miércoles, julio 29, 2020

HABLANDO DE LA OPS



                Justo a mediados de marzo del año 2004 se celebró en Puerto Ordaz, estado Bolívar, la XXV reunión de ministros de salud del Área Andina –REMSAA­–, que es la máxima instancia del Organismo Andino de Salud Convenio Hipólito Unánue, así llamado en homenaje a José Hipólito Unanue y Pavón, médico, educador y prócer de la Independencia del Perú.  En ese cónclave de burócratas asistieron dos invitados muy especiales: Lee Jong-wook, director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Mirta Roses Periago, directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Él de nacionalidad surcoreana y ella argentina.
                Lógicamente, Venezuela como país anfitrión botó la casa por la ventana y a la clausura del evento acudió el propio comandante eterno. Ya he expuesto con anterioridad la fascinación que ejercen los sátrapas de todo tenor y calibre en los intelectuales, así como en los miembros de los llamados entes multilaterales; y cuyos máximos representantes suelen alcanzar dichos escalafones con el apoyo de los llamados gobiernos liberales.  No olviden que en medio de la crisis sanitaria que vive el planeta con la Peste China han sobrado los señalamientos del apoyo que tuvo en su momento por parte del gobierno chino el actual director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus. No creo necesario abundar en la actitud complaciente de este funcionario con respecto al gobierno amarillo. También es pertinente recordar que este caballero fue ministro del “progresista” gobierno etíope.  Para terminar de redondear lo que corresponde al máximo burócrata sanitario del mundo vale la pena reseñar que semanas atrás aplaudió la respuesta resuelta y contundente del gobierno español para revertir la transmisión del COVID 19. Uno no sabe qué pensar al respecto de esto último, la desgracia que vive el país hispano, convertido en la vergüenza de Europa por los niveles de contagio de la pandemia amarilla son de antología.
                Regresando a Venezuela 16 años atrás, en la mencionada asamblea de ministros fue más que manifiesta la complacencia del señor asiático y la señora austral. En todas las fotografías que hice en aquella ocasión se les veía el gozo que exudaban de estar al lado del hijo ilustre de Sabaneta. Varios meses más tarde, en el 525 de la calle 23, en el NW de Washington D.C., sede principal de la OPS, oí de boca de varios altos funcionarios de esa institución hacerse lenguas hablando de la gesta sanitaria que estaba llevándose a cabo en Venezuela. ¿Es necesario abundar sobre el descalabro del que fuera uno de los sistemas de salud emblemas del continente en nuestro país?
                Como bien han de suponer mis reservas respecto a dicho organismo son muchas. Por ello, no puedo dejar de preguntarme a santo de qué sale el interino a anunciar: “El día de hoy, después de superar una gran cantidad de obstáculos, estoy enviando la orden de transferencia de los recursos para la Organización Panamericana de la Salud y Cruz Roja para dotar de equipos de protección a nuestros héroes que están en la primera línea en el combate contra la COVID-19. Recursos que no tocará el régimen”. ¿Acaso esos equipos si serán dejados entrar al país y no pasará lo mismo que en febrero del año pasado en Cúcuta?, ¿quién garantiza que dichos recursos no serán arrebatados por los funcionarios de la plaga roja para luego aparecer anunciando equipamiento de las ruinas hospitalarias del país? Por lo visto no se cansan de jugar con el país.

© Alfredo Cedeño 

miércoles, julio 22, 2020

NI ÉSTE NI AQUEL

               
                Muchos de mis amigos, y muchos más de aquellos que no lo son, me reclaman de forma continua mi escepticismo y actitud constante de critica a los llamados “políticos”. Igualmente, suelen pedirme asuma una pose “constructiva” en torno al momento actual, y en particular me suelen conminar a darle apoyo irrestricto al “encargado”. Suelo responder a unos y otros que no acostumbro dar cheques en blanco a nadie, mucho menos a personajes que han demostrado ser capaces de darle el uso que luego se le antoje a los fondos otorgados, sean materiales o metafísicos.
                Con esto del encargado pusilánime, al cual se desviven por otorgar una rabiosa legitimidad ciertos grupos de furiosa militancia democrática, la cual, a mi manera de ver las cosas, él mismo se ha encargado de desperdiciar de manera patética, me asaltan serias dudas. Con él me ocurre lo que al historiador israelí Yuval Noah Harari, autor de Sapiens: Una breve historia de la humanidad, quien ha dicho recientemente al referirse a la crisis ocasionada por la Peste China: “En los últimos años, los políticos irresponsables han socavado deliberadamente la confianza en la ciencia, en las autoridades públicas y en los medios de comunicación. Ahora, estos mismos políticos irresponsables podrían verse tentados a tomar el camino del autoritarismo, argumentando que simplemente no se puede confiar en que el público haga lo correcto... Si no tomamos la decisión correcta, podríamos encontrarnos renunciando a nuestras libertades más preciadas, pensando que esta es la única manera de salvaguardar nuestra salud”.  Y lo siento por unos y otros, tanto por amigos y adversarios que alientan al ingeniero frente al chófer, y viceversa, pero es que, parafraseando al pensador judío, ellos se han encargado de socavar la confianza de todo el país respecto a ambos.
                Con esto de quién es el que manda me siento que estoy revisitando la historia y me imagino que algo así ocurría cuando España todavía no era España, sino un puñado de feudos manejados por sus respectivos caudillos, donde los que más temerarios eran, o más intrigantes y cizañeros –políticos pues– terminaban por imponerse sobre los demás hasta controlar el poder. A mediados del siglo XV en la península ibérica existían la Corona de Castilla, la de Aragón, el reino de Navarra, el reino de Portugal y el reino musulmán de Granada.  El caso particular que me interesa es el de Castilla entre los años 1465 y 1468 cuando existieron allí dos soberanos. Por un lado estaba Enrique IV, también llamado Enrique “El Impotente”, pero de lo cual no ahondaremos en esta ocasión, y por el otro estuvo Alfonso de Trastámara, a quien un grupo disidente invistió como Alfonso de Castilla, conocido también en aquellos tiempos como Alfonso “El Inocente”, quien fue hijo del rey Juan II de Castilla y de la reina Isabel de Portugal, y hermano de Isabel la Católica. 
Todo este fandango del reinado bicéfalo duró hasta que a este último le dio por cenar con una trucha en una posada de Cardeñosa, en las cercanías de Ávila. Las crónicas aseguraron que había caído presa de la peste bubónica. Lo cierto fue que luego del condumio pasó varios días en la cama con fiebres elevadas hasta su muerte. Entre otros signos se registraron, además de la citada fiebre, perdida del habla y la conciencia, e insensibilidad al dolor.  Estudios realizados recientemente por profesores de la Universidad de León y de la Universidad Nacional de Educación a Distancia determinaron luego de tres análisis a los restos de Alfonso “El Inocente”, que no pudo padecer la peste puesto que no hallaron en su cuerpo la presencia de Yersina pestis, el bacilo de la mentada enfermedad. Así que todo parece apuntalar la versión de su envenenamiento.
En el caso criollo el envenenamiento, que no de los soberanos, ha sido manifiesto. Se nos ha intoxicado, o así al menos han tratado de hacer uno y otro, con sus versiones sesgadas e interesadas, ni éste ni aquel son transparentes en sus actos. Se le critica al bigotudo por su manejo nepótico  o revolucionario de sus decisiones, pero al encargado tampoco se le puede  mostrar como modelo de transparencia, y valga el caso citar a Humberto Calderón Berti y sus no respondidas acusaciones a raíz de su destitución meses atrás.  Sé que ya saltarán sus dolientes y adláteres a gritarme que le hago el juego a la dictadura, pero quiero decir, una vez más, que a lo que no le hago el juego es a la obsecuencia, no hago coro a turbas maneras de ejercer la política.  No pediré asistencia a elecciones cuando ya la plaga roja ha demostrado que los procesos comiciales son unos ejercicios onanistas que permiten para lavarse la a cara ante el escenario internacional para luego hacer exactamente lo que les da la gana. Debe decirse que a esa pantomima se está prestando la “oposición”. Yo no soy comparsa de payasadas como esas. Y nadie en su sano juicio puede serlo.

© Alfredo Cedeño 

miércoles, julio 15, 2020

PITHECANTROPUS PROGRESISTUS


                Pocas cosas seducen más a los autodenominados “progresistas” que un tirano. Revisen los anales de la historia y podrán verificarlo. Lenin, Stalin, Hitler –y si no me creen busquen sobre Hanns Heinz Ewers, uno de los primeros críticos en reconocer el cine como una forma legítima de arte; no es necesario abundar sobre el Nobel y Príncipe de Asturias de las letras don Günter Wilhelm Grass–, y Mao fueron ídolos e iconos de una intelectualidad que se jactaba de su sensibilidad y solidaridad con los desposeídos. El fervor que los mentados señores han despertado, y siguen haciéndolo, entre la llamada intelligentsia, entendiendo por tales a escritores, artistas plásticos, pensadores, actores, cineastas, periodistas, y siga por ahí dándole a lo que se le provoque, elevó a dichos energúmenos al panteón pagano de la contemporaneidad.
Raymond Aron lo definió muy bien al enunciar que el marxismo es el opio de los intelectuales.  Los ejemplos son inacabables pero si buscamos algunos podemos citar a Sartre, quien se supone fue una autoridad en lo que al arte del cuestionamiento se refería, sin embargo, anunció con pleno recochineo de los medios del mundo libre, al regreso de un viaje a Moscú: “La libertad de crítica es total en la Unión Soviética”. El regordete y sanguinario Mao sedujo a Andy Warhol, quien lo pintó con gorra y lunar; mención obligatoria merecen los guiños que le hacen al entonces mandamás de Pekín –Beijing como exige la corrección que se diga y escriba ahora–, los arrumacos que le prodigaron Lacan, Althusser, y Barthes, este último llevó su arrobo al regresar de China vestido con el mono azul maoísta.
                El derretimiento intelectual por los hombres fuertes no fue una manifestación decadente del viejo continente, o de la enigmática Asia. En el lado acá del Atlántico la adoración de Castro no merece mayores comentarios. Basta citar la idolatría inicial por parte de los miembros del llamado Boom Latinoamericano, la cual fue quebrantada por Mario  Vargas Llosa en 1967, cuando protestó por el encarcelamiento del poeta Heberto Padilla. Pero eso no fue óbice para que prosiguiera la postración por el barbudo antillano.
                Otro caso, del que poco eco hace la crónica, fue el del general Juan Francisco Velasco Alvarado en Perú. Ese militar, promulgó una ley que fue bautizada como “Plan Inca”, el 26 de julio de 1974, mediante la cual se confiscaron medios de comunicación como La Prensa, El Comercio, Última Hora y Ojo; y fueron clausurados los diarios Expreso, Extra, la revista Caretas y las radioemisoras Radio Noticias y Radio Continente; los canales de televisión privados también llevaron lo suyo y fueron presionados  para que vendieran el 51% de sus acciones al Estado. 
A esta altura quiero hacer una breve mención al entonces muy progresista y solidario Tribunal Russell II. Este “organismo” era la prolongación del Tribunal Russell I, creado a iniciativa de Bertrand Russell para investigar los crímenes, documentados y denunciados por los propios medios de comunicación norteamericanos, de los soldados estadounidenses en Vietnam. En el Russell II –entre cuyos miembros estaban Juan Bosch, García Márquez y Julio Cortázar–, su función inicial era investigar la situación imperante en diversos países de América Latina. Las sesiones de 1974 se centraron en las acusaciones de violación de derechos humanos por parte de la Junta Militar chilena, presidida por Pinochet, y en la situación de Brasil. En 1975 y 1976 los miembros del muy mediático tribunal sesionaron para pronunciarse sobre la situación en Latinoamérica. Pero… Cuando los periodistas y exiliados políticos peruanos pretendieron exponer sus casos ante dicha instancia justiciera, fueron impedidos de hacerlo porque, según los organizadores, la situación de ellos era incomparable con la de las víctimas de las dictaduras chilena y argentina.  ¡Claro! El peruano era un gobierno militar progresista.
Regresando a nuestro tiempo encontramos que el embeleco por los caudillos no murió con el siglo pasado. Y así vemos que Chávez, primero, y Maduro, ahora, son los nuevos fetiches de la casta pensante, esa que gusta de bajarse los pantalones, o arremangarse las enaguas, ante los gorilas de la izquierda. Marta Harnecker, Heinz Dieterich, Luis Bilbao, Ignacio Ramonet, Naomi Campbell, Sean Penn, Danny Glover son algunos de los ejemplos que hay en lo que a la cofradía de los ídolos progresistas criollos respecta. En todos los escenarios internacionales de la intelectualidad de vanguardia, el gobierno de Venezuela es la niña mimada, y todas esas asambleas de polichinelas vociferan hasta enronquecer exigiendo el respeto al derecho de los pueblos por marcar sus propios rumbos. Para muy poco sirvió que artistas y pensadores como Pedro León Zapata, Manuel Caballero, Simón Alberto Consalvi y José Campos Biscardi, por nombrar apenas unos, se pronunciaran contra la dictadura vernácula.   De nada valen las macilentas marchas de gente escapando de un país que naufraga, así como poco han valido los escapes en balsa desde Cuba.
Los sátrapas venezolanos y antillanos saben que cuentan con la bendición comunicacional del globo entero, cuanto más sanguinarios sean más benévola será con ellos la habitual corte de lambiscones y pedilonas.  Están al tanto de que para esa secta intelectualosa nada más excitante que una fiera a la que hacer el corro.  Eso sí, una bestia a la que ellos hayan otorgado su bendición.

© Alfredo Cedeño

miércoles, julio 08, 2020

¡CHITO!


                Pocos actores venezolanos han tenido la altura interpretativa que tuvo don Rafael Briceño. Los ha habido de una calidad excelsa, como es el caso de Tomás Henríquez, Fausto Verdial y Gustavo Rodríguez, pero ninguno tuvo la maestría del hijo de Ejido, estado Mérida.  En 1959 interpretó a Cara é Loco en Caín Adolescente, de Román Chalbaud; más tarde lo hizo en La Paga, del colombiano Ciro Durán; siguió como Jorge Luis Armenteros en el culebrón El Derecho de Nacer.  Hubo muchas otras películas y telenovelas que se dieron el lujo de tenerles como intérprete. Sacrificio, Pecado de amor, La virgen ciega, Cuando quiero llorar no lloro, Bárbara, La quema de Judas, Boves el Urogallo, Sagrado y obsceno, El Limonero del Señor, Doña Bárbara, Tormento, La hija de Juana Crespo, El pez que fuma, Piel de zapa, La empresa perdona un momento de locura, Carmen la que contaba 16 años, Estefanía, y muchísimas otras, más de cincuenta podrían ser citadas, labraron una espléndida carrera. 
                Briceño construyó una sólida presencia en teatro, cine y televisión que hacía a autores, directores, productores y críticos sus primeros admiradores. Debe decirse que el gran público lo veía con no poca condescendencia, hasta que en 1980 José Ignacio Cabrujas escribió Gómez y él fue invitado a representarlo. Hasta allí llegó la benevolencia para con el veterano actor. A partir de ese papel fue venerado por todo el país.
El dictador, con no escasa ironía, lo consagró, él que siempre fue un devoto amante de la libertad. Su caracterización fue de tal intensidad que en aquellos días el MAS llevó a cabo en el Nuevo Circo de Caracas un célebre mitin, y en su apogeo las luces se apagaron súbitamente, lo cual generó no pocos escalofríos entre muchos de los presentes. Y, de pronto, un potente reflector iluminó a Juan Vicente Gómez, quien con gesto recio ordenaba a su asistente: “¡Llévese presos a todos estos ñángaras, Tarazona!”  La histeria fue de carácter apoteósico. Recuerdo las carcajadas y los no escasos llantos entre los presentes. No era Briceño quien había hecho acto de presencia, era el propio Gómez y su sombra siniestra la que planeaba sobre aquella asamblea de gente soñadora e ilusionada con nuevas maneras de manejar lo político. Debe decirse que con el tiempo ese proyecto terminó en una franquicia que ahora vemos haciéndole el coro a la dictadura de Maduro.
                Aquel personaje fue adoptado por el gran público, y su vesania, su crueldad, se vio sintetizada en una palabra, muy tachirense por demás, que Briceño pronunciaba con tajante tono: Chito… Vocablo que todo el país asumió de inmediato. Esa expresión era, y es, empleada en la cordillera andina para ordenar silencio de manera indiscutible y tajante. Al adoptarla el emblemático actor supo encontrar el gatillo necesario para disparar en la memoria de todo el país la característica incuestionable del detestable dictador.
                El chito gomecista parece haberse expandido de manera universal en estos días. Es una orden que ahora viaja de manera velocísima y con una rigidez que ya hubiera querido en su tiempo el dictador tachirense. Los detonantes para que explote en las poco democráticas, pese a que nunca se pudo imaginar que desembocaran en ello, redes sociales son insospechados e inverosímiles. Vivimos una época de turbas que arremeten contra todo lo que se menea y sitian a quien sea sin patrón alguno. Cualquiera puede encender la cólera colectiva en el momento y lugar menos pensado. Acaba de ocurrir, por poner un ejemplo, en Rochester, Nueva York, donde una estatua de Frederick Douglass, fue derribada por una manada, hasta ahora anónima. Él había nacido esclavo y escapó de su condición en Maryland, para iniciar una pelea titánica en contra de la esclavitud, lo hizo hasta que llegó a convertirse en un líder del movimiento abolicionista en Massachusetts y Nueva York, todo ello le otorgó un sólido prestigio por su oratoria y escritos críticos en contra de la esclavitud en los Estados Unidos. Justamente su estatua es vandalizada en el marco de las protestas, justificadas en muchos casos aunque desvirtuadas en su mayoría, en contra de la discriminación racial.
                Las manifestaciones por la igualdad han llegado a la decapitación o daño de las estatuas de Colón, Cervantes y fray Junípero. De la iracundia igualitaria han sido pasto desde la estatua de La Sirenita en Copenhague, obra del escultor Edvard Eriksen, hasta la de Winston Churchill en Praga. La ola reivindicativa poco tiene de  ponderación, se muestra escasa de justicia, es una marea furiosa que exige silencio y  sumisión a todos. 
                Me llama la atención la ignorancia confiesa de los actos de “protesta”, la mayoría de las veces apoyados y estimulados por los autobautizados “progresistas”. Así vemos que no solo derriban la estatua de Douglass, sino que vemos ondear en las manifestaciones de las minorías sexuales discriminadas imágenes del Ché como estandarte. ¿Sabrán acaso sus promotores que el argentino en cuestión demostró de manera indubitable su saña contra la comunidad homosexual en Cuba? A estos pasos que llevamos no ha de extrañarnos que pronto veamos a las turbas justicieras exigiendo la inauguración de la avenida Eva Braun en Tel Aviv. ¿Irán a exigir una plaza Trostky en Moscú o un busto a Reinaldo Arenas en La Habana?
                Por lo pronto, sin más méritos que el de la fuerza bruta, vemos una bandada atorrante que solo sabe responder ¡Chito! cuando se le pide explicación de sus actos.

© Alfredo Cedeño 

miércoles, julio 01, 2020

¡LIBERTAD PARA EL PETRÓLEO!


                ¿Para qué pensar el mundo y todo lo que ello representa? ¿Tal vez el tiempo de pensarlo ya caducó?  Nuestras historias, la creativa y la formal, se habían venido ocupando de ello en forma densa, intensa y extensa sobre nuestra condición y vicisitudes. Así fue como nacieron los mitos, es decir apareció la cosmogonía.  Y luego nacieron los eruditos, aquellos de incapacidad manifiesta para entender a sus parientes, vecinos y paisanos –así como sus requerimientos más primitivos que expresaban de forma oral–, quienes crearon la cosmología, a la cual llevaron a categoría de erudición y, palabras más palabras menos, la definieron algo así como: “la ciencia que estudia el origen y la evolución del Universo como un todo”. Sin embargo, y si a ver vamos, esta es tan empírica como aquella, porque ¿dónde está el protocolo que documenta las leyes que ellos aseguran son los orígenes del universo?
                En pocas palabras, la poesía que se manifestaba de forma libérrima en los mitos, fue expropiada por un grupo de analfabetos talentosos con pretensiones de ilustrados, y les cosieron un traje al alcance de sus limitados saberes.  Y si algo de eso les resulta familiar con lo que vivimos ahora es porque las maneras se han depurado. Hoy vemos como se imponen bozales feroces contra todos aquellos que nos resistimos a pensar de forma “políticamente correcta”. La condena es aún más segregativa que la sufrida desde tiempos bíblicos por los enfermos del mal de Hansen. Pides transparencia en el acto político, así como a sus “dirigentes”, y te conviertes en un leproso desahuciado; ahí no sirven de nada las investigaciones que hizo Convit sobre dicha enfermedad.
                Ha de decirse que son oleadas que han recorrido el orbe entero en diversas oportunidades. Las ha habido para todos los gustos y colores, tal vez una de las más recurrentes ha sido la relacionada con el fin del mundo. Una de las primeras hecatombes anunciadas fue la de la destrucción de Roma en el año 741 antes de Cristo, y eran tiempos en los que la llamada ciudad eterna era considerada el centro –¿o debo decir la centra?–  del mundo –y ya saltará más de un militante trasnochado a denunciar el europocentrismo inherente en dicha frase–. Más tarde, de nuevo en Roma, fue el tercer papa, san Clemente I, quien hizo la misma predicción en el año 90 de nuestra era.
Varios siglos más tarde, y con unos cuantos vaticinios similares de por medio, le tocó el turno a Thiota, una profetisa cristiana herética, del sur de la actual Alemania, quien proclamó que el Juicio Final ocurriría en el 848.  Otra ola de pavor que circuló fue alrededor del primero de enero del año 1000. En el siglo XVI el matemático y cura Michael Stifel, alemán por supuesto, anunció que a las 8 de la mañana del 19 de octubre de 1533 comenzaría el Juicio Final. En 1669 el frenesí llegó a la tierra de Putin, donde alrededor de 20.000 cristianos rusos se inmolaron convencidos que ese año era el acabose. En el siglo XIX la fiebre apocalíptica cruzó el Atlántico y el 19 de noviembre de 1822, luego de un sismo, de esos que sólo Chile conoce, en Copiapó, al norte de ese país, una monja profetizó que el día siguiente a las 11 de la mañana llegaría el fin del mundo. Los anuncios de similar tenor han sido de todo orden, muchos deben recordar la vorágine alrededor de la supuesta predicción maya para el 21 de diciembre del 2012. Hasta el canal televisivo History Channel –para escarnio de CNN– afirmó, basándose en la mitología vikinga, que el cataclismo final nos alcanzaría el 22 de febrero de 2014.
                Y así como con todas estas manifestaciones de la escatología, ha habido y hay numerosas manifestaciones rayanas en la locura colectiva, que siempre ha nacido de las clases “regentes”. Hoy vemos al mundo sacudido por la ya citada “corrección política”. El tema del momento es la discriminación racial, por cierto una segregación bastante sui géneris para decir  lo menos. El mundo entero se manifiesta con indignación absolutamente justificada ante el asesinato de un hombre de raíces africanas por parte de un policía de claro origen sajón, pero ese mismo planeta permanece inmutable ante el oficial policíaco que golpea indiscriminadamente a un hombre de origen hispano, ni hablar de los descendientes africanos que cada día mueren a manos de sus congéneres. Por lo visto hay violencia que se condena y otra que no puede ser cuestionada.
El ditirambo reinante en torno a la moda racial es de tal calibre que hasta hay quienes cuestionan el color de las galletas Oreo, consideran que su color característico es una manifestación flagrante de racismo.  Supongo que, al ritmo que vamos, en breve oiremos clamar por la suspensión de la explotación petrolera, ya que esa es la suprema manifestación de la explotación del negro por el mundo. Es sobre la explotación de la energía producida por el oscuro fluido que se ha estructurado este mundo injusto y segregador. Pronto veremos a fervorosos militantes llenar las principales avenidas   del mundo portando luminosas pancartas exigiendo la libertad del esclavizado fluido. 
Por aquello de que el que calla otorga, no puedo conceder mi silencio a este caudillaje electrónico de nuevo cuño. Allá quienes soportan callados a esa plaga que se pasea con ropaje casual de eruditos estériles e inquisidores insufribles.


© Alfredo Cedeño  

miércoles, junio 24, 2020

DISTÓPICOS DISOCIADOS


                 Recuerdo de mis primeros años como estudiante la insistencia, de maestras primero y profesores después, sobre la condición gregaria del hombre; es decir aquella relación que se establece entre los humanos al conformarse en grupos sociales para poder resolver de la mejor manera posible los problemas comunes. Esa suerte de instinto es propia de todo ser vivo, por eso vemos a los peces agrupados en cardúmenes, los  gansos en bandadas, las hormigas en colonias, los antílopes en manadas. Es una relación que establece la unidad como principio básico para reconfirmar el instinto de supervivencia.
                Es una frase manida aquella que dice que todo imperio, en cuanto modelo social, socava sus propias bases y siembra las semillas de su auto destrucción; el ejemplo que más se muestra es el del romano. Un modelo cultural que se hizo hegemónico se confió de tal manera en su fortaleza, que alcanzó su apogeo durante el mandato de Trajano, cuando existió un Estado que iba desde las costas del Atlántico hasta Mesopotamia.  Me es necesario acotar que este emperador fue el primero no nacido en la península itálica en alcanzar tal nivel de mando. Él nació en las afueras de Sevilla, España. La declinación de Roma como eje del mundo entonces conocido comenzó al siglo siguiente de este soberano. Pestes, derrotas, impuestos arbitrarios, decisiones políticas erradas, soberbia, exceso de autoconfianza, y muchas otras variables se fueron juntando.
                Diocleciano y su intento por evitar el naufragio ahondó más la crisis. Él dividió los vastos territorios romanos en oriental y occidental, cada región pasó a ser gobernada por un César, con poder militar, y un Augusto, con poder político, que daban en total cuatro jefes y fue llamado como sistema “tetrarquía”, es decir un gobierno de cuatro.  Y se cumplió aquello de que muchas manos ponen el caldo morado.  Si ya el imperio tenía problemas estos se agravaron con las peleas intestinas por imponer cada cual sus decisiones. 
A fines del siglo IV de nuestra era terminó de torcer la marrana el rabo con Teodosio, quien para quedar como el padre perfecto dividió entre sus hijos Honorio y Arcadio sus dominios. Al primero le tocó Occidente y al segundo Oriente.  No pasaría mucho para que comenzaran las derrotas, y así llegó el año 410 cuando el rey visigodo Alarico saqueó Roma. Desde ese momento empezó el declive de forma más acusada hasta que en el 476 Rómulo Augusto, el último emperador de Occidente, fue depuesto por Odoacro quien era el cabecilla de los hérulos, una tribu germánica. La historia suele ser irónica hasta los extremos: el Imperio Romano llegó a su fin con un emperador que tenía el nombre de uno de los fundadores de Roma.
                ¿Qué hace que un modelo poderoso y avasallante caiga en desgracia y se disuelva? ¿Por qué las hegemonías terminan hechas polvo cuando parecen haber alcanzado una solidez sin parangón? ¿Dónde comienza la decadencia del dominante de turno? Son preguntas que surgen de manera reiterada sobre diversos momentos históricos, o en el marco de diferentes procesos culturales. Pasó con el modelo inca, azteca, maya, caribe,  español, y por ahí podemos seguir enumerando ejemplos. Pasó en Estados Unidos con el segregacionismo donde el poder de la supremacía blanca humilló hasta hace poco a los negros; y necesito decir que esa humillación ahora han trasladado a los hispanos y su descendencia. Pasó con Hitler y su movimiento de exterminio. Pasó con dictaduras como las de Somoza, Trujillo, Pérez Jiménez y Castro. Aunque también pasó que en una Europa liberada del fascismo y el nazismo sobrevivieron las tiranías de Franco en España y Salazar en Portugal, así como las plagas bolchevique y maoísta, toleradas y muchas veces alcahueteadas por las democracias más consolidadas del planeta.
                Trato de hacer un balance de los tiempos que vivimos y todo me hace pensar que hemos terminado por ser dominados por un patrón de pensamiento disociado. De alguna manera se ha  regresado al sálvese quien pueda y cada cual vela sólo por sí mismo. La utopía fue erradicada y ha sido desplazada por la distopía.

© Alfredo Cedeño  

miércoles, junio 17, 2020

CIELO E INFIERNO


                Donde África se proyecta hacia el oeste, que se le forma una amplia barriga de tesoros inescrutables están Mauritania y Senegal. A 630 kilómetros de sus orillas, océano adentro,  hay un rosario de quince islas de origen volcánico, que en el siglo XV fueron colonizadas por el reino de Portugal. El contraste de la feraz vegetación que por siglos se había ido desarrollando entre las negras rocas hizo que los conquistadores lusos las bautizaran como O Cabo Verde. Su posición, al igual que la de la isla de Arguin, en camino a las entonces recién descubiertas tierras americanas, le puso en lugar privilegiado cuando comenzó el tráfico de esclavos negros.
No sobra recordar que, junto a las cacerías organizadas por los tratantes de esclavos,  muchos de los hombres negros libres eran capturados en medio de guerras tribales y sus propios compañeros de raza los vendían a comerciantes árabes y a los traficantes negreros. Cuatro siglos más tarde, en una de las islas, en San Vicente, el miércoles 27 de agosto de 1941 nació Cesária Évora. Fue hija de una cocinera con siete hijos y de un padre que falleció cuando ella tenía siete años. Años más tarde, a los dieciséis, la que sería inmortalizada cuando casi pisaba la cincuentena, empezó a cantar en los bares de Mindelo, su ciudad natal.  Los altibajos en su vida fueron tan conmovedores como su voz, propia de una garganta negra prodigiosa.
Años de silencio, años de escenarios mugrientos, pero siempre su voz y como gesto de solidaridad con los más pobres de su país, de los que nunca dejó de sentirse parte, cantaba descalza en cada actuación. Sería en 1988, cuando tenía 47, que un fanático de ella la convence para ir a París, donde terminó grabando el disco La diva aux pieds nus –La diva de los pies descalzos. Y la fama la abrazó. Su voz preñada de dulzura y melancolía la llevó al lugar que merecía. ¿Quién no se ha bamboleado al compás de sus discos Mar Azul, Miss Perfumado, Cabo Verde o Café Atlántico? Sangue De Beirona, Paraiso do Atlantico, Bésame mucho, Sodade, y de ahí hasta la eternidad son solo una muestra de cómo una voz le ganó a la miseria una lucha en la que se jugó todo más de una vez.
Ese archipiélago ha sido noticia en estos días, en una de sus islas, la que está más cerca de la tierra firme africana, Sal, un hijo de la miseria de Barranquilla, Colombia, fue atrapado por la policía caboverdiana a bordo de un avión privado. Alex Saab, hijo de un libanés que migró a la citada ciudad  colombiana, fue un modesto vendedor de llaveros en su ciudad natal, y que a los 47 años es un potentado con contratos multimillonarios con el gobierno venezolano. Sus nexos con la plaga roja venezolana han sido documentados de manera extensa por numerosos trabajos de investigación, que en varios casos obligaron a los periodistas que los llevaron a cabo a exilarse por las amenazas y acciones judiciales en su contra.
Hoy, a la misma edad en que Cesária Évora comenzó su ascenso al cielo del amor de quienes admiramos su talento; su Cabo Verde natal presencia la que puede ser la caída al infierno de un maromero inescrupuloso que le vendió el alma a su paisano bigotudo.  Qué carambolas tiene la vida…

© Alfredo Cedeño 

miércoles, junio 10, 2020

¿DÓNDE ESTÁ EL NORTE?


                Muy temprano aprendí lo terrible que es perder el camino. Hace un poco más de dos años compartí con mis lectores la experiencia vivida en El Ávila en los carnavales de 1970. Durante tres días un grupo de estudiantes del Jesús Obrero, junto con el entonces jesuita Antonio Pérez Esclarín, permanecimos extraviados e incomunicados en la cara norte del cerro capitalino. La sensación de estar en la barriga de la montaña totalmente rodeados de vegetación resultaba agobiante. Por momentos me sentí en una versión tropical de Jonás en el vientre de la ballena, castigo divino por no haber aceptado ir a predicar en Nínive.
                Así supe que cuando extravías el norte empiezas a dar vueltas o tumbos, y a duras penas alcanzas a mantener cierto rumbo, pero por lo general solo atinas a ejecutar gestos sin sentido.   Uno de los momentos más terribles es cuando empiezas a preguntarte cómo es que estás en semejante escenario, cómo llegaste a ese punto en el que sabes que tu vida está en real peligro, qué pasó para que todo tu entorno se convirtiera en un riesgo permanente, cuándo fue que todos tus anhelos dieron paso a tu instinto más primitivo: sobrevivir a todo trance.
                Salir de escenarios no deseados suele ser muchísimo más arduo que entrar a ellos, sueles caer allí sin transición alguna, lo cual genera profunda tensión y no pocas frustraciones. La cavilación generalmente es permanente, pero a ella se impone la necesidad de actuar para evitar la parálisis que puede terminar en la muerte. Es una espiral que suele descender a los infiernos particulares de cada quien cual Orfeo donde nuestra Eurídice es la vida propia, y lo que sobran son Cerberos que nos pueden despedazar.
                El caos que nos abruma es total, el trastocamiento parece incrementarse con ritmo febril. Países donde los gobernantes se comportan cual matones de barrios, otros que se desempeñan como hampones embozados. La ciudadanía ha dejado de ser el ejercicio de la condición humana para ser transformada en un estado de fanatismo donde el “políticamente correcto” ha condicionado todo gesto espontáneo.  Los linchamientos en la plaza cibernética son agua de cada momento, y depende de las hienas de turno. Basta que usted asome la intención de nadar fuera del cardumen twitérico o instagrámico o facebookciano para que sea desollado de inmediato. Al carajo el derecho a disentir, y ni hablar de crear. ¿Imaginan a Nabokov publicando Lolita en estos días? Ni hablar de Howard Phillips Lovecraft y su racismo militante.
                Vivimos un vaivén enloquecido, un bamboleo de navío borracho, que justifica lo que decidan los verdugos digitales, en comandita con los titiriteros políticos. Ocurre cualquier cosa que podamos pensar mientras que hechos absolutamente inequitativos siguen ocurriendo y nadie los atiende. Escasos días atrás el Tribunal Supremo de España inició un juicio a dos exmilitares salvadoreños por la masacre de seis curas jesuitas españoles en El Salvador el 16 de noviembre de 1989.  Inocente Orlando Montano y René Yusshy Mendoza, son los acusados de la muerte del sacerdote Ignacio Ellacuría, quien era el rector de la Universidad Centroamericana, así como de la de sus compañeros Ignacio Martín Baró, Segundo Montes, Amando López, Juan Ramón Moreno, Joaquín López y López.
                El día que ellos fueron acribillados también murió Elba Julia Ramos, quien estaba a cargo de las labores domésticas de la residencia cural. Otra víctima fue su hija, que tenía 15 años, Celina. Los chacales centroamericanos son hoy reos de la justicia española por las muertes de los pastores, para Elba y Celina no hay siquiera un gesto hipócrita.  Son tiempos bipolares, tal vez, y si me apuran, creo que hasta pentapolares. Las caras son tantas como intereses se van estableciendo y la gente de a pie, la que es como usted y como yo, no tenemos más importancia que ser convertidos en escudos humanos para que un grupete de vagos resentidos, o ambiciosos, o enfermos, o tal vez todo eso y más, prosigan haciéndonos la vida un laberinto de iniquidades. El tiempo de los razonamientos y argumentos pasó hace un largo rato, es el de acciones iracundas y patíbulos arbitrarios. No hay brújula que valga en estos días de escasa justicia.

© Alfredo Cedeño 


miércoles, junio 03, 2020

ÉTICA PATÉTICA


                Pocas palabras han tenido, y tienen, la carga interpretativa que posee ética. A partir de ella se han escrito tratados de todo color; y se han formulado variaciones con cualquiera sea el sabor que a usted se le pueda ocurrir, algo así como la célebre heladería Coromoto en Mérida, donde usted podía encontrar sorbetes que iban desde camarones al vino, pasando por guama y fororo, hasta la muy vernácula caraota. Como reza la manida frase: Hay para todos los gustos.
                Si nos ponemos a ver, dicha locución es un recurso para evitar que nos matemos unos a otros, es la cerca que el ser humano creó para colocar elementos de contención frente a la barbarie de la fuerza bruta. Vano intento. A ella le pasó como a su compañera historia, la termina escribiendo el que vence.  Poco valen las buenas intenciones, los derechos ancestrales, el  uti possidetis juris (que terminó por ser traducido: Como poseías, así te quitaré), y todos los otros vocablos de similar especie. El que gana impone y dispone, y olvídense de igualdad, libertad y fraternidad, esas son menudencias galas que desde el siglo de las Luces andan por ahí dando saltos, por algo lo mismo se les usa como lema oficial tanto en Francia como en Haití.
                Se habla de ella según la conveniencia de cada cual, no hay un acuerdo con respecto a su uso y aplicación, no hay ISO 9000 que valga para ella, sus estándares son tan variopintos como patanes de turno nos podamos imaginar. Se ha hablado y escrito de éticas normativa, aplicada, religiosa, utilitarista, epicúrea, estoica, empírica, cívica, profesional, militar, y hasta de una metaética se han establecido cánones.
                El secular tejado que se ha tratado de colocar para protegernos siempre está en reparación, nunca calza cada pieza en su lugar porque nunca falta un gamberro que le arroja lo que le provoque. Después de todo bien saben que no habrá quien les reclame o haga pagar los daños causados. La ética se define según el que empuñe la batuta. Puede ser la de Castro o la del Dalai Lama, la de Mandela o la de Stalin, la de Antonio Estévez o la de Dudamel, la de Juana Sujo o la de Mimí Lazo, la de Almagro o la de Maduro, y por ahí podemos seguir hasta el horizonte o más allá.  
                Repito, todo concluye en un mero torneo de fuerza, y  olvídense de Pedro Calderón De La Barca y aquello de “No hay razón donde hay fuerza”, porque termina al mando el viejo refrán: Cuando la fuerza manda, la ley calla.  Tal vez el patetismo de la frase está condensado en una canción, La Chiva, que grabó Johnny Pacheco en 1977 en su disco The Artist, donde la voz de Héctor Casanova entona: Una chiva ética, pelética, peluda y perintancuda…
A la larga, ética es una excusa, un recurso decadente donde ampararnos cuando queremos hacer lo que se nos antoja, una floritura hecha palabra  que podemos convertir en escudo y salvoconducto para burlarnos del mundo entero. Maduro y su combo han demostrado que en tales vericuetos de la filosofía son verdaderos expertos, qué san Agustín de Hipona y santo Tomás de Aquino ni que niño muerto. 

© Alfredo Cedeño 

miércoles, mayo 27, 2020

OTRAS VIDAS


                Sabemos que al morir nuestro cuerpo terminará convertido en polvo, ello luego de ser pasto de los gusanos y atravesar un largo proceso de descomposición; también ocurre cuando unos, tal vez urgidos por llegar al final, optan por la ahora muy en boga incineración. También puede ocurrir que, tal como los faraones, o Lenin, o Stalin, o Evita Perón, o Mao, se opte por ser embalsamado.  Sin embargo, hay sus excepciones como es la de aquellos fenómenos, relacionados en su mayoría a la iglesia católica, ocurridos en los cuerpos de San Juan de la Cruz, cuyo organismo conserva, luego de cuatro siglos, flexibilidad; también permanecen incorruptibles San Bernardino de Siena, San Juan Bosco, Santa Catalina de Siena, San Diego de Alcalá, San Francisco Javier, San Juan Nepomuceno Neumann, San Juan María Vianney, Santa Rita de Casia y San Vicente de Paúl, por citar algunos.
                La incertidumbre en lo que hay después del último sueño es infinita. Hay una enorme cantidad de suposiciones, teorías y demás cosas conexas en torno a qué pasa con el alma, la mente, la conciencia, la energía, o como quiera usted definir nuestro hálito vital. Una de las tantas especulaciones tiene que ver con la religión hinduista donde existe la reencarnación, supone dicha propuesta que luego de muerto regresamos a la vida a purgar los llamados karmas, o cuentas pendientes que nos quedaron; cuentas que pueden ser muy abultadas porque, según afirman sus acólitos, ellas son acumulativas hasta tanto no saldes tus cuentas con el Universo. Atentos con lo siguiente: dicho renacer en este mundo no implica que sea en un cuerpo humano. El ya citado karma debe ser resuelto para lograr la liberación del ciclo de vidas en este mundo material y alcanzar el Nirvana o Paraíso.
                Hay cualquier cantidad de ejemplos de dichas reencarnaciones y recurren a la comparación física para respaldarlo. Por ejemplo se asegura que Anthony Hopkins es el calco de Sócrates, Sylvester Stallone del Papa Gregorio IX y Leonardo DiCaprio de la damisela Judy Zipper. Como pueden ver hay de todo y para todos. En Venezuela también ha habido mucha tela para cortar, hay quienes afirman que más que reencarnación son procesos de la madre naturaleza que no tiene límites para manifestar su bondad y su maldad. Respecto a esta última una que recuerdo mucho es la supuesta paternidad del sátrapa Juan Vicente Gómez del no menos sanguinario déspota soviético Stalin.  La tesis en cuestión asevera que la madre del patizambo georgiano había sido  maromera en un circo que visitó Colombia y allí el tachirense había plantado su simiente en ella; las comparaciones, fotos en mano, de la semejanza física entre ambos engendros producían sesudos análisis de la huella homicida que calzaban uno y otro.
                En esta búsqueda desesperada, urgente, vital, por entender nuestro drama ya comienzo a escarbar en los planos esotéricos y genéticos. ¿Será que Goebbels reencarnó, por nombrar un  par,   en los ministros Villegas y Rodríguez? ¿O será que sus abuelos, o abuelas, tienen ascendencia germana y no nos hemos enterado de ello? Veo la habilidad prodigiosa del régimen y sus operadores para manipular las emociones de manera increíble. Usted observa y ve como hacen subir desaforadamente las expectativas, para luego sumergirlas en una sima tan oscura como la perversidad de sus creadores y ejecutores.
La payasada de la invasión y la no menor puesta en escena de la gasolina me lo confirman. A la par de todo ello ocurren cosas que incrementan la velocidad de este carrusel desquiciado en que nos mantienen estos hijos de su madre. Vemos a Franklin Durán, otrora hombre del régimen y quien prefirió pagar tres años de prisión en una cárcel de Estados Unidos a revelar los nexos rojos con la célebre maleta de dólares de Antonini Wilson ser alojado en El Helicoide.  Pero como la sevicia roja es transversal vemos en Lara a la “juez” Ana Tovar  encarcelar a un muchacho, Luis Pérez, con síndrome de Down; el cometió el horrísono delito de cacerolear a la pesadilla roja. Por otro lado, y ya me saltarán los corifeos y plañideras de la mal llamada oposición, la alternativa gubernamental a este infierno sigue sumida en el misterio y la escasa claridad. ¡Ay de aquel que ose pedirles rinda cuentas!  ¿Será que estamos desahuciados y ni la vía de la reencarnación nos otorgará consuelo?

© Alfredo Cedeño 

miércoles, mayo 20, 2020

ANALES ROJOS



                La historia muchas veces se manifiesta con jugarretas de gata díscola, cuesta seguir  su humor retorcido. Cuando Hitler comienza su asalto al poder, por vía electoral, en los años 30 del siglo pasado obtuvo el 33% de la votación; cuando el hijo ilustre de Sabaneta, en diciembre de 1998, recorre el mismo camino obtiene el 33.35%  de los electores inscritos en el Registro Electoral. Sin embargo la maquinaria de propaganda roja siempre ha hecho énfasis en que obtuvo el 56.20% de los votos. Tampoco hacen mención que en las elecciones parlamentarias, que se habían celebrado cuatro semanas antes, su partido no llegó a obtener el 20% de los curules en disputa en ambas cámaras. Sin embargo, manejando los resortes del miedo, y quién sabe cuáles otras triquiñuelas, lograron imponer su criterio de convocar una Asamblea Constituyente que fue incluso aprobada por las máximas instancias judiciales de aquellos días.
                Los guiños históricos son pavorosos: un año más tarde de ganar la primera elección Hitler obtiene 92% de los votos, igualmente Chávez pasado un año impone su constitución a la medida con casi 90% de los votos. Poco importó en el caso venezolano los anuncios hechos de un potencial desastre humano y ambiental por las intensas lluvias que por largas semanas habían azotado el centro del país. El comandante intergaláctico el día antes de esas elecciones, en medio de una rueda de prensa, cuando todavía las había en nuestro país, respondió a los reporteros que le preguntaban si las lluvias podrían afectar el curso de la votación: “Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”. Seguramente el hijo de doña Elena se sintió Bolívar en medio del terremoto de 1812.
                Del desastre del deslave de Vargas se ha escrito, y seguramente se escribirá, de manera exhaustiva, pero la maquinaria comunicacional rojita siempre se ha hecho la gualberta ante la realidad que demostró, de manera muy clara, el poco interés que la vida de los ciudadanos tenía para el señor Chávez.  La prensa española, recuerdo en este momento, revelaba que el gobierno nacional no había atendido una recomendación hecha desde Defensa Civil de declarar estado de emergencia nacional ante la catástrofe que veían inminente.  En aquel documento al que hacían referencia se leía: “La situación es de tal magnitud que se requiere crear un Comando Ejecutivo de Emergencia”.  El citado escrito lo entregó el ingeniero y oficial del cuerpo de bomberos aeronáuticos Ángel Rangel Sánchez el 15 de diciembre a las 2 de la tarde.  Los hechos demostraron sobradamente el efecto que tuvo en las altas esferas gubernamentales la campanada del funcionario.  Nunca se han detenido los voceros de la peste roja en los daños humanos que se pudieron evitar, para ellos siempre fue el poder su objetivo y para lograrlo no se detuvieron, ni detienen, ante nada.
                Debo decir que el ecumenismo rojo es “de librito”. Ellos no dejan de tomar de donde sea los elementos que les ayude en lograr lo que buscan. En el marco de la Segunda Guerra Mundial Goebbels en su diario manifestaba su asombro ante el uso que hacían los bolcheviques de altavoces para anunciar sus acciones. Jugada típica de los soviéticos: Actuar con audacia, a la luz del día, hablar sin cortapisas ni disimular sus intenciones.  Lo cual tampoco es de su uso exclusivo, porque al leer  Mein Kampf se encuentran los planes y subterfugios de Hitler para llegar al poder. Chávez nunca dejó de anunciar que iba a conquistar el poder, ni de que buscaba eternizarse en su ejercicio. Aunque ello significara la literal desaparición de una parte del país.
                Luego del desastre de Vargas una de las cosas que se buscó fue borrar de manera fulminante todo rasgo de desidia oficial en el manejo de esa eventualidad. En las primeras de cambio se manejaron cifras escandalosas de víctimas. La oficial Defensa Civil llegó a hablar de 30 mil “sepultados” mientras que George Weber, representante de la Cruz Roja Internacional, calculó en 50 mil víctimas el saldo de la jornada. Sin embargo, surgieron voces como la del antropólogo Rogelio Altez quien afirmó en su momento a la BBC: “Mi análisis de los documentos forenses, de los cementerios en los que se enterraron los cadáveres y entrevistas con los afectados no arroja una cifra superior a los 700 muertos”. Altez también dijo en esa oportunidad que las cifras que se manejaban de millares de fallecidos eran irreales y que todo se debía a que “miles de muertos traen miles de millones de dólares en ayuda y se hizo un gran negocio con la reconstrucción”.
                Como todo sistema totalitario el chavismo-madurismo-castrismo siempre achaca a los otros la causa, responsabilidad, goce y disfrute de los males que ellos han propiciado sobre Venezuela. La destrucción de PDVSA es obra y gracia de los golpistas meritócratas, el acabose de Guayana y Amazonas  se debe al bloqueo criminal del imperio, la aniquilación de nuestro sistema público de salud es la manifestación de la conspiración criminal de los agentes del sionismo internacional  contra la autodeterminación de los pueblos, el desastre económico es producto de los apátridas que aspiran a imponer el dólar como santo al cual adorar, la desgracia educativa es un flagelo que desde las universidades conspiradoras se dedican a contagiar criminalmente a nuestros niños…
Y así se nos ha ido –y se nos va– la vida, mientras el mundo, de cuando en cuando y para salvar las llamadas apariencias, hace algún saludo ceremonial en el que exige el respeto a los derechos humanos. Quieren que no sea tan obvio el absoluto desinterés por nuestra tragedia. Tampoco es de buen tono que los señalen como celestinos de un deslave suficientemente anunciado.

© Alfredo Cedeño

miércoles, mayo 13, 2020

PALABRAS CORRECTAS


Pocas cosas han cuidado tanto los dirigentes sociales –sean guerreros, gobernantes, empresariales, religiosos, o cualesquiera sea su naturaleza–, como lo que dicen o escriben. En el escenario político la vigilancia de lo expresado es minuciosa, suele ser seguido con puntillosa atención por tirios y troyanos; en muchas ocasiones los mensajes emitidos no son directos o transparentes pero, por lo general, tratando siempre, por lo menos hasta corto tiempo atrás, de expresar lo necesario. Por ello, las acciones que se toman en dicho ámbito tienen muchas veces un carácter simbólico.
         La diferencia que hay, por poner un ejemplo, entre despido y renuncia es abismal.  Y ello está expresado claramente en el propio lenguaje. Me remito al diccionario de la Real Academia Española, allí se lee en lo que tiene que ver con la segunda palabra, en su tercera acepción: Dimisión o dejación voluntaria de algo que se posee, o del derecho a ello. En cuanto a la primera hay varios significados: Soltar, desprender, arrojar algo. Despedir el dardo, la lanza, la piedra. Alejar, deponer a alguien de su cargo, prescindir de sus servicios. Despedir al criado, las tropas. Dicho de una persona: Apartar de sí a alguien que le es gravoso o molesto.
         La política venezolana ha presenciado unos cuantos despidos, unos más sonados que otros. Y por lo general todos ellos han traído consecuencias, mucho se ha especulado en torno a una destitución fulminante hecha por Carlos Andrés Pérez en su primer mandato y que luego le ajustaría cuentas en su segundo periodo constitucional. También se han visto unas cuantas renuncias, unas más sonadas que otras, como aquella del sabanetero ilustre de quien informó en su momento el entonces Inspector General de las Fuerzas Armadas Lucas Rincón Romero: “se le solicitó al señor presidente de la República la renuncia de su cargo, la cual aceptó”.
                Como se puede ver hay una diferencia, que suele ser una deferencia en el segundo de los ejemplos. Usted le otorga el beneficio de una retirada honorable a quien, por una razón u otra, se le quieren guardar ciertas consideraciones o evitar una posible escalada de ciertos conflictos.   
                Todo esto me da vueltas en la cabeza ante las “invasiones” llevadas a cabo por un grupo de mercenarios que buscaban capturar al señor Maduro. Debo confesar que un bodrio de aquellos que se transmitían en los principales canales televisivos criollos, y que calzaban la firma de las cubanas Inés Rodena o Delia Fiallo, eran menos pintorescos que lo mostrado por el aparato comunicacional rojo. No voy a embestir el capote de si eran patriotas o mercenarios quienes escenificaron tal mascarada, que solo ha sido de utilidad para la peste roja y sus cofrades. Como bien saben todos, el silencio de la “dirigencia” opositora fue sepulcral mientras que la alharaca de los sufridos herederos de Chávez y Maduro parecía propio de un tropel de guacharacas agarradas por la cola.
                Bien se ha dicho que la derrota es huérfana y fue en lo que pensaron muchos ante la mudez de los supuestos promotores de semejante gesta. Los conspiradores, de contrato firmado  y creo que hasta notariado, también empezaron a entonar sus cantos, al decir de muchos logrados con una afinación oficial de carajazos a tropel, y comenzó el desfile de nombres.   La puesta en escena era tan burda que nadie podía creer nada de toda aquella cuchipanda.  Hasta que apareció el “asesor”, el héroe de las mil batallas electorales, el samurái del millón de victorias, con gesto agrio y voz de abuelo apaciguado, para anunciar que él, en su condición de genio estratega del encargado, si había firmado y que si había contratado al batallón de Los Doce del Patíbulo  para que capturaran al nefasto usurpador…
         A todas estas, las voces de los “dirigentes” seguían sin salir a escena. Y el guerrero salió en todas las partes habidas y por haber, viviendo el mantra establecido en 1968 por Andy Warhol: “En el futuro, todos serán famosos mundialmente por 15 minutos”.  Y el silencio seguía dominando. Hasta que el propio señor del kimono y las espadas apareció anunciando que renunciaba a un supuesto Comité de Estrategia.  A lo que quiero llegar es: ¿Merecía el honor de la renuncia este señor? ¿Por qué no fue echado a cajas destempladas en un primer momento? Este caballero que presume de ser un luchador que se rige por el Bushido se burló de las 7 virtudes del guerrero que contempla dicho código: Justicia, cortesía, coraje, honor, benevolencia, honestidad y lealtad.  Sin embargo vemos ahora como la “dirigencia” le trata con el respeto de un shogun victorioso.
         ¿Cuáles cree usted que son las palabras que merecen en este episodio lamentable cada uno de sus intérpretes? Cuando escribo suelo escuchar música, hoy oigo a Ismael Rivera y, como si el sublime negro  de Santurce me leyera, entona Comedia, de Plácido Acevedo:
En el gran escenario de la farsa la comedia
de esta vida es inhumana...
hay payasos llevando armadura fría
y tenorios que no tienen ni una espada...

© Alfredo Cedeño 

miércoles, mayo 06, 2020

NO ES ATILA, ES MADURO



                Se desconoce exactamente el lugar de procedencia del mayor caudillo de la tribu Hunos, que provenía de la región central de Asia. A mediados del siglo V de nuestra era, específicamente desde el 434 hasta su muerte en el año 453, logró imponerse en los territorios que abarcaban desde la Europa Central hasta el mar Negro, y desde el río Danubio hasta el mar Báltico. No fue gratuito que en Occidente lo bautizaran El Azote de Dios, hizo y deshizo al punto de poner en jaque al Imperio Romano, que ya estaba en franca decadencia, sitió Constantinopla, invadió Los Balcanes en dos oportunidades, arrasó Galia, y así hasta más no poder.  De allí surgió aquella frase de que donde pisaba su caballo no volvía a  crecer la hierba. 
                Necesitó morirse el que fuera descrito por Prisco de Panio, un historiador bizantino que acompañó en el año 448 a Maximino, embajador de Teodosio II el Joven ante el caudillo asiático, de esta manera: “Corto de estatura, de ancho pecho y cabeza grande; sus ojos eran pequeños, su barba fina y salpicada de canas; y tenía la nariz chata y la tez morena, mostrando la evidencia de su origen”. Los desmanes cometidos por este hombre sin cuna conocida –cualquier semejanza con el que no se sabe si fue en Cúcuta, en El Valle, en La Charneca, o en Tucusiapón de Abajo es mera coincidencia–, fueron documentados de manera abundante. Como bien se puede suponer muchos aliños han servido para aderezar sus tropelías.
                Muchos en muchas ocasiones han tratado de establecer algunas similitudes entre la Peste Roja, nombre de la llamada pandemia Socialismo del Siglo XXI, con el huno. Pero… ¿Hay real comparación entre ambas ocasiones? El líder asiático fue el único gobernante del Imperio Hunnic y los Hunos después de ejecutar a su hermano y co-gobernante. Arrasó numerosas ciudades del Imperio Romano, acabó con gran parte del Imperio Romano de Oriente y sus fuerzas, así como los Balcanes; impuso muchos tratados de paz, los cuales le significaron inmensas ganancias financieras, aunque luego hacía exactamente lo que le daba la gana e irrespetaba los términos de dichos pactos; amasó poderosos ejércitos en diferentes oportunidades.   ¿Acaso el heredero de Chávez y su combo pueden exhibir un palmarés semejante?
                Sin entrar en detalles específicos, puesto que necesitaría una cantidad infinita de páginas para hacerlo, pienso en la destrucción operativa de la “gallina de los huevos de oro”, léase PDVSA, que luego de ponerla en estado agónico nombran a Asdrúbal Chávez como su presidente. Este ingeniero, nacido en los agrestes saladares de Santa Rita, que antes de la llegada al poder de su primo Hugo Rafael la mayor responsabilidad que había logrado en la industria petrolera era la de ser el coordinador del equipo de softbol en la refinería El Palito, será respaldado como superior jerárquico por el criminólogo Tareck El Aissami, ese por quien el “Emperio mesmo” está ofreciendo diez millones  de billeticos verdes, como ministro de petróleo. No puedo dejar de pensar en la masacre de más de 40 reclusos en la cárcel de Guanare, o el enfrentamiento nocturno con armas de guerra que ya casi lleva una semana entre malandros en los callejones del barrio José Félix Ribas de Petare.
                Esta caravana de héroes bufos ahora se dedican a marear al país entero, y darle argumentos a sus celestinos Urbi et Orbi, con las “invasiones” de Macuto y Chuao. Para decir mentiras también se necesita talento, y esta recua de acémilas solo lo tiene para hacer daño.

© Alfredo Cedeño 

miércoles, abril 29, 2020

UN SIGLO DE MAL


No hay mal que dure cien años reza el refrán, y hace poco, el 12 abril, se cumplieron 136 años del descubrimiento del primer yacimiento de petróleo crudo en Venezuela. El hallazgo se produjo en una hacienda de Manuel Antonio Pulido, La Alquitrana, que estaba en las afueras de Rubio, estado Táchira. El hacendado, ni corto ni perezoso, constituyó la primera compañía petrolera venezolana para dedicarse a explotar el yacimiento. Esa primera compañía se llamó "Compañía Nacional Minera Petrólia del Táchira" o "Petrolia del Táchira". Más tarde, él y sus socios construyeron la primera refinería criolla, donde se producía mensualmente 60 galones de gasolina, 165 de querosén, 150 de gas-oil y 220 de residuos.
                Respecto al hidrocarburo nacional hay millones de palabras escritas. No en balde su uso se remonta en nuestro territorio a varios siglos antes de su predominancia en el escenario económico mundial. Los indígenas le llamaban mene y lo utilizaban para calafatear sus canoas, de allí la posibilidad de hacer sus temibles incursiones por todas las islas del Caribe.  A fines del siglo XVIII Alejandro de Humboldt describió un yacimiento en Araya; en 1839 el doctor Vargas, José María, realizó un estudio sobre las existencias en Venezuela y escribió en su documento: “es mi única convicción que el hallazgo de las minas del carbón mineral y de asfalto en Venezuela es según sus circunstancias actuales más precioso y digno de felicitación para los venezolanos que el de la plata u oro ”.
                Los vaivenes del carburante del mundo a partir del pasado siglo han sido determinantes, para bien y para mal, de la historia humana en la última centuria. Fuente de riqueza fácil para países de gobiernos tiránicos, punto de partida para desarrollo físico de otros, espinazo del sistema económico occidental.  Son incontables las lecturas e interpretaciones que se le pueden dar al llamado Excremento del Diablo, epíteto con el que Juan Pablo Pérez Alfonzo bautizó al petróleo. Debe recordarse que ya en 1947 Luis Felipe Calvani había alertado sobre los riesgos inherentes a su producción y escribió ese año: “La industria petrolera no ha beneficiado al país, al contrario lo ha perjudicado”. 
                A pesar de los pesares la principal fuente de ingresos de Venezuela se desarrolló hasta convertirse en un modelo para muchos. Su desarrollo y establecimiento como esencia nacional si bien estuvo lleno de aciertos, también tuvo muchísimos yerros. No pocos crápulas se enquistaron en sus espacios para desarrollar holgadas fortunas; a la sombra de la meritocracia nacieron grupetes como el de los llamados “petroespías”, una pandilla de niños bien de clase media y alta, que trabajando en las llamadas filiales petroleras manejaban información privilegiada con la cual obtenían pingües beneficios con los que llevaban vidas de boato saudita.  Hubo otros que luego de pasar por la “industria”, donde ingresaron con modestos modos de vida luego devinieron en  “expertos” de pomposos estilos de vida.  Hay tela para cortar a montones, sería un ajuar que ni los vestuarios de los estudios Warner Brothers, Universal y Metro–Goldwyn–Mayer juntos pudieran igualar.
                Pese a todo esto último  el país sobrevivió a esa riqueza fácil, a los bienes sin esfuerzos, y pudimos disfrutar de una vida donde también floreció el conocimiento y el ingenio; donde recibieron pan y amparo millones de desterrados de todo el globo; en nuestro país se labraron honestas fortunas con tesón e ingenio.  Pero, como bien comencé estas líneas, el bien que pudo ser en realidad fue un mal que acabó con el concepto de esfuerzo y logro, hasta llegar a parecer que nunca tendría fin. Por ello, y justo es reconocer los logros de cada cual, a la postre la Peste Roja, el Socialismo del Siglo XXI, logró lo inimaginable, acabó con el mal del petróleo venezolano.  ¡Se necesita talento!

© Alfredo Cedeño 

miércoles, abril 22, 2020

AYUDA DE ABRIL


Nos robaron abril y pretenden que paguemos indemnización. Se han volado todas las normas, convenciones y conveniencias con gestos rapaces mientras insisten en que seamos meros peleles. Fuimos criados y formados con espíritu ciudadano; se nos inoculó que las leyes, y su observancia, nos salvaban de nosotros mismos y nuestros instintos cainescos.  Si te saltas los límites de velocidad en cualquier vía pública sabes que, si te agarran, te ganaste una multa y demás sanciones a las que hubiera lugar. Y así crecimos. Robas, vas preso; asesinas, al calabozo, juicio y cárcel; perjurias, te llevan al juez, multa y/o calabozo; la lista de agravios y las consiguientes penas es sempiterna. 
A ver si usted me puede ayudar. Si somos –usted y yo– anónimos ciudadanos, paisanos sin mayor pretensión que la de estar en paz, que cumplimos, en la medida de lo posible, con las leyes, las acatamos, nos atenemos a las consecuencias de no respetarlas, y así sucesivamente, ¿a santo de qué hay una cofradía de malandrines, con muchas hembras entre ellos, bien hablados, mal portados y pocas veces bien vestidos, que hacen lo que se les antoja con las leyes, y pretenden no ser sancionados por tales violaciones a las normas que nos amparan de nosotros mismos? Se roban hasta los clavos de la cruz pero hay que voltear a ver para El Tocuyo porque son políticos, le quitan las pensiones a los abuelos pero hay que callar porque no es correcto hacerle el juego a los enemigos del juego democrático, se reparten entre sus empresas los presupuestos de las obras que nos benefician a todos pero no se puede escribir o decir porque eso atenta contra la estabilidad de las instituciones, ponen a sus amigotes a manejar los fondos de ayuda a los menesterosos y poco importa que los malversen  y cuidado si exigimos sanciones porque ello iría en contra del diálogo que debe imperar para resolver nuestras diferencias.
El cinismo con que se desempeña la casta política es de órdago. Uno tiene que cumplir con la ley a pie juntillas y ellos no, si incumplo pago las consecuencias de mi falla, ¿por qué quienes desfalcan a un país y las esperanzas de su gente se les debe condonar y premiar? ¡Ay las castas! Ellos no cesan de jugar a los personajes de El Gatopardo, donde Giuseppe Tomasi di Lampedusa acuñó la legendaria frase: “Si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie. ¿Me explico?” Van dando tumbos y saltos sobre nuestras espaldas, mientras exigen que no nos movamos porque son ellos quienes saben qué nos conviene. Sus feligreses, que si algo les sobran son chupacirios, claman pidiéndonos sumisa oración. Aquellos que pretenden presumir de sus blasones culturales, culturita general o elevada sensibilidad se dedican a tararear la canción del bronco Joaquín Sabina: “Quién me ha robado el mes de abril / Cómo pudo sucederme a mí / Quién me ha robado el mes de abril / Lo guardaba en el cajón / Donde guardo el corazón.”  Menos abundantes son, pero también los hay, lo que elevan sus listones y entonces recitan: “Abril es el mes más cruel”, el mero comienzo del poema La tierra baldía de Thomas Stearns Eliot, pieza que dedicara al gran poeta maldito Ezra Pound.  Creo que muchos no han siquiera leído los primeros cuatro versos: “Abril es el mes más cruel: engendra / lilas de la tierra muerta, mezcla / recuerdos y anhelos, despierta / inertes raíces con lluvias primaverales.”
                Estoy seguro de que su “cultura” no les ha permitido llegar más abajo a los proféticos versos de Eliot: (ven a cobijarte bajo la sombra de esta roca roja), / y te enseñaré algo que no es / ni la sombra tuya que te sigue por la mañana / ni tu sombra que al atardecer sale a tu encuentro; / te mostraré el miedo en un puñado de polvo.” Mientras tanto, y como por no dejar, los magnos dirigentes mantienen su rumbo torcido hacia un barranco del que no quieren oír hablar. Timoneles ensoberbecidos en su propia incapacidad que navegan hacia el naufragio, pero con los botes salvavidas a su exclusivo alcance.  Escribo mientras oigo a Luis Alberto Spinetta y Los socios del desierto, tal vez él me oye desde sus cenizas regadas en Río de la Plata y me responde entre acordes de su guitarra con voz de profeta traspapelado: “Todo lo mira la luna de abril / Ella sigue las olas que se tienen que ir.”


© Alfredo Cedeño 

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