miércoles, febrero 14, 2018

INTOLERANCIA DESARMADA



Cada día es más frecuente el lloriqueo de los miembros de la élite roja ante los "escraches" a que son sometidos sus familiares y ellos mismos en diferentes ocasiones tanto en lugares públicos como en locaciones extraterritoriales. Las redes sociales, unas veces ensalzadas, otras satanizadas, han suministrado abundantes testimonios de tales expresiones ciudadanas. Entre las más divulgadas recuerdo ahora la de la hija del jefe de delegación dialogante en la cuna de la bachata, quien fue encarada en las calles de una localidad australiana.
Así como a la hija del psiquiatra, ahora ensalzado como el "más culto del régimen", pero no menos cínico ni alevoso, también han pasado por tales sofocos el propio padre de la mencionada criatura. A él le tocó en las calles de México. Otro que recibió su ración de rechazo fue el grandilocuente y no menos vil Roy Chaderton en las calles de Madrid; igual le tocó al ahora expulsado Mario Isea. También en España, Barcelona, le tocó a Maripili Hernández. En Suiza al embajador venezolano le dieron su ración en un supermercado. El ex hombre fuerte del petróleo y ahora estigmatizado por los propios chavistas, el dojo-dojito Rafael Ramirez, fue encarado en un exclusivo restaurante de carnes en territorio norteamericano. Y no son los únicos que han recibido dicho tratamiento.
Tales métodos no son exclusivos fuera de las fronteras. Varios años atrás el galán Roque Valero lo vivió en un centro comercial de Los Naranjos. Igualmente vimos las imágenes de una rectora electoral en una carnicería, de las de verdad no comicial de esas que a ella y sus colegas les encanta llevar a cabo, ser confrontada por un grupo de amas de casa. La verdad es que en el territorio nacional es poco probable que tales manifestaciones se puedan llevar a cabo por que desde el más humilde funcionario maduro-chavista se desplaza con una horda de malandros empoderados como escoltas quienes agreden desproporcionadamente a quien ose decir siquiera ñé en los alrededores del personaje de turno.
No han faltado quienes han condenado dichas acciones por considerarlas poco edificantes y condenan fervorosos el acoso personal al que son sometidos funcionarios y familiares. ¿Hay proporción entre la violencia organizada que se ha ejercido a lo largo de estos años contra todo el país y los gritos que se le den a esta horda de zánganos que ahora pretenden vivir como príncipes sauditas con lo robado en Venezuela? ¿Hay acaso simetría entre el lanzamiento de un bazukazo contra el refugio de Oscar Pérez y las informaciones de las andanzas dadas a conocer por la plataforma digital sobre la fauna roja?
Aunque parezca mentira, sobran de este lado del escenario quienes defienden a las "pobres víctimas de la intolerancia". ¿Tenemos que seguir poniendo las mejillas y nuestras humanidades para que prosigan saciando su sadismo la tropa de malvivientes? ¿Frente a la violencia estoicismo?

© Alfredo Cedeño

jueves, febrero 08, 2018

CIELO DE BIENAVENTURANZAS


                El viejo trapo del desespero es agitado una y mil veces en nuestras caras, lo mueven de un lado al otro con sádica pericia, buscan derribar los aparentemente escasos rasgos de dignidad que sobreviven en nuestra tierra. Han sabido disfrazar ante el mundo su sevicia revistiéndola de irreverencia. Sobran quienes reconocen su fascinación por un Chávez que enfrentó a los "gringos" y los puso en su lugar. Poco les importa lo que los hechos muestran, no tiene importancia su manifiesta incapacidad para realizar el delicado ejercicio del poder al servicio de la colectividad que le otorgó tal investidura.
                La clemencia para con el comandante eterno ha sido extensiva a sus herederos. Nada significan las muertes a mansalva ni los niños moribundos de hambre, o los enfermos desahuciados por la falta de un mísero antibiótico.   Todo está permitido para quienes dijeron a los dueños del "imperio" las cosas en su cara. La venta de petróleo y las compras de los derivados petroleros a los "gorilas" del norte no son puntos que considerar. La admiración condona cualquier barbaridad pese a sus costos en vidas, después de todo ya Fidel dejó una larga secuela de atropellos exonerados en aras de la "autodeterminación".
                A pesar de los pesares Venezuela no ceja, y mientras sus dirigencias, las de ambas aceras, se empeñan en repartirse los mendrugos de la que fuera la suntuosa mesa de Latinoamérica, son canes rabiosos que no dejan de lanzarse feroces dentelladas en su disputa por unos retallones cada día más escasos; el país restaña sus lastimaduras y prosigue, sigue entregando su ofrenda de vidas y voluntades, con la absoluta firmeza de saber que solo el esfuerzo genera bienestar y futuro.
                 Venezuela no necesita palabras esperanzadoras, ella toda es una esperanza infinita que no deja de retoñar pese al estío que se ha cebado sobre sus confines. La dolorosa diáspora es una hemorragia de afectos que cada día se extiende más, éxodo que no ha perdido el sentimiento de justicia para enrostrar a los parásitos que ahora pretenden instalarse pomposamente en el primer mundo a gozar del dinero robado al país.
                Venezuela no necesita solidaridad ni diletantes jugando al oficio de gobernantes. El país al que pocos quieren oír, al que la Iglesia no deja de acompañar y hacer suya su voz para multiplicarla y hacerla más poderosa, tampoco clama por Mesías de nuevo cuño. Venezuela  sólo necesita una llovizna tenue de libertad para que vuelvan a crecer nuestros araguaneyes en delirante contraste con nuestro cielo de bienaventuranzas. Por eso, mi país está fabricando sus propias nubes para regar sus tierras ahora yermas.

© Alfredo Cedeño

jueves, febrero 01, 2018

¿AUTO DE FE COLECTIVO?

 
                El cansancio mina la humanidad más sólida, la vuelve un guiñapo en poco tiempo. La soledad es una tenaza aniquiladora, desmorona con implacable eficacia aún al más ermitaño de los seres.  Cansancio y soledad forman un binomio aterrador, son cabezas de una serpiente capaz de inmovilizar a cualquiera que caiga en medio de ellos. Es una pinza que se ha empleado despiadadamente por muchas culturas en numerosas ocasiones.
                Una de sus manifestaciones más conspicuas es la hérem, que es la mayor censura eclesiástica judía y que acarrea para el que la padece su exclusión de su comunidad, y lo convierte en un apestado. Uno de los casos más famosos de su aplicación fue la que se emitió el 27 de julio de 1656 en la que se anuncia: "Expulsamos, execramos y maldecimos a Baruch de Spinoza, con la aprobación del Santo Dios y de toda esta Santa comunidad, ante los Santos Libros de la Ley con sus 613 prescripciones". No contentos con ello cerraban la ordenanza con la siguiente perla: "Ordenamos que nadie mantenga con él comunicación oral o escrita, que nadie le preste ningún favor, que nadie permanezca con él bajo el mismo techo o a menos de cuatro yardas, que nadie lea nada escrito o transcripto por él".
                Sin los galones de Spinoza, de cuyos aportes al pensamiento humano no hay discusión posible, han surgido en los últimos tiempos operadores políticos con pretensiones filosóficas, así como viejos celestinos oficiosos, a tratar de aplicar una suerte de hérem a todos quienes hemos cuestionado de mil y una maneras el bendito diálogo que a troche y moche nos tratan de imponer, cual enema decimonónico, para curar todos los males que Venezuela padece.
                Ahora que la Conferencia Episcopal Venezolana recoge, de manera clara e inequívoca, el sentimiento de su grey y dice en su más reciente comunicado: "La dirigencia de los partidos políticos ha sido en muchas circunstancias deficiente e incoherente. Deben abrirse a buscar un consenso con los diferentes sectores de la sociedad…". ¿Acaso los alcahuetes, las viudas y oficiosas plañideras de la "oposición democrática" señalarán a los obispos de traidores a la patria y colaboracionistas con la pesadilla roja?
                La Conferencia Episcopal Venezolana está diciendo lo mismo que desde hace largo tiempo venimos diciendo de una manera y otra, y cada día en mayor número, respecto a los bueyes cansados que padecemos como líderes.   Si vemos en la televisión internacional a un prospecto de patriarca en decadencia dándose golpes de pecho por lo culto que es Jorge Rodríguez, ¿qué no se puede esperar de esta descastada casta que nos ha sumergido en este albañal donde estamos desde hace 18 años? ¿Tal vez exigirán para todos nosotros, obispos incluidos, la excomunión, o la resurrección de la Inquisición para que seamos incinerados en fogata pública? ¡Es que ni vergüenza tienen!

© Alfredo Cedeño

miércoles, enero 24, 2018

CONFIANZA EN VENEZUELA


                La esperanza es el leve hilo que nos une a los misterios vitales, nos hace creer muchas veces de manera irracional en la posibilidad de que nuestros anhelos se hagan realidad. Los cínicos, en su moderna definición, nada que ver con  Antístenes y Diógenes, suelen sonreír de medio lado y zanjar la discusión con la nada sutil frase: Deseos no empreñan. Pero, pese al desplante, las ilusiones no cesan de crecer en nuestro interior. Algunas veces se descarrilan y surgen los ludópatas, se van con alma, vida y corazón a las patas de un caballo, o a determinada combinación de números. Otras se van atrás del primer charlatán que les dice lo que quieren oír. Las variaciones son infinitas.
                Y en estos tiempos de posmodernismo superado y de, sabrá Pepe, cuál otra corriente se andará gestando por esos mundos de Dios, nuestra confianza en la bondad se impone. No es de nuevo cuño aquello de que Él aprieta pero no ahorca. Un hermoso refrán japonés asegura que es mejor viajar lleno de esperanza que llegar.  Martin Luther King dijo que si lograba ayudar a una sola persona a tener esperanza, no habría vivido en vano.  En la otra acera el bigotudo Friedrich Nietzsche aseguraba: "La esperanza es el peor de los males, pues prolonga el tormento del hombre".
                ¿Se puede seguir teniendo esperanzas en Venezuela o es caer en el plano de ilusos? Cuando el capitancito Cabello sale anunciando elecciones en abril y un connotado "dirigente" opositor responde con la consabida cantaleta de que el chavismo podría perder en las elecciones presidenciales que se realizarán antes del 30 de abril de 2018, confieso mi incapacidad de tolerar semejante imbecilidad. ¿Cómo se puede ganar en un escenario que el madurismo y sus pandilleros tienen controlado de manera absoluta? ¿En qué cabeza cabe semejante disparate?
                Pese a las pesadillas que nos rodean, la que gobierna y la que pretende sucederles con aires de monaguillos benedictinos, creo en mi país con fe ciega.  En la carta a los hebreos, achacada a san Pablo, y sobre cuya real autoría hay una larga discusión, encuentro un versículo que me explica por qué sigo haciéndolo: "Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve". Es mi certeza de que esos "líderes" serán sentados al lado de los autores del actual desastre por su omisión y celestinaje. También estoy convencido de la acrisolada fortaleza venezolana que se impondrá sobre la corte de saltimbanquis, bufones y demás funámbulos que nos ha tocado padecer en estos lamentables tiempos.

© Alfredo Cedeño