lunes, diciembre 15, 2014

CAMPECHANOS


Algunas veces la inocencia es una gallina por degollar
o un insinuante maniquí  decapitado
que vigila una calle donde los vendedores se seducen,
hay días cuando los paisanos asoman su ingenuidad
y las culpas pasan cabeza abajo entre amarillas aceras
con el galante donaire de quienes sólo saben entregarse.


© Alfredo Cedeño

viernes, diciembre 12, 2014

ESPIRAL

Remolino de aceras frenéticas y caminantes perdidos
como mariposas de lata que bailan azoradas,
angustia de borrachos sedientos y putas sonámbulas
entregados a pulir el pavimento con suelas rotas,
marea de cariños derrotados y presagios dolorosos
en saltar de frases estrechas que nunca se devuelven.

© Alfredo Cedeño

miércoles, diciembre 10, 2014

CALLES DE CARACAS 26

Nací en un bosque de hormigón
con sendas de puñales desnudos
coloridos manantiales malolientes
albas princesas de culo tatuado
esperanzas esquivas en la esquina
lascivia desenfadada por librarse
y un cielo abochornado
donde las nubes juegan a esconderse.


© Alfredo Cedeño

lunes, diciembre 08, 2014

CAMINOS

Venezuela es un infinito camino de barreras empantanadas
y una larga historia de verjas frustradas,
un parpadeo de largos amores que siempre gana la paz
y una esperanza que pocos saben desplazar,
un gesto permanente de espirales truncadas
y una caravana con aromas valientes en cada esquina.

© Alfredo Cedeño

jueves, diciembre 04, 2014

PEREGRINOS


Viajamos con los recuerdos sin valijas
ellos vienen y van sin pasaportes,
se nos sembraron  tercos en el pellejo
con ritmos de largas olas momentáneas
y cadencia de nubes desmigajadas
como soplos mezquinos sobre un país,
salimos para siempre volver hechos marea
de un horizonte donde perpetuamente llegamos.

© Alfredo Cedeño

martes, diciembre 02, 2014

MONTARAZ

El hijo me dice al rodar por un laberinto de perfecciones:
No quisiera tanta autopista limpia
y tanta seguridad
y tanto de todo para comprar que aquí tenemos
si no tengo mis cerros de Caracas
ni las montañas que me enseñaste a caminar en Trujillo
ni mis Tetas de María Guevara
ni mi monte que seguimos siendo,
papá no quiero dejar de pensar que volveré.
Sólo me toca simular y tratar de ocultar el llanto ante su desolación.


© Alfredo Cedeño