domingo, febrero 12, 2017

ILUSIÓN

                 Pongo en duda que haya algo más poderoso y puro que la esperanza, en ella se cobijan todos por igual. Lo hacen el menesteroso y el potentado, las vírgenes y las putas, el moribundo y el recién nacido, la ninfa y la alcahueta, el beato y el ateo, la bondad y la maldad. Todos acuden a ella pidiendo más y mejor de lo que ya tienen o son. Hay una línea delgadísima, como filo de navaja asturiana, de esas que sólo forjan en Taramundi, que la separa de la ambición; es de facilidad pasmosa dar un paso en mala hora para convertirse en fiel imagen de la codicia.
                Los desposeídos, los llamados hijos de la nada, aquellos a quienes todo le falta, suelen depositar en ella sus peores angustias para terminarlas convirtiendo en cataclismo purificador, o, la mayor parte de las veces, en desgracia infinita. En muchas oportunidades terminan convertidos en pequeñas bestias que destrozan todo a su paso, y con justificado rencor ante un entorno que suele desdeñar su, en apariencia, mansa humildad. Sus venganzas no conocen fronteras, ni distinguen el daño que pueden terminar autoinfligiéndose; por ello es común ver como se convierten en tsunami electoral que entroniza al primer cretino que les ofrece villas, castillas y bacinillas para cagarse en el alma de aquellos que los han arrinconado sin misericordia.
                Por ello no hay miserable más abyecto que aquel que, con manifiesta alevosía, juega a utilizar, en función de sus más mezquinos intereses, la pureza de aquellos a quienes solo les quedan ilusiones. Venezuela, tierra de gente pura y desinteresada, hoy es un espacio macilento unido en torno a la esperanza de salir de ese agobio llamado chavismo que, en mala hora, cargamos encima cual cepo vil desde hace 18 años. Y eso es lo que hace más indigno el manejo que un grupo de pendejos con pretensiones de ilustrados, sindicados en ese cachivache ampuloso que es la MUD, juegue a ser quienes han de marcar el rumbo de un camino que ellos no saben cuál es.
                Ni siquiera lástima provocan, es grima, un asco profundo e incontrolable, el que generan en ondas cada vez más amplias, cual piedra que hubiera caído en medio de un charco pestilente. Se han empeñado, con sevicia injustificada, en dilapidar la energía de un país entero que se les entregó con pasión desmedida. Son alacranes del mismo nido de Chávez, Maduro, Cabello, Rodríguez, Rangel, y demás alimañas parientes. Y tan lamentables como ellos son aquellos que, presumiendo ser voceros de la ciudadanía, tratan de actuar cual acequias del sentir colectivo para darle impulso a una charada que ni a sainete llega.
Es pública, descarada y, ¡por supuesto!, notoria la manera como han tratado de “linchar” moral y políticamente a Leopoldo, a Ledezma y a María Corina. Ahora se agarran de la participación de ella en una marcha de los trabajadores de la salud para descalificarla. Del mismo modo se agarran con desespero de ahorcado a la convocatoria que desde la cárcel hace Leopoldo López para marchar el próximo 18 de febrero, pero no es que la hacen suya sino que juegan a su fracaso y así lograr desmovilizar a la población.
Qué desgracia más infinita la que nos ha tocado sobrellevar en este Gólgota tropical y subdesarrollado en el cual están empeñados en mantenernos un hatajo de rufianes resabiados. Es insólita la masacre de ilusiones que llevan a cabo los unos y los otros, con la impunidad que les otorga saber que entre ellos mismos se pueden cobrar y dar el vuelto. Imposible no hacer mías las palabras de El Quijote a Sancho al ser nombrado gobernador de la ínsula Barataria: “El necio en su casa ni en la ajena sabe nada, a causa que sobre el cimiento de la necedad no asienta ningún discreto edificio. Y dejemos esto aquí, Sancho, que si mal gobernares, tuya será la culpa y mía la vergüenza; mas consuélome que he hecho lo que debía en aconsejarte con las veras y con la discreción a mí posible: con esto salgo de mi obligación y de mi promesa”.

© Alfredo Cedeño

1 comentario:

Anónimo dijo...

Apreciado Alfredo: que casualidad que estaba por llamarte para decirte que he perdido toda esperanza de que esto cambie. Tan es así, que algunas veces pienso que creo estoy esperando algún evento que justifique mi salida definitiva de este país.

Saludos,

Bernardo