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viernes, mayo 13, 2022

EN LA TIERRA PERFECTA


Había una vez un país impoluto, en el que los maestros daban clases de ciudadanía y nunca hubo entre ellos casos de prevaricación, o de cabalgar horarios al amparo de reposos médicos que les permitían desempeñar varios cargos a la vez. Ellos nunca fueron aquilatados en sus verdaderos logros: habían alcanzado el dominio del arte de la ubicuidad. Era un terruño idílico de partidos políticos dedicados al servicio, donde nunca se repartieron vehículos entre los jefes regionales de partido, o jamás se prestaron a maromas retóricas para otorgar concesiones mineras, por decir un par de ejemplos.

Era un territorio donde nunca hubo sindicalistas que compraron casas suntuosas, ni carros estrafalarios, ni tampoco se les conseguía en bares y lupanares camuflados con mujeres que no eran las suyas. En ese modelo de estado no hubo ministros que cobraban comisiones, ni tampoco hubo testaferros al servicio de ellos y de cuanto funcionario, de medio nivel hacia arriba, se desempeñaba en algún cargo público.  

Esa era la patria de la corrección y el ejemplar desempeño, donde no había porteros de instituciones que tenían cuatro carros, casa en la playa, apartamento en El Marqués, y que viajaba dos veces al año a ver a al ratón Mickey –una vez con la familia oficial y otra con la amante de turno–. Allá nunca un funcionario maltrataba al usuario, y siempre, siempre, siempre, le resolvía al ciudadano sus problemas, ni  nunca le pedían “algo para el café”. Era el territorio de la corrección a toda prueba, donde los profesores universitarios cumplían a cabalidad sus turnos, ni había casos de algunos que plagiaban los trabajos de alumnos o de tesistas, ante los que ellos habían fungido de jurados, para luego cobrar cifras cuantiosas a cargo de los institutos de investigación.

Les escribo sobre un pueblo al que los suizos veían con envidia ante la transparencia de su funcionamiento; donde no había policías, guardias, ni fiscales de tránsito que abusaban a troche y moche de los ciudadanos. Era la tierra de gracia perpetua y oportunidades inacabables. Y todo eso se vino al suelo con la llegada de unos malvados, de tono rojo rojito, que acabaron con ese paraíso. Esos malévolos seres llegaron de otro planeta, no fueron concebidos, entre arrumacos y cálculos desatinados, y amparados por todos aquellos que buscaban tener una tajada de pastel más gorda de la que ya tenían.

Por eso es que ahora hay un país de viudas gemebundas, absolutamente dispuestas a lapidar a todos aquellos que no nos sometemos a cantar las virtudes de lo que nunca fuimos…

© Alfredo Cedeño 

miércoles, marzo 17, 2021

¿TONTOS? EMPODERADOS



              Mi abuela, como suelen serlo todas, era una mujer sabia, y de una lengua afilada que ya hubiera querido para su navaja Joaquín, el barbero que tenía su establecimiento en la Cruz Verde de La Guaira. Ella me transmitió una serie de valores y enseñanzas que, mucho más tarde logré entender, solía enseñarme por medio de reflexiones y refranes que algunas veces explicaba, otras simplemente los soltaba. Hubo unos cuantos que reiteraba, uno a más sabroso que el otro, eso sí. Creo que uno de sus preferidos era: “Alfredo Rafael nunca vaya con un zoquete (en realidad empleaba una palabra altisonante) ni a recoger mangos, porque ese bueno para nada va a agarrar los piches; esos son los que nunca aprenden en cabeza propia y mucho menos en cabeza ajena.”

                He de reconocer que, de un tiempo a esta parte, vengo pensando si no será que muchas veces tales tontos en realidad son unos magos en el arte del disimulo y fingen ser lo que no son. Soy un fanático de la historia, creo que es una disciplina en la que todos debemos sumergirnos, en mayor o menor medida, porque ella es la que nos permite evitar la recurrencia en los viejos errores. Tal vez esa sea la causa por la que las castas políticas, la de un bando y la del otro, siempre se empeñan en reescribirla.  Ambas tendencias solo admiten aquellas versiones que les favorecen, la foto tiene que ser hecha desde sus mejores ángulos, y cuando surge quien los retrata tal y como son suelen contratar sus respectivas agencias de relaciones públicas para que vendan la imagen que a ellos les interesa. Pero eso es harina de otro costal que ya cerniré en otra ocasión. Sigamos a lo que voy.

                El querido y siempre recordado Daniel de Barandiarán me dijo en infinidad de ocasiones: “Si no sabemos de dónde venimos, ¡jamás!, vamos a saber cuál es el mejor destino,  y mucho menos vamos a tener la claridad necesaria para arribar al lugar que necesitamos llegar. Existe ahora mucho zángano haciéndose el virtuoso, y uno no tiene por qué callárselo, así lo vean a uno feo hay que llamar las cosas por su nombre, a fin de cuentas no estamos cuidando puesto ni buscando un ascenso de esos que tanto les gusta a esos pícaros”.

                Y pienso que simulan ser tontos para terminar haciendo lo que les sale de sus entrepiernas. En estos días he estado escarbando libros de todo tipo sobre lo que significó para España el reinado caótico de Isabel II a mediados del siglo XIX. Fue una época de total inverosimilitud en la cual pasaba cualquier cosa, tiempos de lisonjas y ditirambos y denuestos y golpes fallidos, fueron días de licencia para el desastre.  La mejor descripción de aquel tiempo la hizo el entonces embajador británico John Hobart Caradoc, Lord Howden, en una carta que envió el 15 de marzo de 1854 al Ministro de Asuntos Exteriores de Gran Bretaña. En su misiva le narra a su superior la respuesta de un ministro español ante el cuestionamiento que hace el gobierno británico a la perversión del sistema político peninsular: “La Constitución en este país ha sido una ilusión, un mito, algo de lo que la gente habla pero que nunca ha visto, con la que ningún gobierno ha gobernado, ni puede gobernar jamás, que tanto los moderados como los progresistas han violado y que por tanto parece estar hecha para ser rota”.  ¿Acaso no es lo mismo que han hecho y hacen nuestros líderes cada vez que les toca el turno?

 

© Alfredo Cedeño  


miércoles, marzo 27, 2019

NOTICIA NO CORRE RIESGO


                Pocos oficios en la historia se han ganado en buena lid el derecho a ser impertinentes, irreverentes, averiguadores de la vida ajena, Quijotes en permanente guardia y defensores de todo cuanto tenga alguna pizca de inocencia en su haber, entre muchas otras cosas, que el de periodista. Un comunicador, como se les tilda de unos años para acá, se caracterizó siempre por su incorrección política, por su descaro al ver lo que otros no sabían ver, o no querían mirarlo. Los ejemplos abundan como el arroz en cualquier comida.
                Bernard Lazare y Émile Zola en el caso Dreyfus lo demostraron, ni hablar de lo que ocurrió con la participación de la prensa durante la guerra de Vietnam y el impacto que tuvo en el cese de la participación estadounidense en el conflicto del sudeste asiático.   En el caso venezolano la lista tampoco es breve. El Caso Mamera, cuando el distinguido de la Policía Metropolitana Argenis Rafael Ledezma asesinó a tres adolescentes del barrio San Pablito de la parroquia que dio nombre al hecho en cuestión. Dos años antes a los crímenes de Martín, Douglas y Efraín, Venezuela también había sido sacudida por el ametrallamiento del abogado penalista Ramón Carmona Vásquez, de 36 años. El hombre de leyes fue ejecutado a plena luz del día, a las 2:10 pm, el viernes 28 de julio de 1978.
                En ambos casos la prensa venezolana fue implacable y por largo tiempo mantuvo el dedo metido en la llaga de la impunidad. Tanto fue el cántaro al agua hasta que se rompió, y si bien en el caso del penalista se oyeron muchas voces que relacionaban dicha muerte con un litigio por unos terrenos en la isla de Margarita, los autores materiales en ambas ocasiones fueron destituidos y encarcelados.
                Las dos situaciones contrastan con una atmosfera aséptica que barniza en su gran mayoría a los grandes medios, en particular a los llamados barones de la prensa internacional. Ahora predomina las informaciones "políticamente correctas". Nadie corre riesgos de ser señalado de sexista, o racista, o reaccionario, o cualquier otra menudencia de similar tenor. Es así como vemos a la muy temida CNN insistir de señalar a Juan Guaidó como el presidente autoproclamado de Venezuela.  Ni hablar del The New York Times, para el que fueron miembros de la oposición quienes pegaron candela a los camiones que trasladaban la ayuda humanitaria desde Colombia el pasado mes de febrero.
                Ya el tiempo del periodismo de riesgo pasó, ahora el dogma de la objetividad impide involucrarse. Es decir, extrapolando la situación, se debe actuar como los vecinos ante el maltrato de un marido furioso a su esposa por las infidelidades. Poco valor tiene los casos de tortura, detenciones arbitrarias, asesinatos en plena calle o en los calabozos de los organismos represivos. Para todos ellos, ciertos países y buena parte de la gran prensa internacional, los desmanes de Gofiote y su combo no son el punto sobre el que hay que informar.
                Siempre los malandrines de turno han conseguido un bobo al cual usar como trapo rojo ante sus enemigos. Fidel encontró a los rusos. Hoy Maduro emplea a rusos, chinos, fundamentalistas islámicos y CNN como sus alcahuetas de rigor. ¡Ah malhaya un buen periodista que desnude las correcciones!

© Alfredo Cedeño

miércoles, septiembre 19, 2018

MIRAN HACIA ESTOCOLMO

 
                Las luchas son largas y solitarias, son pocos los que se arriesgan a tomar partido contra los más fuertes, es lo que llamo el síndrome de la esposa maltratada: todos los familiares, vecinos y amigos saben de la situación, pero ante la furia del macho se prefiere mirar hacia Estocolmo antes de siquiera pedirle comportamiento al patán.  Ocurre en todos lados. ¿Acaso no pasó en el primer tercio del siglo pasado con Stalin? Ósip Mandelshtam lo describió a cabalidad en uno de sus poemas: "El montañés del Kremlin, con ojos de cucaracha".
                La persecución sin cuartel del gran mimado de la intelectualidad occidental fue despiadada. La poetisa Anna Ajmátova en su Réquiem lo dejó retratado:
De madrugada vinieron a buscarte. 
Yo fui detrás de ti, como en un duelo.
 Da una idea del aquelarre revolucionario soviético la siguiente cifra, cuando se llevó a cabo en Moscú el Primer Congreso de Escritores, en 1934, participaron 700 creadores; 20 años más tarde se celebró el Segundo Congreso, de aquellas siete centenas sólo 50 de ellos habían sobrevivido.
                Los desmanes de los triunfadores son legendarios. ¿Acaso quieren mayor mudez que la observada por el mundo ante "el caudillo de España por la Gracia de Dios" y el asesinato de Federico García Lorca? El 18 de agosto de 1936 es una fecha grabada por Francisco Franco y sus perros de presa con un hierro caliente sobre la poesía.
                La brutalidad se fue refinando y fue como vimos años más tarde en La Habana la vergonzosa vejación a Heberto Padilla que concluyó con su "autocrítica" pronunciada ante la Unión de Escritores y Artistas de Cuba el 27 de abril de 1971: "Es increíble los diálogos que yo he tenido con los compañeros de Seguridad del Estado… quienes ni siquiera me han interrogado, porque ésa ha sido una larga e inteligente y brillante y fabulosa forma de persuasión conmigo. Me han hecho ver claramente cada uno de mis errores."
                Todas estas manifestaciones de brutalidad terminaron con la muerte de sus ideólogos en sana paz. Stalin en 1953, Franco en 1975 y Fidel en 2016 así lo demostraron. En Venezuela, Chávez tampoco se quedó atrás y, luego de haber comenzado la destrucción de nuestro país de manera radical, terminó muriéndose sabrá Dios cuándo y dónde, porque ahora lo que sobran son testimonios de la plebe y de las élites, de tirios y troyanos, de chavistas y mudecos, del día y la hora en que finalmente Dios nos libró de su presencia.
                Ese desenlace es al que apuesta don Nicolás, el zar de doña Cilia, cuando pasea por el mundo y traga cual moderno Gargantúa. Sabe  que el mundo podrá desgañitarse pero a él nadie lo tocará ni con el pétalo de una flor de guaritoto, a la final todos harán como con el marido que golpea sin piedad: voltearán hacia la capital sueca mientras él sacia sus sádicas ganas sobre todo un país desamparado.

© Alfredo Cedeño


miércoles, agosto 22, 2018

ESTUPIDEZ CONTRA ASTUCIA


                La ignorancia es pariente muy cercana de la vanidad, ambas debieran ser decretadas pecados capitales, sobre todo en el ámbito político, y más aún en el venezolano. Muchos vivarachos, de esos genios que tanto pululan, con gesto adusto y voz engolada juegan a enmascarar ambas actitudes tildándolas de ingenuidad e inocencia. Ambas suelen manifestarse rabiosas a la hora de subestimar al adversario, lo cual se ha expresado de manera patente y comprobada en el tratamiento dado al chavismo-madurismo.
                No pocas miradas aviesas, por no decir de las frases recordatorias de mi difunta madre, me he ganado cuando he dicho en diversas oportunidades y escenarios que la sarna roja tiene de todo menos de bruta. No es el momento de enumerar las veces que muchos de esos avispados, genuinos o inducidos, han anunciado que "ahora sí el gobierno está contra las cuerdas", cuando no proclaman con innegable honestidad "el agua les está llegando al cuello". Mientras tanto, y sin dejar de envainar al mundo entero, ellos, los impresentables herederos del fauno de Sabaneta se atornillan más y más.
                Nuestra ilustre dirigencia se dedicó en un tiempo a proclamar lo bembón que era Chávez, cuando no era el turno de la verruga, o el pelo malo que exhibía, o lo guachamarón de su hablar. En cuanto a Nicolás  la descalificación que bate todos los registros es su condición de chofer de autobús, por supuesto que es bruto, ignaro y peor hablado. A la par de ello, y a la chita callando que llaman, ellos se han dedicado con inteligencia implacable a aherrojar a todo el país. Es el mismo fenómeno que significó a comienzos del siglo XX Juan Vicente Gómez. El Bagre, el monstruo de La Mulera, leía el periódico al revés, comía con las manos, solo le gustaban los bambucos y era el más bestia del planeta. Gracias a Dios la muerte se ocupó de él...            
                Cada vez que la plaga colorada ha resurgido se ha achacado al fraude, la deshonestidad, y la falta de participación ciudadana tales lides de resurrección. Ni de vaina asumen su incompetencia para entender y enfrentar a un enemigo que tiene de todo menos de bruto. Tratan de reducir el momento a esquemas ampliamente superados por la capacidad de planificación y preparación de una gran variedad de escenarios, que ellos, nuestros enemigos sí han sabido hacerlo y por ello siempre nos han derrotado.         
                No hay enemigo pequeño, no hay adversario incompetente; los enanos e ineptos han sido los que nos han tocado en representación, ellos creen seguir jugando guataco por las orejas en estos tiempos en los que Mario Bros ya es un fósil. No me cansaré de repetir: Quítense del medio y dejen a los muchachos jugar para que podamos ganar.

© Alfredo Cedeño
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