sábado, diciembre 29, 2007

Trujillo, España...

Extremadura: extrema y dura tierra donde romanos, suevos, visigodos y musulmanes se amalgamaron hasta que Alfonso VIII en el siglo XII inicia los intentos por plegar este territorio al reino ibérico.
En estas calles se fraguaron Diego García de Paredes, Gabriel de Ávila, Gonzalo de Ocampo y Francisco Martínez Vegaso. También Los Pizarros -Gonzalo y Francisco-, así como Francisco de Orellana. Todos ellos anduvieron estas calles, soñaron entre estos muros, rezaron entre estas piedras, adquirieron la tenaz certeza de ser señores con los perfumes de romero y azahar que todavía aroman al visitante.
Un racimo inacabable que deslumbra: encinares y alcornocales que se enlazan con el tomillo y las bellotas, matorrales que se achaparran entre las grietas seculares que tantas risas y lágrimas han visto pasar, gente que se calienta apañando un invierno incipiente entre rocas labradas por sólo Dios sabe quien y cuándo.
Trujillo, la de España, madre de la aquende la mar océana, es una metáfora que nunca se concluye, es una imagen que se lleva siempre encima una vez que se la anda...














































































































jueves, noviembre 01, 2007