sábado, junio 15, 2013

LA PASTORA

Cuando a un parisino le dicen Montmartre, o a un neoyorquino le dicen Central Park, o La Candelaria a un bogotano, El Zócalo o Tepito a un mexicano, Lavapies a un madrileño, San Telmo a un bonaerense o Chorrillos a un hijo de Lima; lo mismo ocurre cuando a un caraqueño le nombran La Pastora.  Es decir: se enuncia el epítome de nuestra condición.
 
Para los nacidos en la capital de Venezuela, y que ya superamos la barrera del medio siglo de vida, La Pastora es casi tan representativa de nuestra condición como lo es El Ávila, mi siempre presente cerro; no en balde es esta barriada la puerta de entrada a la venerada montaña.
Sería tarea colosal hacer un rastreo bibliográfico de estos espacios, y como bien saben no me caracterizo precisamente por la paciencia para dicha labor; así que por lo pronto me limito a escribir por donde pasa la reina. Aquellos que gozan de la longanimidad necesaria para abordar dichas faenas especulan que a fines del siglo XVI y comienzos del XVII estos parajes empezaron a ser habitados.  No logro conseguir mayor abundancia de datos sobre dichos pioneros, pero no es aventurado pensar que debieron ser arrieros y labriegos.
 
Allí comenzaba, y/o concluía, el llamado Camino de los españoles que unía a Caracas con el puerto de La Guaira. La construcción de esta arteria vial fue ordenada en mayo de 1589, por el entonces Gobernador y Capitán General de la Provincia de Venezuela Diego de Osorio, quien también fue el fundador del puerto de La Guaira.  Existe un documento fechado el 4 de enero de 1603, en el que se da noticia de que por fin se había cumplido con dicha orden siguiendo una pica o sendero indígena llamado La Culebrilla.
Me revelaba un amigo minero que había estado en el nacimiento de un campamento minero en las selvas del estado Bolívar que cuando se creaba cualquier ranchería los primeros que llegaban era los arrieros, las chicas “fáciles” y los bodegueros. Cerraba su explicación diciéndome: “Sin transporte, sin alegría, y sin comida no puede haber vida en ninguna parte”.  ¿Entienden por qué mi tesis de quienes fueron los primeros en asentarse acá?  Sigamos.
 
Se sabe que el Cabildo caraqueño mostraba una natural inquietud por el mantenimiento de dicho camino, y también que en 1626 dispuso que en la llamada Puerta de Caracas la construcción de pequeños estanques o pilas para almacenar el agua del río Catuche y suministrar el vital liquido a la ciudad.  
 
Alberto Galiano establece el 6 de enero de 1632 como fecha de fundación de La Pastora; comunidad que se consolida con la petición del sacerdote Salvador Joseph Bello, de la Diócesis de Caracas, para construir una ermita en estos espacios, lo cual fue aprobado por el Rey Felipe V, en 1742. ¡Ah! El Felipillo dictaminó que dicho templo debía estar dedicado a la Virgen María bajo la advocación de la Divina Pastora.
 
Todo esto, unido a la feracidad de las tierras de la zona donde se cultivaba maíz, hortalizas de todo tipo, así como platanales dieron a pronto a La Pastora un peso relevante en la economía caraqueña.  A tres cuartos del siglo XVIII, en 1784 para ser preciso, era Gobernador y Capitán General de Venezuela el brigadier Manuel González Torres de Navarro, quien ordena se construya el primer puente que une el centro de la ciudad con La Pastora, y que fue bautizado como Puente de Carlos III.
Mención aparte merece este personaje ya que en ese mismo año de 1784 se inaugura el primer teatro de que dispuso Caracas, que fue construido con recursos que él donó a la ciudad de su propio bolsillo.  Debo explicar que tampoco fue que financió un corralón de chivos con pretensiones dramáticas. ¡Era un local con capacidad para más de mil espectadores! Este “Coliseo” estaba ubicado entre las esquinas El Conde y Carmelitas. En sus tablas actuó la primera actriz venezolana de que se tenga noticias: la guaireña Ana María Pinelo.  Cierro lo que toca a don González Torres de Navarro que al concluir su mandato fue nombrado Gobernador y Presidente de la Real Audiencia de Santo Domingo.  Como bien han de suponer no puedo dejar de preguntarme ¿por qué no tuvimos más gobernadores como él y menos Cañas y Merino?
 
No voy ahora con alevosía de un sacamentecas sevillano a abatanarlos con mis recuerdos de vivencias adolescentes, pero les cuento que allí viví esa época de mi vida, en concreto entre las esquinas de Santa Ana y Coromoto. En aquel tiempo estudiaba en Jesús Obrero que estaba, donde sigue estando, en la calle real de Los Flores de Catia y andaba sus esquinas hasta desembocar en Lídice, para luego empalmar con Manicomio y llegar a clases. Tiempo y lugar en los cuales la vida me puso al lado gente como el inolvidable jesuita y maestro de novicios Iñaki Huarte, a José Pulido y Petruska Simme, Wilmer Suárez, Henry Pazos, José Gregorio Palacios, Mikel de Viana, y paremos de contar.
 
Más de una vez pasé por la puerta de la escuela República de Bolivia, de Nazareno a Santa Isabel, inaugurada el 12 de Octubre de 1944 por el entonces presidente de la República Isaías Medina Angarita junto al entonces ministro de educación Rafael Vegas. En sus patios recuerdo haber visto retozar a una niña de largas trenzas y gestos libres que convidaba a sus compañeros para escaparse a la Plaza Bolívar.  Hartas veces oí a sus compañeritos: “No Tatiana, deja la inventadera que en lo que se entere tu abuela vas a llevar cuero…”
En La Pastora instaló su taller nuestro pintor Arturo Michelena, quien compró, a fines del siglo XIX, un solar localizado entre la vieja calle Madariaga y el Callejón R, hoy en día esquina de Urapal. Pagó por ese espacio dos mil bolívares… Allí funciona en la actualidad el museo Michelena.
 
            En La Pastora nacieron Jacinto Convit, descubridor de la cura de la lepra; Mercedes Pardo una de las más prestigiosas y representativas de nuestras creadoras en el arte abstracto; Carlos “Morocho” Hernández, el primer campeón de Boxeo del país. Y también en territorio pastoreño, el  28 de abril de 1895, murió José Gregorio Hernández. 
En La Pastora nuestra historia mantiene numerosas huellas del centro y escenario que ha sido. En la calle real, a unos 50 metros más arriba de la Iglesia de San Judas Tadeo está la placa que recuerda donde fue exhibida la cabeza del prócer José Félix Ribas. Él fue fusilado en la Plaza Mayor de Tucupido, estado Guárico, el 31 de enero de 1815; luego lo desmembraron y su cabeza enviada a Caracas, donde las autoridades realistas la colocaron en exhibición para desalentar a los patriotas.
            En La Pastora se respira todavía –pese al ruido de disparos y violencia descontrolada– la amabilidad de la montaña vecina. Sus casas siguen pavoneándose hermosas en su sencillez de postigos entornados que saben guardar los murmullos del olvido. Su gente mantiene la imperceptible arrogancia del caraqueño que bien canta Serenata Guayanesa en A mí me contaron:
“Caracas Caracas, Caracas de mis amores
Caracas de jazmineros de ceibas y ruiseñores
Caracas Caracas, Caracas de amor y sueño
Caracas de mano amiga y calor del caraqueño.”
Final que cambiaría para cantar: ¡Caracas de mano amiga y calor del pastoreño!

© Alfredo Cedeño


3 comentarios:

Anónimo dijo...

Me trajo gratos recuerdos, este recorrido ya que mis hijas,estudiaron en la Divina Pastora . Muy bello cada domingo me deleito con tus reportajes e imagenes bendiciones hoy dia del padre

Anónimo dijo...

Yo viví en una casa colonial con mis padres y hermanos, en La Pastora ademas de estudiar medicina en la escuela José María Vargas.. una extensión de la facultad de Medicina de la UCV... hermosos recuerdos, en especial cuando nos conocimos estudiando...

Henry Eduardo Pasos

Anónimo dijo...

Dios¡¡¡ Qué hermoso Alfredo. No tienes idea de todas las fibras que se han movido. Los recuerdos se activaron para actualizarse y pasear por esas calles que hago mías, gracias a tí. Besos. Gracias, muchas gracias.

Ylleny Rodríguez