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martes, julio 28, 2026

ROBERTICO Y LALO



          La Guaira comenzó a finalizar el siglo XX en medio de una tragedia que pensamos insuperable. Aclaro que cuando escribo La Guaira me refiero a esa franja que va desde Puerto Cruz hasta Los Caracas, así crecimos llamándola y así vamos a morir. Un cuarto de siglo más tarde otra desgracia se ceba en sus espacios con una furia de la que todavía sus hijos no terminan de recuperarse. El estupor se mantiene feroz sobre las antaño playas de sueños desplegados. El cinturón de montañas que le rodea son testigos inmutables de un largo rosario de tristezas y penas.

          En medio de esa amada lengua de tierra ganada a la serranía y al mar, Caraballeda siempre ha ocupado un lugar especial. Su diminuta iglesia, que desde el siglo XVII ha estado en La Bajada de los Indios, ha brindado consuelo a sus feligreses a lo largo de los siglos. También ha sido inspiración de gigantes como Armando Reverón que en 1924 pintó su “Fiesta en Caraballeda” representando un festejo a las puertas del templo.

          Pero esta población, en los dos infortunios citados, ha sido protagonista de episodios en los que sus vecinos no merecían estar en relación con tales miserias. 

          En diciembre de 1999, poco después del deslave, el comandante galáctico visitó su calle Tarigua. La incursión se debió al escándalo de “Robertico”. Les explico. En aquellos trágicos días ciertos personajes se aprovecharon de la tragedia para pasar facturas internas a quienes estorbaban a sus propios intereses. Fue así como el caso del mencionado sujeto se empleó para decapitar al jefe de la DISIP, Jesús Urdaneta Hernández.  

Se aseguró que agentes del cuerpo policial, que dirigía el compañero de conspiraciones de Chávez, habían ejecutado a Roberto Hernández Paz, nombre completo del “angelito” desvanecido. No sobra dejar saber que el desaparecido hizo gala en vida de cuanta mala maña y costumbre se pueda usted imaginar; sin que ello justifique lo que haya sido que pasó con él.

En esos días era común escuchar la sorna con que los vecinos de ese laberinto de veredas y callejones se referían a “san Robertico”. Un testigo de la reunión de Hugo Rafael en la vivienda con los deudos, en la que le atiborraban de las bondades del querubín, asegura que en medio de la cháchara y, por lo visto, un tanto harto de lo que sabía era una compungida representación, exclamó: “Bueno, no me vengan con cuentos de honestidad y limpieza, porque estas sillas en las que estamos sentados son robadas del Macuto Sheraton”. 

          Igual defenestraron a Urdaneta Hernández y la revolución siguió su camino.

          En este nuevo episodio de destrucción surge otro personaje en el mismo barrio, ahora de la mano de la dictadora encargada. Esta oportunidad protagonista es Lalo, un vecino con un vasto historial que lo enrumba al altar del santoral rojito. Este galán en el año 2003 le dio un balazo en la cabeza a Rina, quien entonces era su esposa. Ella sobrevivió, aunque perdió la visión. Transcurrido algún tiempo se pavoneaba de nuevo por las calles de Caraballeda con andar de Pedro Navaja.

          En estos días, el ilustre vecino de Tarigua, volvió a saltar a la boca de sus compoblanos cuando apareció al lado de la dictadora encargada. Se le ve en los videos y fotos del evento recibiendo una vivienda como damnificado del sismo del pasado 24 de junio. Es necesario enfatizar que su casa no fue afectada en nada durante el desastre que acabó con La Guaira.

La aparición de este caballerito, al lado de los ilustres hermanos Rodríguez, como receptor de un apartamento por afectado incendió a todo el pueblo. Al punto que a las pocas horas envió un audio en el que se le oye con voz compungida decir: “Buenos días, señoras y señores, por aquí les habla Lalo. Esto es con el fin de hacer una aclaratoria…” y por ahí sigue un rosario de gimoteos en los que explica que su actual pareja, médico de un hospital local, fue la que recibió el inmueble y que él solo fue a acompañarla, pero que en el ínterin lo arrastraron para aparecer cual damnificado. Asegura: “Yo no tengo ningún beneficio, yo no tengo la necesidad, porque yo estoy, en la casa donde yo vivo no pasó nada”. Al cabo de los dos minutos se despide dando las buenas tardes…

Acostumbraba decir mi padre: primero agarran a un embustero que a un mocho. No hay episodio de este bodrio que nos gobierna desde hace ya 27 años que no sea una escena cargada de bochorno superlativo.  Todo cuanto llevan a cabo es una maroma para aprovecharse de manera deleznable de lo que puedan manipular. Son una imagen patética embarrada en una vileza que no logra detener el paso decidido de una ciudadanía que siempre encuentra camino y soluciones.

 

© Alfredo Cedeño  



miércoles, julio 29, 2020

HABLANDO DE LA OPS



                Justo a mediados de marzo del año 2004 se celebró en Puerto Ordaz, estado Bolívar, la XXV reunión de ministros de salud del Área Andina –REMSAA­–, que es la máxima instancia del Organismo Andino de Salud Convenio Hipólito Unánue, así llamado en homenaje a José Hipólito Unanue y Pavón, médico, educador y prócer de la Independencia del Perú.  En ese cónclave de burócratas asistieron dos invitados muy especiales: Lee Jong-wook, director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Mirta Roses Periago, directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Él de nacionalidad surcoreana y ella argentina.
                Lógicamente, Venezuela como país anfitrión botó la casa por la ventana y a la clausura del evento acudió el propio comandante eterno. Ya he expuesto con anterioridad la fascinación que ejercen los sátrapas de todo tenor y calibre en los intelectuales, así como en los miembros de los llamados entes multilaterales; y cuyos máximos representantes suelen alcanzar dichos escalafones con el apoyo de los llamados gobiernos liberales.  No olviden que en medio de la crisis sanitaria que vive el planeta con la Peste China han sobrado los señalamientos del apoyo que tuvo en su momento por parte del gobierno chino el actual director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus. No creo necesario abundar en la actitud complaciente de este funcionario con respecto al gobierno amarillo. También es pertinente recordar que este caballero fue ministro del “progresista” gobierno etíope.  Para terminar de redondear lo que corresponde al máximo burócrata sanitario del mundo vale la pena reseñar que semanas atrás aplaudió la respuesta resuelta y contundente del gobierno español para revertir la transmisión del COVID 19. Uno no sabe qué pensar al respecto de esto último, la desgracia que vive el país hispano, convertido en la vergüenza de Europa por los niveles de contagio de la pandemia amarilla son de antología.
                Regresando a Venezuela 16 años atrás, en la mencionada asamblea de ministros fue más que manifiesta la complacencia del señor asiático y la señora austral. En todas las fotografías que hice en aquella ocasión se les veía el gozo que exudaban de estar al lado del hijo ilustre de Sabaneta. Varios meses más tarde, en el 525 de la calle 23, en el NW de Washington D.C., sede principal de la OPS, oí de boca de varios altos funcionarios de esa institución hacerse lenguas hablando de la gesta sanitaria que estaba llevándose a cabo en Venezuela. ¿Es necesario abundar sobre el descalabro del que fuera uno de los sistemas de salud emblemas del continente en nuestro país?
                Como bien han de suponer mis reservas respecto a dicho organismo son muchas. Por ello, no puedo dejar de preguntarme a santo de qué sale el interino a anunciar: “El día de hoy, después de superar una gran cantidad de obstáculos, estoy enviando la orden de transferencia de los recursos para la Organización Panamericana de la Salud y Cruz Roja para dotar de equipos de protección a nuestros héroes que están en la primera línea en el combate contra la COVID-19. Recursos que no tocará el régimen”. ¿Acaso esos equipos si serán dejados entrar al país y no pasará lo mismo que en febrero del año pasado en Cúcuta?, ¿quién garantiza que dichos recursos no serán arrebatados por los funcionarios de la plaga roja para luego aparecer anunciando equipamiento de las ruinas hospitalarias del país? Por lo visto no se cansan de jugar con el país.

© Alfredo Cedeño 

miércoles, julio 15, 2020

PITHECANTROPUS PROGRESISTUS


                Pocas cosas seducen más a los autodenominados “progresistas” que un tirano. Revisen los anales de la historia y podrán verificarlo. Lenin, Stalin, Hitler –y si no me creen busquen sobre Hanns Heinz Ewers, uno de los primeros críticos en reconocer el cine como una forma legítima de arte; no es necesario abundar sobre el Nobel y Príncipe de Asturias de las letras don Günter Wilhelm Grass–, y Mao fueron ídolos e iconos de una intelectualidad que se jactaba de su sensibilidad y solidaridad con los desposeídos. El fervor que los mentados señores han despertado, y siguen haciéndolo, entre la llamada intelligentsia, entendiendo por tales a escritores, artistas plásticos, pensadores, actores, cineastas, periodistas, y siga por ahí dándole a lo que se le provoque, elevó a dichos energúmenos al panteón pagano de la contemporaneidad.
Raymond Aron lo definió muy bien al enunciar que el marxismo es el opio de los intelectuales.  Los ejemplos son inacabables pero si buscamos algunos podemos citar a Sartre, quien se supone fue una autoridad en lo que al arte del cuestionamiento se refería, sin embargo, anunció con pleno recochineo de los medios del mundo libre, al regreso de un viaje a Moscú: “La libertad de crítica es total en la Unión Soviética”. El regordete y sanguinario Mao sedujo a Andy Warhol, quien lo pintó con gorra y lunar; mención obligatoria merecen los guiños que le hacen al entonces mandamás de Pekín –Beijing como exige la corrección que se diga y escriba ahora–, los arrumacos que le prodigaron Lacan, Althusser, y Barthes, este último llevó su arrobo al regresar de China vestido con el mono azul maoísta.
                El derretimiento intelectual por los hombres fuertes no fue una manifestación decadente del viejo continente, o de la enigmática Asia. En el lado acá del Atlántico la adoración de Castro no merece mayores comentarios. Basta citar la idolatría inicial por parte de los miembros del llamado Boom Latinoamericano, la cual fue quebrantada por Mario  Vargas Llosa en 1967, cuando protestó por el encarcelamiento del poeta Heberto Padilla. Pero eso no fue óbice para que prosiguiera la postración por el barbudo antillano.
                Otro caso, del que poco eco hace la crónica, fue el del general Juan Francisco Velasco Alvarado en Perú. Ese militar, promulgó una ley que fue bautizada como “Plan Inca”, el 26 de julio de 1974, mediante la cual se confiscaron medios de comunicación como La Prensa, El Comercio, Última Hora y Ojo; y fueron clausurados los diarios Expreso, Extra, la revista Caretas y las radioemisoras Radio Noticias y Radio Continente; los canales de televisión privados también llevaron lo suyo y fueron presionados  para que vendieran el 51% de sus acciones al Estado. 
A esta altura quiero hacer una breve mención al entonces muy progresista y solidario Tribunal Russell II. Este “organismo” era la prolongación del Tribunal Russell I, creado a iniciativa de Bertrand Russell para investigar los crímenes, documentados y denunciados por los propios medios de comunicación norteamericanos, de los soldados estadounidenses en Vietnam. En el Russell II –entre cuyos miembros estaban Juan Bosch, García Márquez y Julio Cortázar–, su función inicial era investigar la situación imperante en diversos países de América Latina. Las sesiones de 1974 se centraron en las acusaciones de violación de derechos humanos por parte de la Junta Militar chilena, presidida por Pinochet, y en la situación de Brasil. En 1975 y 1976 los miembros del muy mediático tribunal sesionaron para pronunciarse sobre la situación en Latinoamérica. Pero… Cuando los periodistas y exiliados políticos peruanos pretendieron exponer sus casos ante dicha instancia justiciera, fueron impedidos de hacerlo porque, según los organizadores, la situación de ellos era incomparable con la de las víctimas de las dictaduras chilena y argentina.  ¡Claro! El peruano era un gobierno militar progresista.
Regresando a nuestro tiempo encontramos que el embeleco por los caudillos no murió con el siglo pasado. Y así vemos que Chávez, primero, y Maduro, ahora, son los nuevos fetiches de la casta pensante, esa que gusta de bajarse los pantalones, o arremangarse las enaguas, ante los gorilas de la izquierda. Marta Harnecker, Heinz Dieterich, Luis Bilbao, Ignacio Ramonet, Naomi Campbell, Sean Penn, Danny Glover son algunos de los ejemplos que hay en lo que a la cofradía de los ídolos progresistas criollos respecta. En todos los escenarios internacionales de la intelectualidad de vanguardia, el gobierno de Venezuela es la niña mimada, y todas esas asambleas de polichinelas vociferan hasta enronquecer exigiendo el respeto al derecho de los pueblos por marcar sus propios rumbos. Para muy poco sirvió que artistas y pensadores como Pedro León Zapata, Manuel Caballero, Simón Alberto Consalvi y José Campos Biscardi, por nombrar apenas unos, se pronunciaran contra la dictadura vernácula.   De nada valen las macilentas marchas de gente escapando de un país que naufraga, así como poco han valido los escapes en balsa desde Cuba.
Los sátrapas venezolanos y antillanos saben que cuentan con la bendición comunicacional del globo entero, cuanto más sanguinarios sean más benévola será con ellos la habitual corte de lambiscones y pedilonas.  Están al tanto de que para esa secta intelectualosa nada más excitante que una fiera a la que hacer el corro.  Eso sí, una bestia a la que ellos hayan otorgado su bendición.

© Alfredo Cedeño

miércoles, mayo 20, 2020

ANALES ROJOS



                La historia muchas veces se manifiesta con jugarretas de gata díscola, cuesta seguir  su humor retorcido. Cuando Hitler comienza su asalto al poder, por vía electoral, en los años 30 del siglo pasado obtuvo el 33% de la votación; cuando el hijo ilustre de Sabaneta, en diciembre de 1998, recorre el mismo camino obtiene el 33.35%  de los electores inscritos en el Registro Electoral. Sin embargo la maquinaria de propaganda roja siempre ha hecho énfasis en que obtuvo el 56.20% de los votos. Tampoco hacen mención que en las elecciones parlamentarias, que se habían celebrado cuatro semanas antes, su partido no llegó a obtener el 20% de los curules en disputa en ambas cámaras. Sin embargo, manejando los resortes del miedo, y quién sabe cuáles otras triquiñuelas, lograron imponer su criterio de convocar una Asamblea Constituyente que fue incluso aprobada por las máximas instancias judiciales de aquellos días.
                Los guiños históricos son pavorosos: un año más tarde de ganar la primera elección Hitler obtiene 92% de los votos, igualmente Chávez pasado un año impone su constitución a la medida con casi 90% de los votos. Poco importó en el caso venezolano los anuncios hechos de un potencial desastre humano y ambiental por las intensas lluvias que por largas semanas habían azotado el centro del país. El comandante intergaláctico el día antes de esas elecciones, en medio de una rueda de prensa, cuando todavía las había en nuestro país, respondió a los reporteros que le preguntaban si las lluvias podrían afectar el curso de la votación: “Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca”. Seguramente el hijo de doña Elena se sintió Bolívar en medio del terremoto de 1812.
                Del desastre del deslave de Vargas se ha escrito, y seguramente se escribirá, de manera exhaustiva, pero la maquinaria comunicacional rojita siempre se ha hecho la gualberta ante la realidad que demostró, de manera muy clara, el poco interés que la vida de los ciudadanos tenía para el señor Chávez.  La prensa española, recuerdo en este momento, revelaba que el gobierno nacional no había atendido una recomendación hecha desde Defensa Civil de declarar estado de emergencia nacional ante la catástrofe que veían inminente.  En aquel documento al que hacían referencia se leía: “La situación es de tal magnitud que se requiere crear un Comando Ejecutivo de Emergencia”.  El citado escrito lo entregó el ingeniero y oficial del cuerpo de bomberos aeronáuticos Ángel Rangel Sánchez el 15 de diciembre a las 2 de la tarde.  Los hechos demostraron sobradamente el efecto que tuvo en las altas esferas gubernamentales la campanada del funcionario.  Nunca se han detenido los voceros de la peste roja en los daños humanos que se pudieron evitar, para ellos siempre fue el poder su objetivo y para lograrlo no se detuvieron, ni detienen, ante nada.
                Debo decir que el ecumenismo rojo es “de librito”. Ellos no dejan de tomar de donde sea los elementos que les ayude en lograr lo que buscan. En el marco de la Segunda Guerra Mundial Goebbels en su diario manifestaba su asombro ante el uso que hacían los bolcheviques de altavoces para anunciar sus acciones. Jugada típica de los soviéticos: Actuar con audacia, a la luz del día, hablar sin cortapisas ni disimular sus intenciones.  Lo cual tampoco es de su uso exclusivo, porque al leer  Mein Kampf se encuentran los planes y subterfugios de Hitler para llegar al poder. Chávez nunca dejó de anunciar que iba a conquistar el poder, ni de que buscaba eternizarse en su ejercicio. Aunque ello significara la literal desaparición de una parte del país.
                Luego del desastre de Vargas una de las cosas que se buscó fue borrar de manera fulminante todo rasgo de desidia oficial en el manejo de esa eventualidad. En las primeras de cambio se manejaron cifras escandalosas de víctimas. La oficial Defensa Civil llegó a hablar de 30 mil “sepultados” mientras que George Weber, representante de la Cruz Roja Internacional, calculó en 50 mil víctimas el saldo de la jornada. Sin embargo, surgieron voces como la del antropólogo Rogelio Altez quien afirmó en su momento a la BBC: “Mi análisis de los documentos forenses, de los cementerios en los que se enterraron los cadáveres y entrevistas con los afectados no arroja una cifra superior a los 700 muertos”. Altez también dijo en esa oportunidad que las cifras que se manejaban de millares de fallecidos eran irreales y que todo se debía a que “miles de muertos traen miles de millones de dólares en ayuda y se hizo un gran negocio con la reconstrucción”.
                Como todo sistema totalitario el chavismo-madurismo-castrismo siempre achaca a los otros la causa, responsabilidad, goce y disfrute de los males que ellos han propiciado sobre Venezuela. La destrucción de PDVSA es obra y gracia de los golpistas meritócratas, el acabose de Guayana y Amazonas  se debe al bloqueo criminal del imperio, la aniquilación de nuestro sistema público de salud es la manifestación de la conspiración criminal de los agentes del sionismo internacional  contra la autodeterminación de los pueblos, el desastre económico es producto de los apátridas que aspiran a imponer el dólar como santo al cual adorar, la desgracia educativa es un flagelo que desde las universidades conspiradoras se dedican a contagiar criminalmente a nuestros niños…
Y así se nos ha ido –y se nos va– la vida, mientras el mundo, de cuando en cuando y para salvar las llamadas apariencias, hace algún saludo ceremonial en el que exige el respeto a los derechos humanos. Quieren que no sea tan obvio el absoluto desinterés por nuestra tragedia. Tampoco es de buen tono que los señalen como celestinos de un deslave suficientemente anunciado.

© Alfredo Cedeño

miércoles, abril 01, 2020

SOLO JUSTICIA


Mientras la muerte hace cabriolas sobre nuestro país,  la casta política,  esa que todavía tiene hinchas furibundos de dermis muy sensible y vocabulario frondoso que conforman sus comandos virtuales y semiológicos, se empeña en hacer de las suyas. Por los vientos que soplan nuestros egregios dirigentes pretenden seguirse repartiendo el país según sus conveniencias y malasmañas. Sin embargo, creo que han estado contando los pollos antes de nacer. Es muy interesante que este martes 31 de marzo Elliot Abrams escriba en The Wall Street Journal que el Departamento de Estado de Estados Unidos le propone a Maduro y Guaidó que se aparten y den paso a unas elecciones libres.
Este planteamiento viene una semana después del anuncio de recompensa hecho por la captura de la élite rojita, la supuesta entrega del general Cliver Alcalá, mientras comienza a circular información sobre un supuesto Cartel Del Zulia. Hablo de supuesta entrega por varias razones, la primera es la absoluta ruptura del protocolo en el momento de su entrega a los organismos estadounidenses. No vimos esposas, ni cadenas, ni nada de lo habitual en estos casos que son parte de una serie de reglas que se siguen a rajatabla en estos casos. Mi sorpresa fue también compartida por viejos zorros del mundo policial y de inteligencia en varios lugares. Ahora, creo que a efectos de mantener mi línea de cronista de estos tiempos, es decir reseñando las cosas que a nuestro alrededor ocurren, es bueno hacer algunas precisiones en torno al señor Alcalá Cordones, “el bueno” como le gustaba a él mismo decir luego del intento de golpe de estado que encabezó Chávez en febrero de 1992.
Cliver Antonio es el arquetipo del camaleón que sabe cuándo y cómo mimetizarse en el entorno que le rodea. Egresado en 1983 de la Academia Militar de Venezuela, ocupó el décimo lugar en la promoción León de Febres Cordero. Entre sus compañeros de promoción estuvieron Hipólito Izquierdo, recordado general presidente de CORPOELEC al que Chávez destituyó por teléfono en llamada hecha de madrugada a VTV; también Wilmer Barrientos, quien fue jefe de la Casa Militar, rector de la Universidad Experimental de la Fuerza Armada, ministro del Despacho de la Presidencia y Seguimiento de la Gestión de Gobierno, ministro de Industrias y jefe del Comando Estratégico Operacional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana; otros fueron Luis Enrique Arzolay, José Francisco Acosta Carles (tercero de la dinastía), Hebert García Plaza, y en el lugar sesenta su hermano Carlos Antonio. 
Cuando la intentona ya mencionada en 1992 era comidilla del mundo militar como el ahora preso en tierras del Tío Sam hacía ascos de su hermano. Luego de la intentona cuando se presentaba y algún oficial superior le decía: ¿Usted es Alcalá Cordones? Su respuesta rauda era: “¡Yo soy el bueno! Porque el malo es el otro, y yo no sabía nada de eso”. Sin embargo, no tuvo reparos para recostarse de su hermano una vez que el sepulto llegó al poder en 1998 y así lo vimos mantenerse girando, y medrando, alrededor de la plaga roja. Sus labores de cortesano dieron fruto puesto que siguió ascendiendo en la jerarquía verde y ocupando diversos cargos de responsabilidad. Muchos aún lo recordamos como jefe del desfile militar llevado a cabo en Los Próceres con motivo del 20 aniversario del golpe fallido del 4 de febrero.
Este personaje, que hasta hace poco vimos ensalzado por “la oposición”, es el mismo que en el año 2011 fue incluido en la llamada Lista Clinton, del Departamento del Tesoro de Estados Unidos,  por su pertenencia al llamado Cartel de los Soles.  Vale recordar que en febrero del 2013, cuando todavía era militar activo, fue cuestionado por las comunidades indígenas de Guayana. En esa oportunidad los pemones denunciaron el hostigamiento militar a que eran sometidos por instrucciones suyas.  Los voceros indios informaron que rechazaban “actuación abusiva” del Ejército, y exigían la destitución de Cliver Antonio, a quien declararon persona no grata y “enemigo número uno del pueblo Pemón, especialmente de los miembros de las comunidades aéreas”. Afirmaban que él no escuchaba sus planteamientos, y “nos ha afirmado de una manera altanera, grosera, abusiva e incluso amenazante… que lo de él es acabar con la minería y las actividades que él considera como las conexas antes del 5 de julio fecha en la cual va al retiro.”
                Lo cierto es que el señor Alcalá pasó a retiro y en el año 2015 anunció su ruptura con el gobierno rojito. En mayo de 2016 apareció en Globovisión, donde reveló que no hablaba con Diosdado Cabello desde el 5 de julio de 2013 cuando conversaron sobre su futuro: “Me ofreció cargos de embajador”.  Para algunos fue curioso que siendo amigo de Miguel Rodríguez Torres, quien igualmente marcó distancias con Maduro y su combo pero terminó en prisión, él no y terminó supuestamente exiliado en Colombia. Para muchos fue sorpresa, para otros no, verlo aparecer desde la hermana república apoyando al presidente encargado y explicaba: “Tengo un liderazgo construido durante 34 años en las FF.AA. Como no hay voces que defiendan a los presos políticos militares, recibo múltiples llamadas de oficiales efectivos y en retiro, descontentos por la actuación de Maduro y sus secuaces”, para más adelante asegurar: “La única institución legítima en el país es la Asamblea Nacional, la única que no está bajo el control de Maduro. El señor Guaidó representa un interinato como presidente y todos apoyamos que concrete ese objetivo que se planteó”.
                Por supuesto que esas y muchas otras palabras del disidente rojo fueron diseminadas por los opositores. Todavía usted puede encontrar en los buscadores de internet frases como: “Lea la solicitud de Cliver Alcalá a Juan Guaidó que estremeció las redes”, y cuando se entra a la dirección que lleva a dicho documento aparece: “Esta página no está disponible. Es posible que el enlace que seleccionaste esté dañado o que se haya eliminado la página”.
                Todas estas maromas, que pretenden revestir de peripecias, del reseñado general empezaron a hacer aguas cuando aparecen en territorio colombiano unas armas supuestamente destinadas a labores insurreccionales en Venezuela bajo su batuta. Y el muy honorable estratega lo primero que hace es delatar al supuesto jefe de la asonada: ¡el inefable encargado!  De no ser tan delicado y serio lo aquí tratado es para reír a mandíbula batiente. Un jefe operativo de conspiración que convoca a los medios para revelar quién está al frente de la conjura… ¿Es que hay quien los pueda tomar en serio a cualquiera de todos ellos? Repito, de no ser por la tragedia que vive Venezuela este sainete de mal factura y peor puesta en escena sería para desternillar a cualquiera.  A la par de toda esta última trapisonda el gobierno de Estados Unidos le pone precio a su cabeza, diez millones de dólares, y reitera su señalamiento de ser parte del ya mentado Cartel de los Soles, al que ahora un brillante “analista” relaciona con la figura de Chávez, ya que, según él, era alrededor del sepulto que giraban todas las operaciones narcóticas del grupete de traficantes verdes. 
                Punto aparte merece el hecho de que nuestro mentado conspirador está casado con Marta González, hija de Eudo González Polanco, muerto en 2004 en Bejuma, estado Carabobo, durante una operación policial. Doña Marta es sobrina de Hermágoras González, supuesto capo colombiano y esa boda significaría la unión de los carteles de la droga y el de los soles. 
                Nada de lo que aquí escribo es secreto, todas son informaciones públicas y, por ende, sabidas por todo aquel medianamente informado.  ¿Alguien podría explicar al país qué hacía un personaje con semejante palmarés vinculado a la oposición? Se repite la historia sobre la cual hemos alertado en repetidas oportunidades un grupo de voces que no comulgamos con candideces tales como el diálogo, elecciones y demás zarandajas de similar tenor.  Bien lo dijo hace muy poco el tocayo Coronil Hartman: “Ni olvido ni perdón. Aquí no vale la historia de empezar de borrón y cuenta nueva en un "gobierno de emergencia nacional" porque el narcorégimen nos ha infligido la mayor humillación, el mayor dolor y la máxima destrucción. Basta! Sólo exijamos justicia con mucha firmeza”.
                Al son que marcan algunos, y que se pretende bailemos sin chistar,  pronto tendremos que ir a la plaza a darle vivas y rendir pleitesía, cual La Dolorosa o el Santo Sepulcro, a los iluminados tipo Claudio Fermín o Enrique Ochoa Antich. Bien demuestran lo mucho que les importa los pecios de nuestro país.

© Alfredo Cedeño 

miércoles, febrero 12, 2020

SORDOS A CABALIDAD


                En el año 2005 trabajaba yo con la agencia mexicana de noticias Notimex, y una de mis fuentes noticiosas era la Asamblea Nacional, cada martes por la tarde y cada jueves por la mañana acudía a la sede del Parlamento. Muchas de mis asistencias fueron consciente de que encontraría poca noticia y si mucha diversión, también bastante pena ajena ante las carantoñas mutuas de los Politicus sapiens nacionales. Se podía ver cualquier cosa que se pudiera imaginar, y más.   Recuerdo a fines de mayo de ese año la alharaca que con frenesí mantenían los diputados rojitos por un supuesto atentado contra el comandante eterno que se iba a llevar a cabo el sábado 28 de mayo durante un acto que él protagonizaría –¿quién más?– en la avenida Bolívar.
                Según el difunto, que no asistió al evento en cuestión, había recibido un alerta de Inteligencia Militar de que: “en un apartamento en Parque Central consiguieron evidencias de que un grupo de colombianos, según dicen los vecinos, estaban monitoreando y buscando ángulos de tiro sobre la avenida Bolívar. Es una de las tantas evidencias que tenemos”, denunciaba el hijo de Sabaneta con voz  que trataba de transmitir alarma e indignación.
                Las evidencias de supuestos magnicidios las comenzó el hijo de doña Elena en octubre del año 2002,  cuando desde la que fue su gran tribuna, Aló Presidente, el domingo 20 de ese mes comenzó una verdadera seguidilla de denuncias de planes para su liquidación física. Durante la transmisión de su maratón televisivo el animador estrella denunció el aborto de un magnicidio contra él a su llegada de una gira por Europa. Relataba en esa oportunidad que el viernes en la noche, en una escala en Canadá para reabastecer combustible, recibió una llamada telefónica de Diosdado Cabello, entonces ministro del Interior y Justicia, alertándolo de no aterrizar en el aeropuerto de Maiquetía, porque iban a asesinarlo. Dijo él: “Eran como las 8 de la noche del 18 de octubre de 2002. Resulta que a un cuerpo de Inteligencia llegó la información, menos mal que a tiempo, acerca de un presunto movimiento de armas, que se llevaba a cabo por parte de sujetos desconocidos en el Paseo La Zorra, en la Parroquia de Catia La Mar del Estado Vargas. Se comisionó un grupo de funcionario civiles y militares para ir a investigar.” El relato describía un supuesto enfrentamiento armado con el grupo de irregulares que, cual escuadrón de rambos autóctonos escaparon de los muy capaces organismos de inteligencia criolla.
                Los “atentados” contra el señor Chávez se convirtieron en algo cotidiano en el escenario político venezolano. Eran de una regularidad que ni Cabrujas en su apogeo con La Dueña, nadie se quería perder un capítulo de los pérfidos complots contra el abnegado hijo de Barinas.
                Recuerdo que el martes 14 de junio el señor Chávez anunció al país, en medio de una clase magistral efectuada a cadetes próximos a graduarse en la Academia Militar, que el tradicional desfile militar del Día de Ejército, que se celebraba tradicionalmente cada 24 de junio, había sido suspendido porque un nuevo capítulo magnicida había sido develado. Los medios citaron al caballero en cuestión así: “Yo decidí suspender el desfile del 24 de Junio, y no es la primera vez que lo hacemos (...) La razón fundamental, y el ministro de Defensa la explicó al país, es que se ha detectado un plan de magnicidio en torno al Campo de Carabobo, o en el mismo”.  En esa oportunidad el “magniciado” arremetió, por milésima vez, contra algunos líderes de oposición y medios de comunicación privados, quienes habían pretendido manipular la decisión, diciendo que “el Presidente desconfía de los militares”, y remarcó que no tenía desconfianza alguna en los militares activos de la Fuerza Armada venezolana.
                Como era de esperarse el jueves 16 la Asamblea Nacional era un hervidero de comentarios de todo tipo, había quienes se burlaban abiertamente y los que casi lloraban de indignación ante el sacrilegio de atentar contra la vida del ilustre barinés. Por lo visto los médicos de La Habana no se compadecieron mucho de tales arrebatos emotivos. Sigamos en lo nuestro, ese día luego de concluida la sesión parlamentaria se me acercó uno de tantos asesores que suelen abundar en predios legislativos, el cual laboraba con un grupo de supuestos diputados opositores de izquierda, y me preguntó:
–Camarada –hermosa palabra pervertida por los progresistas y demás istas de similar catadura–, ¿qué le parece toda esta cosa del magnicidio, serán capaces de tirarse esa parada?
Mi respuesta fue inmediata:
–Hermano, con la viajadera que carga este hombre, que no puede ver un avión porque suspira, ¿usted cree que si los gringos, por ejemplo, quisieran salir de él, no basta con un misil en medio del océano?
Si yo le hubiera mencionado a su madre estoy seguro que la respuesta hubiera sido menos furiosa:
–¡Un momento camarada!  Así no es cómo vamos a resolver las cosas, ¿cómo se te ocurre decir semejante barbaridad? Yo no puedo creer que andes diciendo eso…
Ante lo cual lo interrumpí:
–¡Cuidado con una vaina!  Y te recomiendo que vayas al servicio médico a que te vea un otorrinolaringólogo porque estás oyendo bien mal, y lo peor es que si repites eso por ahí bien sabes la que me vas a echar con esta cuerda de locos empoderados.
–¿Acaso no me dijiste que todo se resuelve con un cohete?
Y en medio de vaporosos aleteos de su virilidad se alejó frenético por entre los curules del parlamento, dejándome pasmado ante su desenfreno.  Por supuesto, más nunca ni los buenos días.  Este señor, cuyo nombre no viene al caso, es la representación por excelencia de nuestra horda política, oyen lo que se les antoja y luego endosan sus caprichos a los demás mortales. Es una manada de primates que no oyen la calle, pero que siguen exigiéndole sumisión absoluta. ¿Así vamos para alguna parte? 

© Alfredo Cedeño 


miércoles, enero 29, 2020

RELACIONES Y TORMENTAS


                Para nosotros los venezolanos la solidaridad es genética. Ante cualquier manifestación de desamparo solemos acudir a ver en que ayudamos, ello muchas veces ha llevado a cierto nivel de gregarismo que nos hace convertir en manadas.  Esa ha sido la clave del empeño de nuestra casta política para convertirnos en sumisos rebaños, han jugado al desvalimiento para exacerbar en nosotros la piedad y obtener la legitimidad que luego da el sufragio.  Al menos así lo han intentado de un tiempo para acá, porque con anterioridad la fórmula era de montoneras y arrebatos de macho tropical hipertrofiado. 
Esa vocación de ayuda a los otros se ha convertido en el amiguismo, en el más sano sentido de la palabra.  Y vuelve la burra al trigo, los dirigentes, de todo tipo, se fueron cimentando sobre la base de la mayor cantidad de “amigos” que podían, y pueden, acopiar; una de sus principales habilidades es el derroche de simpatía, los golpes vigorosos en la espalda de los compañeros, el beso de rigor a la vieja desdentada o al mocoso macilento, comer un plato de sancocho en un plato de peltre o una empanada en cualquier taguara de carretera, y por ahí hasta la Conchinchina de ida y vuelta. Fue como surgieron, y siguen haciéndolo, jefes sindicales, líderes populares, candidatos hasta para reyes del baile del mono en Caicara de Maturín. De ese modo nacieron nuestros célebres “contactos”.
Tranquilo que yo tengo el que te resuelve lo de la licencia, no te preocupes que yo conozco un pana que te consigue esos dólares, deja la angustia que eso está hecho, la ringlera de frases similares a esas todos las hemos escuchado, o practicado, más de una vez. Por supuesto que ha habido numerosas excepciones, pero que terminaron sucumbiendo a su entorno. Conocí a un hombre de una rectitud a prueba de todo, él un día decidió vender una casa que había construido en la Caracas de fines de los años 40, comienzos de los 50, en ella vivía una familia a la que se la había alquilado; un día este buen hombre decidió vender esa vivienda y sacó las cuentas de cuánto había gastado en su construcción y cuanto habían pagado los inquilinos, hizo un cálculo inflacionario justo y se las vendió. Cuando su esposa se enteró puso el grito en el cielo, lo acuso de loco, de desubicado, de inocente, y de muchas otras cosas de similar tenor. La doña no se quedó quieta y fue a hablar con los compradores, les explicó que el señor no estaba bien de salud, y sabrá Dios qué otras cosas parecidas, hasta que logró echar atrás la operación. Como ese caso conozco muchísimos más.
La plaga roja ha logrado con una rapidez inaudita pervertir el rasgo amable de nuestra naturaleza. Nos han convertido en el reino de los contactos, los compañeros, los compadres, los camaradas, y demás bicharracos de parecido pelaje.  No importa tu extracción o tus ancestros, dinero hay y a montones para comprar virtudes y solidaridades, el respaldo con capa verde dólar sabe volar alto y fuerte. Hemos visto al lado del comandante ya sepulto, y del bigote bailarín, alcaldes, gobernadores, diputados, inversionistas, banqueros, sindicalistas, candidatos, modelos, actores, deportistas… ¡De todo!  A veces vemos rodar alguna de esas cabezas “hiperconectadas” y nos preguntamos hasta donde la ingenuidad les hizo ciegos ante la desgracia continental llamada chavismo. ¿De veras llegaron a creerse inmunes ante la barbarie?

© Alfredo Cedeño 

miércoles, octubre 23, 2019

ENGAÑO, LUEGO MANDO



         El poder es engaño, es el uso desapasionado, frío, cruento la mayoría de las veces, del prójimo en función del bien propio enmascarado con la manida frase de la búsqueda del bienestar común. En su búsqueda, logro y ejercicio confluyen las peores condiciones humanas. Y se patenta en cualquiera sea su nivel. Se llega a una oficina, sea cual sea su función, y desde el portero, pasando por esa representación por excelencia de la descortesía a la que han dado en llamar “seguridad”, hasta la secretaria de la cabeza de dicha dependencia, nos exigen ir dispuesto a sumergirnos en un ejercicio abyecto de sumisión, no basta con la genuflexión, necesitará humillarse. Basta que al portero se le antoje que no puedes pasar para que todos los trámites a realizar se vengan abajo. Ni hablar de la cabeza del organismo, si usted no le cae en gracia, puede estarle presentando el adelanto molecular más avanzando de la galaxia, si a él –o ella, que también entre las faldas abundan–, no le dan sus santas ganas olvídese de alquilar el traje, a ese baile no va.
         He visto brillantes y solidarios intelectuales, de esos que enuncian sólidos argumentos a favor del proletariado, saltar raudos a sacar de una botella de refresco el pitillo recién colocado por un humilde trabajador y batirlo contra el suelo, mientras mascullaba: ¿Es que no le viste las manos? A más de un sensible vate, devenido en profesor, lo vi humillar a algún discípulo por no darle la respuesta que él esperaba: ¿Bachiller, está seguro de que esto es lo suyo? Fueron varios los defensores de los cacareados derechos humanos a quienes vi limpiarse, y desechar sus costosos pañuelos de lino, luego de estrechar las manos de humildes mujeres que clamaban por justicia. José Vicente Rangel fue uno de ellos en su “gloriosa” época de diputado.
          Ha habido un largo trecho desde los primigenios guerreros, que se imponían a mandobles y coscorrones sobre sus vecinos, hasta hoy. En nuestros días la alevosía es la horma por la que se rigen todos aquellos que pretenden liderar así sea la junta de las fiestas patronales de Achaguas.  Todo se ha reducido a un torneo de ofrecimientos, aquel que más ofrece más cuotas alcanza. El lema que rige es aquel de: Jurar, jurar y jurar hasta llegar a ganar; una vez que has ganado olvidar lo jurado. La vocación de servicio que se supone hay tras el ejercicio del liderazgo social se ha pervertido a niveles que ni el propio Macchiavelli pudo suponer. Los famosos senadores romanos y sus trapisondas han  resultado niños de pecho al lado de nuestra casta política contemporánea, tanto la criolla como la exógena. Lo vemos a lo largo y ancho del mundo. Todo se ha reducido a los números y beneficios que cada quien puede obtener. Te pongo estos aranceles si no me dejas vender esto, te veto las operaciones en  tal localidad si me niegas esto otro, te apoyo en aquella alcaldía si me votas en esta diputación…
         Y así se nos va la vida en manos de una gavilla de descerebrados que juegan a ser Nerón o Hitler, les importa muy poco nuestros destinos con tal de reafirmar su primer puesto en la foto. Venezuela ha padecido un largo rosario de dicha fauna, el saldo final es la destrucción de un país que pudo ser modelo de logros. Chávez y su combo arrasaron con todo, lo peor es que en la riña de bar arrabalero por nuestros pecios los llamados demócratas lucen aún peores. Solo quieren poder; poco, muy poco, les importa la ciudadanía.

© Alfredo Cedeño

miércoles, noviembre 21, 2018

EXTRAVAGANCIAS DEL PODER

 
                Hay imágenes que se nos graban con impertinencia en la memoria. Son escenas en las que sus protagonistas se imponen en nuestros recuerdos de manera avasallante. Uno de esos iconos es la imponente foto de Winston Churchill hecha en 1941 por Yousuf Karsh; ese retrato fue realizado durante la visita a Canadá del líder británico y su fuerza fue tal que se convirtió en la más depurada representación de la fiereza, fortaleza y seguridad del señor Churchill. 
                Hay otras tan emblemáticas como esa pero que han corrido con menor suerte en su permanencia en la retentiva colectiva de la humanidad. Fue hecha en Moscú en abril de 1963, durante el viaje que hizo el difunto Fidel a territorios soviéticos. Como suele ocurrir en todos los escenarios revolucionarios su autor permanece en el anonimato, al menos para mí. En dicha instantánea, vaya usted a saber en qué recinto de la extinta URSS, y bajo la presencia de un retrato de Marx que parece observar con particular insolencia a don Nikita, un reducido grupo de doce personas, incluidos los ya nombrados, aparecen alrededor de una mesa donde el caribeño se dedica a encender un largo puro con su mano derecha, mientras hace pantalla con la izquierda y protege la llama.  
                Esa imagen que debió haber tenido mayor trascendencia que la de una "foto simpática" es expresión por excelencia de la moral revolucionaria. En la muñeca que cuida el fuego con que enciende el habano se ven DOS relojes Rolex… La cara del máximo jefe ruso es de esas que llaman polisémicas, se le puede interpretar como el amo que mira a su mico complacido, tal vez refleja estupor ante el desparpajo del socio recién adquirido, a lo mejor…, y así hasta el infinito.
                ¿Por qué esa fotografía no fue leída en su momento con la seriedad que ameritaba? ¿Qué pasó con el entorno político mundial que no desnudó lo que en ella se asomaba? Ocurre que el circo es una de las instituciones más añejas de la humanidad, sus arenas han servido para exhibir aquellas manifestaciones exóticas o ajenas a nuestro entorno; por lo que sus instalaciones siempre han funcionado como un frasco de miel para las moscas. De un tiempo a esta parte ciertas bestias, de excepcional inteligencia, se dedicaron a crear sus propias pistas para exhibirse y congregar a quienes les interesan. Fidel fue un maestro en ello y la experticia adquirida en tales menesteres la transmitió al oprobio que gobierna Venezuela.
                Por todo ello, asombra el candor o ignorancia de quienes aparecen presagiando la retirada masiva de embajadores ante la corte del zar Nicolás el próximo enero. ¿Acaso creen que los muy curiosos y educados gobernantes del mundo van a perder la oportunidad de hacerse retratar al lado del engendro del momento? ¿Quién no salió al lado de Stalin, Fidel, Gadafi, Hussein, por nombrar algunos? ¿Acaso no recuerdan a Clinton con el difunto? Al final serán recuerdos estrambóticos de las duras exigencias de su ejercicio del poder.

© Alfredo Cedeño


miércoles, noviembre 14, 2018

PEQUEÑA FÁBULA

         
                         Decía el bachiller Esopo que la costumbre dulcifica hasta las cosas más aterradoras. Parece ser que la plaga roja es más culta de lo que a simple vista expresa, puesto que han demostrado conocer y aplicar dicho aserto de manera impecable. A partir de Chávez y su arenga altisonante, bajo la mirada cómplice de una casta política inconexa con nuestro tejido social, el país se nos ha desmigajado de manera insólita. El terror fue tomando posiciones en nuestro quehacer diario hasta convertirse en parte de nuestras vidas para luego ser visto con naturalidad, es decir, con la dulzura que reviste a todo aquello que es parte de nuestra cotidianidad.
                         Descalabraron la Constitución que desde los sesenta, mal que bien, nos había guiado y las más altas instancias legislativas y judiciales se pararon a aplaudir al señor de Sabaneta. "Toman por asalto" a la gallina de los huevos de oro y los trabajadores petroleros empiezan una solitaria pelea que logra hacer retroceder al mentado señor, y sobran los vivarachos de rigor que tratan de aprovecharse de ellos para encauzar dichas aguas a sus molinos; una vez seco el río les sacaron la silla para dejar que PDVSA sea el elefante rojo que agoniza hoy en día. Van asesinando a quienes no pueden callar y Oscar Pérez, Fernando Albán, Juan Pablo Pernalete, Daniela Salomón, por nombrar algunos entre una lista infinita, son parte del pánico que han instaurado en nuestro país.
                         Ha sido una labor metódica. A conciencia y sin escrúpulos se nos ha despojado de casi todo. Los rezagos de dignidad tratan de acabarlos con sus bozales de cartón del CLAP, a sus perros falderos los premian con limosnas que envilecen. La concepción del bendito hombre nuevo está basada en la destrucción de lo que fuimos, de lo que somos, de lo que seremos. Y ahí está la piedra que no han podido mover siquiera: el gentilicio venezolano.
                         Pese a las escenas aterradoras que circulan por las redes sociales donde muchachos imberbes asesinan a otros con frío gozo, o de los ataques sanguinarios contra la muchachada que pelea sin tregua por los derechos de la ciudadanía, o de la complacencia de una casta política que se ha autodesprestigiado con esfuerzo digno de mejores causas, o del hambre que planea sobre todo el territorio nacional, o de la dolorosa diáspora de quienes ante el desamparo buscan cómo sobrevivir, más allá de todo eso y más aún, hay una venezolanidad con espíritu de araguaney.
                         Uno pasa por las carreteras entre mayo y diciembre y ve todo verde, hermoso pero monótono, no hay una nota de color que cambie el paisaje. Hasta que a fines de enero las montañas y los campos empiezan a reventar de amarillo, es un carnaval que los ojos y el alma celebran ante aquel florear de nuestros araguaneyes. Así mismo veremos retoñar nuestra condición de gente de bien.

© Alfredo Cedeño

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