miércoles, abril 18, 2018

¿UNIDAD O NULIDAD?



            El anatema de moda en estos últimos días es "enemigo de la unidad". A manera de invocación sacrosanta nos la sueltan a quemarropa y mansalva cuando osamos cuestionar, así sea de leve manera, a la más que manifiesta incorpórea –e inepta– dirigencia opositora que nos ha tocado padecer en estos desoladores tiempos que vivimos. Una pléyade de vivarachos bien hablados y gestos ampulosos se ha dedicado a imponernos una estrambótica manera de conducir nuestros procesos sociopolíticos, y con no escasa arrogancia nos han exigido una sumisión de feudatarios.
            A esta legión de "dirigentes" les ha acompañado una cofradía, aún más voluminosa, de acólitos que exigen rindamos pleitesía y obediencia perruna a los egregios iluminados. Y mientras tanto la vida se nos hace cada vez más angosta. El hambre se expande con velocidad meteórica, las medicinas desaparecen hasta dar paso franco a la muerte de ancianos y niños, nuestras mujeres paren en bancos de la maternidad, los heroicos soldados se dedican a reprimir salvajemente a la población civil que osa pedir sean honrados los derechos ciudadanos que les corresponden.  Es un rosario infinito de desgracias que aherrojan al país y a las que no se le ofrecen siquiera consuelo. Pero hay que acatar a una dirigencia francamente alcahueta en su falta de resolución ante el infierno que vivimos.
            Hoy se les deshace la lengua ante la aprobación del juicio al bigote bailarín y salen a batir palmas y exigir encendamos incienso y ofrendemos oro y mirra a los diputados que valientemente cumplieron con su deber.  ¿Acaso no fueron electos para eso? ¿Hasta cuándo hay que celebrar lo que tiene que ser absolutamente normal? ¿No llevan ya largo tiempo incumpliendo con lo que fue la razón principal de su elección como representantes del pueblo? ¿Acaso no lleva años la nación entera rogando, exigiendo, implorando, pidiendo de rodillas, que se tomen medidas concretas contra esa vergüenza impresentable que es el señor de marras?
            El Mesías de moda ahora es el señor Falcón. Tirios y troyanos, herejes y creyentes, verdes y amarillos, todos en mística conmoción tremolan sus dogmas unitarios más encendidos exigiendo unidad, mientras los diputados se convierten en versiones caribeñas de Las Chicas Superpoderosas por cumplir con sus deberes; tantos meses postergados en aras de un diálogo que por lo visto solo ayudó a ciertos negocios de varios de sus operadores. El ilustre Zapatero, entre otros, bien podría explicarlo.  
            Mientras tanto y sin anestesia el injerto del profesor Jirafales y el señor Barriga sigue haciendo de las suyas, y se ríe a mandíbula suelta mientras ejerce un poder sádico en medio del cual baila y celebra. Que la unidad se haga nulidad no importa, debemos ser correctos…

© Alfredo Cedeño

miércoles, abril 11, 2018

EL ABATE RODOLFO


                Los ritos se establecen con la calma que imprime la sabiduría, son goteo permanente que alimenta las almas, si es que existen, diría algún agnóstico, pero que libran del agobio diario al que los celebra. Hay quienes hablan de ritos paganos y otros sacros. Hay ritos que cada cual establece según su propio ritmo y vida, como es el caso del que a la palabra corresponde, es la adoración a la poesía, la prosa, los cantos, el verbo que algunos elegidos dejan caer a quienes nos postramos ante su majestad.
                A esos ceremoniales he dedicado mi vida desde muy temprano, deslumbrado por unos cuantos canónigos de esa secta: London, Verne, Salgari y Dumas fueron los primeros, y del último de ellos surgió el encandilamiento absoluto con El Conde de Montecristo. La historia de Edmond Dantés secuestrado en el castillo de If por una jugarreta política (muy similar a las que por estos días lleva a cabo cierta horda en nuestro país contra gente digna como Simonovis, o los olvidados PM por el 11 de abril, o el general Vivas, o muchísimos otros que en los calabozos rojos languidecen moribundos), y su liberación gracias al fugaz, pero permanente en su influencia, abate Faria.
                Aquel erudito que permanecía en las mazmorras del castillo se equivoca en sus cálculos al escapar y termina en la celda de Dantés. Al saber de la inminencia de su muerte le revela el secreto del tesoro infinito del cardenal Spada en un islote perdido en el Mediterráneo. Es la palabra del abate la que hace inmensamente rico al marino y además le da la manera de escapar de la injusta prisión.
                La magia de Dumas me hizo un ferviente feligrés del verbo, por ello ante sus manifestaciones más hermosas me inclino en gesto de humildad y acatamiento. Y mi credulidad se ha multiplicado siempre ante la imagen, es por lo que tengo una gratitud imperecedera por aquella diminuta joya que fue la Cinemateca Nacional, donde un imberbe Alfredo Cedeño veía a un señor delgado, elegante y de sonrisa permanente entrar a saludar a los asistentes a las funciones. Luego supe que era ¡el director de la Cinemateca!, que no dejaba de rondar para cerciorarse de que todo estaba bien.
                Aquel Rodolfo Izaguirre ahora nos cautiva domingo a domingo con sus palabras desde El Nacional, y fue así como nació su libro En el tiempo de mi propia vida, que presentó el sábado pasado en la librería Altamira de Coral Gables. Él hace libro ese rosario de gemas que cada semana entrega con vocación de fraile. 87 años de sapiencia que, cual el tesoro del abate Faria, dispensa con humilde entrega. Su palabra que no deja de azotar a los jenízaros oficiales, siempre han sido clarividentes. En su novela Alacranes, de 1968, Edelmira le pregunta a Evaristo: "¿De qué vale entonces tu gobierno si se están cometiendo los mismos atropellos de toda la vida en este país?"
                Él, como buen conocedor del cine, uno de los mejores en tales menesteres, sabe el final de este thriller que padecemos, y augura el final que merecemos: en libertad.
                            
© Alfredo Cedeño