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domingo, mayo 20, 2012

EL TOCUYO



Hay quienes aseguran que Tocuyo es el vocablo que usaban los indígenas para llamar al jugo de la yuca, y ese nombre lo aplicaron al río que transcurre por entre estos espacios de tierra larense.  Fue aquí donde se estableció la llamada Ciudad Madre de Venezuela, puesto que fue de allí de donde salieron las diversas expediciones que permitieron las múltiples fundaciones de poblaciones que nos dieron origen. 





El historiador carupanero José Luis Salcedo-Bastardo aseveró en pleno siglo XX, de manera  categórica, que esta ciudad fue fundada el día 7 de diciembre del año 1545 y que su denominación original fue Nuestra Señora de la Pura y Limpia Concepción de El Tocuyo. Sin embargo, quiero destacar que Pedro de Aguado –unos años antes que Salcedo, a fines del siglo XVI- dijo en su Recopilación Historial de Venezuela: “Sólo sobre él diré que según parece, el Tocuyo fue poblado el año de cuarenta y siete…”.






Aquellos que quieren ser muy precisos dicen que, por lo menos lo del nombre, es discutible puesto que Antonio Caulín en Historia de la Nueva Andalucía, al referirse a esta población lo hace como San Juan  Evangelista del Tocuyo.




Lo cierto es que entre santas y santos, esta ciudad, que fuera capital de Venezuela hasta el año de 1577, la que llamaran La Ciudad de los Siete Templos, una de las de mayor tronío en Venezuela e Hispanoamérica, la primera en el Nuevo Mundo en tener telares, la… miles de cosas más, no le quedan sino ruinas de sus majestuosas construcciones.






Esa misma urbe de la que Joseph Luis de Cisneros escribiera en 1764: “Es la ciudad de Tocuyo, una de las mejores que tiene su Provincia, rica, y abundante de víveres, de modo que no necesita sino de vino y aceite…”.  De ese sitio nada más queda concreto, hierro, acero y ruinas a punto de colapsar en cualquier momento.




Entre los despojos de donde funcionara el Templo de Belén u Hospital Real San Juan de Dios, vivió hasta hace poco Eloy Antonio Yépez, arrastrando sus 60 años. Vivía ahí porque no tenía donde vivir, y aprovechaba para cuidar las desvencijadas paredes. Eloy Antonio, Belén y El Tocuyo parecen una misma cosa: los tres subsisten abandonados por aquellos que debieran ocuparse de ellos, los tres se arrastran y permanecen a pesar de que el tiempo y la desidia parecieran confabularse en contra de ellos.

© Alfredo Cedeño




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