sábado, abril 16, 2016

ABISMOS QUE LLAMAN ABISMOS


                A riesgo de que puedan pensar que uno es un beato de esos que mean agua bendita, y sin estar poseído del acceso místico que alguna vez padeció una de las hijas del doctor Matute allá en Los Teques, hoy recurro a la Biblia para buscar material para mi nota de hoy. Ella, al igual que el Quijote, es venero inagotable para cualquiera sea el tema al que uno quiera entrarle. Es así como en el capítulo 19 encuentro, a mitad del Salmo 42, los versículos:
Un abismo llama a otro abismo
en el rugir de tus cascadas
¿Cómo evito pensar en aquellos llamados atronadores del difunto intergaláctico con la cantaleta inmisericorde a que nos sometió desde el miércoles 10 enero del 2007, cuando se juramentó por tercera vez como presidente de Venezuela, y proclamó desde el hemiciclo nacional: Patria, Socialismo o Muerte?
                No es necesario abundar en el martilleo al que estuvo sometido el país desde ese día por el ahora finado comandante extraterrenal. Fueron años de padecer la bendita arenga que convocaba a Mictecacíhuatl, Hécate, Perséfone, o Tuoni, escoja usted como quiera denominar a La Pelona. Hasta que en la noche del 27 de julio de 2011, en el marco de la celebración de su cumpleaños 57, desde el llamado Balcón del Pueblo anunció con su habitual estilo rocambolesco: “Aquí no habrá muerte, tenemos que vivir y tenemos que vencer, por eso propongo otros lemas: Patria, socialista y Victoria, viviremos y venceremos”. Como hubiera dicho el ya también extinto ex presidente Luis Herrera Campins: Tarde piaste pajarito…
                Fueron 4 años y 198 días en los que él y su pandilla se dedicaron con inmarcesible entusiasmo a proclamar el poco agraciado lema. Esa bendita frase fue utilizada como una suerte de purgante que nos  suministraron por todas las vías imaginables. En las Fuerzas Armadas se empleó para echar a todos aquellos que no fueran sumisos acatantes de tal bodrio. El recientemente asesinado en Caucagua, junto a su esposa, general de División Jorge Enrique González Arreaza, hostigó entre las filas de la Guardia Nacional a todos aquellos que se negaban a pronunciar dicho lema; incluso presionó a un respetado oficial de esas fuerzas para que le informara quiénes eran los miembros de un supuesto movimiento “El honor es nuestra divisa”, y ante la negativa de lo que no existía le informó que jamás llegaría al séptimo escalón de la jerarquía. Lamentablemente, ahora el alto oficial recibió treinta raciones de la consigna que él había abrazado con tanto entusiasmo.
                La lista de dirigentes rojitos que cruzaron el río Aqueronte en la barca de Caronte en ese lapso fue notoria. Cito algunos de los que le pagaron óbolo al barquero: Luis Tascón y el general Alberto Müller Rojas lo hicieron en agosto del 2010, el día 10 el primero de ellos y el 11 el segundo; les siguió William Lara, el 10 de septiembre del mismo año. Tras una pausa de casi seis meses el turno fue para Lina Ron, el 5 de marzo del 2011; y el mismo año, el 20 de junio, le tocó el turno al ex contralor general de la República Clodosbaldo Russian. No en ese lapso, pero también fueron cuentadantes ante las Parcas: Danilo Anderson, Eliecer Otayza y Carlos Escarrá, por citar tres de los más notables acompañantes del ahora eterno difunto.
                La fuerza y poder de la palabra ha sido abordado infinidad de veces por distintos creadores y especialistas. Uno de ellos el japonés Masaru Emoto lleva ya años asombrando con las investigaciones publicadas en su libro Los Mensajes del Agua donde muestra cómo palabras, pensamientos y música impactan y modelan el mundo que nos rodea. Por ejemplo, al hacer fotografías de los cristales formados por agua destilada expuesta a la sinfonía Nº40 en Sol menor de Mozart, estos tomaron formas delicadas y simétricas; cuando una muestra de la misma agua se expuso a la canción de Elvis Presley El Hotel de laTristeza, el resultado fue que los cristales helados se partieron en dos.  Cuando las muestras de agua fueron “bombardeadas” con música heavy metal o expuestas a palabras negativas, o cuando se enfocaron sobre ellas intencionadamente, pensamientos o emociones negativos, el agua no formó cristales y en su lugar se crearon estructuras caóticas y fragmentadas. 
Es inevitable que, al divagar en torno a la carga patentemente negativa que el extinto  rojo mayor nos insuflara a través de sus años de grandilocuente ejercicio de la política, a la memoria me salte un fragmento del monólogo del personaje  Bernardo Saguen en Sátiro o El poder de las palabras de Vicente Huidobro: “Sólo me queda escribir de lo más sincero, lo más vivo en el fondo de mi alma. Obscuridad completa. Tinieblas tinieblas.”
Si algo no se puede negar es que con los maduristas, entes en que han devenido los chavistas, se cumple a carta cabal aquello de: Nadie aprende en cabeza ajena. Es así como esta tarde el bigotudo bailarín, entiéndase el presidente Nicolás Maduro, aseguró en el 23 de Enero, durante la celebración del XIII aniversario de la misión Barrio Adentro, que a la Asamblea Nacional le va llegar su hora. Es decir se heredó la actitud y el verbo del muerto.  Creo que alguien debiera decirle a ese señor que los versículos restantes del trozo de aquel citado salmo, el 42, tal vez fueron entendido por su antecesor en sus días finales:
todas tus ondas y tus olas
se han precipitado sobre mí.
Sería bueno que oyera la voz de ese pueblo al que tanto le gusta aludir y respetar aquel viejo adagio: No invoques…

 © Alfredo Cedeño
 

martes, abril 12, 2016

PROVERBIO 22

La mañana luce de niebla densa y poca visión
todo se desdibuja en mórbida lontananza,
la mirada apenas alcanza a distinguir contornos
de moradas grises aparentemente abandonadas,
salto de angustias eternas sobre espejos mortales
donde la llovizna coloca sus círculos a nadar,
y la luz se vierte en briosa espiga de vida
que en breve hará ágil limpieza de roja miseria.

© Alfredo Cedeño


sábado, abril 09, 2016

POSTALES DEL NEOCOSTUMBRISMO VENEZOLANO

                 Ellos son parte de esa dolorosa diáspora a la que nos ha sometido este anatema inefable que es el mal llamado chavismo, algunas veces reclasificado como madurismo, llamado por otros socialismo del siglo XXI, pero que son uno y trino como desgracia vital que nos ha vuelto mierda la vida, ha lanzado a nuestro país por el albañal de las peores miserias hasta retrotraernos al siglo XIX y nos ha hecho ser nuevamente un territorio de Juan Bimbas.
                Ella es hija de inmigrantes así como su esposo también lo es, fueron dos generaciones de trabajadores infatigables en esa Caracas generosa de las oportunidades. Ambas familias labraron una vida y se hicieron un piso económico nada despreciable. Fue así como ellos, a mediados de la década pasada, liquidaron todo en su ciudad natal y reunieron un poco más de dos millones y medio de dólares, sudados, trabajados y ahorrados en la capital venezolana.  En vez de ir a la Europa de los antepasados enrumbaron hacia el amado-odiado Imperio de los rojitos, y una serie de malas decisiones los dejó sin nada. El tesón se impuso, no recuperaron, ni creo que lo hagan, el capital inicial, pero ya ella anda en una camioneta del año, él en un carro de similar tenor, y sus dos hijos son prospectos bien encaminados en prestigiosas universidades estadounidenses.  Ella, sigue preciosa como siempre, pero la amargura ya se nota en los pliegues incipientes que le rodean la boca. Presume frívola de su inglés que ya no tiene acento “¡hasta me han preguntado de que parte de Oklahoma soy!”, y se le endurece la mirada para decir que a “ese” país no vuelve: “Ni creo que mis hijos tengan nada que buscar allá, menos mal que no les he estado machacando nada de eso de amor a la patria, a ellos no se les perdió nada en Caracas”. A ella la memoria y el agradecimiento le fallan cuando de agradecer se trata lo que nuestro país les dio e hizo ser.
                Él ocupó un alto cargo en el área financiera oficial hasta que el año pasado agarró a su mujer y sus dos muchachos, también orientó su rumbo hacia el norte del continente donde no logra terminar de integrarse. Los días se le van en rumiar un resentimiento incomprensible contra “este sistema del coño que lo único que hace es pensar en la explotación del  trabajador, y no es nada solidario”. Eventualmente evoca cuando salía de gira con su antiguo jefe, hoy gobernador de un estado fronterizo, y viajaban a cuerpo de rey en primera clase; es cuando el cuadro depresivo se le recrudece y habla de volver porque “allá uno siempre consigue algo que hacer, por más que yo sé que ese país se jodió”, hasta que la esposa lo sacude y le recuerda que para estar de forma legal recurrieron a la figura del asilo, el cual fue bastante ágil debido al puesto que tuvo en la burocracia roja, y de cuyas mieles disfrutó de manera clara y ostentosa. A él la animadversión y reconcomio le impiden pensar en Caracas como un hogar al que siempre se quiere regresar.
                Él es un hombre de ciencias que se ha ganado un nada despreciable escalafón en el escenario científico mundial, es el tercero de cinco que conozco de similares quilates. Vive montado en un avión para honrar las incontables invitaciones que recibe del mundo entero. Todos ellos han egresado de esa especie de santuario latinoamericano de la revolución en que devinieron nuestros centros de enseñanza superior, en particular la maltratada Universidad Central de Venezuela. De verbo rápido y razonar impecable, teoriza sobre los múltiples escenarios que han de suscitarse para resolver esta trágica operación poco matemática en la que nos han convertido la vida. Un encuentro fortuito en un aeropuerto nos permite ponernos al día de forma sucinta sobre el último par de años que llevamos sin vernos.  Al final, y como por no dejar, me confía que está aplicando para hacerse ciudadano estadounidense, le confieso mi asombro, porque he conocido su nacionalismo rayano en la xenofobia, me responde con sonrisa forzada: “La verdad mi pana, que esto me pone a correr en el lote de un futuro Nobel”. Supongo que él prefiere hacerse el sueco ante el ejemplo del maestro Humberto Fernández-Morán, quien pese a las cretinas patadas recibidas del ambiente académico nacional, prefirió no recibir ese galardón a hacerse ciudadano de Suecia para poderlo obtener.
                Él desempeñó una elevada posición en una de las llamadas empresas del Estado, fue testigo de excepción de las trapisondas de los “líderes” políticos y me ha confiado en repetidas ocasiones de las vividas en carne propia. Sin embargo, de un tiempo para acá, defiende con fe de carbonario a un sector de los más conspicuos representantes de esa misma dirigencia que le atropelló y utilizó, en el peor de los sentidos, para aprovecharse de sus capacidades de líder nato en su ámbito laboral. En reciente intercambio luego de escuchar mis críticas y mi posición de exigir calidad y claridad en el ambiente político y que en dicho campo los juegos sean transparentes, su respuesta fue: “¿A quién exigimos eso que no sea bobo, ladrón, corrupto, soberbio, golpista, a quién?” Para luego zanjar el diálogo al puntualizar: “Creo que es inútil. Es una discusión bizantina. Ojalá que el ungido sea el hombre puro e impoluto, genial y arrecho que ustedes esperan. Sólo que no lo veremos, porqué para encontrarlo pasarán décadas, mientras hombres probos, inteligentes y arrechos, sinceros y claros como Diosdado, Nicolás, Elias, Jessi o Héctor, se mantienen en el poder”(sic). Para él los controles de calidad que hicieron de instituciones como PDVSA, por citar un ejemplo, lo que fue gracias a sus implacables criterios de calidad son cosa de poca monta. Tal vez para él la meritocracia, después de todo, no sea tan necesaria.
                Ellos tenían una clínica en Altamira por la que pasaba “le tout” Caracas, problemas de facturación precisamente no tenían. Él es pionero en el uso de tecnología de punta en ciertas especialidades, lo cual les hizo estar en la cresta de la ola y vivir muy cómodamente. Sin embargo un día decidieron irse porque ya no soportaban el clima de inseguridad que los rodeaba. Hoy está en el propio Imperio donde sus habilidades ya le están abriendo numerosas puertas. No obstante, al conversar sobre el país los ojos se le encapotan y su voz se siente alterada, es pesimista sobre el futuro inmediato, sin embargo asegura que la educación y formación serán los únicos pilares sobre los cuales se debe estructurar el verdadero futuro venezolano. “Si no es así, volveremos a la vaina de siempre y cualquier infeliz de estos que juegan a políticos nos harán vivir lo mismo o peor”.  
                En el siglo XIX el costumbrismo nos legó la obra de Fermín Toro, Luis Delgado Correa, Juan Manuel Cagigal, Rafael María Baralt y Daniel Mendoza, entre otros, quienes representaron en sus obras una visión cuestionada por algunos teóricos del área.  Tal como dice Javier Lasarte en su trabajo CIUDADANÍAS DEL COSTUMBRISMO EN VENEZUELA “esta línea del costumbrismo inicial moldea en negativo, construye la idea de un  vacío cultural”. El trabajo de quienes hemos asumido labores de cronista documentando y mostrando distintas facetas de este doloroso retorno al siglo antepasado, tal vez en un futuro seamos señalados como agentes modeladores en negativo de lo que somos, y que solo nos dedicamos a reforzar la noción de un vacío político y cultural. Es un riesgo que se debe asumir, pero alguien tiene que desnudar esta miseria convertida en nación y dejar testimonios de la barbarie en que nos han ido sumergiendo de manera paulatina y hasta ahora inexorable. 

© Alfredo Cedeño

martes, abril 05, 2016

PROVERBIO 21

Con sabiduría de instintos aguardan la llegada del final
atisban el holocausto manifestarse en toda su belleza,
horno crematorio de fracasos disfrazados de esperanzas
y apuestas cargadas con soberbia para dorar espejismos,
mientras dan descanso a sus alas para luego empinarse libres
al compás de las manos que están construyendo ilusiones

© Alfredo Cedeño
 

sábado, abril 02, 2016

¿HABEMUS DIALOGO?


                Narra Cervantes en los primeros capítulos de la segunda parte de Don Quijote, cómo el ingenioso hidalgo acompañado de su fiel escudero entra en el Toboso al filo de la medianoche. Explicaba el manco que allí habían acudido en busca de la señora Dulcinea. Lo cierto es que apenas entrar al poblado se dedican a buscar el alcázar de la damisela, y en esa búsqueda es como llegan al templo lugareño, y el muchacho-viejo de la película dice su famosa y tergiversada frase: “Con la iglesia hemos dado, Sancho”.
                Aquellos que gustan hacer gala de su vasta cultura, en realidad basta, gustan de modificar esa frase asegurando con gesto pontifical que lo dicho fue: “Con la Iglesia hemos topado, querido Sancho”. Lo cierto es que ni toparon ni al gordito del burro le dieron el trato argentino de querido. Esto me viene hoy a la mente ante el acuerdo alcanzado por tirios y troyanos en cuanto a la mención que hizo el pibe Francisco, el papa Pancho pues, y perdonen los beatos la confianza con el cura Bergoglio, sobre lo que a diario vivimos los venezolanos. También el obispo de Roma le hizo una sutil reprimenda a nuestra casta dirigente para que de una buena vez dejen la majadería y logren acuerdos.
                Lo cierto es que bastaron 51 palabras, de un total de 1.153, en medio del mensaje papal Urbi et Orbi del pasado Domingo de Resurrección para que el escenario político venezolano se convirtiera en un dulce serrallo. De vaina resonaron las trompetas del ángel Gabriel  en el Capitolio de Caracas. Aunque, en honor a la verdad, no todo fue tan expedito, ya que al comienzo de la discusión sobre las palabras del mentado pastor la tolda pícara, léase roja, por boca del ahora sobrio diputado Earle Herrera anunció que rechazaban el acuerdo propuesto ante la Asamblea Nacional respecto al exhorto eclesial. Y con facundia dijo: “El papa no se refiere a una parcialidad política sino a un bien común. El acuerdo propuesto por la Mesa de la Unidad no debe levantar falsos testimonios ni utilizar adjetivos negativos”. Qué bien saben cantar estos ladinos cuando les da su bendita gana de no estar utilizando su acostumbrado lenguaje de robagallinas…
                ¿Qué fue lo que dijo el Pontífice? Les copio: “Que su mensaje pascual se proyecte cada vez más sobre el pueblo venezolano, en las difíciles condiciones en las que vive, así como sobre los que tienen en sus manos el destino del país, para que se trabaje en pos del bien común, buscando formas de diálogo y colaboración entre todos”. No les voy a fastidiar el día enumerándoles los intentos de zapatear que desde la vocería oficial se intentaron, pero los hubo, tal vez por ello el día antes de que se llevara a cabo la discusión en el ámbito parlamentario, monseñor Baltazar Enrique Porras, arzobispo de la Arquidiócesis de Mérida, dijo con su calma habitual que las acciones del bigote bailarín, entiéndase el señor Maduro, y su gabinete eran una muestra de la poca disposición existente en Venezuela para abrir caminos de diálogo. En declaraciones que diera al marabino Ayatola de Jesús Núñez, y que publicara El Nacional, el hombre eclesial afinó sus palabras: "El gobierno no tiene voluntad de conversar  ni respetar la autonomía de los poderes. El conflicto entre la Asamblea Nacional y el Tribunal Supremo de Justicia así lo evidencian".
Pero Porras no se limitó a ese caso sino que hundió el dedo en la llaga y afirmó: "No se puede seguir negando la crisis. Cuando vemos las cadenas de radio y TV pareciera que viviéramos en un paraíso, pero en realidad lo que hay son colas. Aquí no hay capacidad para aceptar la  crítica". ¿Fue gratuito que esas declaraciones del monseñor fueran justo el día antes? Por supuesto que no. Él fue vicepresidente de la Conferencia Episcopal Latinoamericana –CELAM– durante dos períodos, lapso en el cual desarrolló una estrecha relación con el entonces cardenal Bergoglio; tanto es la misma que en el reciente Sínodo celebrado en Roma, Baltazar Porras ocupó una de las 45 sillas de dicho Concilio. 
Tampoco es digno de olvido que el actual mano derecha del papa en el submundo de la Curia Vaticana es Pietro Parolin, quien por largo tiempo se desempeñó como Nuncio Apostólico en Venezuela y sabe muy bien cómo es que se bate el cobre en esta tierra otrora de gracia.
Lo cierto es que luego de las fintas iniciales del primer asalto, en el receso de rigor hubo un acuerdo y resultó un documento en el cual azules y rojitos elaboraron un documento de seis puntos, el cual fue aprobado de manera unánime. Al punto de que el ciudadano presidente del Parlamento, en versión tropical y vociferante de Händel, entonó ¡Aleluya!
Ante las escenas que se produjeron en el hemiciclo ese día, no pude dejar de seguir pensando en el pasaje ya citado de El Quijote y recordar lo que apenas cinco líneas después le enrostra el desgarbado caballero a su rozagante escudero:
¡Maldito seas de Dios, mentecato! –dijo don Quijote–. ¿Adónde has tú hallado que los alcázares y palacios reales estén edificados en callejuelas sin salida?

© Alfredo Cedeño

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