jueves, mayo 21, 2015

ASIENTO

Espejo de madera
listones afilados
luces arremangadas
salto de paciencia rota
juego de la sombra
lamento del sol
navegante de adoquines
butaca lustrosa y lisa
espera que casi acaba…

© Alfredo Cedeño

martes, mayo 19, 2015

AMARRAS

Aparenta llegar al infinito
esa madeja de ataduras,
fila de robustos pontones
le dan celestino soporte.
  
Al fondo el horizonte
no deja de invitarnos,
el cielo nunca está lejos
jamás podrán impedir que lo alcancemos…


© Alfredo Cedeño

sábado, mayo 16, 2015

CARLOS FERNÁNDEZ 1


LIMINAR

                Primero fue el periodista y político francés Georges Clemenceau quien soltó aquello de “La guerra es un asunto demasiado importante para ser dejada a los generales.” Luego fue el turno para que el abogado alemán Konrad Adenauer, quién sabe si parodiando al galo, dijera: “La política es demasiado importante como para dejársela a los políticos.” Ambas disciplinas, guerra y política, tienen infinidad de coincidencias y, al menos eso parece, escasas diferencias. Más bien las divergencias son de forma, pero ambas suelen ser sanguinarias. Muchas veces he tenido la sensación de que  esa ciencia que estudia al Estado es aún más feroz, y a veces nauseabunda, que el arte de las armas. Estas últimas entregas que he venido haciendo han sido con el interés, e intención, de aportar claridad al panorama actual de nuestro país. He recibido en las últimas cuatro semanas mensajes de todo tipo, unos más sutiles que otros, otros menos cuidadosos siquiera de las formas.  Muchos diciéndome que hasta cuando sigo dándole tribuna a resentidos, chismosos, y derrotados. Han sobrado las descalificaciones, pocas han sido las voces que han hablado de la necesidad de abrir una discusión en lo ético para darle nuevos aires a nuestro estamento político, que por lo visto ha terminado por convertirse en un sumidero –por no decir albañal-  donde van acumulándose miserias de toda laya.  Siguen apareciendo voces que continúan hablándome y señalando con nombres, fechas y apellidos, situaciones que ojalá nunca más volvamos a padecer y que no dejaré de publicarlas aquí en mi tribuna.  Es mi aporte y no dejaré de hacerlo, ruego a Dios –si es que existe y aún se acuerda de Venezuela- para que un manto de lucidez nos recubra y aleje este enlutado sudario con el que cargamos desde hace largo tiempo… tanto que fueron esos polvos los que nos condujeron a estos rojos lodos del chavismo que ahora padecemos.  Escribo estas líneas para pedirle a todos aquellos que insisten en pedirme moderación en lo hasta ahora publicado, que dejen de joder pues no dejaré de seguir escarbando en la cara real de las trapisondas que en Venezuela maquillan de política. Hoy les entrego la primera parte de una larga conversación con Carlos Fernández, quien fuera presidente de FEDECAMARAS, luego de la payasada ejecutada y protagonizada por Pedro Carmona Estanga en abril del año 2002.
                “Yo sabía el riesgo que estaba corriendo al asumir la presidencia de FEDECÁMARAS, lo sabía tanto que al directorio, que me tocó presidir después de que Carmona toma la decisión de ser presidente de la Republica, le digo que yo era un hombre de asumir riesgos y que sabía lo que estaba asumiendo; pero esperaba del empresariado que asumiera la posición que yo tenía que asumir en los momentos que lo debía hacer.  Eso no lo entendió el empresariado, porque los capitales simple y llanamente no tienen nacionalidad, ni compromisos; los capitales van donde hay seguridad y más rentabilidad, la solidaridad es personal, no  empresarial. Tuve algunas solidaridades muy cortas y pequeñas de algunos empresarios pero no de las empresas, y lo entiendo. Por supuesto que hubiera sido más provechoso si esa solidaridad de los empresarios hubiera sido más manifiesta, lo que pasa es que a rey muerto, rey puesto. Tú asumes tus riesgos, asumes tus decisiones pero eso es tuyo, no mío… Y eso pega.”  Carlos Fernández fue presidente de la otrora poderosa Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela, donde se aglutinan los gremios empresariales del país.
                Aragonés de nacimiento, no tenía todavía siete años de edad cuando llegó desde su Zaragoza natal a vivir en Caucagua, en la zona de Barlovento, estado Miranda.  Su voz es tranquila, no refleja los infiernos que ha vivido en los últimos doce años. Personas que lo conocen me dicen: “Uno cree que llegó aquí jodido, pero cuando ves todo lo que ha sido el caso de él piensas que fue demasiado: familia, amigos, conocidos, todo el mundo se le volteó, y él solo ha podido sacar a sus dos hijos adelante. No las ha tenido nada fácil.” Otra persona me comenta “fui testigo de una comida con un expresidente de FEDECÁMARAS quien supuestamente le iba a echar una mano, lo que hizo fue pintarle una bien grande y de vaina que no tiene que pagar la comida.” El propio Fernández explica que conserva “su fortaleza, y su fe en un Dios que me ha puesto unas pruebas duras, difíciles, pero que jamás me ha abandonado y que sabe que puedo cargar esa prueba y aquí estoy.”
                El orgullo se le desborda cuando habla de Carlos Eduardo y Carlos Antonio, sus dos hijos, con quienes ha logrado sobrevivir al feroz ostracismo que le ha impuesto el gobierno venezolano. Llegó a Estados Unidos con 3.000 dólares americanos y fue hace sólo dos años cuando recibieron, ¡por fin!, la green card, que les ha permitido insertarse de manera formal en la comunidad norteamericana.  Fueron diez años de un penoso limbo que algunas voces me aseguran estuvo forzado por el poder ejecutivo venezolano, como condición sine qua non cuando otorgó a dedo la concesión de la llamada plataforma deltana a la muy imperialista empresa Chevron. Cosas veredes Sancho… Sin embargo, “el hombre del pelo blanco”, como solía decir la mayoría de los venezolanos cuando le veía en sus constantes apariciones en todos los medios de comunicación de Venezuela, no deja de emocionarse cual niño cuando cuenta cómo tuvo que aprender a hacer todo para poder ocuparse de sus muchachos como Dios manda. “Yo no sabía hacer nada, y hasta arepas aprendí a hacerles. También a lavar, planchar, todo.” Explica con toda la sencillez del mundo como se levanta a las seis de la mañana para preparar la comida que Carlos Antonio se lleva para almorzar en la calle entre los turnos de clases y su trabajo. Les doy fe que conmueve oírlo contar su rutina doméstica.
                En la medida que seguimos hablando sus recuerdos se van hilvanando. Admite que “No conozco mucho España. Mi padre vino a  Venezuela para administrar AGRINCO, una empresa dedicada al sector agrícola y que existía en casi toda América Latina. Existían Agrinco Venezuela, agrinco Brasil, Agrinco Argentina, donde grupos de empresarios locales se asociaban. En el caso de Venezuela allí estaban los Delfino, el catire Lovera, los Benarroch, y otros que no recuerdo. Cuando llegué a Caucagua se iba por la carretera que hicieron los presos  de Gómez por el cerro, y existía una línea de autobuses que se llamaba Amigos del Pueblo.” Estudió primaria en la escuela Germán Roscio de esa localidad, y al concluir el sexto grado lo llevan a Caracas para estudiar en la Escuela Técnica Industrial, cuya sección básica estaba en Los Mecedores, al pie de El Ávila. Luego pasa a la sede de la Escuela Técnica Los Chaguaramos, donde ahora funciona la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Venezuela. “Yo estaba ahí cuando se da el allanamiento de la ETI, yo estaba  estudiando Ingeniería Mecánica, y ese día mataron a un muchacho que era compañero de clases, nosotros tumbamos el muro que nos separaba de la Universidad Central, y para poder salir, porque todo estaba rodeado por la policía que se llevaba a todo el que fuera estudiante, boté los carnets, los cuadernos y todo, y me escabullí agarrado de la mano con una señora y un niño que iban saliendo como si fuera familia de ellos. Yo tendría en ese momento como 18 años. Vivía en un apartamentico que mi padre pagaba una habitación, quedaba en Fuerzas Armadas con Urdaneta, en el edificio PFAFF, que tenía la máquina de coser, y los viernes salía al Nuevo Circo a agarrar mi autobusito pá irme pá la finca a Caucagua. Llegaba los viernes en la noche y  los domingos me regresaba, la finca era de naranja. Tenía un caballo que era como el del Llanero Solitario, ¡blanco!, se llamaba Rechoncho, un animal hermoso que se podía jugar baraja arriba de él. Era tuerto porque una espiga me le sacó un ojo, y tenía una verruga en una pata que yo con la cerda de la cola le hacía un nudo y se la iba apretando todas las semanas  hasta que logré tumbársela. Eso me lo habían enseñado los campesinos de allá, era un caballo muy particular al que tenía suelto. El sábado en la mañana yo le ponía un tobo con agua de papelón debajo de una mata de tapara, yo a veces por echarle broma le ponía el tobo pero con agua, se calentaba ese caballo y me pelaba los dientes… Otras veces yo salía a buscarlo y él dejaba que llegara prácticamente a su lado y echaba a trotar, y cuando ya me cansaba de estarlo persiguiendo, me devolvía hacia la casa y él se venía atrás.”
Años más tarde,  AGRINCO traslada a su padre al estado Carabobo, donde atendía dos fincas, una de cítricos en Guigue “que daba pa´l lago de Valencia y en Tocuyito había otra donde tenían sembrado parte madera y caña de azúcar, esa última daba a la carretera que va a Campo Carabobo, eso luego se parceló y se construyó la Urbanización La Esperanza, pero en aquel momento era caña, y una de mis misiones era atender las bombas de agua para regar la caña. Yo tenía que ir, unos motores muy grandes con bombas de pozos profundos y tenía a  mi cargo su mantenimiento, debía ir a las dos, a las tres de la mañana, a la hora que me tocara. A los 17 años ya estudiaba y trabajaba, y me tocó en varias oportunidades que mi madre me iba  a servir la comida a las 7 de la noche y yo me quedaba dormido. De verdad era fuerte, entre  estudiar y trabajar tenía unas 18 horas todos los días.” Poco tiempo después crea su primera empresa, un taller mecánico: Talleres FerCon, “me traje un muchacho que se llamaba Contreras por eso era FERCON: Fernández Contreras, estaba en Tocuyito y ya me había comprado un camión que lo tenía trabajando haciendo viajes a nivel nacional, ahí ya tenía 20 años, y ese camión lo había comprado con mi plata que me había ganado. Era un Ford de los viejos, usado, y  ahí empecé; después compré otros más. Luego estudié Administración de Empresas, e hice el asesoramiento al Banco Nacional de Descuento, que construyó la sede donde yo tenía el taller en Tocuyito y le hice toda la parte de mercadeo. Estamos hablando del año 70, y me caso por primera vez. Ya tenía una casita que había comprado ahí mismo en Tocuyito, en la urbanización Pocaterra. Ahí nace que entro al gremio de los ferreteros, porque mi suegro tenía una ferretería y me pide asesoramiento, yo le hago un perfil completo de todo lo que era transporte vehicular para el reparto de bloque, arena, y todo eso. Duré casado 10 años y en ese tiempo desarrollé varias empresas y participé dentro del gremio de los ferreteros concreteros que se llamaba Asociación de Concreteros y Ferreterías del estado Carabobo, donde llegué a ser vicepresidente.”
Son tiempos en los que genera una serie de propuestas que se materializan, crea junto a un grupo de inversionistas VENCOSA, Venezolana Concretera Sociedad Anónima, donde fungía como vicepresidente de la empresa, “yo manejé eso y con mis influencias dentro del sector bancario por el vínculo con el BND, más una cantidad de contactos que hice con las plantas cementeras, a esa empresa que no tenía liquidez le movía su capital hasta 5 y 6 veces en el mes. A veces tenía sobregirado un millón de bolívares, que era mucho real, eran 250 mil dólares, pero lo lograba cubrir siempre. Eso me permitió que la empresa tuvo un crecimiento formidable, grande.  Cuando me divorcio monto REFERCA, Representaciones Fernández Compañía Anónima, y mi empresa llegó a vender más de millón y medio de sacos de cemento al año, aparte de cemento a granel que se suministraba a premezclados. Hice un equipo de cisternas y de camiones, llegué a tener veinte y pico vehículos pesados, ahí me traigo a un hermano que lo tenía mi padre, que no quiso estudiar más , en la panadería, y me lo traje y lo enseño el mantenimiento de los vehículos de Transporte FerCon, que tenía la flota de camiones que le prestaba servicio a las plantas y a la empresa REFERCA, que era la distribuidora de cemento a nivel nacional. Me traje a mi padre, lo saqué de la Finca, me traje a otro hermano, el mayor, a todos me los traje y les di el 25% a cada uno, sin poner ellos un solo bolívar. Y creció la corporación, tuvimos después una fábrica de cal: CalFer, hicimos una planta de pego, exportábamos para las islas del Caribe. Fundamos INFERPECA que era Inversiones Fernández, nosotros llegamos a los constructores: ¿Cuántos sacos de cemento o cuántas toneladas de cemento necesitas? yo te lo doy y me das tantos apartamentos, un intercambio interesante porque a ellos les servía y nosotros adquiríamos una propiedad sin construirse todavía a un precio ya establecido. En aquel momento, empezando los años 80, el capital de las empresas entre activos y patrimonio era de más de mil 500 millones de bolívares en aquel momento de un dólar a 4,30…”
 
La cadena de éxitos lo va impulsando dentro del mundo empresarial y comienza a figurar en cargos organizativos que lo conducen a FEDECÁMARAS en los años 90.  Durante 6 años fue parte del Consejo de Economía Nacional, donde estuvo con Gastón Parra Luzardo y Tobías Nobrega, “y jamás pensé que era lo que demostró después.”  Todo esto lo evoca sin melancolía, asegura que no es fácil encontrarse de un día para el otro con una mano adelante y otra atrás, “y con mis dos muchachos, que siempre han sido mi gran angustia, que ellos coman y tengan donde vivir. Por eso es que ha sido triste para mí la actitud de gente de la que no supe más nunca, como Hugo Fonseca Viso. Pero así como ese caso, por otro lado debo reconocer una persona que estuvo a mi lado y que ha sido como mi segundo padre, tal cual lo aprecio y lo respeto: Eddo Polessel, él estuvo y está. Es un hombre que está pendiente todos los años. ¿Traiciones? Albis Muñoz y sus relaciones con gente del régimen, tengo las pruebas; Merentes era su íntimo amigo, así como Tobías Nóbrega y Diego Luis Castellanos.  Supe de reuniones de ella siendo presidente de FEDECAMARAS con gente del régimen. Salía y en las tardes, en las noches, se reunía con ellos y tenía línea directa con Chávez.  Te pongo otro ejemplo: hubo un tiempo que ya aquí traté de mantener de alguna manera mis empresas y hay un caso, del que ni vale la pena dar su nombre, que cuando mi administradora fue a presentarle unas facturas pendientes la respuesta que le dio fue: dile que me venga a cobrar él…”

© Alfredo Cedeño

PS: La semana que viene publicaré la segunda parte.

jueves, mayo 14, 2015

FLOTANTE


Vano intento por levitar
hasta sentir que se cae
sobre un helado espejo
sin Alicia que lo aguarde,
reflejos rumbo a la mar
y frágiles diques rojos
de superficial fortaleza
donde la luz siempre gana…


© Alfredo Cedeño

martes, mayo 12, 2015

MATINAL

Como cada mañana
surgen las ganas
y vuelan los gritos
se abren las sombras
llega la luz.

Como cada mañana
nace el día
y corren los miedos
se esconde la noche
vuelve la vista.

Como cada mañana
mueren los espantos
y tiembla la cobardía
se llenan las calles
resucita mi país.


© Alfredo Cedeño

sábado, mayo 09, 2015

MARIO IVÁN CARRATÚ MOLINA (02)

“La gente que estuvo en el poder no construyó instituciones, las destruyó, y al destruirlas estás destruyendo todo. Es como un palomar donde las palomas se meten, y ponen  un huevo, y crían sus pichones hasta que salen, y se vuelan, y regresan…  nosotros los venezolanos desde chiquitos destruimos el palomar y nos quedamos en el aire. Chávez lo que hizo fue sentarse en los escombros de lo que era la institución venezolana que ya todos habíamos ido destruyendo por intereses, grupos de poder, abusos excesivos, bipartidismo…”
El pasado domingo el Vicealmirante Carratú Molina comenzó a contar su experiencia como jefe de la Casa Militar durante el segundo mandato de Carlos Andrés Pérez. Vio infinidad de situaciones de toda índole y no duda en mencionarlas con nombres y apellidos. “Cuando llegué me encontré que el ecónomo del Palacio se robaba la gasolina, el periódico y la comida, lo denuncié: nada; conseguí una pareja haciendo el amor en un escritorio: no los botaron; hice una información cruzada con DISIP, PTJ y Guardia sobre el personal del Palacio con antecedentes y había 400 referidos policialmente, se lo llevé al presidente: ¿Qué es esto? La seguridad entra por casa, aquí hay una cantidad de gente que miren lo que son… No quiso limpiar todo eso, tampoco me dejó. “¡No almirante, tenemos que botar a todos!” 400 personas y no se tocó a uno. Estoy es dando pinceladas. Un Alto Mando Militar donde cada quien iba por su lado. El presidente reunía al Gabinete de Seguridad que eran todos los militares, todas las policías, los ministros del área de seguridad y algunos agentes de inteligencia que tenía, después que Pérez decía bueno Izaguirre, quien era el ministro de Relaciones Interiores, los dejo para que usted se encargue. Y en lo que se iba el presidente se paraban los ministros y se iban, los generales no se hablaban: el de la DIM no le hablaba al de la Guardia, el de la Guardia tenía peos con el comandante de la Armada, el de la Armada con el Ministro de la Defensa, el Ministro de la Defensa manejando sus intereses… ¿Cómo un presidente puede gobernar así? Sin dejar de mencionar que en el consejo de ministros, que eran catorce, de los cuales seis eran técnicos: Miguel Rodríguez y su grupo, pero habían representantes del grupo Jirahara, del Grupo Roraima, del Grupo Santa Lucía y del Grupo Cisneros. Pérez daba instrucciones asignaba tareas, y salían o no salían, porque todo dependía de los intereses de cada grupito. La primera reunión que Pérez tuvo con los dueños de medios en Miraflores, durante mi presencia,  yo tenía como una semana en el cargo, él me llama y me entrega una lista de los que van a entrar a esa reunión con él; me dice: primero entran los que tiene el signo más, en el segundo grupo entran los que tienen el signo menos, y el resto en el tercer grupo. Yo agarré eso, me lo metí en el bolsillo, y llamé a un edecán: este es tu trabajo, primero van estos, pásalos al salón Pantano de Vargas y me avisas. Cuando me dice que estamos voy a buscar al presidente, cuando vengo con él entrando al salón, Pérez no entra, se devuelve: ¿Qué vaina es esta almirante? ¿Usted no cumple mis órdenes? ¿Qué le dije yo? ¿Por qué está Marcel sentado con Cisneros juntos? Yo los puse separados, porque tienen una guerra entre ellos y quieren que el gobierno se meta en la guerra y yo no acepto eso, sáquelos. Tuve que sacar a Marcel y a Cisneros. ¿Qué pasó con el edecán? Billete, billete, ahí toda vaina era así.”
Las quejas de aquellos días no son pocas y eran tanto foráneas como internas. “Me encontré que a nivel de los edecanes había unos que estaban cuadrados con Cecilia Matos y otros con la Primera Dama.  Los reuní a todos y se los dije: el que me meta un chisme aquí lo saco. A Paredes Niño, que era subjefe de la Casa Militar, un bandido, le dije: o te acomodas o te saco; le metí cinco días de arresto. Si tú arrestas a un coronel, ese no llega a general… el carajo llegó a general de división y comandante de la Fuerza Aérea, ¿quién lo puso? Alfaro Ucero con Caldera. Repito: ¡Putearon la Fuerza Armada! Yo recibí en total 800 coroneles en audiencia privada conmigo y le metí 150 militares al presidente en audiencia privada, los viernes, escogidos por mí, y no eran generales eran tenientes, sargentos y suboficiales, puros hombres jóvenes  para que hablaran con él. Les hablaba un minuto. Se lo decía: Presidente hable con los oficiales, usted es el comandante en jefe, el civil no tiene idea de lo que es ser comandante en jefe, por eso el militar se resiente, porque el Comandante en jefe no es tal, los maneja políticamente.  El presidente es líder del poder ejecutivo, presidente de la república y comandante en jefe, tienes tres sombreros y tienes que ejercer los tres, para eso eres presidente, para eso te elegí.  Los presidentes confunden esa vaina y creen que es una sola, y manejar la institución militar es una pelota de futbol pero con espinas que si le das mal te la clavas esa vaina, no saben manejarla porque no conocen el pensamiento militar. El gobernar es una vaina muy grande y por eso  es que yo dudo que estos pibes María Corina, Henrique, logren gobernar a Venezuela  en estas circunstancias, nosotros con esos carajos vamos a un barranco más grande.”
Carratú asegura que el escenario en Palacio era un verdadero saco de gatos del cual “el presidente no se daba cuenta. Pérez entraba al palacio de Miraflores a las cinco de la mañana, yo lo recibía a esa hora, y se iba a la una de la mañana o se quedaba durmiendo, lo cual hacía con frecuencia. Generalmente dormía en la suite presidencial, donde lo hacía en una hamaca, él ahí no dormía en una cama, ese era un cuarto sin muebles, un escritorio, una caminadora para hacer ejercicio, una camilla para masajes, y en la hamaca.” Revela el almirante que en los hoteles Carlos Andrés Pérez rara vez dormía en las camas. “Muchas veces dormía en el piso, no dormía en la cama de la habitación, el presidente Pérez era un hombre muy particular y yo de rechazarlo en el año 1990, cuando me llamó,  a admirarlo antes de su muerte, es un trayecto de identificar lo cochino y falso de la sociedad, lo circunstancial de los hombres que integran ese entorno, el cinismo político, ahí uno dice: coño si este es el poder qué queda para el resto de los venezolanos? Y por eso estamos en esto. En ese tiempo el bipartidismo desplazó al estado; Gonzalo Barrios era el piache que hablaba los domingos  y entonces la agenda política y todo lo que era el país lo decía él que no era presidente, igualmente Alfaro Ucero, igualmente Caldera, y lo mismo con Teodoro Petkoff y José Vicente, eran los polos que marcaban el rumbo. El Estado era una figura tenue que flotaba sobre la cabeza de todos nosotros. Tú buscabas de ver al Estado y no lo conseguías, conseguías a un partido, una figura pública, un general, un jurista famoso, pero el Estado: NO. El venezolano siempre estuvo esperando: ¿y dónde está el Estado? ¡No había! Fue desplazado por las corrientes políticas y los intereses, el bueno era sacado, estaban construyendo una institucionalidad de bahareque, que cualquier animalito se lo come, acaba con eso. Chávez fue un comején, acabó con lo que estaba, con lo que habían ido destruyendo toda la gente que estaba pasando factura desde 1945 empezando por Uslar Pietri. Desde el 45 Venezuela soportó, y soportó, y soportó hasta que cayó, por eso es que Venezuela tiene que ser reconstruida con nuevos hombres y nueva orientación política, con vocación ciudadana. En Venezuela no hay ciudadanos, en Venezuela hay residentes, oportunistas, vejados, desplazados, ignorados, pero ciudadanos no. Necesitamos ciudadanos. Nos acostumbraron a ser obsecuentes con el poder, y cuando tú ibas a votar votabas pero por lo mismo, o por una opción de trabajo, o por una opción de militar, pero no para gobernar un país, esa fue la tremenda equivocación de nosotros los venezolanos, no votamos para gobernantes sino para oportunistas que llegaron al poder.”
Revela el militar retirado que su respeto por el ya fallecido presidente Pérez, no está exento de reconocer los errores que aquel cometió.  “Estoy diciendo las vainas que son, como yo las viví, yo no digo mentiras, ni hablo mal de nadie tampoco, lo que te cuento es lo que viví. ¿Los problemas de Pérez? Su doble vida familiar ese fue el peo. Yo le dije divórciese presidente. ¿Cómo? Si, su conducta afecta a todos los que estamos aquí, porque es la Primera Dama con su grupo y Cecilia Matos con su grupo y nosotros estamos en el medio. El ambiente que lo rodeaba era un infierno, un revoltillo de intereses y de presiones y de chismes; cuando te oponías a uno te jodían por aquí y cuando tú favorecías a este te caían por allá. Él reconocía sus propios errores y luego, cuando ya estaba exiliado acá en Miami me decía que había cometido errores desde pequeño, él me lo decía: “Yo cuando tenía 15 años no estudiaba y me iba para la calle a  hablar de política, después me di cuenta de la falla de no formarme, por eso es que después cuando fui presidente por primera vez apoyé tanto las becas Mariscal de Ayacucho, porque si no te formas no puedes dar todo lo que puedes.” El presidente Pérez me fue contando muchas cosas en los momentos de soledad cuando presidente y después cuando yo venía aquí, invitado por él todos los años y caminaba con él por la playa; yo lo que hacía era escuchar. Él nunca se quitó la espina de que no lo tumban los militares, lo tumban los políticos y empresarios a quienes él ayudó a construir fortuna y riqueza, en quienes él creyó que estaba ayudándolos para  hacer un mejor país, y esas mismas personas fueron los que lo tumban y acaban con Venezuela. La doctora Hildegard Sansó es una bandida.”
Dice que el 4 de febrero no lo agarró por sorpresa. “Se sabía. Los sistemas de inteligencia venezolanos estaban controlados por los militares rebeldes y por los generales y comandantes militares que sabían que había una conspiración y estaban conspirando con empresarios, con los copeyanos, con los adecos y con los dueños de los medios de comunicación. Los medios de comunicación hacen la influencia de la opinión publica de uno u otro lado, para bien o para mal. Cuando llego a Casa Militar los oficiales comienzan a decirme: aquí hay un malestar creciente; también veía como los periodistas que cubrían la fuente de Miraflores decían cosas que eran mentiras, yo decía: pero esto no es lo que dijo el presidente.  Periodistas a los que mandé con su familia de vacaciones para La Orchila, o periodistas  a los que Pérez les regaló carros de agencia. Es más, en la dirección de administración del Palacio de Miraflores, había una pared que hacía esquina en forma de L donde los fines de mes había bolsas con dinero, cada una tenía el nombre de los periodistas y cada uno llegaba y sacaba su bolsa y se iba, yo los vi, no fue que me lo contaron, ¡los vi! Por eso cuando yo veo periodistas que se la tiran de honestos y serios, me pregunto: ¿y esos carajos que iban ahí, a qué iban? Yo le llevaba plata a muchos dueños de periódicos del interior, YO se los llevaba, paquetes de billetes. ¿Uno de ellos? Esteban Pineda, el de Panorama, jalabola de Pérez, metido en Miraflores todo el tiempo, chismeándole al presidente Pérez, después el carajo se hizo chavista. ¿Entonces? Esa es una vida de circo, el centro del poder es un circo donde tú ves payasos disfrazados pero no identificas quienes son esos carajos, esa es mi experiencia personal y por eso es que lo digo, por eso es que me tienen arrechera. Hay gente que no dice las cosas porque son parte del problema, son parte de los intereses en juego,  una sociedad política es un conflicto de intereses es lógico y entendible, cada quien quiere ocupar espacio, pero cuando tú ocupas espacio y desplazas la institución desplazas la estructura de Estado, tú estás derrumbando el Estado, estás derrumbando  la estructura política de la Nación y eso no se puede tocar, es como si tú tocas las bases de un edificio. ¡Se te cae el edificio! En Venezuela no hay ética de gobierno, no hay  ética de Estado.”
El chorro de frases es un mar de leva que va arrasando con todo a su paso: “Se sabía que venía algo raro, los grupos de inteligencia no funcionaron porque estaban controlados por los conspiradores, quien alertó al presidente Pérez fue el general  Heinz Azpurua, quien era director de la DISIP. El 6 de enero del 92, le dijo: Presidente aquí está en este sobre el informe  de la conspiración en el Ejercito, yo soy militar, pero soy el director de la DISIP y no tengo acceso al Fuerte Tiuna, aquí tiene. Y se lo entrega a Pérez en mi presencia. Pérez agarra el sobre le dice a Ochoa Antich: “Ministro, encárguese de esto, a mí regreso hablamos, estoy cansado de estar oyendo vaina de ruidos de sables y conspiraciones, yo quiero acabar con esto.”  Entre una cosa y otra nos vamos para Davos en un avión de Siwssair y al regresar en el aeropuerto estaba Ochoa quien lo recibe: bueno presidente los mismos rumores de siempre… Lo paró es seco: ¡Móntese en el carro! y le forma tremendo peo. Nos vamos a Caracas, el presidente se va a Miraflores y yo a mi casa en Macaracuay, cuando me avisan que hay unos tanques disparándole a La Casona (residencia presidencial), me paré, me vestí y me fui al Palacio. Cuando llego a Miraflores está Pérez en la oficina con Ávila Vivas y Alfaro Ucero, y es cuando me entero que los tanques de guerra estaban en la calle desde las diez de la mañana del 3 de febrero y nadie hizo un coño, ¡nadie!, diez horas las tropas en la calle y nadie dijo nada. Cabronería de las policías, cabronería del Mando Militar, cabronería de los medios de comunicación,  todos estaban complicados, pudo más el deseo de tumbar a Pérez, empresarios en su manía de tumbarlo, los medios de comunicación en su vaina para tumbarlo y no se daban cuenta que estaban acabando con el único líder político que había, ¡no había más!  Lo cierto es que en medio de aquel zafarrancho me doy cuenta que el presidente está solo. Cuando decidimos salir del Palacio ante el asalto inminente de los rebeldes ¡no hay carros! Los carros de la caravana presidencial estaban inoperativos, ¡no tienen llave!, me traen un carro negro. Les pego cuatro gritos y me acuerdo que había un carro LTD cuerpo ancho blindado, que estaba asignado a Jaime Lusinchi que se estaba reparando, ¡tráeme el carro de Lusinchi!, y me lo traen, pongo un chofer, voy a buscar al presidente cuando  vengo no tengo chofer, ¡el chofer se fue pa´l carajo! Agarro un guardia: tú metete, maneja el carro, si Almirante, metí un soldado atrás, metí  al jefe de escolta civil, que era un hijo de Erasto Fernández, y al presidente; adelante íbamos el chofer, Ávila Vivas y yo, y salimos.  Yo no sé quien salió a inventar esa zoquetera de un Maverick verde y de que habíamos estado escondidos en un hotelito del frente de Venevisión. Eso es mentira, ganas de hablar pendejadas de algunos que todavía andan por ahí.  Éramos seis personas, sin escolta, esos nada más, salimos vía Baralt hacia arriba y cuando vamos por el seminario me comunico con Venevisión y le digo al comisario Efrén, el jefe de la escolta civil de Cisneros, necesito hablarle al país, me dice: como no, vente y te saco en cinco minutos. Él no sabía que iba con Pérez, y la Primera Dama que me tenía idea había estado llamando y diciendo que el jefe del golpe era yo, así que el hombre de seguridad creía que yo iba a hablar porque era el jefe del golpe… Él no sabía que yo llevaba al presidente Pérez. Cuando llegamos a Venevisión me bajo del carro, me pongo delante, con una ametralladora que tenía conmigo,  arriba en la azotea estaban los escoltas armados con fusiles, les digo: traigo al presidente Pérez ábranme la puerta, me abren y entro corriendo con el presidente y lo llevamos a la oficina de Cisneros: vacía, no había ni un lápiz, ni un papel, ¡nada!,  ni papel toilet en el baño… Ese es el discurso presidencial más arrecho que yo he escuchado en Venezuela, ese discurso sin papel, en una crisis, tumbado, porque estaba tumbado y él carajo con gran aplomo se dirigió a las Fuerzas Armadas: les ordeno regresar a los cuarteles…"
Revela Carratú que en las horas posteriores conmina al presidente a destituir al Alto Mando Militar, también narra como vio al día siguiente, “en la mañana, las elites políticas venezolanas  van a Miraflores a pedir perdón por Chávez, a que lo suelte, la Iglesia Católica, los adecos,  los copeyanos, los empresarios,  los medios de comunicación, excepto Caldera que no fue, todos fueron a pedir por Chávez, inclusive el ministro Ochoa. En el Palacio se habían metido conspiradores en todos lados, había policías, edecanes complicados, de toda vaina, ese blindado que aparece entrando al Palacio Blanco fue filmado por el general Müller Rojas y un Azpurua cineasta, ellos sabían la vaina, y fueron a hacer esa toma que fue preparada por ellos para ponerla a rodar de inmediato, y el primero que lo tira al aire es Marcel Granier por Radio Caracas Televisión al mundo, ¿entonces mi hermano?“ Fueron horas que se convirtieron en días, y estos en semanas, y estas en meses donde el vértigo era cotidiano. “A Uslar Pietri lo mandaron a allanar y vino Beatrice Rangel: no lo allanen yo me encargo de eso. Se sabía que la conspiración era en la casa de Uslar Pietri, con Burelli Rivas, con Vivas Terán, Mario Moronta; también se reunían en una casa entre Prados del Este y Cumbres de Curumo, en la casa de Contreras Laguado.
Es mucha el agua que ha visto pasar bajo el puente, afirma que tiene sus canales de comunicación con las actuales fuerzas armadas y vaticina un desenlace que pasa por un gran acuerdo nacional para reencauzar al país. “Las Fuerzas Armadas nuestras están destruidas, nosotros no tenemos capacidad de defensa, no tenemos defensa interior, que es lo que tiene que preocupar al ciudadano, porque la defensa es la defensa militar, pero la defensa interior es el aporte de las Fuerzas Armadas al control interno a través del poder civil que es el presidente, pero eso no existe, Chávez lo acabó, la institución es una guardia pretoriana del gobierno, una guardia represiva, corrompida porque el gobierno es corrupto, una mafia de bandidos en el poder y ahí todo el mundo se cuadra. Si el militar percibe que la sociedad está organizada y percibe que hay una componente ético en la dirección de esa sociedad el militar cambia mentalmente y se orienta, por supuesto que hacen falta otras variables que manejar pero sobre todo que el militar perciba que hay un cambio ético en quienes dirigen o van a dirigir el país. Eso no se ve, nadie lo ve. En las fuerzas armadas están viendo que vamos a un conflicto interno, a una revuelta, a una expresión civil espontanea por hambre, porque ya la ideología bajó de aquí (se señala la cabeza) al estómago. Ellos están viendo que viene un problema nacional inmanejable y vamos al caos, en el caos el militar tiene la obligación de  intervenir, para bien o para mal. El militar sabe que viene un problema y está tratando de que no se presente porque le va a caer en las piernas, la ecuación en Venezuela pasa por el militar, pero resulta que el militar no quiere ser parte de la ecuación, sin embargo va a caer en eso y no está preparado. ¿Qué veo? Viene una ruptura en Venezuela, por fuerza, en la cual podríamos perder territorio, ya estamos perdiendo la Guayana Esequiba y podemos perder el Golfo de Venezuela, que son las ambiciones de Colombia.”
Está convencido de que la casta política-castrense que ha creado Diosdado y Maduro va para fuera.  Aspira a que el ciudadano tenga confianza de lo que va a hacer el mundo militar, “tenemos que raspar, limpiar todo en el momento que corresponda, no empezando pero en la medida que se desarrolle tendremos que ir purgando la institución militar, traer militares viejos, retirados, incorporarlos, dos, tres años, cuatro años y después que se vayan, pero que ayuden a reconstruir, y rescatar a la institución.  Tiene que ser un borrón y cuenta nueva en las fuerzas armadas, hay que restructurarlas. El militar tiene que aprender a respetar al ciudadano y a trabajar para los ciudadanos, porque a nosotros nunca nos formaron así, yo nunca recibí una clase de Derechos Humanos, nunca. Hemos llegado a un punto en el cual el pueblo no cree en las instituciones, ni en los funcionarios públicos, eso hay que reconstruirlo.  Tú no construyes reparando muertos, tú construyes con nueva gente, con nuevas caras, con una  manera diferente de hacer política, de gobernar, tú no puedes seguir gobernando con las élites, tienes que darle cara social al gobierno.
Carratú Molina concluyó sus declaraciones así: “A los ciudadanos y a las fuerzas armadas, en su rol de ciudadanos que también son,  digo: el país está transitando una convergencia de crisis, que no es solamente Maduro ni la presencia  cubana en Venezuela, ni la perdida de la soberanía, la crisis nuestra está en la esencia del venezolano, en la  manera de ser, de conducirse; esto nos obliga a no ver hacia atrás, a ver hacia adelante para construir un nuevo camino, que tiene que ser la concordia, el respeto mutuo, las oportunidades a quien se las merece y darle un contenido social, no social político, sino social ciudadano a la gestión de gobierno.  Mientras que en el país no se hagan esos cambios la estructura militar seguirá siendo el aparato represivo  de los gobiernos como en el pasado ocurrió y en este se ha evidenciado 100%. De no haber construcción de democracia, ni de valores éticos, ni de valores ciudadanos, no hay en el mundo ningún gobierno que pueda sostenerse en el tiempo. Queda de los venezolanos reconstruir el país, Venezuela no se va a perder, el territorio siempre estará ahí, lo que va a ser diferente son las clases sociales, los hombres y las mujeres y la juventud, los nuevos hombres del país, eso hay que cuidarlo. Urge un cambio de actitudes de los venezolanos para que nosotros podamos resurgir; esto no depende de un líder, de un mesías, de un chamo, de un viejo, de un equipo de políticos, etcétera, no. Primero que los partidos están los ciudadanos, la organización social básica venezolana es Venezuela y es por los venezolanos independientemente de cómo piensen. Los militares tienen que regresar a los cuarteles, tienen que revisar lo que son, muchos tendrán que salir del juego y como la fuerza armada es una institución en defensa de la Nación bajo el control civil, los venezolanos que asuman el rol bien sea por presidencia de la república o por  instituciones  importantes de los poderes del estado tienen que cuidar que las fuerzas armadas no se desvíen ni sean desviadas por intereses en cosas que  no le corresponden. En el pasado el militar era el caballito de batalla de todos los caprichos de los políticos, el cachifo de los políticos, las fuerzas armadas tienen que ser restructuradas total y absolutamente, restructurarlas en el concepto político de la institución militar. El militar no es que sea apolítico el militar tiene que ser apartidista y el militar no puede trabajar para un presidente, trabaja para el estado, para la nación. Cuando el militar trabaja para un presidente deja de ser profesional.”

© Alfredo Cedeño
 


jueves, mayo 07, 2015

ACABÓSE


En la punta del luto que nos sobrevuela
hay atisbos de pureza,
cepos de cabeza roja
se balancean encima del cielo,
patas y antenas de oscuras dudas
para zozobra de los tunantes,
y una plácida confianza nos acompaña
para esperar el acabóse de la tormenta.


© Alfredo Cedeño