domingo, febrero 24, 2013

PAPARO


            La lengua de un  país es un ente vivo que muta de manera permanente, le gusta dar giros inusitados, a veces ejecuta unas cabriolas a las que cuesta dar seguimiento, pero que están llenas de un encanto particular. Hay quienes gustan de llamarla idioma, y si seguimos en ese ámbito formal, remitámonos a la Real Academia Española que en su Diccionario de la lengua española explica:
Idioma: (Del lat. idiōma, y este del gr. δίωμα, propiedad privada).
1. m. Lengua de un pueblo o nación, o común a varios.
2. m. Modo particular de hablar de algunos o en algunas ocasiones.
            Si queremos  otras definiciones de similar tenor podemos decir que “un idioma es un sistema comunicacional, formado por palabras y/o gestos, que resulta propio de una colectividad”.
            Un lingüista probablemente explicaría que es “un sistema de signos doblemente articulados, es decir, que la construcción o búsqueda del sentido se hace en dos niveles de articulación, uno, el de las entidades significativas morfemas y lexemas (o monemas) que forman los enunciados, y otro, el de los fonemas que construyen o forman las unidades significativas”.
            ¿A qué viene todo esto?, se preguntará más de uno ante el título y las fotos que ya han visto del trabajo de hoy, y que corresponden a una minúscula población del estado Miranda, a unos cien kilómetros en línea recta al este de Caracas.
            Al comienzo de los años 80, Venezuela toda tarareaba una canción del grupo Medioevo,       “Laura Pérez (la sin par de Caurimare)” que aquí les pongo como cortesía de youtube http://www.youtube.com/watch?v=-1kJ2zwdPXU.
            Ya en 1994 en su Diccionario del habla actual de Venezuela, Rocío Núñez y Francisco Javier Pérez, incluían: “sifrino,-a: m y f// adj coloq Persona de gustos sofisticados, educación más o menos refinada,…”, sin darnos luces sobre su origen. En otras palabras, hablo de aquellos a quienes un español llamaría pijo, un gringo: posh o stuck up, un italiano figo (ojo con decirle figa a una italiana que pueden recibir una pescozada de vuelta), un chileno: cuico, un peruano: pituco, y paro ya el desvarío. Regreso al tema de Medioevo.
La mencionada canción puso a sonar, a través de una sola vez que la mencionó, a Paparo para convertirla en lugar de peregrinación del sifrinaje nacional. En realidad se refería a una urbanización de veraneo donde las clases pudientes caraqueñas habían adquirido viviendas a tales fines: Las Mercedes de Paparo, la cual había tomado su nombre de una humilde aldea de pescadores que está al oeste de sus linderos.
Estos territorios fueron habitados en tiempos prehispánicos por los indios Tumusa o Tomuzas, de la familia Caribe. La tradición oral de esta comunidad asegura que sus primeros habitantes fue una pareja indígena formada por Taparo, él, y Chiraguaparo, ella.
El asentamiento de los criollos de la zona comenzó en algún momento. En el siglo XVIII, en agosto de 1745, un grupo de hacendados dirigen al entonces Gobernador de la Provincia un memorial en el que se lee: “…, desde el Pan de Santa Ana hasta Chuspa, que dista del puerto de Paparo tres leguas”. Ello permite inferir la existencia de algún tipo de establecimiento poblacional en el lugar para aquel momento.
También se sabe que en ese mismo año 1745 el gobernador Zuloaga “enviaba una escolta de soldados, al mando de Don Ignacio Esquiviaga, para destruir las instalaciones contrabandistas de Paparo.”  Revela Lucas Guillermo Castillo Lara en su obra La aventura fundacional de los isleños que: “Del puerto de Paparo al de Chuspa habría unas seis leguas de distancia.”
En aquel siglo las correrías de ingleses y holandeses soliviantando a los productores del preciado cacao del Barlovento venezolano dio lugar a numerosas peripecias en estos parajes. En agosto de 1751, por ejemplo, en el sitio “La Pica”, en las cercanías de la Boca de Paparo dos balandras inglesas andaban tratando de intercambiar mercancías por cacao. 
Hay informaciones también que el 16 de agosto de ese año había cuatro balandras holandesas, “que tenían dado fondo a inmediaciones de la Vega de Paparo”. 
Entre pitos, flautas y chirimías, me imagino que a mediados del siglo XIX, comenzaron a establecerse provisionalmente en la aledaña desembocadura del río Tuy numerosas rancherías de pescadores, hasta que un buen día comenzaron a llegar aquellos que decidieron habitar estos lugares y entre ellos un panameño, que aseguran fue quien la bautizó con el nombre de Paparo.
Allí hubo un puerto donde llegaban embarcaciones de distinto calado para desembarcar o llevar mercancías de distintos géneros. Por lo general llevaban cacao y dejaban mercancías de todo tipo que iban para los grandes almacenes de El Guapo.
A fines del siglo XIX la compañía The Carenero Railway and Navigation Limited inauguró un ferrocarril que comunicaba a Carenero con El Guapo, y que tenía una estación en las afueras de esta población. Este tren recorría medio centenar de kilómetros y recogía en las diferentes estaciones las cosechas de cacao que producían las haciendas de la zona para luego embarcarlo a Europa. 
Debo narrarles que a comienzos del siglo XX Paparo sufrió los embates de la naturaleza. Una inundación provocada por el río Tuy, junto a un mar de leva, acabó con la población, y no fue hasta 1914 que un grupo de inmigrantes canarios comenzaron a repoblarla y a restaurar lo que había quedado. La proverbial capacidad de trabajo de “los  isleños” hizo posible su reconstrucción. 
En la década de los 30 del siglo XX se construyó una iglesia de bahareque. En 1938 me revelaba días atrás la cronista del pueblo, Dorys Carmona, la señora Abigaíl Martínez era quien alfabetizaba y daba clases a los niños del pueblo. Todos estos espacios eran inmensos pantanales donde se sembraba arroz, como testimonio de la pujanza de ese grano todavía hay una trilla en un viejo caserón del pueblo. También había un aserradero y una fábrica de refrescos: Caballo.
 No puedo, ni quiero, ocultarles la emoción con la que escribo hoy. Paparo es una lección de dignidad, de decencia, de manifestación de ejercicio de la ciudadanía en forma genuina.  Paparo es una expresión de la condición del venezolano que sabe sobreponerse a cualquier obstáculo y seguir avanzando así sea a rastras. Hoy su gente sigue sobreviviendo de sus duras faenas de pesca y agricultura. 
Tengo que confesarles que las vueltas del comienzo son porque quise jugar a enmascarar mi conmoción al escribir de este puñado de casas regado en las cuatro calles que acunan a un grupo de gente excepcional. Pero es imposible redactar en frío al escribir de esta comunidad.
Les nombré a Dorys hace dos párrafos, que fue mi primer estremecimiento al caminar esta población. Ella hoy en día es barrendera de Paparo, antes fue maestra suplente de la escuela del pueblo durante diez años,  luego se dedicó durante otros doce a sacar moluscos como guacucos (Tivela mactroides) y chipi-chipis (Donax striatus), y ahora, desde hace quince años, ocupa el cargo de barrendera municipal.
Ella, con honesta dedicación, barre las calles con una hoja de palma. No quise preguntar por qué no usaba una escoba. Seguramente para eso no hay recursos, o si los hay deben ser tan escasos que ella en vez de cruzarse de brazos sigue cumpliendo con su labor. Además de ello, esta mujer preciosa me lleva a su casa y de un vetusto anaquel, que pareciera a punto de sucumbir bajo un cerro de libros y papeles, saca información que me suministra para “que su trabajo le quede bueno”.
Un rato más tarde la amiga Dorys me lleva donde otra mujer de excepción: Carmen Ferrer de 71 años, que hoy en día permanece en una silla de ruedas.  Hasta hace cinco años ella salía en un bote a pescar para ganarse la vida… Una artrosis la mantiene postrada, más no vencida.
Carmen tiene en el fondo de su casa un conuco y un corral de gallinas, que sostiene gracias a la ayuda de sus hijos y vecinos quienes acuden diariamente a darle apoyo para que siga manteniendo sus plantas produciendo.
Paparo es la cuna de este par de mujeres excepcionales y la de un hombre como fue Froilán Rondón, quien era el propietario de la bodega El Esfuerzo, hoy un esqueleto recubierto de cascajos que se niega a derrumbarse por completo. Este hombre instaló en su local un sistema de perifoneo y mediante unos parlantes, micrófono en mano, daba a conocer las noticias del día, que escuchaba en un radio transistor, para que todos sus vecinos pudieran estar informados de lo que estaba ocurriendo en el país y el mundo. ¡Qué García Márquez ni que realismo mágico un carajo!
En este pueblo de Dios hasta el cementerio es pasto de los delirios donde las ovejas apacientan con calma. Paparo es Venezuela, tierra de mujeres que bien se pueden llamar Dorys, o Carmen, donde todas ponen su grano para que sea una tierra fecunda que siempre retoña. Gracias por hacerme sentir orgulloso de ser parte de ella.

© Alfredo Cedeño


17 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente la fotografía,
excelente la periodística,
excelente la información,y
obviamente excelente tu amor por esa tierra. Un fuerte abrazo.ELCRUZADO

Anónimo dijo...

Hermoso reportaje que llega a lo mas profundo de nuestros corazones,cuando vemos reflejado en el trabajo fotografico y en la narracion a nuestra hermosa venezuela, a nuestra gente que somos nosotros mismos, que a pesar de las dificultades y las circunstancias mas precarias siempre habra una fuerza para salir adelante y una sonrisa para regalar, y asi como paparo tantos lugares de nuestra patria donde sin nada se sobrevive y se lucha dia a dia.
Gracias por recordarnos la humildad, la fuerza, y el coraje de esas hermosas mujeres que son ejemplo de la mujer venezolana y aunque la escoba sea una palma se sigue adelante cada dia; tambien por darnos la parte cultural de nuestro pais qu no la conocemos a travez de tu excelente fotografia y redacccion FELICITACIONES y besos

Lola Rodriguez Diaz

Anónimo dijo...

Realmente conmovedora la lectura de hoy, sobre todo como describes en cuatro líneas y una foto la vida de esas dos mujeres Doris y Carmen.

Raquel Garcia

Anónimo dijo...

Hermoso,como siempre me llevas en vuelo a sentir a través de tus escritos y fotos tu amor por nuestro país, y unas lagrimas de emoción de ver tanta belleza que sale de ti! Gracias por compartir

Vilma

Anónimo dijo...

Buenas fotos. Congratulations.

Jaime Ballestas

Anónimo dijo...

Muy lindas la imagenes captadas con los ojos del alma.Te felicito Alfredo,nunca dejas de nombrar en tus articulos a la mujer venezolana.BENDICIONES Y EXITO

Raquel C. dijo...

Gracias Alfredo, los que hoy estamos nevados nos estremecemos ante tu lápiz-pincel de la patria- Gracias

Anónimo dijo...

Leí tu reportaje sobre Paparo y me gustó mucho. Para empezar, debo
asumir que yo fuí una de esas "sifrinas" que pasaba sus veranos (lo que antes se entendía sanamente como tal y no lo que ahora se
interpreta), en esa urbanización. Cada vez que terminábamos el
semestre, nos íbamos unos cuantos días a echar broma por esa zona y a
broncearnos en las playas (difícil tarea en mi caso), unas compañeras
de la uni y yo que era además, la que tenía carro (sifrina y media
pues!).

Fíjate que no sabía ni un ápice de historia del pueblo que ahora, tu
bien relatas. Intentar seguir a flote en zonas como esa, es ya una
proeza que bien merece la pena resaltar con imágenes y con la alusión a mujeres que se mantienen en pie de lucha. Revelas con tus palabras y tus fotos, una Venezuela que para muchos es desconocida, pero una Venezuela que quiere seguir viviendo a pesar de todo.

¡Feliz domingo!

RG

Anónimo dijo...

HOLA ALFREDO!!! COMO SIEMPRE EXCELENTE TRABAJO.... GRACIAS X SEGUIR COMPARTIENDOLO CONMIGO.... FELIZ DIA.. Y NO DEJES DE MANDARME TUS FOTOS, QUE SON UN TESORO...

Miriam Coromoto

Anónimo dijo...

Maestro! Maestro!! Que agradable y emocionante es leerle hoy en la mañana, en medio de tanta mediocridad en la que vivimos, esta lectura y estas fotos son un bálsamo de esperanza e ilusión por nuestra tierra, que Dios le de fuerzas para continuar. Me conmovió esto... No puedo, ni quiero, ocultarles la emoción con la que escribo hoy. Paparo es una lección de dignidad, de decencia, de manifestación de ejercicio de la ciudadanía en forma genuina. Paparo es una expresión de la condición del venezolano que sabe sobreponerse a cualquier obstáculo y seguir avanzando así sea a rastras. Hoy su gente sigue sobreviviendo de sus duras faenas de pesca y agricultura.

Zafira

Anónimo dijo...

Es uso y costumbre en las Islas Canarias barrer con hojas de palma las calles, seguramente de allí heredan en Paparo esta singular manera. Te felicito por tus imagenes son hermosas.
Saludos y gracias por la entrega de hoy.

http://es.paperblog.com/barriendo-la-calle-con-palmeras-245982/

Anónimo dijo...

EXCELENTE MATERIAL, LINDAS FOTOGRAFIAS. UN BESO .


Carmen Elena Toste

Anónimo dijo...


Muy buenas me relajan

Nelson Castro

iriana dijo...

de iriana hija de doris estuvo muy bello el reportaje gracias por venir a este pueblo tan calodo, espero que vuelva

Anónimo dijo...

Buenas noches, ya vimos el reportaje. Nos gustó mucho, los ocho hijos y 7 nietos sentados frente a la computadora escuchando la lectura de tan hermoso reportaje hecho de nuestro pueblo gracias. Esperamos se repita, y venga a comerse un rico pescado frito

Iriana Leal Carmona

Anónimo dijo...

muy bueno tu articulo y sobre todo para mi ilustrativo

Zulma

Anónimo dijo...

excelente en uno de los comentarios te piden q no dejes de nombrar a la mujer venezolana y eso es lo que mas me gusta de tus historias, siempre hay imagenes hay naturaleza hay tierra hay pasion y hay la verdadera representacion de la belleza de la mujer venezolana .