lunes, abril 13, 2026

A PROPÓSITO DEL TIEMPO



          Una de las preguntas más difíciles que me han hecho en la vida, me la formuló mi hijo cuando estaba cerca de cumplir dos años. Con su voz todavía enredada y sus ojos limpios me soltó: “Papá, ¿qué es el tiempo?” La pregunta que desde que el hombre es el animal pensante que se supone es, ha generado infinitas horas de pensar y discutir.

          ¿Cómo explicarle, por ejemplo lo que Agustín de Hipona, a comienzos del siglo V después de Cristo, dejó en Confesiones? “Qué es el tiempo? Sé bien lo que es, si no se me pregunta. Pero cuando quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé. Pero me atrevo a decir que sé con certeza que si nada pasara no habría tiempo pasado. Y si nada existiera, no habría tiempo presente.”

          Tampoco podía soltarle aquello de “El tiempo es una magnitud física que permite ordenar eventos y medir la duración entre ellos”. Menos ponerme a divagar sobre lo que dijeron Aristóteles o Platón al respecto. Lo agarré, me lo senté en las piernas y, tratando de salir airoso del atolladero le solté algo sobre la representación abstracta creada por el hombre para tener puntos de comparación en lo que hacía. Me vio con no poco desdén y, antes de salir corriendo a jugar en su cuarto, me dijo: “¿Por qué el Sombrerero de Alicia si conoce bien al tiempo? Debieras preguntarle a él”.

          Hay un momento para cada cosa, y el tiempo que hoy es presente mañana, que hoy es futuro, será pasado. ¿Usted puede imaginar cuando llegue el de ese señor rechoncho, ojeroso y malencarado que anda amenazando a todo el que se le antoje con la macana de Trucutrú? Sí, ese mismo que se robó las cantinas cuando cadete, la sede de nuestro periódico, la casa de la gente decente en Los Chorros y que anda de rabo alzado frente a la marioneta Delcy Eloína.

          ¿Usted no ha hecho el ejercicio de imaginar el minuto en que los relojes –esos artefactos que inventamos para medir el paso del tiempo–, de los hermanitos Rodríguez dejen de funcionar, de la misma manera que dejaron de hacerlo los de Nico y Cilita? ¿Cómo dejar de regodearse imaginando el instante en que esa dirigencia patuleca y resabiada que hemos padecido por tantos años sea echada a un lado?   Bien lo dice el refranero popular: Tiempo al tiempo.

          Hay un océano de definiciones, ninguna coincidencia. ¿Cómo tratar de explicar lo que nadie se atreve a definir de manera total? En la Biblia, el libro Eclesiastés reza: “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar; tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar; tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz”.

          Venezuela también está gestando su tiempo de libertad, y veremos andar solitarios por las calles desiertas a todos aquellos que se regocijaron creyéndose eternos en su goce patológico del poder.

 

© Alfredo Cedeño 

No hay comentarios.:

Follow bandolero69 on Twitter