Termina otra Semana Santa, pero en
Venezuela el viacrucis se mantiene, España tampoco está exenta de su propia
pasión. Los valores cristianos, piedra fundamental de nuestras vidas, pésele a
quien le pese, todavía logran mantener la cabeza fuera del agua en la que los
perros rabiosos, progresistas y musulmanes por igual, se afanan en hundirles.
Tal vez por eso la esperanza de ver que la resurrección sea algo más que una
fantasía, creada por la Iglesia como elemento de control y poder, para que
ambos países logren alejar las cruces que llevamos largo tiempo padeciendo.
Las maromas, de temeridad inocultable,
de los que manejan las cuerdas formales del poder dejan atónitos a quienes les
observan. Sus justificaciones, elucubradas por parte de sus alcahuetes con
pretensiones intelectuales, suelen ser asqueantes. Frases altisonantes con las
que tratan de otorgar una pátina respetable resuenan en cada tribuna a la que
logran tener acceso. Todos, protagonistas y celestinos, muestran una dudosa
capacidad mimética con la que tratan de narcotizar a quienes les rodean.
Al contemplar, buscando entenderlo,
este circo en que vivimos sumergidos, la memoria me hace escarbar en mis fichas
bibliográficas y releo una frase de Friedrich Nietzsche. Es de su libro “Más
allá del bien y el mal”, publicado en 1886, y que les copio: “¡mientras
simuláis leer embelesados el canon de vuestra ley en la naturaleza, lo que
queréis es algo opuesto, vosotros extraños comediantes y engañadores de
vosotros mismos! Vuestro orgullo quiere prescribir e incorporar a la
naturaleza, incluso a la naturaleza, vuestra moral, vuestro ideal, vosotros
exigís que ella sea naturaleza «según la Estoa» y quisierais hacer que
toda existencia existiese tan sólo a imagen vuestra”.
Bien se la podemos aplicar a Delcy
Eloina, a su hermano, a los sayones que ahora hacen cruces en el aire
presentándose como egregios defensores de los derechos humanos. Es la salmodia
que hoy recitan con petulancia compungida antaño funcionarios de Chávez y
Maduro. Es la comedia írrita que vemos escenificar imperturbables a quienes se
consideran los nuevos amos del valle y las cordilleras.
Voces engoladas, gestos de patricios, poses de estadistas,
ademanes de próceres de nuevo cuño, una fauna de amplio catálogo que ahora se
asoma babeante buscando una parte del pastel.
Barrunto de tempestades anuncian cielo
y tierra, mientras los cretinos de siempre están convencidos de que la
ciudadanía es una masa de ovejas al desmadre. Ya los veremos lloriquear
compungidos cuando las tormentas, que ellos mismos contribuyeron entusiastas a
crear, los arrastre.
Cada día que pasa es uno menos de un
tiempo libre de cenizas y alacranes que tratan de burlar la voz de Dios, que
sigue siendo la del pueblo.
© Alfredo Cedeño


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