miércoles, octubre 11, 2017

¿CUÁLES ACUERDOS?


                Respeto a cada cual en sus decisiones, y cumplo conmigo mismo, y el respeto que tengo por la libertad al alertar sobre los riesgos que se corren al tratar de establecer pactos con malandrines de quinto pelo. Las alarmas que se me disparan tienen que ver con el no corto recuento que se puede hacer de los incumplimientos de la fauna roja a todo cuanto han ofrecido o pactado en este tiempo que los hemos padecido.
                El primer acuerdo que ofrecieron al país vino de boca del propio comandante intergaláctico, quien aseguró con gesto amable y sonrisa pródiga que su proyecto no tenía nada que ver con el socialismo o el comunismo, que su oferta era de amor y compromiso con el país y las libertades económicas, y bla de bla que bla. 
                La segunda gran oferta que me viene a la memoria es la tragedia de Vargas. De nuevo el personaje antes citado, junto a su corte de chulos y mantenidos, juró por las once mil vírgenes, y las trescientas madamas de los lenocinios que debió frecuentar en su época de cadete, que esa sería una versión tropical de la tierra prometida. Aclaro que no incluyo entre una y otra los miles de pactos hechos, jurados, firmados y sellados por todos ellos.
                No puedo dejar de mencionar lo ofrecido luego de la bendita jornada del 11 de abril, su deposición y restitución a la silla presidencial. Nueva jornada de ofrecimientos, ¡cruz en mano y en cadena nacional!, de rectificaciones y de cuanta pejiguera pueda cualquiera imaginar. Manso cordero incapaz de siquiera pasarle la lengua a una mosca…
                Las lecciones del difunto fueron aprendidas a cabalidad por el bigote bailarín, y por lo profusa que es la cantidad de ejemplos necesitaría muchísimo más espacio del habitual para citar los más representativos.
                Todo ello es lo que me hace tan cuesta arriba pensar en que la jornada comicial, nuevamente sacada de las orejas por el combo rojo, será respetada a cabalidad. ¿Nadie recuerda acaso la victoria de Antonio Ledezma en Caracas? ¿En que terminó la Alcaldía Mayor?  ¿Es necesario mencionar más ejemplos?
                Por supuesto que corifeos, alcahuetas, plañideras y ciegos por elección saltarán a mostrar como gran trofeo las elecciones del 2007, o las del 2015. ¿Fueron respetados esos resultados? ¿Acaso no terminaron las huestes coloradas imponiendo por trochas y atajos lo que se consultó en las primeras? ¿No hicieron lo que les dio la gana con la flamante Asamblea Nacional? Seguramente lo ocurrido con Gilber Caro son elucubraciones mías y ello nunca ocurrió. Ni qué hablar de los alcaldes, concejales, y demás autoridades electas que han visto como la majestad de su cargo es mero papel sanitario.
                Allá cada cual con sus actos. El mío es y será tratar de no perder de vista lo que tenemos y llamar la atención sobre los riesgos que se corren, sobre todo cuando se cree en culebreros de feria que ofrecen ungüentos que curan el mal de amores, o hacen recobrar las dotes de un sátiro a los abuelos nonagenarios, o regenerar el himen de doncellas que bien han disfrutado lo que natura les otorgó.

© Alfredo Cedeño

miércoles, octubre 04, 2017

COMPAÑÍA DE DEMOLICIÓN

                
                Al César lo que es del César, asegura con sabiduría el viejo refrán. Y si algo hay que reconocerle al chavismo es su capacidad de destrucción, son algo así como esas viejas imágenes de una gran bola de acero que todo lo arrasa al ritmo de su bamboleo. No solo ha acabado con nuestra economía, sino también con nuestro sistema de salud, los rezagos de la clase media (que había logrado sobrevivir a los desmanes de una casta política que ahora exige ser tratada como la versión posmodernista de Moisés), la producción petrolera, la industria eléctrica, y todo cuanto pueda uno imaginarse.
                La obra de ruina que han ido dejando a su paso es comparable solo con las condiciones por demás lamentosas de Cuba en su generalidad. Pasear por las calles de La Habana es ruinoso para el ánimo de cualquiera, construcciones que al imaginarlas en buenas condiciones de mantenimiento te puedes suponer la preciosura de entorno que podría ser.  Ni hablar de su sistema de transporte público capitalino, es deprimente ver a hombres, mujeres y niños apelmazados en las rastras de transportar caña de azúcar donde son arracimados cual rebaños en camino a un potrero, cuando no a un matadero.
                Es una larguísima lista de ejemplos que podrían ser citados, no solo en La Habana, o en Moscú, también pueden mentarse las zonas liberadas del mando de la guerrilla colombiana vecina a la que ahora en nombre de la paz se le quiere otorgar cuanta prebenda cualquiera puede suponer.
                La obra de implantación de modelos decadentes ha sido de tal magnitud que lo ético ha sido socavado de manera perversa.  Hasta el modelo de lucha que significó para el mundo la forma cómo fue enfrentada y derrotada la dictadura de Pérez Jiménez ha sido exterminada. Ahora las dictaduras se enfrentan por vía electoral, y no cesan de invocar el ejemplo de Pinochet. Olvidan el pequeño detalle de que Chile tenía unas instituciones militares que no habían sido manoseadas, ultrajadas y prostituidas en su esencia como ha sido el caso de las fuerzas armadas venezolanas.
                Y debo decir que los abusos contra nuestros hombres de armas no son de reciente data, fueron abusadas por los rojos, lo fueron por la cuarta y son ahora vilipendiadas por los mudecos que le exigen una sumisión total y pago de unas penitencias de obediencia sumisa.
                No puedo evitar imaginar a Pompeyo Márquez llamando a votar contra Pérez Jiménez. Menos puedo dejar de evocar a dirigentes como Leonardo Ruiz Pineda, Antonio Pinto Salinas y Alberto Carnevalli. Sin dejar de lado a los oficiales León Droz Blanco, Wilfrido Omaña y Jesús Alberto Blanco entre muchos otros. Panteón de héroes pervertido por una historia que el chavismo ha borrado para lograr implantar nuevos paradigmas de lucha.  Cosas veredes…

© Alfredo Cedeño

miércoles, septiembre 27, 2017

ENTONCES Y AHORA

 
                Finalizaban los años setenta, daba yo mis primeros tumbos por las salas de redacción de la mano de dos amigos perpetuos: Wilmer Suárez y José Luís Olivares. Al primero lo conocí en la sala del noviciado jesuíta, cuando quedaba entre Santa Ana y Coromoto, en la muy caraqueña parroquia La Pastora, donde también tuve mis primeros abrazos con el querido José Pulido.  Al segundo lo había conocido en los pasillos de la UCV, donde me lo presentaron Jorge Chirinos y Pedro Duno, otro par de afectos –y maestros– imborrables.
                Wilmer trabajaba en la corresponsalía del diario Crítica y "el negro" Olivares era redactor de El Mundo, ambos diarios propiedad de Miguel Ángel Capriles. Con uno salía de madrugada a sondear las avenidas caraqueñas a ver qué noticia podíamos sorprender para tratar luego de "vendérsela" al señor Galán en Últimas Noticias. Con el otro eran largas conversaciones en torno a la igualdad y la lucha por un mundo mejor.
                No logro evocar con precisión la fecha de un mitin convocado por el Movimiento al Socialismo (MAS) en El Nuevo Circo de Caracas, pero finalizaba la década. Tal vez lo habían convocado para rememorar el histórico acto que allí mismo habían hecho el 25 de mayo de 1971. Lo cierto es que al que asistí fue promovido de manera profusa. Recuerdo nítidamente el bombardeo de cuñas por Radio Rumbos y Radio Continente, y los incontables avisos colocados en El Nacional y Últimas Noticias.
                A ese acto fui en compañía de Olivares. Momentos antes de comenzar las intervenciones de los oradores del día, me dediqué junto con "el negro" a hacer una serie de cuentas, y con la ayuda de una tabla de tarifas que habíamos conseguido, vaya a saber Dios a cuenta de qué y cómo, de El Nacional y Ultimas Noticias, así como de los precios de las cuñas radiales.  Recuerdo nuestro pasmo cuando hicimos un cálculo al volapié.  ¡Casi dos millones de bolívares! Eran tiempos en que una gaseosa costaba 0,25, un kilo de harina P.A.N. un bolívar, diez panes otro bolívar y un kilo de caraotas menos de dos bolívares.
                En medio de nuestro estupor por las cifras llegó a nosotros un amigo al que no logro recordar con precisión, quien nos saludó entusiasta ante el éxito de la convocatoria. Nosotros que estábamos boquiabiertos ante el gasto monumental hecho sólo en promoción nos quedamos mudos. El que nos había zarandeado con su euforia se nos quedó viendo de manera alterna y dijo: ¿Ahora qué carajo van a cuestionar? ¡Quieren ser más puros que Marx!    
                Solo le respondí: ¿Te puedes imaginar cuántas cooperativas de servicios se han podido hacer por todo el país y barrios de Caracas con el dineral que se ha gastado para que vengan ocho mil personas? ¿Eso es una victoria? Con la barriga vacía no hay ideología que valga.
                Vuelvo a pensarlo ahora cuando veo el despilfarro de recursos convocando a unas elecciones por unos cargos de dudosa eficacia.
             
© Alfredo Cedeño

jueves, septiembre 21, 2017

LOS CULTOS CRIOLLOS




                Hay en el ambiente "culto" venezolano -ese ecosistema de academia, intelectualidad y miradas sobre el hombro a los que somos simples ciudadanos- una variedad de invalidez que no deja de asombrar. ¿Qué virus, o bacteria,  se ha adueñado de manera irreversible de sus dotes analíticas y racionales? ¿O tal vez no es más que una demostración de arrogancia que les impide reconocer su visión fallida?
                Hay una cierta hermenéutica nacida en la utopía izquierdista, siempre perdida en sus laberintos existenciales, en los cuales ha introducido por lo visto de manera irremediable a la academia y a la barbarie, a tirios y troyanos, a rojos y mudecos, a los hunos y a los romanos.  Lo mismo veo sorbemocos y fariseos, desmelenados en su fanatismo fervoroso cual doñas alebrestadas por Menudo, que a honorables sabihondos de toga y birrete tragando con fruición ruedas de molino.
                Una horda de seres, de todo pelaje y plumaje, marchan al son de la flauta que soplan Borges y Ramos. ¡Ay de quienes osemos manifestar alguna opinión contraria! Su respuesta es la típica de aquellos "sobacos ilustrados" –siempre portaban un libro bajo el brazo y nunca veías que lo ojearan siquiera– que en los setenta llenaban los pasillos de las universidades venezolanas, cuando a alguien se le ocurría asomar alguna crítica a la revolución cubana. El más barato de los epítetos era –y es– colaboracionista…
                En estos días lamento la distancia geográfica que me impide sentarme a oír a un querido amigo de entonces. Tal vez insistiría en soñar. Lo recuerdo ahora a las puertas del Colegio Nacional de Periodistas convenciéndome de la necesidad de apoyar la candidatura de CAP en 1988. "Compañerito, con el gocho van a venir cambios trascendentales, no se deje llevar por el mero aparentar, hay un montón de gente, ¡no te imaginas!, que van a acompañarlo en su gestión". Al primero que me mencionó fue a "Cáscara", nombre con el que conocíamos en mentideros universitarios a Fernando Martínez Mottola. Doce años más tarde  lo recuerdo mientras caminábamos por la plaza Brión de Chacaíto tratando inútilmente de convencerme de la "impostergable necesidad" de darle apoyo a Chávez. 
                Esa misma descolocación es la que me tocó vivir en julio del 2007. Aquella vez un poeta y profesor del núcleo Trujillo de la ULA, con su característico ceceo, disertaba frente a un grupo de sus colegas, así como una docente de la Universidad Nacional Autónoma de México. La invitada habló de algunas cosas que veía poco claras en el "proceso" de Chávez. El ilustre pontificó, sin siquiera parpadear, que todas las señales que desde diferentes partes se daban contra los disparates del comandante eterno eran producto de una "guerra mediática". Por supuesto que no me callé. Como tampoco me voy a callar ahora ante los desbarres de una dirigencia patuleca que se empeña en entregarnos al enemigo, y exige que lo celebremos.

© Alfredo Cedeño

jueves, septiembre 14, 2017

OPCIONES Y OPINIONES


      Cada vez que nos enfrentamos a una decisión llegamos a una noche de cielo que revienta de estrellas. En primer momento nos deslumbramos con las más luminosas,  pero en la medida que acostumbramos la mirada lo vemos saturarse de menudos puntos de luz. Cuanto más cerrada es la noche, mayor es la cantidad de estrellas que podemos ver.
        En otros artículos he hecho referencia a la oscurana que vivimos los venezolanos, una noche preñada de pesadillas que aparenta no tener fin.  Pese a ello, o quizás precisamente por tal razón, hay una miríada de opciones que se nos presentan con mayor  o menor brillo, con más o menos permanencia. Y se nos multiplican las opciones.
      Un rasgo, que bien puede ser tildado de arquetipal, en los amos y señores de nuestras pesadillas es la pretensión de hacernos ver,  pensar y sentir según lo que para ellos es el culmen de todos los dogmas. Lo peor es que pretenden,  y lo hacen sin el menor titubeo,  arrojar a desiertos,  destierro y calabozos a quienes no comulgan con sus monsergas desabridas.
       De los "ideólogos" del esperpento rojo ese actuar no es de extrañar,  debiera asombrar si fuera de manera contraria.  Mientras tanto, y como quien no quiere la cosa, del lado acá del escenario vemos cada vez crecer más y más,  como la verdolaga, émulos de ellos. De todo hay,  desde cagatintas faramalleros que a duras penas hilvanan sujeto,  verbo y predicado; hasta "catedráticos" de pomposa actitud que tratan de deslucir a quienes señalan los oropeles que deslumbran en el mar de opciones que tenemos para salir de este marasmo.
       Las estrellas están ahí,  aunque su luz no se vea a simple vista no significa que no existen. Sólo quien aprende a verlas y entenderlas logra encontrar el camino en medio de la espesa noche.  Allá aquellos que se empeñan en seguir  las luces de faroles fatuos.


© Alfredo Cedeño