domingo, marzo 12, 2017

BENDITA SEA LA TIRRIA


Yo pecador, confieso ante Dios Todopoderoso y ante todos ustedes que he pecado, peco y pecaré mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión, con todo mi corazón, ya que no ceso de rogar para que la llama del rencor no se me apague; hasta hacer que la justicia algún día se cumpla sobre este territorio yermo que alguna vez fue una tierra de gracia.
Igual les manifiesto que no tengo culpas, ni las siento, ni las pienso, puesto que me declaro incapaz de seguir siendo un cristiano, ni un católico, ni un perro con lombrices, para dedicarme a conceder un perdón que no merece esta cuadrilla desastrada y harapienta que manda en Venezuela.
Ruego de manera fervorosa, persistente e impertinente, para que la justicia divina, aunque preferiría la terrenal, se cumpla a carta cabal en cada uno de ellos. Imploro a los vientos e invoco las calamidades que han sido derramadas sobre nosotros, para que con similar tenor se ceben sobre ellos.
Me niego a poner la otra mejilla, porque estos infelices, tantos los rojos como sus opuestos, ya nos las han arrancado, hasta dejarnos en el hueso vivo. Estamos en el punto de que al llegar a las puertas del cielo, primero estamos nosotros que perdonar el rojo desmadre: es un tema de mera sobrevivencia. No logro concebir el reposo hasta no haber conseguido que sean saldadas sus culpas una por una. No me imagino conceder el sosiego de la compasión sobre aquellos que han fabricado pecados para obligarnos a expiarlos a su conveniencia.
También confieso mi intolerancia para con los cómplices y beneficiarios de nuestras desgracias, las cuales han tratado de convertir en lucro activo de sus bazares partidistas, mientras proclaman ser arcángeles vengadores de una desgracia que ellos mismos han promovido para luego dedicarse a su goce y disfrute.
Proclamo mi ira sin afeites, desnuda de misericordia, que espero se fortalezca día tras día, hasta hacer que la real voluntad de todos nosotros sea una afilada guadaña que siegue toda la apestosa hierba que ahora nos inunda y llena de abrojos el alma.
Por todo esto y mucho más, que por el momento decido callar, es que convoco al dolor de todos para unir nuestras tristezas y hacer que recuperemos nuestra alegría. Y en medio de ello ruego a santa María, siempre virgen, a los ángeles, a los santos, a los patriarcas y hasta al Anticristo, para que interceda por todos nosotros ante Dios, Nuestro Señor y haga que la paz no siga siendo un espejismo.
Amén.
               
© Alfredo Cedeño

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Amén!!!!!

Adri

Anónimo dijo...

Maravilloso. Lástima que hagas publico el ataque a los cómplices de la oposición - contra los que coincidimos- pero solo porque, cuando tienes un enemigo poderoso, usa incluso a sus amigos para destruirle.
Iguales. Varían las coordenadas del atraco. Solo me refiero a que siempre hay que acabar con la mayor fuerza al que está de turno.
Pero el texto es maravilloso. De lo mejor que se publica.

Jaime Ballestas

Anónimo dijo...

Alfredo:

Te sigo, y con los ojos puestos en ti, en mí mismo y en todos nosotros también digo: ¡amén!

¡No sé cómo haces, pero cada vez escribes mejor!

Rodolfo Izaguirre

Anónimo dijo...

La ira justificada no se opone al perdón. Y eso está también en tu texto.

Alejandro Moreno

Fernando Urdaneta dijo...

Has emulado el sentir de la mayoria de los venezolanos con similares intenciones y sentimientos. Esto es colectivo. Mas temprano que tarde esta fuerza entrara en sincronismo y desatara su furia sobre los delincuentes y abusadores que intencionalmente nos torturan usando las armas contra un pueblo indefenso.
Su intolerancia, agresiones, manipulaciones, engaños,desconsideracion, sometimiento, restricciones de derechos y libertades, crueldad y sarcasmo para burlarse de todo aquel que se les antoje, igualmente sera revertido hacia esta especie de cuerpo negro que invade a Venezuela.
Cuando llegue el momento de la union de este sentimiento colectivo, la furia con que hemos sido pisoteados sera doblemente desatada sobre sus cuerpos, y esto no es mas que la aplicacion natural de la justicia.

Anónimo dijo...

Bueno, amigo Cedeño bienvenido al Limbo

José Eduardo Espinoza D ·
Universidad del Zulia

Anónimo dijo...

Caramba bastante fuerte el amigo el alma cura al cuerpo el cuerpo es asunto del hombre junto con su mente el alma es asunto de Dios por eso hacemos lo que queremos con nuestra mente y cuerpo pues Dios asi lo quiso pero pasamos la efimera vida cuidando el cuerpo y mente y no dedicamos un dia a salvar nuestras almas

Mario Pacheco

Anónimo dijo...

Alfredo, muchos nos sentimos identificados con tu parecer. Por el sufrimiento que hemos padecido y el que nos falta por padecer, es que debemos convencernos de expoliar la plaga roja y demas bichos que pululan en la selva politica venezolana, y digo selva, por la cantidad de animales sumamente irracionales que la integran.

Roberto Arocha

Anónimo dijo...

amén

María S Baragaño
Universidad Santa María