martes, mayo 21, 2013

SOL DE TRÉBOLES


El sol se derrumbó sobre un mar de tréboles
y rebotó con sus rayos limpios y desflecados
en cuarenta y una puntas de bordes hirsutos,
el trebolar prefirió permanecer impávido
y se olvidó de ponerle números a sus aspas
con la sabia humildad de una cuna perpetua.

© Alfredo Cedeño



domingo, mayo 19, 2013

UNO EN LA FE EN VENEZUELA


            En estos tiempos de desánimos y desesperanza, más que justificada en muchos casos, quiero insistir en apostar a la esperanza. Por ello, ante el desencanto: fe, ante la falta de ganas: fe, ante el coqueteo con abandonar: fe. Fe en Venezuela, en su gente y en sus propias miserias que se pueden hacer baluarte de esperanzas.

            Me jacto de conocer mi país de norte a sur y de este a oeste, a lo largo y a lo ancho. He andado esta tierra con la emoción e ilusión que solo da el deseo, amor y ganas de lo amado.  No he tenido un amor más puro y voraz que el que sigo teniendo por estas cuatro esquinas que el mundo me asignó por patria.
 

            He dormido a la orilla de los ríos y bajo los techos endebles de las rancherías de los pescadores, a cielo abierto arropado por una manta de estrellas que me alumbraban tanto que no podía cerrar los ojos deslumbrado por el salpicar de sus luces menudas. Me he despertado a la sombra de un rebaño de árboles de mangos dulces y aromosos a trementina, he abierto los ojos y desperezado a la vera de caminos polvorientos o preñados de rocalla, he andado senderos ahogados en la maleza y atajos empantanados. Y siempre amparado por el seno generoso de Venezuela.  
 
             En los médanos de Coro me encandilé con la risa franca y aparentemente inocente de un zagaletón que vendía dulces de leche de cabra, mientras me decía con picardía: “que hace mi abuela con leche de vaca de lata”, para luego largar una carcajada resonante. En Ciudad Bolívar, otrora Santo Tomás de la Nueva Guayana de la Angostura del Orinoco encontré un cacto mágico nacido entre las grietas de una roca. ¡Hasta en las piedras que se siembre en este país se obtienen cosechas!
            Encontré Mujeres como Carlina batiendo papelón caliente para hacer melcochas y negritos emparrandados como José Isabel haciendo repiques cortos y con zandunga sobre el cuero que su abuelo hace resonar en honor a san Juan Bautista. Me he conmovido ante el gesto desparpajado e inocente del pescador curtido que muestra con sonrisa de niño perpetuo el peje más pequeño que obtuvo en su jornada mientras asegura que era tan grande como una ballena pero “en lo que la saqué del agua se me encogió”.
 
            En el cementerio de Mapararí encontré una vela, amparada por una lata herrumbrosa, que calentaba las plegarias dejadas en los brazos de una cruz coronada por ingenuas flores de papel; en las montañas andinas contemplé mudo de asombro lagunas inmutables donde los riscos se acicalan permanentemente.  
 
            Un crío colocando una paja para sembrar una caricia en el lomo de su perro y el paso entrecortado de un lisiado bajo la leyenda alevosa de un refresco anunciando que todo está bien…
            La mano joven, pero ya experta, que guía una yunta de bueyes y la pértiga precisa que danza en el filo de las montañas, se enlazan en el barbecho trazando filigranas que parirán lechugas, cebollas y berenjenas.
            Esta tierra, a la que hago a diario dueña de mi corazón, le escribo y pido que su alegría no me apague la rabia que en mí causan todos aquellos que no se cansan de maltratarla para luego abandonarla mustia en medio de ceras agonizantes.

©Alfredo Cedeño
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

sábado, mayo 18, 2013

AGUACERO


El cristal queriendo protegerme se roba mi gozo
de sentirme enchumbado bajo el repique goteante
y deja fuera al agua, bendición del cielo y la vida,
hecha encaje que apantalla los celajes del mundo.

Me arrebujo y salto a los resquicios de la memoria
la piel agradece el recuerdo y se eriza emocionada:
es la abuela resucitando bajo un chorro en el patio,
mi niñez regresa sin pausas y lloro con el aguacero.

© Alfredo Cedeño

jueves, mayo 16, 2013

PECIO

En el pantano de sus dudas
no pudo irse quieta a pique,
vagó lenta sobre su reflejo
mientras la ignoraba altiva,
la hilera de palmeras osciló
al paso de tres transeúntes,
y un gris desorden de nubes
no alcanzó a hacerse su luz.

© Alfredo Cedeño




martes, mayo 14, 2013

REZO DE PALMERA


Rosario de esmeraldas enhebrando plegarias vegetales
cadena de canicas repicando en gajos de risa en clorofila
revoloteo de guijarros atónitos que no saben arrastrarse
cornucopia infinita de esferas saltando hasta las esquinas
danza de balas inofensivas en despeñamiento decolorado
cruce de racimos en vaivenes con decencia pudorosa
frutas de las palmeras donde Dios se agita y propone.

© Alfredo Cedeño




sábado, mayo 11, 2013

ESTADO CARABOBO

En el canto lejano del turpial,
entre las flores de cercano brillo,
entre las ranas que semejan hojas
y cierran en la luz sus ojos verdes,
vaga un humo tenaz; y se oye que alguien dice:
"Las sombras incendiaron el maíz".
Y a lo lejos ulula la montaña de un dios.
Aquí el hombre ve el año
como una lenta furia de colinas,
donde el arbusto esconde su fruto y su veneno.

…esta estrofa es de Vicente Gerbasi, hijo de esta tierra de la cual muestro las fotos de esta entrega de hoy: Carabobo, que para los venezolanos lleva un sello indeleble de coraje, determinación y libertad.  Fue en sus territorios donde el 24 de junio de 1821 quedó sellada la independencia de nuestro país al derrotar Bolívar las fuerzas realistas que comandaba el mariscal español Miguel de la Torre.

Nuevamente debo escribir la frase: podría llenar miles de páginas sobre la historia de este rincón de mi país. Aunque ya en otras oportunidades lo he dicho, quiero refrescarles que el territorio venezolano  está dividido en 24 regiones, de los cuales 23 corresponden a los llamados estados. Hoy escribo sobre uno de ellos: Carabobo, ubicado en el centro- norte- costero de Venezuela, en la Región Central del país.
 
       Cuando los exploradores europeos llegaron a estos territorios, allí vivían diversas naciones indígenas, Agustin Codazzi aseguró a fines del siglo XIX que estuvieron allí los Tacarigua, Araguas, Meregotos, Ajaguas y Mucarias. Otros cronistas aseguran que también estuvieron los Guamos, Guamonteyes, Jirajaras, Chiruas o Chirguas.
 
            Tal parece que el 24 de diciembre de 1547 el segoviano Juan de Villegas tomó posesión de “la gran laguna que llaman Tacarihua”, como la describió fray Pedro Simón en Noticias Historiales de Venezuela.  Este autor narra: “luego que entraron en ellas, a hacer valientísimos hechos los españoles, por serlo también los indios y, pareciéndole ser la tierra a propósito para poderse sustentar un pueblo de españoles y para acabar de conquistar aquella gente y pasar con las conquistas adelante a las de Caracas, con licencia que llevaba el capitán para esto del gobernador, fundó en nombre del Rey un pueblo que llamó la Nueva Valencia.”
 
            José de Oviedo y Baños, autor de Historia de la conquista y población de la Provincia de Venezuela dejó allí asentado en 1723: “Noticioso al mismo tiempo el Gobernador Villacinda de la abundancia de indios que había en la comarca de la laguna de Tacarigua y la conveniencia que ofrecía la hermosura y fertilidad de su terreno para poder poblar en ella una ciudad, (…)nombrando por cabo a Alonso Díaz Moreno, vecino que entonces era de la Borburata, lo despachó con orden de que poblase una ciudad en las cercanías de la laguna; diligencia en que puso tanto cuidado Alonso Díaz, que aunque los indios procuraron estorbarla a fuerza de sus armas, vencidos siempre y desbaratados por el valor de Alonso Díaz, dieron  lugar a que atravesada la provincia y reconocido el mejor sitio, fundase el mismo año de cincuenta y cinco la ciudad de la Nueva Valencia del Rey.”
            Peeeero… el francés, oriundo de Tolouse, Louis Alfred Silvano Pratlong Bonicell Gal, el muy recordado hermano Nectario María, quien tanto hizo por la recuperación y manejo honesto de nuestras fuentes históricas, halló un documento en los archivos de la Real Academia de la Historia, de Madrid, bajo el registro D-95 donde se lee: “Año 1553, el licenciado Alonso Arias de Villacinda, siendo gobernador, pobló la Nueva Valencia”.    
 
 
            Donde no parece haber duda es en torno al primer emplazamiento que en los actuales territorios carabobeños fundaron los europeos: el puerto de Borburata. Juan de Villegas realizó el acto de poblar la muy pomposa Nuestra Señora de la Concepción de Borburata el 24 de febrero de 1548. A los pocos días, revela Torcuato Manzo Núñez en Historia del estado Carabobo, que de Villegas regresó a El Tocuyo, para desde allí organizar la consolidación de dicha población.
 
            Informa Manzo que pasaron “más de 20 meses en los preparativos, y el 20 de noviembre de 1549 salió del Tocuyo Pedro Alvarez con 40 soldados, 5 mujeres y 70 indios a poblar Borburata. Ya antes había mandado Juan de Villegas, gobernador interino de la provincia, por muerte del titular Juan Pérez de Tolosa, a unos esclavos para hacer conucos que aseguraran la alimentación de los que habían de llegar.”  
 
            Fin de fines que ambas poblaciones se consolidaron. A manera de ejemplo les copio la relación que escribiera Antonio Manzano en 1768, y que José Antonio de Armas Chitty reproduce en Carabobo: tierra de meridianos: “Además de las grandes ventajas que la ciudad de Valencia tiene a las otras de la Provincia, asi en lo hermoso de su Laguna y las convenientes dichas, lo fecundo de sus tierras, la produsión de todos frutos, es su temple muy saludable, su Cielo muy alegre, no hay invierno, que moleste ni verano que fatigue, pues que desde el mes de Noviembre comienza a soplar u viento Norte fresco, y alegre, dia y noche, hasta el mes de Mayo que comienza a soplar el Sur, sin que uno, ni otro moleste. Hasta fines del Siglo pasado, se sembraba mucho trigo, se cojía con abundancia; pues habia molinos, de los que solo han quedado los vestigios, pues en donde está la casa Polvora llaman la sabana del trigal; se divisan los surcos y están las piedras; y en otros valles otras.”
 
             Carabobo tiene una extensión territorial de 4650 km², que viene a representar el 0,5% del territorio venezolano, sin embargo los registros demográficos del año 2011 arrojan una población de 2.365.665 habitantes, lo cual lo hace tercer estado más poblado de Venezuela.
            Tierra feraz y cuna de mujeres preciosas que se te enredan a la piel con la solera de la carne firme que embriaga. Espacios cuajados de ritmo, altanería sabrosa y parajes indescriptibles. Carabobo, donde nació Venezuela y mueren día a día las tristezas en el bamboleo libre de una bandera que sigue agitándonos las ganas de seguir sonriendo…

© Alfredo Cedeño