Es un caleidoscopio de emociones y
sensaciones que nunca me han dejado, imposible que salgan de mi piel. Son los
baños en el río Osorio al lado de la casa que mi padrino Chebo había construido
con sus manos en medio de una vegetación como solo en nuestras montañas se
puede conseguir. Son las caminatas desde mi hogar en Caraballeda hasta la parte
alta de San Julián a descubrir pozos de agua cristalina sombreados por enormes
matas de mango.
¿Cómo borrar los domingos en Playa
Lido, o en el Sheraton, o en Caribito?
Soy todo lo que esa tierra tan amada, y ahora tan lastimada,
me fue entregando con amoroso mimo. Trato, y no lo consigo, mantener cierta
frialdad al escribir. La impasibilidad ante el desastre que me llega es una
quimera. Redactar llorando es lo que me queda.
Estoy convencido de que nuestra gente, el venezolano de a
pie, el que hace que el país subsista pese a sus dirigentes –de todo orden y
concierto–, el que se levanta una y otra vez a dar lo mejor de sí, hará que
recuperemos el paso y sigamos caminando.
Citar la desidia con la que la plaga
chavista-madurista-rodriguista ha malbaratado nuestro patrimonio es llover
sobre mojado. No hay quien no conozca la sevicia con que se han manejado,
insólito que todavía hay paniaguados que callan o pretenden redimirlos. ¿Verdad
Claudio? ¿No es así Kico y Vladimir? Aquí todos nos conocemos y sabemos de qué
pata cojea cada cual. Ahora saldrán, de nuevo, a lavar la cara de la horda
impresentable aduciendo que están estudiando y planificando la mejor manera de
llevar a cabo la recuperación.
Es hora en que la indignación no permite cortesías de tipo
alguno. Inconcebible que los cretinos rojitos, que todavía abundan cual la
verdolaga, sigan ejerciendo su mezquindad en momentos como este, que se
pretenda castigar a la población más allá de lo que la naturaleza lo ha hecho.
¿Cómo pueden explicar los dos “policías” que en Vargas se roban un
electrodoméstico en una moto oficial? Falta que ahora condecoren a la fiel
representación del “hombre nuevo” que hemos visto saqueando los locales
destrozados. ¿Volverá el “gobierno soberano” a rechazar la ayuda estadounidense
como hicieron cuando el deslave de 1999?
Las demostraciones de mezquindad revolucionaria son
inacabables. Ahora militarizan Vargas con la intención de crear un cerco
informativo. Mientras tanto la ciudadanía da lecciones de hidalguía dándolo
todo para salvar a sus vecinos y familiares. Los militares, mientras tanto,
andan escondidos sin siquiera proponer algo. Qué diferencia con su energía
cuando arremetían contra la ciudadanía indefensa que pedía libertad en las
calles.
Como todo lo de esta revolución de pacotilla la planificación
para afrontar eventos de este tenor no existe. Escribo de La Guaira, pero es el
mismo infierno en mi Caracas natal, en Guatire, Guarenas, Maracay, Puerto
Cabello, Tucacas, y paremos de enumerar. Otra vez el país colapsa y estos
mequetrefes, coreados por sus cirineos, andan en Babia. Sólo atinan a decir una
estupidez tras otra, mientras nuestros paisanos mueren sin parar.
Bien merece cada uno de ellos los versos de Pablo Neruda en
su poema El general Franco en los infiernos: “Aquí estás. Triste
párpado, estiércol / de siniestras gallinas de sepulcro, pesado esputo, cifra /
de traición que la sangre no borra. Quién, quién eres, / oh miserable hoja de
sal, oh perro de la tierra, / oh mal nacida palidez de sombra”.
© Alfredo Cedeño

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