jueves, diciembre 14, 2017

¿ÁNGEL O DIABLO?


            George Gordon Byron, considerado uno de los mayores poetas de la lengua inglesa, pasó a la posteridad como Lord Byron. Él fue autor de una vastísima obra que todavía, casi dos siglos después de su muerte, sigue conmoviendo a sus lectores. En La destrucción de Senaquerib el bardo narra la destrucción de Babilonia, según algunos, o de Nínive, para otros. Sus versos describen con precisión la tragedia que allí ocurrió varios siglos antes de Cristo:
Pues voló entre las ráfagas el Ángel de la Muerte
y tocó con su aliento, pasando, al enemigo: 
los ojos del durmiente fríos, yertos, quedaron,
palpitó el corazón, quedó inmóvil ya siempre".
            El que fuera considerado uno de los representantes por excelencia del romanticismo no rehuía de abordar la desolación en sus letras. Los versos finales del mencionado poema son devastadores: 
Y las viudas de Asur con gran voz se lamentan
y el templo de Baal ve quebrarse sus ídolos,
y el poder del Gentil, que no abatió la espada,
al mirarle el Señor se fundió como nieve.
            Byron al igual que Sófocles, Goethe, Eurípides, Shakespeare, Cervantes, Esquilo,  y paremos de enumerar colosos, legó una obra que supo interpretar y reelaborar el barro para explicar el alma del hombre, de allí su vigencia, así como la de todos ellos. En Las Suplicantes, Eurípides pone en boca de Teseo al dialogar con Adrasto las siguientes palabras: "Creíste en su audacia antes que en los buenos consejos, y eso ha perdido ya á gran número de estrategas". Más adelante es Teseo quien recibe de El Heraldo este parlamento: "En verdad que es odiosa para los grandes hombres la contemplación de un hombre despreciable elevado á las dignidades y conduciendo al pueblo con su palabra, sin haber sido nada antes".
            Es un caudal inacabable de pinceladas que deja al aire las almas de los hombres, van dibujando sus miserias y sus glorias, es un atávico retrato que ellos han ido elaborando al compás de nuestra historia.
            El batiburrillo que ahora trata de explicar lo inexplicable del escenario electoral venezolano del pasado domingo 10 de diciembre, me dispara la memoria a mi abuela, la vieja Elvira, a quien muchísimas veces oí decir que el diablo era un ángel que había perdido la gracia de Dios.  Y de ahí salto de nuevo a Byron y su obra El deformado transformado donde dejó claramente escrito: "El Diablo dice la verdad más a menudo de lo que se cree, pero tiene un auditorio ignorante…".

© Alfredo Cedeño

jueves, diciembre 07, 2017

NO ES QUÉ, ES QUIÉNES


                A fines del siglo XIX Roque Barcia publicó en Madrid el Primer Diccionario General Etimológico de la Lengua Española. Fueron cinco tomos los de la pieza de este andaluz que hizo honor a su gentilicio y llevó a la exageración su obra, algunos la han tildado de mediocre, otros de genial, hay de todo un poco. En estos días que sobre Venezuela planea de manera sistemática la palabra negociación, acudí al tercer tomo del citado libro del mentado autor, y en una de las acepciones de la palabra negociar expresa: "Tratar asuntos públicos ó privados procurando su mejor logro".
                Se supone que desde días atrás en la cuna del merengue y la bachata andan juntos, y quién sabe si revueltos, montescos y capuletos, tirios y troyanos, chavistas y adecos, y cuanto bicho de uña pueda cualquiera imaginarse, tratando la cosa pública venezolana.  No somos pocos los que hemos alertado sobre la naturaleza de unas conversaciones que si por algo han destacado –casi escribo brillado– es por su opacidad. Los consabidos celestinos de rigor han saltado rabiosos a exigirnos silencio clamando por las virginales intenciones de Ramitos, Manolito el de Mafalda (el señor de cejas y Borges), Timoteo "limonero" Zambrano, Delcy Eloina, Jorgito, Elías Jaua, Feliciano y Vicente. Y de los testigos-garantes-fiadores ni hablar.
                Llegado a este punto es bueno decir que quienes hemos dicho que será nada lo que se obtenga de ese conclave de zorros mañosos y bueyes desjarretados, no lo hacemos por meras ganar de jorobar la paciencia o visceral rechazo a los procesos de negociación. No. Lo que rechazamos es a quienes están llevándolo a cabo, repudiamos a los que están sentados en la bendita mesa de negociación.
                Si usted es dueño de una humilde pulpería, accionista de una próspera ferretería o presidente de una exitosa franquicia, y pone a que le cuide la caja a un pícaro que se trajea de sacristán, al darse cuenta de sus bellaquerías lo menos que hace es darle una tunda de palos. Pero si usted insiste en mantenerlo al frente de sus finanzas es un imbécil que merece ser saqueado a conciencia.
                Por cierto, Barcia en la primera definición de la palabreja dice: "Tratar y comerciar, comprando y vendiendo ó cambiando géneros, mercaderías ó valores para aumentar el caudal." ¿Cuántos cheques estarán cambiando de manos sobre, o por debajo, de la mesa dominicana para aumentar el caudal de unos cuantos vagabundos que bien sabemos cuáles son?

© Alfredo Cedeño

miércoles, noviembre 29, 2017

ESPECTADORES SILENCIOSOS



                Nuestra angustia vital, nuestro país, nuestra cuna primaria, han querido convertirla en un vaudeville de fonda de mala muerte. Y sus autores, entiéndase la casta política criolla, han logrado cautivar, cual Delia Fiallo repotenciada, a una audiencia significativa. Destacan los pensantes, aquellos que miran, reflexionan y expresan su más entusiastas encomios a los creadores del bodrio que se pretende soportemos estoicamente. Voces adustas nos echan en cara a quienes alertamos sobre el desastre y exigimos que al menos la justicia alguna vez sea una realidad nacional. También hay quienes pretenden ser mordaces o juegan a ser irónicos, sin comprender el papel de viejas celestinas que juegan en tan infausta puesta en escena.
                A ese irreductible club de seguidores de las estrellas en cuestión no les importa que la Fiallo haya sido superada años ha por José Ignacio Cabrujas, Salvador Garmendia, Julio César Marmol y Boris Izaguirre, entre muchos otros. Ellos aseguran que Cristal, Leonela y Esmeralda son la mejor demostración de lo que es la verdadera manera de hacer televisión; y que La Dueña, La hija de Juana Crespo y La Dama de Rosa, son veleidades de unos comunistoides que aprendieron a hacerle guiños a Konstantin Stanislavski gracias  a las musarañas importadas por Enrique Porte al mundo actoral venezolano.
                Hay momentos en que me siento como si fuera un vecino sonámbulo que se da cuenta de que a lo lejos se desarrolla un fuego que amenaza con incendiar las casas del vecindario. De inmediato brincan rabiosos los corifeos a acusarme de alarmista y me desean hasta que un cardumen de pirañas me coma las partes pudendas. Lamentablemente, ese grupete de fanáticos ni de vaina agarra un balde para tratar de echarle agua al fuego y te enrostran por qué no te ocupas de apagarlo. De lo menos que eres tildado es de indolente. 
                Por lo visto se aspira a que guardemos estoico silencio, y no faltan aquellos que exigen que aplaudamos a rabiar y expresemos de viva voz nuestro total respaldo al elenco de turno, y hasta hay los que exigen que mantengamos tan encomiable actitud para con quienes aspiran a sustituirlos. Caso contrario eres un traidor redomado que no tienes sino oscuras motivaciones en tu empeño de tratar de hacer ver que todo está en llamas. No falta quien te acusa de cómplice de la reata de  pirómanos que han propagado la candela por cada rincón.
                ¿Callar? No es una acción que aprendí a realizar, sólo queda aguantar la tunda de los celosos seguidores del adefesio en cuestión y seguir alertando. Ya se verá a los más encendidos derramar lágrimas de cocodrilo cuando el fuego les empiece a calentar los pies.
               
© Alfredo Cedeño