domingo, abril 14, 2013

RÍO CHICO

            Río Chico apareció a fines del siglo XVIII. ¿Cuándo? Sólo Dios debe saber con precisión, y que me perdonen los eruditos del área quienes aseguran que tuvo acto fundacional, el cual se llevó a cabo el 24 de Septiembre de 1791 y fue ejecutado por el Obispo Mariano Martí.  Lo dudo, y no son meras ganas de fastidiarle la paciencia a nadie, ni de joder la pava, para decirlo en lengua llana.
         Revela Lucas Guillermo Castillo Lara en su libro Apuntes para la historia colonial de Barlovento que en el año 1788 Río Chico aportó a las arcas eclesiásticas por conceptos de Diezmo 2.200 pesos… Es decir que tres años antes de ser fundada ya la población estaba aportando su cuota para la manutención de la burocracia santa.
 
            Dejo en paz a los demás y entro a escribirles sobre este pueblo que, 105 kilómetros en línea recta al este de la capital venezolana, en predios del estado Miranda, alguna vez fue llamado Caracas chiquita gracias  al auge que obtuvo gracias a la producción de cacao. Sus casas rivalizaban en dotación, fuste y boato con las viviendas caraqueñas más orondas. No en balde en sus alrededores los llamados Grandes Cacaos, como llamaban a los ricos de entonces, tenían sus plantaciones del oro  vegetal. 
 
            Los conflictos entre los terratenientes y la corona española fueron agua de todos los días en nuestra historia colonial. Por un lado los criollos trataban de obtener mayores beneficios de sus plantaciones, y la maquinaria monárquica pretendía un monopolio; por supuesto que los primeros siempre encontraban maneras y formas de burlarlo.
Uno de los tantos mecanismos intentados fue la creación, mediante Real cédula expedida por Felipe V, de La Real Compañía Guipuzcoana de Caracas que legalmente constituida el 25 de septiembre de 1728. A este ente se le otorgó que fuese la única autorizada tanto a la importación y comercialización de toda clase de mercancías europeas en la provincia de Venezuela como a la fijación de precios y compra de los bienes producidos en Venezuela y su comercialización en España.
El atajaperros fue perpetuo y el contrabando fue la vía más idónea para burlar el control de los oriundos de Guipúzcoa. Narra Eduardo Arcila Farías, en su libro Economía colonial de Venezuela, que un informe de 1778 enviado por el Cónsul español en Amsterdam, Agustín Moreno Henríquez, al Secretario de Estado José de Galvez, revelaba que mientras la Compañía Guipuzcoana pagaba ocho, diez o doce pesos por la fanega de cacao de 110 libras, los holandeses en cambio compraban la fanega de 90, en 24 y 26 pesos; y si los productores transportaban su mercancía hasta Curazao, entonces recibían 30 y 32 pesos.
 
            Como bien pueden suponer respecto a Río Chico son miles de páginas las que se encuentran en numerosas publicaciones.  De muestra les coloco lo que Agustín Codazzi dejó asentado en Resumen de la Geografía de Venezuela, publicado en 1841: “La villa de Río-Chico está situada a la orilla del río de su nombre en un terreno bajo cerca de la mar, de la cual dista poco más de una legua en línea recta. La frondosidad de los terrenos que se cultivan en este cantón, su aproximación a la mar, en cuyas costas pueden ondear buques; su cercanía a la laguna de Tacarigua, riquísima en peces, casi en la boca del río Paparo por donde pasan las producciones del territorio de Caucagua, en el camino que va a Barcelona por la costa, y los muchos terrenos vírgenes y fértiles que encierra, hacen que el punto de Río Chico sea interesante para la agricultura y el comercio”.
            No puedo dejar de pensar, cada vez que recorro las calles de esta comunidad, que era digna de mejor suerte que esta de verse reducida a ser traspatio de fin de semana de la urbe caraqueña, o recipiente de las dádivas que de un tiempo a esta parte se empeñan en suministrar a sus habitantes las maquinarias políticas, en un deleznable empeño por convertir en pedigüeños a una gente de tradición de faenas, las cuales siempre abordaron con gentileza y alegría.    
 
           Río Chico ha parido gente como Argelia Laya y Rafael Arévalo González. La primera fue una mujer que dejó hondas huellas en las luchas por la igualdad de la mujer y los desposeídos. El segundo fue un ejemplo de hidalguía en el ejercicio del periodismo lo cual le acarreó largos años de cárcel durante ese largo sudario que amortajó a Venezuela durante  la dictadura de Juan Vicente Gómez.  Fueron catorce veces las que él pasó por los presidios para totalizar veintisiete años de su vida tras las rejas.
            Este pueblo es devoto a rabiar de su patrona Nuestra Señora de Las Mercedes. Tal vez de allí venga mi particular conexión con esta comunidad, en un velado homenaje a Mercedes María, mi madre, quien no cesa de hacer falta.  Son célebres las celebraciones que en homenaje a dicha virgen se llevan a cabo allí cada 24 de septiembre.
            El actual párroco es un merideño de pura cepa, específicamente de Canaguá, fray Beltrán Sánchez Mora, quien a sus 43 años y el habitual acento cordillerano, narra las bondades, solidaridad y vigor de su feligresía. “No puedo ocultar que, si bien sé que no hay lo que el Señor no disponga para cobijarnos en nuestra labor pastoral, la inocencia y generosidad con que ellos me acompañan es una manifestación palmaria de una fe viva y en permanente ejecución.”
 
            Narran en Río Chico que el fervor a su virgen no es gratuito y que ella nunca los ha desamparado. A guisa de ejemplo cuentan que en diciembre de 1999, cuando la terrible vaguada que afectó a todo el litoral central venezolano y que en toda la zona de Barlovento se manifestó con particular fuerza, este pueblo quedó cubierto por las aguas. A fines de evitar daños a la propiedad los agentes policiales, “con las aguas hasta media pierna realizaban labores de vigilancia.”  Una tarde, ya cayendo la noche, uno de ellos vio en un costado de la plaza Bolívar a una dama trajeada de blanco; él junto a sus compañeros le ofrecieron ayuda pero como ella no parecía prestarles atención la siguieron para ayudarla a evacuar el lugar.
Cuentan los policías que la dama súbitamente se les desapareció en los alrededores de la Iglesia, lo cual notificaron a sus superiores. El hecho también fue notificado al entonces párroco fray Santiago García; quien al rato se dio cuenta de una irregularidad en el nicho de la imagen de Nuestra Señora de las Mercedes. Al acercarse a la figura, el sacerdote encontró el vestido de la imagen húmedo en el área de la falda… Fray Santiago aseguró en aquel momento “que ella quiso revelar su milagrosa presencia en esos momentos de desolación y dolor, donde numerosas familias habían perdido su hogar”.
 
            En este trozo de Venezuela, la incesante alquimia que nos hace ser lo que somos es un retorno incesante de hechos y creaciones que maravillan constantemente. Allí se pueden encontrar casas preciosas donde el tiempo parece haber anidado y detenido su vuelo incansable.  Es el caso de la familia Pedauga, cuya morada que constaba de cinco ventanales, fue comprada por el bisabuelo en 1845 por doscientos cincuenta bolívares. 
 
            Familia que fue plantada en estos territorios por el viejo Lucién Pedauga.  El mismo a quien la magistral pluma de Alfredo Armas Alfonso introdujo a su cuento La Niña de Cundiamor: “Estaba colgando mi bulto del gancho donde papá nos ha enseñado a dejarlo, cuando oigo que el agente viajero Lucién Pedauga, quien lleva dos días alojado en el hotel que mamá ha abierto usando la casa de abajo donde siempre salen muertos y se oye que ruedan cadenas de las que usaban en las cárceles españolas, le comenta a mamá, que le está sirviendo el almuerzo, que qué llevaría a esa muchacha a eso.”
 
            Río Chico, corriente de aguas lustrales que rocía las ofrendas manadas de una tierra feraz y espléndida. Río Chico, pueblo de negros en libertad y simiente de la condición cimarrona que nos acompaña en cada gesto que termina haciéndose gesta. Rio Chico, aleteo permanente del ave que retorna a su nido con la pasmosa precisión de la danza que la vida entrega día a día.

© Alfredo Cedeño

1 comentario:

Magaly Garcia dijo...

BUENOS DIAS, MUY BUENA SU PAGINA Y SOBRE TODO POR LA INFORMACIÓN QUE NOS APORTA JUNTA CON LAS FOTOGRAFIAS, ENTRE EN ELLA BUSCANDO INFORMACIÓN SOBRE LOS ORIGENES DEL APELLIDO DE MI PADRE, NACIÓ EN RIO CHICO SUS APELLIDOS GARCÍA MACHADO. gracias