sábado, julio 23, 2016

A PROPOSITO DE PÉSAMES Y TRAPISONDAS

                 La condolencia por la muerte de un ser querido es universal, es así como han surgido diferentes palabras para expresarlo. En nuestro idioma el término acuñado, y que sobrevive puesto que es una forma en desuso esa de colocar el complemento indirecto luego del verbo, es pésame, en vez de me pesa, y dicho vocablo contiene todo un rito para expresar la solidaridad para con aquel que ha perdido un ser querido y cuya expresión verbal por excelencia es: Te acompaño en tus sentimientos. Esta manifestación de humanidad para con el doliente es muestra de apoyo en ocasiones dicha por mera cortesía, a veces fingida, otras por política o conveniencia, pero siempre dicha en esos terribles momentos, hasta a los extraños.
                La crispación que ahora vive Venezuela ha modificado hasta nuestros modales sociales. ¿Qué diría el señor Carreño? (El del manual, no el señor aquel, apureño de Mantecal, que fue capitán golpista, y ahora es “doctor”, amante de las corbatas Louis Vuitton y zapatos Gucci.) ¿Cuándo nos naufragó la urbanidad? ¿Dónde se nos extravió la solidaridad? ¿En cuál punto del camino se nos quedó olvidado el civismo?
                Hago esta reflexión al ver la frialdad y hasta regocijo con que se recibió la noticia de la muerte de Aníbal Chávez y la dureza con que enrostraron a su madre, como si ya no la hubieran estado mentando en todos estos años lo suficiente,  hasta casi responsabilizarla de la muerte de su hijo.  Hubo cartas públicas redactadas con enjundia para mal disimular una inquina que en nada honró a quienes las escribieron. Pobre mujer. Ahora le achacan la muerte de su hijo como antes le insultaban, por las redes sociales siempre, por andar cual París Hilton con un perrito a cuestas. Quién sabe si lo llamó Fifí o le dio por ponerle el nombre de su suegra, pero se dio el gusto de sentirse que ella, por fin, había dejado de ser una campesina.
                Sobrarán aquellos que me acusarán de colaboracionista, lo cual me queda grande porque creo que como Philippe Pétain nunca habrá otro hijo de su madre, o de vendido, o de cualquier otra lindeza por similar estilo. Pero, no puedo dejar de preguntarme: ¿Estos guerreros valerosos que ahora se ceban sobre esta mujer destruida acaso gritan y patalean con similar vigor ante las trapisondas de personajes como Henry Ramos Allup con la godarria roja madurista? El ahora flamante presidente de la Asamblea Nacional aparece con su cara bien lavada y perfumada, me imagino, alabando al grupo que encabeza el españolete Zapatero, y casi que se declara fecha patria a conmemorar. Por lo visto es más fácil arremeter contra la matrona caída, que contra el pico de plata que está de moda.
                Imagino a misia Elena, para quien ya no hay aviones oficiales y particulares a su disposición, como en las primeras fotos que de ella se conocieron cuando su adorado Hugo Rafael intentó el golpe de estado frustrado. Tal vez vistiendo de nuevo su vestido de flores sin mangas, con cintillo de plástico atrapando su cabello crespo, mientras ve la cámara arrellanada en una poltrona de su casita en Sabaneta. Lejos de aquellas otras donde aparece, años después, de piel tersa, lentes oscuros, cartera envidiada por aquellas que de costosas marcas saben, luciendo enormes prendas en sus orejas, y escasa de dedos para portar más anillos de los que seguramente le regalaba más de un lambiscón interesado. La imagino desolada y quién sabe si estos años de roce con el poder la hayan enseñado siquiera a leer algo más allá de Corín Tellado. ¡Quién sabe!, a lo mejor nos sorprende a todos y la encontremos leyendo a Shakespeare y regresando una y otra vez al dialogo de Hamlet: “Ser o no ser, esa es la pregunta: ¿qué es lo más noble para el espíritu, sufrir los golpes y dardos de la escandalosa fortuna, o tomar las armas contra un mar de problemas, y enfrentarlos hasta acabar con ellos? Morir, dormir, no más…”
                Independientemente de quien sea ahora, señora, le digo de veras: Mi más sentido pésame, usted no es más que otra pieza, ahora sacrificada, de un juego perverso donde la gentileza no tiene espacio, vivimos tiempos de bellacos y cartas marcadas, lejanos están aquellos en que la cortesía no mermaba la valentía de quienes hasta se jugaban la vida por darnos libertades, aún más distantes los valores cristianos en que crecimos, y mejor ni le explico que ahora el manual que prevalece es el de Carreño, Pedro Miguel, no el de Manuel Antonio. Que sus hijos descansen en paz, la que no supieron darnos.

© Alfredo Cedeño

sábado, julio 16, 2016

¿DIÁLOGO?


Comenzando la década de los años 80 el poeta y periodista argentino Osvaldo Ferrari llevó a cabo una serie de conversaciones en la radio con su paisano Jorge Luis Borges. En una de esas pláticas el maestro le dijo: “El diálogo tiene que ser una investigación y poco importa que la verdad salga de boca de uno o de boca de otro. Yo he tratado de pensar, al conversar, que es indiferente que yo tenga razón o que tenga razón usted; lo importante es llegar a una conclusión, y de qué lado de la mesa llega eso, o de qué boca, o de qué rostro, o desde qué nombre, es lo de menos”.
Recuerdo estas palabras al oír en estos días el sonsonete en que se ha convertido hoy dicha palabra. Uno oye diálogo por aquí, diálogo por allá, diálogo acullá, diálogo por acá, y en esa cantaleta se nos va la vida mientras la asnatura roja aprieta cada día más y más el cepo. Es mucho lo que se ha dicho y escrito desde los de Sócrates y su discípulo Platón a fines del siglo IV antes de Cristo. El honorable mataburros de la Real Academia Española explica que dicha palabra proviene del vocablo latín dialŏgus, quien a su vez lo hace de griego διάλογος; y en su primera acepción lo describe así: “Plática entre dos o más personas, que alternativamente manifiestan sus ideas o afectos”. También dice en su tercer apartado que es: “Discusión o trato en busca de avenencia”.
En esta mala hora que sobrellevamos, han querido convertir esta bendita palabreja en un dogma que ni la eternidad de Dios que consagran con aquello de que “Dios no tiene principio ni fin”; ni qué hablar de la Santísima Trinidad que, tal como establece San Juan en su primera carta, la integran “el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo, y estos tres son uno”; es que ni se le acerca a aquello de que “Cristo subió en cuerpo y alma a los cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre”. Los anatemas y excomuniones a quienes pedimos información sobre el asunto -o tal como dijo en su momento el ahora prócer Luis Miquilena ¿con qué se come eso?- no se hacen esperar. La letanía comienza con la más benévola de las mofas: ¡Antipolítico!, que te lo dicen así como si te dijeran ¡Pupú de perro! De ahí en adelante la quincalla retórica los convierte en una suerte de Paquita La Del Barrio y entonan: 
Rata inmunda, animal rastrero
Escoria de la vida, adefesio malhecho.
A partir de ahí son como Buzz Ligthyear, llegan al infinito y más allá.  Y uno se queda así como apendejeado –más de lo que ya es–, y piensa, pero si lo único que estoy preguntando es quiénes, y a santo de qué, son los que van a dialogar.
                Uno oye que van a hacerlo y se imagina al ilustre Diosdado, con esa apariencia batracia que ahora exhibe, sentado al lado del no menos insigne Timoteo Zambrano, cuya facha dista muchísimo de aquella que exhibía cuando era estudiante del Jesús Obrero en Los Flores de Catia, y la verdad que da como escalofríos. Debo confesar que lo hago y de manera instintiva me sobrecojo y llevo de forma casi convulsa la mano a mi bolsillo para cerciorarme de que mi cartera sigue ahí, flaca, arruinada y desperrugida, pero mía y en mi pantalón. Porque no me van a negar que, por más que pretendan ungirlos ahora en Donald y Tribilín, ambos personajes son pesadillescos. 
Se escucha decir sobre la necesidad del diálogo y otra imagen que me tortura es ese ahora protohombre de la civilización democrática, Henry Ramos Allup, quien en estos días hasta aparece a medianoche en las Mercedes comiendo perros calientes y al que en cualquier momento veremos, como le gustaba hacer en la sala de café del hemiciclo, abrirse la camisa para que todos vean la cicatriz de su operación de corazón; y lo pienso arrellanado junto a ese otro digno representante de nuestra casta política el inefable Nicolás Maduro. Cuando eso pasa no puedo dejar de correr a chequear por internet que mi anémica cuenta sigue teniendo los dos centavos y medios con que la suelo mantener.
Cualquiera podría decir que son meras ganas de echar vainas por parte de uno, pero al leer que en Carabobo, durante una sesión ampliada del egregio Comité Ejecutivo Seccional de Acción Democrática, su directiva anunció que promueven la candidatura de Henry Ramos Allup a la presidencia de la República y la de Rubén Limas a la Gobernación de Carabobo, ¿qué se puede pensar?  Y es cuando empiezas a preguntarte: ¿en todo esto del fulano diálogo, quién habla con quién? Y al final del camino encuentras que tanto cuestionar la opacidad del régimen para estar en las mismas, aquí cada quien habla con quien le sale de sus reaños y nos exigen obediencia y docilidad absoluta y, reitero, ay de aquel que ose asomar la mínima pizca de crítica: de inmediato tiene su Gólgota asegurado.
Ya dando cierre a esta nota reviso, una vez más, el diccionario de la Real Academia Española y al final de la definición de la palabra en cuestión encuentro la mención: diálogo de besugos, la cual explican así: “Conversación sin coherencia lógica”. La memoria en una de esas maromas que suelen hacer me conecta con un muy joven Robert de Niro interpretando a Travis Bickle, en la inolvidable película Taxi Driver; allí hay una escena gloriosa, en la que el actor aparece conversando consigo mismo ante un espejo. En un momento de su soliloquio se esconde en la manga derecha de su chaqueta militar una pistola, se contempla en el espejo, y con gesto fanfarrón dice por tres veces el ya icónico: “You talkin´ to me? (me hablas a mí?)”; antes de girar la cabeza mirando alrededor sabiendo perfectamente que está solo, y que todo es un falso diálogo.
Hay autores a los que uno siempre termina retornando porque ellos supieron interpretar a cabalidad al ser humano, Shakespeare es uno de ellos. Ahora mismo recuerdo de su obra Julio César, cuando pone en boca de Cicerón, mientras dialoga con Casca, este parlamento: “Pero los hombres pueden interpretar las cosas a su manera, contrariamente al de las cosas mismas”. ¿En aras de qué ahora debemos soportar estoicamente que un grupete, el de siempre, nos interprete a su manera, contrario al sentimiento y necesidades del país mismo?

© Alfredo Cedeño

sábado, julio 09, 2016

SU HONOR POCO SE DIVISA

 El Dào Dé Jīng, también llamado Tao Te Ching, o Tao Te King, cuya autoría se atribuye a Lao Tsé,  Laozi o Lao Tzu, es considerado el texto angular para el taoísmo y el budismo. A sus fuentes han acudido infinidad de personas a buscar soporte e inspiración para sus búsquedas y “batallas”. En el capítulo 69 de dicho texto hay una frase que trato de recordar siempre –pese a no tener más adversarios que mi propia e impenitente inocencia, por no decir pendejera, al ver el mundo­– por lo acertada que le considero, y reza así: “No hay peor desgracia que subestimar al enemigo, si lo hago pongo en grave peligro mi tesoro”.
Otro compilador chino, Tzun Tzu, explicó en El arte de la guerra: “Cansa a los enemigos manteniéndolos ocupados y no dejándoles respirar”. Hoy hago referencia a estos autores o compiladores, todavía no se ponen de acuerdo los especialistas en cómo calificarles, al observar el despelote que innegablemente reina en la Venezuela de mis tormentos.
No pocas críticas y choques me trajo cuando me opuse a que se tratara de despachar a Chávez con el muy candoroso, rayano en lo naïf, argumento de lo bruto que era. Lo mismo ocurre ahora con su heredero, a quien se ha señalado hasta el hastío de chofer de metrobús y de un tiempo para acá de ser colombiano, y mientras tanto el bigotudo empoderado nos sodomiza sin contemplaciones de tipo alguno. El difunto ahora galáctico, y espero que no sea cierto aquello de que habremos de regresar del reino de los muertos, así como el marido de la primera combatienta han hecho durante más de 17 –die ci sie te– años exactamente lo que les ha dado la gana, y pese a proyecciones  económicas, políticas, sociales y hasta astrológicas pretenden seguirlo haciendo hasta que se les antoje.  Es lo menos que uno piensa al ver las jugadas hechas en el tablero militar el pasado jueves 7 de julio.
Hasta ese día no pocas quinielas daban por ganador de la cartera del ministerio de la defensa al general Néstor Luis Reverol Torres, quien se oía decir contaba con el apoyo de Tareck el Aissami y que pese al soporte que daba el inefable Diosdado Cabello al almirante Franklin Montplaisier, sería él quien iría a comandar los destinos castrenses nacionales. Naranja china, limón francés. La cara de estupor mostrada por el marabino cuando anunciaron la ratificación de Padrino y su salida de juego fue de antología. Sin embargo, he de confesar, la estupefacción fue mayor para quienes conocen las interioridades de la llamada cuarta pata de las Fuerzas Armadas Nacionales, la pregunta reiterada que se oyó por todas partes, al oírse el nombre del sucesor, fue: “¿Benavides Torres?”
A todas estas, ¿quién es este individuo y de dónde salió? Debo escribir que este ser siempre ha descollado por su incompetencia. Recuerden lo que he dicho en otras oportunidades: en el escenario rojito no hay mejor manera para ascender que hacer gala de inepto. El ahora flamante comandante general de la fuerza fundada por el general Eleazar López Conteras en 1937, originalmente debía formar parte de la cohorte de la promoción Batalla de Araure 1984; pero por inteligente perdió una materia en el último año por lo que fue echado, para luego reingresar al año siguiente y es por lo que aparece en el puesto 28 de 113 egresados en la promoción Batalla de San Félix II de 1985.  Eran tiempos cuando desempeñaba la presidencia de la república Jaime Lusinchi, el director de la EFOFAC era el general de brigada Florentino Galaviz Jara y el comandante del cuerpo de cadetes el coronel Valmore Rodríguez Lares, por cierto primo de la periodista Idania Chirinos.   
Los compañeros de aquel “teniente de una estrella” no lo reconocían como muy inteligente que se dijera, pero era un hombre tenaz y que destacaba por sus dotes físicas. Su apego a la democracia cuartorepublicana fue a carta cabal y ello lo llevó a ocupar diversos cargos a lo largo de su carrera “demostrando idoneidad y apego a la constitución, leyes, ética y deber militar”.  Así las cosas este ahora “mayor general”, recién salido del rango de capitán fue trasladado al regional 9 en la región de Guayana, y allá destruyó a tiros una embarcación con tripulantes y pasajeros a bordo. El escándalo fue antológico y el general a cargo del CORE 9, junto al general del Ejército en el área decidió interponer sus buenos oficios para lavarle la cara al oficial de nuestro cuento.
Al poco tiempo, creo que ya en pleno delirio rojo, fue enviado al curso de comando y estado mayor en la, ¡Oh sorpresa!, Escuela de las Américas en Fort Benning, Georgia, por supuesto la del malvado imperio. Allá, para los malvados evaluadores americanos, el coeficiente intelectual del cursante no calzaba las botas necesarias para aprobar el curso, y lo coletearon en el examen más importante de todos, el de operaciones. En esa oportunidad de nuevo fue salvado por la negra mano de la suerte, ya que en esa institución es norma observada que ante materia aplazada el estudiante queda expulsado; pero… por ser un oficial extranjero no podían botarlo, así que le entregaron el examen para que lo respondiera en casa y allí los entonces tenientecoroneles Rojas Sarurbi y Sanfiel le ayudaron a responder y aprobar la prueba. Fin del cuento que nuestro nuevo comandante general egresó entre los últimos de 64 alumnos que formaban dicha cohorte.
Mención obligatoria es que el ahora denostador por excelencia de Estados Unidos, al terminar ese curso allí pretendió, con su cara muy lavada y sin empacho alguno, ingresar a esa institución como instructor. Las aspiraciones del rodilla en tierra se desvanecieron ante la dureza de los evaluadores quienes resaltaron su bajo coeficiente intelectual y lamentable desempeño académico.  Tuvo que regresar e incorporarse a su fuerza y así llegó al frente del grupo de guardias encargados de la custodia de esa pústula roja por excelencia que es nuestro máximo organismo electoral, entiéndase el CNE. Allí hizo todos los méritos del caso y siguió su ascenso en las huestes rojas.
Necesito en este punto realizar un alto para hacer honor a la cónyuge de tan honorable oficial, la abogada Lucina de Benavides. Ella ocupó en los altos mirandinos dos cargos en la burocracia oficial. Allí, la distinguida dama se dedicó a apertrechar sus alforjas de la mejor manera posible, al punto que, y es comentario todavía oído en las interioridades de la Guardia Nacional, el propio Chávez ordenó su destitución.
Sigamos con nuestro digno comandante general. Su afán por demostrar ser el más chavista de la manigua lo llevó a ser  jefe de Estado Mayor y segundo comandante del CORE 5. Fue así como llegó el  sábado 22 de agosto de 2009 cuando un grupo de ciudadanos convocaron a protestar contra la nueva Ley de Educación, y marchar hasta la sede de la Asamblea Nacional. La manifestación fue detenida en la avenida Libertador. Allí, el para ese momento ya coronel, y comandante de la operación de seguridad, luego de disolver de manera desproporcionada, con uso de “gas del bueno”, al grupo de ciudadanos tomó un micrófono conectado a cornetas y lo entregó a su compañero de fuerzas y por aquellos días viceministro de Seguridad Ciudadana, Juan Francisco Romero, quien justificó la represión con estas palabras: “Una vez que hubieron rompido (no es joda de mi parte, tal cual lo dijo) la barrera, tratamos de volver a colocarla…”. Luego de su rebuzno regresó el aparato al esbirro ya mencionado y este se dirigió a la tropa de la siguiente manera: “Aquí venían a protestar por la Ley de Educación, pero la consigna era que Chávez se va y que el gobierno va a caer. Los manifestantes rompieron el cerco eléctrico. ¿Quién los entiende? La única forma de que el comandante salga es a través del voto. Hay que estar preparados porque estas protestas van a ser toda la semana”. Luego de su arenga, en las cornetas empezó a sonar a todo volumen, la canción Tin-marín, de Alí Primera.
                ¡Por supuesto que lo premiaron! Tres días más tarde el difunto lo condecoró con la Orden del Libertador por su actuación durante esa marcha.  ¿Cómo no iba a llegar a general? Claro que sabiéndose guapo y apoyado continuó con sus desmanes a plena máquina. Fue cabeza visible de los atropellos indiscriminados contra los ciudadanos durante las jornadas de protestas del año 2014, lo cual condujo a que se ganara ser uno de los funcionarios sancionados por el Gobierno de Estados Unidos por incurrir en la violación de los derechos humanos de los ciudadanos durante esas manifestaciones. En aquella oportunidad la Casa Blanca lo señaló como responsable de acciones mientras ejercía funciones en la Guardia Nacional. Es menester resaltar que dichas sanciones fueron ratificadas y extendidas hasta el año 2019 por Estados Unidos, justo el día antes de ser elevado por don Nicolás al rango de comandante de fuerza.   
Sé muy bien que las cosas son como son, no como uno quisiera que lo fueran. Por eso ante nombramientos como este, que me luce como una jugada de Maduro para terminar de minar la moral del mundo militar y acabar con ella, donde por lo visto pendejo no es, y más bien lo son aquellos que de tal siguen tildándolo, y ante la aporía opositora condensada en ese alambique desportillado en que ha devenido la MUDa, sólo me queda confiar en las hondas raíces morales que alguna vez tuvo la Guardia Nacional.
Necesito confiar en mi propia e impenitente pendejera de que las bases que sembraron gente como el, nunca valorado adecuadamente, oficial Edito Ramírez, al momento de crearse las Fuerzas Armadas de Cooperación, en algún momento retoñarán y serán ellas mismas las que se ocupen de limpiar con dignidad todo el oprobio que sobre ellas han lanzado estos hijos de su bendita madre.

© Alfredo Cedeño

sábado, julio 02, 2016

EL HEREDERO

–¿Cómo me echan esta vaina, Manuel Alfredo, cómo me echan esta vaina?
Eso lo oí repetir una y otra vez, una noche de fines de julio de 1976, en la biblioteca de la casa de un amigo en la Alta Florida, Caracas, con quien compartía actividades scouts. Él en el grupo La Salle de La Colina, y yo en el Orión 33 de San Bernardino. Hablo de Jaime Rodríguez, hoy en día médico, y con quien era habitual que alguna vez nos fuéramos un grupo de rovers a la casa de cualquiera del clan; esa noche nos habíamos ido a la suya. Su padre fue el escritor guayanés Manuel Alfredo Rodríguez,  adeco por más señas, y amigo de Carlos Andrés Pérez, quien acababa de llegar de un viaje por el exterior y se encontró con la noticia de la muerte del dirigente político de izquierda Jorge Rodríguez en las celdas de la DISIP, y por la amistad que le unía al escritor hacia allá se dirigió casi a medianoche y le hacía esa pregunta una y otra vez.
            Pérez, y de lo cual es muy poco lo que se ha dicho al respecto, tenía una particular deferencia por Rodríguez, ya que ambos habían compartido militancia en el partido blanco, y el dirigente veterano tenía buena impresión del fogoso muchacho. Es bueno refrescar a quienes no conocen ciertos parajes de nuestra historia que la Liga Socialista, organización fundada por el padre del actual alcalde del municipio Libertador de Caracas, surgió de una escisión del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, que a la vez había nacido de la división de Acción Democrática, y en cuyos tiempos Rodríguez había estado muy cerca del expresidente tachirense, y por ello aquella pregunta que le hacía al padre de mi amigo.
                En ese momento el actual burgomaestre capitalino era un niño de 10 años, y se convirtió, de alguna manera, en una especie de responsabilidad disgregada entre todos aquellos relacionados con la izquierda y que habían estado vinculados a su padre. Así fue como ingresó a la Universidad Central de Venezuela a realizar estudios de medicina, y su nombre comenzó a escucharse en boca de ciertos operadores políticos universitarios, como lo fueron Alberto Berroterán, Ernesto Alvarenga, y otros más, quienes habían estado ligados a la Liga Socialista. Estos mentores del entonces bachiller crearon el llamado Grupo 80 que entre otras cosas logró llevarle a la presidencia del Centro de Estudiantes de la Escuela de Medicina "Luis Razetti" en el año  1987 y al año siguiente a la de la Federación de Centros Universitarios de la UCV.
                De aquellos tiempos estuvo en tránsito por la OBE (Organización de Bienestar Estudiantil) de la citada casa de estudios y por aquel entonces se oyeron comentarios por los pasillos sobre los manejos poco pulcros adelantados por este joven. Años más tarde, durante el segundo mandato de Rafael Caldera, era Pilarica Iribarren de Romero su ministra de la juventud, y uno de los hombres de confianza de ella era “El Llanero”, como conocimos siempre al luego hombre fuerte dentro del chavismo en su momento, Ernesto Alvarenga. Este último, en aras de haber estado al lado de Rodríguez padre, abogó por el vástago y fue colocado a manejar el programa de pasaje estudiantil en dicha cartera ministerial. Nuevamente los rumores sobre la escasa probidad del jovencito rodaron insistentemente, pero la pregunta que se oía a muchos de sus mentores era: “¿Pero cómo vamos a permitir que ensucien así la memoria de Jorge?” Y se imponía un largo silencio alrededor.
                En 1998 el panorama cultural pareció abrirle las puertas al convertirse en el ganador del concurso anual de cuentos de El Nacional, del cual se hizo merecedor con un relato cuyo título bien podría al menos ser tildado de inquietante:  Dime cuántos ríos son hechos de tus lágrimas. En esa narración hay un personaje, Euclides un detective “negro y atractivo” del cual en un pasaje el narrador explica: “También a él le gustaba dar consejos, ser escuchado por la gente, decir frases ingeniosas en los bares: un psiquiatra, un curador de almas.” Meses más tarde se produce el triunfo del señor Chávez en las elecciones presidenciales de ese año, y al tomar posesión del cargo, tras el natural cambio de ministros el ya doctor Rodríguez salió del cargo que ocupaba.
             Comenzando el año 1999 se produjo en La Gran Sabana una reunión del difunto comandante con sus más allegados para trazar una serie de líneas de acción del gobierno que comenzaba. Me contó uno de los asistentes a dicho conciliábulo que Ernesto Alvarenga y José Luis Farías, en aquellos momentos cercanos al  galáctico, le hablaron a este del caso del “hijo de Jorge”, y me aseguran que la respuesta fue tajante: “No quiero saber nada de ese ladronzuelo…”
           Llama la atención que ahora han aparecido ciertos “documentos” que hablan de que a finales de junio de 1997, él perteneció a la Dirección Estratégica Nacional del Movimiento Bolivariano Revolucionario (MBR-200), y que dicho dato permaneció desconocido hasta 2004. Más de uno me asegura que eso no es más que un intento por enaltecer el curriculum-prontuario del colega del ya difunto doctor Edmundo Chirinos.
            Lo cierto fue que luego de su salida del aparato burocrático oficial estuvo de bajo perfil por varios años hasta que reaparece en el escenario comicial como Presidente de la Junta Nacional Electoral, dependencia del nunca suficientemente vituperado Consejo Nacional Electoral, y fue uno de las piezas claves para la organización técnica del bendito Referéndum Presidencial de 2004, poco después fue nombrado Presidente de dicho organismo luego de que el ilustre Francisco Carrasquero fuese designado Magistrado del Tribunal Supremo de Justicia por la Asamblea Nacional.  De aquellos tiempos mucho se dijo por diferentes vías de las mil y unas triquiñuelas en las que este señor aparecía junto a Smartmatic. Tal vez uno de los episodios más ilustrativos de dicha relación fueron las sesiones de masajes que recibió junto a su esposa, por cierto nieta del arquitecto Fruto Vivas, en el SPA Palazzo del nada modesto hotel Boca Ratón Resort & Club, en Miami.
           En el 2006 hubo designación de nuevas autoridades del llamado Poder Electoral y el médico quedó fuera de juego, vaya Dios a saber por qué, y de nuevo retomó su senda del bajo perfil.  Pero, es que nunca falta un bendito pero, en la madrugada del primero de agosto del 2006, nuestro mentado personaje se estrella, mientras conducía a todo correr un vehículo Audi, en el cruce de la avenida Luis Roche con la avenida Benaím Pinto en Altamira. La policía de Chacao de inmediato se presentó al lugar del evento y lo trasladó en seguida a la Clínica Ávila de la misma urbanización; allí, luego de estabilizarlo, se recomendó que lo trasladaran a otro centro asistencial para que se le realizara una tomografía, ya que el equipo de ese hospital estaba dañado.   Este detalle no hubiera tenido mayores consecuencias de no haber sido por la pataleta que en su momento armó la ahora flamante “cancillera” de la república y hermana de la joya en cuestión, doña Delcy Eloína Rodríguez, quien en uno de sus habituales desplantes acusó a los médicos de ese centro de haberse negado a atender a su adorado familiar.  El berrinche de la damisela trajo consecuencias de todo tipo para la institución, sin embargo ante el barullo armado los periodistas empezaron a investigar el caso. Nunca se supo con exactitud qué había ingerido el hermanito, pero lo que sí logró averiguarse y Nelson Bocaranda lo reveló en su momento es que el carrito en cuestión donde nuestra versión caribeña de Fittipaldi se había estrellado pertenecía a Moisés Maionica. Por si no recuerdan quien es este último, les explico que es uno de los señalados por el caso de la maleta con los 800 mil dólares decomisados a Antonini en Argentina.  
           Como bien saben, no hubo nada que sirviera más a  los ojos del difunto comandante eterno para ser promovido que estar metido en cuanta irregularidad se pudiera, y fue así como en enero del 2007 el recién reelecto Chávez anunciaba que lo nombraría Vicepresidente de Venezuela para sustituir a quien también fue uno de sus mentores luego de la muerte de su padre: José Vicente Rangel. Y así fue como el 8 de enero de 2007 vimos a Rodríguez asumir dicha posición al ser juramentado en el Teatro Teresa Carreño.  Los cargos que fue ejerciendo este señor han sido incontables, en todos si algo ha brillado siempre son las anomalías, a manera de ejemplo cito su paso por la presidencia del Comité Organizador Nacional de la Copa América 2007, donde las irregularidades administrativas fueron más que manifiestas.
Es así como a este ser le vemos ahora convertido en alcalde del municipio Libertador de Caracas y además trasmutado en una especie de trapo rojo que permanentemente anda agitándose frente a la cara de la colectividad venezolana. Sus desplantes y provocaciones son inequívocas. Hablo con amigos médicos dedicados al campo de la psiquiatría y el diagnóstico de todos es coincidente: No hay dudas que se mantiene drogado y que su personalidad es de psicópata. Me advierten: “Mucho cuidado con lo que escribes, él no es un enfermo mental, yo nunca firmaría ninguna declaración de enfermedad mental a ninguno de ellos porque eso es exculparlos. Ahí no se salva ninguno, el que no es psicópata es un sociópata”.
Me explican que un psicópata o sociópata es una persona con un índice de inteligencia muy alto que gusta de hacer daño por hacerlo. No tiene motivos psicológicos ni de traumas ni nada que se le parezca.  Uno me dice “olvídate de tratar de justificarlo con que es un trauma por su padre muerto, es como es sencillamente por el gozo de envainar a los demás o a la sociedad. Usa su inteligencia para cosas más profundas y elaboradas, porque le gusta sentirse superior, y que tiene el poder de joder impunemente”.
En cuanto al uso de sustancias me aseguran que no hay dudas de que hay consumo de cosas poco legales y que definitivamente no debe ser marihuana. “Porque el cannabis aletarga, al menos que lo combine”. Me recomiendan que cuando lo vea declarando me fije en los ojos rojos, desorbitados, así como los ademanes  y los gestos. Me explican que todos los derivados de la cocaína dan una energía tal “que se creen Superman, luego para no estar tan volados toman alcohol u otra droga que los apacigüe”.
Este dechado de virtudes es al que hemos visto en estos días, casi al mismo ritmo que su hermanita, arremetiendo contra un país entero que ha salido de manera unánime a manifestar su rechazo a la pesadilla que se vive y padece en Venezuela. ¿Será que su proveedor le suministró una “mercancía” mal mezclada, que lo hace actuar de manera descontrolada? ¿O será que esta versión subdesarrollada, tercermundista y nacional de Hannibal Lecter pretende comernos el hígado con frijoles y un buen chianti?

© Alfredo Cedeño


sábado, junio 25, 2016

EL DÍA QUE NOS QUIERAN

 
                 Atesoro de mi niñez los recuerdos por las calles de La Guaira, en particular la voz de Carlos Gardel escapándose del tocadiscos de la casa de los Ugueto en La Caja de Agua.  Una de las que más escuchaban ellos, y que me embelesaba cuando se escapaba por aquel breve zaguán, era la que comenzaba con un breve toque de xilófono, o quién sabe si de acordeón, a la que inmediatamente seguía aquella voz tan característica con los tan manidos versos:
Acaricia mi ensueño
el suave murmullo
de tu suspirar.
(Ahí recuerdo la entrada de los violines)
Como ríe la vida
si tus ojos negros
me quieren mirar.
Y si es mío el amparo
de tu risa leve
que es como un cantar,
ella aquieta mi herida,
todo, todo se olvida.
Y confieso que todavía esta es fecha, ya pisando los sesenta años, que no puedo dejar de llegar casi al llanto cuando oigo su inolvidable manera de vocalizar:
El día que me quieras
                Corría enero de 1979 y en el ámbito “culturoso” caraqueño no se hablaba más que del inminente estreno de la última pieza de José Ignacio Cabrujas, que llevaba por nombre dicho verso. No los voy a aburrir contándoles de mi frenesí por verla. No me pregunten cómo hice, porque juro que no puedo recordarlo, pero el jueves 25, el día antes del estreno, me pude “colear” al ensayo general.  Mi conmoción comenzó desde la misma entrada cuando María Luisa Ancízar le pregunta a su adorado Pío Miranda por Stalin. Y hubo parlamentos memorables que se me grabaron eternos.   
                Ahora al recordar a Gardel no puedo evitar una de esas jugarretas habituales en mi memoria, que suele hacer las maromas más insólitas, y me lleva por donde le da su real gana. En este caso me conecto con otro argentino más reciente, pero igualmente legendario: Félix Francisco Nebbia Corbacho, a quien todos conocen como Litto Nebbia.  Compositor del cual el no menos venerable Charly García ha dicho: “Sin Nebbia no habría existido Javier Martínez, ni Spinetta, ni yo. Y de éste (refiriéndose a Fito Páez, quien le acompañaba cuando le hacían la entrevista) ni hablar”.  Y la pieza con que me enlazo es con una que él compusiera en 1983: Quien quiera oír que oiga, como parte de la banda sonora de la película argentina Evita, quien quiera oír que oiga, y que me de mi coscorrón el querido Rodolfo Izaguirre si me equivoco, pero creo que la dirigió Eduardo Mignogna y la protagonizó Flavia Palmiero como Evita.  Dicen los primeros versos:
Cuando no recordamos lo que nos pasa,
nos puede suceder la misma cosa.

Son esas mismas cosas que nos marginan,
nos matan la memoria, nos quitan las ideas,
nos queman las palabras
Es esa visión que da el triunfador de la historia y sobre la que tanto se ha escrito. A lo cual el implacable Nebbia no da cuartel:
Si la historia la escriben los que ganan,
eso quiere decir que hay otra historia:
la verdadera historia,
quien quiera oír que oiga.

Nos queman las palabras, nos silencian,
y la voz de la gente se oirá siempre.
Inútil es matar,
la muerte prueba
que la vida existe...
Estos requiebros del recuerdo se disparan cuando recibo la llamada de una querida niña, cuyo nombre no viene al caso y sé que ella prefiere que así sea, cuya voz temblaba de la indignación  al referirse a una entrevista que le hizo días atrás César Miguel Rondón al ahora “presidenciable”  Henry Falcón, quien por los momentos se desempeña como gobernador del estado Lara. La ira de mi interlocutora me hizo sentir obligado a buscar en los archivos de Éxitos FM - 99.9 el archivo de dicho diálogo.  No pasó mucho rato para comenzar a secundar la cólera de mi amiga. 
Ciertamente que el señor en cuestión es una especie de ornitorrinco del mundo político criollo en el cual confluyen la dicción, engolamiento y repertorio verbal de Claudio Fermín; junto a una dosis del histrionismo populista del cual tan buena gala hizo el nunca suficientemente difunto comandante Chávez; así como un cierto dejo de los tantos personajes bufos que en su momento interpretó Joselo en su programa de los martes.
Este otrora consentido de Chávez, a quien lo vimos anunciar en su Aló Presidente del 29 de noviembre del 2009 que le quería al igual que a su compadre Reyes Reyes, que fundara un partido junto a Vladimir Villegas, que fue jefe de la campaña presidencial del Bobo de la Yuca, que ha hecho la mil y una piruetas ahora pretende aparecer como un versión de este milenio del inefable Ramón J. Velásquez y uno lo oye decirle a Rondón que “los tiempos no deben ser resueltos por la gente”, y más adelante con su timbre “aclaudiado” se le trasluce el miedo a que “terminemos prácticamente en Venezuela con una reguera de políticos quemados porque no fuimos oportunos en las soluciones que reclama la mayoría”. Lo oigo y es inevitable recordar de nuevo un pasaje de la ya citada pieza del maestro José Ignacio, cuando Elvira le espeta a Pío Miranda: “Tú eres de esa gente capaz de cantarle un vals a un sordo desde el comienzo hasta el tantán”.
Esta reencarnación del Cid Campeador, pero nacido en Nirgua, estado Yaracuy, asegura con su voz de lo más impostada que debió adelantarse el aumento de la gasolina en el 2014 porque de ese modo hoy habría recursos para comprar medicinas, importar alimentos… No puedo dejar de preguntarme: ¿Este caballerete es pendejo o cree que los demás lo somos? ¿Acaso no se hubieran robado igual esos recursos extraordinarios esa cáfila de ladrones, vagos y tunantes que cuidan de nuestras finanzas públicas?
Casi al final de su conversación con el señor Rondón espeta que “es el momento de la razón y no de la pasión” para luego comparar el conflicto interno venezolano, que es obra y gracias de sus amiguetes rojos rojitos,  con el de Cuba y Estados Unidos.  Nunca cupo mejor aquella frase de que el infeliz no hace más que confundir el culo con las pestañas, y ello revela a cuerpo entero la catadura de esta joya filochavista. 
                De nuevo me asalta Cabrujas desde su obra, cierro los ojos y veo y oigo a Jean Carlos Simancas interpretando a Gardel en el escenario del Nuevo Grupo: “Hay algo apresurado en este país, que, desde luego, ha terminado por impresionarme. Como si todo sucediera en un momento... como si algo grave estuviera a punto de pasar y la gente se quedara en silencio...”. Y de seguidas me asalta mi parlamento favorito de esa pieza, y es ahora el propio autor o el también inolvidable Fausto Verdial, interpretando a Pío Miranda y diciendo: “A lo mejor nací cincuenta años antes de lo debido... O a lo mejor se me extravió el mundo. En ocasiones veo el mapa de Australia, Elvira, por hablarte de un lugar lejano, y pienso que allí debe existir otro como yo, en alguna calle de Sidney, un fabricante errático, un vendedor de soluciones, un australiano falsificador. Me acerco a la gente y cinco minutos después estoy explicando algo... como si me dieran pena.”
                Qué pena más honda la que no puede dejar de lastimarme las tripas cuando veo nuestro posible futuro en manos de seres como este. ¿Será que algún día habrá quien nos quiera? ¡Dios nos proteja!

© Alfredo Cedeño