domingo, octubre 26, 2014

SAN BARTOLOMÉ DE EL COBRE

Táchira es un camino que nunca termina, siempre tiene un destino nuevo y una hondonada donde su gente retoña con savia cada vez más fuerte y hermosa. Recorrer estas tierras es siempre una ventura, devenida ahora en aventura gracias al abandono inmerecido de su red vial, y las peripecias que deben realizarse para poder conseguir combustible y  llegar a sus mil rincones, uno más hermoso que el otro.
 
Cuando desde el norte, o llamada zona baja, de este estado se sale desde La Fría hacia La Grita, una vez que se supera Seboruco, a mano derecha se ve un letrero que con timidez anuncia: El Cobre. Son 13,5 kilómetros empinados y de mil giros, que se recorren paso a poco –como gusta de decir al ilustre taribero José Humberto Márquez– en media hora.
 
El tránsito de esta población por la historiografía occidental se asegura  comenzó el 24 de agosto de 1558 cuando estos territorios fueron descubiertos por el capitán Juan Rodríguez Suárez, en este sitio se asentaba la comunidad indígena de nombre El Acabuco. En tiempos coloniales se le conoció como San Bartolomé de El Cobre. Recurro de nuevo al autor colombiano Isidoro Laverde Amaya, quien en su libro Un viaje a Venezuela, publicado en Bogotá en 1889 informa: “Le viene á este pueblo su nombre de las abundantes minas de cobre que en él existen, pero oficialmente se le ha bautizado ahora con el de Vargas, en homenaje al sabio médico venezolano que llevó ese apellido, y con ocasión del centenario que en su honor se celebró.”
 
Les transcribo otros párrafos de Laverde y su visión de esta población a finales del siglos XIX: “A  las doce del día siguiente nos encontrábamos en El Cobre, pueblo cuya situacion, en el declive oriental del páramo Zumbador, rodeado de cerros y con número reducidísimo de casas, nos recordó el de Tona en el antiguo Estado de Santander (Colombia). Sólo dos horas y media durámos en el lugar, mientras nos hicieron de almorzar en la posada y las mulas arrancaban con empeño la yerba que cubría el suelo de la plaza. Fijándonos en los pocos habitantes que circulaban por la calle, nos llamó la atención la elevada estatura de los hombres, observación que también trae el distinguido Sr, D. José Gregorio Villafañe en las notas geográficas y estadísticas sobre el Táchira, que publicó como ofrenda literaria en el Centenario de Bolívar. Ignórase la fecha de su fundación, y sorprende que á pesar de que en sus campos pudieran cultivarse, con ventaja, las papas, el trigo y la cebada, sea tan limitado el número de sus habitantes y tan escasa la producción de estos artículos. La temperatura es fría pero agradable. Su altura de 1,790 metros, según W. Sievers. La tienda en que mayor venta de guarapo hacen los domingos lleva el nombre de Mano Justo, lo que anoté en la cartera por la circunstancia especial de que en las demás poblaciones las tiendas no tienen nombres, como si fuera patrimonio de la tierra fría la tendencía á bautizar las ventas en que expenden licor con nombres sonoros u originales. Para llegar al Cobre se pasa el páramo Zumbador que tiene 2,758 metros de altura sobre el nivel del mar, parecido al de Choachí y hay que vadear una quebrada lo menos cuarenta veces.”
 
Otro autor colombiano que he citado en oportunidad anterior ha sido el general Pedro Sicard Briceño, quien publicó en 1922 Geografía Militar de Colombia, en dicha obra el autor asentó: “San Bartolomé del Cobre, hoy Vargas. Esta región está poblada por una raza esbelta, fuerte y hermosa que demuestra ser descendiente de españoles.(…) Vargas. Está situada en la vertiente Oriental del páramo Zumbador, a más de 2000 metros sobre el nivel del mar, con temperatura fría, dos hermosos templos, dos plazas y produce abundantes frutos de la tierra fría.”
 
            Sus calles empinadas fueron descritas acertadamente por Pedro Pablo Paredes en  Pueblos del Táchira, allí se lee: “El declivio de El Cobre no puede ser más violento. Nos fuerza, si bajamos, a cuidarnos de un eventual resbalón. Nos obliga, si subimos, a llegar a la meta con irreprimible acezo. Pero, con todo y eso, recorremos el pueblo de punta a punta.”
 
            No hay otra manera de recorrer a El Cobre sino es así como lo dice Paredes, sus calles y sus habitantes van invitando a recorrerlo. Los gestos cordiales son inacabables, desde dejar el vehículo guardado en un estacionamiento cerrado “y no se preocupe, luego viene y me toca que le abro, y así no se tiene que preocupar de donde se va a tener que estacionar”, hasta el joven farmacéutico del pueblo que atiende con gentileza y paciencia tanto a sus paisanos como a los visitantes.
 
            Su pequeñez geográfica acuna joyas arquitectónicas como la Ermita del Carmen que se construyó inicialmente en 1855, pero que al sufrir graves daños fue reconstruida en 1885 por instrucciones del obispo Román Lovera. Allí está frente a la plaza Vargas… y es considerada uno de los monumentos históricos más valiosos del siglo XIX en el estado Táchira.
 
            Su plaza Bolívar, con un héroe cuyas piernas escasamente proporcionadas lo hacen ver rechoncho, frente al templo principal, es el principal espacio comunitario donde confluyen todos a cualquier hora. Por sus laterales una paisana pasa valija en mano, quien sabe si va a buscar sueños o a llevarlos por las orillas escarpadas de los páramos que esta gente domesticó con tu tesón años ha. El Cobre es un espejo en miniatura de lo que es Venezuela entera: un espacio donde esfuerzo y dedicación –pese a lo que llevan años pregonando muchos maldicientes– se juntan para empinarse sobre los problemas y sembrar de soluciones los  caminos.

© Alfredo Cedeño
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


7 comentarios:

Dalila dijo...

Te felicito, hermosas fotos e instructivo. Deberías hacer un libro de tus blogs...Dalila

Dalila dijo...

Lo mejor....

Anónimo dijo...

Buen día y buen domingo. Gracias por estas imágenes de uno de los pueblos más bonitos de Venezuela. En Venezuela hay pueblos hermosos y los hay bellos, pero los andinos son bonitos y limpios. Conocí El Cobre en 1953 cuando pasé por primera vez por la transandina camino de Táriba. Lo visité luego otras veces bajando de El Zumbador. Como siempre, has captado toda la belleza y todo el carácter de este pueblo en paisajes, arquitectura y personas. Gracias. Un abrazo.

Alejandro Moreno

Anónimo dijo...

Los Recuedos fluyen al leerte, la hospitalidad y amabilidad de nuestra linda gente Andina cosa que nos caracteriza; que a los Cobrences le sobra en atención, hospitalidad, y cariño; para que vuelva quien le visita y no olvide. Además de agradable clima, que invita a abrazar al que tememos al lado, el paisaje tan hermoso, sus flores, hortalizasy frutos. Gracias por acercarme a mi gente a través de tu hermoso trabajo Fotos, historia y recorrido. Hilda Pérez.

Anónimo dijo...

hermoso!!!

Maria Grazia Mina

Claret Flores dijo...

Me encanta como a través de tus textos deshojas lo hermoso q tiene cada rincón de mi pais, al leerte tránsito cada una de sus calles y alimentas mi visión con todas tus fotos hermosas tan llenas de vida. Un abrazo eres especial.

Anónimo dijo...

Qué curioso pueblito, lleno de colores y con gente que camina. Hermoso

Ana Matute