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domingo, octubre 25, 2026

¿CUÁLES ZAPATOS?



          Tan allá como en 1955 el boricua Ángel Flores publicó su ensayo El Realismo Mágico en la ficción Hispanoamericana. Fue la primera vez que el término se aplicó al ámbito literario. Él consideraba a Borges, Jorge Luis, no Julio, no vayan a mezclar chicha con limonada, por favor, el maestro bonaerense no merece tal ofensa, con su Historia universal de la infamia el arranque de lo que luego sería el celebrado Boom latinoamericano. En realidad el gran negocio de las editoriales a ambos lados de la mar océano, y otras latitudes del planeta.

Es pertinente apuntar que eso del Realismo Mágico nació en el siglo XV con el descubrimiento de nuestro continente. Cristóbal Colón asentó en su diario del primer viaje, el miércoles 9 de enero de 1493: “En toda esta tierra hay muchas tortugas, de las cuales tomaron los marineros en el Monte-Cristi que venían a desovar en tierra, y eran muy grandes como una grande tablachina. El día pasado, cuando el Almirante iba al Río de Oro, dijo que vido tres serenas que salieron bien alto de la mar, pero no eran tan hermosas como las pintan, que en alguna manera tenían forma de hombre en la cara”.

          Siempre he leído con no poca compasión, quiero evitar la cruel lástima, a todos quienes han volcado su enjundia en desentrañar y explicar lo común y corriente en nuestro día a día en tierras americanas. El sesudo Emil Volek publicó en la Revista de literatura hispánica: “el hilo continuo de trabajos críticos que siguen apareciendo sobre el tema, algunos ya de una envergadura y solidez insólita en comparación con los tiempos cuando el realismo mágico estaba en boga, nos convence de que los problemas suscitados por la mencionada discusión persisten y que se necesitan trabajos aún más audaces y radicales”.

          Para el profesor Volek, catedrático en Phoenix, Arizona, el delirio de lo que muestran las crónicas latinoamericanas debe resultar inasible, por decir lo menos. ¿Cómo puede él entender la mezcla de locura, fantasía, alucinación, que es nuestro día a día? No quiero irme muy lejos.

          Pasé el final de mi infancia y adolescencia en Caraballeda, mi inolvidable cantera de emociones y creación, donde lo que muchos tildan de insólito era, ¡y sigue siendo!, algo tan natural como respirar.

          Hubo allá dos señores minusválidos, así dicen ahora, a los que llamábamos mochos, cuyos nombres no vienen al caso en esta ocasión. A uno le faltaba el pie derecho y al otro el izquierdo. El primero vivía en Punto Fijo y el segundo en las cercanías de la plaza Francisco Fajardo. Como es de suponer ellos terminaron siendo amigos, era común verlos conversando de lo humano y lo divino.

Debo decir, en honor a la verdad, que terminaron convirtiéndose en buenos amigos, al punto que decidieron unir desgracias. Habían descubierto que ambos tenían la misma talla de calzado, por lo que acordaron que lo más sabio era comprar solo un par para que cada cual agarrara el que le correspondía a su miembro sobreviviente. La paz duraba hasta que llegaban a la zapatería y escogían el modelo que iban a llevar.

–Ese no me gusta, mejor aquel.

–Uh, uh, eso parece una alpargata, más representa ese negro de patente.

–¡Qué va! Voy a lucir como el policía de Tarigua.

–¿Y qué quieres tú, unas chancletas con faralaos?

          El duelo retórico era que ni los radioteatros de Pedro Camacho en La tía Julia y el escribidor. Evocar a los dos señores de Caraballeda se me hace imposible cuando veo las imágenes de los encuentros entre Jorge Jesús Rodríguez y la oronda Dinorah Jaxilda Figuera. Una cosa es lo que ellos permiten que sepamos, pero ¿quién conoce los reales diálogos de esos dos seres?

–Ay mana, yo creo que ese azul te queda es-pec-ta-cu-lar…

–¡Gracias, chico! Pero tú no te quedas atrás con ese pañuelo en el paltó, te ves que ni Osmel en sus buenos tiempos.

Ella con cara de pujido contenido, él con sonrisa de Sade en florescencia. Ambos solo tratan de ponerse acuerdo en cuáles zapatos van a elegir.

     

 © Alfredo Cedeño  


domingo, octubre 18, 2026

LA PARIENTE INCÓMODA


          Son contadas las excepciones en las que no tuvimos alguna “parienta” cuyo arribo provocara escaso entusiasmo en nuestras casas familiares. Mis recuerdos pasan por tías, primas de alguno de los dos progenitores, una tía abuela que aparecía de sorpresa y se instalaba por días que lucían inacabables. Eran manifestaciones atávicas, huellas de costumbres parentales y de hospitalidad que todavía pueden encontrarse entre pueblos como los Yanomami cuando salen a visitar a los suyos en algún rincón de la selva.

Sin embargo, la hospitalidad prodigada tenía su trastienda. Los comentarios que oía entre los mayores cuando la visita no estaba presente solían ser, por decir lo menos, poco encomiables; pero frente a ellas las caras eran risueñas. Esas contradicciones del mundo adulto que sólo el tiempo me ayudó a entender.

          Algo similar ocurre con la historia, esa vieja intransigente, a veces impertinente e inamovible, a la que algunos ahora llaman historiografía; con su debido baño académico, por supuesto, ya que esta última no solo estudia los hechos, sino que también somete a escrutinio al historiador. Para mí es algo así como cuando oía llamar Licha a mi madrina Felicia, Chanchán al primo Sebastián, Chebo al padrino Eusebio, Lula a Lourdes, Geño a Eugenio, Cucho a Cruz José o Tello a Eleuterio, por citar los menos. La lista es inagotable.

          Pero vuelvo a esa vieja decrépita para algunos, yo veo una moza en verdadera edad de merecer; es como los buenos vinos: cuanto más tiempo mejor se pone. Estoy convencido de que se le ha vituperado por parte de quienes no siendo favorecidos por ella se han dedicado a “reescribirla”, palabreja acuñada para disfrazar el burdo intento de falsificarla. Pero lo pasado no regresa, ayer no será hoy ni mañana pese a malogradas tentativas de unos cuantos fariseos revestidos de angelicales samaritanos.  ¿No les pasa eso mirando a regenerado Jorge Jesús presidiendo la Asamblea Nacional?

          Se ha jugado a satanizar a la historia para que no tengamos peregrina idea de las imbecilidades de quienes han llevado la batuta a lo largo del tiempo. No es nueva tal maña de los “líderes”. En la Roma imperial, entre los años 180 y 192 de nuestra era, no escribo después de Cristo para no ofender a los laicos ortodoxos, le tocó la tómbola del poder a Cómodo. Fue el último emperador de la dinastía Antonina, y gobernó con el nombre de Emperador César Marco Aurelio Cómodo Antonino Augusto. Este Chávez de sus tiempos tuvo entre sus favoritos a un oriundo de Frigia, hoy se conoce por Turquía, quien había llegado a Roma como esclavo. Asegura Edward Gibbon: “en tres años Cleandro acumuló más riqueza de la que alguna vez ha poseído algún liberto. Cómodo estaba completamente satisfecho con los magníficos regalos que el astuto cortesano colocaba a sus pies en los momentos más oportunos”. ​Su voracidad era tal que el pueblo romano se levantó pidiendo su cabeza y la hermana menor del emperador, Fadila, junto a su concubina favorita, Marcia, arrojándose a su pies le advirtieron de la guerra civil en ciernes. Él haciendo gala de su nombre, con rauda comodidad, ordenó que su cabeza fuera arrojada al pueblo. Afirman los cronistas: “El deseado espectáculo aplacó inmediatamente el tumulto”.

          Podemos tener la seguridad que si nuestra élite, asnal e impenitente, se hubiera dedicado a estudiar a esa pariente fatigosa, doña historia, nos habrían evadido no pocos males. Es probable que, conociendo las consecuencias de ciertas actitudes y conductas, podrían haberlos evitado.

          Los creadores también han aportado lo suyo para que la abuela en cuestión no se relegue tan fácilmente. Shakespeare dramatizó la descomposición política de Inglaterra a mediados del siglo XV en Enrique VI. En la segunda parte de esa obra pone en boca de Lord Saye, funcionario del rey, al ser llevado ante el revolucionario Jack Cade y ser acusado de criminal por hablar francés, su respuesta es para enmarcar: “Y puesto que la ignorancia es la maldición de Dios, el conocimiento es el ala con la que volamos al cielo”.

          El desfile de malditos que hemos padecido, al parecer no tiene fin, y se muestran gozando de buena salud...

 

© Alfredo Cedeño 


domingo, octubre 04, 2026

PILOTOS DE SOBRA



          En no pocas ocasiones me quedé inmovilizado a orillas de los ríos del Amazonas contemplando la pericia de los indígenas al navegar con sus curiaras. Verlos cruzar las densas y raudas aguas, entre troncos, peñascos y trabas de toda laya, son escenas de titanes con un equilibrio sobrenatural. Para un citadino impenitente, como es mi caso, era sentirme en medio del rodaje de una de las películas que poblaron los sueños de mi niñez.

          Estar navegando por el río Parucito, en las afueras de San Juan de Manapiare, estado Amazonas, con dos amigos piaroa fue una de esas oportunidades. Era necesario abandonar la canoa, para que ellos cruzaran unos pequeños raudales, mientras yo recorría un sendero a la vera de la corriente.  Era cuando me paralizaba para observar sus destrezas en acción. Sus gritos me sacaban del embobamiento y corría hasta llegar a la playa donde me esperaban.

          Los riesgos que ellos y todos los otros “parientes”, manera como se denominan los indígenas entre sí, corren a diario, una hora tras otra, mientras surcan sus ríos, son parte de su respiración. Lo mismo ves deslizarse en la corriente un tronco de porte monumental sumergido y al que un citadino no sabe distinguir, que pasas bajo una rama en la que una serpiente gigantesca duerme inmutable, o ves saltar por la vegetación un cunaguaro persiguiendo a una presa. Son sus lances cotidianos, mientras no apartan la vista del agua y siguen remontando, o descendiendo, por el afluente.

          No necesitan mapas, ni brújulas, solo una mirada sabia que conoce cuál es el caño donde hay que internarse buscando una vivienda. En qué caserío podemos encontrar cazabe o unos plátanos hervidos para acompañar la comida. Más adelante está el conuco de los yabarana, anuncian en una vuelta del río, y así es. Ahí encontramos a varios representantes de esa comunidad.

Luego de los saludos de rigor seguimos navegando, evitando las piedras y los troncos, las ramas que cruzan sobre el agua.  Siempre fueron dos singladuras las que hice en esos recorridos. La que me llevaba a un sitio en particular, y la que me hacía divagar, más bien delirar, con el ambiente que tenía el privilegio de transitar.

Nunca encontraba la manera de agradecer a mis baquianos su empeño y velo por mi seguridad. Los derroches de sabiduría con que me colmaban de informaciones, el anticiparse a mis preguntas, el mimo con que transportaban mis equipos, todo era siempre rayano en la exquisitez. Me pasó también con Monchito en los caños del delta del Orinoco, cuando no en Kavanayen o Kamarata en Bolívar, o con Javier Armato en la Sierra de Perijá. 

Los recuerdo a todos ellos y también evoco a los amigos campesinos de Altos de La Cruz en las afueras de Mendoza Fría en Trujillo, donde Chucho Márquez me explicaba con paciencia franciscana los secretos de sus siembras y cosechas; o sus gestos de velocidad pasmosa para matar una culebra que estaba un poco más adelante de mi paso.  Nombro estas personas y podría seguir una lista inagotable de otras y otros de igual perfil.

Siempre tuve la fortuna de establecer contacto con gente fuera de serie, generosa, sabia, dispuesta a ayudar.  Para emplear un término de esos que les gusta a los científicos sociales, bien se puede decir que es una muestra demográfica de Venezuela. Ese país que ahora unos cuantos carifrescos aseveran estar investidos para representar. Confunden tuercas con arandelas y cuando ven un burro por la cola aseguran que tiene buen hocico.

Luego los verá usted lamentándose por la incomprensión ciudadana y despotricando contra todos aquellos que señalemos alguno de sus desbarres. Sigo sin entender que desacierto estamos expiando, pero mantengo la certeza de que abundarán quienes a pie firme sobre frágiles cubiertas sabrán continuar navegando y manteniéndonos a salvo.

 © Alfredo Cedeño  


domingo, septiembre 06, 2026

NUNCA SE SECA



          Tiempos de andaduras en retroceso, largo periodo llevamos en el que mantenemos tal dirección. ¿Evolución involutiva? La sensación es que esclerosis y atrofia se han apoderado de nuestro cuerpo social. No es extraño, más bien nos resulta familiar, aceptar que el poder tiene mayor legitimidad que los principios. Trucutú –de traje a la medida, lentes de postín y pose señorial–, vapulea a su antojo a damas y caballeros –poco importa su civilidad o capacidades, esas son minucias, detalles anodinos– con la arrogancia que les otorga la fe de nuestros tiempos: el miedo.

          Son pretérito aquellos días en los que lo negro era negro, cuando no había un cartabón de lo “correcto” con el cual generar manadas de acólitos y borregos que loen las nuevas verdades.  Ahora el hermoso tinte oscuro de piel es afroamericano, ¿cómo haré para referirme a mi querida negra Lucy Gómez, y a mi hermano el negro Wilmer Suárez? Sin dejar a un lado el furor palestino que ha hecho de los amigos judíos el puchimbol de progresistas, socialistas, revolucionarios y demás sabandijas de similar moño.

          La parvada de líderes democráticos, ahora expertos negociadores, en Venezuela deja boquiabierto al mundo entero. De dónde salieron es la gran pregunta. La gestación de semejante camada ha sido un misterio biológico que deberá registrarse en el Libro Guinness. Esa publicación declara que “el actual poseedor del récord es el elefante asiático (Elephas maximus), con un período de gestación promedio de 650 días y un máximo de 760 días, más de dos veces y media el de los humanos”. Sin embargo, puntualizan: “El período de gestación más largo conocido en el reino animal es de cuatro o cinco años para la salamandra alpina (Salamandra atra), originaria de los Alpes suizos”.  Tal vez hemos generado algo así como unas salamandras caribeñas, que bien podrían ser denominadas: Salamandra nicodelcy.

          Al analizar el juego de sombras chinescas que presenciamos en nuestro patio, esa vieja chismosa e impertinente que es mi memoria me hace pensar en el clero polaco. A mediados de la década de los años 40 del siglo pasado en dicho país se creó el Ministerio de Seguridad Pública, el que tenía un opaco Departamento V. Esta denominación era la fachada del gobierno comunista para meter en cintura al poderoso movimiento católico de esos territorios. Los datos revelan que, sólo en 1950, 283 sacerdotes católicos fueron llevados a prisión.

Lo más triste y doloroso de esta situación comenzó a desenredarse en 2007 cuando se supo que monseñor Stanislaw Wielgus había sido nombrado arzobispo de Cracovia. A los pocos días saltó a la calle sus labores como colaborador e informante del régimen pro-soviético. Al comienzo lo negó, para luego, ante las evidencias, reconocer que sí lo había hecho, pero fue porque le permitía realizar sus trabajos de investigación en el extranjero. ¡! 

          Las repercusiones de tan nauseabunda situación hicieron que se escarbara en numerosas fuentes oficiales. Se terminó estimando que en los años setenta alrededor de 2.600 (¡dos mil seiscientos!) sacerdotes, casi el 15% de la clerecía polaca, colaboró con la policía secreta comunista…

          Si en la sucursal de la mera cuna de la decencia cristiana pasó eso, ¿qué podemos esperar en este campamento de mineros que siempre hemos sido? Al comienzo las perlas de Cubagua anclaron a los exploradores, luego fueron las hembras semidesnudas que vagaban a las orillas del mar, a posteriori las piezas de oro que llevaban colgados los indios al cuello, más tarde fue la feracidad de unos territorios en los que si piedras sembraban piedras nacían, hasta que siglos después el petróleo comenzó a manar sin descanso.

Todos, incluso los propios hijos de esta tierra, se acostumbraron a sacar cuanto podían para adquirir apartamentos en Miami, Aruba o New York. Hubo quienes erigieron edificios, bancos, empresas, navieras e incluso casinos, con lo que de aquí sacaban. Un verdadero universo de garimpeiros que se dedicó a medrar y que ahora se presentan como operadores financieros y políticos para seguir ordeñando a Venezuela. ¿Será que esa teta nunca se seca? ¿Deberemos esperar, ataviados de guayuco, en un árbol a ver si aunque sea el agua nos dejan?

 

© Alfredo Cedeño 


domingo, agosto 16, 2026

CHAÎRE, ATE




          Somos lo que Grecia sembró hace 28 siglos. La habilidad de sus creadores, divinos intérpretes de la condición humana, para escudriñar en lo que luego Jung definió como arquetipos o tendencias instintivas, se mantienen incólumes sin deconstrucción que valga, por más que los “progres” se esfuercen. Lo que natura no da, Salamanca –ni la Complutense–presta.

          Este archipiélago, a caballo entre Asia, África y Europa, fue un crisol del que manó Occidente. Sus mitos hechos dioses son lecturas diáfanas de nuestras miserias y virtudes. Hay una de esas deidades que no ha gozado de la popularidad de Zeus, su hermana y esposa Hera, Poseidón, Apolo, Eros, Atenea, Hades o Perséfone, por mentar unos pocos. Me refiero a Ate. Ella encarnaba la ceguera del entendimiento, el extravío y la ruina.

Su influencia y malas artes fueron capaces de engañar al propio Zeus, quien al darse cuenta de ello, narra Homero: “un agudo dolor penetró el alma del dios, que, irritado en su corazón, cogió a Ate por los nítidos cabellos y prestó solemne juramento de que Ate, tan funesta a todos, jamás volvería al Olimpo y al cielo estrellado. Y volteándola con la mano, la arrojó del cielo”.

Otro exégeta de nuestra emocionalidad, Shakespeare, en su Rey Lear muestra las consecuencias de las tretas de Ate. El dramaturgo inglés nos presenta a un rey anciano que va a repartir su reino entre sus hijas de acuerdo con la intensidad del amor que le profesen.  Goneril y Regan se deshacen en elogios y zalamerías; por su parte Cordelia, la única sincera, no cae en tal trampantojo y es repudiada.  Tiempo después al darse cuenta de su traspié, que expulsó de su lado la lealtad para premiar la falsedad.  Al reconciliarse con ella le dice: “Te ruego ahora que olvides y perdones. Soy un viejo necio”.   Pero ya había perdido el reino…

Ate soberana de la ceguera, el extravío, la ofuscación y la ruina debiera ser la patrona de las castas dirigentes de Venezuela. No es difícil imaginarlos entonando, cual el título de esta nota, “¡Alégrate Ate! Mientras sigue avanzando sobre la tierra yerma. Se pasean cual dignos hijos del caballo de Atila, cada vez los sembradíos ceden más espacio a la desolación. Los terrones y despojos son mudos testigos de una ruina que han provocado con su ceguera selectiva. No ven aquello que no les conviene y que no dejan su respectiva huella en sus bolsillos. Al sacar las cuentas son dueños de faltriqueras que no tienen fondo.

 

© Alfredo Cedeño  



miércoles, agosto 05, 2026

EL TIMO DEL MITO



          El mito, en cuanto al concepto que hoy tenemos de él, es todavía un vocablo joven. Hay muchos que, pretendiendo revestir su ignorancia enciclopédica con pinceladas del Libro Gordo de Petete, le achacan al mismísimo Homero su paternidad. Otros del mismo tenor se desmelenan y braman que el padre de la criatura fue Hesíodo. Hay los que la reclaman para Platón y los que se baten por Aristóteles. Es el eterno devenir humano, donde hay dos surgen no menos de siete versiones de cualquiera sea el tema.

          Es bueno asentar, antes de que María Ventana o Pedro Remilgos salten, que ellos si utilizaron tal significante, pero no con el significado que ahora tiene.

          En realidad lo que hoy conocemos con tal acepción se perfila a mediados del siglo XIX. Los investigadores europeos empiezan a descubrir no pocas similitudes en las leyendas de Grecia, India, Persia, Escandinavia y Egipto, entre otras, y comienzan a generar un vasto catálogo de teorías. Primero Edward Burnett Tylor publica su libro Cultura Primitiva en la que asienta: “La mitología es el producto de la razón humana actuando sobre los hechos de su experiencia”. Poco después aparece la obra de Friedrich Max Müller Introducción a la ciencia de la religión en la que dice: “La mitología es, en efecto, una enfermedad del lenguaje”. Luego Sir James George Frazier publica La Rama Dorada donde establece: “El mito es con frecuencia la explicación que los pueblos dan del ritual que practican”. Casi media centuria después Ernst Cassirer en Ensayo sobre el hombre, afirma: “El mito es, por su propio sentido y esencia, no teórico. Desafía y contradice nuestras categorías fundamentales de pensamiento”. Los que han tratado de explicarlo son infinitos.

          Bien podemos distinguir que hay tantas definiciones como cuentos en Las mil y una noches.  También abundan los que se han aprovechado del concepto para crearlos nuevos. No debe extrañar que los pioneros en tales menesteres han sido aquellos que se proclaman vanguardia de las transformaciones y demás zarandajas de similar tenor, que van desde la lucha por el proletariado hasta la defensa de las minorías segregadas, pasando por la denuncia del “fachismo”, el heteropatriarcado y la salvación de las crías de iguana en Pernambuco ante el crecimiento desmesurado de la emisión del CO2.

          Una de esas primeras fábulas fue el triunfo de la revolución rusa y el advenimiento del marxismo a esos territorios. ¿Cómo es la vaina? Marx predicaba que la revolución socialista debía ocurrir en un país altamente industrializado, pero se produce en uno donde más del 80% habitaba las zonas rurales. Ellos siempre expertos en “cabalgar contradicciones”, sino que le pregunten a los zarrapastrosos Pablo –Iglesias y Echenique–, para terminar imponiendo lo que les salga de sus entrepiernas.

          Otro ejemplo es el de la guerra civil española y el bochornoso bombardeo a Guernica en el País Vasco. 26 de abril de 1937 el gobierno éuscaro sostuvo que hubo 1.645 fallecidos; sin embargo, autores como Antony Beevor en La Guerra civil española, afirma: “los muertos no pasaron de 300”. Por supuesto que los bombardeos de la aviación republicana, entre julio y agosto de 1936, a Zaragoza, Córdoba, Granada y Oviedo, nanai nanai.

          Las muestras de especie parecida han sobrado. ¿Quieren uno más longevo que el de la revolución cubana? Una estafa que poco tiene de heroica, por más que corifeos, plañideras y beneficiarios traten de ensalzarla. Como decía mi abuela, la vieja Elvira, ni que me la bañen en leche de coco. ¿Es necesaria alguna referencia al socialismo del siglo XXI y su revolución bonita?

          Uno de los más recientes que tratan de acuñar es sobre la dictadora encargada y sus capacidades supra naturales para conducir a Venezuela. Ahora su padre es rival de José Gregorio Hernández y ella es la reencarnación de la madre Teresa. Poco importa que el país sea el erial en que lo han convertido, un despoblado donde sus paisanos deambulan sin tener siquiera una sombra para guarecerse. En realidad todos estos mitos contemporáneos son timos de maromeros mal bañados.

 © Alfredo Cedeño  




domingo, junio 21, 2026

LADRÓN DE CAMINO

























          En 1949 la mítica Editorial Losada de Buenos Aires publicó el libro de cuentos Treinta hombres y sus sombras, de Arturo Uslar Pietri. Entre esas narraciones hay una que siempre me fascinó: El gallo. La historia de José Gabino, un borrachito que vivía de actos de rapiña. Él cargaba un bojote de trapos, conteniendo sabrá Dios qué otras cosas que había ido agarrando por los caminos que transitaba, que llevaba ensartado en un garabato. No en balde los que le conocían le solían gritar: “¡José Gabino, ladrón de camino!”

          Uslar lo describe: “con su sombrero negro, polvoriento y deshecho, con su nariz roja, con el lío de trapos atado al palo sobre el hombro, (…) con sus dientes desportillados y oscuros.”

          El personaje pasa cerca a El Garabital donde habrá pelea de gallos, y en su deambular encuentra una casa sin sus ocupantes, la circunda y por el fondo entra al patio y allí: “Atado a la estaca por una cuerda estaba un gallo. Era negro con brillos dorados y manchas blancas. La roja y descrestada cabeza picoteaba en el suelo. Desplumados tenía el lomo y los muslos. Dos largas, finas y curvas espuelas oscuras le sobresalían de las patas amarillas.” Él se deslumbra con el animal y lo estudia: “Mírele el corte del pico y la manera de poner la cabeza. Seguro por el pico y ligero por la espuela. Se parece a aquel pollo del general Portañuelo que siempre ganaba con un golpe de zorro. A los primeros barajos se aseguraba y mandaba las espuelas para el gañote. Y ahí mismo estaba el otro gallo tendido en el suelo y con ese chillido”.

          El vagabundo agarra al animal y se dice para sí: “Tú, lo que quieres, José Gabino, es comerte el gallo. Irlo a desplumar a la orilla del río. Ponerlo a asar en un palo sobre unas rajas de leña. Para ponerte ese hocico lustroso de comer fino. Y después acostarte en la arena, debajo de las cañas bravas, boca arriba a dormir.”

          Por supuesto que perdí la cuenta de las veces que he releído esa narración. De un tiempo para acá me pasa que al releerlo, por una jugarreta de la memoria, lo que entiendo es algo así como: “¡Diosdadino, ladrón de camino!” Y es que lo veo trincando las chucherías de la cantina del cuartel, cuando no agarrándose la sede de un periódico, o metiéndose a la casa de unos muchachos en Los Chorros.

          Las palabras de don Arturo describen a la perfección al personaje, él con su fardo al hombro se dirigió al río.  “Se sentó cansadamente en una piedra junto a la orilla del agua. Distraídamente, con un gesto mecánico, tomó el gallo por la cabeza y lo hizo voltear rápidamente en el aire, quebrándole el pescuezo. Aleteó en una rápida convulsión. —Veinte cuentas de a cinco al giro. Y a cada una de aquellas palabras como adormecidas, arrancaba un puñado de plumas al gallo muerto y las iba lanzando al aire. —Se te va a poner el hocico lustroso, José Gabino —dijo sonriendo.”

          Así debe decirse Diosdadino cada vez que ejecuta alguna de sus marrullerías habituales… 

          Irónico, por decir lo menos, que personajes como él sigan siendo faro de referencia para los náufragos de una izquierda cada vez más raquítica, desnortada, entreguista y escandalosa. Todavía se consiguen brújulas, por si les interesa…

 

© Alfredo Cedeño  





domingo, mayo 31, 2026

DE TITIRITERO A EMBAJADOR




          Leo con atención las diversas reacciones al nombramiento como embajador ante España de Timoteo Zambrano. Le han salido buenos los zapatos. Conocí al ahora diplomático, hace 55 años, cuando ambos estudiábamos segundo año en el Instituto Técnico Jesús Obrero, en Los Flores de Catia. En aquellos tiempos él y el negro Acosta formaban un dueto que ya sabían engolar la voz, hacían gala de unas herramientas retóricas que buscaban aturullarnos con su verborrea. 

          Pasó mucho tiempo sin que supiera de él, y en el año 1995 fui contactado, y juro que no puedo recordar cómo fue ese tránsito, para hacer unas fotos de un acto de masas de la candidatura de alcalde de Antonio Ledezma. Hice las imágenes y en el ínterin quedaron conmigo que unos miembros del equipo político del candidato acudirían a mi apartamento en Sabana Grande para escoger las mejores.

          Mi sorpresa fue que al llegar la comitiva estaban entre ellos Arturo Vilar, ese que anda ahora por Madrid con la versión posmoderna de la Magdalena –léase Luisa Ortega Díaz, sicaria fiscal del comandante eterno–, y ¡Timoteo Zambrano! Por supuesto que le saludé y recordamos los tiempos de Jesús Obrero. En medio de su petulancia habitual habló de su finca en Guárico donde tenía una siembra de limones cuya producción total exportaba para España.

          Debo decir también, que antes de todo esto supe que luego de concluir secundaria se dedicó a montar un teatro de títeres en el 23 de Enero, donde el amigo Johan Perozo, quien supo catar las posibilidades del volatinero lo reclutó e incorporó a las filas de Acción Democrática. De allí en adelante el muchacho desgarbado hizo carrera, tanta que salió volando.

          El que quiera más pormenores del personaje en cuestión bien puede dedicarse a escarbar en internet donde encontrará material de sobra sobre los vaivenes del ahora Excelencia.

          Lo cierto es que muchas plumas sesudas andan explicando la  curvatura del ángulo desde el cual Zambrano Guedez va a realizar las labores de salvamento del “príncipe” Zapatero, por órdenes de la encargada.

          A ver, ¿ustedes creen que semejante saltimbanqui, que siempre se ha ocupado de salvaguardar su propia nalgamenta, va a dedicarse a amparar la del marrullero vallisoletano? Tomo la frase del personaje Emilio Delgado, en la serie Aquí no hay quien viva: ¡Un poquito de por favor!

          En todo caso Zapatero debería preocuparse aún más de lo que dice está. Delcy Eloina que entregó a Nico, Cilia, Saab, y sabrá Dios a cuantos más, ¡y los que faltan!, no se va a parar en menudencias para entregar al expresidente. Por cierto, si se fijan bien notarán el gesto de muñeco de ventrílocuo, títere a fin de cuentas, y en eso el bachiller Timoteo, como dije antes, tiene experiencia. A lo mejor improvisa un teatro de sombras chinescas, o se planta en la calle Arenal a una de sus faenas. Nadie sabe lo que puede terminar pasando entre semejante elenco de querubines, serafinas y maromeros.

De todo hay en la viña del Señor: uvas, pámpanos y agraz.

 

© Alfredo Cedeño  




lunes, mayo 25, 2026

EL GAVILÁN Y LA ARPÍA

          Mi niñez fue un laberinto de magia donde la imaginación era parte del aire que respiraba. Mamá, como buena margariteña, relataba cuentos de aparecidos a la orilla del mar o nos intrigaba con adivinanzas del estilo: “¿qué será, qué será, que atrás de la puerta está?”. Papá, con un eterno cigarrillo sin filtro, Chesterfield por más señas, entre sus labios y manos, describía cómo era La Guaira de su niñez y las mil peripecias de su juventud por esas calles.

Renglón aparte merece mi abuela, la vieja Elvira, quien cada noche narraba las vainas que le echaba Tío Conejo a Tío Tigre. También era una fanática empedernida de las radionovelas, era continuo sus giros a la rueda de sintonía de la radio entre Rumbos y Continente. Yo me mantenía, por supuesto, pegado a ella, y así fue como comencé a escuchar a su lado una que se llamaba El Gavilán, defensor de los pobres y desamparados. De lunes a viernes a la una de la tarde por Radio Continente era la cita.

Recuerdo vagamente que el protagonista era un hombre enmascarado que cargaba dos pistolas y se dedicaba a defender a los humildes de una serie de personajes malévolos que trataban de perjudicarlos. Recuerdo que al comienzo anunciaban que era una obra de Alberto López Ruiz, lo cual completaban con la frase “El escritor que habla al corazón de las mujeres”.

Muchos años más tarde, tuve el privilegio de conocer y tratar a Daniel Farías, y en una de tantas ocasiones me enteré de que él había sido el director de esa radionovela. ¡El viaje a mi niñez fue instantáneo! Y así supe que Rosita Vázquez era Azucena González, la hija de don Benito a quien habían asesinado en los callejones del barrio Carpintero de Petare. ¡El propio Daniel fue el doctor Julio César Santos! Así me enteré de que don Adolfo Martínez Alcalá, la voz privilegiada de los editoriales de Radio Capital, era Ismael el malvado chofer y que Ana Teresa Guinand dio vida a doña Elodia.

Esta última siempre me había quedado grabada por un episodio en el que ella terminaba encaramada en una mata de mango. Acoto que cada capítulo finalizaba con una serie de preguntas que tenían que ver con lo que había pasado y abría mil posibilidades para el desarrollo del próximo episodio. Por supuesto que indagué con el amigo Farías por ese punto en especial. Sus carcajadas fueron interminables, mientras se secaba las lágrimas, contaba que esa frase, en particular, obligó a que repitieran su grabación más de cuarenta veces. Cada vez que iban a preguntar ¿Seguirá doña Elodia montada en la mata de mango? El coro de risas obligaba a parar y repetir, hasta que finalmente pudieron terminar de pronunciarla con el dramatismo que se les imponía a esas interrogantes.

Por un momento me pregunto, ¿y si en vez de doña Elodia, hubiera sido misia Eloina? Uno ahora tal vez exclamaría ¿Cómo hizo Eloina para traicionar a Nico y Cilia, sin que ellos se dieran cuenta? ¿Alex Saab sospechó alguna vez que ella lo entregaría a los malvados gringos? ¿Diosdado puede dormir tranquilo sin pensar que a él le puede tocar la tómbola? ¿Dónde tendrá la cabeza el fiscal del rimmel y los tatuajes sin saber si ella cual Salomé entregue su cabeza en una bandeja? ¿Será que en realidad ella se ha convertido en una arpía sin alma ni corazón en el pecho? ¿Seguirá doña Eloina montada en la talanquera mirando a ver cuál es la próxima ofrenda que entregará al águila?

Esta es una obra escrita por los hermanitos Rodríguez, los únicos que sabe escribir al corazón de los revolucionarios.

 

© Alfredo Cedeño  

miércoles, mayo 20, 2026

SAN BARTOLOMÉ DE LAS CASAS



          Crece en las filas de los llamados “progres”, esa fauna dicharachera otrora férreos defensores del proletariado, la convicción de promover el ascenso a los altares del insigne pionero de las libertades humanas que fue fray Bartolomé de las Casas. Esto ante la imperiosa necesidad de tender puentes con el andamiaje social, al cual deben transformar para ponerlo al servicio de las minorías y los necesitados.

          La verdad es que el enjundioso hombre de iglesia, que fue obispo de Chiapas, cuyo nombramiento aceptó en ejercicio de su humilde condición, reúne todos los méritos propios de eso que alguna vez se llamó izquierda.

          El bozal ideológico y la superioridad moral de la que gustan hacer gala es piedra angular en toda la faramalla que siempre ha rodeado a estos personajes. Desde el siglo XVI andan ronroneando por ahí. Por supuesto que, como es común en todos ellos, cabalgando contradicciones. Veamos al curita defensor de los indígenas.

          Este clérigo sevillano, hijo de Pedro de las Casas, quien acompañó a Colón en su segundo viaje, disfrutó de la empresa esclavista autóctona. Asunto este que los indigenistas, académicos, así como otros especímenes de similar pelaje, o plumaje, afirman desconocer. Sin embargo, lo cierto es que su padre regresó con seiscientos indios esclavos y uno fue de regalo a su vástago.

          El entonces hombre de letras, al terminar su formación universitaria, formó parte de la expedición de Nicolás de Ovando que zarpó de Sanlúcar de Barrameda el segundo mes de 1502. Llegó a la Española el 15 de abril, y en breve se ungió como encomendero y esclavista, a la par que participaba en cacerías de nativos. Allí permaneció manejando su encomienda hasta 1506, cuando volvió a su ciudad natal, para luego ir a Roma para ser ordenado sacerdote.  Una vez llevado a cabo el ceremonial de ungimiento regresó al Caribe a seguir administrando sus tierras y cautivos.   En 1514 estuvo junto a Hernán Cortes en la conquista y colonización de Cuba, donde también recibió una encomienda y otro lote de indios esclavos.

          En 1515, tal parece que poseído por el espíritu de Saulo de Tarso, regresa a Sevilla y comienza sus labores de denuncia contra la brutalidad hispana en perjuicio de los indefensos indiecitos. Fueron años de darle a la lata de las quejas. En 1552 publicó Brevísima relación de la destrucción de las Indias, donde escribe cosas como “Tomaban las criaturas de las tetas de las madres por las piernas y daban de cabeza con ellas en las peñas”.

          Sin embargo, otro sacerdote, Toribio Benavente de Motolinía, no se anduvo por las ramas y lo enfrentó abiertamente. El 2 de enero de 1555 escribe una carta a Carlos V en la que expresa “Sepa V. M. que quando el Marques del Valle entró en esta tierra, Dios nuestro Señor era mui ofendido i los hombres padescian mui cruelíssimas muertes, i el demonio nuestro adversario era mui servido con las mayores idolatrías i homecidios mas crueles que jamas fueron; porque el antecesor de Motecçuma señor de México, llamado Abicoci (Ahuizotl), ofresció á los Indios (sic) en un solo templo i en un sacrificio que duró tres o quatro dias ochenta mill i quatrocientos hombres”. Más adelante se lee: “i no es maravilla quel de las Casas no lo sepa, por quel no procuró de saber sino lo malo i no lo bueno, ni tuvo sosiego en esta nueva España, ni deprendió lengua de Indios, ni se humilló ni aplicó á les enseñar: su oficio fué escrivir procesos i pecados que por todas partes han hecho los Españoles, i esto es lo que mucho encarece, i ciertamente solo este oficio no lo llebará al cielo”.

          El militar y cronista Andrés de Tapia, en su Relación de algunas cosas…, escribe sobre las torres y andamiaje de vigas con cráneos frente al Templo Mayor, Huei Tzompantli, donde él junto a Gonzalo de Umbría contaron cerca de 136.000 cabezas.

Esa es la tierra idílica que los españoles destrozaron y que ahora la muy castiza azteca, Claudia Sheinbaum, descendiente directa de Moctezuma, exige que España se arrodille a pedir perdón.

La eterna maroma progresista que les otorga a ellos el don de la verdad. Poco importa que los bucólicos habitantes de Tenochtitlán sometieran en las peores condiciones a sus vecinos, ni que los mismos fueran las principales fuerzas con las que contó Cortés para acabar con la feroz dictadura que los sacrificaba cada vez que se les antojaba.

Lo he comentado en otras ocasiones, la debilidad de los “progres” por la barbarie es su paradigma fundacional. Tal vez eso permite entender el fervor con que, a fines de los años 70 del siglo pasado, hablaban de Kampuchea, nombre que impuso el líder infame Pol Pot, a Camboya, mientras se dedicó a ordenar, o permitir, el asesinato de dos millones de personas. Las fotos de los cerros de calaveras no tenían nada que envidiar a las erigidas por los aztecas. Ese mundo de amor y paz que los malvados conquistadores llegaron a terminar.

¿Cómo no van a pedir que el curita sevillano, pionero en aquello de manipular la información, sea erigido santo patrono de la jauría progre?

 

© Alfredo Cedeño  




martes, marzo 10, 2026

EN TRES Y DOS

























          En el argot del juego de pelota, o béisbol, como gustan de decir muchos, el punto crítico del turno de un bateador es cuando llega a la llamada cuenta máxima: tres bolas y dos strikes. El próximo lanzamiento del pitcher puede ser uno u otra, lo cual implica que ese toletero debe abandonar el plato de bateo rumbo a la primera base, o a la cueva de su equipo. La tensión de ese momento alcanza niveles intolerables si están en la novena entrada del partido y falta un out para terminar. Por eso es común escuchar, al llegar a situaciones límites, aquello de “Ese está en tres y dos”.  

          ¿Ustedes vieron al señor este que dice ser ministro del interior, justicia y demás arbitrariedades de las que a él les gusta ejercer, cuando estaba sentado en Miraflores frente al secretario del Interior de Estados Unidos, Doug Burgum?

          He oído decir en innumerables ocasiones que a ese señor, oriundo de Monagas por más señas, la tonicidad de sus esfínteres le resultaron de poco fiar. Sucede que ante ciertas situaciones de mucha tensión sus músculos anulares se dilatan en vez de contraerse, con el consecuente desaguisado que ello conlleva.

Traté, pero no pude, evitar pensar en su estado de ánimo al estar sentado frente al colega del que ofrece 25 millones de billetes verdes por su cabeza. Yo me imagino que en algún momento debe haber pensado: “¿Y si a este gringo le da por meterme en un saco y llevarme donde Marco Rubio?” Cualquiera se chorrea, no me lo pueden negar.

¿Cómo se sentirá cada vez que va a reunirse con la encargada? Seguramente le viene a la mente algo así tipo “Si esta Judas entregó a Nico, ¿qué puedo esperar yo? Porque entre ella y su hermanito estuvo la vaina, eso no me lo saca nadie de la cabeza, a él y a Cilita los entregaron este par de joyas”.

Algo que se me olvidó al comienzo es que cuando el jugador a cargo de batear llega a ese punto culminante del 3 y 2, se puede salvar si golpea la pelota en foul. Las reglas oficiales de la Major League Baseball, determinan que esto ocurre cuando: “Una pelota bateada que se detiene o es tocada por primera vez en territorio foul entre el home plate y la primera o tercera base, o que pasa más allá de primera o tercera base en territorio foul, o que cae o es tocada en territorio foul después de pasar esas bases”.

Quizás, entonces, podemos inferir que el ministro Cabello estaba en dicha zona al sentarse frente al señor Burgum. Al revisar algunos números de este tipo de situaciones encuentro que el 22 de abril de 2018, en un juego entre Gigantes de San Francisco y Los Ángeles el bateador Brandon Belt le bateó al pitcher Jaime Barría 16 fouls consecutivos. ¡El turno duró 13 minutos!

Y me surge la duda, la gran incertidumbre: ¿Podrá el hijo ilustre de El Furrial, ahora que está en el último episodio del encuentro, mantenerse bateando fouls como si fueran papelillo en los carnavales de Maturín? No sé ustedes, pero yo estaría igual al listón de un gallinero. Cuando menos lo espere llegará el tercer strike, y después de eso el partido no retoña.

 

© Alfredo Cedeño  



domingo, marzo 01, 2026

TIEMPO DE ESPERPENTOS






















           Tan allá como en el siglo IV antes de Cristo, Aristóteles planteó aquello de: “El hombre es por naturaleza un animal político”. Atención, que el uso de ese vocablo no lo utilizó en el sentido que ahora le damos. Él lo empleaba para referirse a la pertenencia a una comunidad cívica organizada. En cuanto a la deriva de su definición a lo que en la actualidad es, son ríos de artículos, ensayos, conferencias y libros, imposibles de abreviar en estas líneas.

          Para acercarnos a este siglo de luces y sombras, cual ningún otro, cito a Max Weber, quien en su conferencia La política como vocación enuncia: “Política significará, por tanto, aspiración a participar en el poder o a influir en la distribución del poder, ya sea entre Estados o dentro de un Estado entre los grupos humanos que comprende”. Más adelante indica: “El Estado es aquella comunidad humana que, dentro de un determinado territorio, reclama con éxito para sí el monopolio de la violencia física legítima”.

          Al año siguiente de este enunciado “weberiano”, Ramón del Valle-Inclán escribe su pieza teatral Luces de Bohemia. Esta obra, publicada a manera de folletín entre julio y octubre de 1920 en el semanario España, sería el nacimiento de lo que el célebre manco llamó Esperpento. Pero dejemos que el protagonista de ella, Max Estrella la defina: “Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento”.

          ¿Se les ocurre mejor manera de sintetizar lo que estamos viviendo? ¿Acaso no es un reflejo cóncavo Delcy Eloina como dictadora encargada? No hay mejor manera de llamar la mojiganga leguleyesca que significa Timoteo Zambrano alzando manos y pies para aprobar cuanta imbecilidad se propone en la espuria Asamblea Legislativa venezolana. Esa misma que infinidad de sayones y plañideras defienden como gata panza arriba. El argumento recurrente es que ese cuerpo tiene la actual composición por no haber participado en las elecciones de diputados en 2025. ¡Tarados!

          Para nadie es un secreto que el chavismo-madurismo-rodriguismo siempre ha hecho con los procesos electorales exactamente lo que les sale de sus entrepiernas. La mejor muestra fue la elección del candidato unitario, donde la señora Machado ganó de manera clara. Respuesta: sacarse de la manga una sanción mamarracha e inhabilitarla. Segunda muestra: elecciones presidenciales que gana arrolladoramente Edmundo González. Respuesta: darle una patada a la mesa, encarcelar a infinidad de opositores reales y decir con cara muy lavada que el ahora inquilino de Brooklyn había sido reelecto.

          Los ejemplos de la barbarie y arbitrariedad de la dictadura roja-rojita son inacabables. Sin embargo, sobran “políticos”, entendidos en la materia y analistas de sesuda actitud que se desmelenan defendiendo el diálogo y condenando la violación de la soberanía nacional con la captura de Gofiote y la doña de la prótesis dental bailarina.

          Otro personaje digno de Valle Inclán es esa marioneta tatuada que hasta hace poco era Fiscal General de la República y que ahora aseguran es Defensor del Pueblo. Mejor sigo de largo.

          ¿Cómo callar con la barbarie de los presos políticos? ¿Es posible estar indiferente ante la mamarrachada de la ley de amnistía? ¿Van a seguir jodiéndole la vida a los Policías Metropolitanos que el 11 de abril impidieron que en Puente Llaguno la masacre de manifestantes fuera mayor? ¿Hasta cuándo mantienen a Otoniel Guevara, su hermano y su primo encarcelados por el caso de Danilo Anderson? ¿Y qué pasa con los humildes campesinos merideños Edubin y Pablo Montilva Ramírez, de 65 y 64 años de edad respectivamente, encarcelados por echar unos tiros al aire en uno de los olvidados Pueblos del Sur para celebrar que se habían llevado a Maduro?

          Es inaudito contemplar el suicidio moral de una dirigencia que solo quiere recoger los harapos del poder que esta plaga roja va dejando de país. Lamentable Enrique Márquez dar el bochornoso espectáculo de salir a rasgarse las vestiduras por el “consolador” Zapatero.  ¡Hijo de tu madre! ¿Acaso no sabes nada de la mina de oro, ni de los manejos turbios y asquerosos del alcahuete español? Qué gran oportunidad de callarte desperdiciaste, aunque no deja de ser bueno saber de qué material estás hecho. Te faltó condenar el ataque a Irán.  El diablo los crea y ellos se juntan.

 

© Alfredo Cedeño


domingo, febrero 08, 2026

PALABRAS, PALABRAS, PALABRAS…
























          Sin el lenguaje seríamos un rebaño que deambulara con parsimonia, a veces, o retozara sin mayores consecuencias, otras tantas. Existiríamos cual mansa manada o cerril tropel de bestias silvestres.  Gracias a Dios, en caso de que lo haya, tenemos el don de entendernos a través de la palabra. No ha sido gratuito que, desde tiempos inmemoriales hayan aparecido quienes, por medio del control del cómo nos comunicamos, traten de manejar dicho vínculo a su antojo.

          Los peligros que ello conlleva se han advertido siempre. Sófocles en Antígona muestra cómo el uso inflexible de la palabra acaba en desgracia, para explicarlo de manera sucinta. Cicerón, siglos después, escribió: “El discurso es imagen del alma”. Más tarde sería Shakespeare quien pondrá en labios de Polonio, al hablar con su hijo Laertes: “No des voz a tus pensamientos, ni permitas que ningún pensamiento desproporcionado se convierta en acción”.

          Mucha tela que cortar ante estas palabras frente al sainete tragicómico que vivimos ahora en Venezuela. ¡Y en muchas otras partes! Uno escucha el regüeldo de quien dice con desparpajo que El Helicoide es el Country Club de las cárceles, y que tener esposado ocho días a un preso político no es tortura, y duele tanta astracanada.  ¿Cómo se puede llegar a tal estulticia? Ese episodio me hizo recordar una larga conversación con Jaime Ballestas (Otrova Gomás), en la que me dijo: “No es la religión, es la ideología el verdadero opio de muchos”.

          Son muchísimos los que quieren jugar al calambur en estos días, buscan algo así del estilo “este es conde y disimula”, con unos resultados penosos. Por eso, vemos al hermanísimo, y parlanchín presidente del parapeto legislativo, tratar de montar un bodrio con los presos políticos. Como buen prestidigitador buscó de manipular al presentarse ante uno de los presidios y anunciar, mientras abraza a una de sus alcahuetas, la pronta liberación de sus víctimas. ¡Hiena carroñera! Siquiera por la memoria de tu padre, cuya muerte fue sancionada debidamente en sus homicidas, debieras guardar un poco de respeto por quienes han pagado con sangre el haberse atrevido a protestar.

          Sobran los cabrones, y perdonen el francés, pero cada uno debe ser llamado como lo que es, que hablan de reconciliación e insisten con el maldito diálogo. ¿Para qué? ¿Para que aquellos que han destrozado bienes, vidas y país sigan aferrados a la teta pública?

¿Quién eligió al bartolo malhecho de Capriles representante de nuestra colectividad? ¿Quién nominó al saco de frases altisonantes de Timoteo Zambrano? ¿De dónde sacaron a Mercedes Malavé? ¿Quién puso a Stalin González a representarnos? Mucho había tardado Felipe Mujica en aparecer para pedir su parte de la ubre. Todos son la precisa representación de lo que ha de desaparecer de nuestro futuro. Más de uno debería terminar en similar pensión a la de los Maduro-Flores.

          Bien lo sabe la marioneta mayor, Delcy Eloina, que todo eso es pan de hoy y hambre para mañana. Le guste o no, más temprano que tarde, tendrá que sentarse, si es que la dejan, con el presidente Edmundo González y con María Corina Machado, todos los demás son una caricatura mal trazada.

          En 1946 George Orwell publicó el ensayo Politics and the English Language –Política y el lenguaje inglés–. Allí encontré una frase demoledora que retrata a perfección lo que estamos viendo: “El lenguaje político está diseñado para hacer que las mentiras suenen verdaderas, que el asesinato resulte respetable y para dar una apariencia de solidez a lo que no es más que aire”.

 

© Alfredo Cedeño  






domingo, febrero 01, 2026

A PELLIZCOS Y EMPUJONES




 

          Pocas veces las cosas van al ritmo que se nos ocurren deben ir, pero cuando damos un vistazo a las situaciones con las que nos impacientamos, podemos sentirnos como Galileo Galilei y decir Eppur si muove. En buen cristiano: Y, sin embargo, se mueve. 

No faltará quien me quiera enrostrar la improbable respuesta del sabio toscano, ante el tribunal de la Santa Inquisición en 1633, luego de abjurar de la visión heliocéntrica del mundo. La frase ha durado hasta ahora y bien podemos aplicarla a lo que ocurre en diferentes escenarios del planeta.

          Veamos España, para comenzar. Un Pedro “ácaro” Sánchez, que se aferra a la Moncloa como garrapata en rabo de yegua, llega al punto de hasta ofrecer velas a santa Tecla la Callosa y a san Caralampio mártir para seguir disfrutando de los privilegios del cargo. Poco importa si después tenga que entregarle la nalgamenta al diablo.         No podemos obviar a ese ser, que casi parece un ectoplasma, llamado Alberto Núñez Feijóo quien de gesto apacible, tal si el sacristán de la catedral de Santiago de Compostela fuera, se dedica a “jugar” de manera correcta en la política hispana.

          En esta mirada a la amada España no puedo olvidar al aspirante musoliniano Santiago Abascal, que juega al decente mientras aplica métodos de la Inquisición contra los muchachos de Revuelta. Este grupo que fuera empleado como ariete por VOX, ahora lo condenan sin melindres algunos, por no acatar la “línea” del partido. ¡Santa María de Ipire! Los mismos que dieron contratos de cientos de miles de euros, al amparo de una fachada legal, son los verdugos de quienes creyeron en limpieza y claridad política.

          Si cruzamos la mar océana vemos a una “encargada” de los mandos en Caracas cacarear contra la bota extranjera, pero que sabe cumplir con meticulosa modosidad lo que le indican desde orillas del río Potomac. Tal vez, de su época de estudiante de Derecho, le quedó aquello de Séneca: “Quien teme, sirve”.

          No deja de ser hilarante el video de la muy combativa Iris Fosforito narrando los pormenores de la captura de Gofiote, y la doña de la prótesis dental bailante. En su narrativa épica describe como ella se enfrentó a los malvados marines para acompañar a su marido hasta el presidio de Brooklyn. ¿No se conmueven ante tan excelsa manifestación de amor? La ahora insumisa Venevisión podría contratarla cual versión criolla de Delia Fiallo.

          ¿Cómo dejar de mencionar los gestos de marido cornudo, pero resignado, del otrora matón de Monagas? Lo veo y no sé si está por hacer pucheros o por ciscarse en la madre que parió a todos los ahora dialogantes. Dicen que lo vieron con pasos algo extraviados buscando el mazo del que tanto gustaba presumir. Un buen tolete es lo que le espera como siga gruñendo babeante. ¿Qué pensar del silencio de monjas reclusas de Padrino?

          Tampoco es para olvidar a Guaidó, Rosales, Smolansky, Caprilitos, López, Miguel Pizarro, y demás miembros de la sagrada cofradía de la estatal teta perpetua, que ahora reclaman su sitio en la foto. Ni hablar del ilustre señor Ramos, a quien su muy gozoso cuñado, aspiraba juntar con Jeffrey Epstein. Uno es mal pensado, porque ¿quién quita que lo que pretendían era ir en peregrinación al santuario de Betania?

          Escribo y me vienen mil cosas a la cabeza. La sinapsis es una vaina seria, hace que las neuronas, las pocas que quedan en mi estropeado cerebro, tiendan puentes y encadenen frases. Es un destello que me dice casi al milímetro lo que estamos viviendo. Al final de Macbeth, él acaba de recibir la noticia de la muerte de su mujer, y Shakespeare pone en su boca: “Es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia, que no significa nada”.  También aparece Rabelais y recuerdo la carta que Gargantúa envía a Pantagruel: “Veo que los pícaros, verdugos, mercenarios, palafreneros de hoy son más doctos que los doctores y predicadores de mis tiempos”.

          Por ahora, y así como por no dejar, veo que a Delcy Eloina y demás comparsas –así como Pedro Sánchez, Iglesias y otros zarrapastrosos– son llevados al estilo con que arrastran los marineros a sus damiselas al jergón: ¡A pellizcos y empujones!

 

© Alfredo Cedeño  


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