martes, febrero 09, 2016

PROVERBIO 12


Dicho está y así ha de ser: no vencerán las tinieblas
y así lo demuestra un día tras otro la mañana,
pobre de aquellos que deslumbrados por rojo oropel
sientan que son dueños de Dios, cielo y universo
los veremos rodar inútiles como viejo afiche difunto
y sus lamentos sólo despertarán más ira de la incubada.
Anunciado ha sido y lo hemos de ver: triunfará la luz
con resplandor de centellas en el filo de las hojas limpias
y una suave brisa nos mecerá después de esta tormenta.

© Alfredo Cedeño


sábado, febrero 06, 2016

MIEDO


 
“El miedo es un cuento que inventaron unos, que se creen más avispados que los demás, para dejarnos sin saber la verdad de las cosas”, era la respuesta invariable que me daba mi papá cuando le decía que estaba asustado ante algo o alguien. Su respuesta iba acompañada de una coletilla en la que me narraba su experiencia de medianoche con un gato negro.
Un día él se había quedado, sabrán él y Dios dónde y con quién,  hasta altas horas, y al darse cuenta de lo tarde que ya era, se despidió y agarró camino a su casa que en ese entonces quedaba en La Cabrería, que está en la parte alta de La Guaira. Esa cuesta que en aquellos tiempos era empedrada, al pasar las curvas de La Pólvora, tenía un atajo, o “pica” como las llaman en Vargas, por el que se acortaba un buen trecho de camino. Eran días en los que la ermita de El Carmen daba la hora y sus campanas se oían en todo el pueblo. Cuando él comenzó a subir la vereda, en medio de la cual había una piedra inmensa, ve en la parte alta, debajo de un poste de alumbrado público, un gato negro inmenso. “Cuando lo veo, no te voy a negar que me dio cierto escalofrío, pero ¿qué me podía hacer un gato?, ni que hubiera sido una pantera, a lo mejor un mapurite sí me habría hecho pensarla más. Total que seguí subiendo y veo que el bicho ese empieza a bajar, y en eso comienza el campanario a dar las doce de la noche. Cuando terminaron las campanadas yo había terminado de darle la vuelta a la peña… ¡Y el gato no estaba! Sí, me asusté, mejor dicho Alfredito: ¡Me cagué! Y le dije a la Virgen del Carmen: ¿Será que de verdad me están espantando? Sácame de esta con bien virgencita.  La cosa es, hijo, que uno siempre cargaba una linterna en el bolsillo de atrás, la saqué y me puse a buscar el bendito animal, tenía que estar en algún lado, y mientras le rezaba una Salve a la Carmela, seguí dándole la vuelta a la peña esa. ¡Hasta que lo  encontré! Había un hueco que casi no se veía y el pobre animalito, que estaba más asustado que yo, se había encuevado ahí. ¿Cómo lo iba a ver? Por eso es que le digo, el miedo está para vencerlo, porque si no se empieza  a creer en muertos y La Sayona y cuanta vaina han inventado por ahí, y uno termina temblando como una cucaracha cuando le echan Shelltox”.
Ahora bien, consideraciones paternas aparte, aseguran los especialistas del área que esta emoción se encuentra alojada en el llamado sistema límbico. Como este no es un tratado de fisiología, y lo que se trata es de darle a ustedes unas pinceladas –por favor los conocedores del tema no pidan ahora mi cabeza cual Salomés de nuevo cuño–, resumo que al dispararse un “sistema de alarma” de nuestro organismo ello nos prepara para sobrevivir.  Cuando eso ocurre nuestro sistema nervioso provoca que nos aumente la presión arterial, se intensifique el metabolismo celular, aumente la glucosa en la sangre, así como la coagulación sanguínea y se dispare la actividad mental; al mismo tiempo la sangre se va a los músculos mayores, principalmente a las piernas, lo cual otorgara suficiente energía para escapar si es el caso necesario. En ese momento el corazón comienza a trabajar a una velocidad sensiblemente por encima de la usual, y se produce una transmisión veloz de hormonas a todo el cuerpo; mientras que el sistema inmunológico y todas las funciones no esenciales en el cuerpo, se detienen. En pocas palabras el organismo se prepara para lo que venga: huir o pelear.
Lo cierto es que este sentimiento ha sido abordado por todas las disciplinas del conocimiento, desde lo teológico hasta lo gnoseológico se ha involucrado en tales bretes. La historiadora neozelandesa Joanna Bourke, autora de Miedo: una historia cultural, afirma que el miedo es un efecto colectivo e individual, y asegura haber determinado en sus investigaciones que su principal transmisor actualmente son los medios de comunicación de masas. Utiliza como muestra el pánico colectivo desatado en Estados Unidos en 1938 por la transmisión de La guerra de los mundos en adaptación hecha por Orson Welles. A Bourke le sorprende que los antecedentes de la experiencia de Welles no sean más divulgados, y cita el caso inglés de 1926 cuando la celebérrima BBC de Londres realizó una emisión de similar tenor, pero en esa ocasión el tinglado estuvo a cargo de  Ronald Knox, provocando idéntica oleada de miedo colectivo en el Reino Unido. La autora especula que dicha experiencia fue olvidada, “tal vez por un posterior sentimiento de vergüenza colectiva”. La tradicional flema británica no podía comportarse de otro modo.
Esta autora considera también que el miedo es un arma de dominación política y de control social. ¿No se encuentran familiarizados mis lectores venezolanos con dicha apreciación? ¿Qué es lo que esta pandilla de malvivientes que dice gobernar nuestro país ha utilizado de manera magistral para imponer su tinglado? ¿Acaso se olvidan cuando semanas antes de las elecciones de 1998 el comandante intergaláctico ofreció en Maturín freír en aceite la cabeza de los adecos?, aunque hay cronistas del submundo rojo rojito quienes aseguran que él nunca pronunció dichas palabras y que ellas fueron obra de un imitador.  Lo innegable es que no sólo se dedicó a freír cabezas, barrigas y corazones de los adecos sino del país entero.
Hemos visto cómo el miedo se ha convertido en una perversa política de estado, con la cual una cada vez más grande minoría ha mantenido intimidada a una mayoría avasallada por un ejercicio amoral del poder.  Es una Política de Estado que han desarrollado estos señores en nuestras narices de manera sostenida desde su misma llegada al poder.  El jueves 20 de enero de 2000 Jesús Urdaneta Hernández renunció a su cargo como director de la DISIP luego de un enfrentamiento con el por lo visto momificado José Vicente Rangel. Ese choque se venía gestando desde que Urdaneta había osado detener al hijo de Lewis Pérez, en ese tiempo secretario general de AD, debido a un proceso de importación-exportación de armas de guerra con fines desconocidos. Tal vez el bisoño comandante desconocía los añejos lazos Rangel-Pérez. Lo cierto es que al poco tiempo de abandonar la jefatura de la policía política, este ex militar dio unas declaraciones en las cuales aseguraba que, de ser necesario, Chávez excarcelaría a los delincuentes comunes para emplearlos como fuerzas defensivas de la revolución… Esas palabras pasaron literalmente por debajo de la mesa, y no se le hizo caso alguno.
¿Qué estamos viendo de cierto tiempo para acá? ¿Qué refleja la pranocracia que está viviendo el país? ¿Cómo entender que ante el derroche de ineptitud e ineficacia de la “ministra” Fosforito siga ejerciendo una cartera ministerial? Lo ya dicho: Es una Política de Estado para mantenerse en el ejercicio del poder al costo que sea, y no se perciben respuestas frente a ello, vemos como esa espiral de violencia institucionalizada es la que mantiene el control de nuestra dinámica económica, social y política.  No es solo la ciudadanía quien soporta inerme las arremetidas de esta plaga que a veces luce inextinguible. Son inacabables los testimonios de empresas de todo tenor y dimensiones sometidas a un cerco de secuestros, extorsiones y malandreo hasta lograr su venta a veces por precios irrisorios a “inversionistas” afines al bendito “proceso”; cuando no son sometidos al no menos atrabiliario ¡Exprópiese!, del patán de turno.
 ¿Será que no hay quien cargue una linterna para poder iluminar la madriguera donde se han escondido estos bichitos a gruñir como las fieras que son, más sin la fortaleza del caso, y hacerles salir para que se callen de una buena vez? Por lo visto el cuento que inventaron unos avispados ha logrado dejarnos sin saber la verdad de las cosas…

© Alfredo Cedeño


martes, febrero 02, 2016

PROVERBIO 11


Escuchen a quienes han advertido y todavía lo hacen
sobre esta plaga infinita que tanto nos ha golpeado
y que se ha enroscado en los cuellos de tantos vecinos,
ellos han aprendido a gozar del maltratar al prójimo
mientras dejan que sus bocas sean letrinas sibilinas
y sus manos torvas arrojadoras de dardos pestilentes.
Nada podrá detener las divinas leyes en su rescate
de una inocencia que fue despedazada sin amparos.

© Alfredo Cedeño


sábado, enero 30, 2016

GRACIAS

 Por aquello de que somos según nos criaron, soy profundamente agradecido por todo y a cuantos me rodean. Por ello, me producen urticaria los signos de olvido, de ingratitud o desagradecimiento, o cómo quieran ustedes llamarlo. En anteriores oportunidades he contado acá de mi abuela paterna, la vieja Elvira, a quien debo los primeros intentos que sobre mí hubo para desasnarme.  Con ella aprendí a leer y sacar cuentas, todo bajo un manto de consentimientos infinito que a veces disfrazaba de rigor; sin embargo, supongo que consciente de que no saldría nada bueno de mí sometido a aquella alcahuetería inacabable me mandaron a la “escuelita” de la señorita Modesta.
Ella era una de esas ancianas que en las viejas novelas describían como de piel apergaminada, que iba dejando a su paso un olor que me era muy querido, ya que mi abuela también usaba para bañarse el jabón de Reuter. Su centro funcionaba en una de esas viejas casas coloniales de La Guaira, y allí con voz suave nos enseñaba a un grupo de niños entre cuatro y siete años, vecinos de La Pólvora y el Puente Jesús. Ya en mi casa el machacar sobre agradecer como norma de buena educación era una letanía con la que me levantaba y acostaba. Papá, mamá y mi abuela no cesaban de interrogarme ante cualquier ayuda que me prestaban: ¿Qué se dice Alfredito? Y automáticamente respondía: Gracias, para obtener el consabido a la orden o de nada.

La señorita Modesta a la par que nos enseñaba los principios educativos nos citaba frases de distintos autores. Tal vez la que más empleaba era una que, con su voz característica, nos decía: Esto que les voy a leer es del mayor escritor que ha tenido nuestra lengua y en el mundo, Don Miguel de Cervantes Saavedra, que en su gran obra El Quijote escribió: “–De gente bien nacida es agradecer los beneficios que reciben, y uno de los pecados que más a Dios ofende es la ingratitud.”

Entre muchas otras cosas, esa es una de las que más me ha distanciado siempre de ese furúnculo que llevamos soportando por más de tres lustros.  No es un secreto para nadie que desde sus mismos inicios el difunto comandante intergaláctico, y sus acólitos, han sido unos malagradecidos de tomo y lomo.  Quiero refrescar esta vez algunos ejemplos de lo que digo.

Me contó un viejo trabajador de una de las empresas de servicios ejecutivos que operaban en el aeropuerto caraqueño La Carlota, quien vio en primera fila todo esto, como al comienzo de la campaña electoral de 1998 fue el capitán Henry Hoyos con sus armatostes voladores quien le daba apoyo para algunas de sus movilizaciones. Más tarde fueron las avionetas de Tobías Carrero las que entraron al juego, hasta que un domingo en la tarde, cuando estaban a punto de despegar, por una falla mecánica que tenía el aparato, los pilotos a cargo abortaron el vuelo.

“Hermano, tú no te puedes imaginar la paranoia que tenían esos carrizos con la DISIP, es más vivían asustados. Ese día salieron como si un zorro hubiera caído en un gallinero.  En ese tiempo los Boulton tenían ahí sus vuelos ejecutivos de Servivensa, y eso lo manejaba directamente el hijo del viejo que después secuestraron, Richard Boulton. La cosa fue que al comienzo ellos a quien ayudaron, porque así lo pidió Copei, fue a Irene, pero ese ya es otro cuento. Esa tarde llegó  a esa oficina un tipo de apellido Castillo, que no recuerdo su nombre, con un cuchicheo a pedir un vuelo, y más atrás llega un carro con un misterio y cuatro tipos adentro, ellos se bajan y uno de ellos se encierra en el baño, pero cuando están eso en eso me doy cuenta ¡de que era Chávez! Unos muchachos que trabajaban ahí después me contaron que eso parecía un palo de gallinero y no salió del baño para nada. Mientras tanto contactaron a Boulton y él dio el visto bueno. Desde ese día ellos se dedicaron a darle servicio en exclusiva a Chávez desde La Carlota y a más ningún otro candidato se lo prestaron”.

Me asegura el narrador que en aquellos días era un grupete desastrado donde solo dos de ellos tenían carro propio, uno era Luis Pineda Castellanos, que tenía un Volkswagen y el otro era Diosdado, “con un corcel azul poceta, todos los demás andaban a patica por ahí”.  También asegura que Diosdado, Jesse, Nicolás, “todos esos” eran unos recaderos, “es más, chico, eran unos cachifos, porque ahí los que eran la verdadera sombra de Chávez eran Pineda y el tuerto Andrade, esos eran en los que él de verdad confiaba, a todos los demás los arreaba como le daba la gana”.  En medio de  una de las conversaciones con este viejo hombre del mundo aeronáutico me suelta: “Ahora, eso fue como hasta un mes y medio antes de las elecciones que él gana, porque a partir de ahí esos vuelos eran para los de su comando de campaña y los periodistas, porque él empezó a desplazarse en los aviones de Freddy Cohén, que más de una vez él en persona lo llevó y lo trajo…”

El cuento es largo y espeso, y no los voy a atiborrar con los detalles, no porque me falten ganas, sino por las consideraciones del caso.  Y es aquí donde el desagradecimiento de esta plaga que aún padecemos brilló en todo su apogeo. En el año 2000 Richard Boulton fue secuestrado de la hacienda familiar en Carabobo, y una de las  figuras que más se movió tras bastidores para su supuesta negociación fue el ex ministro Ramón Rodríguez Chacín, quien luego ha demostrado pública y notoriamente sus vínculos con la guerrilla colombiana, que fue con quienes se negoció la liberación del mencionado empresario.  Tampoco está de más refrescar lo que fue la “quiebra” de Avensa, Servivensa y el naufragio del grupo Boulton en su totalidad en aguas oficiales.

Un dato del que poco se habla de esa quiebra es que dicha organización había creado en 1950 la Fundación John Boulton cuyos aportes a nuestro escenario cultural fue más que amplio y generoso.  Me asegura una fuente que dicha fundación tenía unos recursos en Estados Unidos que rondaba los siete millones de dólares, pues bien, cuando se da la intervención de las empresas, no saben cómo, ni cuándo, dichos fondos fueron escamoteados y nadie supo explicar lo ocurrido, lo cierto es que se esfumaron.

¿Necesito refrescarles en el caso del señor Cohén lo que pasó con Sambil de La Candelaria? Insisto, es una larga letanía de poca cortesía para con aquellos que en su momento le tendieron la mano. Ahora bien, que estos señores caigan en ello, creo que era de esperarse. ¿Qué otra cosa podía esperarse de semejante horda de indigentes cívicos?

Para cerrar, y dejar constancia, saludo con inquietud el nombramiento del querido Chúo Torrealba al frente del canal de la Asamblea Nacional. Digo inquietud, por decir lo menos, ya que no puedo dejar de preguntarme: ¿Acaso no es más necesario el trabajo político del coordinador del armatoste ese llamado MUD y delegar en una persona que realmente conozca del manejo de un canal, y pienso en Elsy Barroeta, por ejemplo, para hacer que ese canal realmente sea lo que tiene que ser? Me preocupa porque ha habido varios gestos destemplados del mencionado amigo, el último de ellos su respuesta a la diputada Tamara Adrián, quien calificó de  infortunadas unas declaraciones que emitiera; su expresión al más rancio estilo Juan Charrasqueado fue: “No soy diputado. Soy sec. ejecutivo de la Alianza gracias a la cual Ud. es diputada. Y la agenda es la de la Unidad!” O sea, en otras palabras el ahora perdonavidas Torrealba se jacta de ser quien hizo diputados a quienes integran la Asamblea Nacional. Mal rumbo el que se avizora en estas palabras que en mala hora se escribieron en Twitter. ¿Acaso vamos a seguir con el mismo musiú pero con otro cachimbo?



© Alfredo Cedeño

martes, enero 26, 2016

PROVERBIO 10



Que nuestra palabra sea lluvia que rodee el fuego
y las llamas se conviertan en pétalos,
haremos resucitar en bermejas campanas
la belleza que trataron de arrebatarnos,
danzaremos con euforia en los caminos
e iluminaremos los ojos de quien pase.
Nuestros pasos abrirán las sendas dormidas.

© Alfredo Cedeño