sábado, diciembre 10, 2016

MEMORIA

 
                Eres a partir del momento en que alcanzas a recordar, antes eras algo así como un ectoplasma, una cosa amorfa que vaga entre lo gaseoso y lo sólido, que adopta diferentes condiciones de acuerdo con el entorno en el cual decide manifestarse. La memoria es un atributo gregario que nos  conduce a la ciudadanía, sin ella eres un ditirambo entonado al son que te marca el primer charlatán que sabe ganarse tus oídos. El olvido es el enemigo más enconado y obsesivo, implacable por demás, que tiene la memoria, es empecinado y rabioso, mutila según le dicta su real mandar e ignorar, amén de poseer una petulancia contra la cual no existe un antídoto del que se tenga noticia.
                La memoria se ha tratado, con impunidad además, de arrojar al fondo de nuestros derechos como amos y señores de nuestra historia. A fin de cuentas es el ejercicio de nuestros deberes lo que nos otorga la potestad de encauzar nuestro futuro, en algunas ocasiones nos permite encausar a los estafadores que juegan a desviar nuestras voluntades del puerto que merecemos.  Hay infinidad de ejemplos a lo largo del tiempo de gárrulos habilidosos que gustan hacer ludibrio del sentimiento colectivo en aras de una supuesta lectura adecuada y correcta de sus anhelos. A la postre no hacen otra cosa más que abrir una acequia para arrojar el agua a sus propios molinos.
                La obcecación con que reaparecen en escena esos payasos de poca monta, de no ser por sus patéticos roles, podría llegar a ser digna de admiración por su constancia e impenitencia, no pocas veces cargada de impertinencia. Son maestros en el uso de diferentes afeites para hacerse ver como apuestos galanes que luchan por el decoro de la perfecta pureza de los ángeles custodios, manejan la retórica con tal brillantez que el propio Demóstenes luce como un perfecto pendejo a su vera, hilvanan eructos y refranes con una eficacia que ya hubiera querido poder tener el propio Cervantes para ponerlos en boca de Sancho Panza; en fin, es una infinita sucesión de bellacos en ejercicio a la cual no parece haber manera de escaparse.
                Una de las diversiones favoritas de tal gavilla de malandros ilustrados es darse golpes de pecho como si de una pandereta de gitano se tratara, y a la par de ello proclamar a lágrima viva su disposición a inmolarse en el altar de los intereses de la patria… Es que ni miedo al ridículo tienen los muy hijos de su madre.  ¡Ay de aquellos que se atrevan a pedirles siquiera mesura en sus ataques de furor patrio!  Esa tropa de bufones es capaz de hacer levantar hogueras y guillotinas para obligar a salir del auditorio a quienes reclamen sus actos de vodevil en medio de una tragedia en escena.  También son duchos en convertir a la parte más ruidosa y desmelenada de la audiencia en sus más fervorosos admiradores, quienes no vacilarán a la hora de escarnecer al que no diga que le gusta el bodrio representado.
                De forma paulatina, en el caso de Venezuela, un manto de nulidades engreídas y reputaciones consagradas, Romero García dixit, se ha hecho semi permanente. Un grupo de pillos sin oficio decantados hacia el quehacer político se pavonean por las tablas, se exhiben  impúdicos y muestran como trofeos su pusilanimidad y derrotas, achacan al público su fracaso y le acusan de desleal e ignorantes que no saben apreciar sus talentos inmortales, y les reclaman airadamente por no brindarles apoyo en el momento que más lo necesitaban.
                Por lo visto pretenden que estemos en manos de Beckett y sigamos, cual Vladimir y Estragón, Esperando a Godot.  Tal parece que ellos no se enteraron de que existió un poeta y dramaturgo alemán, Bertolt Brecht, quien en una de sus primeras obras, Tambores en la noche, abofetea al público con el parlamento final de Khagler: “Todo esto no es más que puro teatro. Simples tablas y una luna de cartón. Pero los mataderos que se encuentran detrás, ésos sí que son reales”.  Mataderos que, quienes resguardamos la memoria de nuestro maltratado país, no cesamos de recordar así nos quieran expulsar de la sala bajo el mote de impertinentes.

© Alfredo Cedeño


1 comentario:

Anónimo dijo...

En ese recóndito lugar llamado memoria existe un espacio para albergar esperanza?De Pérez Jiménez (17 primeros días de mi terrenal paso por la vida)hasta hoy, muchos bichos de uña han "usufructuado"el erario nacional en función de gobierno y el ciudadano de a pie desamparado

Reyes Edgardo Hurtado Maluenga