domingo, marzo 19, 2017

SOLAZ ONÍRICO


Las ilusiones son como el guiño del amanecer cuando llega el día, se alzan sobre el horizonte como un gato que enarca su lomo para desplazarse con gracia indefinible por sus espacios. Ellas son breves saltos del infinito al quehacer diario para encender faroles en las oscuras desesperaciones, en sus parpadeos caben las certezas de la mortalidad de la noche.
                Los sueños son torpes por lo general, en pocas ocasiones son ágiles, les ocurre que suelen enredarse en sus propios vapores y van dando bandazos por el borde de los escenarios, y muchas veces se embriagan de fracaso. Es habitual que den tumbos como un niño cuando es castigado de manera injustificada, por eso es que no hay nada más criminal que los castigos a los futuros ciudadanos.
                Las quimeras son saltos al vacío que se convierten en arcoíris sobre los cuales se fabrican imposibles con gestos obstinados, pese a las burlas de quienes rodean a los soñadores. Ellas poseen la dulce habilidad de abrir su abanico de colores por lo general en un cielo muy encapotado y plantar un mohín de esperanza hasta en el más duro ceño.
                Los anhelos tienen olor de piña y mandarina, con toques de sal gruesa y un pellizco de ají picante, acostumbran llenarte la boca a toda hora; por eso es que los soñadores desahuciados no dejamos de remar para tratar de llegar a la orilla de los imposibles, pese a tener consciencia de su posible inutilidad. ¿Quién dice que hoy no es cuando vas a poder alcanzarla?
                Las fantasías tienen el timbre de la gloria en sus movimientos, les fascina sembrar certezas triunfales en las huellas de los más humildes hasta que las campanas riegan de tañidos primorosos los caminos.
                Los espejismos saben volar sobre el miedo para convertirse en invencibles guerreros de triunfos inolvidables. A ellos les gusta ser un celaje que riela al filo de la medianoche, mientras marcan un compás de niños alborotados que hacen naufragar el olvido.
                Todo eso es lo que esa manada de bestias torpes y malolientes que se autodefinen como herederos del Socialismo del Siglo XXI trata de acabar. Los pobres infelices no terminan de entender que nunca se pudo construir una jaula suficientemente fuerte, ni grande, donde cupiera la certeza de que las esperanzas son verdes y nunca cesan de retoñar. Ellas suelen hacer que los cretinos paguen cada cuota de la deuda que han adquirido con su prójimo.

© Alfredo Cedeño

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Sueños y esperanzas que nunca mueren. Ojalá pronto sea algo más que sueños y esperanzas. Gracias Alfredo.

Alejandro Moreno

Anónimo dijo...

Felicitaciones apreciado Alfredo. Todo un poema. Lo estoy divulgando, abrazos

Eddie Ramírez

Anónimo dijo...

Sueños y esperanzas siempre retoñando... ¡Vivas!