez el pronunciamiento papal se debió al impacto que tuvo en los noticieros mundiales esa información, porque en esta ocasión no ha dicho ni esta boca es mía.

¿Es esa la iglesia en la que crecí creyendo? No, por supuesto que no. Al menos uno esperaría la misma diligencia con la que el cura Francisco ha orado por los musulmanes en Irak, o cualquier otra de sus tantas plegarias que tanto gusta elevar por la justicia, no este silencio oprobioso, por decir lo menos. De las agencias de noticias, no era de extrañar su silencio, a ellas solo les interesa vender todo aquello que sea políticamente correcto. ¿En qué creer?


© Alfredo Cedeño  



viernes, octubre 28, 2022

TRÁFICO DE SUEÑOS

Todo aquel que juega con la dignidad del ser humano es execrable, por decir lo menos de semejantes basuras. Nada más preciado que la libertad, el libre albedrío, la posibilidad de escoger lo que se quiere sin daño o perjuicio a los que nos rodean. Sin embargo, cada vez son más reducidos las ocasiones en que realmente se puede ejercer la libertad; son infinitas las riendas que nos han ido imponiendo de manera paulatina e imperceptible. Largos años llevan varios investigadores demostrando como, por ejemplo, desde la industria publicitaria se juega a manipular e inducir nuestras decisiones bajo el manto de mensajes engañosos. Esa industria contemporánea en que se han convertido las organizaciones políticas es otra manifestación de ello. La peor de las sinergias que se haya podido producir fue la de esas dos disciplinas.  De eso poco se habla a profundidad y, por supuesto, nunca se toman decisiones para subsanar dicha situación.

En días recientes todos los espacios comunicacionales se han llenado con la denuncia del tráfico humano que ha surgido alrededor del éxodo masivo de los venezolanos. Esa hemorragia, por lo visto indetenible, ha venido mutando de año en año, casi que de semana a semana. Han surgido toda clase de vivianes para aprovecharse de esa dramática situación.  Hay los que han sacado beneficios monetarios de ello y otros que han tratado de obtener réditos políticos dándose ostentosos golpes de pecho al denunciar los horrores que ello implica. 

El tráfico humano de nuestros días no es una industria ajena al mundo revolucionario. Uno de los países más consumados en practicar de forma eficaz esa práctica es Cuba. Ahora se trata de teñir de gloria la llamada Operación Carlota cuando en octubre de 1975 se transportó a un grupo de instructores cubanos, que se dedicarían a formar batallones de combate de las Fuerzas Armadas Populares de Liberación de Angola. Se estima que alrededor de unos 450.000 antillanos, entre médicos, maestros, ingenieros y soldados, fueron enviados a ese país africano en los 16 años que duró el operativo mencionado. 

Otra de tales operaciones de tráfico humano llevado a cabo por la revolución fue el traslado de miles de trabajadores de la salud a Venezuela, en el marco de la Misión Barrio Adentro. Médicos, enfermeras, técnicos y terapeutas fueron enviados a nuestro país en condiciones esclavizantes de las cuales nunca se dijo nada. Sobraron los funcionarios planetarios que acudieron a cohonestar dicho plan, tal como hizo en su momento el médico coreano Lee Jong-wook, quien siendo Director General de la Organización Mundial de la Salud visitó uno de esos núcleos en un barrio de San Félix, estado Bolívar. Ningún “progresista” dijo siquiera esta boca es mía. Son los mismos que ahora claman al cielo ante el desplazamiento forzoso de los migrantes nacionales en Estados Unidos, donde algunos gobernadores republicanos han agarrado a lotes de ellos y los han trasladado a territorio demócrata, para sacudirse de encima el problema que significa el manejo de tal marea de gente que sigue llegando a través de la frontera con México.

La diferencia en esta ocasión, proclaman las almas sensibles del 2022, es que se está atropellando los derechos humanos de los emigrantes.  Ni de vaina dicen nada sobre la causa de semejante flujo de gente, que no puede siquiera sobrevivir en su país, y se lanza a tratar de lograr una vida siquiera libre. La hipocresía y alcahuetería da para eso y mucho más, en nombre de la ideología todo se vale, está permitido todo aquello que tengan a bien los redentores rojitos porque el hombre nuevo no hay lo que no justifique. De ese tráfico de sueños nadie se quiere percatar, o no les interesa hacerlo…

 

© Alfredo Cedeño  

viernes, octubre 21, 2022

IZQUIERDA RUFIANESCA

En varias ocasiones he escrito sobre la maravilla de nuestro idioma. Las palabras son aves volanderas y malcriadas, suelen volar con una libertad muy de ellas, van a su propio aire y ritmo, no hay manera de predecir, o marcarle, su rumbo. Hay quienes buscan de tratarlas como una soga que pueden lanzar de un lado al otro, pero suelen ser esfuerzos vanos. Ellas van picoteando aquí y allá hasta adquirir su significado, según el lugar donde llegan a fabricar su nido.  Lo que aquí es normal, allá puede ser una altisonancia capaz de poner en apuros a cualquier hijo de vecino por más ilustrado, o bien intencionado, que sea. Me pasó con “bicho” en Puerto Rico, donde es empleada para referirse de manera soez al órgano genital masculino; mientras que en nuestra Venezuela es utilizada por las más empingorotadas señoras, o las más humildes personas, con la mayor naturalidad del mundo.

Los ejemplos de tales manifestaciones polisémicas, para emplear un término tan empleado por el recordado Manuel Bermúdez, son inacabables. Uno de mis favoritos fue el vivido por el querido Luis Vizcaya en la capital española. Él es uno de los restauradores de obras en papel más calificados de nuestro país, no en balde dedicó media vida para formarse en París, New York y Madrid; quiero acotar que él es la gentileza hecha gente, de una suavidad en su hablar que siempre envidié, de una agudeza única y de unos modales exquisitos.

Estaba él comenzando su vida académica en la capital española en lo que toca a restauración, y un día se monta en un autobús, el único asiento disponible estaba ocupado por una señora entrada en años y carnes, que estaba apoltronada en medio de los dos puestos. Luis con su educación y suavidad de siempre se dirigió a la voluminosa matrona para pedirle cupo a su lado. Todavía él abre los ojos desmesuradamente al evocar el episodio: “Yo lo que vi fue que aquella señora empezó a ponerse roja como un tomate, y con una agilidad que nunca me podía imaginar en semejante masa, que debía ser pesada por arrobas en vez de kilos, sacó un ajoporro de la bolsa de mercado que cargaba y empezó a darme por la cabeza y llamarme atrevido. Alfredo, me querría morir, todo el mundo viéndome y aquella vaca parlante me daba sin parar, el conductor se estacionó y vino a ver qué pasaba. Y ella gritaba: ¡Es que me ha faltado el respeto! Y en medio de aquel escándalo, ya me veía arrastrado por la Guardia Civil a algún sucio calabozo, era inminente que pronto estaría encarcelado cual personaje de Dickens.  Cuando el chofer logró calmar a la doña poseída, me preguntó: A ver, chaval, ¿qué le has dicho a la señora? Y le respondí: Nada, pedirle que me diera espacio para sentarme. Y ella saltó: ¡Qué no!, deja de poner cara de tonto y repite, ¡si es que te atreves!, lo que me has dicho. ¡Si solo le dije que se corriera! Y en ese momento oí una carcajada colectiva que me dejó paralizado.”  Ahí le explicaron que “correrse” en la muy castiza Madrid equivalía a un orgasmo. Él le había pedido a la doña en cuestión que obtuviera el máximo placer a plena luz del día en un país que todavía vivía la opresión franquista.

Esa libertad es la que hace que palabras como chulo por ejemplo sea tan amplia. En México o Puerto Rico algo chulo es algo lindo, bonito, gracioso; también puede dársele connotación de guapo, apuesto. Sin embargo, es también sinónimo de rufián o proxeneta, es decir, y copiemos al diccionario: “Persona que obtiene beneficios de la prostitución de otra persona.” Este vocablo se ha extendido para definir a todos aquellos, y aquellas, que medran a costillas de los demás. En ese sentido los llamados hombres y mujeres de izquierda, o progresistas como les gusta ser tildados en estos tiempos de tribunas cibernéticas y cadalsos de redes sociales, han sido de una habilidad prodigiosa. En Venezuela se hicieron fortunas o se sumergieron en la dolce vita unos cuantos pilluelos de tomo y lomo, tanto a costa del propio Estado, que les otorgó innumerables canonjías, como de países “revolucionarios” que buscaban aupar el “proceso” en Venezuela.

Así vimos a procónsules de Castro y/o la URSS que recibían fondos para editoriales, o distribuidoras de cines, o festivales culturales. También la China de Mao tuvo su hombre de confianza, que regentaba una librería en pleno centro de Caracas y cursaba invitaciones a visitar la república popular china. Corea del Norte también tuvo su “embajador”, quien no se cansaba de entonar loas a Kim Il-sung y repartir sus obras completas en lujosas ediciones, mientras se dedicaba a silbar cuando se le preguntaba por el caso del poeta Alí Lameda. Este último un poeta caroreño, de verbo ágil y humor muy larense, cometió el pecado de hacer unos chistes tontos sobre el mandamás norcoreano, y ello le costó largos años de horror en sus prisiones, para el hombre de Kim eso había estado justificado. Casi olvidaba que otro “mecenas” fue Muammar Muhammad al-Gaddafi, cuyo representante invitaba a visitar, con viajes a cuerpo de rey, al “líder” libio a todos aquellos que pensaba podían bailarle el agua al déspota africano.

Es decir, esta pléyade progresista y angustiada por el bienestar del ser humano, que ya no grita por la justicia y la liberación del proletariado, que ahora se dedica a clamar por los derechos igualitarios de los chigüires y las marsopas, que agitan las banderas del movimiento gay junto a fotos del Ché, quien fuera un feroz verdugo de homosexuales en Cuba, y que andan vociferando por la paz, callan, cual la momia de Lenin, ante el delirio de zar del hijo de la señora Putin.  Al comienzo de su incursión en Ucrania no fueron pocos los que justificaron su derecho a invadir esa nación, muchos auguraban una victoria demoledora y una campaña breve en la que Zelinsky sería humillado y paseado cual fiera encadenada por las calles de Moscú. Han pasado los meses y la tortilla comienza a volverse y ahora los ucranianos no están en contraofensiva, más bien están en ofensiva y los chulos de costumbre saltan a pedir porque las fuerzas rusas no sean humilladas.

Las ubres a las cuales acudir cada vez les son más escasas. Secaron a Venezuela, Gadaffy sigue balanceándose en una cuerda, Norcorea no tiene sino para pagar los caprichos del gordito de turno, China ya no es la manirrota de lustros atrás, así que las únicas tetas que les quedan son Rusia e Irán; no tienen más remedio que arrodillarse para poder seguir mamando, no tienen tiempo para hablar. Como buenos chulos se dedican a esperar para pasar a recoger su mesada.

 © Alfredo Cedeño  


viernes, octubre 07, 2022

PRESENTE Y FUTURO ESTABULADOS

Estabulación es la palabra empleada para definir al hecho de guardar a los animales en establos, principalmente los llamados ganado equino, vacuno, ovino, caprino y porcino; así como las aves de corral. Esta fue la solución encontrada desde los primeros tiempos por el hombre, para proteger a sus fuentes de proteína y medios de transporte. Tan antiguo es que se han encontrado evidencias de instalaciones de este tipo que datan de la segunda mitad del cuarto milenio antes de Cristo, específicamente en el yacimiento arqueológico de Son Matge, en la serra de Tramuntana, de la isla de Mallorca. Este caso en particular fue estudiado por M. Mercè Bergadà, Víctor M. Guerrero y Josep Ensenyat de las universidades de Barcelona e Islas Baleares.

Aseguran estos investigadores en el resumen de su papel de trabajo: “Presentamos el estudio micromorfológico de las ocupaciones más antiguas del yacimiento de Son Matge que parecen corresponder al horizonte Neolítico-Calcolítico. Este registro está formado por una serie de niveles compuestos por restos vegetales y por excrementos de animales con una dieta herbívora, ovicaprinos. En algunos niveles, los componentes aparecen parcialmente quemados o en proceso de humificación y en otros están calcinados. De dicho análisis deducimos la utilización de la cavidad como lugar de estabulación donde se practicaban incendios como actividad de saneamiento. Se ha documentado también la existencia de una acumulación de restos vegetales distintos a los utilizados como lecho y como forraje y que lo interpretamos como elementos de cercado o de protección; ya que, podrían corresponder a restos de cañas.”

Como era de esperar aquellas cuevas originales fueron mutando y han llegado a ser los modernos establos que se pueden ver en las actuales instalaciones productoras de leche y carne, así como en los criaderos de bestias de carga o para uso deportivo o de transporte. En países de escaso desarrollo económico se encuentran pesebres y modelos rudimentarios para el cuido de los animales. Como era de esperarse, tales mecanismos fueron asumidos por unos cuantos vivianes, que nunca han faltado, ¡ni faltan!, para aplicarlos a nuestras vidas.  Fue así como surgieron los establos espirituales, en los cuales la santa madre iglesia se especializó de una manera magistral, que, en vez de protegernos de los temores propios de nuestras vidas, se dedicaron a fomentarlos para, por vía de la exaltación de la culpa y su transmutación en pecados, controlarnos obras, pensamientos y vidas. Por supuesto que los cobertizos se acomodaron a lo laico y fue así como los benditos partidos pasaron, de organizaciones para el bienestar colectivo de los pares como una manera de ver el mundo, a juntas de condominio en la que los más avispados se aprovechan para darse la gran vida a cuentas de las cuotas que los demás pagan religiosamente. 

Y ya que menciono lo eclesial de nuevo, vale la pena resaltar como ejemplo de esos establos contemporáneos erigidos, bajo la mirada complaciente y alcahueta de los llamados países democráticos, en los territorios musulmanes. En este caso usaré el caso del uso obligatorio del velo, hiyab, por parte de las mujeres que profesan dicha fe. En estos días se ha hecho noticia por el brutal asesinato de la muchacha iraní Mahsa Amini, ella fue ejecutada por la “policía moral” de su país por llevar mal colocada dicha prenda. Lo apestoso de este caso de violencia estatal contra un sector de la ciudadanía es que su uso no está prescrito en el Corán, pero las autoridades lo han impuesto. Aún más lamentables son los hermeneutas que han buscado fragmentos del citado libro sagrado para justificar dicha práctica abominable. Es un silencio cabrón el que guardan las mujeres “revolucionarias” del mundo entero ante semejantes muestras de represión; para las Cilia Flores, Irene Montero, Michelle Bachelet, Cristina Fernández de Kirchner, Dilma Rousseff, Camila Vallejo y demás urracas de similar plumaje, no hay motivo de queja alguna o llamado a protesta resonante.

Han ido construyéndonos establos de manera sigilosa, nos mantienen encerrados y sin derecho siquiera a pastar donde más nos guste o plazca. Una larga hilera de cubiles es nuestro hoy y mañana.

 

© Alfredo Cedeño 

viernes, septiembre 30, 2022

BOLÍVAR MANIQUEO

 

La omnímoda presencia de Simón Bolívar en la vida de nuestro país ha servido como paraguas, o pararrayos, de venturas y desventuras. Sus actos y palabras han sido, por lo general, interpretadas, utilizadas, manipuladas, tergiversadas, de las maneras propias de mentes calenturientas y enfermizas. Ha habido para todos los gustos y antojos.  Pocas veces las han aplicado en concordancia con lo que dichas frases encierran, o se hacen los pendejos con otras.

         Pongo tres ejemplos. Desde que en el Congreso de Angostura pronunciara aquello de “Moral y luces son nuestras primeras necesidades”, son siete palabras que han repetido ensimismados todos los aspirantes a césar de viejo y nuevo cuño. Poco necesito abundar sobre lo escaso que han hecho, y que salten las plañideras rabiosas a rebatirme, por ambas cosas. ¿Hablamos de moral en medio de las infinitas denuncias de corrupción y malversación de todos aquellos que han ejercido cargos públicos, tanto en el prechavismo hasta el madurismo? Serían necesarias varias ediciones de este periódico para comenzar a enumerarlas. ¿Y de las luces qué se pueden decir? ¡Hasta con la Electricidad de Caracas acabaron! Ni que abundar en todo lo que tiene que ver con el estado de nuestra educación, ni las condiciones miserables en que sobreviven los educadores, ni el estado de muladares y chiqueros en que han convertido escuelas, liceos, colegios universitarios, universidades y centros de investigación. 

La segunda frase que me viene a la cabeza, y pido excusas por no recordar su origen es aquella de: “Huid del país donde uno solo ejerce todos los poderes: es un país de esclavos.” Palabras sacrílegas para chavistas y maduristas. Por supuesto que nunca se acercaron siquiera a pensarlo cuando peregrinaban a hincarse ante el Mahoma cubano, entiéndase Fidel Castro, adorado patrono de progresistas y heroicos luchadores antiimperialistas. Como es de esperarse, para estos idólatras del siglo XXI todos aquellos que han huido en balsas, o atravesado Centroamérica caminando, para llegar a Estados Unidos son unos apátridas que merecen el cadalso.

Pero donde se han cebado con verdadera fruición carroñera ha sido en sus palabras póstumas: “Mis últimos votos son por la felicidad de la Patria. ¡Si mi muerte contribuye a que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro!” El ahínco, digno de mejores causas, que han empleado con el “que cesen los partidos” es antológico, por decir lo menos. Y el afán en dicha frase es de doctos y asnos, de tirios y troyanos, de blancos y negros. Esa ha sido una frase comodina empleada para acabar con todo vestigio de organización social a lo largo de nuestra vida republicana. No ha habido un solo déspota, civil o militar, que no haya recurrido a ella.

Antes de continuar quiero ahondar un poco en esto, a ver si esa larga reata de asnos que todavía sobrevive deja de atormentarnos con ese contexto. La denominación que empleamos en nuestros días para el sistema organizativo ciudadano que conocemos como partido político es del siglo XIX. Ya de mucho antes, por supuesto, existieron otros modelos asociativos que inspiraron a estos, y no faltará quien me eche en cara a los Whigs y los Tories en el Reino de Gran Bretaña, ni otro que reclame por el lugar de Jacobinos y Girondinos de la Francia revolucionaria, alguno mejor informado brincará a reclamar por el lugar que corresponde a Güelfos y Gibelinos, y tampoco ha de faltar al que reclame la paternidad para Nobiles, Optimates y Populares en el Senado de la llamada república romana tardía. Sin embargo, no será hasta el siglo XIX, en el Parlamento de Gran Bretaña, cuando aparecen los partidos políticos ingleses Conservador y Liberal. Ahora bien, ¿cómo pretenden los ilustrados criollos que Bolívar estuviera refiriéndose a las organizaciones ciudadanas cuando se refirió a los partidos políticos? Es claro que se refería a las facciones que se enfrentaban a dentelladas por el poder político. Pero como no hay peor ciego que el que no quiere ver…

Y fue de esa bendita frase que se han aferrado todos. Para no aburrirles con una meticulosa evolución de tales manifestaciones citaré algunas al voleo. Tanto Cipriano Castro como Juan Vicente Gómez mostraron como trofeos haber acabado militarmente con el caudillismo venezolano, así como con los partidos tradicionales, que estaban asociados a tales vicios de mando. En honor de la verdad debe decirse que ambos jenízaros expresaron que no buscaban la destrucción definitiva de las organizaciones políticas, sino que proclamaron una tregua, que implicaba una “suspensión temporal” de sus actividades, ya que así lo ameritaba la dictadura de emergencia. La vaina fue que la emergencia se hizo vitalicia y hasta que el hijo de Táchira no se murió no se pudo pensar en su reactivación.

No han faltado también intelectuales oficiosos que han clamado por la derogación de los partidos, como fue el caso de Laureano Vallenilla Lanz, quien enunció: “Las luchas de partidos no han sido sino luchas personalistas por el poder, por más que en el tumulto de las pasiones se oscurezca algunas veces la realidad, por la gárrula palabrería de nuestro chancletismo intelectual.” Casi un siglo después, en 1988 para ser preciso, un connotado jurista que no viene al caso mencionar, y así cuidarnos de potenciales “demandas por atentado contra su integridad moral”, escribió y publicó esto: “Los responsables de la crisis institucional, sin la menor duda, hay que repetirlo una y otra vez, son los partidos políticos”.

Es necesario apuntar que desde el último tercio del siglo XX no hubo ninguna otra organización que atentara contra sí misma como los propios partidos políticos, fue un proceso autofágico veloz en el que el pragmatismo se llevó todo por el medio. Las ideas fueron cambiadas por cuotas de poder, se trató de ganar las elecciones por medio no de ofertas para lograr un país eficiente y que reflejara su manera de entender la plenitud, sino que se pasó a la formulación de programas que siguieran las ganas de la colectividad según lo indicaran las encuestas. Y así llegamos a que hoy tales asociaciones no son más que clubes o consejos empresariales donde jugar dominó y compartir un sancocho. Todo eso llevó a que las doctrinas originales se desdibujaran y perdieran todo significado ante los ojos del elector común y corriente. A la par de ellos aparecieron los célebres “notables”, quienes, con voracidad primitiva, que desmentía su supuesta formación académica, se dedicaron a demoler sistemáticamente todo aquello que oliera a medios articulados de organización ciudadana.

La miopía ha sido amplia, aunque ahora todos quieran hacerse los desentendidos y pretendan tener vista de águila. Siguen usando según les convenga e interese las frases de Bolívar, siempre tratando de hacer que sean blanco o negro. Han sido escasos aquellos que, como Tomás Lander, en 1844, avizoró la importancia de tales cuerpos organizativos: Los partidos políticos son indispensables en el sistema representativo porque sin ellos Venezuela sería como un niño sin piernas o un bonito carro sin ruedas.

 

© Alfredo Cedeño  



viernes, septiembre 23, 2022

VIENE LA PROCESIÓN

El Comité de Defensa de los Derechos Animales, anunció recientemente desde su sede principal en  París, que un grupo de sus más experimentados asesores, junto a una representativa representación de su junta directiva, está evaluando emitir un considerando para elevar una denuncia formal ante el tribunal penal internacional en contra de las clínicas veterinarias por maltrato animal. Dicho procedimiento lo llevarían adelante en contra de estos nuevos “asesinos en serie” en que se han convertido los veterinarios, así como sus asistentes, ya que han detectado una sistemática labor, a la que bien se podría considerar de exterminio en contra de las pulgas. También anunciaron los voceros de tan egregia institución que han exhortado a la ilustre Organización de las Naciones Unidas a que se nombre un comité de ayuda y defensa de los sifonápteros. Algo semejante está por ocurrir con los nuevos “emigrantes” venezolanos buscando asilo en Estados Unidos.

Se ven grabaciones de todo tipo circulando por las omnímodas redes sociales de ciertos muchachones maltratados y perseguidos por el régimen que, celular en mano, se dedican a convivir sanamente en donde se les antoje. A fin de cuentas, ¿no están en el país de las libertades democráticas?, ¿por qué no voy a poder comprarme mi caja de cerveza y ponerme a libar en honor a MomoMaduro y BacoChávez en el parque de la esquina?, ¿acaso es pecado que agarremos y montemos un sancocho en ese parquecito que está allá y de pasos agarramos unos patos para el sancocho? Siempre con el celular en la mano, acción muy importante, y el consiguiente coro de “grábalo, grábalo” recogiendo a todo aquel policía o vecino que se les acerque a pretender vulnerar sus derechos.

Pregunta que uno se hace: ¿de dónde sacaron, acabados de llegar,  para comprar celulares y líneas para subir de inmediato lo que registran en sus teléfonos móviles? Iñaki Huarte, cura jesuíta, a quien tuve la honra de tener como guía, me enseñó: “Piensa mal y acertarás.” ¿Debe pensarse que la reciente oleada de “perseguidos” que está llegando a Norteamérica en realidad es una estrategia del gobierno venezolano para colapsar los organismos de inmigración y, a la vez, enturbiar el proceso de todos aquellos verdaderamente perseguidos que están en tierras estadounidenses?

Mientras pasa esto vemos el silencio que guardan los diligentes voceros de la defensa de la dignidad humana antes tres situaciones verdaderamente espantosas.

Una es el caso de Mahsa Amini, una muchacha iraní, apenas tenía 22 años, que fue arrestada por agentes de la Policía de la Moral cerca de las 6 de la tarde del martes 14 de septiembre, en los alrededores de la estación de metro Shahid Haqqani, en Teherán, donde se encontraba con su hermano Kiaresh Amini, a quien le dijeron que la llevarían al centro de detención para recibir “una hora de reeducación”. Su delito era portar de manera inadecuada el velo islámico. Al poco tiempo fue trasladada en ambulancia al Hospital Kasra, donde permaneció en terapia intensiva por dos días hasta que murió. Las autoridades persas aseguraron que había sufrido un ataque al corazón. Ni de vaina explicaron las múltiples contusiones y señales de violencia física que mostraba su cuerpo de lirio maltratado.  El silencio de las heroicas defensoras de los derechos de la mujer es atronador, es Urbi et orbi, y tanto que, hasta el muy preocupado de los derechos del ser humano, Francisco, el papa, ha callado.

Otra situación, no del horror humano que significa el asesinato de Mahsa Amini, pero si de una bajeza moral infinita es la de Irene Montero, y por lo visto miembro –¿Será que debo llamarla miembra?– emérita del harem del falócrata Pablo Iglesias, ministra de igualdad en España, quien afirmó ante una comisión del Congreso español: “La educación sexual es un derecho de los niños y de las niñas, señoría, independientemente de quiénes sean sus familias. Porque todos los niños, las niñas y les niñes de este país tienen derecho, tienen derecho, a conocer su propio cuerpo, a saber que ningún adulto puede tocar su cuerpo si ellos no quieren y que eso es una forma de violencia. Tienen derecho a saber que pueden amar o a tener relaciones sexuales con quien les dé la gana, basadas, eso sí, en el consentimiento. Y eso son derechos que tienen reconocidos que a ustedes no les gusta.” Por supuesto que esta apologista de la pederastia, así como su corte de adalides, luego aseguró que la reacción a tal rebuzno era “una campaña de la extrema derecha”.

El tercer escenario que tampoco es de poca monta es el reciente discurso del sibilino Gustavo Petro ante la ONU, loando las drogas y pidiendo su legalización. Sus malabares retóricos de culebrero de feria de Cundinamarca son de antología.  Pero ¿qué podía esperarse del “patrón” de estos días?  Ninguno de los que hablan de la irreverencia, u oportunidad, o conveniencia, o lo que demonios sea, de las palabras del presidente colombiano quiere recordar, o que se recuerde, que hasta hace nada era el mandamás de las Fuerzas Armadas Revolucionarias Cocaineras. Bastante que ya se ha escrito sobre los lazos y estrategias entre distintos gobiernos de la región y el tráfico de cocaína hacia los países industrializados, pero de eso nada.

Las sesudas voces de los más ilustres analistas poco tienen que ver respecto a estas no tres, sino cuatro, situaciones que tendrán, o deberán tenerlas, hondas repercusiones en muchos más escenarios de lo que se quiere creer.  Por los momentos se dedican a estar adornando los campanarios abandonados cual veletas que poco hacen. Mientras tanto la procesión sigue su rumbo, nadie quiere escuchar las campanas que anuncian su paso.

 © Alfredo Cedeño  



viernes, septiembre 16, 2022

AMIGOS


Los amigos son una telaraña de resistencia increíble, pese a los huecos que se van abriendo cuando se rompe alguna de sus hebras. Es una larga madeja de hilos rotos: Miriam Mireles, Mikel de Viana, Alejandro Moreno, Álvaro González, son una pequeña muestra de ellos. Sin embargo, para mi fortuna, permanece una red que se afirma y hace más sólida con los años, me ocurre con el querido flaco José Gregorio Palacios, ahora pateando las avenidas de Chile, o la no menos querida Raquel Cohén, ni hablar de la muy amada y respetada Ana María Matute, la criolla, la de Los Teques; no puedo dejar de pensar en la siempre recordada rolita Adriana Rodríguez, tampoco en el muchacho eterno, y mago de los colores, José Campos Biscardi, ni en el siempre presente Jaime Ballestas. Son tantos... 

En esa red, y vean que afortunado soy, suelen aparecer nuevos filamentos con los que me ocurre algo curioso: pareciera que fueran largos años de contacto. Eso me ocurre con Saverio Cecere, a quien llego gracias a un hermano común a ambos: Orlando Acosta. Uno y otro son unos creadores incombustibles. Orlando, ahora habitante de tierra extraña, se balancea entre andamios para ganarse la vida; si se dedicara a firmar cada metro cuadrado que pinta en casas y edificios sería uno de los más grandes muralistas criollos, porque esa labor de sustento la realiza con la misma dedicación y entrega que pone a cada uno de sus cuadros. Ellos dos desde los años 60 del siglo pasado han estado vinculados, son unos cuantos años desde que se encontraron en las aulas de la Escuela de Artes Plásticas de Maracay

Saverio ahora vive en su Italia natal, donde se recupera de algunos quebrantos de salud, pero ello no impide que siga reflexionando profundamente en torno al acto creativo. Él es un creador que no aprendió la palabra descanso, miembro del movimiento MADÍ, fundado en Argentina en el año 1946, y con una trayectoria alejada de los focos, pero no por ello menos importante ni escasa trascendencia.  Fue compañero de andanzas, exposiciones y montajes, de Arden Quin, Arpad Szenes, Murilo Mendés, Volf Roitman, Ruben Núñez, Luis Guevara Moreno, Omar Carreño, Alirio Orama, Carlos González Bogen y Octavio Herrera, para citar algunos.

En medio de una larga conversación telefónica me dice: “Una cosa es la política y otra la ideología, la cual tenemos cada uno de nosotros.  El arte es una herramienta política, mas no ideológica, es la primera forma del espíritu teóretico, es conocimiento, es una entidad productora de imágenes. Las dinámicas de la investigación estética y científica deben preservar su autonomía, de lo contrario, se convierte en un dogma ideológico que es la negación de la creatividad.” Le escucho y no puedo dejar de pensar en la larguísima lista de poetas, cineastas, novelistas, artistas plásticos y demás zorros de similar pelaje que ahora guardan bajo siete llaves todo aquello que pregonaban años atrás. Libertad e igualdad son palabras de las que ahora guardan particular recelo, casi que han adquirido alergia a ellas.

 

© Alfredo Cedeño  

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