domingo, marzo 27, 2011

Pueblo HIWI

Siempre me pasa lo mismo cuando escribo sobre algún -de las decenas que sobreviven actualmente- pueblo indígena venezolano: hay tanto que decir que no encuentro por donde “entrarle”; pero como bien dice José Humberto Márquez en Táriba: “Pá después es tarde y deje la vagancia que así no se asan las arepas!” Así que trataré de hacer potable para ustedes los puntos más resaltantes de la vasta documentación existente sobre los Hiwi o Guajibos, como les conocen los “criollos”.
Ellos se autodenominan Hiwi, termino en torno al cual hay divergencias al interpretarlo. Hay quienes aseguran que significa “gente”, mientras que otros lo traducen como "gente de sabana"; y estos últimos emplean como argumento a su favor que ellos han habitado tradicionalmente las tierras bajas ubicadas entre los ríos Meta y Vichada en Colombia; así como en Apure, Guárico, Bolívar y Amazonas de este lado del patio.
Hoy en día sus territorios ancestrales están fragmentados. Ellos, no obstante, han ido recuperando parte de sus espacios históricos donde han ido asentando comunidades donde su alfarería tradicional se ha revitalizado y los ancianos han retomado su rol de arcanos que van dejando caer de sus desdentadas bocas las fábulas e historias de cómo ellos llegaron a ser lo que son. En las afueras de Puerto Ayacucho escuché a un shamán, mientras se preparaba para una jornada de curación a un “pariente” enfermo, contar a uno de sus nietos cómo fue que se había hecho a los Hiwi:
“Kúwai hizo el mundo de una sola vez, pero para crearnos a nosotros tuvo que hacer pruebas varias veces. La primera nos hizo de arcilla, pero en lo que empezó a llover se desbarató esa gente. Después volvió a tratar pero con cera, de esa que usan las abejas en los panales, pero, ¡qué va!, en lo que les pegó el sol se volvieron a desbaratar. Hasta que un día, por fin, hizo dos de nosotros con una madera de las duras y nos puso a llevar agua y sol, para probar si esta vez si servía. Estando ahí vino un ratón, que esos se comen todo, y se puso a ruñir allá abajo y así fue como a uno le hizo pipí y al otro totona, y fue como empezamos a ser más. También Kúwai nos dio dos almas: Yéthi, que es invisible y cuando uno se duerme sale y se aparece en los sueños de los demás; y a que cuando uno se muere se va hasta la casa de Kúwai, donde hay mucha, mucha, mucha plata y muchísima comida”.
Las mujeres Hiwi continúan amasando el barro y produciendo una cerámica que llena de asombros a quienes la compran; niñas y hombres andan a lomos de un camión o una curiara donde navegan asfalto y Orinoco con porte de tiempos sin fronteras; los curanderos no cesan de ejercer su oficio sin aspavientos y con milenaria paciencia; mientras los muchachos siguen saliendo a recorrer las sabanas arco en mano a ganarse el sustento…

© Alfredo Cedeño












2 comentarios:

Anónimo dijo...

Increible!! Son dramáticas y tranquilas a la vez estas fotos. Me encantan tanto como me conmueven. :) Adri

Johan Rodríguez Perozo dijo...

Buen trabajo Alfredo, los rostros y sus expresiones son la mejor maanera de entender a los seres humanos...