domingo, noviembre 01, 2026

APENAS CUATRO PALABRAS


          Pocas personas han debido soportar una campaña adversa como la ha sobrellevado la señora María Corina Machado. Ni Carlos Andrés Pérez en sus peores tiempos, y no es poco decir. Hay una expresión, originada en el mundo de la tauromaquia, que es empleada a menudo en lo político en estos días: acoso y derribo. Es lo que se ha aplicado a ella desde hace ya más de dos décadas.

          Quiero volver a esa frase y lo que era en su origen. Era una operación que se realizaba con los toros de lidia. Dos hombres a caballo identificaban a una pieza en la manada, la apartaban con la ayuda de largas varas, luego hostigaban con esas pértigas al morlaco, si este caía y se levantaba de prisa era un buen toro bravo y lo seleccionaban para una corrida. Con el tiempo la expresión mutó al escenario político. Tal vez la primera vez que se utilizó en la prensa española, fue el 17 de marzo de 1978, cuando El País tituló: “Suárez está sometido a ´acoso y derribo´”. Reitero, es lo que se ha tratado en vano contra ella, resultó una versión femenina de Islero, aquella fiera que dio fin a la vida de Manolete en Linares, Jaén.

          Para continuar en el ambiente taurino, es memorable la cornada propinada el pasado domingo 25 de octubre. Ella no necesitó empitonar físicamente a ninguno de los tantos banderilleros o “mataores” que la han hostigado de manera impune por todo estos años. Sólo escribió: “Estoy aquí. Con ustedes”. Apenas once letras que transformaron el tarantín que han mantenido por casi diez meses la dictadora encargada, el ladronzuelo de sedes periodísticas y toda esa cohorte de pedigüeños que se han nucleado en el “diálogo”.   

          Ahora bien, de Cúcuta, que es por donde se supone entró, hasta el templo de la Divina Pastora en el lado este de Barquisimeto, hay 426 kilómetros en línea recta. Se necesitan más de 10 horas de recorrido por carretera para llevar a cabo ese trayecto. Un momento. ¿Qué pasó con la red de informantes, sapos, delatores, cuerpos de seguridad e inteligencia que se presume están al servicio del ilustre ministro de relaciones interiores y justicia (por favor, conserven las minúsculas porque ese organismo no debe ser visto ni escrito sino con la pequeñez que les sobra), que encabeza el insigne troglodita del mazo? ¿Cómo pasó por las alcabalas que hay en todo ese tramo? Hubiera dicho la vieja Elvira, mi abuela: ¡Con lo que cuenta Caracas!

          Volvamos a lo que verdaderamente reveló ese día. Insisto con las cuatro palabras publicadas a través de X, antes Twitter, al anunciar que había vuelto, y más indomable que nunca. Esas once letras fueron suficientes para que el país se sacudiera con incredulidad al comienzo, con alegre esperanza después. El templo se atestó como solo ocurre cada 14 de enero, jornada de la santa patrona, y desde ahí hasta Caracas una muchedumbre de gente colmó carreteras y avenidas. 

¿Quiénes eran los que aseguraban, con gesto pontifical y voz de barítono en apuros que no gozaba de un arraigo que se sostuviera? ¿Dónde están? ¿Qué se hicieron? Hay uno que salió, hinchado y orondo, hablando de que tenía un 28% de aprobación. Copió textualmente a uno de esos santones de los análisis: “Ella sabe que a medida que pasa el tiempo se degrada su liderazgo. Tú la ves últimamente muy descompuesta, como ustedes saben ella fuma mucho y bebe mucho…”

          Retomo la expresión: acoso y derribo. ¡Pero cómo embiste! No es menos elocuente el parlamento de la dictadora encargada, moviéndose con frenesí de un lado al otro mientras clama por una nueva espiritualidad. Luego hace un llamado a que cese la política como un show y con su cara muy lavada y maquillada afirmó: “No hay persecución política en Venezuela”.

          Es bien sabido que los revolucionarios y toda esa fauna se caracterizan por su falta de coherencia. El diccionario tiene una palabra que explica perfectamente lo que son: anacoluto. Les copio lo que aporta el mataburros: “Inconsecuencia en la construcción del discurso”, y de sus actos, por supuesto. La dictadora encargada luego de imprecar contra la política como show aparece junto a ese otro impresentable, Rafael Lacava, bailando en una tarima. Acto que necesitó del habitual despliegue de unidades de transporte colectivo para medio llenar el espacio donde habían decidido ellos montar su pachanga. ¡Qué de ganas de poder tener la fuerza de aquellas cuatro palabras!

          La señora Machado no se limitó una entrada triunfal. Visitó Vargas, y fue una jornada llena de emociones fuertes que tuvo su momento culminante frente a la iglesia de Caraballeda, cuando el padre Fredy Lara la bendijo. También organizó un encuentro con la prensa nacional e internacional en su alma mater, la Universidad Católica Andrés Bello, donde fue recibida con relamido gesto por el rector. El mismo que no la felicitó cuando le otorgaron el Nobel de la Paz, y que acogió bañado en agua de rosas a Nicolasito. De nuevo se repitieron escenas de frenesí.  Vimos a muchachos abandonando las aulas, otros dejando a medio consumir sus meriendas en el cafetín, muchos saltando sobre los setos, todos concurriendo a escucharla.

          Ella entró y comenzó: “Estoy aquí. Estamos aquí. Para darlo todo por Venezuela”. Casi al final advirtió: “Soy la antítesis de Hugo Chávez, de Nicolás Maduro y de Delcy Rodríguez, pero ellos saben que tengo palabra”.

          Rescato lo que escribí en este mismo espacio dos años atrás: Recurro a la expresión francesa tirer son chapeau, con la cual los galos expresan su respeto, o admiración, por alguien. Es nuestro muy criollo quitarse el sombrero. Yo me lo quito y me inclino ante la recia inteligencia de esta mujer que solo un país como Venezuela podía haber parido. ¡Dios te bendiga muchacha!

 

© Alfredo Cedeño


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