lunes, agosto 10, 2009

Andando por la montaña


Se camina durante cuatro horas desde el borde de los barbechos donde los campesinos de Las Mujides, en las afueras de Mendoza Fría, estado Trujillo, siembran vainitas y apio. Es el tiempo necesario para entrar en un tunel de penumbras y silencio donde la luz queda atrapada en un manto infinito de verdes y ocres.

Chucho y Luis, son los baqueanos que llevan al citadino por entre unos senderos que sólo ellos pueden ver. Moderan su paso para que el visitante logre alcanzarlos, mientras sus hijos y sobrinos van adelante dando saltos y gritos que brincan por entre las piedras y las serpientes.

Al final la boca de una cueva, donde han aparecido infinidad de piezas arqueológicas, se abre como muda testigo de los indigenas que siglos atrás llegaban aquí a depositar su fe y rogar por la abundancia de sus siembras.

Bajo de la montaña lleno de su silencio. Solo una certera pedrada de "Neco" hiere el día con el revolotear de plumas de un cristofué que no supo esquivar su ojo y su cauchera.


































































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