jueves, noviembre 16, 2017

SIGUEN CON LA CANTALETA

            Escribo con tristeza,  con amarga tristeza, con desolación. No hay manera de entender la incuria y vesania con la que se conducen las élites dirigentes. La pestilencia que arrojan todos es insuperable. Aún más incomprensible es la pose fatalista, cual damisela de folletín del siglo XIX, de cierto sector de la colectividad que se empeña en seguir a los mismos bueyes  desjarretados de siempre. ¿Será que, en efecto, tenemos la dirigencia que merecemos?
            ¿Qué pensar ante argumentos sesudos y razonados de gente, que uno presume bien portada, tratando de justificar candidaturas a alcaldías y demás migajas de poder que la satrapía roja está otorgando a los lameculos de turno? ¿Hasta cuándo será que oiremos la cantaleta de que las derrotas ponen al desnudo al régimen? ¿Más? ¡Llevan años con el rabo al aire!
            Y en sincronía con esa argumentación se apuesta a la ayuda supranatural externa, muchos tienen sueños húmedos ante la perspectiva de una invasión de rubios centuriones, o de la llegada de un batallón de funcionarios trajeados a la usanza de Matrix que toman por asalto las instalaciones públicas y corrigen todos la sarta de estupideces cometidas por esta incorregible recua de asnos que por casi veinte años ha pastado en el erario venezolano.
            Ambas opciones han demostrado su inutilidad a lo largo del tiempo. ¿Acaso pudo hacer algo la temible legión romana en los bosques de Teutoburgo en el otoño del año 9 de nuestra era?  Una alianza de los pueblos germanos, encabezada por el querusco Arminio, hizo polvo al ejército imperial que era comandado por el todopoderoso Publio Quintilio Varo.  ¿Es necesario recordar tiempos más recientes y la derrota del "imperio" contemporáneo en las selvas de Vietnam? En cuanto a la otra posibilidad es imposible dejar de pensar en las sanciones solicitadas por Venezuela en 1960 contra el dictador dominicano Rafael Trujillo, quien estaba involucrado hasta la cacha en el atentado dinamitero contra Rómulo Betancourt en Los Próceres.
            La OEA y la oblea, Perencejo y Segismundo, condenaron al carnicero sin resultado alguno. Fue la decisión y coraje de un grupo de dominicanos los que lograron hacer salir del juego al hijo de su bendita madre. Los pomposos organismos se limitaron a seguir condenando abusos urbe et orbi al compás de martinis secos, cuando no de escocés, acompañados de los entremeses de rigor. 
            Es larga la lista de los claudicantes y de sus tinterillos de alto coturno, corto será el disfrute de sus charlatanerías. Lamento de antemano, por aquello de la caridad, la cuenta que el país entero les pasará, y sé que la generosidad venezolana será estricta en la ejecución de la hipoteca que ha creado esta bandada de cuervos.

© Alfredo Cedeño

miércoles, noviembre 08, 2017

HIJOS DE CAÍN

   

            Del "indio" Daniel de Barandiarán, el vasco más venezolano que ha existido, aprendí que la historia es la mejor herramienta para evitar ser un erial sin arraigo. Sin raíces la tierra queda expuesta y el más exquisito vergel termina convertido en un  desierto. Son legiones de personas que en Venezuela han jugado, por muchísimo tiempo, a dejar nuestras raíces expuestas a la más feroz erosión, poco les importa que nuestro paraíso se convierta en la antesala del infierno.
            Sin embargo, es necesario decir que esa pesada rémora no es una virtud exclusiva de la tierra de Bolívar.  Es una condición con la que arrastramos desde nuestros mismos comienzos. En 1492 el almirante Colón llegó con una pandilla de desarrapados, hambrientos de pan y glorias, a nuestro continente. En breve había enloquecido y se creía la versión resucitada de Jesús y bien sabemos cómo terminó. Luego fue el turno del aragonés Francisco de Bobadilla, quien en dos años como gobernador de La Española hizo una ingente fortuna, la cual bien poco le sirvió a la hora de naufragar cuando regresaba a España.
            Bobadilla fue sucedido por fray Nicolás de Ovando, quien además de cura era caballero de  la orden de Alcántara, y este curita, seguramente maloliente y apestoso a cirios, sudores mal lavados y sahumerios medievales, hizo caso omiso a las voces que le alertaban de la inminente llegada de un huracán a lo que hoy son costas dominicanas, y obligó a zarpar su flota de regreso a la península. Desapareció entera. Ovando no solo acabó con esos navíos y fortuna sino que vejó a conciencia a Ojeda, Cortés y Pizarro en las nacientes calles de Santo Domingo.
            De esas cepas venimos, somos hijos del odio y el resentimiento, del quítate tú que ahora vengo yo. Fue así como vemos que Bolívar traicionó a Miranda y todo se olvida en aras de unos supuestos logros. Nos hemos dedicado a consagrar la ley del más "vivo". La astucia es la reina de todo y todos,  solo unos pocos no le rendimos pleitesía. Pese a ello han surgido a lo largo de nuestra vida nacional gente de valores y sólidos principios.
            No puede uno imaginarse a Ana Luisa Llovera en plena dictadura de Pérez Jiménez postularse a gobernadora de su Guárico natal. ¿Alguien se puede imaginar a Andrés Eloy Blanco en similar momento peleando por ser candidato a la gobernación de Sucre, o a Raúl Leoni por Bolívar o al "gallo" Salom Meza Espinoza lanzándose a la alcaldía de Sucre? La historia enseña que es la estatura moral lo que diferencia  a unos hombres de otros. Es el amor al país y el respeto incondicional a su gente lo que separa la paja del grano.


© Alfredo Cedeño