sábado, noviembre 05, 2016

IMPACIENTE

                 Creo en Dios pese a mí mismo, estoy absolutamente convencido de su existencia. Suelo refugiarme en Él para rogarle me de luz y conocimiento a la hora de sentarme a escribir, ello lo hago tanto cuando estoy rindiéndole culto a la poesía, o desarrollando una de mis historias por momentos truculentas, y cuando trato de interpretar la voz de una ciudadanía a la que cada vez las castas dirigentes oyen menos. La fe ciega en Él, en la cual algunos buenos amigos se apoyan para hacer befa de mí y acusarme de cándido, me ha salvado de la oscuridad en no pocas oportunidades y me ha hecho perseverar en aquello que considero es lo correcto, pese a los múltiples errores cometidos en muchas ocasiones.
                Me ha ocurrido que las imprecaciones han sido la válvula de escape ante las situaciones que considero injustas e inaceptables de que ocurran por aparente voluntad divina. La pregunta que siempre me formulo en esos casos: ¿Este es tu amor para con tus hijos? El tiempo, aliado suyo por norma general, termina haciéndome ver el porqué de lo que en su momento no entendí, y me maravillo ante lo intrincados que suelen ser esos caminos que a Él le gusta trazar para hacer cumplir su voluntad.
                La paciencia ha sido una virtud que no me fue otorgada, y la poca que he logrado adquirir ha sido producto de un duro esfuerzo contra mi impertinencia imperecedera. Sin embargo, algo he logrado en esos terrenos a veces movedizos.  Desde el pasado domingo he hecho lo indecible para evitar que la ira me domine y mis escasas entendederas sean vapuleadas a gusto por eso que Ibsen Martínez en su artículo Tejemaneje que publicó en El País de España así como en El Nacional en días pasados definió a cabalidad: “El hecho es que en la masa opositora ha cundido algo más grave que el mero desconcierto: el sentimiento general ante los vaivenes de la MUD respecto del llamado ´diálogo´ con el Gobierno es lo que en Venezuela llamamos, sin rodeos, estupefacta ´arrechera´. ´Arrechera´, entre nosotros, es ira pura y dura, mezclada en muchos casos con indignación moral.”
                Yo debo reconocer que mi escasa paciencia se volatiliza ante una casta política tracalera, absolutamente incapaz de hablar con claridad en ningún momento; cobarde, que nunca aborda con valentía y decisión las cosas; desleal, pues suele abandonar a su suerte a quienes les siguen; y avara, puesto que es capaz de hacer cualquier operación que sólo le signifique beneficios a ellos y sus pequeños cenáculos de adulantes. Por ello es que había preferido esperar a que se calmaran las aguas encrespadas a raíz de la imbecilidad de la MUD de sentarse a “dialogar” con el gobierno que estuvo representado por el inepto mayor: Gofiote Maduro.  Lo hice con la muy remota esperanza de equivocarme en mis recelos. 
Los días han ido demostrándome que fue un vano esfuerzo. Junto a los desbarres de una dirigencia que cada vez luce más desconectada del alma nacional, comenzó una verdadera campaña de sus acólitos tratando de defender lo que no es defendible por donde quiera que se le vea. Perdí la cuenta de la cantidad de mensajes de toda laya que me llegaron por WhatssApp, por twitter, por correo, creo que hasta por señales de humo, y todos comenzaban invariablemente con una advertencia en mayúsculas que rezaba así: DE OBLIGATORIA LECTURA. El bendito letrero venía acompañado de análisis y reflexiones muy fecundas y facultas, abundaron como gorgojos en celo dedicados a reproducirse sin clemencia.
                Debo confesar que los leí en su totalidad tratando de tomar de ellos algo que me sacara a flote del pozo de escepticismo. Naiboa. Ninguno de ellos, al mejor estilo de nuestra escuela política, tocó la desesperanza del país. Sucede que Venezuela está hasta las narices de los negociadores que de negociación en negociación nos han hundido en el tremedal en el que ahora estamos a punto de morir asfixiados.  Y una vez más se acude a negociar con el triunfo en la mano para salir más que trasquilados, y cuidado si sodomizados por el combo rojo rojito.
                El colmo de todas las jaculatorias a la incapacidad me llega con un artículo titulado DIÁLOGO Y CALLE, a cuyo autor prefiero no referirme, quien arranca diciendo: “La presión de los ´valientes del chat´ llevó a Acción Democrática a retirar sus candidatos a la Asamblea Nacional el 28 de noviembre del 2005. Le siguieron COPEI, Primero Justicia y Proyecto Venezuela.  El resultado fue catastrófico…”. Este caballero, demuestra una mala intención muy bellaca o una ignorancia supina, quiero inclinarme por la última y creer que fue sorprendido en su buena fe para escribir semejante pendejada.
                Meses atrás en entrevista que le hice al querido y respetado Eddie Ramírez, me contaba lo que a continuación copio textualmente: “Te cuento, tuve la oportunidad de conversar con todos los principales líderes de los partidos, no a título personal sino como miembro de la Mesa de Reflexión Democrática, que coordinaba Alberto Quirós. Ahí estábamos Alberto Quirós, Pompeyo Márquez, Gustavo Tarre Briceño, el almirante Huizi Clavier, Adolfo Salgueiro, Fernando Gerbasi, Marco Tulio Bruni Celli, el más bisoño era yo. Lo que no puedo recordar es en qué fecha decidimos conversar con todos los líderes, nos reunimos con Henry Ramos, con Julio Borges, con la gente de Copei, con los principales partidos, pero sí tengo muy nítida la conversación que tuvimos con estos tres, especialmente con AD y Primero Justicia, en aquel entonces Voluntad Popular no existía. La reacción de todos ellos cuando empezamos a conversar sobre las elecciones, los partidos estaban de capa caída, a raíz del referéndum, lo máximo que ellos pensaban que podían sacar de diputados eran 11, si mal no recuerdo Henry Ramos dio una cifra de 7 y Julio Borges de 11, pero de 11 no pasó nadie, entonces ante esa circunstancia ir a unas elecciones era ocasionar una gran desmoralización entre la gente…”.
Es decir que esos señores, con su proverbial comodidad, decidieron echarse a un lado y servirle en bandeja de plata la Asamblea Nacional a Chávez y su pandilla de malvivientes. No es como el autor del mentado “artículo” asevera con su cara muy lavada que fue la presión de los valientes del chat. No voy a abundar en mis observaciones sobre la mano santa del Papa Francisco, y así evito el riesgo de ser excomulgado por la horda de tinterillos que aplauden y celebran cuanta barrabasada se le ocurre a nuestros “honorables” políticos.  Ya lo haré en otra oportunidad, porque no deja de llamarme la atención sus innumerables audiencias a la Cristina de Kirchner, y su piedad remolona para recibir a Macri; por lo visto hay unos presidentes más dignos de ser atendidos que otros, pero insisto es agua de otra  tinaja que ya agitaré más adelante.
                El autor que se ocupa con tanta facundia de los “valientes del chat” hace gala de una gran caballerosidad y concluye: “Quienes intentan desprestigiar a la MUD, al Secretario General de la OEA y al delegado pontificio ¿Qué les queda? ¿Traerse de Miami a Patricia Poleo para que dirija la batalla final?”  Palabras infelices de quienes prefieren seguir correteando cual conejos hambrientos tras esas versiones melifluas del flautista que en Hamelin hizo salir a las ratas para ahogarlas en el río Weser.

© Alfredo Cedeño

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Buenos días, Alfredo. Veo que estás arrecho y con razón. Espero que surja un nuevo liderazgo que arrase con el régimen apoyando a la gente que está de verdad arrecha y deje a los partidos esos donde deben estar. Un abrazo.

Alejandro Moreno

JL César dijo...

Bueno, que decir: Los grupos de la unidad tienen años discutiendo, políticos de oficio y de formación: Pero cuando leo a tanto ilustrado con medias opiniones no me queda mas que sorprenderme de tanta sabiduría que no ha podido agruparse organizarse y tomar la batuta. Los de la MUD han tenido el coraje y la paciencia. Por fortuna les ha faltado "cojones" y arrechera; de no ser así, el país sería una carnicería.

Anónimo dijo...

Tu opinión es muy valiosa en estos momentos criticos.
Saludos.

Sammy Landaeta Millán