domingo, octubre 11, 2026

ANUNCIO DE TEMPESTAD



En estos días que vivimos, sin saber si amanece o anochece, con una sensación de duermevela arropándonos, en los que no comprendemos si somos parte de juegos oníricos o presenciamos certezas desdibujadas, la incertidumbre es ama y señora. Nada es lo que parece ser, a veces, cuando no es un celaje preñado de dudas lo que nos llena de enigmas.  Sin embargo, el país sigue, tambaleante más a menudo de lo que quisiéramos, pero avanza.

Las habituales cofradías, de viejo y de nuevo cuño, mantienen sus maromas de, tal como diría la siempre recordada Ana María Matute, mamarrachos sin compón. No cejan de dar vueltas en una búsqueda inacabable de la vía para agarrar su respectiva cuota de poder. Poco les importa que sea de comisario en Guardatinajas o bedel de la jefatura de Corozo Pando, lo prioritario es mandar.

La molienda de todo aquel que no baila al son que los “dirigentes” tocan es un boleto seguro al ostracismo. Si clamas la idoneidad del capitán roba periódicos, la del psicótico hermano de la dictadora encargada o la propia autócrata en funciones, es posible que algo te toque, aunque sea un puesto de gestor de una alcabala de la Policía Nacional. Si anuncias que no ha habido, hay, ni habrá un líder más preclaro que “Caprilito”, estás apostando a que el egregio personaje te otorgue la respectiva dádiva cuando él sea elevado al empíreo.  Los ejemplos son infinitos, no tengo estómago para seguir citándolos. Ganas tampoco, no merecen más que desprecio. La vaina es el daño que han hecho y hacen, y que pretenden continuar haciendo.

Estamos sumergidos en un magma donde lo ético es de ágil brevedad, escasa permanencia, sólida precariedad y antigualla con la que nadie quiere ser identificado. La perversión de los significados atolondra al más conspicuo. El escritor italiano Giuliano da Empoli en su libro “Los ingenieros del caos” trata de explicar este aparente desbarajuste y la cruda manipulación de los gestores del poder. Y eso se aplica a diestra y siniestra. Por supuesto que los pontífices de lo correcto han señalado las limitaciones teóricas de sus planteamientos. ¿Cómo se le ocurre decir que los reyes están desnudos?

Observar a esta fauna variopinta es lo mismo que hacerlo con un bombillo. Atención, no por la luz que pueden irradiar, sino por lo herméticos que son; no les entra ni una gota de agua, muchísimo menos una idea de participación y cambios reales. Insisto, se trata del poder, más nada, todo lo demás es accesorio. El engaño no existe, es la nueva verdad con la que “deconstruyen” la opresión legitimada. Perdón por el alemán: ¡No me jodan!

Son escasos aquellos que se salvan, y multitudes los que tratan de echarlos a un lado de la manera que sea. En política todo está permitido.

Y Venezuela sigue andando, con aires sonámbulos a veces, pero no se detiene.  Ese paso, que la secta política no sabe entender, nunca lo ha hecho, y que interpretan de forma descocada terminará por llevárselos por delante. La tormenta se anuncia desde hace largo tiempo. Oiremos el lloriqueo. 

 

© Alfredo Cedeño 



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