domingo, abril 23, 2017

LIBERTAD O NADA

Foto: Raúl Romero

                En medio del infierno en que nicolás maduro (en minúsculas para que no quede duda de su ínfima estatura) y su pandilla de adeptos nos han vuelto el país en estos últimos días, relumbra la actitud de ciertos contingentes de la guardia nacional y la policía nacional (igualmente diminutos) ante la marcha que llegó hasta la sede de la Conferencia Episcopal Venezolana. Actitud que ahora muchos se hacen lengua para ensalzar lo que nada tiene para ser glorificado, puesto que hicieron lo que han debido hacer siempre a lo largo de todos estos años.
                De inmediato han saltado también los que andan en sus habituales maromas de mono de circo a proclamar el triunfo del civismo sobre la barbarie. No voy a enumerar la larga retahíla de incoherencias vomitadas en la tarde temprana de este sábado 22 de abril, incongruencias que segmentos de esos mentados cuerpos represivos se ocuparon de dar mentís en Altamira y El Rosal a los pocos minutos.  Sin embargo, casi de manera instantánea aparecen provectos doradores de píldoras, oficiosos lavadores de cara de la bestialidad roja, todos ellos honorables miembros de la cofradía de remendadores de virgos,  pontificando sobre el adecentamiento del chavismo.  En buen criollo: ¡No me jodan!
                Secundo a quienes no cesan de preguntar: ¿Qué necesita nuestra casta política para entender de una buena vez que una situación irregular como la que vivimos no se puede enfrentar por vías regulares? ¿Hasta cuando repiten la letanía de que las actuaciones bárbaras de esos organismos sirven para poner en evidencia ante la opinión pública internacional al régimen? ¿No vienen diciendo lo mismo desde el 2002? ¿Acaso se pueden poner en evidencia más todavía?
                A pocos se escucha adentrarse en la necesidad de abordar la organización de la gente para enfrentar a estos sátrapas. Una de las pocas voces que he oído al respecto es la de Roderick Navarro, quien el pasado 19 de abril desde la propia marcha, que ese día fue atacada sin piedad por organismos y paramilitares, dijo sin eufemismo de por medio: “Nosotros tenemos que defendernos de los colectivos y de todos aquellos cubanos que detentan el uniforme de nuestras fuerzas armadas(…), nosotros tenemos que garantizar la seguridad de nuestros abuelos, de nuestras mujeres, de los más débiles y de todos aquellos a los que nosotros queremos y que venimos a manifestar el rechazo y el fin de la dictadura. (…) Nosotros podemos ganar  a la dictadura el país de nuevo, ellos están muy débiles y es el momento que les pasemos por encima a todos esos políticos que están pendientes de cargos y no de resolver los problemas que tenemos nosotros los venezolanos, es el momento de acabar con la revolución bolivariana”.
                Este Muchacho (de clara grandeza en su actuar), que desde el 2007 ha venido dando una pelea sin cuartel, aguantando maltratos y carajazos, cuya madre tuvo que salir del país y que se mantiene con el alma en vilo por la integridad de él, resumió todo en su frase final de ese día: “Libertad o nada”.  

© Alfredo Cedeño

domingo, abril 16, 2017

INTERESES POLÍTICOS


                Política es una palabra de infinitos significados. El diccionario recoge una docena de ellos, y es a partir de la séptima acepción donde se ocupa de lo que hoy me interesa comentar. En dicha entrada la define como: “Arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados”. A renglón seguido expone: “Actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos”.  En el noveno escaño explica: “Actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo”.
                Serían necesarios, por lo menos, varios centenares de páginas para desenmarañar cada una de estas enunciaciones, pero, como no se trata de disertar para demostrar lo mucho que se sabe o yerra, lo que es meridiano en esos días que ahora vivimos es lo desvirtuado que están todas las aplicaciones que del término se utilizan. La primera adulteración que de ello se hace es que se nos pretende hacer comulgar con interesadas ruedas de molino que “la política” es un oficio o profesión de la cual el ciudadano común y corriente está excluido, con lo cual tratan de desmentir, de manera torpe e inútil por demás, al mataburros cuando asienta que son las actividades mediante las cuales los ciudadanos intervienen en los asuntos públicos.
                Como consecuencia de esa fullería se mira con aires de eruditos desde el olimpo de sus intereses a los vecinos, se les ve con la misma condescendencia con la cual se presta atención a las cagarrutas de chivo en los cardonales. Lo más terrible y triste de esta situación es que un verdadero orfeón, que no universitario, entona loas a semejante fauna y pretenden colocar un bozal férreo a quienes osan cuestionar la actuación a veces asqueante de esta casta de jugadores y defensores de sus propios intereses.
                He dicho y seguiré diciendo que son los vecinos, los votantes, la humilde ciudadanía –tantas veces despreciada y utilizada por dicha mesnada– la que se está empinando por encima de sus propios fallos para recuperar el rumbo. Duele que cada intento por zafarnos de esta gentuza haya dejado un reguero de mártires.  Jesús Mohamed Espinoza Capote,  Keyla Guerrero, Josefina Inciarte, Jaime Jirabo, Alberto Aumaitre, José Vilas, Bassil Alejandro Da Costa, Roberto Redman, Génesis Carmona, Geraldine Moreno, son algunos nombres que vienen a la memoria en primer momento. Lista que ahora engrosan Jairo Ortiz, Daniel Queliz, Miguel Ángel Colmenárez, Tony Canelón, Bryan Principal. 
                Siquiera por respeto a la memoria de ellos esa cofradía de mamarrachos impresentables que juegan al Mesías debiera echarse a un lado. Empezando por Henri Falcón que cuando los benditos colectivos masacraron a los barquisimetanos, bajo el patrocinio y alcahuetería de la “gloriosa” Guardia Nacional, sabrá Dios entre cuales enaguas se amparó mientras hacía mutis del degolladero en que devino la capital larense.

© Alfredo Cedeño

domingo, abril 09, 2017

ÁNGELES SIN MIEDO


                La imagen que uso hoy es la que ilustra la parte superior derecha de la primera página de este domingo 9 de abril del diario El Nacional es la foto de nuestro país. José Pacheco recoge en ella el espíritu venezolano en este momento. En medio del campo de batalla que fue el pasado sábado 8 la parte superior de la avenida Libertador de Caracas, lleno del miedo que siempre provoca el no saber si estás en la mira de algún funcionario o “colectivo”, y el sentimiento de responsabilidad para con sus compañeros de redacción y lectores, que sabía estaban esperando lo mejor de él, hizo su labor.
                Son rostros de niños, cuerpos de hombres ya, que están en la calle con la muerte sobrevolándolos y sin embargo pelean. No hay un rostro conocido, no hay dirigentes, ni opinadores, ni ninguno de esos que suelen desmelenarse de manera estentórea ante cualquier cámara –así sea de Fisher Price­–. Los veo y allí está mi hijo y sus amigos, los hijos de mis amigos y los de mis vecinos. Una muchachada que sabe se está jugando la vida, y no tiembla.  Uno lleva la bandera, mínimo cruzar de telas, cual escudo sobre el pecho y en sus pómulos trazos de crema para protegerse del ardor de las bombas que les lanzan con vesania los agentes “del orden”. Otros se protegen de las piedras y proyectiles que llueven sobre ellos con una lámina de madera.
                Es imposible ver con impasibilidad la fotografía. Una impotencia sorda se me recoge en el estómago ante la soledad que los acompaña.  Al fondo una muralla humana guarda distancia, y ellos defienden a esa mayoría que participó hasta cierto punto, el punto que esos muchachos rebasaron empinándose sobre sus propios miedos.
                A los lados aparecen fotógrafos y camarógrafos, amparados con cascos y chalecos, cual si estuvieran en las calles de Tadef, en Siria. Ellos también le ganan la pelea al miedo. Tal vez las alas de Tortoza y Aguirre, Jorge se llamaron ambos, los dos murieron en el mes de abril cámaras en mano, están cuidándolos.
                La foto de Pacheco es el testimonio de un país que paso a paso derrota la aprensión y demuestra cómo se ejerce la ciudadanía, cómo se le enseña a respetar sus derechos a una horda maloliente y pendenciera que dice gobernarnos. Los diputados jóvenes y desconocidos que han dado la cara y recibido sus buenas dosis de violencia roja, los ancianos que no cesan de participar, las mujeres que enardecidas partieron piedras para darles proyectiles a la muchachada, todos están en el pellejo de esos guerreros indómitos retratados por Pacheco.   También hacen callar a quienes furiosos se dan golpes de pecho, mientras afirman con tono pontifical que la comodidad venezolana es el principal aliado de la sarna roja rojita que no cesa de jodernos la vida.

© Alfredo Cedeño