sábado, agosto 13, 2016

FANDANGO


                A fines de la década de los 70 del siglo pasado, existió en Caracas, en el callejón Pedroza de La Florida, en el sótano del edificio Elisabetta, el estudio Fandango, fundado por el ahora musulmán furibundo Evio Di Marzo. En esa sala se foguearon amén del propio Evio con Adrenalina Caribe, su hermano Yordano, Colina, Ilan Chester, Luz Marina, Melissa, Cecilia Todd, Soledad Bravo, Guillermo Dávila, Naty y su charanga, Seguridad Nacional, Dimensión Latina, entre muchísimos otros.
A mediados de la siguiente década estuve durante un año largo documentando fotográficamente los ensayos y conciertos de Evio con Adrenalina. Era el tiempo en que Orlando Poleo, entonces un adolescente, mostraba sus manos prodigiosas sobre los cueros; Carlos Pucci marcaba el paso con el bajo; Alberto Borregales, que terminaba su licenciatura en letras en la UCV, reventaba los timbales con las baquetas que después lanzaba al público; Néstor Pérez hacía que los bongós volaran; Roldan Peña con una guitarra producía filigranas; y Rodolfo Reyes que hacía reír y llorar el saxo.  A todos los retraté hasta que Kico Bautista, quien dirigía la galería Fantoches en la sede de Colegio Nacional de Periodistas, me abrió las puertas para que hiciera en ella la exposición Adrenalina es Caribe y sabrosa.
A Evio, antropólogo por profesión, una mañana que esperábamos que comenzara el ensayo le pregunté por qué el nombre de su sala, y me respondió: “El diccionario dice  que es un antiguo baile español, ejecutado con acompañamiento de canto, guitarra, castañuelas y hasta de platillos y violín, a tres tiempos y con movimiento vivo y apasionado. Lo que no se puede negar es su origen moro por su parecido con la danza arábigo-andaluza y las jarchas mozárabes.  Pero no te olvides que por lo general está asociado con un despelote, un jolgorio, un vente tú”.
                Creo que él no llegó a leer el Diccionario de Autoridades de la Real Academia Española, de 1732, el cual tuve oportunidad de revisar unos años más tarde, y se le asigna a dicho baile influencia de este lado de la mar océana, y aseguran allí que “es un baile introducido por los que han estado en los reinos de las indias, que se hace al son de un tañido muy alegre y festivo”.
                Africano, americano, o sincretismo consumado en tierras ibéricas, lo cierto es que la palabra también es aceptada coloquialmente como bullicio o trapatiesta. Antonio Estévez quien acostumbraba acuñar o modificar refranes a su antojo solía decir: El mundo es un fandango y el que lo baila es un perrendango.
Reflexiono en torno a ello mientras escribo estas notas y doy una mirada a nuestro patio político, donde nuestros ancestros españoles se manifiestan con vigor de refriega en taberna de mala muerte. Aquí las puñaladas traperas vuelan de un lado al otro con agilidad pasmosa. Vemos a un Cliver Alcalá Cordones devenido ahora en prohombre del chavismo arrepentido dándose golpes de pecho y exigiendo una pureza de linaje que ni Gaspar de Guzmán y Pimentel Ribera y Velasco de Tovar, el temido Conde-duque de Olivares en la corte de Felipe IV en pleno siglo XVII. Este oficial que egresó junto a su hermano en 1983 de la Academia Militar de Venezuela, solía jactarse entre sus pares castrenses de ser “Alcalá el bueno”, porque su hermano y compañero de promoción, Carlos Antonio, era “Alcalá el malo” por haber acompañado a Chávez en su revuelta frustrada de 1992. Y ahora él aparece como la viuda preferida del comandante intergaláctico quien poco disimulaba su desprecio hacia él, y se afirma que su generalato se debió a la sombra fraterna.
¿Es necesario abundar sobre los tajos que no cesan de lanzarse unos a otros de este lado del escenario? Si allá son puñaladas, acá son machetazos. Las costuras son evidentes, tanto que se muestran como un bochornoso bodrio de dudoso gusto.  Vemos a una dirigencia desaforada peleando de manera cada vez más desembozada por una candidatura presidencial de dudosa probabilidad. Exigir la libertad de los presos políticos es una bandera que cada vez se saluda más de lejos. El bendito revocatorio se ha convertido en supuesta herramienta de tracción que arrastra todo a su paso, y las propuestas para resolver la gravísima situación de abastecimiento de medicinas y alimentos deslumbran por su ausencia.
Discusión, diálogo y concertación han devenido en figuras retóricas vacuas a las cuales se convocan para justificar el vacío en la capacidad de dirección que debiera predominar. Lo que vemos es una carrera desbocada por encabezar la recua.  Craso error de una dirigencia que invierte el sentido y cree que masa sin dirigentes es nada. Es exactamente lo contrario queridos asnos...

© Alfredo Cedeño


1 comentario:

Anónimo dijo...

Buenos días, Alfredo. Cada día me sorprendes con la variedad de tus conocimientos e intereses y con las múltiples experiencias culturales que muestras. Muy bien aplicado el zaperoco a la política actual.
Fuerte abrazo.

Alejandro Moreno