domingo, noviembre 02, 2014

SAN PEDRO DEL RÍO

            Cierro con esta entrega mi serie sobre el estado Táchira, dejé para este final momentáneo, puesto que seguiré recorriendo estos espacios apenas pueda hacerlo, este pueblo que paradójicamente es uno de los más recientes de este estado pero uno de los que más mantiene ese aire que hasta hace relativamente poco tiempo tenían todas las poblaciones tachirenses.
 
Apenas en 1957 Marco Aurelio Vila en su Geografía del Táchira afirmaba que San Pedro del Río tenía como actividades económicas primordiales la producción de caña de azúcar y bananos, así como de miel y papelón. Aseguraba Vila en su obra que fue fundado en 1852 “y se halla a orillas del río Lobaterita a 765m. sobre el nivel del mar.”
 
            Un hijo de este pueblo, el urólogo Pedro Granados Ruiz, ha dicho de su lar nativo: “Es el pueblo que se negó a morir”. Presume uno que la lapidaria frase de Granados surgió en los años 70 cuando San Pedro del Río estaba literalmente desaparecido, ya que la mayoría de sus habitantes habían migrado a las zonas petroleras. Sin embargo en 1977 comenzó la remodelación de la población tratando de que la misma conservara ciertos aires coloniales. Lo cierto fue que el 30 de noviembre de 1.978 se reinauguró el pueblo con las características que ahora podemos ver cuando entramos a sus calles empedradas.
 
Tulio Febres Cordero aseguró que estos parajes ya aparecen en la historia a partir del siglo XVII, cuando en 1634 a Rodrigo Sánchez de Prada, Regidor Perpetuo de San Cristóbal, hijo y nieto de conquistadores de dicha ciudad, y quien era representado en Mérida por Fernando de Arce, le otorgan en un repartimiento de tierras, “cuatro estancias de ganado mayor en El Valle de la Chirirí que iban desde las angosturas de Lobatera a las angosturas de la sabana de San Juan –hoy conocido como San Juan de Colón– de una y otra banda del río Lobaterita”.
 
Lo cierto es que antes de 1830 se tiene conocimiento de un caserío Río Arriba en la zona, así como se conocen menciones a “Río Abajo”, para luego empezar a ser conocido el sitio como aldea “Río de las Casas”. Se sabe que en 1840 José María Vivas, Gregorio Casanova, Ramón Herrera, Policarpo Morales y Ricardo Casanova se instalan y comienzan a sentar las bases de la actual población. El primero de ellos junto a María Mercedes Morales, procedentes de Lobatera, tuvo cuatro hijas, una de ellas, Franciscana Vivas Morales nacida en 1848, se convertiría en la protectora del caserío.
 
El 26 de febrero de 1849 se produjo un sismo devastador que destruyó a Lobatera, por lo que una parte de sus habitantes de trasladan hasta “La Sabana”, donde fundaron Michelena, de lo cual hablé en semanas pasadas, pero, hay quienes afirman  que hubo otro grupo que se trasladó hasta la “Aldea Río de las Casas”
 
El 23 de mayo de 1905, haciendo honor a la inveterada manía nacional de halagar y lisonjear al mandante de turno, se convirtió a estos espacios en Municipio Castro en honor al general Cipriano Castro.  Resulta que el 11 de agosto de 1886, el retaco Castro había entablado una batalla con las tropas que comandaba Espíritu Santos Morales. El choque tuvo lugar en las márgenes de la Quebrada la Chirirí en el sitio llamado Callejón Blanco; el capachero Castro gana la pelea y Morales tiene que salir con el rabo entre las piernas y se refugia en casa de Eusebia Vivas, otra de las hijas de José María y María Mercedes, los oriundos de Lobatera de los cuales hablé líneas atrás. Más tarde Espíritu Santo huirá hacia Colombia por el llamado camino de Ricaurte.
 
Luego de caído en desgracia, y por supuesto del poder, Castro, le ponen el nombre que en la actualidad lleva nuestro reseñado pueblito: San Pedro por el primer apóstol y Del Río por el Lobaterita. Así comenzó a fraguarse lo que hoy se ha convertido en punto de referencia dentro y fuera del estado Táchira. En todo el estado y zonas colindantes tiene fama la “quema de pólvora” que llevan a cabo sus pobladores cada 28 de diciembre, así como la del llamado Toro Candela, tradición que también en la Grita se conserva, así como en otros poblados andinos.
 
Lejos ya el tiempo de aquel trabajo de campo de Vila en que reseñaba caña, cambur, miel y papelón como sus productos emblemáticos. Ahora son las ventas de artesanías y restaurantes de todo tipo en todas sus calles. La comida y atención en cualquiera de los tantos locales es muy buena. Todos los espacios tienen un cierto aire bucólico, rayano en la melancolía, que les otorga un ambiente muy característico y agradable.  Caso contrario el de las llamadas ventas de artesanías, donde son muy pocas las que realmente se producen allí.
 
Al igual que los negocios de comidas, los de ventas de recuerdos de todo tipo se encuentran por todas partes y de diferentes dimensiones, desde kioscos mínimos hasta amplios locales donde lo que sobra son cachivaches de distintos tamaños y precios para comprar. Al azar me paré en la calle principal del pueblo, en El Chorote, negocio que atienden Rosa Inés y José Adel, a quien pocos conocen por su nombre pues todo San Pedro lo llama Pata e´Plancha.  Ellos venden artesanías de toda clase que, al igual que todos los otros locales,  compran en Quibor, Barquisimeto y Capacho. “Es poco lo que realmente se hace aquí, antes traíamos muchísimas cosas de Colombia, pero ahora con esto de la subida de los precios, mire eso no hay quien lo pueda comprar, todo está de más de caro…”. 
 
José Adel y Rosa Inés se han hecho nombre con la venta de licores artesanales, ella narra con su típico acento cantarino de las montañas que los más solicitados son el Pata é res y la leche é burra, “pero mire también se llevan el de mora, el de limón, el de toronja, no hay del que no saquemos que no se lleven.”
 
            Como ellos hay infinidad de otros que se dedican a mantener vivo el espíritu de una comunidad con plena consciencia de que la unidad de criterios es lo que les da vigor, y hace sentir ante el visitante una actuación común. Las calles están pintadas en cada sector de un mismo color, decisión que toman los propios vecinos y que es acatada disciplinadamente por todos. La limpieza de sus calles es otro anzuelo que engancha la mirada de quien lo recorre. Detalles y más detalles que sólo se me ocurre, para cerrar esta nota, recurrir a Pedro Pablo Paredes, quien en Pueblos del Táchira escribió: “San Pedro del Río, en cuanto que pueblo, es una maravilla. Las palabras nos resultan insuficientes para decirlo.  (…)  Por el valle en que aparece engastado, San Pedro del Río, es una joya de la naturaleza”.

© Alfredo Cedeño
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

4 comentarios:

Dalila dijo...

Te felicito Alfredo. Un trabajo hermoso y con mucha calidad...

Anónimo dijo...

Gracias por esta entrega. De verdad tenía tiempo que no visitaba a San Pedro del Rio, en esta oportunidad lo encotre más hermoso. Me encanta su limpieza, el orden, la atención y amabilidad de su gente, ejemplo a seguir.
Felicitaciones Alfredo porque a traves de Ti mucha gente se deleita con la Historia y las hermosas fotos que nos muestras. Gracias por compartir.

Anónimo dijo...

excelentes fotos!

zulma dijo...

Hola como estas, Ese pueblo es eun espectaculo, desde que lo escuhe nombrar y lo vi en una tarjeta telefonica CANTV me enemore de el .mas nunca he ido ,esa imagenes que envias son bellas , provoca irse para allá para vivir en silencio y calma , no se que cantidad de habitantes pued tener ,pero se ve tan bello ,limpio donde parece que nadie hace un graffiti en las paredes .me sigue encantado , En algun momento ire . Gracias por este regalo dentro de toda esta locuta que se vive .