domingo, junio 18, 2017

CANALLA TALENTOSA


                Escucho con verdadero pasmo a dos personajes que, seguramente, terminarán endiosados como prohombres del llamado retorno institucional en Venezuela. Ambos reparten facundia con sus enjundiosas palabras, preconizan en torno al dialogo como única vía valedera para reconquistar los espacios democráticos; y mientras tanto se dedican a denostar de los admirados muchachos, esos gallardos guerreros a los que no me canso de celebrar, porque sin su aporte espléndido sólo Dios sabría en qué estercolero estaríamos sumergidos.
                Gente querida y admirada, con perseverancia digna de mejores causas, no se cansa de enmendarme la plana. Me tildan de inoportuno por mis alertas sobre los bichos de uña y pezuña que andan merodeando, cual bagre entre las guabinas, las luchas de la ciudadanía para luego dedicarse a disfrutar del ejercicio del poder.  El razonamiento que los guía en sus reconvenciones está preñado de buenas intenciones, y no poca ingenuidad. Por ello, y por tener la profunda certeza de sus verticales honestidades, callo y no les respondo, su pureza no tiene por qué ser blanco de uno de mis desplantes. A fin de cuentas ellos son la demostración por excelencia del don de gente del venezolano, de su generosidad sin fronteras, ese que casi hemos visto desaparecer en este largo eclipse rojo rojito.
¿Cómo callar ante los conciliábulos de conspicuos voceros opositores que se reúnen con Ameliach, Arias Cárdenas o Jaua? Lamento no poder complacer a mis afectos que me piden silencio ante estas trapacerías, porque callar es el mejor modo de hacer que sigamos sumergidos en el celestinaje infinito que ha caracterizado nuestra vida política, madre de todas las desgracias que padecemos los ciudadanos.
Una verdadera nube de polichinelas, presumiendo de Maquiavelo, agita el velo de la cobardía sobre Chávez por su guarecimiento en la madrugada del 4 de febrero de 1992 en las viejas instalaciones del cuartel militar de La Planicie. Son los mismos que aparecen espasmódicamente, con pasmosa velocidad y,  ¡Oh casualidad!, fortuitamente cerca de alguna cámara que los grabe en la “primera línea de combate”.  
Todos, de manos tomadas con los próceres que ahora pontifican sobre la “unidad”, forman parte de una canalla institucionalizada que no duda en condenar la acción demoledora de una muchachada que nos ha permitido retomar el camino de la libertad. Niños hechos hombres que también han rescatado nuestros ancestrales gestos de soñadores, en ellos resucita don Alonso Andrea de Ledesma quien en mayo de 1595, íngrimo y solo, le plantó cara a Amias Preston para defender a una desamparada Caracas. Pésele a quien le pese, duélale a quien le duela.

© Alfredo Cedeño

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Ante todo mis felicitaciones por el día del padre. Pocos padres y muchas madres hay en Venezuela. Los pocos que hay es necesario felicitarles y aoyarles en el espíritu y en el ánimo. Por otra parte, siempre en tus textos aparece el rasgo de crítica tan necesario y tan oportuno hoy. Saludos, Amigo.

Alejandro Moreno

Anónimo dijo...

Alfredo,por favor no somos adivinos -cuales son esos dos personajes a que te refieres-por lo menos yo no lo se,aunque lo instuyo,muy interesante recordar a Don Alonso Andrea de Ledesma por su quijotesca actuacion ante el pirata.

Alberto Battisti

Anónimo dijo...

Lamentablemente para lograr la transicion , salir del pozo septico en que estamos , asegurar la gobernabilidad y que exista un minimo de consenso se necesita la ayuda de todos , incluyendo los que condujeron el pais al pozo,a estos les interesa ayudar para asi lograr su impunidad, perdon u olvido de sus canalladas, el disfrute de todos sus derechos politicos ,el de sus bienes "bien habidos", lo contrario es seguir en el pozo peleando unos contra otros.

Etanislao Vergara

Anónimo dijo...

Hace como dos semanas leí cómo funciona la turbina que propulsa los cohetes al espacio y tampoco pude entender nada.

Natalio Donat Brugueras

Anónimo dijo...


Los personajes serán, Allup y Julio? no sé pregunto.

Gilberto Gil M ·
Guarenas