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miércoles, abril 21, 2021

AVOCAMIENTO Y AHORCAMIENTO


               Caracas es una aldea con pretensiones citadinas, y tal vez en ello está el secreto de su encanto. Estoy patológicamente orgulloso de haber nacido en ella, y de haber sido bautizado en la pila bautismal de su catedral. Más de una vez me han enrostrado dicha vanidad, pero así somos los caraqueños. En 1972, la capital venezolana era aún más aldea y La Pastora, una de sus parroquias emblemáticas, solía amanecer llena de neblina. Entre sus esquinas Santa Ana y Coromoto, en dos casas seculares, número 8 y 12, funcionaba el noviciado de la Compañía de Jesús bajo el mando del imborrable Ignacio Huarte, Iñaki. Eran días en lo que esa institución era una suerte de centro abierto de formación al que acudían todos los vecinos interesados de la zona. En esa misma calle vivían, ese par de eternos tortolos que ya son uno, José Pulido y Petruska Simme, quienes habían recalado por allí luego de una experiencia no muy grata en Maracay. También estaba allí con frecuencia ese entrañable afecto que es Wilmer Suárez, quien acababa de abandonar el Seminario Interdiocesano de Caracas y tenía un grupo musical que ensayaba en una casa que estaba de San Vicente a Medina, donde Pulido y Suarez compusieron varias canciones.

                En una de esas casas que mencioné antes, en la número 12, estaba la biblioteca del noviciado y en uno de sus estantes grises encontré una tarde un libro cuyo título me absorbió: La Casa Verde. Así descubrí a los 15 años a Mario Vargas Llosa, el hereje al que “los progresistas” no han podido opacar pese a todos los intentos habidos y por haber.  Para muestra les cito dos trozos de la tesis doctoral de su paisano Julio Roldán: “Mario Vargas Llosa como poeta, dramaturgo, cuentista o actor no tiene la calidad, tampoco la fama, que ha ganado como periodista y, particularmente, como novelista. En el rubro de los denominados géneros menores, su producción, siendo respetable cuantitativamente, es insignificante cualitativamente.” Este ahora doctor de una universidad alemana concluye en su trabajo: “El ser un mestizo, provinciano, pequeño burgués, intelectual y crítico es para Vargas Llosa un gran problema en un determinado aspecto de su vida. Estos son los hechos objetivos que generaron su pesimismo, inseguridad y constante frustración, hasta el extremo de intentar auto eliminarse.”  Todavía pretenden cobrarle su deslinde de la dictadura cubana.

                Desde aquel tiempo hasta ahora he sido un consecuente lector de todo cuanto produce el autor peruano. Cada una de sus piezas las he disfrutado con fruición, las he leído con una puta envidia a su virtuoso manejo de nuestro idioma, he entendido un poco más el rompecabezas hispanoamericano, me he sorprendido por su manejo del reportaje para configurar sus obras. La última pieza suya que leí fue Tiempos Recios, en la que aborda el golpe de estado contra el presidente guatemalteco Juan Jacobo Árbenz en 1954, así como el posterior ascenso de Carlos Castillo Armas, “Cara de Hacha”, y su asesinato en las propias instalaciones del palacio de gobierno. Vargas Llosa rescata en el tercio final de esta novela el episodio vivido en 1954 por el embajador de México ante Guatemala, Primo Villa Michel, quien hizo una protesta formal porque, cuando fue a reclamar por algunos exiliados, el ministro de Educación del coronel “Cara de Hacha”, Jorge del Valle Matheus, le respondió: “Somos una dictadura y hacemos lo que nos la gana.”

                Estaba terminando de leer este libro cuando me llegó la copia del “avocamiento” de la sala de casación civil del tribunal supremo de justicia (por favor corrector respéteme las intencionales minúsculas con los que me refiero a esas “instituciones”), mediante la cual el “magistrado” Yvan Darío Bastardo Flores, “a los dieciséis días del mes de abril de dos mil veintiuno. Años: 210º de la Independencia y 162º de la Federación” (y 20 º  de la Peste Roja), decide que El Nacional, le pague “DOSCIENTOS TREINTA Y SIETE MIL PETROS (237.000,00 PTR)”, por concepto de “daño moral gravísimo” a cierto bojote mal hecho. El delito: haber reproducido lo que la prensa seria asegura, Urbi et orbi, que es el capo de todos los capos de cierto cartel resplandeciente. 

Pienso en el demandante y el sicario judicial que firma tal adefesio jurídico y me parece escuchar a Antonio Estévez, quien tildaba, con palabras precisas y corrosivas, a ciertos personajes y funcionarios de cerebros de gallina enana. Lo que no entiendo es por qué no tienen los reaños de llamar las cosas por su nombre, y decir como lo hizo Matheus en 1954 que están emitiendo no un avocamiento sino un ahorcamiento de El Nacional.  Si en algo se especializan los “revolucionarios” es en hacer que la ley se le ajuste a sus caprichos, por ello son expertos en fusilamientos, pero sobre todo en linchamientos.

 

© Alfredo Cedeño 
http://textosyfotos.blogspot.com/
alfredorcs@gmail.com

miércoles, diciembre 19, 2018

TETAS NO, BOMBAS SI


                La moral suele ser de plastilina, cada cual la trata de acoplar a su real saber y conveniencias. A veces tratan de convertir dicha masa en una cincha de acero que nos aherroje con implacable verticalidad. ¡Y ay de aquel que trate de asomar crítica alguna! Es una usanza que se ha extendido de manera transversal en nuestro día a día. Ocurre en las empresas, en las iglesias, en las universidades, en la política, en la familia, en todo; son contadas las ocasiones en las que vemos cuando se establece dicho código de conducta sobre la base de un consenso total. Una rara avis de escasos vuelos en nuestros días.  Y no es patrimonio vernáculo del venezolano, es una práctica corriente y moliente en el orbe entero para imponer modelos de censura, esa vigorosa hija de la ignorancia.
                Facebook, a manera de ejemplo de lo que expreso, es implacable en sus políticas relacionadas al desnudo. No hace mucho hicieron un ridículo monumental cuando calificaron de "peligrosamente pornográfica" la imagen de la Venus de Willendorf, figura de unos 30.000 años, de 11 centímetros de alto… Pero no crean que fue la única vez, recientemente los museos belgas armaron su buen alboroto cuando los censores de Zuckerberg arremetieron contra las obras de Peter Paul Rubens. Tetas nones, insinuaciones propias de varios siglos atrás menos, ni hablar de algún contoneo como el de Las Tres Gracias.  Rubens no tuvo la exclusiva, La Libertad guiando al pueblo, pintado por Delacroix en 1830, también salió en volandas del omnipoderoso portal porque Marianne no podía estar enseñando sus pezones.
                Lo curioso de esa página web es que es un conocido centro de difusión para redes terroristas, para saboteo de elecciones, para manipular a sus usuarios, y paremos de contar porque al respecto hay suficientes datos en la propia Internet que avalan lo que escribo hoy. Digamos que una moral victoriana se nos impone en términos de arte, de creación, de libertad; pero se hace postmoderna en lo que a embatolados ortodoxos se refiere. Cualquier ignaro destruye los patrimonios de Palmira, Nínive y Hatra para luego exhibirlo en diversos post y en aras de la libertad de vaya a saber Dios qué carajos se divulga hasta la saciedad. Y por ahí sigue un carrete de cosas relacionadas que parece no tener fin. Mientras tanto, y de manera muy eficaz, toda voz disidente es opacada al máximo.
                No hablemos de lo que significa cualquier impertinencia de esos bárbaros de hoy que se jactan de ser "de izquierdas". En América tenemos a Maduro, Ortega, Lula, Morales, Castro y demás cotorras de similar plumaje; es España, que no podía ser menos que los sudacas, tienen al pelucas Iglesias y su combo, con Monedero de comparsa y amplios bolsillos que se llenaron desde las dictaduras venezolana e iraní. Para todos ellos la represión no existe en los países que sufren los desmanes de gobiernos vesánicos, sólo hay intentos del "imperialismo" para "desestabilizar y atentar contra la autodeterminación de los pueblos".
                Es la misma actitud que hoy asumen muchos que ayer regalaban sus posaderas por aparecer en los diarios venezolanos. Recuerdo mi paso como reportero gráfico por el Congreso Nacional y luego devenido en Asamblea Nacional, eran tiempos en los que habían tres grandes medios, pero primus inter pares  era El Nacional. No había uno solo, ni uno, de sus honorables diputados que no le hiciera ojitos al redactor y al reportero gráfico de dicho diario. No había, tampoco, un solo intelectualoso que no vendiera a su madre por ser reseñado en las páginas del periódico de Miguel Otero. Hoy todos ellos voltean hacia Marigüitar, cuando no celebran, el cierre de la edición impresa. Fue una pelea de tigre contra Platero. Me encargaré de  recordárselos cuando nuestro periódico vuelva a las calles, y, como siempre, nuestras páginas estarán abiertas para ellos porque esta no es casa de censura.

© Alfredo Cedeño

miércoles, junio 13, 2018

¿TIEMPO DE QUÉ, ESPACIO PARA QUÉ?


                No logro recordar su nombre, eran fines de la década de los 70, y él estaba a punto de graduarse de sociología. Pero lo recuerdo en el cafetín de la escuela de comunicación en una de sus mesitas sentado con un vasito rebosante de ron, que simulaba ser café, mientras decía sin vacilación alguna: Los adecos son la expresión por excelencia de lo que es ser venezolano. Por supuesto, no había quien no le cayera encima. Soltar aquello en el seno de la siempre contestataria e irreverente Universidad Central de Venezuela era una apostasía. Sin embargo, él se mantenía en sus trece y solía cerrar: No hay peor sordo que el que no quiere escuchar, cáiganme a coñazos si quieren pero en el fondo todos somos adecos.
                ¿Tal vez ahora todos somos chavistas? ¿Cuál es la diferencia entre ambos sectarismos? ¿Qué nos impide asumirnos con honestidad en el análisis y diálogo para alcanzar una verdadera conducción democrática del país?
                La coincidencia en la condena al momento actual de Venezuela se muestra unánime. Sin embargo, tal parece que hay unos más condenantes que otros. Es decir, aquellos que más vociferan y más alardes de machos vernáculos hacen son más que el resto de quienes formamos parte de esta realidad caribeña, tercermundista  y ahora infradesarrollada.  Cuestionamos el modelo militarista caudillesco pero como opción a ello se nos ofrece ser mudos y obedientes lazarillos que debemos someternos a los desvaríos de una dirigencia pródiga en derrotas.  ¡Ay de aquellos que osemos recordar desbarres o ciertas militancias no lejanas! Ni hablar de quienes exigimos claridad en la conducción de la lucha contra la dictadura.
                Es prolífica la barra de quienes apoyan de manera categórica a la "dirigencia" opositora, de nada sirven las explicaciones –y no pocos hechos– de la pésima conducción que hasta ahora han realizado. Son tan rabiosos como el bojote mal amarrado que con su mazo dicta sentencias desde su bodrio televisivo. Se nos exige una sumisión total a esa camarilla, cual el teniente malencarado que ahora pretende apropiarse de El Nacional por medio de una sentencia que debe haber redactado él mismo, atorrante que sólo ha cosechado derrotas de manera reiterada.
                Se agita el trapo de la unidad para imponer una dictadura de quienes no han sabido darnos democracia, y se nos pretenden imponer nuevas multas a todos los que nos oponemos a que un grupete de tenientes deformes nos siga marcando el rumbo. Exigen espacio para hacer lo que se les antoje, y piden más tiempo para seguir entregándose sin rubor a capitulaciones deshonrosas. Y encima nos exigen silencio… Cáiganme encima como al estudiante aquel, pero en el fondo: ¿Terminaremos todos chavistas? Después de todo, en la casa del señor Cabello, allá en Monagas, funcionaba la sede de Acción Democrática en sus buenos tiempos.

© Alfredo Cedeño

miércoles, septiembre 27, 2017

ENTONCES Y AHORA

 
                Finalizaban los años setenta, daba yo mis primeros tumbos por las salas de redacción de la mano de dos amigos perpetuos: Wilmer Suárez y José Luís Olivares. Al primero lo conocí en la sala del noviciado jesuíta, cuando quedaba entre Santa Ana y Coromoto, en la muy caraqueña parroquia La Pastora, donde también tuve mis primeros abrazos con el querido José Pulido.  Al segundo lo había conocido en los pasillos de la UCV, donde me lo presentaron Jorge Chirinos y Pedro Duno, otro par de afectos –y maestros– imborrables.
                Wilmer trabajaba en la corresponsalía del diario Crítica y "el negro" Olivares era redactor de El Mundo, ambos diarios propiedad de Miguel Ángel Capriles. Con uno salía de madrugada a sondear las avenidas caraqueñas a ver qué noticia podíamos sorprender para tratar luego de "vendérsela" al señor Galán en Últimas Noticias. Con el otro eran largas conversaciones en torno a la igualdad y la lucha por un mundo mejor.
                No logro evocar con precisión la fecha de un mitin convocado por el Movimiento al Socialismo (MAS) en El Nuevo Circo de Caracas, pero finalizaba la década. Tal vez lo habían convocado para rememorar el histórico acto que allí mismo habían hecho el 25 de mayo de 1971. Lo cierto es que al que asistí fue promovido de manera profusa. Recuerdo nítidamente el bombardeo de cuñas por Radio Rumbos y Radio Continente, y los incontables avisos colocados en El Nacional y Últimas Noticias.
                A ese acto fui en compañía de Olivares. Momentos antes de comenzar las intervenciones de los oradores del día, me dediqué junto con "el negro" a hacer una serie de cuentas, y con la ayuda de una tabla de tarifas que habíamos conseguido, vaya a saber Dios a cuenta de qué y cómo, de El Nacional y Ultimas Noticias, así como de los precios de las cuñas radiales.  Recuerdo nuestro pasmo cuando hicimos un cálculo al volapié.  ¡Casi dos millones de bolívares! Eran tiempos en que una gaseosa costaba 0,25, un kilo de harina P.A.N. un bolívar, diez panes otro bolívar y un kilo de caraotas menos de dos bolívares.
                En medio de nuestro estupor por las cifras llegó a nosotros un amigo al que no logro recordar con precisión, quien nos saludó entusiasta ante el éxito de la convocatoria. Nosotros que estábamos boquiabiertos ante el gasto monumental hecho sólo en promoción nos quedamos mudos. El que nos había zarandeado con su euforia se nos quedó viendo de manera alterna y dijo: ¿Ahora qué carajo van a cuestionar? ¡Quieren ser más puros que Marx!    
                Solo le respondí: ¿Te puedes imaginar cuántas cooperativas de servicios se han podido hacer por todo el país y barrios de Caracas con el dineral que se ha gastado para que vengan ocho mil personas? ¿Eso es una victoria? Con la barriga vacía no hay ideología que valga.
                Vuelvo a pensarlo ahora cuando veo el despilfarro de recursos convocando a unas elecciones por unos cargos de dudosa eficacia.
             
© Alfredo Cedeño

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