sábado, enero 07, 2017

MISERIA

                No me ruboriza aceptar que la ignorancia es una muralla que no logró rebasar en la manera que me gustaría haberlo hecho. Hay un océano insondable de cosas de todo orden y concierto que desconozco, vivo arropado por sucesivas y encrespadas olas de hechos que a veces se tornan desesperantes por mi incapacidad de entenderlos en toda su extensión y dimensiones. Es un abanico desorbitado en constante movimiento que no cesa de refrescarme las dimensiones de mi desconocimiento.  Esto es un asunto que trato de sobrellevar con la mayor dignidad posible, y con cierto barniz de entereza.
                Confieso que ello no me impide saber que, pese a no entender sus significados, hay una gigantesca trama de saberes a las que no siempre se logra tener el acceso adecuado. Eso lo entendí a cabalidad, en los ya lejanos años 80, leyendo Si una noche de invierno un viajero, de Italo Calvino. En ese  libro leí esta frase que desde entonces, como si de un mantra se tratara, me repito a menudo: “­Hay días en los que cada cosa que veo parece cargada de significados: mensajes que me sería difícil comunicar a otros, definir, traducir a palabras…”
                Eso me ocurre con casi todas las cosas, y con algunas situaciones en las que presumo hay significados que se me ocultan con especial empeño, y por más que trato de encontrarles explicaciones ellas no aparecen ni que las busque bajo la capa de Cristo.  Por ejemplo, uno ve un video en el que un oso polar aparece acariciando a un perro husky en un refugio canino que está en Manitoba, Canadá, y empiezan a saltar una maraña de sentimientos donde el “comeflorismo” hace de las suyas. Es cuando piensas: ¡Qué hermosa es la naturaleza! O la cursilería que todos acunamos toma el timón y te sumerge en un delirio de amor y paz que ni las comunas hippies de California de los años 60.
                Es necesario apuntar que la realidad es cruda y poco dada a esas veleidades matutinas en las que muchos, y muchas veces, solemos embarcarnos. Somos los periodistas los que, por lo general, actuamos como aguafiestas al informar sobre lo que ocurre en su real contexto, muchas veces dejando de lado lo que creemos o queremos, porque nuestro compromiso es tratar de acercarnos lo más posible a lo que es la realidad para darla a conocer al público, y que éste tome sus decisiones según su real saber y entender.  Ese fue el caso del osito cariñoso del video al que me referí en el párrafo anterior. La televisora canadiense CBC News, informó pocos días después del tsunami de ternura que barrió las redes sociales, que uno de esos amantísimos osos se había zampado, quien sabe sin con traílla y todo, a uno de los perros que estaban en el refugio Mile 5 Dog Sanctuary, que Brian Ladoon tiene en ese país.
                Ejemplos similares a los de esa “dulce” fiera los hay por montones. Invariablemente las preguntas que me hago, ante situaciones como esta, son: ¿Qué es lo que nos hace no querer ver la realidad? ¿Cómo llegas al punto en el cual la inocencia te transforma en imbécil? ¿Cuándo fue que no alcanzamos a darnos cuenta de los riesgos que teníamos en las narices? ¿Quién puede ser tan altanero e ignorante que no logra entender que la realidad no se puede imponer?  ¿Dónde puede uno alertar sin caer en escándalos innecesarios del peligro que es inevitable? y  ¿Por qué seguimos cayendo una y otra vez en las mismas pendejadas?
                Son las mismas interrogantes que me formulo cuando oigo repetir la cantaleta de la vía electoral, como si de un abracadabra se tratara, con la cual todos nuestros males desaparecerán. Se le  promulga para alcanzar la libertad de los rehenes políticos, se ensalza lo comicial como ruta expedita para terminar con la corrupción, se anuncian las urnas como pasadizo a lo Harry Potter  para que el kilo de queso valga real y medio y las caraotas a bolívar el quintal. ¿Qué tipo de gobierno es el que padecemos? ¿Cómo va a ser enfrentado con herramientas democráticas una dictadura cuyas bases de sostenimiento son la negación de la democracia? ¿Cuándo se ha visto que el poder se mendiga a quien ha demostrado no querer entregarlo? ¿Quiénes son los que terminan beneficiados ante este juego de perder-perder? ¿Dónde se ha podido derrocar una tiranía sin una verdadera unidad donde los intereses de partido estén enteramente subordinados al interés nacional y no al de los cuatro gaznápiros de turno? ¿Por qué Venezuela ha tenido, y tiene, que padecer una casta política tan miserable?
                En días pasados vimos a Manolito el de Mafalda (julio borges) tomar el relevo de la presidencia de la Asamblea Nacional de manos del no menos guapachoso Ramitos Allup. El nuevo mandamás legislativo entonó desde la tribuna de oradores del Capitolio una verdadera letanía de promesas, y dijo con voz de Moisés increpando al Mar Rojo: “La Asamblea Nacional abre las puertas para que en Venezuela haya elecciones generales en todos los niveles y ramas del Poder Público. Gobernadores, alcaldes, Presidente de la República y, ¿por qué no?, la Asamblea Nacional. ¡Que sea el pueblo el que decida!” Este Churchill caribeño y subdesarrollado por lo visto padece de miopía nemotécnica, tal vez sea manifestación de su ignorancia supina, y no se enteró de que “el pueblo” decidió el 6 de diciembre de 2015, decisión que él y sus compañeros de andanzas en roles de dirigentes se han ocupado de desoír de manera más que manifiesta luego de haber tomado posesión de sus curules parlamentarias.
                La cantaleta borgiana, como era de esperarse, estuvo aliñada por los previsibles lugares comunes que sólo de él podían provenir: “Yo sí creo que vamos a uno de los procesos más determinantes en la historia reciente del país”, y todo esto dicho a la par que le hacía no pocas carantoñas a unas fuerzas armadas cuyo desprestigio solo es comparable al suyo propio y al de sus compañeros del sindicato opositor conocido con las siglas de MUD. 
Al igual que ocurre con Dudamel, cuya corte de adulantes es proporcional a su silencio y alcahuetería para con el régimen, hoy el padre de los cuatripochos es festejado, sus palabras son celebradas cual si fueran la versión criolla de las tablas escritas por Moisés en el monte Sinaí.  Por lo visto lo que nos queda es halarnos de los cabellos y pedirle a Dios compasión para que nos termine de sacar de este infierno en que mudecos y chavistas-cabellistas-maduristas nos pretenden mantener.

© Alfredo Cedeño

1 comentario:

zulma dijo...

Hola Alfredo Feliz año 2017 a pesar de todo.
No puedo escribir todo lo que pensé mientras leía el texto, argumentos reales que escribes , me da indignación al ver a Borges (manolito) seguir con la misma cantaleta que venia llevando HR Allup mas bla bla y hoy la termina de poner el anuncio del Nicolas Maduro de una aumento de sueldo 50% que se vuelve solo polvo cósmico solo al ver los precios de la poca comida que aun existe. Tu tiene muchas razón al decir que no hay forma de salir de dictadura con votos ,Solo los ciegos de la MUD Y AN piensan eso ellos son los que han estado ventilando a este regimen durante todo estos años.Claro porque ellos de pagan y se dan el vuelto secreto a voces , y ahora quieren seguir engañando al "pueblo" con que van a decretar ausencia del cargo a Nicolas ,pero ya salio Henri Falcon Falson diciendo que el salvaba su voto, el no esta de acuerdo con el abandono de cargo. Dios hasta donde vamos aguantar esto sin nombre ,
Y con respecto a Dúdamel ese mojigato,sera un artista, payaso de mil plazas,pero es un pobre ser que solo piensa en su bolsillo ,porque no viene a su país a Barquisimeto hacer cola para comprar un paquete de arroz, por no decir harina Pan al igual que su mentor .
Me extraña que el padre Alejandro no te haya escrito