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viernes, junio 17, 2022

PAÍS EN CADENAS

Hay frases que pueden tener un tinte de lamento vacuo, pero no por ello dejan de ser veraces. En esta ocasión me pasa al releer a Federico García Lorca. No puedo dejar de preguntarme: ¿Qué hubiera pasado si al bardo andaluz no lo matan, a los 38 años recién cumplidos, en tierras de Granada? Hoy ––tiempos de máquinas veloces, comunicación pasmosa y badulaques empoderados––, su obra se conserva limpia y digna, deslumbrante en su precisión, preciosa en esencia. Prosa y poesía son un laberinto del que cuesta salir. Se empieza a leer cualquiera de sus obras y la necesidad de seguirlo leyendo se hace vital.

Me viene a la memoria de su Nocturnos de la ventana:

El estanque tiene suelta
su cabellera de algas
y al aire sus grises tetas
estremecidas de ranas.

¡Carajo! 

Otra que siempre me ha conmovido es Caracola:

Me han traído una caracola
Dentro le canta
un mar de mapa.
Mi corazón
se llena de agua
con pececillos
de sombra y plata.
Me han traído una caracola.

Imposible armar tanta belleza en tanta sencillez, solo su genialidad pudo.

Pocos han logrado el equilibrio perfecto de belleza y tragedia de sus obras teatrales y versos, no me atrevo a decir si fue un poeta dramaturgo o un dramaturgo poeta, su empleo de las palabras fue de precisión arrobadora. Por ejemplo, apenas empieza La zapatera prodigiosa y nos suelta este parlamento: “por ser el teatro en muchas ocasiones una finanza, la poesía se retira de la escena en busca de otros ambientes donde la gente no se asuste de que un árbol, por ejemplo, se convierta en una bola de humo o de que tres peces, por amor de una mano y una palabra, se conviertan en tres millones de peces para calmar el hambre de una multitud.”

Cómo olvidar de Bodas de Sangre a la madre decir: “Cien años que yo viviera, no hablaría de otra cosa. Primero tu padre, que me olía a clavel y lo disfruté tres años escasos. Luego, tu hermano. ¿Y es justo y puede ser que una cosa pequeña como una pistola o una navaja pueda acabar con un hombre, que es un toro?”

En cada uno de sus libros hay un rosario de gemas.  Mariana Pineda me ha sido siempre particular, tal vez por la ocasión en que la vi por primera vez en la sala de la vieja sede del Ateneo de Caracas. La voz de Pedro diciéndole a ella: “Mariana, ¿qué es el hombre sin libertad? ¿Sin esa luz armoniosa y fija que se siente por dentro?”

Al amparo de estos recuerdos agarro mi ejemplar de esa pieza y al releer encuentro este parlamento en boca de Fernando:

Ahora los ríos sobre España,
en vez de ser ríos son
largas cadenas de agua.

 No puedo evitar parafrasearlo y escribir: Ahora los ríos de Venezuela, en vez de ser ríos, son largas cadenas de llanto.

 

© Alfredo Cedeño 


miércoles, septiembre 19, 2018

MIRAN HACIA ESTOCOLMO

 
                Las luchas son largas y solitarias, son pocos los que se arriesgan a tomar partido contra los más fuertes, es lo que llamo el síndrome de la esposa maltratada: todos los familiares, vecinos y amigos saben de la situación, pero ante la furia del macho se prefiere mirar hacia Estocolmo antes de siquiera pedirle comportamiento al patán.  Ocurre en todos lados. ¿Acaso no pasó en el primer tercio del siglo pasado con Stalin? Ósip Mandelshtam lo describió a cabalidad en uno de sus poemas: "El montañés del Kremlin, con ojos de cucaracha".
                La persecución sin cuartel del gran mimado de la intelectualidad occidental fue despiadada. La poetisa Anna Ajmátova en su Réquiem lo dejó retratado:
De madrugada vinieron a buscarte. 
Yo fui detrás de ti, como en un duelo.
 Da una idea del aquelarre revolucionario soviético la siguiente cifra, cuando se llevó a cabo en Moscú el Primer Congreso de Escritores, en 1934, participaron 700 creadores; 20 años más tarde se celebró el Segundo Congreso, de aquellas siete centenas sólo 50 de ellos habían sobrevivido.
                Los desmanes de los triunfadores son legendarios. ¿Acaso quieren mayor mudez que la observada por el mundo ante "el caudillo de España por la Gracia de Dios" y el asesinato de Federico García Lorca? El 18 de agosto de 1936 es una fecha grabada por Francisco Franco y sus perros de presa con un hierro caliente sobre la poesía.
                La brutalidad se fue refinando y fue como vimos años más tarde en La Habana la vergonzosa vejación a Heberto Padilla que concluyó con su "autocrítica" pronunciada ante la Unión de Escritores y Artistas de Cuba el 27 de abril de 1971: "Es increíble los diálogos que yo he tenido con los compañeros de Seguridad del Estado… quienes ni siquiera me han interrogado, porque ésa ha sido una larga e inteligente y brillante y fabulosa forma de persuasión conmigo. Me han hecho ver claramente cada uno de mis errores."
                Todas estas manifestaciones de brutalidad terminaron con la muerte de sus ideólogos en sana paz. Stalin en 1953, Franco en 1975 y Fidel en 2016 así lo demostraron. En Venezuela, Chávez tampoco se quedó atrás y, luego de haber comenzado la destrucción de nuestro país de manera radical, terminó muriéndose sabrá Dios cuándo y dónde, porque ahora lo que sobran son testimonios de la plebe y de las élites, de tirios y troyanos, de chavistas y mudecos, del día y la hora en que finalmente Dios nos libró de su presencia.
                Ese desenlace es al que apuesta don Nicolás, el zar de doña Cilia, cuando pasea por el mundo y traga cual moderno Gargantúa. Sabe  que el mundo podrá desgañitarse pero a él nadie lo tocará ni con el pétalo de una flor de guaritoto, a la final todos harán como con el marido que golpea sin piedad: voltearán hacia la capital sueca mientras él sacia sus sádicas ganas sobre todo un país desamparado.

© Alfredo Cedeño


domingo, agosto 10, 2014

VERDE

            Cuando uno habla o escribe del color verde suele ocurrir que quien te escucha o lee de inmediato se conecta con el primer verso del Romance Sonámbulo que Federico García Lorca en agosto de 1924 dedicara a Gloria Giner y a Fernando de los Ríos:
Verde que te quiero verde. Y que luego prosigue:
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas le están mirando
y ella no puede mirarlas.
 
            Verde era el color de la piel de los marcianos cuando fui niño, y el de la esperanza de los desanimados quienes decían que un burro se las había comido, también era en mi niñez el color de un grupo que siempre perdía en las elecciones y cuyo candidato eterno era el engominado y ya difunto Rafael Caldera. Ahora bien, como se trata es de  acercarse al tema escogido para hoy, y que usamos para titular esta nota, recurro al Diccionario Akal del color, de Rosa Gallego y Juan Carlos Sanz, donde se puede leer: “El verde es el color que se percibe ante la fotorecepción de una luz cuya longitud de onda dominante mide entre 529 y 497 nm. Se asemeja a la coloración de las hojas de hierba o de la esmeralda.”
 
            Por su parte el Diccionario de la Real Academia Española revela que la palabra verde proviene del vocablo latín virĭdis y enumera 19 acepciones para ella. En el Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, Joan Corominas asegura que el uso de dicho término en nuestro idioma arrancó en el año 1019. Diversas publicaciones abundan al respecto y debe reseñarse que largo tiempo atrás se le consideró uno de los cuatro colores primarios, junto al rojo, amarillo y azul; supongo que lo sacaron de dicho lote al recordar que la mezcla de los dos últimos termina produciendo la tonalidad de las hojas.
 
Ahora bien, como de empastelar la cosa se trata, para así honrar las enseñanzas del gocho y lustrado José Humberto Márquez, quien solía repetirme: “¿Negro, para qué hacer sencillo lo que se puede poner como pelota de estopa?”, debo decir que en el llamado sistema aditivo de síntesis de color, donde los colores se obtienen mezclando luz de color en lugar de pigmentos, el verde es un color primario, junto al rojo y el azul. No es de olvidar que a nuestro color de este domingo 10 de agosto se le considera un color frío, junto con el azul y el violeta.  Como se ve que, quien ello afirma, nunca sudó en medio de una verde ladera arando al mediodía...
 
            El maestro Octavio Paz, quien sabe si colocado en un disparadero como este en que ahora ando, redactó Escrito con tinta verde, que comienza así:
La tinta verde crea jardines, selvas, prados,
follajes donde cantan las letras,
palabras que son árboles,
frases que son verdes constelaciones.
 
Paz afortunadamente no era deuteranómalo, nombre que dan a las personas con dificultades para distinguir el color verde. Explico: la deuteranomalía depende de la condición de los conos M del individuo con tal defecto visual, dichas células de la retina son las encargadas de percibir las longitudes de onda lumínicas medias; si son imperfectas, producen ceguera parcial al verde, y si faltan del todo producen ceguera total a él, que es cuando ocurre la deuteranopía. Este tipo de daltonismo afectaba a John Dalton, quien fue el primero en señalar su existencia e investigarlo a finales del siglo XVIII.
 
El verde es hoy reconocido mundialmente como el que representa al islamismo, así como a las llamadas organizaciones políticas ecologistas.  No se puede dejar de mencionar que entre los colores litúrgicos este color simboliza una de las virtudes teologales: la esperanza; y se usa durante el denominado Tiempo Ordinario, que va después de Navidad hasta Cuaresma, y después del Tiempo de Pascua hasta el Adviento, en los domingos y en aquellos días que no exigen otro color. Explican los textos religiosos: “Es tiempo de esperanza por la venida del Mesías y por la Resurrección salvadora respectivamente.” Debe haberse inspirado en ello Sor Juana Inés de la Cruz para escribir:
A la esperanza, escrito en uno de sus retratos
Verde embeleso de la vida humana,
loca esperanza, frenesí dorado,
sueño de los despiertos intrincado,
como de sueños, de tesoros vana
 
Sigamos en lo nuestro. Los cloroplastos de las células vegetales contienen clorofila, que da color verde a las plantas. Los antiguos egipcios representaban a Osiris con piel verde, ya que ello significaba el renacer de la vegetación. Si queremos saber de las implicaciones en el campo sicológico podemos ver qué dice la chilena Michelle Vial Kauak: “Es un color de gran equilibrio, porque esta compuesto por colores de la emoción (amarillo = cálido) y del juicio (azul = frío) y por su situación transicional en el espectro. Se lo asocia con las personas superficialmente inteligentes y sociales que gustan de la vanidad de la oratoria y simboliza la primavera y la caridad. Incita al desequilibrio y es el favorito de los psiconeuróticos porque produce reposo en el ansia y calma, también porque sugiere amor y paz y por ser al mismo tiempo el color de los celos, de la degradación moral y de la locura. Significa realidad, esperanza, razón, lógica y juventud.”
 
En todo caso creo que mejor lo define Juan Ramón Jiménez en su poema Verde Verderol:
Verde verderol
¡endulza la puesta del sol!

Palacio de encanto,
el pinar tardío
arrulla con llanto
la huida del río.
Allí el nido umbrío
tiene el verderol.
 
Color de escritores que como los dioses escribían. Verde era la tinta que usaban Pablo Neruda,  Ramón Gómez de la Serna, José Lezama Lima y Juan Rulfo. El primero de ellos Neftalí Ricardo Reyes Basoalto, en 1935 fundó en Madrid su revista Caballo Verde para la Poesía. Este matiz no cesa de inspirar a los creadores, como es el caso de la  gaditana Carmen Gil, quien en El sapo verde dice:
Ese sapo verde
se esconde y se pierde;
así no lo besa
ninguna princesa.

Porque con un beso
él se hará princeso
o príncipe guapo;
¡y quiere ser sapo!
 
            Y ya que de verde poesía escribo no puedo dejar por fuera a ese boricua excepcional que es Antonio Cabán Vale, El Topo. Suya es la canción Verde Luz, considerada el segundo himno de Puerto Rico:
Verde luz de monte y mar,
isla virgen del coral,
si me ausento de tus playas rumorosas,
si me ausento de tus palmas silenciosas,
quiero volver, quiero volver.
A sentir la tibia arena
a dormir en tus riberas,
isla mía, flor cautiva,
para ti quiero tener.
Libre tu suelo,
sola tu estrella
isla doncella, quiero tener,
verde luz de monte y mar.
Aquí les dejo el link a la versión que hace de ella Mayda Belen: https://www.youtube.com/watch?v=9MuNS9j0_w4
 

            Verde que relampaguea en las alas de una mariposa herida que puede enfrentarse a jinetes enloquecidos de un orden sin brújula. Tonalidad que de cuarta en el arcoíris se desprende a revolotear sobre el mundo y deja un respiro a las ilusiones. Verde de vida y eterna resurrección.

© Alfredo Cedeño
 
 
 
 
  
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

domingo, abril 20, 2014

SEMANA MAYOR

            Hace siete días escribí del comienzo de la Semana Santa, festividad religiosa que hoy concluye. Han sido días de recogimiento para unos, de jolgorio y solaz para otros, de ejercicio del derecho a protestar exigiendo justicia y paz para muchos.  Venezuela en estos días no hizo más que seguir recorriendo, con un poco de menor intensidad, las infinitas estaciones de un Vía Crucis que parece no tener fin. Fausto Masó en su columna sabatina de este 19 de abril lanza una campanada de alerta que no debemos echar en saco roto: “solo quieren soluciones milagrosas. No hay ninguna que nos ahorre sangre, sudor y lágrimas.”
 
 
            Han sido días en que la raigambre religiosa criolla se manifestó de manera clara e inequívoca. La afluencia a los templos así lo demostró. Los voceros de la Iglesia Católica han honrado su compromiso de pastores y han escrito y hablado sin cortapisas. El pasado martes el querido cura Alejandro Moreno en su artículo quincenal que publica en El Nacional asentó: Vivimos tiempos de Semana Santa, tiempos de mentira sobre la que se apoya una violencia mortal. La verdad aplastada bajo montañas de embustes, esa por la que, en la jerga popular, murió Cristo. Esa por la que, hasta el momento en que escribo, han muerto más de cuarenta venezolanos, han sufrido prisión más de otros dos mil, han sido torturados fría y cruelmente más de cincuenta, se han seviciado ciudades hasta convertirlas en mártires de la fe en el hombre, la dignidad, la vida y la libertad, icono San Cristóbal, merecedora de un título de nobleza: “La muy leal y muy valiente”.
 
            Por lo visto se cumplió el viejo adagio de “A Dios rogando y con el mazo dando”. En los más humildes poblados y en las más cosmopolitas urbes la feligresía manifestó la devoción a su real saber y entender. En las trujillanas Escuque y La Cejita se patentó el poema Procesión, de Federico García Lorca
Por la calleja vienen
extraños unicornios.
¿De qué campo,
de qué bosque mitológico?
Más cerca,
ya parecen astrónomos.
Fantásticos Merlines
y el Ecce Homo,
Durandarte encantado,
Orlando furioso.
 
            En Caracas Andrés Eloy Blanco siguió resucitando y vi sus versos representados el miércoles por una masa que se postró ante su amoratado patrono:
Un aguacero de plegarias
asordó la Puerta Mayor
y el Nazareno de San Pablo
salió otra vez en procesión.
  
            Vi una de las saetas de Manuel Machado
El azahar y el incienso
embriagan los sentidos.
Ventana que da a la noche
se ilumina de improviso,
y en ella una voz -¡saeta!-
canta o llora, que es lo mismo
 
Y también otra de su hermano Antonio:
¡Cantar de la tierra mía,
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!
¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!
 
Hoy la tradición venezolana hará arder a Judas hasta reducirlo a cenizas. Se asegura que esta costumbre es tan secular entre nosotros que el primero en ser representado y quemado en Venezuela fue Américo Vespucio lo cual ocurrió en Cumaná en 1499. En estos días que no han cesado los muertos, ni los gases lacrimógenos, ni las detenciones arbitrarias, ni los perdigones, ni cuanto atropello se le ha podido ocurrir al poder desbocado que padecemos, recuerdo un fragmento del cuento Tres versiones de Judas de Jorge Luis Borges:
Anota que la crucifixión de Dios no ha cesado, porque lo acontecido una sola vez en el tiempo se repite sin tregua en la eternidad. Judas, ahora, sigue cobrando las monedas de plata; sigue besando a Jesucristo; sigue arrojando las monedas de plata en el templo; sigue anudando el lazo de la cuerda en el campo de sangre.

© Alfredo Cedeño
 
 
 
 
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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