domingo, junio 28, 2026

OTRA VEZ


          La Guaira es la cuna de mis sueños de niñez, la de mi adolescencia, la de mi entrada a la adultez, la de mis delirios a la orilla del mar, cuando no recorriendo las faldas de El Ávila mientras recogía helechos a granel para llevarlos a mamá. Tierra de alucinación donde la historia no era un texto fastidioso, sino los gruesos muros del fortín La Pólvora, los restos de las murallas de El Colorado, las luces del faro del cuartel El Vigía que comenzaban a parpadear apenas caía la noche.

          Es un caleidoscopio de emociones y sensaciones que nunca me han dejado, imposible que salgan de mi piel. Son los baños en el río Osorio al lado de la casa que mi padrino Chebo había construido con sus manos en medio de una vegetación como solo en nuestras montañas se puede conseguir. Son las caminatas desde mi hogar en Caraballeda hasta la parte alta de San Julián a descubrir pozos de agua cristalina sombreados por enormes matas de mango. 

          ¿Cómo borrar los domingos en Playa Lido, o en el Sheraton, o en Caribito?

Soy todo lo que esa tierra tan amada, y ahora tan lastimada, me fue entregando con amoroso mimo. Trato, y no lo consigo, mantener cierta frialdad al escribir. La impasibilidad ante el desastre que me llega es una quimera. Redactar llorando es lo que me queda.

Estoy convencido de que nuestra gente, el venezolano de a pie, el que hace que el país subsista pese a sus dirigentes –de todo orden y concierto–, el que se levanta una y otra vez a dar lo mejor de sí, hará que recuperemos el paso y sigamos caminando.

Citar la desidia con la que la plaga chavista-madurista-rodriguista ha malbaratado nuestro patrimonio es llover sobre mojado. No hay quien no conozca la sevicia con que se han manejado, insólito que todavía hay paniaguados que callan o pretenden redimirlos. ¿Verdad Claudio? ¿No es así Kico y Vladimir? Aquí todos nos conocemos y sabemos de qué pata cojea cada cual. Ahora saldrán, de nuevo, a lavar la cara de la horda impresentable aduciendo que están estudiando y planificando la mejor manera de llevar a cabo la recuperación.

Es hora en que la indignación no permite cortesías de tipo alguno. Inconcebible que los cretinos rojitos, que todavía abundan cual la verdolaga, sigan ejerciendo su mezquindad en momentos como este, que se pretenda castigar a la población más allá de lo que la naturaleza lo ha hecho. ¿Cómo pueden explicar los dos “policías” que en Vargas se roban un electrodoméstico en una moto oficial? Falta que ahora condecoren a la fiel representación del “hombre nuevo” que hemos visto saqueando los locales destrozados. ¿Volverá el “gobierno soberano” a rechazar la ayuda estadounidense como hicieron cuando el deslave de 1999?

Las demostraciones de mezquindad revolucionaria son inacabables. Ahora militarizan Vargas con la intención de crear un cerco informativo. Mientras tanto la ciudadanía da lecciones de hidalguía dándolo todo para salvar a sus vecinos y familiares. Los militares, mientras tanto, andan escondidos sin siquiera proponer algo. Qué diferencia con su energía cuando arremetían contra la ciudadanía indefensa que pedía libertad en las calles.

Como todo lo de esta revolución de pacotilla la planificación para afrontar eventos de este tenor no existe. Escribo de La Guaira, pero es el mismo infierno en mi Caracas natal, en Guatire, Guarenas, Maracay, Puerto Cabello, Tucacas, y paremos de enumerar. Otra vez el país colapsa y estos mequetrefes, coreados por sus cirineos, andan en Babia. Sólo atinan a decir una estupidez tras otra, mientras nuestros paisanos mueren sin parar.

Bien merece cada uno de ellos los versos de Pablo Neruda en su poema El general Franco en los infiernos: “Aquí estás. Triste párpado, estiércol / de siniestras gallinas de sepulcro, pesado esputo, cifra / de traición que la sangre no borra. Quién, quién eres, / oh miserable hoja de sal, oh perro de la tierra, / oh mal nacida palidez de sombra”.         

 

© Alfredo Cedeño  

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