Pocas personas han debido soportar una campaña adversa como la ha sobrellevado la señora María Corina Machado. Ni Carlos Andrés Pérez en sus peores tiempos, y no es poco decir. Hay una expresión, originada en el mundo de la tauromaquia, que es empleada a menudo en lo político en estos días: acoso y derribo. Es lo que se ha aplicado a ella desde hace ya más de dos décadas.
Quiero
volver a esa frase y lo que era en su origen. Era una operación que se
realizaba con los toros de lidia. Dos hombres a caballo identificaban a una
pieza en la manada, la apartaban con la ayuda de largas varas, luego hostigaban
con esas pértigas al morlaco, si este caía y se levantaba de prisa era un buen
toro bravo y lo seleccionaban para una corrida. Con el tiempo la expresión mutó
al escenario político. Tal vez la primera vez que se utilizó en la prensa
española, fue el 17 de marzo de 1978, cuando El País tituló: “Suárez está
sometido a ´acoso y derribo´”. Reitero, es lo que se ha tratado en vano contra
ella, resultó una versión femenina de Islero, aquella fiera que dio fin a la
vida de Manolete en Linares, Jaén.
Para
continuar en el ambiente taurino, es memorable la cornada propinada el pasado
domingo 25 de octubre. Ella no necesitó empitonar físicamente a ninguno de los
tantos banderilleros o “mataores” que la han hostigado de manera impune por
todo estos años. Sólo escribió: “Estoy aquí. Con ustedes”. Apenas once letras
que transformaron el tarantín que han mantenido por casi diez meses la
dictadora encargada, el ladronzuelo de sedes periodísticas y toda esa cohorte
de pedigüeños que se han nucleado en el “diálogo”.
Ahora
bien, de Cúcuta, que es por donde se supone entró, hasta el templo de la Divina
Pastora en el lado este de Barquisimeto, hay 426 kilómetros en línea recta. Se
necesitan más de 10 horas de recorrido por carretera para llevar a cabo ese
trayecto. Un momento. ¿Qué pasó con la red de informantes, sapos, delatores,
cuerpos de seguridad e inteligencia que se presume están al servicio del
ilustre ministro de relaciones interiores y justicia (por favor, conserven las
minúsculas porque ese organismo no debe ser visto ni escrito sino con la
pequeñez que les sobra), que encabeza el insigne troglodita del mazo? ¿Cómo pasó
por las alcabalas que hay en todo ese tramo? Hubiera dicho la vieja Elvira, mi
abuela: ¡Con lo que cuenta Caracas!
Volvamos
a lo que verdaderamente reveló ese día. Insisto con las cuatro palabras
publicadas a través de X, antes Twitter, al anunciar que había vuelto, y más
indomable que nunca. Esas once letras fueron suficientes para que el país se
sacudiera con incredulidad al comienzo, con alegre esperanza después. El templo
se atestó como solo ocurre cada 14 de enero, jornada de la santa patrona, y
desde ahí hasta Caracas una muchedumbre de gente colmó carreteras y
avenidas.
¿Quiénes eran los que aseguraban, con
gesto pontifical y voz de barítono en apuros que no gozaba de un arraigo que se
sostuviera? ¿Dónde están? ¿Qué se hicieron? Hay uno que salió, hinchado y
orondo, hablando de que tenía un 28% de aprobación. Copió textualmente a uno de
esos santones de los análisis: “Ella sabe que a medida que pasa el tiempo se
degrada su liderazgo. Tú la ves últimamente muy descompuesta, como ustedes
saben ella fuma mucho y bebe mucho…”
Retomo
la expresión: acoso y derribo. ¡Pero cómo embiste! No es menos elocuente el
parlamento de la dictadora encargada, moviéndose con frenesí de un lado al otro
mientras clama por una nueva espiritualidad. Luego hace un llamado a que cese
la política como un show y con su cara muy lavada y maquillada afirmó: “No hay
persecución política en Venezuela”.
Es bien
sabido que los revolucionarios y toda esa fauna se caracterizan por su falta de
coherencia. El diccionario tiene una palabra que explica perfectamente lo que
son: anacoluto. Les copio lo que aporta el mataburros: “Inconsecuencia en la
construcción del discurso”, y de sus actos, por supuesto. La dictadora
encargada luego de imprecar contra la política como show aparece junto a ese
otro impresentable, Rafael Lacava, bailando en una tarima. Acto que necesitó
del habitual despliegue de unidades de transporte colectivo para medio llenar
el espacio donde habían decidido ellos montar su pachanga. ¡Qué de ganas de
poder tener la fuerza de aquellas cuatro palabras!
La
señora Machado no se limitó una entrada triunfal. Visitó Vargas, y fue una
jornada llena de emociones fuertes que tuvo su momento culminante frente a la
iglesia de Caraballeda, cuando el padre Fredy Lara la bendijo. También organizó
un encuentro con la prensa nacional e internacional en su alma mater, la
Universidad Católica Andrés Bello, donde fue recibida con relamido gesto por el
rector. El mismo que no la felicitó cuando le otorgaron el Nobel de la Paz, y
que acogió bañado en agua de rosas a Nicolasito. De nuevo se repitieron escenas
de frenesí. Vimos a muchachos
abandonando las aulas, otros dejando a medio consumir sus meriendas en el
cafetín, muchos saltando sobre los setos, todos concurriendo a escucharla.
Ella
entró y comenzó: “Estoy aquí. Estamos aquí. Para darlo todo por Venezuela”.
Casi al final advirtió: “Soy la antítesis de Hugo Chávez, de Nicolás Maduro y
de Delcy Rodríguez, pero ellos saben que tengo palabra”.
Rescato
lo que escribí en este mismo espacio dos años atrás: Recurro a la expresión
francesa tirer son chapeau, con la cual los galos expresan su respeto, o
admiración, por alguien. Es nuestro muy criollo quitarse el sombrero. Yo me lo
quito y me inclino ante la recia inteligencia de esta mujer que solo un país
como Venezuela podía haber parido. ¡Dios te bendiga muchacha!
© Alfredo Cedeño

