Dinero no tiene familia ni amigo. Es
una frase que a manera de conjuro repiten por ahí infinidad de personas. Hay
quienes tratan de darle cierta alcurnia a la expresión y declaran con voz
atiplada, o engolada, hay para todos los paladares: Pecunia non olet.
Al decirla traducen: El dinero no huele, y explican que la
dijo el emperador Vespasiano a su hijo Tito, quien le reclamaba por el impuesto
a quienes colectaban las micciones de las letrinas públicas. Aseguran al
abundar en la supuesta escena que esos desechos eran utilizados para labores de
curtido y lavado de tejidos, por lo que el romano decidió que el Estado
recibiera parte de los beneficios. También exponen que ante la protesta filial
él agarró un puñado de las monedas de oro con que habían pagado el canon
instituido, y se lo dio a olfatear y le preguntó por el olor. Al responderle
que a nada, fue cuando le soltó la manida frase.
Hay un pequeño detalle, las palabras dichas tal parece que no
fueron tales. Narra Suetonio, en el
libro VIII de Vidas de los doce césares: “Al reprocharle su hijo Tito
que hubiera ideado incluso un impuesto sobre la orina, le puso ante las narices
la suma que había obtenido del primer pago de este impuesto, preguntándole si
le desagradaba el olor; y al responder aquél que no, replicó: Pues ha salido de
la orina”.
Otro autor contemporáneo a él,
Juvenal, en Sátiras, en la XIV, para ser puntilloso, escribe: “no se te
haga cuesta arriba trasladar cualquier mercancía al otro lado del Tiber, ni
pienses que hay que hacer diferencia alguna entre los perfumes y los pellejos:
el olor de la ganancia es bueno, sea del artículo que sea. Ten siempre en tus
labios aquella frase digna de los dioses y del mismísimo Júpiter que fuese
poeta: Nadie investiga el origen de lo que tienes, pero conviene tener”.
Tal espíritu de imparcialidad nos
recorre transversalmente, mas con un vigor inusitado en aquellos que se jactan
de su sensibilidad social. Basta poner el caso de “dirigentes” que pasan
silbando por las puertas de empresas, bancos y quincallas pidiendo un
empujoncito para la causa. Pocos muestran sus casas, vehículos y hasta lanchas,
donde se recuperan del agobio que significa ser un líder comprometido con el
justo ideal de la igualdad y la libertad.
Tienen la cara de acero inoxidable.
Es una fauna variopinta en la que
malandrines de alto copete o escasa dentadura se dan la mano y van dando
brinquitos de vestales inmaculadas mientras abren sus bolsillos para que el
oro, la plata y el petróleo sigan llenándoselos. Cada cual tiene su precio, y busca al mejor
comprador.
Aseguran aquellos y aquellas que utilizan la citada prótesis
argumentativa, que su significado es tajante y no deja lugar a dudas de la
condición inodora del billete. Ellos certifican que es como el excremento de
las palomas: ni huele, ni hiede; poco les importa la peste que de sí mismos
expelen al refocilarse en los cerros de divisas que acumulan sin rubor.
© Alfredo Cedeño

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