domingo, junio 09, 2013

SIERRA DE SAN LUIS

320 kilómetros al oeste de Caracas, la capital venezolana, está Coro, una de las más antiguas ciudades de Venezuela. Fue fundada en 1527 originalmente como Santa Ana de Coro por el conquistador zaragozano Juan Martínez de Ampués, quien suele aparecer en los libros de historia como Juan de Ampíes. Una característica propia de esta urbe es la inclemencia del sol que suele reverberar sobre ella.
 
En esos días cuando el calor abruma hasta  las sombras en las calles de Coro, “La Sierra” se asoma como un inmenso ángel tutelar que aleja los agobios con su silueta llena de verdes e hilos de agua, que se ven rodar por entre su ropaje vegetal.
 
            Esta serranía es una maravillosa formación cárstica en la que existe todo aquello cuanto pueda maravillar a geólogos, hidrólogos, espeleólogos y biólogos.  Se entiende por este tipo de formación a aquellas que se han originado por meteorización química de determinadas rocas compuestas por minerales solubles en agua. A la llegada de los exploradores europeos, esa zona estaba habitada por indios Jiraharas, quienes compartieron el territorio con grupos menores de tribus Ajaguas. Sus parajes han sido parte fundamental de la historia venezolana, siglos en los que han sido escenarios de capítulos particulares y esenciales para comprender nuestro desempeñar republicano.
 
San Luis, Cabure, Curimagua, Churuguara, Mapararí, Santa Cruz de Bucaral, Pecaya, Agua Larga, son cuentas de un rosario de poblados anidados entre estos cerros. Años ha los indígenas jiraharas llamaron a un sector Cahure, que en su idioma quiere decir: Valle del Silencio. Es lo que hoy conocemos por Cabure.  Y allí en el siglo XVI, año 1532 para ser precisos, tuvo lugar la primera insurrección latinoamericana.
 
En la mencionada fecha el cacique Marcos Bacoa, indígena catequizado quien estaba casado con una hermana del también cacique Manaure, se alzó contra su cuñado y Los Belzáres o Welser. Es decir, que Bacoa se adelantó por más de dos siglos y medio a José Leonardo Chirino.
 
            Y ya que miento a Chirino, explico que él era un zambo libre –hijo de esclavo e india–, quien el 10 de mayo de 1795 en la hacienda “Macanillas”, se alza en armas, se traslada hasta la hacienda “El Socorro” y desde allá adopta sus primeras medidas: establecimiento de lo que llamó La Ley de los Franceses -léase: La República-, igualdad de las clases sociales, abolición de los privilegios, supresión de los impuestos de alcabala.  La mayoría de los seguidores de Chirino eran negros de la tribu de los "loangos" o "minas", del Reino del Congo.
 
La respuesta no se hizo esperar y ésta llegó a sangre y fuego.  A Chirino no le quedó más camino que huir a los montes, donde permaneció hasta agosto de 1795, cuando fue traicionado y atrapado en las serranías de Baragua. Trasladado a Caracas, la Real Audiencia lo condenó a la horca, el sábado 10 de diciembre de 1796, sentencia que se ejecutó en la plaza Mayor, hoy plaza Bolívar capitalina. 
 
También en las afueras de Cabure, el 20 de marzo de 1860, fue donde Carlos Rivero Solar ejecutó el primer vuelo de la aviación venezolana. Rivero, no contento con eso, fue el artífice de un acueducto por sistema de nivel para uso de la población.
 
En Cabure nació Manuel Rodríguez que en los años 40 retó a una partida de ajedrez al Dr. Arocha Sandoval, quien en aquel momento era considerado el mejor jugador del deporte ciencia en el estado Falcón. La contienda duró mes y medio y se llevó a cabo mediante el telégrafo. Rodríguez ganó y las fiestas de celebración duraron ocho días.
 
            También en estos parajes, siglos más tarde, a mediados de la década de los años 60 del siglo XX, se cobijaron los militantes del movimiento guerrillero; teniendo lugar numerosos enfrentamientos con las fuerzas regulares. En ese mismo pueblo nació Douglas Bravo, otrora legendario comandante guerrillero al que hoy se puede encontrar cualquier día recorriendo sus calles.
 
            Amén de haber sido marco histórico de nuestra historia, La Sierra de San Luis hospeda el lago subterráneo más grande de la América Latina, ubicado en la cueva del río Acarite, y al cual se le calcula una superficie de 11.000 hectáreas; también posee una serie de simas con profundidades en muchos casos superiores a los 300 metros, las cuales son llamadas haitones por los lugareños.  
 
            Entre estas formaciones destaca el llamado haitón Guarataro, que se considera es la mayor sima de Venezuela, con 305 metros y una boca de 12 metros de diámetro. Más allá, se encuentra Santa Cruz de Bucaral donde la naturaleza ha creado verdaderos palacios de formaciones calcáreas, habitados por guácharos. Especial referencia merece el número indeterminado de cuevas aún inexploradas que existen en los predios de este parque. 
 
            El microclima imperante en estos espacios preserva importantes bosques húmedos y nublados para garantizar las fuentes de agua a la Península de Paraguaná, Coro, Cumarebo y La Vela. En lo que a la flora corresponde, se pueden encontrar especies como varcanapire, yagrumo macho, carnestolento, palmas, ramón, lechero, mijao, araguaney, bucare y numerosas variedades de orquídeas.  También atesora una rica avifauna, además del mencionado guácharo, con gran diversidad de reptiles como iguanas, lagartijos y culebras. Entre los mamíferos se encuentran el conejo de monte, la onza y el tigrito o cunaguaro.
 
         En el tope de esta maravilla de la naturaleza está el Cerro Galicia, desde el cual en días despejados se puede ver la Península de Paraguaná en su totalidad, y hasta la costa sur de Curazao, con la ayuda de binoculares.  En su cima se puede sentir el borde del cielo en la punta de los dedos, con un silencio que el viento mece acompasado para enviar alivio a los abrumados por el calor en las calles de Coro, Cumarebo, La Vela y Paraguaná entera.

© Alfredo Cedeño

 
 
 

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Hermoso recorrido.

Ylleny Rodríguez"

José Valle Valdés dijo...

Buen reportaje nos regalas, amigo.

Abrazo

ceci dijo...

Lo bueno de tus historias y tus imagenes es que activa todo los sentidos, para mi cada ciudad tiene un olor caracteristico muy propio y el de coro es sabroso a chivo a dulce de leche a humitooo.

Anónimo dijo...

Gracias por dejarme conocer a través del lente de tu cámara y tu fina apreciación del contexto una serie de paisajes y detalles típicos de Venezuela!
un abrazo

Gloria Acosta

Anónimo dijo...

De verdad exelente poner a cada venezolano con estos reportajes a volar con La imaginacion a ese mundo de tranquilidad,paz,armonia,encuentros asta con el mismo dios creador que nos hace pensar que tadavia existe lugares en la tierra parecidos al cielo