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miércoles, marzo 04, 2020

MOJIGANGA ELECTORERA

El cada vez más relegado mataburros, léase diccionario de la real academia, define la palabra mojiganga como una obra teatral muy breve, de carácter cómico, en la que participan figuras ridículas y extravagantes, y que antiguamente se representaba en los entreactos o al finalizar el tercer acto de las comedias. También dice que es una acción burlona o lúdica; y nos informa que era una “fiesta popular en la que se utilizaban disfraces estrafalarios, especialmente de diablos o animales”. Casi que la última acepción viene a calzar con el alboroto en que andan nuestros impresentables políticos. Uno ya no encuentra ni por donde agarrarlos del asco que suelen dar.
                La algarabía de moda es elecciones, no hay quien no se dé frenéticos golpes de pecho mientras hace glamorosos llamados a ejercer el sagrado derecho del voto. Desayunan comicios, almuerzan votos, meriendan sufragios, cenan votación, y todavía se paran de madrugada a tragarse una urna electoral que estaba por la nevera realenga.  Mientras tanto, y como quien no quiere la cosa, los madurólogos, diosdadólogos y demás anestesiólogos de similar tenor, se dedican a hacerse lenguas de las bondades de nuestro sistema electoral.  A la par de ellos anuncian profundas fracturas en el ala roja, y juran por este puñado de cruces que la procesión interna ya la quisiera La Macarena en Sevilla la próxima Semana Mayor.  
                La sarna roja, estoy convencido, calla y ríe.  En cualquier momento aparecen abrazados el Trucutú de Monagas y el hijo de misia Teresa dando vivas al comandante eterno, y tendrán unos cuantos que meterse la lengua atrás de la oreja. Si algo hay que reconocerle a los chavistas-maduristas-castristas es su honestidad política, ellos siempre han dicho, y siguen haciéndolo, lo que quieren hacer y cómo lo van a hacer. Que nos reviente el cómo lo dicen es harina de otro costal, porque la verdad que cuando Pedro Carreño regurgita, o Iris Varela rebuzna, ni decir de cuando Bernal cecea, es revulsivo, pero dicen.
                Nuestra Constitución vigente, la de 1999, La Bicha de Chávez, establece que nuestro régimen político no es representativo, sino “participativo”; y ellos entienden por tal referendos y otras consultas, pero también movilizaciones masivas, incluidas las de los colectivos, “como formas directas de ejercicio del poder popular” que ha sido dirigido con precisión milimétrica a periodistas, obispos, estudiantes universitarios y miembros las ONG´s de derechos humanos. Todo esto ha terminado en un sistema político hibrido en el cual hacen lo que les da su real gana, al amparo de una legitimidad otorgada por la vía electoral. Chávez no ejerció una mera retórica política, siempre fue sincero en sus pretensiones de perpetuarse en el poder y para ello utilizó como principal palanca su revolución mundial contra el imperio estadounidense y el sionismo, abarcando alguna vez el extinto imperio español. 
                Si hacemos un ejercicio de memoria recordaremos que en el año 2000, ya aprobada la actual Constitución, fueron fulminados todos los miembros del antiguo Consejo Supremo Electoral, electos en 1998 por el desaparecido Congreso Nacional. Vale la pena decir que ese ente había demostrado su capacidad técnica y neutralidad política. Hasta allí llegó la ecuanimidad de ese organismo. Aquellos años fueron de una efervescencia que pudo por momentos escapar al bozal rojo, fueron fundamentales las acciones llevadas a cabo por los gerentes de la industria petrolera, que fueron apoyados por todos los trabajadores del sector y un sólido respaldo nacional. Ello llevó a la crisis de abril del 2002 que fue manejada de forma por demás hábil por parte del difunto.  Una de las opciones que comenzaron a barajarse en aquellos días fue la realización del Referendo Revocatorio, pero así como hoy, la piedra de tranca era el Consejo Nacional Electoral y su composición, la cual no se podía actualizar por la composición de la Asamblea Nacional. Fue así como  luego de varias horas de reunión a puerta cerrada, la sala constitucional del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela designó a medianoche a fines de agosto del 2003 la nueva directiva del Consejo Nacional Electoral.
                En aquellos días recuerdo claramente a los honorables miembros de nuestra casta política celebrar dicha designación. Se presentaron toda clase de cuentas y cálculos, todos decían que la directiva quedaba integrada por dos miembros de la oposición: Ezequiel Zamora  y Sobella Mejías, dos del oficialismo: Óscar Battaglini y Jorge Rodríguez, y una figura “independiente”: Francisco Carrasquero… el mismo que, como revela el Diccionario General del Zulia en su volumen I, cuando estudiante tocaba el bongó y cantaba en un grupo musical.
                Para ir abreviando que se nos alarga mucho el cuento, el rector guapachoso mostró su corazoncito, a los pocos días de haber tomado posesión de su cargo, anunciando que las firmas presentadas por la oposición el 20 de agosto de ese año no servían para solicitar un referendo sobre la continuidad de Chávez en la presidencia.  No creo que sea necesario abundar sobre la “independencia” de ese señor. Todos sabemos los resultados de aquella consulta electoral, y pese a las demoledoras evidencias de fraude cometido, y que demostraron en un estudio de María Mercedes Febres Cordero y Bernardo Márquez, publicado en International Statistical Review, órgano divulgativo del International Statistical Institute, fundado en 1885, la organización más antigua y con más prestigio en cuestiones estadísticas en el mundo; nuestra distinguida dirigencia nada dijo. El trabajo de Febres y Márquez estuvo dedicado a detectar anomalías en ese proceso donde hallaron anormalidades de todo orden y concierto en la data suministrada por el propio Consejo Nacional Electoral (CNE).  A manera de anécdota debo decir que a fines del 2004 Enrique Naime le exigió a Márquez que le presentara a los culpables del supuesto fraude…
                Como dije párrafos antes, la tendencia hoy es elecciones, ese es el ritmo de moda. De nada sirve hablar de las irregularidades que encierra la selección de los futuros rectores electorales entre gallos y medianoche. Los más exaltados ponen de ejemplo a Chile y cómo le ganó a Pinochet en las urnas. O son o nos creen, porque yo quiero saber en qué cabeza cabe pensar que una cúpula militar como la que padecemos, de piernas abiertas a cubanos, chinos y rusos, puede hacer que se respete la voluntad popular. Otros sacan a relucir el triunfo de las elecciones legislativas del 2015 y los 109 diputados logrados en esa ocasión; ¿quién cree que la satrapía se va a dejar ponchar de nuevo? De vaina que nos hablan de la intersección divina por medio de la cual veremos a Maduro, Cilia y Cabello levitando sobre la escalera de El Calvario en beatífica sumisión ante los designios del pueblo soberano. Por lo pronto nos exigen silencio y tener la cédula de identidad en la mano para ir felices a participar en la gran fiesta popular donde ellos acudirán con sus disfraces estrafalarios, especialmente de diablos o animales.

© Alfredo Cedeño 


miércoles, mayo 16, 2018

¿SE VOTA O SE BOTA?




                Los principales dogmas de la Iglesia católica son 44, yo, pese a mi catolicismo confeso, al pesar de los pesares, solo tengo uno: mi país. Los versos finales del emblemático poema Adherido a ti Venezuela de Antonio Arráiz, son mi credo particular:
Aunque seas mala madre, / estaré adherido a ti, Venezuela, / adherido de amor; / y subirme sentiré, de ti, buena o mala, /tu vida propia, como savia.
                Adoro hasta el llanto y la ternura y la euforia y la impotencia y el dolor a mi tierra. He tenido el privilegio de poder dedicar mi trabajo a conocer y dar a conocer lo que es ella y sus gentes. He gozado de mojarme en las nacientes del Orinoco y revolcarme en las aguas del Delta Amacuro, me embadurné de nieve en el pico Bolívar y de arena y nácar entre las ruinas de Cubagua, tirité de calor en las sabanas de Apure y me ahogué de frío en los páramos tachirenses. Y su gente, ¡mi gente!, mis amados paisanos, cuanto amor recibí de ellos. 
                Por todo eso, ver ahora el estercolero en que me la han convertido me sume en una profunda tristeza que casi inmoviliza. Los demonios rojos han sido eficaces en su labor tetánica, poco a poco, pero con suma eficacia, han desmantelado el vasto tejido social de solidaridad y luchas que tanto nos caracterizaba. La perversión, heredada de los tiempos de una democracia defectuosa, ha permeado con ritmo vigoroso toda la estructura nacional. Unas fuerzas armadas inutilizadas por unos comandos rapaces que se han entregado con furor uterino a las mesnadas cubanas, mientras que los honestos son maltratados inclementemente por una dirigencia opositora celestina y una ciudadanía ignara.
                Esa mencionada "dirigencia" ha sido pródiga en fabricar mesías de ineficiencia proverbial. Primero fue Arias Cárdenas, que, con voz de sacristán malamañoso y una gallina bajo el brazo, llenó de falsas ilusiones a medio país. Más tarde el turno fue para Ismael García, quien de ser el creador de la Lista Maisanta, ¡que no se olvide nunca su actuación nauseabunda!, pasó a ser una versión contemporánea de Negro Primero.  Los ejemplos sobran, y lo que vino a poner la tapa al frasco es esa vergüenza hecha gente llamada Henri Falcón que ahora cual flautista de Hamelín, ataviado con ropajes de arlequín marginal, convoca a celebrar el carnaval ideado a la medida del bigote bailarín.
                ¿Votar este domingo, o algún otro que cohoneste el desastre que vive nuestro país y botar otra oportunidad de ejercer un sufragio real? Y eso hay que preguntarlo hasta que entre en las cabezas huecas de quienes presumen de encabezar el rechazo que ha capitalizado la pandilla gobiernera. Mientras tanto y para que no quede duda repetimos a Arráiz: Quiero quedarme aquí, firme y siempre, / sin un paso adelante, sin un paso atrás. / He de amarte tan fuerte que no pueda ya más, / y el amor que tenga, Venezuela, me disuelva en ti.
                            
© Alfredo Cedeño

miércoles, octubre 04, 2017

COMPAÑÍA DE DEMOLICIÓN

                
                Al César lo que es del César, asegura con sabiduría el viejo refrán. Y si algo hay que reconocerle al chavismo es su capacidad de destrucción, son algo así como esas viejas imágenes de una gran bola de acero que todo lo arrasa al ritmo de su bamboleo. No solo ha acabado con nuestra economía, sino también con nuestro sistema de salud, los rezagos de la clase media (que había logrado sobrevivir a los desmanes de una casta política que ahora exige ser tratada como la versión posmodernista de Moisés), la producción petrolera, la industria eléctrica, y todo cuanto pueda uno imaginarse.
                La obra de ruina que han ido dejando a su paso es comparable solo con las condiciones por demás lamentosas de Cuba en su generalidad. Pasear por las calles de La Habana es ruinoso para el ánimo de cualquiera, construcciones que al imaginarlas en buenas condiciones de mantenimiento te puedes suponer la preciosura de entorno que podría ser.  Ni hablar de su sistema de transporte público capitalino, es deprimente ver a hombres, mujeres y niños apelmazados en las rastras de transportar caña de azúcar donde son arracimados cual rebaños en camino a un potrero, cuando no a un matadero.
                Es una larguísima lista de ejemplos que podrían ser citados, no solo en La Habana, o en Moscú, también pueden mentarse las zonas liberadas del mando de la guerrilla colombiana vecina a la que ahora en nombre de la paz se le quiere otorgar cuanta prebenda cualquiera puede suponer.
                La obra de implantación de modelos decadentes ha sido de tal magnitud que lo ético ha sido socavado de manera perversa.  Hasta el modelo de lucha que significó para el mundo la forma cómo fue enfrentada y derrotada la dictadura de Pérez Jiménez ha sido exterminada. Ahora las dictaduras se enfrentan por vía electoral, y no cesan de invocar el ejemplo de Pinochet. Olvidan el pequeño detalle de que Chile tenía unas instituciones militares que no habían sido manoseadas, ultrajadas y prostituidas en su esencia como ha sido el caso de las fuerzas armadas venezolanas.
                Y debo decir que los abusos contra nuestros hombres de armas no son de reciente data, fueron abusadas por los rojos, lo fueron por la cuarta y son ahora vilipendiadas por los mudecos que le exigen una sumisión total y pago de unas penitencias de obediencia sumisa.
                No puedo evitar imaginar a Pompeyo Márquez llamando a votar contra Pérez Jiménez. Menos puedo dejar de evocar a dirigentes como Leonardo Ruiz Pineda, Antonio Pinto Salinas y Alberto Carnevalli. Sin dejar de lado a los oficiales León Droz Blanco, Wilfrido Omaña y Jesús Alberto Blanco entre muchos otros. Panteón de héroes pervertido por una historia que el chavismo ha borrado para lograr implantar nuevos paradigmas de lucha.  Cosas veredes…

© Alfredo Cedeño

sábado, diciembre 12, 2015

EN NOMBRE DE FÁTIMA





                La señora Fátima tiene 73 años, ella nació en San Vicente, isla de Madeira, y llegó a Venezuela hace 51 años. Es una mujer imponente, alta, robusta, de pelo corto y sonrisa fácil; su acento portugués lo mantiene intacto, es inconfundible, y es de una chispa que hace sonreír con frecuencia a los que están a su alrededor. Ella, como buena hija de su tierra, es una trabajadora incansable, y ha hecho de todo para ganarse la vida y sacar a sus hijos adelante; por largos años fue conserje, labores en las que con frecuencia era ayudada por su hija mayor, quien por cierto ahora ocupa un alto cargo en una cadena comercial.
                Esta amiga de quien les hablo hoy ahora tiene una panadería en Miranda, pero como nadie es perfecto, y para asombro de su prole, ¡Fátima se hizo chavista!, roja rojita furibunda, al punto de que en la sala de su casa colocó una foto inmensa del comandante galáctico. Sus  hijos trataron de hacerle sacar la bendita imagen. Nones. Nada fue más inamovible que dicha imagen de ese espacio donde el difunto era venerado más que el propio San Vicente de Saragoza, santo patrón de su pueblo natal. Y ay de quien mencionara algo contra su comandante. Las miradas homicianas cuando se hacía algún comentario respecto al señor en cuestión terminaron por hacer que sus descendientes asumieran un pacto de estoica tolerancia respecto al bendito icono.
                Hace un par de meses los muchachos llegaron a visitarla y lo primero que notaron es que ¡no estaba la foto! Cruce de miradas entre ellos, cuchicheos, y Fátima impávida. La mayor, cabeza de descendencia al fin, se lanzó: Mami, ¿aquí qué pasó? Con seriedad se limitó a responder: Ya no quiero saber nada de estos fulanos, ninguno quiere servir de nada, y no hablemos más del punto. Silencio total y respiro de alivio colectivo. Poco a poco fueron notando cómo ella se decantaba, pero sin pisar el terreno de esos escuálidos “gavones”, cuando no los tildaba de paneleiros. Sus juicios sobre el señor presidente realmente eran muy duros: Este Maduro ya lo que está es pudridu, nunca sirvió de mucho y ahora meinos va a serví, que no me foda la vida ese paneleiro.
                El domingo en la noche ella estaba exultante, sus hijos sin querer hacer mucho énfasis se miraban entre ellos con sonrisas contenidas, y celebraban que por fin mami hubiera regresado al redil. Cuatro días más tarde, el pasado jueves, les dijo: Por euso es que este país tá fodido, estos gavones pajúos de la oposición lou que hacen es gastar el tempu peleandu entre ellus, en vez de peliar con el Maduro.  ¡Lo que están es loucos, vai para merda todos!
                ¿Cómo no darle la razón a Fátima? ¿Alguien puede explicar de manera didáctica los ataques contra María Corina Machado principalmente por parte del bachiller Tomás Guanipa? ¿Ese boconcito infeliz tendrá conciencia de cuanto le debemos a ella en el escenario de victoria que ahora vivimos? A Machado le pasan factura por tener voz propia y haber ido abriendo nuevos espacios junto a Lilian Tintori, Mitzy de Capriles y Patricia de Ceballos, sin cuyas gestas no estaríamos viviendo el escenario donde ahora estamos. María Corina defendió la que debía ser candidatura natural de Eduardo Gómez Sigala frente al saltimbanqui Alfonzo Marquina, quien de ser diputado en el año 2000 por Sucre bajo la sombra de Acción Democrática, pasó a serlo en el 2010 por Miranda pero entonces amparado por Un Nuevo Tiempo y desplazando a Yon Goicochea; para ahora aparecer de la mano de Primero Justicia para darle el esquinazo a Gómez. A este ritmo no nos debe extrañar verlo en futuros comicios de la mano del PPT como candidato por Amazonas.
                El triunfo se nos ha de convertir en génesis de una estrepitosa derrota si no se dejan a un lado los intereses minúsculos que ahora se muestran en todo su esplendor. Es necesario dejar las mezquindades a un lado si realmente se busca la unidad. No podemos, ni debemos, permitir que “La Unidad” se convierta en un cadalso automático para aquellos que se atrevan a disentir de las decisiones de una dirección que si bien ha sido acertada, también ha errado. ¡Y cómo! No son pocos los puñales que están brillando en el pescueceo manifiesto por la presidencia de la Asamblea Nacional, ya han salido los que dicen que había un pacto para que el cargo fuera para la tolda política que obtuviera mayor cantidad de votos y por ende el premio es para Manolito el de Mafalda –lease: Julio Borges–; mientras que otros  vociferan que es Ramos Allup quien debe gerenciar dicho puesto. No he ocultado nunca mis reservas con respecto al señor valenciano, pero es justicia decir que no hay en este momento otro que conozca mejor el escenario parlamentario que él, no en balde fue el jefe de la bancada de Acción Democrática en la ya desaparecida Cámara de Diputados, y en aquellos tiempos no le tembló la mano a la hora de negar permiso de viaje al presidente Carlos Andrés Pérez. Sin embargo, el argumento más poderoso que han utilizado algunos para fortalecer su candidatura es que él tiene amplio burdel político. ¿Qué vaina es esta? Por lo visto hay quienes quieren que sigamos retrocediendo y lleguemos a los tiempos de Raimundo Andueza Palacio, quien se hacía tocar el Himno Nacional cuando llegaba a las casas de putas que había en Puente Hierro.
                En un momento tan duro como el que vive el país, es muy triste ver al ya citado Ramos y al querido Chúo Torrealba embarcados en un torneo de morisquetas, cual si estuviéramos en una función de Gaby, Fofó y Miliki que eran expertos en provocar la risa fácil en una teleaudiencia inhabilitada para participar. ¿Ese es el respeto que tienen por ese “pueblo” con el que tanto se llenan la boca? ¿A cuenta de qué han caído en la provocación de Nicolás y su combo para convertir el debate político en la mediocre caricatura de una gallera? El poder fue otorgado por mandato popular y se ejerce, nadie pone en duda la autoridad de la reina Isabel, a esa frágil anciana la respetan y punto, ella no sale a pararse cual versión sofisticada y del primer mundo de Desiree Santos a plantarse, brazos en jarras, a las puertas de Buckingham a exigir la respeten, de eso se encargan aquellos a quienes les corresponde.  Diosdado puede decir misa, ¿quién lo ordenó clérigo? En consecuencia todo cuanto oficie, y por más sahumerio que emplee, será una payasada que sólo busca impresionar incautos.
                Es tiempo de triunfo pero también de reflexión, es tiempo de gozo pero tiene que ser también el de ganarse el respeto de gente como Fátima, que el domingo, en contra de sus emociones, votó por la democracia real; es tiempo de que volvamos a ganar los afectos de ella y que logremos que no siga diciendo, y con razón: ¡Vai para merda todos!

© Alfredo Cedeño


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