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jueves, enero 18, 2018

ETERNA PIEDRA




                En Venezuela la iglesia católica lleva siglos dando peleas, muchas de ellas silenciosas, al lado de los más necesitados. Han sido látigo para fustigar sin contemplaciones a los más fuertes. Prueba temprana de eso lo describe acertadamente el respetado cura Alejandro Moreno en su libro Pastor celestial, rebaño terrenal, lobo infernal.
                En la citada obra el clérigo nos narra, documentos mediante, el juicio que en 1765 entabló un tribunal eclesiástico contra uno de los hombres más poderosos de la provincia de Venezuela en aquellos días: Juan Vicente de Bolívar.  Los desastres sexuales del progenitor de don Simón en un descampado como entonces era La Victoria, estado Aragua, llevaron a que la Iglesia le elaborara un expediente por “su mala amistad con varias mujeres”. Debo decir que antes de ejemplos como este, ya la mencionada institución había hecho innumerables demostraciones de plantarse al lado del débil y necesitado. Los testimonios de su defensa de los indígenas en tempranas fechas de nuestra historia son profusos.
                Serían necesarias miles de páginas para poder enumerar las labores de curas y monjas en Venezuela en todos los ámbitos. Fe y Alegría es uno de los más notorios. Pero también han habido muchísimos otros de igual trascendencia, de los que poco alardes han hecho. Sin duda que mantuvieron siempre en mente los versículos del evangelio de San Mateo: "Por eso, cuando des a los necesitados, no lo anuncies al son de trompeta, como lo hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles para que la gente les rinda homenaje".
                Es esa misma institución que en este amargo trance, que llevamos padeciendo los venezolanos desde hace 18 años, no se ha callado. El domingo, con motivo de la misa en homenaje a La Divina Pastora en Barquisimeto, monseñor Víctor Hugo Basabe, obispo de San Felipe, alertó en su homilía: "No escojamos el camino de la maldición en el que se han empeñado quienes niegan que en Venezuela hay hambre y desnutrición. Quienes le cierran las puertas a quienes en el mundo quieren venir a nuestra ayuda".
                Al día siguiente el "primer mandatario" ordenó a sus perros de presa de la Fiscalía General que investigarán a Basabe y al obispo de Barquisimeto, monseñor Antonio López Castillo, por incitar el odio. El obispo no rehúye el cuerpo y en su página de facebook respondió: Mi único delito parece ser el servir a la verdad que es lo único que hace libre a los verdaderos hombres. El Sr. Maduro ha puesto en mi boca palabras que no he pronunciado. Que triste que un "magistrado nacional" mienta tan escandalosamente delante de todo un país en el día del maestro. (…) Allá por aquellos a quienes ni su conciencia ni la historia les perdonará".
                ¿Acaso en su torpeza el combo rojo pretenderá apartar esta piedra milenaria con un lanzacohetes como el que utilizaron para callar a Oscar Pérez? La ineptitud suele vestir trajes desmañados.

© Alfredo Cedeño

domingo, enero 20, 2013

LA DIVINA PASTORA


Hoy escribo todavía conmovido por lo que presencié el pasado lunes 14 de enero cuyas imágenes  y crónica comparto hoy con ustedes. No es sencillo describir las emociones despertadas al paso de tres millones de personas, que desfilaron, bajo un sol inclemente, siete kilómetros y medio en procesión por las calles y avenidas de Barquisimeto, en impresionante manifestación de fe.
Hablo de la ya secular procesión en homenaje a La Divina Pastora, que este año se llevó a cabo por 157 vez, que se realiza en el occidente de Venezuela, en la ya citada urbe larense, 270 kilómetros al oeste de la capital venezolana. Esta celebración religiosa se considera la tercera concentración mariana más grande del mundo, sólo superada por las de la Virgen de Guadalupe, en México, y la Virgen de Fátima, en Portugal, primera y segunda respectivamente.
A la salida de su templo los devotos lanzaban miles de papeles con sus rogativas. En uno de ellos que quedó en el piso pude leer: Te quiero mucho mi virgenzita bella y te pido en toda mi fe.
Creo necesario explicarles que la devoción a La Divina Pastora procede de Sevilla, España, donde el capuchino Isidoro de Sevilla, la recibió como revelación en sus sueños. Asegura que dicha imagen él la describió de manera detallada a Alonso Miguel de Tovar, quien realizó un cuadro con la imagen de la virgen con sombrero pastoril, cubierta por un manto azul, sosteniendo en su mano izquierda al niño y apoyando la derecha sobre un cordero, y fue bautizada como Divina Pastora de las Almas.
En otro párrafo de la petición antes citada decía: Te pido q me ayude a Pazar esta etapa zabe q es una etapa muy dura..! Que me de muxaz fuerzaz y entendimiento.
Pasado un tiempo de haber pintado su obra Miguel de Tovar, fue el turno para el escultor Francisco Ruiz Gijón, quien la esculpió en tamaño natural, y se sabe que comenzando el siglo XVIII, en 1705, tuvo lugar la primera procesión de la efigie en España.
 
En Venezuela el comienzo de su veneración se puede rastrear hasta el siglo XVIII, año 1736 para ser preciso, cuando el párroco de Santa Rosa, en aquel entonces una población independiente de Barquisimeto, fundada en 1673 por una familia de indios Cayones, encargó al propio Francisco Ruiz Gijón que le realizara una talla de la Inmaculada Concepción.
 
Las crónicas narran que pasado cierto tiempo llegó a dicha población una imagen de La Divina Pastora. Al apenas descubrir el error, el clérigo comenzó las labores para su devolución y luego de embalarla de nuevo, aseguran que se puso tan pesada que no hubo maneras de levantar el cajón donde la habían colocado.  Afirman que fue así como nació la devoción entre los parroquianos, quienes interpretaron esto como una señal celeste para que La Divina Pastora se quedare entre ellos.
Los parroquianos de hoy escriben a ella: Te pido x ezoz niñoz huerfanos y x todoz los humano q necesitan de ti!
Años más tarde, en 1812, un feroz terremoto asoló a Venezuela y el templo donde se reverenciaba a la representación mariana fue destruido, pero al quedar intacta su imagen; se reforzó entre la feligresía de Santa Rosa de que la Virgen quería quedarse siempre entre ellos para protegerlos.
 
Tiempo después, a mediados del mismo siglo XIX se terminó de consolidar la devoción y comenzó a configurarse el masivo fenómeno de fe que este pasado lunes se manifestó nuevamente por las calles de esta población, hoy en día ya integrada urbanamente a la ciudad de Barquisimeto. Y les cuento lo que pasó en aquella ocasión.
 
En 1855 se desató en Venezuela una epidemia de cólera que diezmó el país. Se asegura que en la zona de Barquisimeto la peste se cebó de manera cruenta. Fue así como un grupo de vecinos, desesperados ante la ferocidad de la enfermedad decidieron sacar en procesión por las calles de Barquisimeto la imagen de La Divina Pastora solicitando su misericordia. Afirman que el sacerdote Macario Yepez, quien era párroco de la Iglesia la Concepción, y aquejado por el mal imploró a la virgen ser la víctima final en la zona.  La tradición oral testimonia que en efecto el deseo del hombre de la iglesia se cumplió, ya que ese día falleció y a partir de ese mismo día, cesó la epidemia.
 
En conmemoración de esos hechos es por lo que cada año, un mar de creyentes, que crece cada vez más, quienes acuden de todas partes de Venezuela y del extranjero, desborda las calles de Santa Rosa. Este año se estimó la cifra de asistentes alrededor de tres millones de personas; las cuales recorrieron en procesión la distancia que separa el templo de Santa Rosa de la catedral de Barquisimeto.
 
Antes de iniciarse la procesión Monseñor Antonio López Castillo, arzobispo de Barquisimeto, presidió la eucaristía en compañía del arzobispo de Calabozo, monseñor Manuel Díaz, así como de monseñor Trino Valera, de la arquidiócesis de Guanare.
 
Monseñor López en su homilía hizo un llamado contra la violencia y dijo a los feligreses: “Ante la imagen venerable de la Divina Pastora les manifiesto que me preocupa tanta violencia, tanto crimen. Matar no es querido por Dios. El homicidio es pecado, el suicidio es pecado, hermanas y hermanos, la vida es sagrada, respetemos las vida; la violencia nos destruye, procuremos vivir en fraternidad”.
 
No puedo obviar a esta altura los momentos de tensión vividos durante el oficio religioso cuando, momentos antes del ofertorio, el general Freddy Hernández Parababí, jefe de la 14 Brigada de Infantería, y del jefe del Comando Rgeional 4 de la Guardia Nacional, general Octavio Chacón, subieron a la tarima donde se efectuaba la misa, para “halarle las orejas a los curas” (según palabras del propio Parababí), por no haber saludado a las autoridades nacionales, ni haber pedido por la recuperación del presidente Chávez.

           Superado el desplante militar, los oficios religiosos se desarrollaron con normalidad para luego hacer el mencionado recorrido. 
 
La procesión de la venerada imagen, bajo una férrea escolta militar, severamente criticada por los asistentes ya que impidieron en todo momento que los devotos se le acercaran a menos de dos metros, tomó siete horas con una temperatura por encima de los 30 grados centígrados. 
 
A lo largo de la ruta se escucharon numerosos testimonios de hechos milagrosos atribuidos a La Divina Pastora, como la proclaman sus seguidores, quienes acudieron a pagar diversas promesas por los favores concedidos. 
 
Cumpliendo con la más rancia tradición de atención al peregrino, una incontable cantidad de instituciones y personas repartieron gratuitamente agua, naranjas y mandarinas para calmar la sed de los viandantes. También hubo quienes entregaron comestibles a los asistentes.
Les debo confiar que he preferido en esta oportunidad tratar de contarles los hechos en frío para que la emoción que todavía persiste de mi experiencia no me haga desbarrar.  Pero sólo asistiendo allí es que se puede entender en su real dimensión la arrolladora presencia del candor que da la fe ciega. Tal vez en ello está su fortaleza, y permite mirar –¿o sentir?– más allá del mero fenómeno social. 
 
No puedo, ni quiero, ocultar mi conmoción ante semejante océano de gente que me arrastró en sus prédicas, espero el año que viene poder estar pagándole a ella el favor que le solicité… Tal vez la carta anónima que cité varias líneas atrás sea más generosa en sus ruegos y ojalá se le conceda. Aquí la conservo en mi mesa de trabajo con profundo  respeto por su pureza: Y te pido q yo no engorde tanto! Bueno pero lo maz importante ez lo que te pedi antes. Te lo pido de todo mi corazón!

© Alfredo Cedeño



domingo, febrero 19, 2012

BARQUISIMETO


Conservo entre mis recuerdos de niñez largos recorridos por una ciudad calurosa, de viento suave que refrescaba la tarde y un cielo que se encendía con la hermosura de los pecados cuando se disfrutan a plenitud. Ya saben por el título que estoy escribiendo de Barquisimeto. Quiero aclarar, porque se bien de la hipersensibilidad de los queridos guaros sobre su patria chica, que lo hago con cariño. A todo aquel que no lo entienda, le ruego que no siga leyendo y agradezco no me jodan el domingo con comentarios altisonantes. Conmigo mismo me basta y sobra.

Dicho esto, sigo contándoles, a quienes siempre me acompañan en mi vagabundear, de la capital larense. Hasta hace relativamente poco, ésta era una ciudad donde el tiempo parecía detenido. Cuando ya hecho un gandul la recorrí de nuevo me asombraba lo bucólico de su ambiente. En más de una oportunidad mis desvaríos habituales me hacían imaginar que veía a Antonio Arráiz niño correteando por sus calles, o que bien me podía encontrar en una esquina a Pablo Canela preparándose para ir a dar una serenata a la ventana de alguna barquisimetana preciosa, de esa a las que los senos le huelen a jazmines estrellados.


Uno se metía a su mercado y encontraba a un vendedor de claros rasgos de herencia ayamán ofreciendo una bandeja de ajíes dulces delirantes, o una criatura ofreciendo mazorcas de granos limpios que competían con su sonrisa de dentadura impecable. Barquisimeto era una fiesta de ritmo lento y cadencioso.

Por aquello de no quedarse en lo meramente etéreo, tal como me solía exigir Wilmer Suárez en la época de Ultimas Noticias, quien cáusticamente me solía traer a tierra: “Mira mijo, es información lo que hay que dar, la poesía en los botiquines o en la cama, pero aquí es datos lo que hay que poner. ¡Muévelo!” Afortunadamente, aquí hago lo que se me antoje y he tratado de hacer que esto sea un injerto de putidiario, es decir botiquín con noticias. Sigo.

Barquisimeto no es la excepción a la casi totalidad de nuestras ciudades, grandes y pequeñas, o sea: no hay partida de nacimiento, no la busquen, porque no hay quien la haya buscado y podido conseguir. Hay, como bien han de suponer, miles de especulaciones, diría que cada vez que respira un guaro aparece una nueva. Todas por comprobar, ninguna confirmada. Lo que si es cierto es que todo empezó por la codicia. Se hablaba a mediados del siglo XVI, 1550, de la existencia de oro en Buría. Se sabe que a comienzos de 1552 el capitán segoviano Juan de Villegas comisiona a Damián del Barrio para que fuera a Buría en busca de los yacimientos auríferos y en abril éste vuelve e informa que encontró dichas minas, es así como en mayo de ese mismo año Villegas toma las de Villadiego. Esta fecha se supone debido a una carta fechada el 29 de abril de 1552, en la cual escribe al Rey Carlos I (el hijo de Felipe el Hermoso y Juana La loca): Quedo de partida aquí a diez días Dios mediante en nombre de Vuestra Majestad ir en aquella comarca a fundad la Nueva Segovia.


Puede uno especular que la ciudad en realidad comenzó como un campamento minero… De un tiempo para acá, largo por cierto, se ha establecido el 14 de septiembre de 1552, como fecha de fundación porque dicho día Juan de Villegas, disponiendo de lo que no era suyo, como suelen hacer los que se imponen por la fuerza -y de eso tenemos en la actualidad buenos ejemplos, y de sobra, con la plaga roja que padece Venezuela-, repartió a los indígenas que poblaban el área. La repartición se llevó a cabo entre 35 españoles, 3 alemanes y 1 portugués que lo acompañaban en sus faenas.

Es bueno aclarar que las fulanas minas no eran tales, en realidad algunos exploradores habían informado del hallazgo de algunos trozos aluvionales de oro en las aguas del río Buria. Por supuesto, al cabo de 4 años no había más cochano, pero si cochinos mosquitos y cuanta plaga pueda cualquiera suponer. Por ello, en 1556 se traslada la ciudad al sitio El Carabalí que fue donde apareció por primera vez el nombre Variquisimeto, que se afirma quiere decir en lengua indígena: río con aguas cenicientas; lo cual, aseguran los entendidos, confirma dicha toponimia el color que caracteriza las corrientes del río Turbio.


En este sitio la localidad se mantuvo hasta que en octubre de 1561 el vasco Lope de Aguirre, el Tirano Aguirre, le pegó candela por los cuatro costados. Después de ahí he encontrado versiones diferentes que hablan de que esa fue su penúltima ubicación, pero hay quienes dice que hubo una más que se llevó a cabo en Zamurobana que es donde confluyen los ríos Claro y Turbio; allí permaneció hasta 1812 cuando fue destruida por un terremoto. Y fue así como se produjo el quinto asiento, que es el actual, en la meseta donde la conocí.

Esa ciudad gitana que, como escribí párrafos atrás, conservó un aire muy suyo hasta hace relativamente pocos años es ahora una urbe vigorosa que acuna todos las venturas y los males propios de cualquier otra similar en estos tiempos que corren.


Semanas atrás gocé de esa ciudad. Desde el balcón del apartamento de mis anfitriones los ojos se me llenaron de esos juegos geométricos de acero y cristal que ahora la recubren. No dejé de reír ante el sarcasmo de la valla que invita a vivir en medio de la cacareada jungla de cemento. Pero también me llené de sorpresas cuando vi copos del verde larense que se asomaban tercos en los sitios menos esperados.


Así son los larenses: en lo más inhóspito hacen retoñar los asombros en el que recorre estos espacios, para plantarle las ganas infinitas de siempre volver…

© Alfredo Cedeño
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