miércoles, marzo 25, 2020

PROPAGANDA, PESTE Y PODER


                Hay en Paul Valery una magia que seduce a primera lectura. De él recuerdo muchos versos pero tengo particular debilidad por aquellos que en Esbozo de una serpiente rezan: “¡Sol, Sol!… ¡Mentira resplandeciente! / Tú, Sol que a la muerte la enmascaras / Bajo el azul y oro de una tienda / do celebran consejo las flores.”  Tal vez por mi fascinación confesa es que reí desbordado cuando conocí su frase: “La política es el arte de impedir que la gente se mezcle en lo que le concierne.”  Los sempiternos remendadores de la virginidad de los dirigentes siempre trataron, con inutilidad, de restarle impacto a dicha afirmación diciendo que era una perspicaz ironía del agudo hombre de letras.
                En realidad la política lleva siglos siendo manejada al real saber y entender de una casta que muta según los intereses del momento. Y siempre bajo la mirada complaciente de las diferentes élites que suelen sobrevolar cual moscas golosas alrededor del poder y el presupuesto del Estado. Son castas que solo velan por sus intereses sin ver más allá del monto que sube o baja en sus balances metálicos o sociales. Es así como hemos visto, a lo largo de la historia, a lo más representativo de la sociedad sucumbir ante el triunfador de turno.  En Venezuela es una larga tradición de la que desde tiempos de Bolívar tenemos noticias. Él formaba parte de la crema y nata criolla, por lo que amigos y familiares les eran más que cercanos, sus compañías en distintos lechos dejaron muchos cuchicheos sueltos en la ahora llamada leyenda urbana. José Antonio Páez, su antagonista en origen socioeconómico pero compañero de gestas recibió igual celebración al sucederle como hombre fuerte de turno. Pasó con Castro, Gómez, Pérez Jiménez y Chávez, por citar al voleo sólo a algunos de los tunantes que ejercieron el poder en nuestro país.
                Siempre el poder ha legitimado cualquier barbarie, y para ello la propaganda ha sido un factor determinante. Este es un largo y espinoso concepto del cual se han escrito millones de palabras, pero en lo que se concuerda por lo general es en lo poco honesto que suele ser.  Se afirma que la Fiesta de la Federación organizada para celebrar el primer aniversario de la toma de la Bastilla, el 14 de julio de 1790 en el Campo de Marte de París; así como El Culto del Ser Supremo, fueron actos de propaganda política de los cuales aprendió Napoleón para estructurar su mito-leyenda, efecto y consecuencia de la magnificación por medio del arte y la prensa de sus victorias, lo cual creó una imagen ideal de sus fuerzas armadas y su persona. Se puede afirmar que el enano corso fue pionero en el uso sistemático y consciente de las técnicas modernas de propaganda.
                Un siglo más tarde Lenin y Trostky tomarían para sí estas técnicas y las aplicarían en la revolución rusa.  Trotsky, con audacia inaudita para aquellos tiempos, utilizó por primera vez los medios radiofónicos como medio para dirigirse a las “masas sufrientes”, aplicando un mortal bypass a los gobernantes de entonces. Años después serían Hitler y Goebbels quienes perfeccionarían la propaganda como herramienta de control social.  Goebbels decía en aparente tono jocoso: “La Iglesia católica se mantiene porque repite lo mismo desde hace dos mil años. El Estado nacionalsocialista debe actuar de la misma manera.” Y convirtió la propaganda nacional-socialista en un martillo que machacó implacable a todo el pueblo alemán, y extensa parte del mundo, porque como recitaba Goebbels: “Hacer propaganda es hablar de la idea en todas partes, hasta en el tranvía.”
Si bien todos sabemos cómo terminaron el retaco austríaco y su ministro para la Ilustración Pública y Propaganda, muchas de las innovaciones técnicas y de procedimientos de ellos en este campo se mantienen vigentes.  Una de las razones fundamentales de su éxito fue el predominio de la imagen ante la explicación y hurgando en lo más oscuro del llamado inconsciente colectivo, exaltando la pureza de la sangre, los instintos elementales de crimen y de destrucción; como bien explica Jean-Marie Domenech: “remontándose, mediante la cruz gamada, hasta la más antigua mitología solar; por otra, utiliza sucesivamente temas diversos, y aun contradictorios, con la sola preocupación de orientar a las muchedumbres en la perspectiva del momento.”
Necesitaría extenderme mucho más, y si bien estamos en tiempo de cuarentena, tampoco voy a darles la lata con el tema, aunque debo mencionar que en el ínterin ambas partes, comunistas y nazis, pusieron a prueba sus experticias en el área en Italia con Mussolini y en España durante la guerra civil que terminó ganando Franco. Décadas más tarde la Unión Soviética puso al servicio de otro cadáver ilustre, Fidel Castro Ruz, todas sus habilidades para vender lo invendible en la “Revolución Cubana”. La lucha contra el Imperialismo, la derrota del analfabetismo, el país más sano del mundo, los gusanos, la autodeterminación de los pueblos, fueron algunos de los tópicos que el héroe caribeño sembró en el mundo para enmascarar su sevicia e incompetencia. Si bien es cierto que Cuba se había convertido en un semillero de cuanta malamaña había, también lo es que era un país con avances económicos, arquitectónicos, audiovisuales que luego fueron exterminados por los barbudos. Cumplieron a rajatabla con una premisa comunista, o socialista como gustan decir los vagos de este tiempo, quedarse con todo para luego no hacer nada con ello. Demostraron su habilidad para robarle todo a todos y matar de hambre a todos.
                Cuando apareció el comandante sabanetero en el escenario continental, Castro lo arropó y puso a su servicio su entero arsenal propagandístico, el que había ido acumulando y perfeccionando a lo largo de cruentas décadas, armas que ensayó y perfeccionó en las costillas de la población cubana.  A la par de ello acudieron lambucios revestidos de togas, o medios de comunicación, a ungirlo.  Monedero y Ramonet son buenos ejemplos de lo que escribo. A Venezuela acudió una jauría rabiosa de perros de presa franceses, españoles, alemanes, ingleses, estadounidenses, colombianos, y muchos otros países, para ponerse al servicio de la gran puesta en escena del Socialismo del Siglo XXI. Eso sí, con los bolsillos bien abiertos. Con la excusa de extender la revolución “Bolivariana”, así llamada en realidad por la cantidad de bolívares convertidos a distintas divisas que se repartieron con irresponsable prodigalidad, se financiaron a cuantos impresentables se pueda cualquier mente imaginar. Podemos en España es la mejor muestra de lo que afirmo.
                Ahora que nuestro país confronta una nueva peste, porque la del chavismo ya llevamos interminables años padeciéndolo, vemos como el virus rojo rojito sigue haciendo de las suyas. Y su saña  es de un vigor que nunca imaginé. Cruzó el Atlántico y, por medio de Iglesias y Monedero, de nuevo con la propaganda de por medio, depurada y actualizada, se hicieron del poder. En ambas orillas del océano vemos, en esta mala hora, cómo la irresponsabilidad se manifiesta con la brutalidad propia de los maleantes más siniestros que se pueda nadie imaginar.   Con la excusa de la peste china, de cuna comunista, que nadie se olvide de ello, se imponen cepos inimaginables. Todo con la clara idea de secuestrar a la ciudadanía y obligar a la complicidad a todos aquellos que lideran cualquier sector de la sociedad, lo cual ocurre cuando no hay firmeza frente a la barbarie.  Es así como vimos a algunos “dirigentes” haciendo llamados al FMI dando respaldo tácito a la solicitud del Bigote Bailarín de cinco mil millones de “dolaritos”, los cuales afortunadamente fueron negados, para afrontar la crisis sanitaria en Venezuela.
                De nuevo la propaganda asoma su hocico, y ahora se pretende, alcahuetería mediante, arropados por el manto de “la solidaridad y la humanidad” recibir dinero que le permita seguir aniquilando con vigor socialista a todos aquellos que logren infectar con sus charlatanerías de feria medieval. ¿Será que nunca habrá una vacuna para tanta superchería?  Quizás nos inoculemos cuando, reformulando a Valery,  dejemos de abandonar en manos de la casta política todo y nos mezclemos en aquello que nos concierne para apartar las tres P de este artículo. Y como bien escribió él en El cementerio marino: “¡Al idólatra aparta, perra espléndida!”

© Alfredo Cedeño

miércoles, marzo 18, 2020

SALSA Y CONTROL


                A comienzos de los años 70 del siglo pasado una emisora a la que la gran mayoría del gran público le hacía el fó, Radio Aeropuerto, irrumpió con paso poco sigiloso a la historia musical del país, el Caribe y el mundo entero. Esa emisora quebró de manera incuestionable la hegemonía que hasta ese momento habían mantenido Radio Caracas y Radio Capital, donde un grupo de perifoneadores irreverentes, desde mediados de los años 60, habían impuesto los ritmos sajones en el país. Lo más “latinoso” que se toleraba era Samba Pá ti de Carlos Santana, de resto era Janis Joplin, Procol Harum,  Rolling Stones, Chicago, Aretha Franklin, Tom Jones, y muchísimos otros para los que se necesitan unas cuantas hojas para escribir todos sus nombres.
                La citada estación, que hasta ese entonces había sido conocida por la melosa voz de unas locutoras que constantemente daban la hora e informaban sobre los vuelos que llegaban y partían del aeropuerto de Maiquetía, abrió sus puertas para una de las voces más emblemáticas en el mundo musical caribeño: Phidias Danilo Escalona, y luego de él llegaron Héctor Castillo, Rafael “El Tigre” Rivas, y otros más que modificaron el espectro radiofónico nacional.  Fueron años en los que descubrimos o asumimos a La Sonora Matancera, Tito Rodríguez, Ray Barreto, aparece Fania All Stars, y el Poliedro de Caracas se convirtió en el templo de consagración de las estrellas ya establecidas o nacientes. Allí vi a Daniel Santos y a Rubén Blades, a Oscar D´León y a Willie Colón, a Celia Cruz y a Justo Betancourt, a Papo Luca y a Héctor Lavoe, a todos los que eran alguien en el mundo musical latino.
                En aquellos días el imborrable amigo Wilmer Suárez, era redactor nocturno en Crítica, diario entonces propiedad de Miguel Ángel Capriles, y uno de sus compañeros de labores era Jorge Collazo, quien redondeaba el sueldo haciéndole la prensa a Oscar D´León y solía regalarnos entradas a esos conciertos. Una noche nos fuimos al escenario de Coche porque tocaba una banda que era legendaria en aquellos días: Los Hermanos Lebrón.   Cuando ellos entraron a escena el pandemónium fue total, abrieron con una pieza que desde el año 69 no cesaba de identificarlos: Salsa y control. Cuando los metales sonaron y casi de inmediato el muy serio Pablo Lebrón, que en paz descanse, de ojos cerrados y gesto concentrado, batió las maracas y entonó: “Yo le pido a mi gente que está gozando con la orquesta Lebrón…”. El llamado Coso de La Rinconada se vino abajo, y cuando un minuto después vino el turno del coro, no hubo quien no entonara: “Salsa y control, salsa y control…”
                Esa canción no me sale de la cabeza en estos días de peste, y control omnímodo de las instituciones en todos los rincones del mundo. El origen del bendito Coronavirus está claro, es meridiana su procedencia: China,  y ello se trató de soslayar desde un primer momento. El control “progresista” de los medios hizo lo imposible por blanquear el rostro de la dictadura amarilla. A fin de cuentas pareciera que, salvo contadas excepciones, todo comunicador lleva un camarada en su corazón.  El gusano de la solidaridad se ha convertido en una rémora del que nadie se quiere deslastrar. Los jerarcas amarillos han  guardado silencio y hace apenas unos días un portavoz del Ministerio de Exteriores de ese país, Zhao Lijian, señaló vía Twitter que en realidad el corona virus había sido incubado en EEUU y que unos soldados enfermos habían sido sus portadores y fue lo que originó su brote en tierras asiáticas.  Los diferentes voceros oficiales del planeta inicialmente trataron de minimizar la gravedad de la enfermedad; ante ello el inmunólogo Anthony Fauci, considerado el mayor experto mundial en enfermedades infecciosas fue tajante en sus declaraciones: “Escucho a gente decir que la gripe mata a más personas. No es cierto. El índice de mortalidad del flu es de 0.1% y la mortalidad del coronavirus es al menos 10 veces superior”. Todas las voces concuerdan en señalar que el riesgo de esta pandemia, así bautizada hace pocos días por la Organización Mundial de la Salud, fue subestimado. El propio organismo rector de asuntos de salud en el mundo descartó, el pasado 14 de febrero, a través de su director ejecutivo para emergencias sanitarias, Michael Ryan, suspender los Juegos Olímpicos Tokio 2020. En numerosos países se habla de negligencia en el manejo de esta crisis sanitaria; y todo ello ha sido devastador para el escenario económico.
                Al César lo que es del César, y miremos en nuestro patio.  Una vez más los rojos rojitos la agarran en el aire y sacan provecho de la situación. Bloquean el país en aras de una supuesta cuarentena que enmascara la crisis de combustible y la consiguiente catástrofe de suministro alimenticio y de medicinas; mientras dan berridos  clamando que el malvado imperio elimine las medidas contra su cofradía para poder importar medicinas y alimentos.  ¿Con que fondos los van a adquirir?  Por lo pronto, y siguiendo el coro de la canción que usé para titular estas líneas, el Bigote Bailarín, el Trucutú de Monagas y todo su combo mantienen al país sumergido en la salsa de su tiranía y cada vez incrementan más el control que muchos creen poder superar con unos procesos electorales cuyos resultados ya Tibisay Lucena tiene preparados.  No es ocasión para estar bailando precisamente al son que ellos tocan.

© Alfredo Cedeño

miércoles, marzo 11, 2020

TRAMPAJAULA ELECTORAL



                Recuerdo de mi infancia, cuando visitaba la casa de mi tía Petra, unas pequeñas jaulas hechas de cañas muy delgadas y alambres muy finos, me asombré mucho la primera vez que agarré una por lo liviana que eran. Mis primos, los Jackson Cedeño, Humberto y Reinaldo, porque Orlando siempre fue un anciano prematuro y Máximo no tenía todavía edad para esas correrías, cuidaban sus avecillas: azulejos, reinitas, cristofués, chirulís, hasta un turpial creo recordar. Ellos solían irse por los cerros de La Guaira con sus jaulas llenas de pajaritos y regresaban horas más tarde con más de los que habían llevado.  Me llamaba la atención su forma algo extraña: a cada lado de donde estaban los animalitos había cajita del mismo material con una puerta que se abría hacia arriba. Cuando pregunté me dijo Humberto: Bueno gordo zoquete, no ves que ahí se pone el cambur o el pan para que vengan los otros a comer, porque el de adentro está pitando, y este resorte hace que la tapa caiga. Así supe lo que era una trampajaula.
Encontraba aquello muy perverso, utilizaban a los ya encerrados para también encerrar a sus similares que acudían inocentemente ante el gorjeo de sus parientes para terminar adornando las paredes de una vasta casa de La Guaira. Años más tarde, en Caraballeda, aprendí que otra forma era colgar en un árbol una jaula, pero en sus alrededores colocaban unas varas embadurnadas de una savia que formaba una solución gomosa en la cual quedaban adheridas las aves cuando se acercaban a ver a su par que trinaba en la bendita jaula. En otras palabras era el mismo musiú con otro cachimbo, los animalitos terminaban encerrados.
                Ahora, cuando se habla tanto de elecciones y demás negocios conexos, no dejo de pensar en aquellas trampajaulas de mi infancia y adolescencia. La diferencia es que hoy en día quienes silban, pitan, trinan y corcovean convocando a “ejercer el sagrado derecho del voto” –¿Conocen una frase más pavosa?–, son algunos cándidos que a su vez han creído ciegamente, cual borregos, en las llamadas fervorosas de la casta política y ahora replican el dichoso llamado. A los paisanos candorosos uno llega a entender que han sido pescados en su inocencia, los que no tienen excusa alguna son los “líderes” que insisten en llevar al matadero a quienes se entregan a ellos y su quincalla verbal. Esos dirigentes son capaces de vender a sus propias madres con tal de ejercer el poder, los demás les interesamos muy poco y hemos llegado a un punto que ya ni siquiera se ocupan de simularlo.
                En otras ocasiones he abordado el tema de las elecciones, que tal como he escrito es el mantra de moda, es el ritmo que se nos impone, y al que se nos exige cual borregos sigamos sin chistar. No se trata de oponerse a ultranza a la vía del sufragio, aquellos que manifestamos nuestra reserva en esta ocasión, así como en otras anteriores, es por lo que se refiere a las condiciones electorales venezolanas actuales. Hay quienes consideran mitos la posibilidad de manipular las máquinas de votación, y dicen que es absolutamente evitable con auditorías antes y después de los procesos; y aseveran que los votantes fantasmas pueden ser controlados con los testigos de mesa; y que la ausencia de estos últimos es lo que posibilita que se lleve a cabo la triquiñuela.  Me cuesta, y mucho, entender que a estas alturas se siga blandiendo semejante argumento como escudo que blinda frente a la tracalería roja rojita.
                Los honorables discípulos del nieto de Maisanta, plaga babilónica que en mala hora nos tocó padecer, y cuyo heredero está consumando la destrucción de nuestro país como nunca nadie imaginó, saben muy bien lo que tienen entre manos.  Ellos han  ido afinando su maquinaria de fullerías, teatro y bufonadas para legitimarse y seguir con su cara muy fresca sus labores de exterminio del aparato democrático, tanto en casa como en países extraños. Quisiera que aquellos que hablan de la invulnerabilidad del voto leyeran el informe final de la Organización de los Estados Americanos sobre las elecciones en Bolivia del 20 de octubre de 2019.
                No voy a atormentarlos con detalles específicos, pero les transcribo algunos fragmentos del muy extenso y sustentado documento: “Se hallaron residuales de Bases de Datos y  de la aplicación de NEOTEC en servidores perimetrales, que no deberían haber tenido bases de datos ni versiones de la aplicación empleada para el proceso. El responsable de la empresa proveedora del software accedió con usuario root [es aquel que cuenta con todos los privilegios y permisos para realizar acciones sobre un sistema Linux] al sistema operativo en medio de la noche (por su propia decisión), hecho que sucedió posterior al acto oficial de cereo del sistema, es decir una vez que se pensaba que los sistemas estaban listos y que ya nadie podía acceder a ellos.”  Amén de ese pequeño detalle esa comisión encontró que: “Se podía acceder a la Base de Datos del Cómputo Final de manera directa, sin pasar por la aplicación.” También detectaron falta de preservación adecuada de la evidencia sobre la elección y señalaron: “La deficiente cadena de custodia no garantizó que el material electoral no haya sido manipulado y/o reemplazado.” En cuanto al análisis técnico de pericia caligráfica que realizaron encontraron: “Similares espacios intervocabulares o letras “t” con barrado cóncavo con respecto al margen superior”.  Ese equipo realizó filtro de las actas electorales en las que el partido del honorable Evo obtuvo del 90 al 98,9% de los votos en los departamentos de Cochabamba, Potosí, Chuquisaca, Santa Cruz y en la ciudad de Buenos Aires Argentina y lo que sobraron fueron irregularidades.  Muy similares a las en su momento señaladas por Mercedes Febres Cordero y Bernardo Márquez, y de las cuales he hecho referencias en muchas oportunidades anteriores.
                Los técnicos aseguran en el mencionado documento: “Irregularidades señaladas se repiten de manera sistemática en localidades de Potosí, Chuquisaca, Santa Cruz y Cochabamba, con la particularidad que la mayoría de las mismas no tuvieron fiscalización de autoridades de partidos políticos distintos al oficialismo. (…) El equipo de auditoría no pudo profundizar completamente en este análisis y realizar cotejos adicionales debido a que parte del material electoral de los departamentos de Potosí, Chuquisaca y Santa Cruz fueron incendiados. Sí se pudo obtener y analizar material original del departamento de Cochabamba. (…) Se analizó en primera instancia el acta nº 35036. El estudio permite concluir diversas irregularidades: primero, casos en que las firmas de los jurados en el acta original no corresponden con las firmas que se presentan en la copia química. Además, situaciones en que, pese que fueron firmadas por la misma persona, se realizaron en momentos distintos, permitiendo concluir que hubo dos firmas originales. Finalmente, firmas falsificadas en las hojas de trabajo respectivas. La mesa 35036 solo cuenta con votos a favor del partido político MAS.”
                Perdonen los amigos bolivianos si creen que pretendo subestimar sus capacidades cibernéticas, pero ¿en La Paz podrían articular semejantes manipulaciones tecnológicas y humanas? ¿O será que los iluminó el ánima de Alfredo Anzola, ex fundador de Smartmatic y pareja de Delcy Eloina, desde sus cenizas en Catia La Mar? ¿De verdad creen que nuestros malandrines van a permitir que se repita lo del 2015? Si en Bolivia que había una misión observadora como la del citado organismo jugaron las cartas que jugaron para retener el poder, ¿qué no harán en Venezuela donde no entra sino Zapatero y los alcahuetes internacionales a los que ellos les dan entrada?  ¿Habrá alguien que de verdad crea que la quema de los pertrechos comiciales en los depósitos del Consejo Nacional Electoral en Fila de Mariches será el fuego lustral que nos convertirá en modernos Aquiles? Cuídense los talones. 

© Alfredo Cedeño 

miércoles, marzo 04, 2020

MOJIGANGA ELECTORERA

El cada vez más relegado mataburros, léase diccionario de la real academia, define la palabra mojiganga como una obra teatral muy breve, de carácter cómico, en la que participan figuras ridículas y extravagantes, y que antiguamente se representaba en los entreactos o al finalizar el tercer acto de las comedias. También dice que es una acción burlona o lúdica; y nos informa que era una “fiesta popular en la que se utilizaban disfraces estrafalarios, especialmente de diablos o animales”. Casi que la última acepción viene a calzar con el alboroto en que andan nuestros impresentables políticos. Uno ya no encuentra ni por donde agarrarlos del asco que suelen dar.
                La algarabía de moda es elecciones, no hay quien no se dé frenéticos golpes de pecho mientras hace glamorosos llamados a ejercer el sagrado derecho del voto. Desayunan comicios, almuerzan votos, meriendan sufragios, cenan votación, y todavía se paran de madrugada a tragarse una urna electoral que estaba por la nevera realenga.  Mientras tanto, y como quien no quiere la cosa, los madurólogos, diosdadólogos y demás anestesiólogos de similar tenor, se dedican a hacerse lenguas de las bondades de nuestro sistema electoral.  A la par de ellos anuncian profundas fracturas en el ala roja, y juran por este puñado de cruces que la procesión interna ya la quisiera La Macarena en Sevilla la próxima Semana Mayor.  
                La sarna roja, estoy convencido, calla y ríe.  En cualquier momento aparecen abrazados el Trucutú de Monagas y el hijo de misia Teresa dando vivas al comandante eterno, y tendrán unos cuantos que meterse la lengua atrás de la oreja. Si algo hay que reconocerle a los chavistas-maduristas-castristas es su honestidad política, ellos siempre han dicho, y siguen haciéndolo, lo que quieren hacer y cómo lo van a hacer. Que nos reviente el cómo lo dicen es harina de otro costal, porque la verdad que cuando Pedro Carreño regurgita, o Iris Varela rebuzna, ni decir de cuando Bernal cecea, es revulsivo, pero dicen.
                Nuestra Constitución vigente, la de 1999, La Bicha de Chávez, establece que nuestro régimen político no es representativo, sino “participativo”; y ellos entienden por tal referendos y otras consultas, pero también movilizaciones masivas, incluidas las de los colectivos, “como formas directas de ejercicio del poder popular” que ha sido dirigido con precisión milimétrica a periodistas, obispos, estudiantes universitarios y miembros las ONG´s de derechos humanos. Todo esto ha terminado en un sistema político hibrido en el cual hacen lo que les da su real gana, al amparo de una legitimidad otorgada por la vía electoral. Chávez no ejerció una mera retórica política, siempre fue sincero en sus pretensiones de perpetuarse en el poder y para ello utilizó como principal palanca su revolución mundial contra el imperio estadounidense y el sionismo, abarcando alguna vez el extinto imperio español. 
                Si hacemos un ejercicio de memoria recordaremos que en el año 2000, ya aprobada la actual Constitución, fueron fulminados todos los miembros del antiguo Consejo Supremo Electoral, electos en 1998 por el desaparecido Congreso Nacional. Vale la pena decir que ese ente había demostrado su capacidad técnica y neutralidad política. Hasta allí llegó la ecuanimidad de ese organismo. Aquellos años fueron de una efervescencia que pudo por momentos escapar al bozal rojo, fueron fundamentales las acciones llevadas a cabo por los gerentes de la industria petrolera, que fueron apoyados por todos los trabajadores del sector y un sólido respaldo nacional. Ello llevó a la crisis de abril del 2002 que fue manejada de forma por demás hábil por parte del difunto.  Una de las opciones que comenzaron a barajarse en aquellos días fue la realización del Referendo Revocatorio, pero así como hoy, la piedra de tranca era el Consejo Nacional Electoral y su composición, la cual no se podía actualizar por la composición de la Asamblea Nacional. Fue así como  luego de varias horas de reunión a puerta cerrada, la sala constitucional del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela designó a medianoche a fines de agosto del 2003 la nueva directiva del Consejo Nacional Electoral.
                En aquellos días recuerdo claramente a los honorables miembros de nuestra casta política celebrar dicha designación. Se presentaron toda clase de cuentas y cálculos, todos decían que la directiva quedaba integrada por dos miembros de la oposición: Ezequiel Zamora  y Sobella Mejías, dos del oficialismo: Óscar Battaglini y Jorge Rodríguez, y una figura “independiente”: Francisco Carrasquero… el mismo que, como revela el Diccionario General del Zulia en su volumen I, cuando estudiante tocaba el bongó y cantaba en un grupo musical.
                Para ir abreviando que se nos alarga mucho el cuento, el rector guapachoso mostró su corazoncito, a los pocos días de haber tomado posesión de su cargo, anunciando que las firmas presentadas por la oposición el 20 de agosto de ese año no servían para solicitar un referendo sobre la continuidad de Chávez en la presidencia.  No creo que sea necesario abundar sobre la “independencia” de ese señor. Todos sabemos los resultados de aquella consulta electoral, y pese a las demoledoras evidencias de fraude cometido, y que demostraron en un estudio de María Mercedes Febres Cordero y Bernardo Márquez, publicado en International Statistical Review, órgano divulgativo del International Statistical Institute, fundado en 1885, la organización más antigua y con más prestigio en cuestiones estadísticas en el mundo; nuestra distinguida dirigencia nada dijo. El trabajo de Febres y Márquez estuvo dedicado a detectar anomalías en ese proceso donde hallaron anormalidades de todo orden y concierto en la data suministrada por el propio Consejo Nacional Electoral (CNE).  A manera de anécdota debo decir que a fines del 2004 Enrique Naime le exigió a Márquez que le presentara a los culpables del supuesto fraude…
                Como dije párrafos antes, la tendencia hoy es elecciones, ese es el ritmo de moda. De nada sirve hablar de las irregularidades que encierra la selección de los futuros rectores electorales entre gallos y medianoche. Los más exaltados ponen de ejemplo a Chile y cómo le ganó a Pinochet en las urnas. O son o nos creen, porque yo quiero saber en qué cabeza cabe pensar que una cúpula militar como la que padecemos, de piernas abiertas a cubanos, chinos y rusos, puede hacer que se respete la voluntad popular. Otros sacan a relucir el triunfo de las elecciones legislativas del 2015 y los 109 diputados logrados en esa ocasión; ¿quién cree que la satrapía se va a dejar ponchar de nuevo? De vaina que nos hablan de la intersección divina por medio de la cual veremos a Maduro, Cilia y Cabello levitando sobre la escalera de El Calvario en beatífica sumisión ante los designios del pueblo soberano. Por lo pronto nos exigen silencio y tener la cédula de identidad en la mano para ir felices a participar en la gran fiesta popular donde ellos acudirán con sus disfraces estrafalarios, especialmente de diablos o animales.

© Alfredo Cedeño 


miércoles, febrero 26, 2020

SIN FIANZAS NI FIADORES


                Desconozco el origen de la cacareada frase “huir hacia adelante”, muchos le atribuyen un hondo significado emocional que refleja irresponsabilidad e improvisación. Franklin Virgüez, a través de su  personaje Eudomar Santos en Por estas calles, resumió a cabalidad esa situación con su famoso “como vaya viniendo vamos viendo”. Fue terrible ver como una lápida de esa magnitud no fue entendida por nadie y todo el país celebró la malhadada frase del malandro buena nota de la telenovela de Ibsen Martínez. Amén de no haber sido entendida en su momento, sigue sin ser comprendida la actitud encerrada en esas cinco palabras, tan es así que sigue siendo una especie de fe de vida venezolana.
                No podemos vender petróleo traficamos oro, nos decomisan el oro contrabandeamos Coltan, vetan las piedras esas gritamos pidiendo respeto, y así hasta el infinito de ida y vuelta, lo que importa es seguir haciendo lo que se nos sale de las santas ganas porque a fin de cuentas no hay a quien presentarle balance. ¿O es que Delcy Eloina en Barajas no lo demuestra? ¿Acaso Herman Escarrá bebiendo café ensimismado en su iphone en una terraza romana no lo ratifica? ¿Es que las visas americanas de las que disfrutan generales y cuanto bicho de uña colorada existe no lo comprueba? Una cosa son los gritos para el público de galería y otra cuando estoy en función privada pro fondos los niños pobres del Amazonas.
                Lo mismo pasa en el otro bando, no crean ustedes que las profundas capacidades evasivas son patrimonio revolucionario. Al parecer poco importa que en la empresa Monómeros el monarca es el ex gobernador Rosales; menos trascendencia tiene que un aspirante a alcalde aparezca recibiendo dinero de un potentado petrolero oficialista; ni hablar de aquello que tiene que ver con acciones que a la larga terminaron por oxigenar a Chávez, y luego a Maduro, y sus respectivas comparsas.  El lema parece ser: ¡A olvidar para que nadie nos pueda cobrar! 
                Huir es escapar, correr desesperadamente, evitar la realidad.  Frente a la huida está la sobrevivencia, la que millones de venezolanos han debido afrontar dejando atrás a la que fuera el vergel americano.  Ante el dolor se entiende la evasión como mecanismo de defensa, salvo algunas patologías el masoquismo no nos resulta inherente. Donde creo que no habrá habilidad evasiva que valga será cuando llegue el momento de rendir cuentas ante la justicia terrenal, a la postre no somos seres etéreos ni parte de una corte metafísica en la que vaporosos efluvios marcan la pauta.  Humanos somos y humana será la ley; humanos han sido sus vagabunderías, robos y desmanes, y humana será la rectitud a la hora de presentar las cuentas.  Y las han de pagar hasta el último céntimo. Unos y otros.

© Alfredo Cedeño 

miércoles, febrero 19, 2020

CASTAÑUELAS TROPICALES Y JOROPO EN CIBELES


                Mucho se ha escrito y dicho de nuestros orígenes en cuanto modelo de sociedad, la herencia hispana siempre ha ocupado un lugar preferente, tal vez por aquello de que el vencedor suele imponer su modelo cultural. Es cierto que asume algunas cosas, pero como todo ganador no duda en aplicar sus propios sistemas donde triunfa.  No es el punto ahora discutir sobre los conflictos éticos inherentes en torno al éxito del arcabuz y las tizonas sobre el arco y la macana.  Así fue, y no de otra. Toda discusión al respecto es un ejercicio onanista sin otro resultado que la complacencia de quienes quieren hacer derroche de sus hondos saberes.
                La tragedia venezolana de estos días, con réplicas fallidas en Brasil, Bolivia y Ecuador, con ganas de regresar a los pagos argentinos, consolidada en Nicaragua y haciendo pie firme en México, la vemos coqueteando por el primer mundo en el escenario español.  Y aquí quiero hacer otra consideración. Ante nuestra desgracia no son pocos los que nos miran así por encima del hombro y con gesto de: estos tercermundistas y sus cosas. ¡Ay fó! 
                La hemorragia humana que protagonizamos no tiene parangón en nuestro tiempo.  Tal vez si extrapolamos algunos hechos podríamos compararlo con la tragedia que significó para la propia España a fines del siglo XV, en 1492, cuando alrededor de 100.000 judíos, unos dicen que menos otros que más,  fueron expulsados de la península por razones religiosas –ideológicas a fin de cuentas–. Si en aquel tiempo la población española era de unos 5 millones de habitantes bien podemos imaginar el impacto que semejante éxodo tuvo.  Un horror semejante ocurrió en 1939 al finalizar la guerra civil en ese país y solo a Francia se calcula que huyó más de medio millón de personas.
                Hago estas referencias porque esas tierras son parte de nuestra cuna, de allá vinieron quienes nos engendraron, con sus virtudes y con sus taras. No olvidemos que cuando la celebrada expedición del señor Colón en su primer viaje no venían maestros, tampoco clérigos. Sabemos, gracias a la acuciosidad de Alice Bache Gould, que si venían un sastre: Juan de Medina; un cirujano: Juan Maestre; y cuatro criminales: Alfonso Clavijo, Bartolomé de Torres, Juan de Moguer y Pero Yzquierdo, entre la variopinta tripulación.
Por eso no es de extrañar ver en esta España desarrollada y primermundista una fauna como la del actual presidente, catedrático que se plagió su tesis doctoral sin rubor alguno. Y miren que en el reino español son quisquillosos en cuanto a los estudios doctorales. Lo mismo vemos con el mal vestido, y supongo que peor oliente, de Pablo Iglesias y su combo morado. Ni hablar del sainete con aires de zarzuela bufa protagonizado recientemente por el ministro José Luis Ábalos y la vicepresidenta criolla Rodríguez, a quien el malhablado de Jaime Bayly ha rebautizado como Delcy La Fea, en las instalaciones del aeropuerto madrileño Barajas.  ¿Acaso creen que aquello de pasarse por el área perineal las leyes son creación de Chávez y su heredero Maduro? La escuela hispana en tales menesteres es de larga data, no fue gratuito que don Francisco de Quevedo en Política de Dios, en el siglo XVII, escribiera: “Malos ministros, ciegos para el gobierno, mudos para la verdad y sordos para el mérito; sólo tienen dos sentidos libres, que son olfato y manos.”
Nariz y dedos que han mantenido su solera, sobre todo cuando de exprimir la ubre indiana se trata, y si acaso dudan les ruego vean el caso del ex embajador peninsular en Caracas don Raúl Morodó, quien por cierto desde marzo de 2013 es miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. El mencionado diplomático fue nombrado para tal cargo por el muy activo negociador del diálogo en nuestro país José Luis Rodríguez Zapatero.  Los que hemos realizado labores informativas recordamos su paso por Caracas y su actitud más de procónsul del comandante difunto que como representante de un gobierno extranjero en Venezuela. Y es así que en estos días uno entiende de mejor manera los arrebatos roji-místicos del ilustre gallego al enterarse de ciertos pagos recibidos por su hijo Alejo, pero muy cercano a los billeticos verdes, quien recibió varios millones de la gran teta criolla, léase PDVSA. Las informaciones revelan que las autoridades suizas confirmaron a los órganos judiciales españoles que el ex embajador y su familia tiene cuentas activas desde hace años y con cifras millonarias en ese país.  También se conoció que este clan familiar posee un vasto patrimonio inmobiliario adquirido en España con dinero ilícito procedente en su mayoría de nuestra empresa petrolera a cambio de asesoramientos fingidos en Portugal y otros países europeos.
Es así que no es de extrañar que veamos a nuestros dirigentes vernáculos batiendo palmas y haciendo repicar castañuelas a las sombras de un merecure en las afueras de Guardatinajas; mientras en pleno centro de Madrid un grupete, de esos que llaman líderes del futuro por construir, tratan de bailar un joropo al mejor estilo de Alfredito Alvarado, y maracas incluidas, con sus zapatos de El Corte Inglés.  ¿Qué podemos esperar nosotros de nuestros pequeños burritos sabaneros? ¿Acaso esperaban que se comportaran como percherones normandos? No podemos pedir duraznos de las matas de topocho, por Dios bendito, un poco de mesura en las aspiraciones.


© Alfredo Cedeño 


miércoles, febrero 12, 2020

SORDOS A CABALIDAD


                En el año 2005 trabajaba yo con la agencia mexicana de noticias Notimex, y una de mis fuentes noticiosas era la Asamblea Nacional, cada martes por la tarde y cada jueves por la mañana acudía a la sede del Parlamento. Muchas de mis asistencias fueron consciente de que encontraría poca noticia y si mucha diversión, también bastante pena ajena ante las carantoñas mutuas de los Politicus sapiens nacionales. Se podía ver cualquier cosa que se pudiera imaginar, y más.   Recuerdo a fines de mayo de ese año la alharaca que con frenesí mantenían los diputados rojitos por un supuesto atentado contra el comandante eterno que se iba a llevar a cabo el sábado 28 de mayo durante un acto que él protagonizaría –¿quién más?– en la avenida Bolívar.
                Según el difunto, que no asistió al evento en cuestión, había recibido un alerta de Inteligencia Militar de que: “en un apartamento en Parque Central consiguieron evidencias de que un grupo de colombianos, según dicen los vecinos, estaban monitoreando y buscando ángulos de tiro sobre la avenida Bolívar. Es una de las tantas evidencias que tenemos”, denunciaba el hijo de Sabaneta con voz  que trataba de transmitir alarma e indignación.
                Las evidencias de supuestos magnicidios las comenzó el hijo de doña Elena en octubre del año 2002,  cuando desde la que fue su gran tribuna, Aló Presidente, el domingo 20 de ese mes comenzó una verdadera seguidilla de denuncias de planes para su liquidación física. Durante la transmisión de su maratón televisivo el animador estrella denunció el aborto de un magnicidio contra él a su llegada de una gira por Europa. Relataba en esa oportunidad que el viernes en la noche, en una escala en Canadá para reabastecer combustible, recibió una llamada telefónica de Diosdado Cabello, entonces ministro del Interior y Justicia, alertándolo de no aterrizar en el aeropuerto de Maiquetía, porque iban a asesinarlo. Dijo él: “Eran como las 8 de la noche del 18 de octubre de 2002. Resulta que a un cuerpo de Inteligencia llegó la información, menos mal que a tiempo, acerca de un presunto movimiento de armas, que se llevaba a cabo por parte de sujetos desconocidos en el Paseo La Zorra, en la Parroquia de Catia La Mar del Estado Vargas. Se comisionó un grupo de funcionario civiles y militares para ir a investigar.” El relato describía un supuesto enfrentamiento armado con el grupo de irregulares que, cual escuadrón de rambos autóctonos escaparon de los muy capaces organismos de inteligencia criolla.
                Los “atentados” contra el señor Chávez se convirtieron en algo cotidiano en el escenario político venezolano. Eran de una regularidad que ni Cabrujas en su apogeo con La Dueña, nadie se quería perder un capítulo de los pérfidos complots contra el abnegado hijo de Barinas.
                Recuerdo que el martes 14 de junio el señor Chávez anunció al país, en medio de una clase magistral efectuada a cadetes próximos a graduarse en la Academia Militar, que el tradicional desfile militar del Día de Ejército, que se celebraba tradicionalmente cada 24 de junio, había sido suspendido porque un nuevo capítulo magnicida había sido develado. Los medios citaron al caballero en cuestión así: “Yo decidí suspender el desfile del 24 de Junio, y no es la primera vez que lo hacemos (...) La razón fundamental, y el ministro de Defensa la explicó al país, es que se ha detectado un plan de magnicidio en torno al Campo de Carabobo, o en el mismo”.  En esa oportunidad el “magniciado” arremetió, por milésima vez, contra algunos líderes de oposición y medios de comunicación privados, quienes habían pretendido manipular la decisión, diciendo que “el Presidente desconfía de los militares”, y remarcó que no tenía desconfianza alguna en los militares activos de la Fuerza Armada venezolana.
                Como era de esperarse el jueves 16 la Asamblea Nacional era un hervidero de comentarios de todo tipo, había quienes se burlaban abiertamente y los que casi lloraban de indignación ante el sacrilegio de atentar contra la vida del ilustre barinés. Por lo visto los médicos de La Habana no se compadecieron mucho de tales arrebatos emotivos. Sigamos en lo nuestro, ese día luego de concluida la sesión parlamentaria se me acercó uno de tantos asesores que suelen abundar en predios legislativos, el cual laboraba con un grupo de supuestos diputados opositores de izquierda, y me preguntó:
–Camarada –hermosa palabra pervertida por los progresistas y demás istas de similar catadura–, ¿qué le parece toda esta cosa del magnicidio, serán capaces de tirarse esa parada?
Mi respuesta fue inmediata:
–Hermano, con la viajadera que carga este hombre, que no puede ver un avión porque suspira, ¿usted cree que si los gringos, por ejemplo, quisieran salir de él, no basta con un misil en medio del océano?
Si yo le hubiera mencionado a su madre estoy seguro que la respuesta hubiera sido menos furiosa:
–¡Un momento camarada!  Así no es cómo vamos a resolver las cosas, ¿cómo se te ocurre decir semejante barbaridad? Yo no puedo creer que andes diciendo eso…
Ante lo cual lo interrumpí:
–¡Cuidado con una vaina!  Y te recomiendo que vayas al servicio médico a que te vea un otorrinolaringólogo porque estás oyendo bien mal, y lo peor es que si repites eso por ahí bien sabes la que me vas a echar con esta cuerda de locos empoderados.
–¿Acaso no me dijiste que todo se resuelve con un cohete?
Y en medio de vaporosos aleteos de su virilidad se alejó frenético por entre los curules del parlamento, dejándome pasmado ante su desenfreno.  Por supuesto, más nunca ni los buenos días.  Este señor, cuyo nombre no viene al caso, es la representación por excelencia de nuestra horda política, oyen lo que se les antoja y luego endosan sus caprichos a los demás mortales. Es una manada de primates que no oyen la calle, pero que siguen exigiéndole sumisión absoluta. ¿Así vamos para alguna parte? 

© Alfredo Cedeño 


miércoles, febrero 05, 2020

PAZ SEPULCRAL


                 La calma es adictiva, le gusta pasearse por los más insólitos lugares y ocasiones de manera inesperada. A veces ella suele ser desesperante, su parsimonia es un freno que pocas veces toleramos, ¡a Dios gracias!, lo cual algunas veces ha desembocado en gestas, o desastres, portentosos.  La peor de tales oportunidades es cuando se nos impone cual antifaz mortuorio y nos sentimos como aquel personaje de Dumas en su novela El vizconde de Bragelonne: “El hombre de la máscara de hierro”, que en realidad, según el autor galo, era hermano gemelo de Luis XIV, y a quien toda su vida mantuvieron escondido; su infancia transcurrió en la campiña francesa y luego fue trasladado como prisionero a La Bastilla, bajo el nombre de Marchiali. Es una paz que para algunos se hace eterna, dicen algunos que es una muerte en vida, como la que le toca en esta mala hora a Venezuela.
                En nuestro país, para mal o para bien, de veras o fabuladamente, todos nos conocemos, todo se sabe en algún momento, más temprano o más tarde. Sin embargo, hay un empeño sistemático de hacer que la historia diga lo que le interesa a cada cual que no es de nueva data. La entrega de Miranda no existió, la complicidad interna en el asesinato de Ruiz Pineda tampoco, los apechugamientos con el comandante eterno, o con Gofiote, por parte de muchos prohombres y mujeres egregias, son delirios de unos cuantos quisquillosos que no entendemos la importancia de mantener la reserva del caso en asuntos tan delicados como la salud y futuro de la patria…
                Imposible resumir la inacabable lista de oprobios que se han cometido, y cometen, a la sombra de una retahíla de frases altisonantes que trata de justificar lo injustificable. Al seguir cavilando sobre la calma recuerdo al poeta César Vallejo y su pieza El libro de la naturaleza: Rector de los capítulos del cielo, / de la mosca ardiente, de la calma manual que hay en los asnos; / rector de honda ignorancia, un mal alumno / leyendo va en tu naipe, en tu hojarasca,…”. No hay que hacer mayor esfuerzo para saber que nuestra gloriosa dirigencia, de un lado y otro, nos quieren revestidos de esa calma borriqueña a la que alude Vallejo. Nos salvan de la inopia informativa los periodistas y medios que en el mundo libre, o lo que queda de él, no se dedican a hacerle carantoñas a Capuletos y Montescos, pese a la contumaz lluvia de garrotazos y recordatorios maternales que les arrean viudas y plañideros de unos y otros.  El Nacional, Vozpópuli, ABC, NTN24, Periodista Digital, Panam Post, Alejandro Marcano, es una mínima muestra de medios y personas que no se arredran ni hacen genuflexiones ante el poder. Todos se dedican a hacer lo que bien saben hacer: periodismo, y no son pocas las quejas cuando rozan, o pisan con firmeza, los sensibles callos de la ya citada casta.
El uruguayo Mario Benedetti en su poema No te salves clama: “no te salves ahora / ni nunca / no te salves / no te llenes de calma.” Una paisana de él, la poetisa Claudia Magliano, lo dice de manera perfecta: “Hay que aprender bien las canciones porque si no la historia/ se vuelve fábula… Mi madre me enseño a escuchar las letras”.  Tal vez todo es producto de que esta cuerda de infelices no tuvo familia, ni progenitora, ni abuela, ni la noche que los parió, que les enseñara a escuchar la lírica de las canciones.

© Alfredo Cedeño 

miércoles, enero 29, 2020

RELACIONES Y TORMENTAS


                Para nosotros los venezolanos la solidaridad es genética. Ante cualquier manifestación de desamparo solemos acudir a ver en que ayudamos, ello muchas veces ha llevado a cierto nivel de gregarismo que nos hace convertir en manadas.  Esa ha sido la clave del empeño de nuestra casta política para convertirnos en sumisos rebaños, han jugado al desvalimiento para exacerbar en nosotros la piedad y obtener la legitimidad que luego da el sufragio.  Al menos así lo han intentado de un tiempo para acá, porque con anterioridad la fórmula era de montoneras y arrebatos de macho tropical hipertrofiado. 
Esa vocación de ayuda a los otros se ha convertido en el amiguismo, en el más sano sentido de la palabra.  Y vuelve la burra al trigo, los dirigentes, de todo tipo, se fueron cimentando sobre la base de la mayor cantidad de “amigos” que podían, y pueden, acopiar; una de sus principales habilidades es el derroche de simpatía, los golpes vigorosos en la espalda de los compañeros, el beso de rigor a la vieja desdentada o al mocoso macilento, comer un plato de sancocho en un plato de peltre o una empanada en cualquier taguara de carretera, y por ahí hasta la Conchinchina de ida y vuelta. Fue como surgieron, y siguen haciéndolo, jefes sindicales, líderes populares, candidatos hasta para reyes del baile del mono en Caicara de Maturín. De ese modo nacieron nuestros célebres “contactos”.
Tranquilo que yo tengo el que te resuelve lo de la licencia, no te preocupes que yo conozco un pana que te consigue esos dólares, deja la angustia que eso está hecho, la ringlera de frases similares a esas todos las hemos escuchado, o practicado, más de una vez. Por supuesto que ha habido numerosas excepciones, pero que terminaron sucumbiendo a su entorno. Conocí a un hombre de una rectitud a prueba de todo, él un día decidió vender una casa que había construido en la Caracas de fines de los años 40, comienzos de los 50, en ella vivía una familia a la que se la había alquilado; un día este buen hombre decidió vender esa vivienda y sacó las cuentas de cuánto había gastado en su construcción y cuanto habían pagado los inquilinos, hizo un cálculo inflacionario justo y se las vendió. Cuando su esposa se enteró puso el grito en el cielo, lo acuso de loco, de desubicado, de inocente, y de muchas otras cosas de similar tenor. La doña no se quedó quieta y fue a hablar con los compradores, les explicó que el señor no estaba bien de salud, y sabrá Dios qué otras cosas parecidas, hasta que logró echar atrás la operación. Como ese caso conozco muchísimos más.
La plaga roja ha logrado con una rapidez inaudita pervertir el rasgo amable de nuestra naturaleza. Nos han convertido en el reino de los contactos, los compañeros, los compadres, los camaradas, y demás bicharracos de parecido pelaje.  No importa tu extracción o tus ancestros, dinero hay y a montones para comprar virtudes y solidaridades, el respaldo con capa verde dólar sabe volar alto y fuerte. Hemos visto al lado del comandante ya sepulto, y del bigote bailarín, alcaldes, gobernadores, diputados, inversionistas, banqueros, sindicalistas, candidatos, modelos, actores, deportistas… ¡De todo!  A veces vemos rodar alguna de esas cabezas “hiperconectadas” y nos preguntamos hasta donde la ingenuidad les hizo ciegos ante la desgracia continental llamada chavismo. ¿De veras llegaron a creerse inmunes ante la barbarie?

© Alfredo Cedeño 

miércoles, enero 22, 2020

¿NOS PODEMOS ENTENDER?




             Las explicaciones de por qué somos como somos los venezolanos son infinitas, por supuesto, y las hay para todos los gustos. Van desde las sobrenaturales que lo resuelven con aquello de: Sabrá Dios por qué nos hizo así, hasta las de pretendido orden científico. Lo cierto es que las podemos encontrar con diversos ropajes, las que aseguran que el origen de todo está en las raíces étnicas, y allí la diatriba también es inacabable: que la culpa es la flojera de los indios, o el emparrandamiento perpetuo de los negros, o la arbitrariedad de clara estirpe hispana.  La relación de razones es interminable, y lo cierto es que una se solapa con la otra, o se cabalgan, o se descabezan mutuamente.
Nuestras acciones, gestas y desempeños parecen convertirse en un gigantesco delta que desemboca en aquella frase: “¡Bochinche, bochinche! Esta gente no es capaz sino de bochinche…”. Le atribuyen esas palabras a don Sebastián Francisco de Miranda y Rodríguez, quien las dijo en la madrugada del 31 de julio de 1812, cuando un grupo de sus subalternos, encabezados por Simón Bolívar, Miguel Peña y Manuel María de las Casas lo arrestaron en La Guaira para luego entregarlo al español Francisco Javier Cervériz. Las interpretaciones posibles de esta felonía contra el precursor de la independencia han sido, y son, igualmente perennes. Lo cierto es que murió encarcelado 4 años más tarde en Cádiz.
Pero volvamos a lo nuestro, el desbarajuste nativo por lo visto casi es genético. No se puede negar que venimos de un espacio de gente empeñosa y generosa, sin medida a la hora de prodigar atenciones y ayudas, de una agudeza asombrosa y una genialidad pasmosa; lo he vivido al recibir hospedaje de amigos y extraños en Margarita, Timotes, Carora, Puerto Ayacucho, Araya, La Puerta y Cubagua para nombrar algunos sitios; lo contemplé en las obras del merideño Juan Félix Sánchez y los geniales aportes de su paisano Luis Zambrano; lo disfruté en las rimas cadenciosas y pícaras de los cantores populares en la isla de Coche, y en las composiciones delirantes del maestro Antonio Estévez. 
Pero también somos tierra de caudillos y promeseros de todo tipo, de maromeros y prestidigitadores, de lambucios y pedigüeños, de cínicos e hipócritas. Lamentablemente toda esta última fauna se ha guarecido en una casta dirigente que ha medrado a costillas de quienes con ingenuidad se han dejado encandilar por las pirotecnias verbales de ese grupete de tunantes. Han sobrado los Bolívar, Chávez, Páez, Maduro, Joaquín Crespo, Diosdado, Ezequiel Zamora, Claudio, Juan Carlos Caldera, Timoteo, Capriles, Ramos, Convit Guruceaga –para pena póstuma de su abuelo–; y han escaseado los Miranda, Vargas, Sánchez, Zambrano, Jacinto Convit y demás hijos del pueblo llano que han sembrado, pese a los parásitos que siempre han pululado, los cimientos de un país prodigioso.
Escarbar, escardar y esclarecer nuestra esencia es fundamental. Hoy veo con asombro las cabriolas que pretenden convertir en discurso para seguir exprimiendo la ubre nacional.  Se nos anuncia que la salida de Maduro será la solución de todos nuestros males, es una versión actualizada del bálsamo de Fierabrás, la diosa Panacea que todo lo cura, la cataplasma milagrosa que hará regresar un dólar a cuatro treinta.  Muy bien, pero… ¿cómo hacemos con la solidaridad perdida, y la voracidad dolarizada de todos, y las armas en manos de la delincuencia –por lo visto el único modelo de organización sobreviviente– y la honorabilidad perdida de unas Fuerzas Armadas huérfanas y náufragas?
Por los momentos solo se destaca un ejercicio pertinaz de mendicidad que han pretendido vanamente convertir en nuestro paradigma ciudadano. Siguen demostrando lo poco que saben interpretar la decisión de una gente humilde, en la más sana acepción de la palabra, y perseverante que solo quiere paz y libertad. Por algo todas las “organizaciones”, formales y alternativas, han zozobrado de la manera en que lo han hecho, se han empeñado en oír lo que les ha dado la gana de escuchar. Y el país sigue su paso, buscando una senda que lo da saber oírse e interpretar el ritmo adecuado. En el ínterin los asnos habituales pretenden achacarnos a todos los demás la responsabilidad de sus desmanes. Todavía no han entendido que a Venezuela no se le manipula con culpas impuestas. Les digo sin altanería y por su propio bien: agarren el paso o más de uno será visto echado por un voladero.

© Alfredo Cedeño 

miércoles, enero 15, 2020

CON EL MISMO CACHIMBO


En el verano de 1989 la publicación norteamericana The National Interest difundió del politólogo Francis Fukuyama el artículo: ¿El Fin de la Historia? En su ensayo el pensador nativo de Chicago, en aquel tiempo fan entusiasta de Reagan y la señora Thatcher, expresó: “Lo que podemos estar presenciando no es solo el final de la Guerra Fría, o el deceso de un período particular de la historia de la posguerra, sino el final de la historia como tal: es decir, el punto final de la evolución ideológica de la humanidad y la universalización de la democracia liberal occidental como la forma final de gobierno humano.”  Como se ve que el señor Francis no había pensado en ese zombi político llamado “progresismo” y al que hemos visto en acción con ropajes de socialismo, comunismo, bolivarianismo y cuanto otro modelo de patetismo recubierto de populismo podamos enumerar.
                Poco parece importarle a las minorías pensantes, esas que presumen de ilustradas y sensibles, las destrucciones llevadas a cabo en nombre de la dignidad. Estamos en  un punto de tal perversión de las ideas que vemos a las comunidades gays mostrar con orgullo patético la efigie de quien fuera su enemigo acérrimo, el Ché Guevara, autor de mortales razias contra sus semejantes en la Cuba revolucionaria, como símbolo de rebeldía. En el mismo mazacote de ideologías, supercherías y alcahuetería vemos a damas furibundas defendiendo, cimitarra en mano, los gobiernos musulmanes y lloriqueando por sus derechos políticos. Mujeres defendiendo a los más conspicuos maltratadores del género femenino… A veces no sé si reír o llorar cuando veo a muy altaneras feministas utilizar turbantes para tapar sus cabelleras y no ofender a los ayatolás de turno.
                Los ejemplos de tales faltas de concordancia entre lo pregonado y lo realizado son infinitos. Jefes políticos que se venden por un plato de lentejas, o que ofrecen hasta la capa de Cristo para luego pasarse con pertrechos y bastimentos a la otra acera sin que siquiera se les altere el tono melifluo de sacristanes alicorados. Dirigentes empresariales de voces altisonantes cuya rimbombante verborragia se apagó de inmediato ante un contrato adecuado. Insisto, es extenso, por demás prolífico, el muestrario de veleidades.  Acérrimos defensores de los derechos humanos que se callan con ejemplar modestia ante los actos sádicos contra poblaciones indefensas como la cubana o venezolana o siria. Belicosos ambientalistas que inciensan a una mocosa como la Juana de Arco del cambio climático. Y así hasta el infinito y más allá…
Hago lo humanamente posible por ser humilde, creo que es la mejor vía para tratar de ser mejor y dar más. Cuando doy recibo, es una ley que la vida me ha enseñado, a carajazos algunas veces, pero lo he aprendido. Es posible que esté equivocado y que todo aquello cuanto cuestiono sea lo correcto. Hace menos de dos años en una entrevista hecha por George Eaton a Fukuyama para la revista New Statesman America, al preguntársele sobre el resurgimiento de la política socialista en los Estados Unidos y el Reino Unido, dijo: “Creo que no solo puede regresar, sino que debería regresar. Este período extendido, que comenzó con Reagan y Thatcher, en el que se estableció un cierto conjunto de ideas sobre los beneficios de los mercados no regulados, en muchos sentidos tuvo un efecto desastroso.” Quizá sea el neopopulismo la verdadera panacea a nuestros males. Por lo pronto creo que podríamos ir tratando de encontrar un lema.  No estaría mal establecer como mantra aquello de: Neopopulismo, neopopulismo, más de lo mismo, más de lo mismo.

© Alfredo Cedeño 

miércoles, enero 08, 2020

DARWIN AL DERECHO O AL REVÉS


                Podría pensarse que es un chiste de dudoso gusto, o un chascarrillo de poco gracejo, pero es absolutamente serio lo que vivimos como nación, en cuanto país que cada vez se desplaza más a la deriva, en tanto estado que solo involuciona y cada vez se aleja más y más de los postulados darwinianos que hablan de la evolución del ser humano. Aunque si reflexionamos en profundidad tal vez si estamos en un proceso que confirma las ideas de Charles Darwin, principalmente en lo que refiere a la evolución biológica por selección natural.
                Por un lado vemos un descenso de la calidad de vida y una caída vertiginosa de la capacidad de adquisición del venezolano, al punto que no debe extrañarnos cuando muy pronto oigamos hablar del padecimiento de fiebres tercianas, como les bautizó Hipócrates en el siglo IV antes de nuestra era, en vez de paludismo o malaria, como a usted más le provoque llamarle. La valía de los bienes e insumos se ha dolarizado de manera franca y brutal, pero lo más insólito es que se trasladaron los costos a la divisa estadounidense, sin embargo; a dichos precios se le aplican los índices inflacionarios de la harapienta moneda criolla. ¿Alguien puede explicar de manera cuerda semejante desbarajuste? Por lo visto la sempiterna “viveza criolla” es un parásito más resiliente que cualquier otro en la historia de la humanidad.
                Por la otra parte en lo que a la evolución toca, y es pertinente señalar que el término evolucionismo es de reciente factura; durante mucho tiempo, hasta bien entrado el siglo XX, fue llamado transformismo. El naturalista británico  nombrado dos párrafos atrás planteaba –palabras más, palabras menos– que las especies cambiaban sus características a lo largo del tiempo de una manera gradual. Extremadamente difícil reducir a líneas los razonamientos que han producido montañas de textos tanto en su defensa como en su condena, de todo ha habido  y en exceso.  No obstante, no deja de ser tentadora su frase de introducción de El origen de las especies: “Como de cada especie nacen muchos más individuos de los que pueden sobrevivir, y como, en consecuencia, hay una lucha por la vida, que se repite frecuentemente, se sigue que todo ser, si varía, por débilmente que sea, de algún modo provechoso para él bajo las complejas y a veces variables condiciones de la vida, tendrá mayor probabilidad de sobrevivir y, de ser así, será naturalmente seleccionado”.
                Tal vez estemos protagonizando una transformación telúrica en cuantos seres humanos y no podemos entenderlo. ¿Será que estamos uncidos a una yunta entroncada con el ornitorrinco en el que involución económica y transformismo de la casta política están gestando una nueva especie? Tal vez por la vida de perros que se empeñan en darnos están buscando convertirnos en algo así como unos Puggle (mezcla del Pug y el Beagle) o a lo mejor en Cockapoo (cruce entre el Cocker Spaniel y el Caniche). Quien quita que aspiran a crear un Canis lupis revolucionaris que puedan exhibir luego, y así obtener una colección de preseas como las que todavía lucen las botellas de Ponche Crema, único de Eliodoro González P.

© Alfredo Cedeño

miércoles, enero 01, 2020

ENTRE CALDOS Y SOPAS


                Tiempo de fiesta y reflexión, de disfrute y propósitos, de convivencia y balance, de esperanzas y frustraciones. Son días en que aquel que bebe ha bebido lo que ha podido, jornadas muchas veces llenas de añoranzas por los tiempos cuando en la más humilde vivienda te ofrecían muy buenos caldos. Recuerdo una oportunidad en la que unos pescadores de Paraguaná destaparon una botella helada de Dom Perignon, que habían comprado en una de sus rutinarias excursiones a Aruba, la cual tenían en el fondo de la cava donde almacenaban su pesca, mientras me decían que llevaban días vueltos locos buscando un motivo para abrirla. Era tiempo de abundancia y generosidad, no de despilfarro.
                Siempre Navidad y Año Nuevo fueron fechas cardinales para los venezolanos; y al lado de una fe alborotada por el achispamiento fruto del licor la comida era servida con características pantagruélicas.  Hallacas, bollos, pavos rellenos, asados, parrillas, hervidos, dulces de lechosa y cabello de ángel, pan de jamón, panettones, y paremos de contar se encontraban en cualquier mesa. Me resultan inolvidables los recibimientos de Año Nuevo en el diminuto apartamento de Pilar y Manolito, en la avenida Rómulo Gallegos; ellos eran gallegos y conserjes de un edificio.  Ella de humanidad plena y él enjuto como un sarmiento, pero que esa noche convertían aquella humilde conserjería en un banquete sin medida ni control: langosta, empanada gallega, pulpo, mero en salsa verde, torta de queso, lechón, pan de jamón, y una cantidad infinita de delicias que mi paladar se rehusa a precisar en este momento.
                De aquellos años a este que recién comienza hay un abismo, de bordes azulosos y sima roja, donde todo parece haberse sumido. La aristocracia revolucionaria y sus pares de la oposición han convertido en un gigantesco albañal nuestro país. Ambos liderazgos no supieron aprovechar los mejores resultados en cuanto apoyo popular en estas dos décadas, y ahora pretenden que acatemos de manera indubitable los postulados de unos fantoches que optimizan a través de la retórica sus peores resultados, mientras juegan a sumergirnos en un ejercicio de amnesia selectiva. Se pretende prohibir todo ejercicio de la memoria.
                En estos días festivos, cuyos orígenes católicos son de arraigada estirpe, hay un claro juego de la casta dirigente por enmascarar el calvario de nosotros los venezolanos. Unos dicen que vivimos en la versión inenarrable del Paraíso, mientras que los otros hacen lo imposible para mantener operativa una red de tramoyas y complicidades que siempre les arrojó buenos frutos.  Las palabras de monseñor Juan Carlos Bravo, obispo de Acarigua-Araure, son claras como la mañana de su Sucre natal: “La mentira no es cristiana”.  Por los momentos, y honrando mi estirpe judeo cristiana, solo me queda desearle un año de paz a nuestras mujeres y hombres de buena voluntad.

© Alfredo Cedeño

miércoles, diciembre 25, 2019

DÍAS DE FIESTA


La presión a los medios y sus trabajadores ha sido tenaz y despiadada. Muchas veces han sobrado quienes manifiestan su desconcierto o han atribuido tales desmanes a “espontáneos” que quieren ser más chavistas que el difunto, o más maduristas que el bigote bailarín. Nadie ha querido entender, o no han querido hacerlo, y recordemos aquello de que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Todo ha sido, al igual que el acoso a la ciudadanía por medio de la delincuencia desatada, fruto de una   habilidosa política de estado para controlarnos de manera férrea.
                No solo se han ocupado de copar, anular y clausurar cualquier forma de transmisión de conocimiento y hechos, sino que han estructurado de manera impecable, porque hay que reconocerle sus logros a esta manada de chacales, su red comunicacional.  No se han andado con pequeñeces en tales menesteres, han ido desde las llamadas radio comunitarias hasta un bodrio, de gigantesca alforja y despreciables habilidades de manipulación, como Telesur.  Esta parafernalia deformativa de hechos y noticias les permite hacer creer lo que no es y cumplen a cabalidad aquella frase atribuida a Göbbels: “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. Este político alemán que comenzó su labor al frente del aparato de propaganda del Partido Nazi, y luego del Tercer Reich, fue uno de los pilares en los que se asentó la popularidad del nacionalsocialismo al comienzo, y que luego les permitiera hacer toda clase de desmanes contra los judíos y atentar contra toda Europa y la paz mundial.
                 Los intentos de cambiar la percepción de la realidad en quienes son espectadores son de larga data y se ha manifestado en todos los ámbitos y por largo tiempo.  Ejemplos hay de sobra, se citan ejemplos desde Alejandro Magno hasta la célebre invasión de los marcianos a la tierra que narrara Orson Welles a las 9 de la noche del domingo 30 de octubre de 1938. Esta última experiencia es un ejemplo clásico de los alcances de la ignorancia y el uso de los medios, ese día el actor estadounidense interpretó por la radio una adaptación de la novela "La guerra de los mundos" de Herbert George Wells, escrita en 1898, y se  desató un verdadero pandemónium.
                Es muchísima la tela que hay que cortar al respecto de la manipulación, reinterpretación y demás epítetos conexos. Cada cual suele arrimar los tizones a sus sardinas según sus intereses hasta crear un ambiente de absoluta opacidad. Todo termina siendo lo que le interesa al titiritero de turno, convirtiendo la percepción de la realidad en un sórdido, y muchas veces nauseabundo, teatro de polichinelas.  
                Hay cosas que se adquieren para siempre y que sobreviven en uno pese a todo. En estos días de fiestas y celebraciones, a pesar de los pesares, de la esperanza de los aguinaldos, de la Natividad, de las cosas buenas que la peste roja se ha encargado de tratar de acabarnos, pido por la transparencia y porque realmente nos podamos librar de los yugos que desde la izquierda tiránica y la derecha “democratizadora” tratan de imponernos al costo de nuestras propias vidas y esencias de gente libre.

© Alfredo Cedeño

miércoles, diciembre 18, 2019

ENTRE BESOS, NOVELAS Y PELÍCULAS


                La tarde de los domingos era una fiesta para mí, era tarde de películas en el Cine América, un galpón destartalado que estaba en la parte alta de La Guaira, en diagonal a la llamada Plazoleta de El Guamacho, donde en una pantalla maltrecha y llena de cagadas de palomas se proyectaban películas tartamudas, decía mi padre, porque cada cinco minutos se reventaba el carrete y el operador remendaba el celuloide, y seguía hasta la próxima ruptura. Allí me sumergí en el universo del cine con un fervor que ni de lejos se asemejaba  al que sentía cuando iba a misa las mañanas dominicales con mi abuela, ya hubiera querido el cura Arteta…
                Recuerdo mi primera película con solo cerrar los ojos, yo tenía 4 años, y era de un caballo negro llamado Furia. No me pregunten más porque a esa edad los recuerdos que sobreviven son las emociones de ese entonces. También vi Pulgarcito, La Cenicienta, Jasón y los argonautas, Espartaco, El Álamo, 101 dálmatas, Los cañones de Navarone, y muchísimas otras más. Siempre recordé con particular obsesión de mocoso obsesionado por unas buenas piernas, en una época cuando una mirada impertinente podía hacerte ganar una lluvia de coscorrones y el consabido castigo complementario, una película española llamada El balcón de la Luna donde Lola Flores, Carmen Sevilla y Paquita Rico cantaban a garganta suelta. El impacto que me ocasionó esa cinta duró hasta los años ochenta cuando llegué al punto de comprar un cassette de betamax con ella. ¡Qué delicia!
                De esa película una canción que se me convirtió en obsesión fue El beso, que cantaba la Rico. ¡Qué ricura de interpretación la de esa muchachota emperifollada con aquel vestido blanco! Recuerdo que con aquel ropaje parecía una versión estilizada de La Burriquita, porque aquella armazón era como de cinco metros de diámetro, amén de una cola que era de traje de novia. Pero lo que me dejó absolutamente babeante fueron los gestos pícaros y a la vez modosos de ella. Por supuesto que su letra se me grabó de manera indeleble. Pero hay de ella una copla que en estos días se me hace de una recurrencia insoportable: “Un beso fingir no se puede, porque duele en el corazón…”.
                Las insistentes palabras se alborotan aun mas cuando veo a la fauna política nacional repartiendo besos como si de caramelos desde una carroza se tratara. Para ellos fingir besos, amapuches y sentires es pan comido. Y bien podrían parodiar a doña Paquita y entonar: “Un beso fingir si se puede, porque se goza con el corazón…”  Quién sabe si en la otra acera tarareen: “Un pernil darlo se puede, porque ya les robamos a ustedes su valor…”.
                Esta producción sadoporno, con ribetes tragicómicos, de clara factura criolla-antillana se ha convertido en una película devenida en serie. Cilia aparece con gestos de María Elena, Diosdado a veces juega a Rafael Del Junco, Nicolás y Juan se sienten Albertico Limonta. Mientras tanto, y así como si no quisieran, todos ellos exigen que el país se comporte con la paciencia y abnegación de mamá Dolores.
     

© Alfredo Cedeño
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